Un tratado de quiromancia publicado en Francia en 1666 …

L.B.V.(V.R.Villar) — Adrian Sicler publicó en Lyon en 1666, nótese la inclusión del número de la Bestia en la fecha, La Chiromance Royale et Nouvelle, un tratado de quiromancia que pasa por ser uno de los denominados libros raros y curiosos de esta materia. El libro lo dedicó al arzobispo lionés e incluye la aprobación de un doctor de la Facultad de París, por lo que parece que tenía cierto prestigio.
El subtítulo de este manual es significativo: «acompañado de figuras, moralidades y observaciones de la Cábala, con los pronósticos de quirománticos tanto antiguos como modernos. Una obra utilísima para toda clase de personas y de cualquier profesión».
Que la dedicara al prelado de Lyon nos indica su pretensión de contar con la aprobación de la jerarquía eclesiástica, pues no nos podemos olvidar que la adivinación por medio de las líneas de la mano, es decir, la quiromancia, estaba prohibida por la Iglesia.
Adrian Sicler se autodenomina en la portada del tratado médico espagírico, o sea, especialista en química y alquimia. La Chiromance Royale et Nouvelle tiene como precedente otras obras publicadas en los siglos XVI y XVII, pero supone un acercamiento más acertado al estudio de las líneas de las manos.
El autor argumenta que las diferentes líneas deberían combinarse juntas para verificar su sentido e importancia.
Es este tratado una especie de guía para leer las líneas de la mano en la que incide en las diferencias sustanciales existentes entre las de los hombres y las mujer.

Teniendo en cuenta la época en que se redactó y el pensamiento dominante, nos dice que una misma línea en la mano de un hombre podría significar que podría ser un gran autor, mientras que en una mujer revelaría su aptitud para la costura.
La Chiromance Royale et Nouvelle es una joya bibliográfica en los anaqueles de unas pocas bibliotecas en el el mundo. Un ejemplar se guarda en la Wilson Special Collections Library de la UNC-Chappel Hill y se exhibirá hasta el 19 de abril en la exposición An Alphabet Treasures: Special Collections From A to Z.
¿Qué tiene de especial este tratado? Sus ilustraciones, ricas imágenes como la que nos muestran en el blog de esta biblioteca. En ella vemos que el pulgar es el dedo de Venus, el índice el de Júpiter, el corazón el de Saturno, el anular el del Sol y el meñique el de mercurio.
De todos modos, solo los iniciados o quienes puedan consultar el libro entenderán el significado de todas las letras, símbolos y números que aparecen en el grabado.
La quiromancia o buenaventura estuvo bajo sospecha hasta el siglo XV, al ser considerada una pseudociencia más propia de los charlatanes; a pesar de ello, desde el 1500 alcanzó una enorme popularidad y no tardarían en publicarse los primeros tratados hacia el primer cuarto de siglo, entre los que se encuentra La quiromancia de Patricio Tricasso, editado nuevamente durante los dos siglos siguientes debido a su notable éxito.
Más fama aún obtuvo el libro del teólogo jesuita Martín Antonio del Río (1551-1608) titulado Disquisitionum magicarum libri sex, en donde atribuía a las mujeres gitanas la especialidad de leer las manos con fines adivinatorios.

Hacia mediados del XVII y finalizando el siglo alcanzarían difusión otros tratados como La Chiromance Royale et Nouvelle de Adrian Sicler, La Chiromance, La Physionomie et la Geomance de Peruchio o Les Ouvres de Jean Belot, en la que disertaba sobre la buenaventura y la fisiognomía, entre otras disciplinas.
Aunque las pretensiones de estos tratados eran científicas, o al menos se buscaba otorgar cierta credibilidad para dichas prácticas, existieron también quienes las consideraban una superchería.
Es el caso de Johannes Praetorius y su Ludicrum chiromanticum Praetorii, en cuyas primeras hojas se reproduce una ilustración en donde unas mujeres (probablemente gitanas, pues una de ellas lleva a su hijo recogido en el manto como solía ser habitual, y porque todas van descalzas) dicen la buenaventura a un hombre mientras un niño aprovecha para robarle.
Parecida opinión debían merecer los gitanos para Torreblanca, ya que en su tratado De Magia publicado en 1678 decía que la lectura de manos era una práctica de la que se aprovechaban «las mujeres de esa turba de perdidos e infieles a quien los italianos llaman Cingari, los latinos egipcios y nosotros gitanos».
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