actualidad, opinion, variedades.

Anecdotas y curiosidades de la 2da. Guerra mundial (15)…


https://s1.eestatic.com/2020/01/26/cultura/historia/holocausto-nazismo-judios_462713997_143421796_1706x960.jpg

Los actores de un espectáculo del campo de Westerbork.

Cabarés en los campos de exterminio nazi: los judíos que se agarraron al humor para sobrevivir

El Español(D.Barrera)  — La risa se fue colando por las rendijas de la maquinaria del horror, hasta quedar apagada en las cámaras de gas. En el infierno, en el abismo de la vida, de forma totalmente inverosímil y surrealista, pervivió el arte escénico, el espectáculo.

En los campos de extermino orquestados por el nazismo los actores, músicos y comediantes judíos, estrellas de la actuación hasta que apareció la nube de odio de Hitler, se convirtieron en bufones de sus verdugos, continuaron con sus parodias como único método de supervivencia.

En estos lugares escalofriantes, como Auschwitz, de cuya liberación se cumplen 75 años este lunes, hubo formaciones musicales organizadas por los oficiales de las SS para acompañar la vida diaria del campo y espectáculos que montaron los propios prisioneros como un utópico acto de resistencia.

Pero también eventos más extremos, de carácter circense, como los implantados por el sádico doctor Mengele: en una ocasión, antes de enviarlos a las cámaras gas, logró reunir a toda una compañía de acróbatas enanos para una exhibición; otros internos revelarían que le gustaba practicar una suerte de teatro anatómico diseccionando cadáveres en público.

Son esos ejemplos máximos del sadismo nazi, acaecidos en el núcleo del mal y que terminaron de forma definitiva con la luz de los artistas judíos que brillaron en los cabarés y espectáculos del Berlín de la década de 1930.

La última parada de un proceso exterminador que contó antes con un espacio intermedio, los guetos y campos de internamiento, donde estos cómicos siguieron actuando porque no tenían otra elección, porque sus dotes teatrales les permitían seguir agarrándose a la vida.

Es lo que harían Kurt Gerron, Max Ehrlich o Paul Morgan.

https://holocaustmusic.ort.org/fileadmin/_processed_/9/3/csm_69279_01_d1a3b59587.jpg

Los miembros de la orquesta de cuerdas Westerbork posan en el escenario con sus instrumentos.

Este fenómeno bastante desconocido de los comediantes judíos que tampoco se libraron del Holocausto lo estudia la historiadora italiana Antonella Ottai en La risa nos hará libres (Gedisa), un ensayo profundo, inteligente y revelador que ahonda en las raíces del odio reflexionando sobre el humor y la absurda relación que se construyó entre las víctimas y sus asesinos:

«La excepcionalidad de los acontecimientos teatrales, paradójicamente, contribuye a imponer, a pesar de todos los indicios en contrario, una apariencia general de normalidad«, escribe la autora. El abstraerse de la realidad el tiempo que duraban las funciones.

El relato arranca con el momento de mayor esplendor de esta cultura cabaretística y en el baluarte del judaísmo, la Kurfürstendamm, una de las principales arterias berlinesas y reclamo de Goebbels y compañía cuando la esvástica comenzó a atropellar todo el orden anterior.

Muchos artistas empezaron a buscar refugio en el exilio; los que resistieron, conformaron en 1933 la Liga para la Cultura Judía, con la que se buscaba satisfacer los dictámenes del poder nazi en materia de separación de alemanes y judíos, y que fue sometida a un asedio continuo hasta su desmembración en 1941.

El humor del victimario estaba caracterizado por tintes autoparódicos, pero los cómicos no rechazaron su ingenio para combatir los postulados antisemitas o satirizar al führer sugiriendo su homosexualidad. Hitler se cobraría su venganza poco después, con una sentencia espantosa: «Los judíos se reían, pensaban que se trataba de un juego. Hoy ya no ríen más».

https://i.blogs.es/c71c03/banda/1366_2000.jpeg

Prisioneros tocan el «Tango de la Muerte» en el campo de concentración de Janowska, durante la ejecución de soldados soviéticos.

Una anomalía

La Liga fue, en palabras de Ottai, «un gueto virtual en una ciudad que no disponía de uno real: un gueto delimitado, no por los muros de una prisión, sino por las prohibiciones de la ley».

Lo que seguramente no supiesen con certidumbre sus integrantes era lo que les esperaba en los viajes en tren hacia el Este: Westerbrok y Theresienstadt, más hacinamiento y más odio. Pero aquello solo se reveló en un entreacto de la Solución Final.

Los dos fueron campos de tránsito, una farsa.

El primero, en suelo holandés, era un compendio de barracones que recordaban a un poblado nómada, una estación modelo desde la que partieron un total de noventa «cargamentos» hacia Auschwitz y los otros recintos donde se perpetró el exterminio de forma masiva.

Allí, en un escenario que actúa como salvación y jaula, coinciden viejos amigos y nombres destacados de las extintas esferas berlinesas.

El comandante de Westerbrok, Konrad Gemmeker, se da cuenta del patrimonio teatral que tiene prisionero y organiza fiestas y estrenos para el deleite de otros altos mandos de las tropas invasoras. La acción persecutoria transforma esas «cosas de judíos», que creía Goebbels, en «cosas de alemanes».

«En el espacio de un año se había reunido en el campo los grandes nombres del cabaré alemán: quizá un empresario, en circunstancias normales, no habría logrado convocar nunca a tantos artistas», resume Otti. Las paradojas de la guerra.

https://i.blogs.es/c9f80c/auschwitz/1366_2000.jpeg

La orquesta de Auschwitz.

Por su parte, el gueto Theresienstadt no solo presenció espectáculos similares, sino que más bien fue una comedia en sí, un asentamiento que se tornó en una farsa desde sus orígenes, una de las grandes ficciones de la historia, un simulacro propagandístico redondo.

Allí tuvo lugar la Operación Embellecimiento, consistente en hacer ver a los miembros de la Cruz Roja que los judíos habitaban en condiciones decentes. También hubo un comandante sponsor, que vio en los intérpretes la materia prima ideal para sus eventos.

Al final, no les quedó otra que entregarse a su pasión, el espectáculo, en las condiciones más infames imaginables; porque era esto, en definitiva, la consistencia ineludible de la vida contra la muerte.

Hugo Boss, el sastre que confeccionaba los uniformes de las tropas nazis

https://static3.abc.es/media/201210/05/nazis-desfilando--644x362.JPG

abc(M.P.Villatoro)  —  La conocida firma de ropa « Hugo Boss» es sinónimo de calidad, elegancia y, sobretodo, alta costura.

Sin embargo, su fundador, Hugo Ferdinand Boss, era conocido en la Segunda Guerra Mundial por algo bien distinto: fabricar los trajes para las tropas nazis dirigidas por Hitler y usar a prisioneros judíos como mano de obra. Y es que, este costurero alemán fue durante años el sastre del Tercer Reich

La historia de Hugo Boss comienza en 1923, año en que el modista fundó un pequeño taller de sastrería en Metzingen, un pueblo al sur de Stuttgart.

Allí, como afirma el historiador y periodista Jesús Hernández en su libro « 100 Historias secretas de la Segunda Guerra Mundial» (el cual presenta en su blog), «el sastre se dio cuenta de que el negocio era vestir a las tropas hitlerianas».

Boss, un nazi convencido

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/b0/Hugo-boss.jpg

Hugo Boss

Corría el año 1931 y Alemania vivía asolada por las duras condiciones que le habían impuesto los aliados por ser la nación que, de forma «oficial», había iniciado la Primera Guerra Mundial.

Concretamente, este país se veía ahora en la ruina ya que estaba obligado a pagar grandes impuestos al bando vencedor (denominados como «reparaciones de guerra»). Esto, unido a la gran crisis económica de 1929, había dejado a Alemania en el ostracismo.

En esa época, un joven Adolf Hitler había tomado ya las riendas del Partido Nazi y su discurso comenzaba a convencer a muchos alemanes. Y, al parecer, uno a los que persuadió fue Hugo Boss. «En abril de 1931, cuando aún Hitler no había llegado al poder, Boss, que entonces tenía 46 años, decidió alistarse en el Partido Nazi. Su número de afiliado sería el 508.889» afirma Hernández.

En 1933, dos años después de comenzar su aventura textil, y tras pasar multitud de calamidades económicas, Hugo Boss ya había decidido que su futuro sería proporcionar la indumentaria a las « Waffen SS» (un cuerpo de elite creado por Hitler para su protección, entre otras funciones), las SA (una organización paramilitar del partido nacionalsocialista), y las Juventudes Hitlerianas, según explica el historiador.

Ese mismo año, las ventas comenzaron a incrementarse, y, en términos del historiador, Hugo Boss incluyó un anuncio en un diario local afirmando lo siguiente: «Uniformes de las SS, las SA y las HJ. Ropa de trabajo, de deporte y de lluvia.

La hacemos nosotros mismos, con calidad buena y reconocida y a buenos precios. Boss. Ropa mecánica y de trabajo, en Metzingen. Firma homologada por las SA y las SS. Uniformes con la licencia del Reich». Su futuro acababa de quedar sellado.

Desde ese momento los pedidos del ínfimo taller se multiplicaron. «Años más tarde, en 1935, Boss decidió abandonar la fabricación de ropa civil y dedicarse exclusivamente a la confección de uniformes.

Seguramente, a Boss no le pasó desapercibido el dato de que entre miembros de las SS, SA y Juventudes Hitlerianas sumaban un total de tres millones y medio de uniformes, y que alguien debía de fabricarlos» sentencia Hernández.

Hugo Boss acertó de lleno, como explica el historiador: «La diversidad del vestuario del Tercer Reich debía ser atendida.

Por ejemplo, el vestuario tipo del militar alemán podía tener hasta ocho uniformes distintos: el de campaña, el de servicio o diario, el de guardia, el de parada, el de presentación, el de paseo, el de trabajo, el deportivo y el de sociedad, este último solo para los oficiales».

El negocio progresa

https://cdn.visavis.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/09135500/La-casa-de-moda-de-lujo-Hugo-Boss-reconocio-en-2011-que-su-fundador-Hugo-Ferdinand-Boss-apoyo-a-Adolf-Hitler-durante-la-Segunda-Guerra-Mundia-e1628532710354.jpg

Los pedidos llegaron a cientos hasta Metzingen, lo que provocó que Boss se planteara comprar en 1939 una fábrica de telas para ahorrar costes en el proceso de creación de las prendas.

El mercado era sin duda favorable para la marca.

Ese año sucedió además un hecho que convertiría a Hugo Boss en una de las marcas con más beneficios en Alemania: la invasión de Polonia por parte de las tropas nazis el 1 de septiembre de 1939.

La maquinaria militar de Hitler se puso en marcha y alguien tenía que proporcionar la vestimenta a todos aquellos soldados que recorrerían medio mundo. El elegido, como no podía ser de otra forma, fue aquel sastre que trabajaba en Metzingen.

Además, y según explica Hernández, la guerra amplió el mercado del modista, que ahora recibía multitud de nuevos pedidos, algunos incluso de la Wehrmacht (el grueso de las fuerzas de tierra, mar y aire del ejército alemán). «En el taller de Metzingen llegaron también pedidos de la Sección de Vestuario (Bekleidung) y del Estado Mayor (Stab), perteneciente a la Oficina de Asuntos Generales del Ejército (Allgemeines Heeresamt)» determina.

Boss era en ese momento un empresario acaudalado cuyo producto era conocido en toda Alemania. «El pequeño taller de Metzingen se convertía así en la segunda compañía textil más importante de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial» sentencia el historiador.

La guerra y la escasez de materiales

https://turbologo.com/articles/wp-content/uploads/2020/06/img21166_625-1.jpg

Aunque la guerra significó el aumento de los pedidos para Boss, le provocó también una serie de problemas.

El primero de ellos tuvo que ver con la disminución de la entrada de productos a través del comercio, lo que provocó la escasez de materias primas para confeccionar los trajes.

A esta dificultad se unió además el recorte en el presupuesto destinado a los uniformes que hizo el Gobierno Alemán, ya que necesitaba el dinero para la investigación armamentística.

Sin embargo, Boss ideó una solución sencilla. «Si en los años treinta los uniformes de las SS, la SA, las HJ y la Wehrmacht estaban fabricados con una mezcla de fibras y lana, durante la guerra la lana reciclada pasaría a ser el elemento básico de los uniformes» afirma Hernández.

A su vez, los alemanes discurrieron otras formas de conseguir materias primas, requisárselas a sus enemigos. «Las necesidades de vestuario del Ejército alemán nunca se pudieron cubrir completamente debido a la escasez de materias primas. Por tanto, las tropas germanas se vieron forzadas a requisar toneladas de ropa en los países ocupados» destaca el historiador.

Otro problema que se le planteó a Boss fue la falta de trabajadores. Sin embargo, en su ayuda acudieron de nuevo las tropas de Hitler: «Hugo Boss no dudó en utilizar mano de obra de trabajadores esclavos procedentes de los países ocupados, sobre todo mujeres polacas. Entre 1940 y 1941, trabajaron treinta prisioneros franceses.

Además las SS facilitaron a Boss la incorporación de una veintena de trabajadores polacos procedentes de campos de concentración», informa Hernández.

La empresa tras la contienda

https://cdn-3.expansion.mx/dims4/default/d26b33a/2147483647/strip/true/crop/362x190+0+13/resize/1200x630!/format/jpg/quality/80/?url=https%3A%2F%2Fcherry-brightspot.s3.amazonaws.com%2Fmedia%2F2011%2F09%2F22%2Fhugo-boss.jpg

Después de la guerra, aproximadamente en 1945, las cosas cambiarían radicalmente para Hugo Boss, que pasó de ser un empresario reconocido a ser acusado por el nuevo Gobierno de colaboracionista con el nazismo. «Hugo Boss fue declarado por las autoridades aliadas ‘beneficiario’ del régimen nazi y su empresa fue calificada de ‘importante’ en el entramado económico del régimen de Hitler, dos condiciones que comportaron que Boss perdiera el derecho al voto y una multa de 80.000 marcos» destaca en su libro el periodista.

A pesar de la gran cantidad de la multa, en un principio el dinero no era un problema para el sastre. «Este importe lo pagó con el dinero obtenido gracias a la venta de grandes cantidades de seda de la que utilizaba para confeccionar paracaídas que Boss había comprado en el mercado negro durante la contienda» explica Hernández.

Después de ser multado, Hugo Boss decidió cambiar los trajes militares que confeccionaba por uniformes de trabajo. «A la vez, presentó un recurso ante los tribunales de justicia para limpiar su nombre. Sin embargo, Hugo Boss nunca obtuvo el perdón del Gobierno de la nueva República Federal de Alemania. Murió en 1948» sentencia el experto.

De uniformes nazis a ropa juvenil

https://vistelacalle.com/wp-content/uploads/2012/04/1335290845_3.jpg

Tras la reconversión de la empresa, los descendientes de Hugo, Siegfried Boss y Eugen Holly, decidieron cambiar radicalmente el negocio y buscar una nueva dimensión para sus futuras colecciones de ropa. «Orientaron el negocio hacia ‘los triunfadores y los jóvenes hombres de negocios’, según reza la publicidad de la marca del año 1953» determina el historiador.

Finalmente, 20 años después la empresa creció sustancialmente y, en la actualidad, se ha convertido en una marca que es sinónimo de elegancia y es usada por todo tipo de personajes famosos.

«Hugo Boss se lanzó a patrocinar acontecimientos deportivos y culturales de todo tipo, consiguiendo transmitir una dinámica imagen de modernidad. En 1985 cotizó en Bolsa, hasta que en 1991, el imperio italiano de la moda Marzotto adquirió el 50,4% de las acciones» finaliza Hernández.

Quiénes colaboraron con los nazis en Europa y por qué quieren borrarlo de su pasado ahora

https://i.blogs.es/8944b6/petain-y-hitler/1366_2000.jpg

Magnet(Mohorte)  —  La Segunda Guerra Mundial tiende a interpretarse en formato rápido: los nazis eran el mal a extirpar y el resto del mundo, exceptuando un puñado de aliados, estaba contra ellos.

Esta versión, aunque certera, sólo cuenta una parte de la historia. Sí, los nazis cometieron las mayores atrocidades de la historia de la humanidad, pero no lo hicieron solos.

Su dominio del continente europeo durante años, y el exterminio de gran parte de su población, sólo se explica si alguien más les estaba ayudando.

Por descontado, Italia, Bulgaria o Rumanía, como aliados necesarios pero comparsas de un régimen todopoderoso, colaboraron con la Alemania nazi. No fueron los únicos.

La colaboración con los nazis es aún hoy una herida que cruza el continente de punta a punta, porque implicó a grandes masas de población, quebró moralmente a los países invadidos por las tropas de Hitler y porque emborrona el relato posterior a la guerra, aquel en el que hubo un agresor y muchas víctimas.

Lo cierto es que, como ejemplifica el caso de Lituania, hubo más agresores. Slate ha publicado un extenso y documentado artículo donde explica por qué hay sectores de la sociedad lituana incómodos con la idea de que los lituanos colaboraron con los nazis en la búsqueda y exterminio de los judíos del país.

El caso del país báltico se encuentra replicado en otras esquinas de Europa. Aquí hemos recopilado algunos casos significativos de cómo los nazis jamás actuaron solos.

1. El régimen Ustacha de Croacia

Uno de los regímenes más brutales creado bajo el amparo de los nazis fue el estado títere de Croacia, gobernado con mano de hierro por los nacionalistas fascistas croatas, el movimiento Ustacha dirigido por Ante Pavelic.

La Ustacha fue el principal aliado de los nazis en Yugoslavia. Además de la persecución y aniquilación sistemática de judíos, los croatas se emplearon a fondo para terminar con sus enemigos étnicos y políticos dentro del Reino de Yugoslavia.

https://i.blogs.es/6b4df5/pavelic-y-mussolini/1366_2000.jpg

Ante Pavelic (izquierda) y Benito Mussolini (derecha).

Entre otros hitos, la Ustacha controlaba el despiadado campo de exterminio de Jasenovac, donde miles y miles de serbios, la etnia dominante del reino durante su corta existencia, fueron represaliados.

Cuando la guerra terminó, los croatas fueron asimismo perseguidos por los partisanos comunistas serbios de Tito, acusados de traición a la patria y colaboración con el régimen nazi. Se calcula que alrededor de 100.000 personas fueron asesinadas en el campo de Jasenovac.

2. Los nacionalistas ucranianos

Ucrania y Polonia vivieron algunos de los episodios más sangrientos de la Segunda Guerra Mundial. En el actual oeste de Ucrania, por aquel entonces aún repartido entre el estado polaco, la Unión Soviética y parte de la actual Eslovaquia, los nacionalistas fascistas ucranianos colaboraron con los nazis en su lucha contra los soviéticos y contra los polacos del norte del país, además de trabajar mano a mano con las SS en la represión brutal y total de todos los judíos de la región.

https://i.blogs.es/0acbfb/ucranios/1366_2000.jpg

Nacionalistas ucranianos, colaboracionistas con los nazis.

Es algo que hemos visto recientemente en Ucrania: los rusos del este, y parte de la izquierda europea algo perdida en la materia, acusaban al Euromaidán de fascismo y de antiguos aliados de los nazis.

La herida continúa abierta porque divide en dos a la sociedad ucraniana, y lo sigue haciendo. Los colaboracionistas ucranianos lucharon no sólo contra los rusos y contra los polacos, sino también contra otros ucranianos que de un modo u otro estaban haciendo lo propio con los soviéticos.

3. Miles de ciudadanos franceses

Francia fue ocupada en 1940 y divida en dos: por un lado, un territorio directamente ocupado y gestionado por las tropas nazis. Por otro, el Estado de Vichý, colaboracionista al igual que el eslovaco o la República de Saló italiana. En ambos, miles de ciudadanos franceses colaboraron pasiva o activamente con los nazis.

Las cifras son inciertas, pero se calcula que el número de implicados superaba ampliamente a los 100.000 sólo en la Francia ocupada.

https://i.blogs.es/93e7af/voluntarios-franceses/1366_2000.jpg

Voluntarios franceses en Rusia, durante la Operación Barbarroja.

Los nazis necesitaban gestionar un país inmenso, pero no tenían personal suficiente. Para ello, se valían de profesionales cualificados y ciudadanos que ofrecían su ayuda a cambio de no ser reprimidos o de beneficios en el trato.

Cuando Alemania perdió la guerra, muchos de ellos fueron represaliados de forma sumaria por los partisanos de la resistencia: fusilamientos, humillaciones públicas, vejaciones de mujeres que se habían acostado con alemanes y una larga lista.

4. El Gobierno de Hungría

https://www.lavanguardia.com/uploads/2019/10/21/5f15f3fbad303.jpeg

El regente Nicolás Horthy es recibido en Budapest en 1919.

La relación de Hungría con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial es muy compleja.

Por un lado, el país observó con complacencia el ascenso nazi sobre sus vecinos del norte, especialmente Eslovaquia, y sobre los del sur, Yugoslavia. Hungría había perdido mucho territorio tras la Primera Guerra Mundial y, gracias a sus amistosas relaciones con Hitler, lo recuperó en la década de los ’40.

Sin embargo, una mirada más cercana revela distintos matices.

El Estado húngaro, dirigido por Miklós Horthy, colaboró en la represión de los judíos dentro de su territorio, pero se mostró más laxo de lo que Alemania deseaba. Hungría participó en varias campañas nazis contra enemigos cercanos.

Al final de la guerra, en cambio, amagó con cambiar de bando, lo que provocó la invasión nazi del país y el ascenso de la Cruz Flechada, un grupo antisemita y fascista, al poder. Eso provocó miles de deportaciones y asesinatos de judíos húngaros.

5. El ejército finlandés

La Guerra de Invierno fue uno de los primeros conflictos que no envolvieron a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La Unión Soviética atacó Finlandia a finales de 1939, apenas unos meses después del inicio del conflicto, con el objetivo de invadir el país al completo.

Por aquel entonces, el país nórdico sólo contaba con dos décadas de independencia y había atravesado una guerra civil sangrienta entre comunistas y blancos durante la Primera Guerra Mundial.

https://i.blogs.es/7376b2/tropas-finesas/1366_2000.jpg

Tropas finlandesas durante la Guerra de Invierno.

El objetivo de Stalin era apoderarse de un territorio que históricamente había sido poseído y dominado por la Rusia de los zares. Fracasó y sólo pudo tomar Carelia. En consecuencia, el ejército finlandés, amparado por el gobierno del país, optó por aliarse con los nazis en la Operación Barbarroja.

Las tropas de Mannerheim, héroe blanco de la guerra civil, participaron lateralmente en el terrible sitio de Leningrado, que mató de hambre a la ciudad durante más de un año.

6. Austria en su mayor parte

https://nuestrascharlasnocturnas.com/wp-content/uploads/2021/08/106e9-z2.jpeg

El dato lo ofrece Tony Judt en Postguerra: de los alrededor de 7.000.000 de habitantes de Austria durante la Segunda Guerra Mundial, unos 700.000 pertenecían al NSDAP.

En total, un 10%, una cifra asombrosamente alta, sin parangón no sólo en cualquier sociedad democrática sino en la propia Alemania, donde menos personas estaban afiliadas el partido de Hitler. Austria colaboró en su mayor parte con los nazis porque formaba parte de su ser en primaria instancia.

Sucede, sin embargo, que Austria salió muy bien parada durante la postguerra. Los aliados estaban interesados en mantener el país al otro lado del telón de acero, lejos del alcance soviético, por motivos estratégicos, pese a que fue el Ejército Rojo quien tomó Viena.

Gracias a ello, el relato nacional de Austria después de la guerra pudo articularse en torno al victimismo, dejando a un lado el papel activo que tanto el estado como el pueblo como la burguesía tomaron en el nazismo.

7. La Eslovaquia de Jozef Tiso

https://cdni.rbth.com/rbthmedia/images/2021.03/original/604db45785600a287a2ae89f.jpg

Dada la imposibilidad logística de conquistar y dominar la totalidad del continente europeo, los nazis establecieron alianzas con países a los que no deseaban invadir pero que les resultaban de utilidad (Hungría, Bulgaria, Rumanía) y crearon estados vasallos que mantenían una ficción soberana a las órdenes de Alemania: Vichy, Croacia y Eslovaquia se cuentan entre estos últimos.

En el país eslovaco, fue la figura de Jozef Tiso quien capitalizó el colaboracionismo con los nazis.

Del mismo modo que en Croacia o Hungría, Eslovaquia aplicó políticas de represión sistemática para con la población judía. El régimen de Tiso primero reguló contra los judíos, más tarde los encerró en guetos al estilo de Polonia y finalmente comenzó a deportarlos a los campos de exterminio ideados por los nazis en la Solución Final.

Al final de la guerra, la resistencia eslovaca trató de escapar del control nazi. El resultado: la invasión del país, al igual que en Hungría, por la Wehrmacht.

Qué pasó con la memoria del colaboracionismo

Estos son sólo algunos ejemplos que no dibujan el lienzo completo de los colaboradores con los nazis en el continente europeo.

Al igual que en Lituania, tanto en Estonia como en Letonia también hubo ciudadanos bálticos que trabajaron con los nazis tanto en la deportación de judíos como en su legítima lucha contra la ocupación y la amenaza soviética. Idénticas escenas tuvieron lugar en otros lugares del este de Europa o de los Balcanes. Y también en Europa Occidental.

Ningún país ocupado o parcialmente controlado por los nazis se libró de ciudadanos colaborando con las tropas y las autoridades alemanas, ya fuera Bélgica, Holanda, Noruega o Dinamarca.

Muchos de ellos podían hacerlo por razones ideológicas, pero otros por motivos instrumentales, ya fuera por la posibilidad de obtener poder político interno o por mera supervivencia. La ocupación fue larga y la vida de aquellas personas, en muchos casos, debía continuar hacia adelante.

Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, admitir que medio continente había estado colaborando con los nazis era una verdad incómoda que no contribuía a reconstruir los estados occidentales.

En Francia, Charles De Gaulle optó por la reconciliación tras la guerra civil soterrada vivida entre partisanos y colaboracionistas: Francia sería víctima y no parte. En Italia la lectura fue igual de amarga, dada la guerra civil de facto que enfrentó a miles de italianos durante años.

Fue el precio a pagar por ganar la guerra, pero también el lienzo incompleto de la Segunda Guerra Mundial.

En los países comunistas las autoridades rusas necesitaban ganarse el favor de las poblaciones locales, y también vieron en la exclusividad de la culpa alemana una forma de expiar pecados, ganar favores y asentar su poder. Lo requerían tras haber ocupado el resto del continente de la mano de golpes de estado y amaños electorales.

https://i.blogs.es/cb8327/policia-letona-auxiliar/1366_2000.jpg

La Policía Auxiliar Letona, también colaboracionista.

Cuando la URSS cayó, para los nuevos países independientes, como Lituania, era complicado mirarse en los referentes de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial incluyendo la colaboración con los nazis, de modo que se dejó a un lado en favor de un relato nacionalista.

Hoy, el colaboracionismo con los nazis a lo largo de Europa no es tabú, pero se sigue soslayando mediática y políticamente por motivos evidentes: nadie quiere ser asociado a los mayores criminales de la historia y nadie quiere dividir a sociedades donde el recuerdo de la guerra está aún presente.

Crímenes sexuales: Prostitución francesa en la Segunda Guerra Mundial

https://medialab.unmsm.edu.pe/chiqaqnews/wp-content/uploads/2021/01/mujer-rapada-kGiG-510x349@abc.jpg

Femmes tondues (afeitadas).

chiqaq news(D.B.Huapaya)  —  La prostitución francesa vivió una edad de oro durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados alemanes invasores aumentaron la demanda hasta puntos antes inimaginables.

Sin embargo, luego de la ocupación, estas meretrices se convirtieron en blanco del odio de sus compatriotas.

Aunque Hitler consideraba que las prostitutas eran criminales que atentaban contra la raza aria, nunca les prohibió a sus soldados que buscaran su compañía, y eso fue exactamente lo que sucedió durante la Ocupación alemana de Francia.

En junio de 1940, cuando la ocupación estaba iniciando, Francia se encontraba en una gran crisis, y eran muchas las mujeres que habían perdido sus puestos de trabajo, incluyendo prostitutas. Este fue el ambiente con que se encontraron los soldados, algo que no esperaban, pues los burdeles franceses no estaban en lo más mínimo preparados para atender la gran demanda alemana.

Al poco tiempo, esta situación cambio, y llegaron a haber hasta 10.000 prostitutas en Francia, mucho más de las que había antes de la guerra. Pero no fue solo la alta demanda y el dinero nazi lo que convencieron a miles de francesas, sino la caballerosidad y protección que les ofrecían los soldados.

Fabienne Jamet, una ex madame de Paris cuenta en el libro The Erotic de Buisson, «Recuerdo a esos soldados de las SS, todos vestidos de negro, todos tan jóvenes y tan hermosos, dotados a menudo de extraordinaria inteligencia. Sabían hablar incluso francés e inglés», y añade, «Las noches de la ocupación fueron fantásticas. Los burdeles de Francia nunca estuvieron mejor cuidados».

Así, las prostitutas corrieron la voz y al poco tiempo miles de jóvenes francesas encontraron en esta labor un refugio para los horrores de la guerra.

Pero los soldados no habían logrado encantar al resto de la población, que sentía gran aversión hacia ellos y hacia sus “colaboracionistas”, es decir, franceses que los apoyaban en la invasión. Las prostitutas recibieron el nombre de “colaboracionistas horizontales”.

Este odio no tuvo que esperar mucho para salir a la luz, pues cuando la invasión terminó y los soldados nazis tuvieron que irse, las meretrices que los acompañaron se convirtieron en blanco del odio francés.

https://medialab.unmsm.edu.pe/chiqaqnews/wp-content/uploads/2021/01/GWYJMPPGQFGWNFKFPXRF3SR2NA.jpg

Como si una cacería de brujas se tratara, estas mujeres fueron perseguidas y golpeadas por muchedumbres alrededor de todo el país. A la mayoría se les rapo la cabeza por completo, como Femmes tondues (afeitadas), para luego ser paseadas por toda la ciudad en camiones abiertos. A otras, se les pintó con alquitrán esvásticas en la cara y las más desafortunadas fueron golpeadas por multitudes enfurecidas.

Cabe resaltar que muchas de estas mujeres fueron madres jóvenes cuyos maridos estaban en guerra o en campos de prisioneros alemanes, y que no tenían como sustentarse a ellas o a sus hijos. Su única esperanza fue aceptar relacionarse con los soldados.

Si bien las principales víctimas de esta cacería fueron prostitutas, este castigo también lo recibieron todas las mujeres acusadas de haber ayudado en cualquier forma a los nazis, desde solteronas que les alquilaron habitaciones hasta trabajadoras del hogar.

Luego del castigo, todas estas mujeres se convirtieron en parias sociales, especialmente aquellas que habían tenido el infortunio de resultar embarazadas, pues sus niños también recibieron el odio de sus compatriotas y fueron llamados los “cabezas de boche”, una expresión despectiva hacia los alemanes.

https://medialab.unmsm.edu.pe/chiqaqnews/wp-content/uploads/2021/01/Srbh2SJ.jpg

Mujer a punto de ser castigada.

En Francia, nacieron aproximadamente 80.000 hijos de soldados nazis luego de la guerra y, en el año 2009, Alemania les concedió la nacionalidad.

nuestras charlas nocturnas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.