Curiosidades (II) …
10 dictadores que probablemente no conocías
Existieron y aún existen muchos hombres llenos de crueldad y locura que dominaron países enteros durante años. A
lgunos de estos dictadores son bastante conocidos en la historia universal gracias a sus atrocidades.
Tales como Hitler o Stalin, o por llenar las páginas de noticias, como Idi Amin y Kim Jong-Il.
Sin embargo, la historia ha tenido a muchos más dictadores locos por todo el mundo de los que poco sabemos o recordamos. Dale un vistazo a esta lista de 10 dictadores que probablemente no conocías.
Jean-Bédel Bokassa

Jean-Bédel Bokassa fue el presidente de la República Centroafricana en el periodo comprendido de 1966 hasta 1976, año en que se autoproclamo emperador Bokassa I.
Tan sólo en su ceremonia de coronación gastó una tercera parte de la fortuna nacional. A tres años de su deposición, Bokassa fue detenido y juzgado por crímenes que iban desde la traición, el asesinato, la malversación de fondos públicos y hasta el canibalismo.
Una de sus historias más atroces tuvo lugar cuando ordenó la detención de aproximadamente 180 niños que protestaban por tener que comprar uniformes a altos precios en la fábrica de la esposa del emperador.
No satisfecho con echar abajo la protesta, él y sus guardias torturaron y mataron a varios de estos niños – personalmente les aplastó el cráneo a 5 pequeños. Los rumores cuentan que también comía bebés humanos.
Mengistu Haile Mariam

Mengistu Haile Mariam fue un dictador etíope en el periodo comprendido entre 1974 y 1991. Llegó al poder gracias a un golpe de estado y rápidamente se hizo famoso por su crueldad a la hora de eliminar a cualquiera que se le oponía.
Cuando Haile Mariam ofreció su primer discurso como primer mandatario, anunció la muerte de la revolución y de todas las personas relacionadas con el partido de oposición – luego lanzó tres garrafas llenas de sangre hacía el público.
El hombre comenzó una masacre por las calles de todo el país contra los rebeldes, matando a miles de personas. Para complementar su sadismo, cobraba una cuota por «desperdicio de bala» a las familias que reclamaban el cadáver de sus parientes.
Se estima que unas 1.5 millones de personas murieron durante su gobierno, incluyendo niños, cuyos cuerpos fueron dejados a la intemperie para que fueran comidos por los animales, según la versión de algunos grupos de acción humanitaria que visitaron el país durante esa terrible época.
Enver Hoxha

Enver Hoxha fue el dictador de Albania en el lapso comprendido entre 1941 hasta 1985.
Durante su mandato, uno de cada tres ciudadanos albaneses llegó a cumplir sentencia en campos de trabajo forzado o fue interrogado y torturado por la policía secreta albanesa.
Prohibió a los hombres dejarse crecer la barba y estableció una ley en donde cada ciudadano necesitaba de autorización para la compra de bienes materiales, tales como automóviles, refrigeradores, máquinas de escribir y televisores.
Para el año de 1968 prohibiría al ciudadano de Albania los viajes hacía el extranjero. En un tribunal, el acusado no tenía derecho a una defensa y sus familiares, muchas veces, también eran condenados a prisión o al ostracismo, declarados «enemigos del Estado». Enver Hoxha tenía una relación muy cercana con Stalin.
Ne Win

Ne Win fue dictador de Birmania (actual Myanmar) desde el año 1962 hasta 1982. Win era un hombre extremadamente supersticioso, razón por la que cambió la denominación de la moneda del país a 15, 30, 45 y 90 – sus números de la suerte.
Con esto, toda la población de Birmania vio su economía venirse a pique. El dictador promovió este cambio en la moneda por la creencia de que si lo hacía, viviría hasta los 90 años .
Cuando dejó el poder, Birmania se encontraba entre los 10 países más pobres del mundo. Ne Win murió a los 91 años en 2002.
Gnassingbé Eyadéma

Gnassingbé Eyadema fue el dictador de Togo desde 1976, luego de promover un golpe de estado, hasta el año 2005, cuando finalmente murió y fue sucedido por su hijo.
El hombre venció en cinco elecciones, ampliamente criticadas por la comunidad internacional.
Como veterano de guerra, Eyadema se vanagloriaba por haber dado muerte al presidente depuesto por el golpe de Estado, Sylvanus Olympio.
También creía que era un superhéroe e incluso escribió un cómic que contaba su historia. Se rodeaba de cientos de mujeres hermosas que cantaban sus hazañas.
Ho Chi Minh

Ho Chi Minh fue dictador de Vietnam del Norte desde el año 1946 hasta 1969. Minh es considerado un héroe por muchos debido a la victoria en la Guerra de Vietnam.
Sin embargo, durante su gobierno, el país sería fuertemente censurado, reprimido y obligado a rendir culto a la personalidad del dictador.
Varios intelectuales y críticos del régimen fueron encarcelados en campos de concentración. Se estima que aproximadamente un millón de personas fueron enviadas a estos lugares.
Además de esto, la reforma agraria, hecha de forma obligatoria, generó la muerte por ejecución de más de 100 mil personas. Incluso hasta la actualidad, textos con críticas hacía Ho Chi Minh son censurados y los escritores aprehendidos.
Yakubu Gowon

Yakubu Gowon fue un dictador nigeriano en el periodo comprendido entre 1966 y 1975.
En esta época, serían descubiertos una serie de pozos petroleros en el delta del Níger, lo que desató a una guerra en el territorio oriental de Nigeria, con marcadas tendencias separatistas, y con el fin de formar la República de Biafra.
La guerra se extendió durante unos 30 meses, y las controvertidas decisiones del general Gowon resultaron en más de 1 millón de civiles muertos.
El dictador fue acusado de bombardear áreas residenciales y misiones humanitarias.
Pol Pot

Pol Pot fue dictador en Camboya desde el año 1963 hasta 1979.
De ideología comunista, creía en la existencia de una sociedad igualitaria, el problema fue la forma que ideó para conseguir tal fin.
Pot ordenó la destrucción de cualquier tipo y rastro de tecnología en el país y decretó una sociedad 100% agraria.
Los museos y teatros de Phnom Penh, la capital, se convirtieron en chiqueros para cerdos. Mientras que el trabajo en el campo era forzoso y desgastante, de 4 a.m. a 10 p.m.
Para alimentarse, los campesinos recibían una porción de arroz cada dos días.
El pueblo de Camboya perdió el acceso a la educación y la salud. Cerca de 2.5 millones de personas fueron ejecutadas por no seguir las reglas del dictador.
Saparmurat Niyazov

Saparmurat Niyazov fue el dictador de Turkmenistán desde 1991 hasta 2006, cuando falleció. Excéntrico y autoritario son términos que quedan cortos para definir a Niyazov.
Para empezar, se autoproclamó Turkmenbashi: «el padre de los turcomanos».
Después, rebautizó los meses del año: enero se convirtió en Turkmenbashi y abril pasó a ser Gurbansoltan, el nombre de su madre.
De igual manera cambió nombre de calles, plazas y aeropuertos.
El dictador derrochó gran parte de la riqueza de la nación en construcciones faraónicas como un lago artificial, un bosque, un palacio de hielo y una estación de esquí en el desierto.
Por si eso no fuera suficiente, encargó la construcción de una estatua de oro con su figura, de base giratoria, de forma que el monumento siempre estuviera mirando al Sol.
Este dictador de Turkmenistán prohibió la radio, la música grabada, los perros, el ballet, la ópera, el pelo largo y la barba, los videojuegos y el maquillaje.
Leopoldo II de Bélgica

Leopoldo II fue gobernante de Bélgica en los años de transición del siglo XIX al XX. Más los actos tiránicos de Leopoldo II no serían en su propio país, sino en su colonia en África. Leopold II creó un territorio 76 veces mayor que Bélgica, lo llamó El Estado Libre del Congo.
Allí se produjeron acciones tan crueles contra los africanos que se convirtieron en escándalo internacional. Leopoldo II pudo tener responsabilidad por la muerte de hasta 8 millones de personas – solo para comparación, las muertes de soldados de los dos bandos en la Segunda Guerra Mundial llegaron a los 25 millones.
El líder impuso técnicas extremas de tortura, tales como la amputación de miembros. Dicha práctica llegó a ser copiada por rebeliones africanas recientes.
Valientes científicos que fueron sus propios ratones de laboratorio
Innovar es algo que generalmente sale caro.
Muy pocas veces se hacen avances sin algún tipo de sacrificio. La buena noticia es que siempre ha habido personas dispuestas a pagar el precio por el progreso de toda la humanidad, como estos diez científicos que fueron sus propios ratones de laboratorio.
John Scott Haldane

Haldane, un científico de origen escoces, estudió de forma amplia la fisiología de la respiración. Descubrió los efectos que diversos gases peligrosos tienen en el cuerpo y en el estado mental, muchas veces experimentándolos en sí mismo (e incluso en su hijo).
Uno de estos episodios tuvo lugar en 1893, cuando se metió en una caja hermética y se mantuvo allí durante ocho horas, respirando el mismo aire, para anotar los efectos que eso tenía sobre él.
A partir de este experimento, Haldane concluyó que la desoxigenación de la sangre aumenta su capacidad de transportar dióxido de carbono, un fenómeno que pasó a ser conocido como “efecto Haldane”.
Después, investigó los gases peligrosos presentes en las minas. Para esto empleó pequeños animales y descubrió que el más letal era el monóxido de carbono.
Solo para asegurarse, también se envenenó con el gas en una cámara cerrada, con la finalidad de verificar los efectos esperados.
Eventualmente, se le ocurrió la idea de emplear animales pequeños (particularmente a los canarios) como detectores de gases, toda vez que sus cuerpos sufrían los estragos del envenenamiento mucho más rápidamente.
Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, el ejército alemán empezó a emplear un gas venenoso como arma. Haldane fue llevado al frente de batalla para que investigara el gas en cuestión (cloro) y le pusiera una solución al asunto.
Nuevamente, usaría su propio cuerpo para los experimentos, y sus esfuerzos llevaron al desarrollo de la primera máscara de antigás.
David Pritchard

Mientras trabajaba en Papúa Nueva Guinea a finales de la década de 1980, el Dr. David Pritchard notó que un parásito conocido como Necator americanus, que provoca anquilostomosis, era un verdadero problema para la población, pero tenía algunos efectos secundarios positivos.
Los pacientes infectados se volvían menos propensos a tener problemas con enfermedades autoinmunes, especialmente asma y fiebre del heno.
Cuando retornó a la Universidad de Nottingham, en el Reino Unido, el médico estaba ansioso por probar su idea y verificar si de hecho existía algún tipo de conexión entre los dos factores.
Sin embargo, había un problema: el parásito era muy peligroso y responsable, en esa época, por unas 65,000 muertes en las zonas tropicales cada año, así como de cientos de miles de cuadros de anemia.
El comité de ética no le permitió que empleara sujetos humanos, a menos que tuviera la certeza de que fuera seguro. Entonces Pritchard hizo algo radical: se utilizó a sí mismo como sujeto de pruebas.
Se infectó con 50 parásitos para desarrollar una técnica de prueba segura en condiciones de laboratorio, y llegó a la conclusión de que los participantes deberían ser infectados con solamente 10 parásitos para que dieran resultados sin colocarlos en peligro.
Hasta el año 2006, el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido finalmente permitió realizar los estudios en seres humanos.
Moran Campbell

El Dr. Moran Campbell fue un pionero en la investigación de problemas respiratorios e inventor de las Ventimask, un producto que se sigue usando en la actualidad. Estudió varios aspectos de la respiración, pero sus experimentos con la disnea son mucho más interesantes.
La disnea es la falta de aire que experimentamos cuando nuestra respiración se ve comprometida. En determinadas situaciones, como durante el ejercicio físico intenso, es algo normal. Sin embargo, a veces sucede cuando no debería, y Campbell deseaba saber exactamente cuál era la conexión entre la condición y los músculos respiratorios.
Así, este científico ideó un experimento para poner a prueba sus propios músculos respiratorios sobre escenarios extremos. Para comenzar, paralizó todo su cuerpo, excepto su antebrazo, empleando curare, una peligrosa toxina.
De esta forma, no sería capaz de controlar sus movimientos corporales, pero estaría completamente despierto durante todo el experimento.
Después de esto, se conectó a un respirador, toda vez que era incapaz de respirar por su propia cuenta, pero eventualmente lo desconectó, para saber cómo reaccionaría su organismo a un sofocamiento lento.
El experimento no resultó particularmente útil. Campbell declaró más tarde que paralizarse utilizando curare no era nada parecido con la parálisis a través de la contracción prolongada o isquémica.
Horace Wells

Como Campbell bien lo supo, no todos los auto-experimentos resultan en algo positivo. Sin embargo, las cosas a veces pueden ir mucho peor, como sucedió con Horace Wells, uno de los primeros dentistas en introducir el uso de la anestesia a la odontología.
Específicamente, fue pionero en el uso de óxido nitroso (gas hilarante) como un analgésico durante las extracciones dentales.
Para probar la eficacia del gas, se extrajo los dientes. El proceso resultó todo un éxito, y Wells hizo varias otras extracciones sin ningún tipo de complicación.
Así, sintió que debía mostrar su don al mundo. Agendó una exhibición en el Hospital General de Massachusetts, en los Estados Unidos, pero el gas no se administró correctamente, y su paciente comenzó a retorcerse de dolor.
Wells se mudó a Europa con todo y su mala fortuna para continuar sus investigaciones. Cuando regresó a los Estados Unidos, descubrió que el óxido nitroso había sido sustituido por éter y cloroformo en anestesias. Entonces, comenzó a experimentar con cloroformo de la mejor forma que sabía: en sí mismo.
Desafortunadamente, en aquella época, los efectos de la exposición prolongada a la sustancia eran totalmente desconocidos. Tras inhalar el gas por una semana, Wells quedó totalmente loco – llegó a arrojar un recipiente con ácido sulfúrico sobre dos prostitutas.
Fue a parar a prisión y, más tarde, cuando finalmente volvió en sí, Wells se sentía tan culpable que se suicidó.
Maurizio Montalbini

Los seres humanos funcionamos valiéndonos de algo que se conoce como ritmo circadiano. Nos activamos durante el día y descansamos durante la noche. Nuestro reloj biológico interno se basa en un plazo de 24 horas, gracias a los estímulos externos.
Pero, ¿qué sucedería si se eliminaran estas señales externas? Esa fue la misma pregunta que se hizo el sociólogo Maurizio Montalbini.
Para responderse, decidió aislarse por completo – pasando a vivir en una cueva durante meses. La primera vez que inició el experimento fue en diciembre de 1986.
Montalbini pasó los siguientes siete meses en las Cavernas de Frasassi, quebrando la marca mundial de aislamiento por completo en el proceso. Y repitió la experiencia dos veces más, una en 1992, durante un año entero, y otra en 2006, durante 260 días.
Montalbini descubrió que la mente y el cuerpo humanos cambian mucho cuando no hay factores externos que ofrezcan información sobre la hora del día o el paso del tiempo.
Primero, el tiempo pasó mucho más rápido para él. Montalbini siempre creía que había pasado mucho menos tiempo en las cavernas de lo que realmente tenía.
En la primera experiencia perdió unos 14 kg. Su cuerpo se acostumbró a mantenerse despierto durante 50 horas seguidas y, a continuación, dormir solamente cinco.
Lazzaro Spallanzani

No todos los experimentos tienen que ser peligrosos, algunos solamente rayan en lo extraño y asqueroso, como los de Lazzaro Spallanzani. Este biólogo italiano del siglo XVIII estudió una amplia variedad de temas, incluyendo la biogénesis y la ecolocalización. Sin embargo, sería su trabajo sobre las funciones corporales lo que le valió un lugar en esta lista.
Aprendimos mucho sobre la digestión gracias a Spallanzani. Antes de su investigación, se creía que la digestión era un proceso mecánico llamado trituración.
Pero él nos mostró que había una reacción química involucrada en el proceso. Específicamente, demostró el proceso realizado por el jugo gástrico en el estómago.
Empleó una variedad de animales para sus experimentos. Para obtener muestras del jugo gástrico, provocaba el vómito en los animales o les empujaba una esponja atada a una cuerda por la garganta.
Para ver los efectos de los jugos gástricos en alimentos en varias etapas, también empleó la regurgitación, o cortó a sus animales para recuperar el contenido de sus estómagos.
También llevó a cabo esos experimentos en un único ser humano: él mismo. Spallanzani tragaba muestras envueltas en bolsas de tela o tubos de madera y las regurgitaba después de un tiempo. Si se requería, engullía la misma muestra más de una vez. ¡Qué asco!
Jack Barnes

Hace 50 años, en Australia no sabían cómo manejar los brotes de una condición peligrosa conocida como síndrome Irukandji. Este padecimiento causa cefalea, nauseas, vómito y dolores abdominales. Si no se trata a tiempo, puede resultar fatal.
Pero para tratarla, antes debían saber qué la causaba. El Dr. Jack Barnes tuvo una idea: se trataba de una medusa muy venenosa.
Actualmente, sabemos que muchas especies de medusa se encuentran entre los animales más mortales del planeta, por eso, solemos evitarlas a toda costa.
Pero Barnes capturó a la medusa en cuestión, un animal de unos 2.5 centímetros de diámetro, y dejó que lo picara para ver si presentaba los síntomas del síndrome Irukandji. No contento con ser el único sujeto de prueba, también dejó que su hijo y un salvavidas local se picaran, solo para asegurarse.
Los tres enfermaron y tuvieron que ser hospitalizados, recuperándose por completo. Demostró que la pequeña medusa era la culpable, y más tarde fue nombrada Carukia barnesi en honor al Dr. Barnes. Hoy, sabemos que otras especies de medusas también pueden causar el síndrome Irukandji.
Donald Unger

Donald Unger alguna vez fue un niño que, como muchos de nosotros, fue repetidamente reprendido por su madre por chasquear los dedos. La mujer le advirtió que aquello podría acarrearle artritis y, finalmente, después de algún tiempo se encontraba en una posición donde podía colocar la afirmación de su madre a prueba.
A partir de entonces, todos los días, chasqueó los dedos de su mano izquierda. Quería ver si había alguna diferencia notable entre sus manos al concluir el experimento. En principio, eso no suena particularmente extremo. Lo que es único, sin embargo, es la duración del experimento: 60 años.
Después de seis décadas, cuando decidió que ya era suficiente, Unger hizo unas radiografías completas de sus manos y no encontró ninguna diferencia significativa entre ambas. Chasquear los dedos no causa artritis. Por sus esfuerzos, el Dr. Donald Unger fue condecorado con un premio Ig Nobel de Medicina en 2009.
Jesse Lazear

La fiebre amarilla continua siendo una de las enfermedades más peligrosas que afectan a los seres humanos, pero solía ser mucho peor. En 1900, a un equipo de cuatro científicos de la Comisión Reed se le solicitó estudiar la enfermedad. En aquella época, nadie sabía a ciencia cierta qué provocaba la enfermedad.
El consenso general era que se transmitía a través del contacto directo, pero no todos estaban convencidos de eso.
Así, estos cuatro hombres viajaron a Cuba, un terreno fértil para el virus, y comenzaron su trabajo. Uno de los integrantes de este equipo era el médico Jesse Lazear, que se especializó en enfermedades tropicales como la fiebre amarilla y la malaria.
Un científico británico llamado Sir Ronald Ross recientemente había descubierto que la malaria se transmitía por los mosquitos, por los que Lazear entró a la Comisión muy seguro de que también los mosquitos eran los responsables de la fiebre amarilla. No fue el primero en creer esto.
El científico cubano Carlos Juan Finlay tenía la misma idea. Sin embargo, donde los experimentos de Finlay fallaban, Lazear tenía éxito. “Prefiero pensar que estoy en camino hacia el verdadero germen”, escribió Lazear a su esposa. Apenas 17 días después, había muerto.
Esto porqué, sin conocimiento de sus colegas, Lazear se dejó infectar con fiebre amarilla para establecer la relación entre la enfermedad y los mosquitos. Su sacrificio no fue en vano, ya que su trabajo resultó crucial en la búsqueda de un tratamiento para la fiebre amarilla.
Henry Head

El Dr. Henry Head fue un neurólogo inglés que desarrolló un trabajo pionero en el estudio del sistema somatosensorial. Se centró particularmente en la nocicepción, que es la sensación al dolor. El médico inició estudiando pacientes en recuperación con daño nervioso como conejillos de indias.
Sin embargo, rápidamente descubrió que la falta de conocimiento médico de las personas impedía que ellas dieran las respuestas precisas y objetivas que necesitaba. Entonces, encontró un mejor sujeto para las pruebas: él mismo.
Como no tenía ningún daño nervioso para observar, se hizo una cirugía para cortarse dos nervios de su antebrazo izquierdo. En seguida, pasó sus próximos cuatro años documentando su recuperación.
Cada fin de semana, viajaba para la Universidad de Cambridge y se sometía a un examen de sus brazos afectados y no afectados para anotar las diferencias. Cuidadosamente, Head monitoreaba todas las alteraciones sensoriales que experimentaba.
Finalmente, se convirtió en uno de los primeros médicos en hablar sobre disociación sensorial, especulando sobre la existencia de dos sistemas sensoriales diferentes, que llamó sistemas epicrítico y protopático.
El misterio de los 3 cosmonautas que murieron sonriendo

El día 30 de junio de 1971, la nave espacial soviética Soyuz 11 comenzó a desplegar su sistema de aterrizaje automático después de permanecer 24 días en el espacio.
El equipo en tierra estaba satisfecho, a pesar de que en los últimos minutos había perdido contacto con la tripulación: Viktor Patsayev, Georgi Dobrovolski y Vladislav Volkov. En ese momento tendría lugar uno de los misterios más debatidos de los años 70.
Por más que hubieran perdido el contacto después de atravesar la ionosfera, no había motivo de preocupación, pues la nave estaba aterrizando según lo previsto.
Cuando los técnicos fueron a abrir la escotilla de la nave, vieron a los tripulantes sonriendo, pero ninguno de ellos se movió, ni siquiera levantaron la mano para saludar. Todos habían muerto.
Fue entonces que comenzaron las hipótesis para intentar aclarar porqué aquellos tres hombres habían muerto sin ninguna deformación ni rastro de que hubieran pasado miedo durante el aterrizaje. Primero echaron la culpa a la descompresión, pero la autopsia no reveló hemorragias internas.
Otros concluyeron una trombosis o un shock que los condujo a tener un paro cardiaco, una conclusión cuya lógica hubiera dejado a los cosmonautas tirados sobre el suelo, pero aquella sonrisa seguía siendo un completo enigma.

El último dialogo entre los cosmonautas y la tierra no daba motivos para pensar en cualquier otra hipótesis posible:
“Aquí Yantar – habla Dobrovolski – todo va perfectamente a bordo. Estamos en plena forma. Preparados para el aterrizaje. Puedo ver la estación. El sol brilla.”
“Hasta dentro de poco Yantar – response control en tierra – Pronto nos veremos en la Patria. Inicio de la maniobra de orientación”.
Aparentemente, estas fueron las últimas palabras registrada, pareciendo estar todo bien. Si hubo algo más, las autoridades soviéticas no lo quisieron revelar.
Sin embargo, el misterio persiste, aunque una falla técnica determinara la descompresión de la capsula, el examen de la cabina determinó “que no presentaba defectos de estructura”, y que solamente la perdida de una junta del sistema de sellado hermético, podía provocar la catástrofe. Una falla como esta condenaba a los cosmonautas sin la posibilidad de escape.
Por otra parte, durante el vuelo deberían haber registrado una caída de presión, como sucedió con el Apolo 13, en el que fue detectada inmediatamente una explosión en el compartimiento de máquinas.
La respuesta más lógica y probable al misterio fue ofrecida hasta una década más tarde por el Dr. Gultekin Gaymec de origen turco, quien al escuchar de la noticia recordó que la intensidad de las cargas eléctricas presentes en la atmosfera responde a ciertos ciclos establecidos.
El médico resolvió que la carga eléctrica en la ionosfera subió a niveles tan extremos que desencadenó una alcalosis aguda en los astronautas soviéticos. El contenido alcalino a niveles extremos en la sangre y los tejidos, puede producir un paro cardiaco.
El dióxido de carbono que se hace presente en exceso en el cuerpo, provoca rictus en la cara de las víctimas, dando la apariencia de que están sonriendo.

El médico hizo pruebas en voluntarios y descubrió una relación directa entre los pacientes y los ciclos eléctricos atmosféricos: aumentaba el índice de sodio y colesterol.
Además de que los niveles de potasio caían, recordando que el potasio es vital para la correcta actividad eléctrica del corazón.
Estos estudios ayudaron a blindar mejor las naves espaciales, pero también nos permitieron saber que los campos eléctricos dela atmosfera, que son provocados por actividad solar, están directamente relacionados con muchas enfermedades, como los ataques de corazón.
Pese a que hay una explicación científica razonable, aún existen muchas dudas de porqué sonreían los astronautas muertos después del aterrizaje automático de la nave.
El accidente del Soyuz 11 que se cobró la vida de 3 cosmonautas, por sí solo ya sería bastante perturbador, terrible y sorprendente, sin la necesidad adicional de agregar sonrisas fuera de lugar.

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