¿Cuán difícil fue el racionamiento en la Segunda Guerra Mundial? …

aarp(A.Kassraie)/wikipedia/exordio.com/ElPaís8A.Aguilar) — Ante el coronavirus, se ha instado a las personas en el país a permanecer en sus hogares, lavarse las manos y mantenerse a seis pies de distancia de los demás.
Durante la Segunda Guerra Mundial, se le pidió a la población de EE.UU. que usara menos de todo, de la gasolina al azúcar y la pasta de dientes. ¿Cuán difícil fue el racionamiento en la Segunda Guerra Mundial? Bastante.
A continuación, recordamos los sacrificios que hicieron las personas en Estados Unidos por un esfuerzo en común.

El presidente Franklin Roosevelt creó la Oficina de Administración de Precios en agosto de 1941. Su principal prioridad era establecer un límite en los precios de la mayoría de los bienes para prevenir la manipulación de precios en tiempos de guerra y limitar el consumo mediante el racionamiento.
Todos, inclusive los niños, recibieron una libreta que tenía un cierto número de puntos de racionamiento por semana. La carne y los alimentos procesados, que eran esenciales para los soldados en el extranjero, valían muchos puntos. Las frutas y las verduras frescas no tenían puntos.
Era un sistema complejo; Estados Unidos eligió a Chuck Jones para que lo explicara en una película. En la foto, este niño tuvo su primera experiencia usando la segunda libreta de racionamiento en tiempos de guerra.

De la misma forma en que etiquetas como #QuédateEnCasa de Twitter, creada para dar ánimos a la gente cuando debía distanciarse socialmente —y sentirse bien de hacerlo—, los carteles de racionamiento daban un sentido de patriotismo y eran un vínculo a los esfuerzos en el país para los luchaban en el extranjero.
Los ejércitos dependían de los alimentos. Aunque el Gobierno federal promovía el aumento de la producción de comida, también alentaba la reducción del desperdicio de alimentos. Se les decía a los ciudadanos que se comieran las sobras y que «lamieran el plato hasta limpiarlo».

La guerra mecanizada requería mucha gasolina y petróleo. Se les pedía a los civiles que usaran ropa abrigada para preservar petróleo y combustible para el transporte militar.
El racionamiento de la gasolina y otros combustibles mantenía funcionando los tanques y acorazados que usaban tanta energía. El Gobierno instó a las personas a reducir el consumo de cualquier cosa que agotara los recursos de combustible —como por ejemplo ducharse por largo tiempo—.

La recogida de chatarra era una manera común en la que las personas podían aportar al esfuerzo de guerra. Contribuir trapos, goma, papel o metal podía ayudar al Gobierno a construir aviones y otros equipos necesarios para luchas en la guerra.
La goma fue el primer artículo que sin ser comestible se tuvo que racionar, porque muchas de las plantaciones de goma de Asia estaban bajo el control de Japón. El presidente Roosevelt pidió ayuda a la población con la aportación de artículos usados (llantas, impermeables, mangueras, zapatos y gorros de baño). Millones de llantas desechadas cubrían sobre 100 acres en esta planta de recuperación en el Medio Oeste

Para extender el uso de los bienes racionados, las recetas en tiempos de guerra incluían sustitutos adecuados de ingredientes limitados. Estas esposas de trabajadores de guerra en Alexandria, Virginia, aprendían métodos para cocinar en tiempos de guerra durante una reunión de demostración de comida.

Para llenar los rangos insuficientes de enfermeras militares, había carteles y folletos que urgían a las mujeres jóvenes a convertirse en enfermeras. Una vez que se determinaba que una mujer cumplía los requisitos, tenía que recibir capacitación de enfermería en tiempos de guerra y combate. Esto incluía ejercicios de medicina, lectura de mapas, resistencia física y procedimientos militares.

El Departamento del Tesoro de EE.UU. ofreció una serie de bonos de guerra que los ciudadanos podían comprar para invertir en el país e idealmente en su propio futuro financiero. Un bono de guerra de $25 se podía comprar por $18.75. El Gobierno usaba el dinero para pagar por equipo militar. Después de unos 10 años, se podía redimir el bono por $25, un rendimiento anual promedio de casi el 3%.

Los niños de Chicago le presentaron al Ejército de EE.UU. un cheque que representaba los fondos recaudados.
Los estudiantes de escuelas públicas en Chicago compraron $263,148.83 en bonos de guerra y sellos. La campaña concluyó con una reunión en Washington Park. El gran cheque representó suficiente dinero para 125 autos Jeep, dos aviones de combate y una motocicleta.
Racionamiento en Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial el Reino Unido importó cerca de 55 millones de toneladas de alimentos por año, incluyendo más del 50% de la carne, 70% del queso y azúcar, cerca del 80% de las frutas y casi el 90% de los cereales y grasas.
Una de las estrategias principales de las potencias del eje era atacar y hundir la marina mercante que abastecía al Reino Unido, haciendo que la industria británica se resintiera y fuera más débil.
Para ocuparse de los periodos de escasez extremas que podrían llegar durante los periodos de guerra el ministerio del alimento (Minister of Food) instituyó un sistema de racionamiento de alimentos.
Cada persona iría a las tiendas locales y de barrio, y se le proporcionaría un libro de racionamiento que contenía un conjunto de cupones.
El ministerio garantizaba la logística y la cantidad asignada a cada comerciante en proporción a los clientes registrados.
Al comprar mercancías, el comprador tenía que entregar el cupón así como el dinero para la compra.
El 8 de enero de 1940 se empezaba a racionar el tocino, la mantequilla y el azúcar. Estos alimentos fueron seguidos por la carne, el té, la mermelada, las galletas, los cereales de desayuno, el queso, los huevos, la leche y la fruta en conserva.
Uno de los pocos alimentos no racionados era el popular Fish and chips. El excesivo control por parte del gobierno en el racionamiento de los alimentos hizo que mucha gente comprara alimentos en el mercado negro; sin embargo engañaron a muchos consumidores a menudo con sustitutos más baratos tales como carne de caballo en lugar de la carne de vaca.

Los restaurantes
A medida que iba progresando la guerra la gran parte de los alimentos fueron sujetos a racionamiento, posteriormente alcanzó a las ropas y a la gasolina. Los restaurantes estaban exentos del racionamiento, lo que condujo a un cierto resentimiento ya que las personas adineradas podrían suplir su restricción del alimento comiendo fuera de casa y de forma extravagante. Para restringir esta situación se impusieron ciertas reglas:
- Ninguna comida podría costar más de cinco chelines.
- Ninguna comida podía consistir en más de tres platos.
- La carne y los pescados no se podían servir en la misma mesa.
Los establecimientos conocidos como «Restaurantes Británicos» hicieron posible a muchos ingleses la experiencia de comer lejos de su hogar. Los Restaurantes Británicos fueron puestos bajo control de las autoridades locales, que las fijaron para arriba en una variedad de diversas premisas tales como proporcionar alimentos a las escuelas y a los miembros de la iglesia.
Se desarrolló el LCC’s Londoners’ Meals Service, originado en septiembre de 1940 como institución temporal, cuya función era proporcionar un sistema de emergencia para alimentar a las personas que habían sido bombardeadas.
A mediados del año 1941, el LCC’s Londoners’ Meals Service tenía funcionando doscientos de estos restaurantes. En ellos una comida de tres platos costaba solamente 9d.
Los estándares variaron, pero los mejores fueron apreciados y tenían grandes clientelas que comían allí de forma regular. Esquemas similares fueron puestos en funcionamiento en otras ciudades.
La Ropa
La ropa fue racionada mediante un sistema de puntos. El permiso estaba inicialmente fijado para aproximadamente un traje completo nuevo por año; pero a medida que progresó la guerra los puntos fueron reducidos hasta llegar hasta el extremo en el que la compra de un abrigo casi constituía el permiso de la ropa de un año entero.
Racionamiento en la Posguerra
El racionamiento continuó después del final de la guerra. De hecho, llegó a ser más terminante después del final de la guerra que durante el transcurso de la misma. El pan, que no fue racionado durante la guerra, fue inicialmente racionado en el 1946.
Esto era en gran parte debido a la necesidad de alimentar la población de las áreas europeas que tenían bajo control aliado, ya que las economías habían sido devastadas debido a la lucha. El racionamiento del azúcar terminó en febrero de 1953.
El final del racionamiento no ocurrió hasta 1954 con el plátano. El racionamiento prolongado hizo que proliferaran algunos sucedáneos de los alimentos preparados como el Crumble y la torta de la zanahoria (carrot cake) que continúan siendo muy populares hoy en día.
Raciones promedio durante la Segunda Guerra Mundial
Raciones alimenticias
- 1s 2d (aproximadamente lb 3 oz o 540 g) de carne (las vísceras o salchichas no formaban parte del racionamiento)
- 4 oz (113 g) bacon o jamón
- 3 pintas (1,7 l) de leche por semana o 1 paquete de leche en polvo por mes
- 2 oz (57 g) mantequilla
- 2 oz (57 g) margarina
- 2 oz (57 g) grasa o tocino
- 2 oz (57 g) té a granel (las bolsas de té no eran de uso extendido por aquella época en el RU)
- 1 huevo por semana o 1 paquete de huevos en polvo (equivalentes a una docena de huevos) mensualmente
- 2 oz (57 g) mermelada
- 3 oz (85 g) azúcar
- 1 oz (28 g) queso
- 3 oz (85 g) dulces
- 2 lb (907g) cebollas
- más 16 points por mes para alimentos enlatados y secados.

Raciones no alimenticias
67 (posteriormente 48) points para la ropa por año (por ejemplo 2 puntos para un par de braguitas, 5 puntos para una camisa masculina, 5 puntos para un par de zapatos, 7 puntos para un traje y 26 puntos para un suit).
Los puntos de racionamiento en los vestidos se empelaban sobre todo para el algodón, la lana y demás textiles.
Las personas con trabajos especiales tenían un extra de puntos, sobre todo si trabajaban en una fábrica. No existía sistema de puntos para ropa de segunda mano y para abrigos, pero sus precios fueron fijados por el gobierno.
16 oz (454 g) de jabón por mes (jabón de limpieza, jabón de belleza, y jabón en polvo, pero no jabón de afeitar)
Al comenzar la guerra, Alemania no estableció un programa de racionamiento pues la producción interna abastecía perfectamente las necesidades de la población. Sólo a finales de la guerra fue necesario el uso de cartillas de racionamiento en las grandes ciudades debido principalmente a los problemas de transporte por la falta de combustible.
En Estados Unidos y sobre todo en Gran Bretaña, por razones políticas, se difundió la especie de que la gente en Alemania estaba famélica, eso no es cierto y así lo pudieron comprobar los soldados Aliados cuando llegaron a Alemania.
El problema de abastecimiento ocurrió sólo en las grandes ciudades bombardeadas día y noche. En el campo, los propios soldados Aliados, en especial en el sur de Alemania, quedaron sorprendidos, pues pensaban que iban a encontrar gente desnutrida por donde pasaran y lo que encontraron fue alimentos suficientes, en especial carne de caballo, y comprobaron que la gente cubría sus necesidades alimenticias normalmente.
Eso fue así, porque la población rural no tuvo problemas de alimentos durante la guerra debido a que la producción agropecuaria se mantuvo en niveles adecuados a la condición de guerra, salvo por aquellos productos que tenían limitada distribución por razones de transporte.
Hasta 1945, en las zonas rurales, en especial en el sur de Alemania, no hubo problemas de suministros básicos como la carne, la leche y sus derivados, las papas y los cereales.
La carne de caballo, de consumo muy difundido en Europa, nunca faltó en las mesas de los campesinos y vale la pena recordar que hasta la actualidad en Europa la carne de caballo es un alimento muy cotizado.

A partir de 1943, el racionamiento típico de una semana para una persona, en las grandes ciudades alemanas, fue el siguiente:
Pan: 2.425 Gr.
Cereales: 150 gr.
Papas: 3.5 Kg.
Azúcar: 225 gr.
Jamón/tocino: 175 gr.
Carne: 1/4 Kg.
Grasas: 200 gr.
Queso: 60 gr.
Café: 60 gr.
Leche: 1 Ltr
1/2 huevo.
Alemania — 15 de setiembre de 1939
— Alemania decreta el racionamiento parcial de alimentos.
— El racionamiento alemán sería menos riguroso que el de Gran Bretaña al comenzar la guerra, pero finalmente el aprovisionamiento en las grandes ciudades ni siquiera pudo abastecer los límites que imponía, en especial por los problemas de transporte.
Gran Bretaña — 01 de diciembre de 1939
— El Parlamento de Gran Bretaña sanciona el racionamiento de carne.
Gran Bretaña — 08 de enero de 1940
— En Gran Bretaña se establece el racionamiento de jamón, azúcar y mantequilla.
Japón — 23 de febrero de 1941
— Japón decreta el racionamiento de arroz.
Gran Bretaña — 3 de junio de 1941
— Se inicia el racionamiento de ropa en Gran Bretaña.
Estados Unidos — 01 de enero de 1941
— EEUU establece el racionamiento de neumáticos.
— Ante la carestía del caucho, el gobierno exhorta a la población a entregar artículos de goma en las estaciones de gasolina recibiendo 2 centavos de dólar por kilo, que es reembolsado por el gobierno a los expendedores de gasolina.
Estados Unidos — 01 de mayo de 1942
—El Congreso estadounidense decreta el racionamiento de gasolina en 17 estados.
— Se limita a 3 galones por semana para vehículos no esenciales. Los vehículos llevaban unas estampillas de control del racionamiento en el parabrisas.
Estados Unidos — 15 de agosto de 1942
— El presidente Roosevelt anuncia la veda de carne.
Estados Unidos — 16 de octubre de 1942
— El gobierno establece el racionamiento de gasoil en EEUU.
— Presidente Roosevelt establece el Control de Precios para productos de la agricultura y decreta la congelación de los salarios.
Estados Unidos — 12 de noviembrede 1942
— El gobierno de EEUU decreta el racionamiento de café.
Estados Unidos — 01 de diciembre de 1942
—Complementando el decreto de mayo de 1942, se establece el racionamiento de gasolina en todos los estados de EEUU.
Estados Unidos — 01 de febrero de 1943.
— Por primera vez, desde 1941, los estadounidenses experimentan la carencia de mantequilla en los mercados.
Dominio del Canadá — 17 de mayo de 1943
— El gobierno del Canadá establece el racionamiento de carne.
Estados Unidos — 01 de julio de 1943
— El gobierno anuncia la finalización del racionamiento de café.
Estados Unidos — 01 de mayo de 1944
— EEUU revisa el racionamiento de carne, restableciendo la venta de todo tipo excepto los cortes de carne selecta.
Estados Unidos — 01 de diciembre de 1944
— En EEUU termina el racionamiento de mantequilla.
— El gobierno estadounidense vuelve a racionar la carne de todos los tipos.
Estados Unidos — 01 de diciembre de 1945
— En EEUU termina el racionamiento de neumáticos para automóviles.

Las consignas oficiales británicas animaban a las mujeres a cuidar su aspecto. En la foto, cuatro jóvenes pasean por Londres en 1941.
El racionamiento más ‘chic’ de la Segunda Guerra Mundial
Londres estaba lista para la nueva temporada de tendencias con cinturas de avispa. Así lo proclamaba la edición británica de Vogue de noviembre de 1939, antes de añadir que, sin embargo, “en un brillante salto mortal acrobático”, había llegado el momento de poner otras ideas en marcha en el ámbito de la moda: “Hay un chic inmenso en la contenida elegancia de la moda de noche.
Hay un encanto inmenso en el astuto sentido común de la ropa de día…”.
Dos días después de que Alemania invadiera Polonia el 1 de septiembre de 1939, arrancó oficialmente la Segunda Guerra Mundial y las tendencias de aquella temporada dejaron paso a las apremiantes necesidades bélicas.
La ropa no quedó fuera de los esfuerzos del frente civil. La exposición Fashion on the Ration (Moda bajo racionamiento), en el Imperial War Museum de Londres hasta el 31 de agosto, reconstruye a través de la vestimenta las vicisitudes y el fuerte espíritu de resistencia de los británicos.

Uno de los diseños británicos de bolso con máscara antigas
El pragmatismo y austeridad se impusieron: la ropa debía servir tanto para el día como para la noche, y debía poder usarse a lo largo de varias estaciones. Aquel cambio forzado es una de las tendencias que cobró fuerza en las siguientes décadas y que hoy se perpetúa en las tiendas.
También se impuso un modo más relajado de vestir, y durante aquellos años de estrecheces, importantes diseñadores fueron invitados por el Gobierno británico a producir en masa y a precios asequibles, reduciendo costes.
Aquel prêt-à-porter bélico es un antecedente de estrategias que hoy causan furor, con grandes almacenes aliándose con famosos creadores para hacer colecciones al alcance de todos.
Hubo más novedades. Por ejemplo, el llamado siren suit (traje de sirena) que popularizó el mono, una prenda cuyo uso hasta entonces estaba restringido a las fábricas. El traje de sirena tenía una imbatible utilidad: era un modelo que uno podía ponerse rápidamente, encima del pijama incluso, en caso de tener que salir corriendo a un refugio antiaéreo.
Las hombreras y cinturones aportaban el toque sofisticado al modelo de una pieza, que el propio Churchill lucía, en su caso, hecho a medida. Turbantes, y glamour bands (diademas) también experimentaron un auge ante la llegada masiva de mujeres a las fábricas y la necesidad de evitar accidentes.
Los fabricantes identificaron las nuevas necesidades y el margen de oportunidad: las máscaras antigas fueron incoporadas a bolsos de señora, con ingeniosos diseños. Y ante los constantes apagones que trataban de despistar a los aviones alemanes se impusieron los accesorios fluorescentes. La fábrica de telas Jacqmar diseñó fulares con mensajes patrióticos para alentar a las tropas.

Uno de los fulares diseñados por la firma Jacqmar con mensajes patrióticos para alentar a las tropas.
Pero sin duda uno de los cambios más notables que se produjo durante la guerra fue el aumento de gente uniformada. Cerca de un cuarto de la población tenía derecho a llevar algún uniforme, la demanda de tela y de manufactura aumentó exponencialmente, y el esfuerzo de la guerra demandaba que todas las energías estuvieran concentradas.
La solución fue un sistema de racionamiento de ropa que duró desde junio de 1941 hasta 1949. Cada adulto recibía un número de cupones que debía entregar, junto con el importe de la prenda: 11 cupones para un vestido, dos para un par de medias, ocho para una camisa.
Los actores de teatro, las nuevas madres y los diplomáticos recibían cupones extra. Pero con este sistema la calidad no estaba garantizada, valía igual número de cupones una camisa cara que una barata.
La solución llegó con la llamada ropa utility fruto de un programa gubernamental que controlaba la calidad y los precios de una serie limitada de prendas. Para evitar que utility acabara siendo estandar, el gobierno invitó a los mejores diseñadores británicos del momento a participar.
Las normativas oficiales aún fueron más allá: se acabaron la doble botonadura y la vuelta en los pantalones en los trajes de caballero. No estaban las cosas como para excesos. Y sin embargo las apariencias siempre importaron, como explican las historiadoras Laura Clouting y Amanda Mason, que han comisariado la muestra del Imperial Museum.
Había “una preocupación real porque la falta de interés en la apariencia fuera un signo de moral baja”.
Nada, quizá, tan terrible como el hambre para los habitantes de los países en guerra.
Disminuida la producción y el intercambio de alimentos, aceptada la prioridad de abastecimiento de las tropas en el frente o los destacamentos de ocupación, como en el caso francés, y primadas las industrias bélicas sobre las de consumo -incluido el alimentario-, el aporte de alimentos se enrareció, y se agravó con la duración del conflicto.
En el caso británico, dependiente en buena medida de la importación, el bloqueo condujo a la ampliación de hectáreas dedicadas al cultivo e, ineluctablemente, hacia el racionamiento, al que se dedicó desde el principio enorme atención, en comparación con otros países.
De manera general, las dificultades de comunicación volvieron a privilegiar relativamente a los habitantes del campo frente a los de las ciudades, que soportaron con frecuencia los efectos destructores de los bombardeos.

Para el campesino alemán, la política agraria del nacionalsocialismo, pese a conseguir un incremento real de la producción, no había mejorado las cosas.
Sin alcanzar provecho del mismo, la renta de los campesinos se halló muy por debajo de la del proletariado y, debido a la carencia de mano de obra y al éxodo rural, sus condiciones de trabajo empeoraron.
Durante la guerra, la organización del abastecimiento no permitió a los campesinos sacar partido del mercado negro, e incluso las mujeres, los niños y los ancianos se vieron obligados a proporcionar un esfuerzo suplementario para reemplazar a la mano de obra movilizada.
El mercado negro volvió como consecuencia de la racionalización del consumo que encarnó el racionamiento, con todas sus limitaciones. Rígidamente llevado en Gran Bretaña, los ingleses adoptaron un mínimo alimenticio para cubrir las necesidades de una población aislada.
En otros lugares, como en Francia, desempeñó un papel importante el consumo suplementario a través de los altos precios del mercado negro, convertido en un principio en negocio, incluso para las tropas ocupantes.
A partir de 1942, sin embargo, el mando alemán se propuso acabar con la situación. Entonces, el mantenimiento -con altos riesgos- del mercado negro fue otro aspecto de la resistencia francesa a la voluntad del ocupante.
Gran número de matanzas clandestinas burlaban las cifras oficiales del abastecimiento organizado, y en este caso el campesino pudo entrar con facilidad en el circuito y mejorar su posición relativa. Los precios hablan por sí solos: mientras en 1942 la mantequilla costaba en el mercado negro tres veces más que en el mercado oficial, dos años después quintuplicaba o sextuplicaba su costo.

Las patatas se compraban entonces al doble, o los huevos cuatro veces más caros.
Pero se compraban, si es que se podía. Los británicos fueron inflexibles.
La dieta general se fijó diariamente, salvo para el pan y las patatas, y trataron de mantener estables los precios de los alimentos, excepto el alcohol y el tabaco, que, fuertemente recargados con impuestos, canalizaron en su favor los incrementos salariales, desviándolos hacia el tesoro público.
Al parecer, la dieta fue tan equilibrada que la mortalidad infantil llegó, incluso, a disminuir, y otro tanto ocurrió con determinadas enfermedades carenciales. No fue usual tal reparto democrático de la escasez.
Egipto, en el polo opuesto, adoptó un racionamiento decreciente en aportación calórica y bienes de imprescindible consumo, según categorías sociales: así se procedió, por ejemplo, con el azúcar y el queroseno.
En Europa, por lo general, las raciones calóricas fueron escasas en vitaminas A y D y en proteínas. En 1943, la ración oficial consistió en 1.705 calorías y en Francia en 1.300. En Alemania, por el contrario, se alcanzaron las 2.000 con algunos suplementos. Suecia, en 1944, y con posibilidades de complementar por otras vías, llegó a 2.490, en tanto que Japón rozó las 1.160.
Los soldados gozaron de dietas normales, incluso hipercalóricas, en atención al esfuerzo bélico que se les encomendaba.
Los propios japoneses, con dificultades graves, llegaron al doble de los civiles, mientras que el Ejército australiano dispuso de casi 4.000 calorías por persona, y los norteamericanos que operaron en el Pacífico y Australia, de 4.758 calorías.
En este último caso, sus compatriotas civiles no se vieron sometidos al racionamiento. La vida de los franceses, desgarrada entre la aceptación del ocupante y la voluntad de la resistencia en el territorio colonial, estuvo marcada profundamente por los efectos de la opresión alemana.
Entre la Francia libre y el territorio de Vichy se rompieron las comunicaciones desde los primeros momentos, e incluso el correo funcionó de modo insatisfactorio. La gasolina fue seriamente restringida a la población civil y buena parte de la SNCF -ferrocarriles franceses- quedó a merced de los alemanes.

Hubo, pues, que recurrir a la sustitución para todo aquello que seguía siendo imprescindible. El carbón de madera sustituyó a la gasolina en los motores a gasógeno, el cuero desapareció y los zapatos se repararon con suelas de madera.
Otras fibras sustituyeron a la lana y el algodón, la sacarina llegó en lugar del azúcar, se fabricaron quesos sin materias grasas, y en vez de café, una mezcla «nacional» se elaboró con cebada. Ya en el verano de 1940, el racionamiento en las ciudades francesas hubo de compensarse, cuando se podía, por el recurso al mercado negro.
En París, en el invierno de 1943 a 1944, el consumo de carne individual fue de 300 gramos por mes, y el de materias grasas, de 200. No llegaba la leche fresca, la concentrada sólo se expendía mediante receta facultativa y las farmacias no contaban con medicamentos.
La tuberculosis, entre otras enfermedades, aumentó en un 30 por 100… Toda una campaña oficial, sin embargo, incitó a los franceses a cultivar la tierra, subvencionando en ocasiones la vuelta a la roturación y disponiendo, en otras, de los espacios verdes de las ciudades y sus cinturones.
El índice de producción agrícola, no obstante, había bajado en más de un tercio al finalizar la guerra. Una vez más, volvemos, pues, al problema de fondo: la organización de la penuria.
En el caso francés, el racionamiento, la congelación de precios y salarios y otras medidas financieras ortodoxas intentaron contener la inflación, pero quedó desvirtuado por el tributo recibido por el invasor alemán. En tales circunstancias, parte del poder adquisitivo se acumuló en forma de ahorro, produciendo una inflación retardada.
Ello fue patente incluso en Alemania, que aplazaría su problema financiero y monetario hasta la hipotética victoria militar. Los supervivientes de la guerra sabrían bien de la prolongación de unos sufrimientos que no cesaron con las hostilidades.
Un día tras otro, en Europa occidental hombres y mujeres vivieron preocupados de manera obsesiva por conseguir alimento, por sobrevivir a toda costa. La humillante pugna de cada día, la red de pequeños o no tan pequeños intereses que aprovechaba el hambre de los demás para prosperar, se convirtió con frecuencia en el medio en el que proliferaron delitos y sumisiones.

Los que dominaron este peligroso arte del abastecimiento en el mercado negro fueron clara excepción a la miseria general.
El abismo económico y social entre la ciudad y el campo, sus lazos y referencias, se alargaron y distendieron.
El agro se replegó sobre sí mismo, porque tampoco de la ciudad le llegó producción industrial que, en muchos casos, podría comprar.
Sólo a través de las relaciones familiares, y salvando grandes dificultades, los habitantes de las ciudades participaron a veces de esa relativa prosperidad, con justicia codiciada desde la urbe.
Notas como éstas sólo fueron válidas para aquellas zonas de Europa que conservaron un mercado, una economía -aunque forzada en sus mecanismos tradicionales- y una relativa autonomía política. En los territorios del Este, pasto de la conquista nazi, tales matizaciones dejaron de ser válidas y fue otra la escala de la miseria.
Allí, el racionamiento vino a ser el margen de supervivencia que las autoridades alemanas concedían a la población dominada. Y a ello hubo que unir la sistemática aplicación de una política racial que decidía consumir una fuerza de trabajo en las fábricas del Reich, al tiempo que procedía a una homicida revisión étnica, por eliminación de los no arios, una vez aprovechado al máximo su esfuerzo.
La vida después de la Segunda Guerra Mundial, no fue fácil. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, muchas ciudades y muchos pueblos habían quedado totalmente destruidos, lo que llevó también a que muchas personas perdieron su trabajo e incluso su hogar. Los colegios, los campos de cultivo, las plazas, los parques… quedo todo completamente en ruinas. Por lo tanto, la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial, fue una etapa muy difícil:
Principalmente hay que saber que aumentó el nombre de mortalidad. Muchos padres de familia e incluso las mujeres también, murieron luchando o a causa de los bombardeos.

La vida en los pueblos era un poco más distinta a la vida en las ciudades. Como los campos de cultivo quedaron destruidos y los hombres que se ocupaban de cuidarlos habían muerto en la guerra, las familias campesinas se vieron obligadas a mudarse a la gran ciudad. Nuestros abuelos, por ejemplo, vivían en un pueblo al lado de Soría, pero al ver que todo quedó completamente destruido, tuvieron que marcharse a vivir a las ciudades.
En las ciudades, decidieron reconstruir sus casas e edificios más importantes, necesitaban a mucha gente pero poco a poco volvió a su normalidad. Los niños y niñas, empezaron a ir de nuevo a los colegios y cuando terminaban, debían ir a ayudar en las reconstrucciones. Apenas tenían tiempo libre.
Como casi no había comida, se crearon las llamadas “Las Cartillas de Racionamiento”. Eran una especie de libretas donde se apuntaban cada familia, con cada miembro y donde aparecía el número de alimentos que les tocaba según el número de familiares que eran, o el trabajo que tenían.
Una vez pasabas por la cartilla y te daban tu ración de comida, te apuntaban. Con este método, se distribuyó de manera clara y ordenada el poco alimento que había. Había una cartilla destinada a l carne, y otra las demás prendas alimentarias.

Estas cartillas fueron aprobadas en 1939 y al principio eran individuales, pero después pasaron a ser familiares visto que no había suficiente comida.
Más tarde, después de la muerte de Hitler, se inició un periodo de modernización de Europa y se inició la llamada Guerra Fria.
Por la experiencia de nuestros abuelos, fue una época muy dura, en el sentido que pasaban hambre, no tenían tiempo para jugar y que desde bien pequeños ya debían estar acostumbrados a trabajar mucho y durante muchas horas.
De este trabajo hemos podido sacar una conclusión, y es que deberíamos valorar lo que tenemos, porque nuestros abuelos lo perdieron todo y han sido capaces de empezar una nueva vida y tirar para adelante, en cambio hoy en día no paramos de quejarnos por todo y pedir más y más, sin pensar que hay gente de otros lugares del mundo que están pasando por esa situación y lo están pasando muy mal.
Deberíamos tomar el ejemplo de ellos y vivir cada instante como si no hubiera un mañana, porque nunca se sabe lo que puede pasar en un futuro…
nuestras charlas nocturnas.
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