Forty Elephants: la banda de ladronas que aterrorizó Londres durante 250 años …

L.B.V.(G.Carvajal)/Cuaderno de Notas — The Forty Elephants Gang fue una banda de ladronas británicas que se formó nada menos que en el siglo XVIII.
Y todavía estaban activas en la década de 1950, varias generaciones después.
Las Forty Elephants o Cuarenta Elefantes se llamaban así porque sobre todo actuaban en el barrio de Elephant and Castle al sur de Londres.
La primera vez que se habla de ellas es en 1873, pero probablemente existían desde antes, quizá desde 1865, cuando otra banda llamada Elephant Boys fundó una banda de mujeres criminales para ayudarles con los robos en grandes superficies.
Captaban jóvenes de la calle, con las que iban renovando sus miembros según se retiraban las más mayores.
Se las considera como las mayores ladronas de la historia de Inglaterra, dedicándose sobre todo a asaltar tiendas de lujo. Los registros policiales apuntan incluso a que pueden haber estado activas ya desde el año 1700, aunque la primera mención en la prensa data de 1873. Si así fuera, su actividad delictiva como grupo organizado abarcaría la friolera de 250 años.
Pero pronto crecieron más allá de los Elephant Boys, con los que siguieron colaborando.
Se disfrazaban de hombres, se hacían pasar por famosas actrices, y muchas más estrategias servían a sus fines. Pero fueron los robos en los grandes centros comerciales como Selfridges o Whiteleys lo que les dio la fama.
Su organización criminal, que habría precedido en muchas décadas a la Mafia y similares incluía un sistema jerárquico que incluía vigilantes, ayudantes y demás. Estaba formada por varias células que operaban no solo en la capital sino también en otras ciudades.
Su primer líder fue una modelo llamada Mary Carr, que se hizo famosa como la reina de los ladrones en los últimos años de la reina Victoria.
En 1916, una joven de 20 años llamada Alice Elizabeth Black se convirtió en su líder, y llegaría a ser conocida como Alice Diamond, como Diamond Annie y como La Reina de los Cuarenta Ladrones.
Gracias a su gran capacidad organizativa y los vehículos motorizados, sus delitos se propagaron por el West End londinense. Fue la época más gloriosa de la organización, nadaban en riquezas.
Pero su fama fue en aumento a la par que sus riquezas, lo que dificultó su actividad, y siguieron creciendo hacia otros barrios de Londres y las zonas rurales cercanas.

Maggie Hill
El 20 de diciembre de 1925 se terminó su reinado en la llamada Batalla de Lambeth, en la que, tras una disputa, Alice acudió con un ejército de mujeres armadas con trozos de hormigón y botellas rotas a la casa de Bill Britten, otro criminal cuya hija, Maria Jackson, había tenido una reyerta con otra ladrona del grupo.
Sólo la llegada de la policía salvó la vida del hombre y su hijo de 15 años, Alice fue detenida, y muchos creyeron que la banda de ladronas de Elephant había sido desmantelada, fue entonces que la sustituyó Lilian Rose Kendall, más conocida como «Bobbed-Haired Bandit».
Un artículo de prensa de 1925 describía a las ladronas como bien parecidas y de seis pies de altura (más o menos 1,83 metros). Más adentrado el siglo se las describe conduciendo coches deportivos de alta gama. Y su facilidad para eludir a la policía llegó a ser legendaria.
Al parecer usaban referencias falsas para conseguir ser contratadas en las tiendas y casas que querían robar. Algunas fueron efectivamente detenidas en varias ocasiones, pero nunca llegaron a comprometer la existencia de la banda.
Algunos policías indican que su método consistía en acudir al lugar del robo en taxis y limusinas, descendiendo de ellas y abalanzándose sobre el objetivo como una plaga de langostas. Imaginen algo parecido a las rebajas de hoy en día.
Además llevaban ropas adaptadas con bolsillos ocultos, incluso en los sombreros, para ocultar el botín. Luego salían disparadas en diferentes direcciones, lo que hacía imposible para la policía atraparlas.
Estaba formada por unas 40 mujeres atractivas y bien vestidas, algo que no es casualidad pues correspondía a una apariencia buscada. Utilizando falsas referencias entraban a trabajar como empleadas del hogar, amas de llaves y otras actividades similares, en lugares declarados como objetivos que desvalijaban en la primera ocasión.

El Elefante y el Castillo
También robaban en tiendas, escondiendo la mercancía entre sus vestidos, preparados para la ocasión con bolsillos ocultos y otros dispositivos que disimularan lo sustraído.
Otra de sus especialidades era seducir a hombres casados para luego chantajearlos.
Su máxima prioridad, una vez cometido el hecho delictivo, era quitarse de encima los objetos robados lo más rápido posible, utilizando conductores que se hacían con los mismos o enterrándolos para hacerse con ellos más tarde, una vez se hubiera enfriado el asunto en cuestión.
Lo importante es que jamás debían pillarte con nada encima.
Cuando actuaban en algún negocio iban en grupo, dispersándose rápidamente en distintas direcciones, lo que unido al hecho del recato de la época que consideraba de mal gusto registrar a una dama, les dificultaba a la policía su trabajo.
No despertaban sospechas entre vigilantes y policías, y eran muy rápidas.
No debemos pensar que por ser una banda organizada de mujeres se renunciaba a la violencia, o se ejercía con guante de terciopelo. Nada más lejos, imponían, y no podía ser de otra manera, su respeto utilizando cualquier tipo de coacción.
A las bandas rivales que se atrevieran a trabajar en su territorio se les exigía un porcentaje de las ganancias, cuando no recibían directamente una soberana paliza, tras una década en que se ganaron el respeto entre el hampa de la ciudad.
Lo que hacían con todo el dinero que obtenían de tales actividades era gastárselo en fiestas, pubs y toda clase de lujos, a imitación de las estrellas de cine. Aunque nunca usaban lo robado, que era todo vendido a terceros para evitar ser cazadas con las manos en la masa.

Alice Diamond, una de las líderes de la banda
Durante años fueron perseguidas por la policía inglesa y trajeron en jaque a las autoridades de Londres.
Habían pasado los gloriosos años de la banda. Alice Diamond, que ya estaba en la calle, cuando sonaron la sirenas en toda la ciudad alertando de los bombardeos nazis, no quiso ser evacuada.
Desconfiada y reticente a contar su historia, jamás colaboró con la policía o el gobierno.
Descabezadas de líderes y con la mayor parte de sus miembros en prisión, las Forty Elephants fueron desapareciendo poco a poco de las calles de Londres, evaporándose entre la niebla y formando parte de una leyenda poco conocida pero fascinante e inigualable.
Alice Diamond
Alice Diamond nació con el nombre de Alice Elizabeth Black en el Lambeth Workhouse Hospital en Londres el 22 de junio de 1896 a Thomas Diamond y Mary Ann Alice Blake.
Sus padres habían solicitado un parto por maternidad a nombre de Black antes de casarse para evitar el estigma de un nacimiento ilegítimo. Sin embargo, como se casaron poco antes de que naciera Alice, esto resolvió el problema.
El padre de Alice, Thomas Diamond, tenía al menos tres condenas penales, incluida una por agredir al hijo del alcalde de Londres en una reunión política, golpearle la cabeza con un cristal de una puerta y herirlo de gravedad. La madre de Alice nació con el apellido Geary y tomó el nombre de Blake cuando sus padres se casaron.
Añadió Ann y Alice a su nombre en momentos aleatorios. Alice era la mayor de siete hermanos.
Una hermana menor, Louisa, se unió a la pandilla de los Cuarenta Elefantes de la que Alice Diamond se convirtió en la líder y quien le dio el título de «Reina de los Cuarenta Ladrones» y, más tarde, «Reina de los Cuarenta Elefantes», debido a su conexión. calles alrededor de Elephant and Castle en el sureste de Londres.
Un hermano, Tommy, se convirtió en miembro de una de las infames bandas de Elephant and Castle.

Carrera
La carrera criminal de Alice comenzó en 1912 cuando fue arrestada, junto con Mary Austin, quien más tarde se casó con el gángster del norte de Londres Frederick Sabini, por robar chocolate.
Siguió una serie de condenas por robo, y en 1915 la policía y los periódicos se refirieron a ella como la «Reina de los cuarenta ladrones», sucesora de Mary «Polly» Carr, que anteriormente había tenido el título. Alice había tomado el liderazgo de una pandilla grande y experimentada de ladrones organizados.
Fue una hábil organizadora de grandes expediciones a través del West End de Londres y extendió su hazaña a las provincias cuando Londres se volvió «caliente».
Su teniente principal era la voluble y violenta Maggie Hill, nacida como Margaret Lily Hill en una familia criminal del norte de Londres que también engendró a Billy Hill, apodado «Jefe del inframundo británico».
Aunque Alice, Maggie y los demás cumplieron penas de prisión, sintieron que valía la pena, la alternativa era una vida de pobreza.
La pandilla era conocida por sus elegantes vestidos y sus fiestas salvajes. Podían «llevar el lujo» y comprar productos valorados en cientos de libras en tiendas prestigiosas utilizando ropa especial y técnicas de distracción inteligentes.

Su botín favorito eran las pieles y los pañuelos de seda, que eran productos caros entre las dos guerras mundiales. Eran conocidos por conducir coches rápidos.
Alice Diamond medía más de cinco pies y ocho pulgadas de alto en un momento en que la altura promedio de un hombre era de cinco pies y seis pulgadas. Llevaba anillos de diamantes en los dedos de ambas manos y lanzaba puñetazos de una forma que un hombre envidiaría.
Otro de los cuarenta elefantes era Lilian Goldstein, de soltera Kendall, que también conducía el asaltante de aplasta y agarra Ruby Sparks, al que la prensa y la policía llaman «El bandido de pelo corto». Alice nunca se casó, pero tuvo un romance con Bert McDonald, uno de los líderes de los cuarenta elefantes.
Maggie Hill se casó con el criminal Alfred Hughes. Alice Diamond murió en el número 11 de Marnock House, Southwark, cerca de East Lane Market, en 1952, en unos años en que hay quien incluso asegura que la banda aún seguía funcionando. Prácticamente sin salir de casa sufría una severa esclerosis múltiple. Tenía 55 años y surgía la leyenda de las Forty Elephants.
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