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Lugares de interés (II)…


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Espectacular restauración de la iglesia valenciana de San Nicolás de Bari

L.B.V.(J.Álvarez)Todo el mundo debería tener la posibilidad de visitar alguna vez el Vaticano para extasiarse ante los frescos de la Capilla Sixtina, tanto los de la bóveda como los de la pared del Juicio Final, pintados por Miguel Ángel a caballo entre finales del siglo XV y principios del XVI.

Pero si no se puede viajar hasta Roma, quizá sí quede más a mano Valencia, donde hay una alternativa igualmente espectacular: la iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir.

Las pinturas que recubren sus techos y paredes con horror vacui ofrecen al espectador una visión impresionante, especialmente ahora que acaba de terminarse el proceso de limpieza y restauración a que han estado sometidas desde hace tres años por un equipo de especialistas de la Universidad Politécnica, siguiendo un encargo de la Fundación Hortensia Herrero.

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Un trabajo lento por su minuciosidad, que requirió, por ejemplo, cuatro meses sólo para los estudios previos y la colaboración de Gianluigi Colalucci, director de la restauración de los frescos de la Capilla Sixtina.

La iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir fue uno de los primeros templos parroquiales cristianos erigido (sobre una mezquita musulmana) tras la conquista cristiana de la ciudad.

Fundada en el siglo XIII con una planta de nave única, cabecera poligonal y seis capillas entre contrafuertes, del edificio original no queda nada porque fue rehecha entre 1419 y 1455.

Hoy presenta la típica amalgama de estilos sucesivos, siendo uno de los ejemplos más armónicos de convivencia entre dos tan opuestos como el gótico -la bóveda, la puerta con arquivoltas y el rosetón, del siglo XV- y el barroco -decoración y pinturas, del XVII-.

Esa bóveda gótica, de crucería simple, fue recubierta dos siglos más tarde con otra falsa atribuida a Juan Bautista Pérez Castiel.

Es la que, junto con paredes, pilares y arcos, se ornamento con frescos diseñados por Antonio Palomino y realizados por su discípulo Dionís Vidal.

El tema elegido, lógicamente, fue la vida de los dos santos que dan nombre a la iglesia.

En total, 1.904 metros cuadrados de superficie pictórica (la Sixtina sólo tiene 800) capaces de epatar a cualquiera; algunos aparecieron insospechadamente tras retirar una capa de cal que los ocultaba al pie del altar.

Se puede decir que, metafóricamente hablando, se ha hecho la luz en este templo, hasta ahora oscuro por el ennegrecimiento acumulado al paso de los años. En 1981 se lo declaró Monumento Histórico Artístico Nacional

Es curioso que una iglesia que está tan escondida en el casco viejo de Valencia, contenía uno de los techos más espectaculares de España.

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La iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir es uno de los mejores ejemplos de la convivencia de un templo de estructura gótica del siglo XV con decoración barroca del siglo XVII que encontramos en Valencia. Se construyó sobre una antigua mezquita musulmana y en 1981 fue declarada como Monumento Histórico Artístico Nacional.

Tanto el exterior de la iglesia, el campanario y la bóveda interna han sido restaurados en los últimos años y es ahora cuando podemos disfrutar en todo su esplendor lo que esta iglesia tiene que enseñarnos.

El Camino al Cielo en la Montaña Tianmen

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También conocida como Autopista Big Gate, El Camino al Cielo en la Montaña Tianmen en Hunan, China, ofrece un paseo infernal para los automovilistas. Sus idas y venidas, desde luego, no son para personas débiles de corazón.

Con un total de 99 curvas cerradas, la carretera fue construida con este número para simbolizar el cielo, ya que en la cultura china el 9 es considerado un número de la suerte porque se cree que el cielo tiene 9 palacios.

Sin embargo, a pesar de esta creencia mística, esta carretera es prácticamente la más peligrosa de toda China.

Imagina hacer este trayecto que inicia a 200 metros sobre el nivel del mar, para ascender hasta los 1,300 metros, pasando por 99 curvas muy acentuadas a lo largo de todo el recorrido.

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Con toda razón, esto aumenta las probabilidades de terminar en el cielo (o infierno).

Claro, si no quieres hacer este recorrido, hay un tendido teleférico que sale de la ciudad de Zhangjiajie hasta la cima de la montaña Tianmen.

Con sus 7,455 metros de longitud, los chinos afirman que es el mayor teleférico del mundo.

El espectacular castillo italiano que tiene 365 habitaciones, una por cada día del año

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Con la rebosante belleza de la Toscana, omnipresente y multitemática, uno no sabe por dónde empezar: naturaleza, paisaje, historia, arte, turismo, gastronomía…

Hay tanto en esa región italiana que siempre va a quedar algo en el tintero y muchas de esas cosas no sólo nunca llegaremos a visitarlas sino ni siquiera a saber de ellas. Uno de esos tesoros semidesconocidos se oculta en la localidad de Leccio (Regello), en la provincia de Florencia: el Castillo Sammezzano.

Es un lugar que formalmente rompe un poco con ese Renacimiento que protagoniza estéticamente, de forma casi absoluta, la arquitectura de la zona. Y es que su estilo es un tanto ecléctico pero con predominio de inspiración morisca, tanto exterior como interiormente.

En eso se nota la mano española, ya que fue la aristocrática familia Ximénez de Aragón la que lo adquirió en 1605 y uno de sus descendientes, que era arquitecto, lo reformó personalmente en la segunda mitad del siglo XIX con ese estilo orientalista que tan de moda estuvo por aquellos años.

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En realidad, el edificio es anterior y hunde sus raíces en tiempos medievales; concretamente la primera referencia es del año 780, en que Carlomagno regresaba a su tierra desde Roma, donde había bautizado a su hijo, y que se detuvo en el Sammezzano para descansar.

Después fue propiedad de la familia florentina de Gualtierott, aunque iría pasando de un apellido a otro: primero los Altoviti, luego los Médicis. Fue precisamente un miembro de estos últimos, Cosme I, el que añadió al castillo todo su entorno natural antes de regalárselo a su vástago Fernando en 1564.

Se sabe que, en 1878, el rey Humberto I de Italia instaló temporalmente su corte allí. Más adelante, desde mediados del siglo XX y como suele pasar con este tipo de construcciones, el castillo se usó como hotel de lujo, dotado de las comodidades propias de su tipo: campo de golf, spa…

Pero en 1990 se cerró y, salvo visitas esporádicas, no ha vuelto a abrir al público, pese a los proyectos que hay para recuperarlo turísticamente y las dos restauraciones sucesivas acometidas para ello. Es una lástima porque se trata de un sitio espectacular que, de momento, parece destinado únicamente a servir de localización para películas y videoclips.

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Arquitectónicamente se caracteriza por el cuerpo central de la fachada, una especie de gran torreón donde una singular escalera a modo de barbacana conduce a la entrada monumental de arco arábigo, coronada por un reloj y una campana.

Las cornisas están decoradas con artísticas almenas y abundan las ventanas en las tres plantas iluminando las 365 habitaciones, una por cada día del año y todas diferentes entre sí.

Por dentro no cede en belleza, destacando impresionante cúpula acristalada de la Gran Rotonda Blanca y la epatante policromía de cerámica geométrica de la Sala Pavo Real. Pero hay mil y un maravillas más: las salas de los Espejos, de los Amantes, de los Lirios, de las Estalactitas, de los Españoles, etc.

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Ladrillo, estuco policromado, azulejos, dorados, molduras, baldosas venecianas, artesonados, vidrieras, esmaltes, lámparas colgantes…

El Castello Sammezzano es una delicia visual continua que se prologa al aire libre a través del enorme parque decimonónico que lo rodea.

Éste es uno de los mayores de la región (450 hectáreas), diseñado por Ferdinand Panciatichi siguiendo modelo inglés.

Aunque el arbolado original se ha perdido en gran parte, reúne muchas especies exóticas -entre ellas el grupo de sequoyas gigantes más numeroso de Italia- y está decorado con diversos elementos como puentes, grutas, fuentes y estatuas.

La espada incrustada en la roca del precipicio de Rocamadour durante 9 siglos

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Durandal (o Durandarte) fue la famosa espada de Roldán, el caballero franco que murió en la batalla de Roncesvalles el 15 de agosto del 788 a manos de los vascones.

Los relatos de aquella batalla y del posterior destino de la espada están plagados de historias míticas con poca o ninguna base histórica ni arqueológica. Como por ejemplo la del legendario héroe Bernardo del Carpio, según cuya leyenda habría sido quien acabó con la vida de Roldán y se llevó su espada.

Siempre según la leyenda, luego habría sido enterrado junto con la espada en una cueva cerca del monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo. De allí se la habría llevado Carlos I cuando visitó la tumba en julio de 1522. Hoy esa espada puede verse en la Real Armería de Madrid.

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Como ésta existen múltiples leyendas acerca de la espada de Roldán, incluso una que la sitúa en el fondo del lago de Carucedo en El Bierzo. Pero la más curiosa de todas es la de la espada de Rocamadour.

Rocamadour es una localidad situada al suroeste de Francia, famosa desde la Edad Media por ser un importante centro de peregrinaje, documentado desde 1172. Allí se ubica el medieval monasterio de Nuestra Señora y la iglesia de San Miguel.

Y es allí donde, incrustada en la roca del precipicio sobre los edificios del santuario, estuvo durante nueve siglos una espada, sujeta con una cadena. No estaba completa, sino que le falta un trozo.

Los propios monjes, que identifican esta espada con la famosa Durandal, aseguran que fue el propio Roldán quien la incrustó allí, para que no cayese en manos de sus enemigos.

La conexión está en que fue precisamente de Rocamadour de donde Roldán partió con sus huestes para atravesar los Pirineos, pero evidentemente no pudo volver a dejarla allí porque murió en Roncesvalles, unos cientos de kilómetros más lejos. Lo más probable es que los monjes se inventasen la historia como medio de propaganda.

En cualquier caso, durante nueve siglos nadie se atrevió a discutirla y allí permanecio la misteriosa espada, que evidentemente no se sabe de donde procede.

En 2011 el ayuntamiento la retiró del precipicio por primera vez y la cedió al Museo Cluny de París para ser expuesta.

El túnel de Ezequías, uno de los más antiguos del mundo, construido en 701 a.C. y visitable

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También llamado túnel de Siloé por la inscripción descubierta en el mismo, que cuenta la historia de su apertura, el Túnel de Ezequías es una conducción de agua subterránea bajo la ciudad de David en Jerusalén.

Mencionado en la Biblia (Reyes 2, 20:20) como obra del rey Ezequías dentro de los preparativos para la defensa de la ciudad del asedio de los asirios, pasa por ser uno de los túneles más antiguos y largos del mundo que se puede visitar.

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Los análisis de materia orgánica encontrados en el revoque original de sus muros confirmaron la datación proporcionada por los textos bíblicos que mencionan su construcción.

No obstante, nuevas excavaciones realizadas en 2011 sugieren qe podría ser mucho más antiguo, de finales del siglo IX o principios del VIII a.C.

Lo que si parece claro es que la estructura se enmarcaba dentro del plan para proteger la ciudad de los asirios, que durante la segunda mitad del siglo VIII a.C. avanzaban desde Siria y Cisjordania en dirección al Imperio Nuevo de Egipto, y así proveer a la ciudad de agua potable durante el asedio que tuvo lugar en 701 a.C.

El túnel parte de la Fuente de Gihón, la única con agua durante todo el año, un manantial subterráneo que mana en una gruta en la ladera este del monte Sion protegida por una torre defensiva incluída ya en las murallas de la ciudad.

Sigue por la vertiente de los Jebuseos (identificada como el canal a través del que los israelitas conquistaron la ciudad en tiempos del rey David), y se dirige en dirección Sur-suroeste a través de la montaña de Sion hasta desembocar en la Piscina de Siloé, ya en el interior de los muros de la ciudad.

La actual piscina es bizantina, aunque las excavaciones arqueológicas hallaron otra más antigua en su interior.

La construcción del tunel se inició por ambos lados, un grupo de trabajores comenzó a perforar desde la Fuente de Gihón y el otro desde la piscina. Cómo los israelitas lograron dirigir a los dos equipos para que convergiesen sigue siendo desconocido para los investigadores.

Algunos han sugerido que para orientar a los excavadores otros grupos iban golpeando la superficie rocosa con grandes mazas o martillos con el fin de dirigirlos en la dirección correcta. No obstante, en la estructura del túnel son evidentes los múltiples errores direccionales cometidos.

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Copia de la inscripción de Siloé, en su ubicación original

En 1884 se halló en las cercanías de la entrada por el lado de la piscina una lápida incrustada en la pared, denominada inscripción de Siloé, que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico de Estambul. En ella se detallan los trabajos de la última fase de la construcción, cuando ambos grupos de trabajadores se hallaban separados apenas por 30 metros de distancia, lo que la convierte en una joya arqueológica. Por desgracia una parte de la inscripción es hoy ilegible, y se cree que podría proporcionar más información acerca del sistema empleado por los israelitas. La parte legible dice:

… la perforación. Esta es la historia de la perforación. Cuando todavía … pico(s) …. cada uno hacia su compañero y cuando todavía faltaban perforar tres varas, … la voz de un hombre que le gritaba al otro, pues allí había una brecha del lado derecho …Y el día de la ruptura se encontraron los trabajadores, hombre contra hombre, pico contra pico, y el agua fluyó de la fuente hacia el estanque, 1200 varas, y de 100 varas era el grosor de la roca por sobre las cabezas de los trabajadores

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Pero el túnel ya fue descrito por vez primera por Franciscus Quaresmius en 1625, y explorado en 1838 por el investigador bíblico Edward Robinson y por Charles Warren en 1865.

Fue éste último quien sugirió que pudo haber sido construido por el rey Ezequías, lo que vendría a confirmar el descubrimiento de las inscripción 19 años más tarde.

El túnel tiene 533 metros de largo y una diferencia de altura entre sus dos extremos de apenas 30 centímetros, suficiente para desviar el agua hacia el interior del recinto defensivo.

Tanto el área de la Fuente de Gihón como la totalidad del tunel hasta la piscina de Siloé pueden visitarse y recorrerse por turistas y aficionados a la arqueología, lámpara en mano y con el agua a la altura de las rodillas durante todo el recorrido.

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En 1899 se descubrió otro canal subterráneo que conectaba igualmente la Fuente de Gihón con las inmediaciones de la Piscina de Siloé.

Los arqueólogos determinaron que éste era mucho más antiguo, construido alrededor del año 1800 a.C. en la Edad del Bronce, constituyendo así una prueba de que el agua de la fuente ya era aprovechado muchos siglos antes del reinado del rey Ezequías.

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