El caso del hombre lobo de Ansbach, la leyenda que fue cierta …

Anfrix — Hay un aspecto particular en las leyendas y mitos de ciertas regiones del mundo que nos permite, más allá de ver particularidades culturales, observar la psicología y el pensamiento grupal de una cultura en cuestión. Aspectos que nos ayudan a comprender sus temores y anhelos en un tiempo particular dado.
Si bien son muy raros los casos en los cuales una leyenda o ser mitológico resultan ser ciertos, como por ejemplo el conejo cornudo, son aun más raros los casos en los cuales una leyenda resulta ser en realidad un recuento colorido de un evento real e histórico.
Una de éstas leyendas fue la leyenda del hombre lobo de Ansbach, la cual, tras una serie de investigaciones, resultó ser la crónica de un pueblo medieval siendo asediado por un enorme lobo alfa.
El hombre lobo de Ansbach

Ilustración por un autor desconocido del lobo colgado de la horca y vestido con las ropas del alcade y una gran peluca.
Es por esto que la leyenda del Hombre lobo de Ansbach relata un hecho que en verdad tuvo lugar y el cual, por razones obvias que tienen que ver con la dificultad de creer que algo así pueda haber sido posible en el pasado, fuese reducido con el pasar de los siglos a un mero invento producto de la fértil imaginación de pobladores locales pasados en bebidas.
La leyenda, si bien existe modificada en sus distintas versiones, esto principalmente debido a que cada pueblo o aldea la contó a través de los años mediante la tradición oral, nos cuenta como en el año 1685, tras la muerte del Bürgermeister de Ansbach -el alcalde del pueblo que tenía además el poder de levantar una milicia en caso de ser necesario, algo común en tiempos tan turbulentos- una seguidilla de asesinatos, primero tomando como victimas a piezas de ganado y luego directamente a mujeres y niños que se aventuraban a las cercanías bosque, tendría lugar llegando a aterrorizar al, en ese entonces creciente pero aun pequeño, pueblo de Ansbach.
Un pueblo que es al día de hoy conocido por la cantidad de leyendas mitológicas y de hombres lobos que posee.
Los motivos para sospechar un castigo o maldición eran justificados, ya que ciertamente nadie en el pueblo tenía la conciencia limpia tras el asesinato del cruel alcalde, una persona agresiva y violenta y quien tras los años, debido a su crueldad y avaricia, había ganado el desprecio absoluto de todos los pobladores.
Asesinato que, según las creencias de la época, había desatado una maldición sobre el pueblo a manera de una bestia demoníaca cuya existencia solo tenía el fin de acabar con la vida de todos y cada uno de los residentes de Ansbach.
Es así que determinados a acabar con la maldición un grupo de valientes pobladores se embarcaría en una odisea que los llevaría a enfrentarse con el oscuro e implacable invierno bávaro con el solo fin de enfrentarse y darle muerte a la bestia.
Si bien hasta aquí la historia parece una leyenda similar a tantas otras leyendas de sangre que encontramos a lo largo y ancho de Europa central, la diferencia es que esta ocurrió verdaderamente, y la bestia en cuestión no era un ser mitológico, sino que se trataba de un enorme lobo salvaje que, empujado a cazar cerca del poblado debido a las duras condiciones de ese particularmente cruel invierno, terminaría devorando a varias personas desprevenidas.
Tras días de persecución en la cacería, los cazadores, junto a sus grandes canes de caza, lograrían cercar al lobo, el cual, al verse sin salida, lucharía vanamente hasta su último aliento siendo atacado por los perros y atravesado por las lanzas de los cazadores.
Una vez muerto, el animal sería vaciado, vestido con elegantes ropas de hombre y se le pondría una peluca, asegurándose también de mutilar su hocico con el fin de darle a su cabeza una forma más similar a la de un ser humano. Esto, obviamente, buscando representar en el lobo al mismo Bürgermeister, de quien se creía su espíritu en venganza había poseído a la bestia y la comandaba toda las noches para que cometa todas estas atrocidades.
Es aquí, debido a la más que particular manera de festejar la muerte del animal, donde la travesía de un pueblo se convertiría en una popular leyenda a lo largo y ancho de Alemania, ya que tras vestir y preparar al lobo, su cuerpo sería paseado orgullosamente por la plaza del pueblo como si se tratase de un mismísimo triunfo romano; culminando en una misa en honor a las personas devoradas por el animal y acto seguido procediendo a colgar el cuerpo de la bestia en una horca como recordatorio, lugar en el que sería dejado durante un largo tiempo.

Ilustración realizada por un autor desconocido sobre la cacería del hombre lobo de Ansbach y festejos posteriores tras su muerte.
Debido a que el frío clima de la región retardaría su putrefacción, prácticamente momificándolo debido al frío y la sequedad del aire, más de un visitante y viajero se terminarían sorprendidos ante tan particular vista, pensando que verdaderamente la gente de Ansbach había capturado a un hombre lobo.
Los rumores e historias comenzaron a ir y venir y con el pesar de los años la leyenda del Hombre lobo de Ansbach se volvería infinitamente más popular y conocida que la verdadera historia detrás de los acontecimientos que tuvieron lugar en es frío invierno del 1685.
Tribunales contra hombres lobos

Grabado del siglo XVI representando el ataque de un lobo durante la noche. Generalmente se creía que la licantropía se transmitía mediante mordidas de lobo al igual que la rabia.
Durante el medioevo el miedo hacia los vampiros, brujas y hombres lobos llevó a que existan tribunales inquisitivos que buscaban «purgar» a los pueblos de éstos seres malignos.
No obstante, los «seres malignos» siempre resultaban ser personas empobrecidas o personas con problemas mentales.
Es por esta razón que el tribunal contra hombres lobos de Jurgenburg pasó a la historia como uno de los casos más interesantes de tribunales de la inquisición, ya que en éste caso la victima poseía una rapidez mental sin igual y logró salvarse del tribunal con un juego de lógica.
Nuestra historia tuvo lugar a finales del siglo XVII, más precisamente en 1691, y esto no es casualidad, ya que durante este período la transición de los poblados en pequeñas ciudades y la extensión de los territorios de pastoreo del ganado llevaron a una mortal colisión con el territorio de muchas jaurías de lobos.
Uno de estos pueblos fue Jurgenburg, Livonia (territorio báltico que ocupó gran parte de lo que hoy en día es Lituania). Una serie de cosechas fallidas y ganado perdido a los lobos llevó a una histeria masiva entre los pobladores, sobre todo porque varios de éstos acontecimientos habían ocurrido durante las fiestas de Santa Lucia y de San Juan, y varias turbas iracundas comenzaron a formarse para linchar a cualquiera que sospechasen de brujería.
Para evitar que el pueblo descienda en una guerra civil entre acusadores y acusados, las autoridades formaron un tribunal para juzgar a cualquiera que se sospechase de ser hombre lobo o brujo, quienes por supuesto eran vagabundos, borrachos y, en el caso de nuestro protagonista, un curandero.
Ahora, juzgar es una palabra utilizada con mucha ligereza en éste contexto, ya que en realidad la única intención del tribunal era calmar a las turbas «haciendo justicia» contra los seres maléficos. Salvarse o ser exonerado por los mismos era tarea casi imposible, pero no para Thiess, un hombre que supo jugar con las frágiles y supersticiosas mentes de los pobladores en su favor.
Cuando se le preguntó si era un hombre lobo Thiess rápidamente confesó que sí, que en efecto era un hombre lobo. Esto dejó atónito a todo el mundo, y rápidamente comenzaron a pedir por la hoguera (más purificador que la horca), pero Thiess dijo que matarlo sería un error ya que su licantropía no era una enfermedad sino que se trataba una bendición.
Esto, por supuesto, confundió a todo el mundo por lo que rápidamente y con su pellejo dependiendo de sus palabras Thiess pasó a relatar las causas de los problemas con las cosechas:
«Todo comenzó cuando un poderoso brujo llamado Skeistan junto a otros brujos tenían la meta de robarse todo el grano del pueblo y llevárselo al infierno. Thiess, ahora en papel de héroe, descendería al infierno junto a otros hombres lobo protegidos por Santa Lucia y San Juan y lucharían con los brujos por el grano utilizando barrotes de hierro mientras que los primeros utilizarían escobas encantadas».
Entre otras de las tantas cosas que le relató a los jueces estaba la del hecho que, a los hombres lobo, les encantaba poner sal en su pan con manteca. En la imagen vemos como hubiese sido el castigo a Thiess, castigo que generalmente se realizaba en la plaza principal del pueblo.

El castigar a supuestos «hombres lobo» con la horca era el método de ejecución más común. Al cabo de unos días, si no se transformaba, se quemaba el cuerpo.
Hans Peter Duerr, un famoso antropólogo alemán moderno que escribió algunas de las mejores obras sobre los mitos de licantropía en Alemania y sus alrededores, halló parte del archivo original de la transcripción del relato de Thiess:
«Comúnmente, ellos [los brujos] fueron al Infierno tres veces, durante la noche del Pentecostés, de San Juan y la noche de Santa Lucia; en lo que concierne a las dos primeras noches, no fueron exactamente en esas noches, sino que más tarde cuando el grano está para cosecharse ya que es el tiempo en el que las semillas se forman en el que los brujos eliminan las bendiciones y lo llevan al infierno. Es en ese mismo momento cuando los licántropos toman por su cuenta la tarea de recuperar el grano».
Confundidos, y ante un público enteramente en silencio escuchando el relato, los miembros del tribunal le preguntarían al hombre qué fue de los otros hombres lobo, a lo que Thiess respondió que sus almas fueron llevadas a al cielo, y que los hombres lobo eran en realidad los «canes de Dios» utilizados para luchar contra el demonio y evitar que éste robe la abundancia de la tierra.
Remarcando además que los hombres lobo eran muy comunes en Rusia y Alemania, pero debido a que los brujos y brujas al servicio del demonio constantemente desparramaban mentiras en su contra el populacho les temía. Al escuchar lo anterior el cura del pueblo intentó bendecirlo, pero el supuesto hombre lobo le dijo que no necesitaba de su bendición, ya que era un hombre más pío aun que el mismo religioso.
Las palabras de nuestro acusado asustaron aun más al pueblo, quienes ahora pensaban que había cientos de brujos y hombres lobos, por lo que para calmar las aguas y no crear aun más histeria el tribunal decidió no ahorcarlo, ya que «claramente no se trataba de un hombre lobo sino de un loco», con su breve relato e imaginación Thiess había logrado cambiar el sentido y motivo del tribunal, el cual en primera instancia era ahorcar a un par de vagabundos y borrachos para calmar a la turba, pero que, no obstante, ahora debía no hacerlo para no generar aun más histeria.
Thiess sería sentenciado sólo a 10 latigazos por idolatría, salvándose de la horca y convirtiéndose en un héroe popular en los países bálticos.
Dracula
Quizás uno de los más famosos seres mitológicos en la historia, el temible conde Drácula, también estaba basado en una figura histórica real, Vlad Tepes, mejor conocido como Vlad el Empalador. Un líder tan brutal y sangriento durante sus luchas contra los Otomanos que su figura pasó a la historia literalmente como la de un monstruo sanguinario que necesitaba sangre para poder sobrevivir.
Vlad Tepes, mejor conocido como Vlad el Empalador, es en Occidente una de las personas peor entendidas de la Historia. Quizás por la fama que le dio el escritor irlandés Bram Stoker con su novela Dracula y también en parte gracias a la exageración popular, hoy en día Vlad es representarlo como un monstruo mitológico.
No obstante, en Europa del Este, y sobre todo Rumania y Hungría, Vlad es recordado como un héroe nacional y un estratega que utilizó la propaganda de guerra, algo tan viejo como la civilización misma, para salvar a su pueblo de la conquista otomana.
De joven fue entregado por su padre a manera de «señal de buena voluntad» a los otomanos, éstos lo humillaron a tal punto que creyeron tenerlo subyugado, sin embargo, el mayor dolor de Vlad, no era la humillación misma, sino el que su padre hubiese traicionado el juramento de la Orden del Dragón, el cual prometía defender a los territorios de la familia de la conquista otomana.
Seres mitológicos que resultaron ser ciertos: si bien Vlad era un hombre de carne y hueso al cual los siglos y la literatura convirtieron en un ser mitológico, a lo largo de la historia han existido seres considerados como mitológicos que resultaron ser ciertos.
Dos ejemplos de lo anterior son el conejo cornudo, popular en los bestiarios medievales y el cual se descubrió era en parte cierto debido a un virus que hacia crecer una cornamenta callosa en los conejos, y el hombre lobo de Ansbach el cual se descubrió era en realidad el relato medieval sobre un enorme lobo alfa que atacaba sin piedad un poblado alemán.
Fue así que cuando los otomanos conquistaron la región de Valaquia lo pusieron en el trono como príncipe vasallo.
Sin embargo, una serie de convulsiones internas de la región destronaron a Vlad a menos del año y éste, que de marioneta otomana no tenía ni un pelo, en una serie de inteligentes movidas políticas no solo se rehizo con el trono de Valaquia, sino que también se acercó a los poderosos húngaros, enemigos de los otomanos y quienes en, en 1451, habían recapturado Serbia de manos de éstos.
Transcurriría la década y entre 1459 y 1460 respectivamente, Vlad tomó la arriesgada y ciertamente belicosa decisión de dejar de pagar tributo al Imperio Otomano, reafirmando finalmente su alianza con Mathias Corvinus líder de Hungría.

Pintura reflejando el enviado del sultán Mehmed II a la corte de Vlad Tepes, el empalador.
Los otomanos, ya bajo el mando de un viejo conocido de Vlad, el sultán Mehmed II, decidirían impartir un castigo ejemplar a la población local con el fin de demostrar a otros estados vasallos que los levantamientos no serían tolerados. Vlad sabía que los otomanos no exageraban, como ejemplo existía Constantinopla, la cual pocos años atrás, en 1453, había sido conquistada por éstos, y los castigos a la población fueron extremadamente duros.
La propaganda sangrienta
Para 1462 los otomanos habían amasado un ejército aproximadamente tres veces superior al de Vlad y mucho mejor equipado, razón por la que entraron en Valaquia y prontamente dominaron su capital, Târgoviste. Si el haber estado prisionero durante su juventud le sirvió de algo, fue el hecho de conocer fuertemente las costumbres y el pensamiento de sus enemigos.
Por lo que se valdría de la guerra de guerrillas para atacarlos. Esto lo concretaría ejecutando todos sus ataques por la noche, sin prácticamente actuar o aparecer de día, y los mismos los repartiría en pequeños grupos de hombres.
Muchas veces vestidos como otomanos infiltrándose en sus campamentos y causando estragos.
Esto, según el cronista polaco de la época Jan Dlugosz, llevaría a que los otomanos se intranquilicen, llegando a crear toda seríe de leyendas al rededor de Vlad sobre «su amor por la oscuridad».
No obstante, lo que más amedrentaría al enemigo serían los empalamientos. Ya que, por costumbres de la época, Vlad solía empalar, en lugares altos y a la vista, a los distintos contingentes otomanos capturados.
Tal fue su utilización de dicha metodología que todo tipo de leyendas a su alrededor sobre su gusto por la sangre se comenzaron a formar.
Sobre todo ya que Vlad explotaba esta técnica al máximo, por ejemplo, antes de invadir una ciudad o poblado que pudiese representar oposición fuerte, solía empalar a varias personas arreglando las estacas en distintas figuras geométricas, una de sus formas preferidas era en círculos concéntricos. Incluso, varios panfletos y manuscritos medievales ilustraban a Vlad disfrutando de los empalamientos mientras comía.

Grabado alemán de Vlad el Empalador almorzando mientras sus enemigos son empalados en la estaca.
El resultado de la propaganda sangrienta
Este accionar a Vlad le sirvió para ganar la guerra ya que eventualmente los otomanos abandonaron la región. Por ejemplo, uno de los eventos más registrados de esta campaña. tuvo lugar en Octubre del 62, cuando un contingente de soldados Otomanos se negó a cruzar el Danubio al toparse con miles de cuerpos podridos clavados a estacas en los bancos del rio.
E incluso el mismo Sultán Mehmed II quien al llegar a Târgoviste vio desde las colinas distintas figuras geométricas de estacas en las que, según dicen los registros otomanos, había entre 15 mil a 20 mil hombres pudriéndose. Acto seguido Mehmed II se asqueó y volvió a la recientemente conquistada Constantinopla.
Pintura sobre la Batalla de las Antorchas, el ataque nocturno de Vlad el Empalador contra las fuerzas del sultán Mehmed II. Pintura por Theodor Aman. Estos ataques eran extremadamente efectivos y mortíferos.

Pintura sobre la Batalla de las Antorchas
Si bien su accionar durante la guerra fue excesivo, su oscura fama nace a partir de sus brutales acciones tiempo después contra los Boyardos, la clase aristocrática local responsable de la muerte de varios de sus familiares y conspiraciones en contra de los príncipes de Valaquia.
Además, su profundo odio hacia los mercaderes e inmigrantes sajones, a quienes los Valaquios consideraban como parásitos, hizo que siglos más tarde Stoker e Inglaterra se las cobraran haciendo famosa la leyenda del Conde Drácula.
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