Los huesos de San Nicolás …

La tumba original de San Nicolás, la inspiración histórica para Santa Claus, en las ruinas de una antigua iglesia turca del siglo IV.
marcianosmx.com/Historia de nuestra historia(F.Casanova)/elpais.com — Unas antiguas ruinas de una iglesia bizantina en la localidad de Demre, Turquía resguardan lo que se cree es la tumba original de San Nicolás, el obispo del siglo IV cuyo nombre sirvió de inspiración para el mito de Santa Claus o Papá Noel.
Los actos milagrosos y caritativos de San Nicolás fueron ampliamente difundidos en su época. Se dice que solía hacer donaciones anónimas de monedas de oro a familias pobres con el objetivo de salvar a sus hijas de una vida de esclavitud y prostitución. Una tradición medieval se alimentó de esta historia, conduciendo a la entrega de regalos en la víspera de San Nicolás el día 5 de diciembre.
Los marineros difundieron el culto a Nicolás por todo el mundo. Un siglo después de su muerte ya era adorado como santo, dando su nombre a cientos de puertos, islas y ensenadas, y miles de bebés varones. Se convirtió en uno de los santos más queridos de toda la cristiandad, tanto en las tradición oriental como occidental.
En otra leyenda, un carnicero solía atraer pequeños a su casa para asesinarlos, cortarlos en trozos y venderlos en grandes sacos como comida durante una época de hambruna.
Cuando un ángel comunicó a San Nicolás que se estaban llevando a cabo estas atrocidades, el obispo se apareció en la casa del carnicero justo a tiempo para salvar la vida de tres pequeños que estaban listos para servir como alimento.
Aunque su nombre jamás se incluyó en los registros, la historia asegura que el bondadoso obispo fue asistente del Concilio de Nicea en el año 325. Aparentemente lo expulsaron después que abofeteó al hereje Arrio.

Tras su muerte, generalmente aceptada el día 6 de diciembre de algún año entre el 330 y 352, San Nicolás fue enterrado en la misma iglesia donde sirvió, en un lugar que entonces se llamaba Myra (por eso se le conoce como San Nicolás de Myra).
Se hizo conocido como el santo patrón de los ladrones, los marineros, los viajeros y los niños. Los cristianos hacían peregrinaciones de diversos puntos para visitar su tumba.
Como era uno de los santos más populares en el mundo cristiano, el cadáver de Nicolás era particularmente atrayente.
Los cuerpos de santos y mártires eran muy importantes para el cristianismo desde su comienzo: las primeras iglesias se construyeron sobre las tumbas de los santos.
Se pensó que las partes corporales de los santos funcionaban como walkie-talkies espirituales: se podía comunicar con poderes superiores a través de ellos, y ellos, a su vez, podían manifestar fuerzas santas en la Tierra. Podían curarte, protegerte e incluso realizar milagros.
A veces, los milagros se refieren a los propios cuerpos de los santos. Sus cadáveres no se descomponían, exudarían un fluido misterioso o comenzarían a gotear sangre que misteriosamente se solidificaría y luego volvería a licuarse.
Lo mismo sucedió con Nicolás: en algún momento después de su muerte, sus restos comenzaron a secretar un líquido llamado maná o mirra, que se decía que olía a rosas y que poseía potentes poderes curativos.

Tumba del santo en la Basílica de San Nicola en Bari.
La aparición del maná se tomó como una señal de que el cadáver de Nicolás era especialmente sagrado, y los peregrinos comenzaron a congregarse por miles en su tumba en la ciudad portuaria de Mira (ahora llamada Demre). En el siglo XI, otras ciudades comenzaron a ponerse celosas.
En ese momento, las ciudades y las iglesias a menudo competían por reliquias, ya que daban poder y prestigio.
Originalmente, el comercio de reliquias se había nutrido de las catacumbas de Roma, pero cuando la demanda superó a la oferta, los mercaderes, e incluso los monjes, se deslizaron por las criptas de las iglesias para robar algunos huesos santos.
Tales robos no eran vistos como un pecado; la santidad de los restos superaba cualquier preocupación ética. También se pensaba que las reliquias tenían sus propias personalidades; si no querían que las robaran, no lo permitirían. Como la espada del rey Arturo en la piedra, solo podían ser sustraídos por la persona adecuada.
En 1087 su sarcófago fue abierto por la fuerza, sus restos fueron hurtados por unos mercaderes italianos tras el ataque de invasores musulmanes que damnificaron la iglesia. Los ladrones llevaron sus huesos hasta la catedral de Bari (por esto motivo también lo llaman San Nicolás de Bari), Italia, donde creían que estarían a salvo.
Así fue como Mira perdió a San Nicolás. Los culpables fueron un grupo de mercaderes y marineros de la ciudad de Bari, ubicada en el talón de la bota de Italia. Querían competir con los venecianos, sus rivales comerciales al norte, que eran conocidos por robar los huesos de San Marcos de Alejandría en el 827.

Sepulcro original de San Nicolás en Turquía
Según un relato escrito poco después del robo, tres barcos zarparon de Bari al puerto de Mira en la primavera de 1087.
Cuarenta y siete bareses bien armados desembarcaron y entraron en la iglesia de San Nicolás, donde pidieron ver el la tumba de santo.
Los monjes, que no eran idiotas, sospecharon y preguntaron el porqué.
Los bareses no se detuvieron, ataron a los monjes y se abrieron paso hasta el sarcófago de Nicolás.
Encontraron sus restos y olieron un perfume celestial.
Actualmente las reliquias de San Nicolás están en exhibición. Parte de una mandíbula y algunos pequeños huesos están a la vista del público en la Basílica de San Nicola en Bari. Un líquido aceitoso que brota del lugar conocido como Maná di S. Nicola o santa maná, se dice que proviene de él.
Es muy apreciado por sus supuestas propiedades medicinales, y es extraído con una ceremonia una vez al año cada 9 de mayo.
Aunque sus huesos fueron devueltos hace mucho tiempo a Mira, al sur de Turquía, los peregrinos siguen acudiendo a Bari para venerar a san Nicolás y para recoger el aceite, conocido como ‘maná de san Nicolás’.
En los años posteriores a la muerte de san Nicolás de Mira en el 346, se decía que su tumba en Mira desprendía un olor dulce y que supuraba un líquido que curaría a aquel que lo tocara.
En general, se creía que este maná —descrito por los antiguos registros como un aceite, pero que más recientemente ha resultado ser agua— curaba todo tipo de dolencias. Durante cientos de años, el maná se ha seguido recolectando y, mezclado con agua bendita, se embotella en pequeñas ampollas de cristal con iconos del santo, que se venden a los peregrinos.
Los huesos y la producción de maná continuaron como un milagro constante hasta 1953, cuando las obras de restauración de la basílica exigían mover las reliquias. Se permitió la realización de un estudio dirigido por Luigi Martino, profesor de anatomía humana de la Universidad de Bari.

El sagrado maná
Cuando abrieron la tumba, descubrieron que el esqueleto incompleto reposaba en un charco superficial de líquido.
Los estudios desvelaron que los huesos pertenecían a un hombre delgado de unos 70 años, lo cual coincidía con la historia tradicional de san Nicolás, que fecha su muerte a los 74 años.
Las reliquias fueron depositadas en una sábana de lino, donde se siguió acumulando humedad durante la realización del estudio.
Al final de las obras en 1957, los huesos fueron devueltos a su osario, donde continuaron supurando maná.
Sin embargo, el aceite milagroso se hizo tan famoso, con unas botellitas de maná que llegaban a todos los rincones del mundo cristiano, que llegó a servir como una tapadera para un tipo de líquido muy diferente, destinado a matar y no a sanar.
En el siglo XVII, una mujer siciliana llamada Teofania de Adamo desarrolló un veneno que vendía en el mercado negro, sobre todo a mujeres que buscaban una salida fácil a matrimonios desastrosos.
De Adamo logró eludir a las autoridades y vertió en secreto el veneno en pequeñas botellitas con la imagen de san Nicolás.
La ponzoña, conocida como Acqua Toffana (nombre derivado de la autora del veneno) supuestamente era una mezcla de arsénico, plomo y belladona.
“Se vendían viales de este sigiloso veneno a las señoras de Roma y Nápoles con intenciones de despachar a maridos inapropiados”, señala Atlas Obscura.
Varias botellas utilizadas para conservar el ‘sagrado maná’
“Antes de ser ahorcada por sus crímenes —acusada de ayudar a matar a unas 600 personas—, supuestamente pasó la receta mortal a su hija, que continuó distribuyendo el veneno camuflado en inocentes ampollas de delicado cristal decoradas con imágenes de san Nicolás de Bari”.
De hecho, la sustancia venenosa también llegó a conocerse como ‘Manna di San Nicola’, según Wikipedia.
Nicolás de Mira se convirtió en Nicolás de Bari
Los ladrones se hicieron famosos, y durante siglos sus descendientes recibieron un porcentaje de las ofrendas ofrecidas en el día de la fiesta del santo. La gente de Bari construyó una nueva basílica para contener los restos, lo que atrajo a miles de peregrinos a lo largo de la Edad Media.
Pero Bari no es el único lugar que se jacta de albergar los huesos de San Nicolás. Si le preguntas a los venecianos, dirán que sus marineros visitaron Mira durante la Primera Cruzada y robaron los restos del santo, que han estado en Venecia desde entonces. Durante siglos, tanto Bari como Venecia han reclamado la titularidad del esqueleto del santo.

En el siglo XX, los científicos entraron en escena. Durante la reforma de la basílica de Bari en 1953, los funcionarios de la iglesia permitieron que el profesor de anatomía de la Universidad de Bari, Luigi Martino, examinara los restos. Martino encontró los huesos, frágiles y fragmentados, y muchos de ellos faltaban.
Llegó a la conclusión de que habían pertenecido a un hombre que murió a los setenta años, aunque como al experto le dieron poco tiempo no pudo decir nada más.
Unos años después, Martino y otros científicos también estudiaron los huesos venecianos. Llegaron a la conclusión de que esas reliquias y las de Bari provenían del mismo esqueleto, y teorizaron que los marineros venecianos habían robado lo que quedaba en Mira después de que los bareses hubiesen asaltado la tumba.
En cuanto a Demre, todo lo que tienen es una tumba vacía. Y quieren recuperar sus huesos. En 2009, el gobierno turco dijo que estaba considerando una solicitud formal a Roma para la devolución de los restos de Nicolás.
Aunque los huesos tienen poca importancia religiosa en una nación que es 99% musulmana, en Turquía aún existe la sensación de que el robo secular fue una violación cultural.
Su restitución sería sin duda un beneficio económico: según los funcionarios locales, los turistas en Demre con frecuencia se quejan de la tumba vacia. A pesar de que Santa se ha convertido en un icono cultural internacional, su mito todavía está enraizado en un conjunto de huesos lejos de casa.

Los resultados de los análisis de carbono de un fragmento de hueso establecen que la fecha de las reliquias es del siglo IV, del tiempo en que los historiadores sitúan la muerte del santo (alrededor del año 343), explicó la universidad en un comunicado.
«Los resultados sugieren que los huesos podrían ser en principio auténticos y pertenecer al santo», afirmó Oxford en un comunicado publicado este miércoles
Las reliquias de San Nicolás están en la basílica homónima de la ciudad italiana de Bari desde 1087. Se cree que el santo vivió y fue obispo de la ciudad de Mira, hoy turca, en Asia Menor.
La leyenda le atribuye al santo una gran generosidad, un rasgo que lo acabó convirtiendo en uno de los símbolos de la Navidad, el del hombre que trae regalos a los niños.
«Muchas reliquias que estudiamos acaban resultando ser de un periodo posterior a lo que sugeriría la atestación histórica», explicó el profesor Tom Higham, de la Universidad de Oxford.
«Este fragmento de hueso, en contraste, sugiere que podríamos estar posiblemente ante los restos del mismo San Nicolás», añadió.
Siglos después de su muerte en Mira, los restos de San Nicolás fueron trasladados a Bari por unos marineros italianos.
Una pequeña parte de sus huesos está en Venecia, y ahora los científicos quieren probar que ambos restos corresponden a la misma persona, algo posible con análisis de ADN, dijo el profesor Georges Kazan, otro de los autores del estudio.
«Es increíble pensar que estas reliquias, que datan de tiempos tan antiguos, podrían ser genuinas», explicó Kazan

Este santo murió el 6 de diciembre del año 345, es por esta razón que en esta fecha se celebra su festividad. En oriente lo llaman Nicolás de Mira, por la ciudad donde fue obispo, pero en occidente se le llama Nicolás de Bari, porque cuando los mahometanos invadieron a Turquía, un grupo de católicos sacó de allí, en secreto, las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia.
Hoy en día existen miles de tradiciones en todo el mundo para celebrar a este santo y, sin duda alguna, es el favorita de todos los niños.
Nota: el nombre de Santa Claus se derivó de Sinterklaas, el nombre holandés de San Nicolás.
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