San Malaquías y la temible profecía de los Papas que anuncia el fin del mundo …

Guioteca(H.Fuentes)/nuevatribuna.es(R.H. de Ávila) — Malaquías de Armagh fue un arzobispo católico irlandés que fue canonizado por el papa Clemente III en 1190.
Nacido en 1094 en la localidad de Armagh, su nombre es célebre por dos famosas profecías que se le atribuyen: la famosa profecía de los 112 Papas (1595) y la profecía sobre Irlanda (1690), ambas reveladas más de cuatro siglos después de su muerte.
A los 25 años San Malaquías fue ordenado sacerdote, convirtiéndose posteriormente en monje, abad y arzobispo de su ciudad natal.
En 1138 partió en peregrinaje a Roma, y durante este viaje conoció a la Orden de los Cistercienses.
En la Ciudad Eterna hizo amistad con San Bernardo de Claraval, quien se convertiría en su hagiógrafo y en uno de sus mejores amigos.
Bernardo describió a San Malaquías como un hombre humilde y con un gran espíritu evangélico y celo religioso.
San Malaquías, de hecho, sería quien restauraría la disciplina en el seno de la Iglesia de Irlanda, perseguiría el paganismo y restablecería la moral católica, lo que le valió el cariño del pueblo llano y el respeto entre sus colegas del clero.
A su regreso de Roma San Malaquías visitó al rey de Escocia, y durante esa visita el religioso curó al hijo del monarca de una grave enfermedad de forma milagrosa.
San Malaquías fue llamado de nuevo a Roma en 1139 por el Papa Inocencio II. Cuando se encontraba allí, se cuenta que el santo irlandés experimentó una visión de los futuros Sumos Pontífices que ocuparían el sillón de San Pedro hasta la segunda venida de Jesucristo.
Así, San Malaquías escribiría 112 lemas o frases breves en latín describiendo a los futuros Papas. Se dice que este documento fue guardado en los archivos secretos del Vaticano, y no fue sino hasta 1556 que fue descubierto por un bibliotecario del Vaticano.
Después de la muerte de San Malaquías, acaecida en Claraval en 1148, San Bernardo relató que cuando todavía yacía muerto, un joven que tenía el brazo paralítico, sanó colocando su mano sobre la mano del difunto.
Las profecías de los Papas de San Malaquías

Antes de morir, se cuenta que San Malaquías realizó la siguiente profecía sobre su país natal: “Irlanda sufrirá la opresión inglesa durante una semana de siglos, pero siempre será fiel a Dios y a su Iglesia.
Al final de este período, Irlanda será libre y los ingleses, a su vez, tendrán unos severos castigos.
Sin embargo, Irlanda desempeñará un gran papel en la vuelta a la verdadera fe de los ingleses”.
Esta profecía, por cierto, se cumpliría en gran parte debido a la aparición del anglicanismo en Inglaterra en 1595 y la dominación que durante siete siglos sufriría Irlanda a manos de los ingleses.
Los irlandeses, en todo caso, permanecerían fieles a su antigua fe católica hasta su liberación parcial como país tras el fin de la Primera guerra mundial.
Sin embargo, la profecía que haría célebre a San Malaquías sería la llamada “Profecía de los Papas”, la cual se publicó por primera vez en 1595 en el “Lignum vitae, ornamentum & decus Ecclesiae” (‘El árbol de la vida, el ornamento y la gloria de la Iglesia’), libro publicado en Venecia por el monje benedictino belga e historiador Arnoldo Wion y que se convertiría en todo un éxito editorial en la Europa cristiana.
En este libro, después de unos párrafos introductorios sobre la figura de san Malaquías, Wion informa que “(Malaquías) escribió varios opúsculos”, incluyendo el listado de la profecía de los Papas, al que destaca como un texto ya conocido pero aún no publicado.
La supuesta profecía de San Malaquías consiste, como se mencionó anteriormente, en una serie de 112 pequeños lemas o frases en latín, sin numerar, haciendo alusión alegórica a los 112 papas que gobernarían la Iglesia Católica desde el Papa Celestino II (1143-1144) hasta el último pontífice, incluyendo a los llamados antipapas.
El último Papa al que alude San Malaquías lo identifica con el lema “Petrus Romanus” (“Pedro El Romano”), con una vaga cita de carácter apocalíptico.
Dios le habría mostrado a San Malaquías los diferentes hombres que, en el futuro, se presentarían como los líderes de la Iglesia Católica bajo el título de Papas, no revelándole necesariamente si estos hombres que se iban a sentar en el trono de San Pedro eran buenos o malos.
Por ello, las descripciones de San Malaquías de los papas futuros suelen contener datos sobre su orden religiosa, su escudo de armas, su nombre o lugar de nacimiento, las ciudades en las que éstos vivirían durante su vida o los principales personajes o acontecimientos que ensombrecerían sus papados.

Papa Celestino II (1143-1144)
San Malaquías parte describiendo en sus profecías al Papa Celestino II (1143-1144) como “Ex castro Tiberis” (“de un castillo en el Tíber”), aludiendo a que este pontífice había nacido en Citta di Castello o Ciudad del Castillo, al lado del río Tiber.
Benedicto XII (1334-1342), en tanto, es descrito como “Frigidus abbas” (“El abad frío”) debido a que fue abad de la localidad de Fontfroide o Fuentefría. Pío III (1439-1503), en tanto, es llamado “De parvo homine” (“De un hombrecito”). Curiosamente, el apellido de este pontífice era Piccolomini, que en italiano deriva de las palabras “piccolo” y “uomo”, es decir, “hombre pequeño”.
San Malaquías describe al Papa Inocencio X (1644-1655), por su parte, como “Jucunditas crucis” (“Alegría de la cruz”). Este pontífice, por cierto, fue elegido Papa en la fiesta de la Exaltación de la Cruz, tras un largo y difícil cónclave.
El Papa Pío VI (1775-1799), en tanto, es descrito como “Peregrinus Apostolicus” (“Viajero Apostólico”), algo que se podría relacionar con los largos viajes que éste debió realizar durante su papado: viajó a Alemania para reunirse con el emperador José II y, en los dos últimos años de su reinado, se vio obligado por los revolucionarios a huir de Roma, muriendo en Francia, después de un viaje muy arduo en los Alpes.
San Malaquías describe al Papa Pío VII (1800-1823) como “Aquila rapax” (“Águila codiciosa”), nombre que podría relacionarse con el famoso personaje de la isla de Córcega cuyo ascenso, fulgor y caída ensombreció el papado de este pontífice: Napoleón Bonaparte, cuyo símbolo era un águila.
El Papa Pío IX (1846-1878) es descrito por su parte como “Crux de cruce” (“Cruz de la cruz”), quizás porque fue el último Papa que gobernó los Estados Pontificios -quedando relegado sólo al control político del Vaticano-, después que la Casa de Saboya (cuyo escudo es una cruz blanca) reunificara a Italia y le arrebatara el control de estos territorios.

El Papa León XIII (1878-1903), por su parte, es definido por San Malaquías como “Lumen in Caelo” (“Luz en el cielo”), hecho que se relacionaría con que, 35 años antes de convertirse en papa, el escudo de armas de este papa ya tenía un cometa en el cielo.
El Papa Pío X (1903-1914), en tanto, es descrito como “Ignis ardens” (“Fuego ardiente”), quizás porque durante su reinado se desencadenó la guerra ruso-japonesa, la Revolución Mexicana, la Guerra de los Balcanes y la Primera Guerra Mundial, que puso a Europa literalmente en llamas.
San Malaquías describe a Benedicto XV (1914-1922) como “Religio depopulata” (“Religión devastada”), nombre que podría relacionarse con que durante su reinado se desarrolló la Primera Guerra Mundial y la revolución comunista en Rusia, que significó la persecución y la muerte de millones de católicos.
El Papa Juan XXIII (1958-1963), por su parte, es descrito como Pastor & nauta” (“Pastor y navegante”), tal vez porque fue el patriarca de Venecia, ciudad de navegantes, y a que este pontífice solía usar ornamentos que representaban un gran velero.
El Papa Pablo VI (1963-1968), en tanto, es descrito como “Flos florum” (“Flor de las flores”), lo que se podría relacionar con que el escudo de armas de este Pontífice incluye tres flores de lis.

El Papa Juan Pablo I (26 de agosto al 28 septiembre de 1978), es descrito por San Malaquías como “De medietate lunae” (“De la media luna”).
Curiosamente este pontífice provenía de la diócesis de Belluno, que significa “bella luna”, y comenzaría su reinado el 26 de agosto de 1978, cuando la luna apareció exactamente a la mitad.
Su sucesor, Juan Pablo II (1978-2005), quien visitó nuestro país en 1987, fue definido por su parte con la fórmula “De labore solis” (“El que trabaja de sol a sol”), lo que podría relacionarse con que este pontífice polaco fue el pontífice más viajero y el que más tiempo gobernó la iglesia después del mismo San Pedro y de Pío IX (Otros también lo interpretan porque el día del nacimiento y muerte de Juan Pablo II hubo un eclipse solar).
Benedicto XVI (2005-2013), el Papa 111, por su parte, es descrito por San Malaquías como “Gloria Olivae” (“La gloria del olivo”). Este Papa de origen alemán, por cierto, pertenece a la Orden de los Benedictinos, cuyo escudo contiene un olivo.
La profecía de los Papas de San Malaquías termina, por cierto, con una cita apocalíptica en latín y una alusión a lo que podría ser el último papa, “Pedro El Romano”, el Papa 112: “In extrema S.R.E. sedebit Petrus Romanus qui pascet oues in multis tribulationibus, quibus transactis ciuitas septicollis diruetur, & Judex tremendus iudicabit populum suum. Finis”.
(“En persecución extrema, en la Santa Iglesia Romana reinará Pedro el Romano quien cuidará a su rebaño entre muchas tribulaciones, tras lo cual la ciudad de las siete colinas (probable alusión a Roma, aunque Jerusalén también tiene 7 colinas) será destruida y el Juez Terrible juzgará a su pueblo. Fin”.
La polémica sobre la profecía de Los Papas
La profecía de los Papas de San Malaquías sigue despertando controversias cuatro siglos después que fueron publicadas por primera vez en 1595, es decir, 450 años después de la muerte del santo irlandés.
A algunos estudiosos, en primer lugar, les llama la atención que San Bernardo de Claraval, el eclesiástico más influyente de su época y quien admirara profundamente a San Malaquías, y escribiera de sus obras y milagros, en sus escritos no haga referencia o mención a ninguna profecía, visión, ni lista enigmática que hubiera dejado este santo.

El abad François Cucherat, en su obra “Profecías sobre la sucesión de los papas”, retrucó en 1871 que San Malaquías escribió su profecía en Roma entre los años 1139 y 1140, después que visitara al Papa Inocencio II para tratar con él asuntos de su diócesis, entregándole posteriormente su manuscrito al mismo Papa para consolarlo en sus tribulaciones.
El Sumo Pontífice, según el mismo Abad Cucherat, habría guardado el manuscrito en los archivos romanos, y allí éste habría quedado olvidado hasta su descubrimiento en 1590. Onofrio Panvinio, revisor de la Biblioteca Vaticana, por su parte, aceptó completamente en 1556 la autenticidad de las profecías de Malaquías.
El historiador español José Luis Calvo, después de estudiar concienzudamente los supuestos vaticinios del santo irlandés, aseguró que hasta el papa Urbano VII (1521-1590) los lemas en latín concuerdan muy bien con los respectivos pontífices, pero a partir de esa fecha habría que hacer esfuerzos para que coincidan.
Esto habría llevado a que algunos estudiosos aventuren la posibilidad de que la mitad de la profecía sea auténtica y la otra mitad apócrifa: la mitad falsa, según estos estudiosos, habría sido escrita por alguien que utilizó el prestigio del erudito y sacerdote dominico español Alfonso Chacón, quien comentó los lemas en el texto de 1595 hasta Urbano VII.
Jimmy Akin, popular bloguero y apologista católico, hizo recientemente el experimento personal de repasar cada papa con su respectiva “profecía”: hasta 1590, según Akin, el 95% de las profecías acertaban claramente, mientras que sólo el 5% eran vagas o dudosas.
Desde 1590 en adelante, en cambio, sólo un 8% aciertan claramente, mientras que un 41% fallan y un 51% son supuestamente vagas e indemostrables.

De ser correcta la profecía de San Malaquías, el actual Papa Francisco, el Papa 112 desde Celestino II, sería el temido “Peter Romanus” (“Pedro El Romano”), el último Papa antes del advenimiento del fin del mundo.
Curiosamente, este religioso de origen argentino, después de ser elegido Papa, hizo hincapié en su título de “Obispo de Roma” de una manera única, evitando los demás títulos asociados al cargo de Sumo Pontífice.
Además, ha sido el primer Papa que ha firmado su nombre, en el directorio oficial del Vaticano, en italiano (idioma de los romanos modernos) en vez de latín.
Y cuando se le consultó en una conferencia de prensa en noviembre de 2014 si cuando viajaba, en su calidad de sucesor de Pedro, se sentía como obispo de Roma o como arzobispo de Buenos Aires, respondió “Soy romano”.
Sin mencionar que este Papa eligió el nombre del santo más conocido en Italia: San Francisco de Asís, ciudad ubicada a dos horas de Roma (El segundo nombre de San Francisco de Asís, al igual que el de su padre, curiosamente era Pedro).
Por lo pronto, algunos creyentes, en vez de atormentarse por temidas profecías que nos advierten sobre el fin del mundo, prefieren recordar la frase de los Evangelios pronunciada por Jesús en Mateo 25,13, respecto de cuándo se producirá exactamente el fin de los tiempos: “Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora”.
¿Será Francisco el último Papa?

Si tomamos como ciertas las profecías de san Malaquías parece que así ha de ser.
El Papa Bergoglio, nada más salir elegido por el cónclave, en su primera aparición en el balcón ante los miles de congregados en la Plaza de San Pedro del Vaticano, dijo que era “el Papa del fin de mundo”.
Añadió también que era el “obispo de Roma”, no se sabe si en expresión de humildad, o porque quería apartar el boato con el que tan acostumbrado nos han sus predecesores, despojarse de todo indicio de poder sobre los demás y sobre el mundo.
Posteriormente ha insistido en su carácter transitorio por la sede de San Pedro, anunciando quizá su muerte o su renuncia al confesar que no estaría mucho tiempo con la tiara.
Sobre estas frases, así como sobre la elección del nombre de Francisco, el único en todo el papado, se han vertido mil conjeturas, algunas exageradas, sacadas de contexto, y otras como cumplimiento de unas profecías que él sin duda conoce mejor que nadie.
Su elección, además, no deja de estar envuelta en malos augurios al ser el Papa del llamado “nuevo orden mundial”, el Papa de un mundo globalizado, al que acucian problemas graves, tanto humanos como ecológicos, sobre los que también él ha insistido en varias ocasiones, hasta escribir una de sus primeras encíclicas.
Ciertamente su comportamiento de sencillez admirable, sus frases -algunas sorprendentes que pueden chocar y escandalizar a espíritus pusilánimes dentro de la institución-, sus gestos, su sentido humano y su preocupación por los pobres y desamparados, por los marginados de la sociedad y el deterioro ambiental, y su afán por unir religiones y creencias, le convierten en un papa distinto a los demás.
¿Quién recuerda la “estrella” que envolvía los viajes de Wojtyla, el Papa polaco? Su parafernalia, que ocultaba su doctrina reaccionaria, choca con la normalidad que envuelve las apariciones y viajes del Papa argentino, y su sentido progresista del compromiso cristiano. Un compromiso en el que caben otras religiones y creencias, y lo manifiesta en gestos como besar el Corán y considerarlo también Libro Sagrado.
Si a eso unimos su adecuación a las técnicas actuales, como el uso de Internet, no es de extrañar que muchos poderosos y carcas jerarcas se echen las manos a la cabeza y digan que este Papa va a llevar a la iglesia romana al desastre. Recuerdo al lector que desde el 19 del pasado mes de marzo, festividad de San José en que lo inauguró en medio de admiración y críticas, el papa Francisco utiliza una cuenta de Instagram, tiene Facebook y Twitter. Bergoglio, porteño, descendiente de italianos, es noticia diaria mientras conduce su rebaño a través de Internet con una aplicación especial para rezar junto a él.
Francisco es amable con todos, en público y en privado, y responde a preguntas de periodistas allá donde se las hacen con sinceridad, y una sencillez de conversación familiar carente de protocolo.

Todos los medios de comunicación se muestran de acuerdo en que ha robado popularidad, incluso, a Wojtyla, y sin alardes de líder.
Tanto en conversaciones privadas y distendidas, como cuando responde a los periodistas, o lanza reflexiones, provoca la noticia.
Si Wojtyla era el Papa viajero pero sus viajes quedaban en pura parafernalia, al modo de gira de estrella del rock, Bergoglio viaja más todavía, eligiendo zonas conflictivas, y los pueblos le acogen con la esperanza de que mejore su vida.
Si el polaco, con su servicio de espionaje, ayudó a derribar el comunismo, el argentino aborrece las malas artes del espionaje, e intenta explicar, con cercanía familiar sin ánimo de crítica, esta y otras ideologías, procurando el acercamiento entre todas.
Si aquél derribó el muro de Berlín, éste quiere derribarlos todos… Si uno sufrió un atentado en la misma Plaza del Vaticano, el papa Francisco ya ha tenido amenazas de muerte.
Un Papa, pues, que provoca la admiración y la polémica, dentro y fuera de la iglesia. ¿Será el último, según predicen las profecías de san Malaquías? ¿Será el Papa “del fin del mundo”? Hay quien asegura que sí, a tenor de los indicios que se pueden descubrir analizando hechos y frases acordes con el “último profeta”.
Las notas correspondientes a los papas desde 1595 a la actualidad son casi todas de carácter simbólico y genéricas, aunque con sus atisbos de aciertos, mientras que las anteriores a esa fecha describen a los papas con gran precisión.
La lista acaba con el pontífice número 112, llamado «Petrus Romanus» (Pedro el Romano), al que aplica una cita de carácter apocalíptico, que muchos interpretan como el fin del mundo y del papado.
Ese Papa es Jorge Mario Bergoglio, cuya frase “el fin del mundo” ha dado pie a mil elucubraciones, relacionándola, junto a otros aspectos, como el de “papa negro” por ser jesuita, con las profecías de San Malaquías y Nostradamus.
Una muestra de sus vaticinios son las siguientes, escogidas a partir del siglo XX:
104: «Religio Depopulata» (Religión devastada). Benedicto XV (1914-1922): Se desencadenó la I Guerra Mundial y surgió la revolución comunista que tanto afectaría a la iglesia de Roma, un peligro para la Iglesia tras el Telón de Acero.
105: “Fides intrepida” (La Fe Intrépida). Pío XI (1922 –1939). Genérico, como hemos apuntado

106: “Pastor angelicus” (Pastor angélico). Pío XII (1939-1958). Reconocido como un gran intelectual y defensor de la paz ante la II Guerra Mundial.
107: “Pastor y nauta” (Pastor y navegante). Juan XXIII (1958-1963). De corto pontificado, era muy mayor, pero intenso. Juan XXIII fue Patriarca de Venecia, ciudad de navegantes. Condujo la Iglesia al Concilio Vaticano II, abogando por su “aggiornamento”.
108: “Flos florum” (Flor de las flores). Pablo VI (1963-1978). Su escudo contiene la flor de lis (la flor de las flores). Un intelectual que continuaría la labor conciliar de su antecesor.
109: “De Medietate Lunae” (De la Media Luna). Juan Pablo I. Elegido en 1978, murió al mes siguiente. Se llamaba “Albino Luciani”, es decir “Luz Blanca”, y había nacido en la diócesis de Belluno (del latín bella luna). Fue elegido el 26 de agosto del 1978. La noche del 25 al 26 la luna estaba en “media luna”. Murió tras un eclipse de la luna. También su nacimiento, su ordenación sacerdotal y episcopal ocurrieron en noches de media luna. Curioso, ¿no?
110: “De labore solis” (De la fatiga o trabajo del sol). Juan Pablo II (1978-2005). Uno de los pontificados más largos, de un trabajo extraordinario y extenso, tanto fuera como dentro del Vaticano, rodeado de problemas políticos y financieros. Los días de su nacimiento y muerte hubo eclipses solares. También curioso. ¿Puras coincidencias circunstanciales?
111: “Gloria olivae” (La gloria del olivo). El alemán, Benedicto XVI (2005-2013), nació y fue bautizado en un Sábado de Gloria. También hace referencia al olivo (“olivetans”) que contiene el escudo de la Orden de los benedictinos.
Queda uno en esta lista que se supone hace referencia al Papa argentino.
El 112: «Petrus Romanus» (Pedro Romano). La profecía termina con una cita apocalíptica referida al último papa: ”In extrema S.R.E. sedebit Petrus Romanus qui pascet oues in multis tribulationibus, quibus transactis ciuitas septicollis diruetur, et Judex tremendus iudicabit populum suum. Finis”.
En castellano: “En persecución extrema, en la Santa Iglesia Romana, reinará Pedro el Romano quien cuidará a su rebaño en muchas tribulaciones, transcurridas las cuales, la ciudad de las siete colinas (¿Roma? ¿Jerusalén?) será destruida y el Juez Terrible juzgará a su pueblo. Fin’.
“Nostradamus” y la destrucción de Roma

Francisco es el primer Papa perteneciente a la Compañía de Jesús a cuyo líder se le suele calificar como ‘papa negro’, por su poder dentro de la iglesia.
Nostradamus vaticinó que un «rey negro» en el trono del Vaticano será el último Papa antes de que el mundo sucumba: «Al principio habrá enfermedades mortales como advertencia; luego habrá plagas, morirán muchos animales, habrá catástrofes, cambios climáticos y guerras…«.
La profecía de San Malaquías, a su vez, dijo que el último papa antes «del final de los tiempos» sería el papa 112 después de su tiempo (desde Celestino II en el siglo XII), bajo quien «la ciudad de las siete colinas será destruida».
Según los manuscritos de Malaquías, la ciudad de las siete colinas a la que se refiere, es Roma (otros dicen que es Jerusalén, origen del cristianismo), de ahí que este pontífice signifique para algunos el final de la Iglesia católica y para otros, el de la humanidad. Bergoglio es el papa 112 desde la época de Malaquías.
Y no faltan las supersticiones basadas en datos objetivos que han acompañado al Papa argentino desde su elección. La última hora del martes, día 12 de marzo del 2013, cuando se realizaba la primera votación del cónclave, la luz nocturna de la cúpula de la Basílica de San Pedro se apagó repentinamente.
Un rayo, y hay fotos que así lo atestiguan para la posteridad, chocó contra la cúpula de la misma Basílica un día después de que dimitiera, por motivos de salud, Benedicto XVI.

La fecha de la elección de Francisco da pie a realizar miles de conjeturas, cábalas y deducciones con los significados religiosos y cabalísticos del número tres: el 13-03-13.
Y por si fuera poco, se le añade otro 3: era miércoles, tercer día de la semana.
También hay quien añade otro detalle: Francisco fue elegido en la tercera votación del cónclave (de nuevo el tres).
Y aquí no acaban los augurios que, como en tiempos remotos, vino de la mano del vuelo de un ave. Una gaviota se posó ese miércoles en la chimenea de la Capilla Sixtina poco antes de salir la “fumata blanca”, anunciando la elección del nuevo sumo pontífice.
Se posó sobre la chimenea casi media hora.
Como las cámaras de fotos y televisiones estaban enfocando ese punto, la gaviota se convirtió en el pájaro más visto del mundo.
Según la doctrina católica es el Espíritu Santo quien elige al sucesor de Pedro a través de las votaciones de los cardenales.
Aunque suele hacerlo bajo la apariencia de una paloma, más usual para enviar mensajes, ¿no podría haber adoptado en ocasión tan solemne la forma de gaviota? Los designios de Dios son inescrutables. ¿Coincidirán con estas profecías?
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