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La biblioteca en funcionamiento más antigua del mundo: el monasterio de Santa Catalina…


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L.B.V./ Destino Infinito —Según ha determinado la UNESCO, el monasterio egipcio de Santa Catalina tiene la biblioteca más antigua del mundo de entre las que han estado funcionando ininterrumpidamente desde su fundación.

En lo más profundo de la península del Sinaí en Egipto, en una región de desierto formada por rocas de granito y escarpadas montañas, se encuentra la ciudad de Santa Catalina. Fue aquí, al pie del Monte Sinaí, donde se cree que Moisés recibió los Diez Mandamientos de parte de Dios.

Naturalmente, esta región es sagrada para cristianos, judíos y musulmanes por igual.

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Entre los años 548 y 565, el emperador romano oriental, Justiniano el Grande, ordenó la construcción de un monasterio dedicado a Santa Catalina en este lugar.

Una vez levantado, el monasterio nunca fue destruido ni saqueado en toda su historia, por lo que es uno de los monasterios cristianos más antiguos del mundo.

Surgido a partir de una capilla que mandó construir Flavia Julia Elena, esposa del emperador Constancio Cloro y futura santa, a su alrededor se establecieron varios monjes que dieron origen a la comunidad.

Se trata de un recinto cuadrangular cerrado por altos muros de arenisca que erigió Justiniano en el siglo VI para protegerlo defensivamente, albergando una basílica de cinco naves, donde se guarda un esqueje de la zarza, y una mezquita que nunca se usó porque se cometió el error de no orientarla a La Meca.

Dentro del complejo, el apartado artístico tiene la mejor colección que existe de iconos medievales (desde los siglos V y VI), que consiguieron salvarse, gracias al relativo aislamiento del cenobio en pleno desierto, de la destrucción iconoclasta; entre ellos figuran el Pantocrátor del Sinaí, la Escalera al Paraíso y el más antiguo que hay sobre un tema del Antiguo Testamento.

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Manuscrito en siríaco

Tampoco son despreciables los mosaicos que decoran los suelos de varias dependencias. Pero hay algo que resulta aún más valioso y es la citada biblioteca, compuesta por tres mil quinientos volúmenes en múltiples lenguas.

En ella está la mayor colección mundial de códices y manuscritos antiguos después de la del Vaticano.

Entre las piezas destacadas se pueden mencionar el Codex Sinaiticus -que contiene la Biblia original más completa que se conserva -fechado en torno al año 345 d.C. y descubierto en el siglo XIX por el erudito Konstantin von Tischendorf; una copia de los evangelios en lengua siríaca, derivada del arameo oriental y datada en el siglo V; una copia de la Apología de Arístides (la original en griego se ha perdido); o una copia de las Vidas de Mujeres Santas del año 779, también en siríaco.

A ello hay que añadir un buen conjunto de manuscritos árabes medievales, incluyendo la llamada Ashtiname de Mahoma, es decir, el acuerdo por escrito pactado por el Profeta con los monjes, donde les ofrece protección, les exime de impuestos y les libera de cooperar en asuntos militares.

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El pacto de Mahoma

Respecto a este último punto, parece ser que incluso se dio la situación contraria: soldados del califato fatimí se encargaron de custodiar el monasterio y ayudar a sus titulares en la llegada de víveres y demás.

Este tesoro pronto va a ser sometido a un proceso de restauración y reproducción gracias al acuerdo entre el monasterio, la Biblioteca UCLA (Universidad de California), la organización sin ánimo de lucro EMEL (Early Manuscripts Electronic Library) y la Fundación Ahmanson.

La colaboración entre estas entidades permitirá hacer copias digitales exactas de mil cien manuscritos que abarcan un período cronológico entre los siglos IV y XVII. Buenas noticias para los aficionados a la Historia.

La parte más sagrada del monasterio es un gran arbusto vivo que se dice que es la zarza ardiente que fue vista por Moisés.

En el siglo IV, la emperatriz consorte Helena, madre de Constantino el Grande, construyó aquí la capilla de la zarza ardiente que el monasterio incorporó dentro de sus terrenos.

La zarza es una especie rara de la familia de las rosas llamada Rubus Sanctus. Nacida en la región de Sinai, la vida extremadamente larga de la planta ha ayudado a dar credibilidad al sitio.

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zarza ardiente

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