Así era la Danza del Sol, el atroz ritual de los indios americanos …

La danza en una ilustración de Elbridge Streeter Brooks (1910)
Muy Interesante(J.Álvarez) — A pesar de la imagen idílica y edulcorada que algunos dan de los pueblos indígenas, su vida cotidiana originaria era muy dura y muchas de sus costumbres resultaban acordes a esas condiciones. Incluso se podrían describir como crueles, desde la mentalidad del hombre blanco y desde la perspectiva actual.
Habría muchos ejemplos de ello, como los sacrificios humanos (practicados con carácter ritual en todo el continente de norte a sur), la tortura de los enemigos capturados (y la consiguiente esclavitud para los que sobrevivían a ella) o la automutilación. Vamos a quedarnos hoy con esta última para describir la inaudita Danza del Sol.
Pese a su nombre, la Danza del Sol (Wanyang-wa-c’i Wi-pi en lengua lakota) no era un baile sino una compleja ceremonia religiosa que practicaban los indios de los tres países de América del Norte (Estados Unidos, Canadá y México), aunque también se sabe de ritos parecidos en el subcontinente sur.
Causó gran sensación entre el público que la vio representada en la película Un hombre llamado caballo, si bien se le ha atribuido un carácter iniciático que en realidad no tenía. La Danza del Sol no era para los jóvenes que se iban a convertir en guerreros sino para adultos que, además, se sometían a ella voluntariamente.
Considerado como el ritual más importante del año, dado que se llevaba a cabo en beneficio de toda la tribu, había unos elementos comunes en todas partes: elección de un lugar sagrado, celebración en verano (porque, lógicamente, las lluvias estropearían algo relacionado con el sol), los bailes, los cánticos o las oraciones, así como la duración (varios días) y un retiro espiritual previo de los participantes, en el que ayunaban y se purificaban con baños de vapor en una choza.
Durante toda esa etapa, eran corrientes las automortificaciones; Toro Sentado, por ejemplo, las realizó antes de la batalla de Little Big Horn haciéndose cortes en los brazos.

La Danza del sol, practicada por los indios mandan
El quinto día llegaba la parte más seria, normalmente organizada por el chamán u hombre-medicina, salvo en el caso de los pies negros, en que, curiosamente, era una mujer-medicina la encargada.
Aclaremos que el concepto de medicina tenía un sentido mucho más amplio para los indios: era todo lo relativo al mundo sagrado, mágico o espiritual en sus diversas formas, tales como talismanes, amuletos, cantos, etc.
Los sioux levantaban una especie de gran pérgola -de casi medio centenar de metros de diámetro- con una abertura al Este (por donde salía el sol) y un poste central de unos seis metros de altura del que colgaban largas tiras de cuero de búfalo.
El hombre-medicina hacía dos tajos en el pecho de cada danzante e introducía en ellos unas estaquillas de madera que se ataban a las tiras de cuero. Entonces éstas se tensaban, tirando del pecho de los danzantes y obligándoles a ponerse de puntillas.
Se dice que la tensión era tal que los pectorales llegaban a estirarse hasta diez centímetros, lo que resultaba aún más tremendo en algunas variantes en las que las estaquillas se colocaban en las mejillas o bajo los ojos; a veces se hacía en los dorsales.
En cualquier caso, los participantes debían aguantar así, cantando, danzando o haciendo sonar un silbato, siempre procurando mantener la tensión sobre la zona herida echando el cuerpo hacia atrás.

Indios soshones practicando la Danza del Sol en los años treinta/
La ceremonia podía durar horas y horas, y era habitual que a causa de la privaciones previas de agua y comida, así como por el dolor, los oficiantes tuvieran visiones.
Tras ese atroz tiempo de tortura, la piel terminaba por desgarrarse, liberándoles y poniendo fin al ritual.
Si alguien se desmayaba y renunciaba a seguir caía en desgracia y se convertía en objeto de mofa de todos, debiendo a partir de entonces vestir ropa femenina y preparar la comida; las propias mujeres eran las que peor le trataban. Quizá por eso algunos famosos guerreros nunca quisieron participar, caso de Patapalo o el mismo Caballo Loco.
Los trozos de carne arrancados se ofrecían al astro rey en nombre del Wakan Tanka, un concepto indio que habitualmente se rebautiza Gran Espíritu pero que no hace referencia a un dios único -no había monoteísmo entre las tribus- sino a un poder intangible, omnipresente e ininteligible que interactuaba con los seres vivos y sería algo más parecido, para entendernos, a la Fuerza de La guerra de las galaxias.
La Danza del sol, considerada un rito de fecundidad porque tenía lugar justo antes de la llegada de las manadas de bisontes, fue proscrita por el gobierno de Estados Unidos en 1884 alr considerarla bárbara; pero siguió celebrándose en secreto al menos hasta 1904.
Durante la presidencia de Jimmy Carter se levantó la prohibición y algunas tribus de las praderas la recuperaron, aunque no de forma periódica sino esporádica y abierta a todo el mundo. Esta apertura se acabó en 2003, cuando en una reunión de tribus lakota y cheyenne se decidió restringirla sólo para los nativos.

Fotografía obtenida en la ceremonia Sioux
La danza del Sol en lengua lakota se llama wi wanyang wacipi, cuyo significado literal es «danza de mirar fijamente al Sol».
No se trata de un culto al Sol sino de una ceremonia de «renovación del mundo» y de peticiones de fecundidad.
El ritual sioux comenzaba con la construcción de una cabaña, se cortaba un árbol que se colocaba en el centro del campamento y sobre él se ponían una serie de ofrendas.
La danza se iniciaba el 21 de junio en el solsticio de verano, en general duraba cuatro días, en un momento del ritual se colocaba un cráneo de bisonte entre los que danzaban y se cantaba lo siguiente:
«iWakan Tanka, ten misericordia de nosotros!, ¡queremos vivir! Esta es la razón por la que hacemos esto. Dicen que viene una manada de bisontes; ya están aquí. El poder del bisonte viene a nosotros; ¡ya está aquí! (…) ¡Wakon Tanka, miranos! El más próximo a tos que andan en dos pies, el jefe de los que andan a cuatro patas, es tatanko, el bisonte.
Aquí está su cráneo seco, al verlo sabemos que también nosotros nos convertiremos en cráneos y esqueletos y de este modo caminaremos juntos por el camino de regreso al Gran Espíritu (…). Aquí en la tierra, vivimos con el bisonte y te estamos agradecidos por ello, pues él nos da nuestro alimento y hace dichoso al pueblo, es nuestro pariente (.j. ¡Oh bisonte, tú eres la tierra!»
Los indios trataban al bisonte como a un pariente. El bisonte era considerado un ser sagrado con fuertes poderes y el mensajero de la supervivencia en las praderas.
Mediante privaciones y penitencias corporales, los danzantes tratan de suscitar la compasión de Wakan Tanka y garantizar así la perpetuidad de la tribu. El ayuno y la tortura voluntaria son elementos escenciales.
La danza a pleno Sol es un durísimo sacrificio corporal, además los danzantes soplan constantemente por una especie de flauta de huesos de águila, lo que acrecienta su sed. La prueba más difícil, reservada a los varones, tiene lugar el cuarto día y recibe el nombre de «Perforación».
Para ello se colocan sobre una piel de bisonte, junto al poste sagrado, y el chamán les practica en el pecho, justo por encima de las tetillas, dos cortes paralelos en los que introduce sendas púas de madera; luego anuda en estas púas una cuerda sujeta al poste.
Las mujeres participan en la danza están excluidas de esta prueba, pero a su modo también ellas ofrecen un sacrificio doloroso, haciéndose arrancar del brazo algunos trocitos de piel. Asimismo en esta ocasión se les perforan las orejas a los niños, acto simbólico por el que son oficialmente incorporados a la comunidad tribal.

Antigua fotografía de un varón sometido a la «Perforación».
En la fase final de la ceremonia, los hombres deben intentar liberarse del poste al que están atados. Con este objeto danzan primero acercándose al poste, para rezar, y luego, alejándose de él sin volverse y echándose bien hacia atrás para tensar la cuerda, con lo que la piel de su pecho se pone también tensa.
Ejecutan este doble movimiento tres veces y a la cuarta se dejan caer con todo su peso hacia atrás, desgarrándose la piel y soltándose así del poste. Los cánticos y danzas cesan cuando el último de los danzantes se ha liberado.
Para cuantos toman parte activa en la danza del Sol, ésta representa un auténtico sacrificio en su sentido más estricto. Pero incluso los que no se someten al rito de la «perforación», ponen en ella a dura prueba su valor y resistencia física.
En los relatos de Alce Negro se repite sin cesar: «¡Oh Wakan Tanka, ten misericordia de mí, para que mi pueblo viva! Por eso me estoy sacrificando». No basta, pues, con ofrecer a Wakan Tanka cualquier objeto o animal, sino que la ofrenda ha de ser algo vedaderamente valioso y entrañable para el hombre: su propia carne y sangre.
También en un mito sobre el origen de la danza del Sol se indica con toda claridad que sin derramamiento de sangre no es posible poner genuinamente a prueba de la seriedad del participante.
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