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Antigua estatua budista hecha de meteorito ¿Verdadero o falso?) …


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Muy Interesante/marcianosmx.com/XLSemanal/ElComercio/BBC NewsM.J.Campion)/RT  —  Una misteriosa estatua budista con una historia que suena como un argumento de una película de Indiana Jones tiene orígenes extraterrestres, según los últimos descubrimientos de los investigadores.

El artefacto de más de 1,000 años de antigüedad que fue robado del Tíbet por los científicos nazis en 1938, está tallada en un meteorito.

La estatua, con 24 centímetros de alto y de 10 kilogramos representa la fusión entre Buda y el dios Vaisravana, un rey budista del norte en la cultura Bon de India, también llamado Jambhala en el Tíbet.

Una esvástica grande en el centro de la figura, puede haber seducido a los líderes de las expediciones alemanas, que fueron apoyados por el jefe nazi de la SS, Heinrich Himmler.

Las esvásticas suelen decorar a muchos budas y estatuas hindúes. El antiguo símbolo fue adoptado por los nazis, que lo modificaron en forma de imagen especular.

Himmler creía que los orígenes de la raza aria de podían encontrar en el Tíbet.

Hace 74 años, en 1938, una expedición Nazi en el Tíbet se encontró con una estatua de 10 kilogramos representando un híbrido de Buda y el dios Vaisravana, el rey budista del norte en la cultura Bon de India, también llamado Jambhala en el Tíbet .

La estatua, con 24 centímetros de alto, tiene grabada una suástica en la parte abdominal de la figura, y se sostiene que tiene más de mil años de antigüedad.

Esta expedición fue apoyada financieramente por el director de la SS GESTAPO, Heinrich Himmler.

Hay dos variantes para las indagatorias de los historiadores: unos creen que el líder de esa exploración, un reconocido zoólogo de la época llamado Ernst Schäfer, aceptó el patrocinio de los nazis para un estudio de la vida salvaje en el Tíbet.

Pero otra facción cree que Himmler apoyó este viaje porque creía que el origen de la raza aria estaba en esa región de Asia. Fue tal vez esta razón, la de encontrar el símbolo nazi inscrito en una estatua milenaria, la que instó a los nacional socialistas a preservar la obra.

Un vez que el Iron Man (Hombre de Hierro), como se le conoce a la estatua, llegó a Munich, se mantuvo en una colección privada hasta 2007, que se dispuso para efectos académicos y de estudio.

Ahora, una investigación publicada en Meteoritics and Planetary Science, analizó el material de esta estatua y determinó que está hecha de ataxita, una rara clase de hierro con altos contenidos de níquel que sólo se halla en meteoritos.

“La estatua fue cincelada a partir de un fragmento del meteorito Chinga que impactó las áreas fronterizas entre Mongolia y Siberia hace 15 mil años” dijo a Nature el Dr. Elmar Buchner, de la Universidad de Stuttgart y líder de la investigación.

Según Buchner, aunque los primeros escombros del meteorito Chinga se descubrieron en 1913, el fragmento que se utilizó en el Iron Man fue trabajado hace muchos siglos.

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Los meteoritos representaron para muchas culturas antiguas un evento de adoración y divinidad.

No es raro que, desde los inuit de Groenlandia hasta los aborígenes de Australia, usaran su material para crear ofrendas.

De hecho, la misma Meca de Arabia Saudita resguarda, en el edificio Kaaba, a la Piedra Negra, una reliquia musulmana que según la tradición islámica proviene de los tiempos de Adán y Eva, y está hecha de tectita, el material típico de meteoritos.

Lo importante del hallazgo en esta obra: es la única ilustración conocida de una figura humana hecha a partir de meteorito, que, tomando en cuenta su antigüedad, se consideraría invaluable.

«Sus orígenes por sí solos la valoran en 20,000 dólares. Sin embargo, si nuestra estimación de su edad es correcta y tiene los más de 1,000 años, podría ser muy valiosa.» Declaró un responsable de la investigación.

Los resultados de la investigación publicada en Meteoritics and Planetary Science, determinaron que la estatua está hecha de ataxita, una rara clase de hierro con altos contenidos de níquel que sólo se encuentra en meteoritos.

«La estatua fue cincelada a partir del fragmento del Meteorito Chinga que impactó en las zonas fronterizas entre Mongolia y Siberia hace aproximadamente 15 mil años» dijo a Nature el Dr. Elmar Buchner, de la Universidad de Stuttgart y líder de la investigación.

Según Buchner, aunque los primeros restos del Chinga se descubrieron en 1913, el fragmento que se utilizó para elaborar la estatua fue trabajado hace muchos siglos.

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La expedición de Hitler en el Tíbet

En 1938 comenzó una de las expediciones científicas más controvertidas de la Historia. El zoólogo Ernst Schäfer se dirigó al Tíbet con el tétrico emblema de las SS cosido en su mochila.

Los expedicionarios alemanes midieron cráneos de nativos y recogieron unas 7000 semillas. También volvieron con 17.500 metros de filmaciones y una carta del jefe del Gobierno tibetano dirigida al «sublime señor Hitler».

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¿Ciencia o espionaje? El antropólogo Bruno Beger mide el cráneo de una tibetana. Los ingleses creían que los nazis no realizaban en los Himalayas ninguna investigación científica, sino espionaje en una zona que sería clave en el futuro

El porqué de que la misiva, que hoy se encuentra en la Biblioteca Estatal de Baviera, nunca llegara a su destinatario es tan misterioso como casi todo lo que rodea a aquella expedición.

La versión ‘oficial’ es que el grupo de científicos emprendió su viaje por encargo de Heinrich Himmler, líder de las SS, con la misión de encontrar «una raza primigenia» de hombres de cabellos rubios, antepasados comunes de los pueblos arios.

También debían buscar variedades de caballos resistentes al frío, de cara a la inminente guerra que se avecinaba.

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La dureza de la aventura La expedición y sus porteadores ascienden hacia la zona prohibida de Lhasa. 400 kilómetros de estepas nevadas y tormentas

Sin embargo, los servicios secretos del Reino Unido, que observaban con gran recelo esta avanzadilla alemana a través de la India británica, sospechaban otro objetivo. el espionaje.

Incluso algunos historiadores han apuntado que la intención real de los nazis era explorar unas regiones que iban a ser de gran interés para el Tercer Reich y Japón una vez ganada la guerra.

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El jefe de la expedición El joven zoólogo Ernst Schäfer formaba parte del círculo de la Ahnenerbe, una comunidad pseudocientífica creada por Himmler

Hijo de un próspero empresario, Schäfer empezó sus estudios de zoología a los 19 años.

Poco después, un personaje cambió su vida. Se trataba de Brooke Dolan II, un excéntrico millonario estadounidense deseoso de conocer las poco exploradas regiones occidentales de China y que lo contrató como acompañante cualificado.

La Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia quedó tan fascinada por el botín zoológico que trajeron que nombró a Schäfer miembro de la institución.

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El equipo de las SS en el Tíbet: la expedición alemana al completo en su campamento, con visitantes tibetanos, en 1938

De vuelta a casa, el joven estudiante narró su increíble aventura en un libro que rápidamente se convirtió en un éxito de ventas y que le abrió las puertas de las SS. El joven zoólogo se integró en el círculo de la Ahnenerbe, una comunidad pseudocientífica creada por Himmler, cuyos miembros defendían la cosmogonía glacial. Según esta teoría, existió una cultura primigenia ‘nórdica-atlante’ que resultó aniquilada por un cataclismo lunar.

Los únicos vestigios de aquella superraza perdida habrían sobrevivido en el Himalaya.

Es esta faceta sobrenatural de la misión al Tíbet la que más tarde explotaron los aficionados a cierto esoterismo de tintes ultraderechistas.

En la actualidad, multitud de obras pseudomitológicas y páginas web nazis siguen presentando al zoólogo Ernst Schäfer como un buscador del Santo Grial vestido con el uniforme de las SS. Según Meier-Hüsing, en cambio, Schäfer no le veía mucho sentido a la descabellada teoría de Himmler sobre la raza aria ancestral.

¿La expedición nazi al Tíbet fue una ‘maratón’ de alcohol y caza?

«Nazis en el Tíbet», un nuevo libro publicado en Alemania, detalla cómo la famosa expedición nazi entre los años 1938-1939 encargada por Heinrich Himmler para descubrir unas supuestas raíces de la raza aria en el Tíbet se transformó en una larga ‘maratón’ de alcohol, informa ‘Daily Mail’.

Peter Meier-Hüsing, autor del libro, asegura que Himmler, obsesionado por la noción de una supuesta tribu perdida de hombres de cabellos rubios y de ojos azules de la que descendían los alemanes, se enteró de una posible expedición al Tíbet e hizo que todos los participantes fueran inscriptos en las SS.

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Sin embargo, las órdenes de Himmler de encontrar la evidencia de esa supuesta raza fueron ignoradas, según el autor, en gran parte por el equipo liderado por el naturalista alemán Ernst Schäfer.

La expedición quedó en la historia como una búsqueda para comprobar las teorías seudocientíficas de Himmler, algo que el nuevo libro disipa. Meier-Hüsing sostiene que la expedición «no fue una misión secreta cuidadosamente planeada por las SS, sino una caza de trofeos llevada a cabo por un brillante investigador y aventurero, y que había tenido lugar por casualidad».

Schäfer se unió a las SS en 1933, después de una expedición a China. Los gobernantes nazis de Alemania se interesaron en él tras enterarse de que planeaba penetrar en el hermético reino del Tíbet.

En 1936, Schäfer se encontraba en EE.UU. buscando financiación para su aventura, pero Himmler lo convocó de regreso a Alemania en un intento de utilizar su expedición para sus propios fines.

Según el autor, el naturalista definiría más tarde a su alianza con Himmler como su mayor error, pero afirmó que «era un oportunista que tenía un gran anhelo de reconocimiento».

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Esvásticas sobre un relieve tibetano en una fotografía tomada por la expedición de Schäfer de 1938 patrocinada por la Ahnenerbe. Los nazis buscaron pruebas en esta región que apoyase sus teorías pseudocientíficas de una relación con la «raza aria»

Atravesando la India, el equipo que llevaba cascos adornados con símbolos de las SS instaló un campamento cerca de la frontera con el Tíbet en Kongma La Pas.

Después de establecer contacto con los residentes locales, el consejo de ministros del Tíbet permitió que el «maestro de las cien ciencias» visitara la capital cerrada del budismo tibetano, Lhasa. Se les informó que no podían traer equipos científicos ni matar animales o pájaros.

Ambas directivas fueron ignoradas, según narra el autor del libro.

En Lhasa su «insaciable sed» se convirtió en motivo de conversación entre los nativos. «Invitaron a los notables del Tíbet a numerosas fiestas donde la cerveza fluía libremente y las canciones alemanas sonaban en el gramófono», apunta la revista ‘Der Spiegel’ en una revisión de la obra.

«Lo que se denominó oficialmente una reunión de ‘esvásticas occidentales y orientales‘ fue, de hecho, una fiesta inducida por el alcohol».

De acuerdo con el libro, cuando no estaban bebiendo, tampoco investigaban las raíces de la teoría de Himmler. En lugar de eso «cumplían con las metas naturalistas» de la expedición: mataban pájaros, recogían semillas e hicieron mapas de la región.

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Expedicionarios en Calcuta, en 1938. De izquierda a derecha, Karl Wienert, Ernst Schäfer, Bruno Beger, Ernst Krause y Edmund Geer

De regreso a Alemania, Himmler saludó a Schäfer y a sus compañeros de equipo en el aeropuerto de Berlín, donde obsequió al segundo un anillo con el símbolo de las SS y una daga de honor. Debido a la guerra, el relato de Schäfer sobre la expedición no fue publicado hasta 1950.

El maestro de las cien artes

Cuando Himmler asumió el patrocinio de la misión, convirtió a todos los integrantes del equipo en oficiales de las SS. No fue fácil adentrarse en el Tíbet.

En aquella época, el reino del dalái lama parecía una fortaleza cerrada al mundo. Los británicos habían forzado una cierta apertura: en 1903 entraron en el país con un ejército, pero el territorio consiguió mantener un estatus semiautónomo y prohibió el acceso a extranjeros.

Schäfer logró entrar engatusando a un funcionario con regalos y buenas palabras. Era muy persuasivo. El Consejo de Ministros del Tíbet autorizó al «maestro de las cien artes» y a sus hombres a visitar durante 14 días la ciudad prohibida de Lhasa.

El timo del buda nazi

«El hallazgo del siglo». En el año 2002, la prensa se hizo eco de la aparición de este buda de mil años, tallado en un meteorito y, decían, parte del botín recogido por los nazis en el Tíbet. La pieza tenía una cruz gamada invertida. Las especulaciones duraron poco. El Instituto de Paleontología de Stuttgart descubrió que era una falsificación hecha en Europa.

Era una historia digna de la quinta parte de Indiana Jones , tan extraordinaria que parecía mentira. Y, según denuncian ahora varios expertos, efectivamente lo era. La insólita estatua budista esculpida en un meteorito supuestamente hace 1.000 años puede ser, en realidad, una falsificación del siglo XX.

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En el 2012, un grupo de geólogos y expertos en meteoritos presentó al mundo la escultura.

Según su relato, que ellos mismos definían como “especulativo”, una expedición nazi al Tíbet en busca de las raíces de la raza aria regresó a Múnich en 1938 con la estatua de una deidad budista tallada en el siglo XI.

El análisis del material no dejaba lugar a dudas: la escultura, con una esvástica en el vientre, se forjó en un fragmento de 10 kilogramos del meteorito Chinga, caído hace unos 15.000 años en la actual frontera entre Mongolia y Siberia.

Ahora, una tromba de expertos en arte budista cae sobre el equipo de geólogos, liderado por el alemán Elmar Buchner, de la Universidad de Stuttgart.

La estatua pudo ser tallada en un meteorito, pero no hace 1.000 años por remotas culturas tibetanas, sino en el siglo XX por un torpe escultor europeo.

“El Lama que viste pantalones”

Es una falsificación “sin ninguna duda”, según explica el también alemán Achim Bayer. Este experto en cultura budista de la Universidad Dongguk, en Seúl (Corea del Sur), frunció el ceño con disgusto cuando vio la fotografía de la escultura en periódicos de todo el mundo.

Estaba llena de “características no asiáticas” obvias para cualquier especialista. Con sorna, Bayer ha bautizado a la imagen como “el lama que viste pantalones”.

Los pantalones que lleva la supuesta deidad budista esculpida en el meteorito “no se parecen a nada visto en la escultura de Tíbet o de Mongolia”. Las estatuas tradicionales, detalla, muestran túnicas y, ocasionalmente, espinilleras, “pero nunca pantalones”.

Además, la figura no aparece descalza ni con las botas tradicionales, sino que sus zapatos cubren sus pies “como los zapatos europeos, hasta los tobillos y no más”, destaca Bayer.

El experto ha encontrado 13 fallos groseros de la estatua que, a su juicio, indican que es una falsificación chapucera realizada en Europa entre 1910 y 1970. Y, ante la fama mundial de la escultura, ha colgado a toda prisa un artículo con todos estos errores en la web del Centro de Estudios Budistas de la Universidad de Hamburgo.

No ha habido tiempo para publicar el rapapolvo en una revista científica, pero Bayer subraya que sus críticas están respaldadas por Matthew Kapstein, uno de los principales tibetólogos de EE.UU., y por Carmen Meinert, autora del monumental libro Arte budista de Mongolia.

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Meteorito Chinga

Un veredicto demoledor

No son los únicos. John Huntington lleva estudiando esculturas budistas tibetanas prácticamente a diario desde enero de 1963.

En los foros de especialistas, este historiador del arte de la Universidad del Estado de Ohio (EEUU) fue uno de los primeros en rechazar la autenticidad de la estatua esculpida en el meteorito.

La casa editora de la revista Meteoritics and Planetary Science envió el 26 de septiembre a la prensa un comunicado para presentar el descubrimiento. Apenas 48 horas después, Huntington envió su demoledor veredicto a sus colegas.

“La escultura parece un pastiche de elementos que no tienen nada que ver unos con otros y, por lo tanto, es probable que sea una pieza de fantasía moderna, de entre 1920 y 1940”, escribió.

Uno de los fallos principales, recalcó, es que tanto la cara como el tipo de barba de la imagen son completamente ajenos al Tíbet.

Para Huntington, la obra es “el producto de un escultor europeo muy ignorante en cuanto al arte tibetano que o estaba simplemente divirtiéndose o intentaba cometer un fraude en un nivel muy básico”.

El fragmento del meteorito habría llegado a Europa en bruto y a comienzos del siglo XX un zafio artista habría esculpido una estatua pseudobudista con la que timar a coleccionistas incautos.

La escultura salió a la luz en 2007, cuando murió su propietario y salió a subasta por un precio que no ha trascendido. Ahora es propiedad de un coleccionista austriaco que esconde su identidad.

Bayer cree que la falsificación se preparó para el mercado de las antigüedades o incluso para el lucrativo mercado de los souvenirs nazis . La vinculación con la expedición de las SS al Tíbet, opina, fue un truco más para estafar a un coleccionista papanatas.

“Son especulaciones”

El geólogo alemán Elmar Buchner se defiende de las duras críticas a su hipótesis. “El objetivo de nuestro estudio era mostrar que la estatua está hecha a partir de un meteorito y que este meteorito es parte del Chinga [caído hace unos 15.000 años en lo que hoy es la frontera entre Mongolia y Siberia]. Este es un hecho que nadie duda. Por lo tanto, no es una falsificación”, esgrime.

Buchner acusa a los medios de comunicación de haber puesto el foco en el origen de la estatua y en su edad. “En nuestro estudio, le contamos al lector lo que sabemos sobre estos aspectos, pero explícitamente declaramos que son especulaciones”, afirma.

Sin embargo, el comunicado que envió la revista científica en la que se publicó el estudio se titulaba directamente “Una estatua budista descubierta por una expedición nazi está hecha a partir de un meteorito”.

El especialista en meteoritos argumenta que dos expertos en historia del arte revisaron su estudio antes de que se publicara. “No dudaron de que el origen de la estatua se sitúa en la cultura Bön [una tradición chamánica tibetana del siglo XI]”, señala. “Por supuesto, estas opiniones son confidenciales”, asegura.

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Unidades militares de Estados Unidos adoptaron la esvástica durante la Primera Guerra Mundial.

Cómo el mundo amó la esvástica, hasta que los nazis se la apropiaron

En el mundo occidental la esvástica es sinónimo del fascismo, pero el símbolo se remonta miles de años y ha representado buena fortuna en casi todas las culturas del mundo. A medida que se tiene más evidencia de su pasado pre nazi en Europa, ¿podrá este antiguo emblema librarse de su asociación con el mal?

En la arcaica lengua del sánscrito, la esvástica significa «bienestar». El símbolo ha sido utilizado en el hinduismo, budismo y jainismo y se presume que sea de origen indio.

Inspiró a los primeros viajeoros occidentales en Asia, por sus antiguas y positivas asociaciones, y lo empezaron a utilizar en sus tierras. Para principios del siglo XX, la esvástica estaba de moda como un benigno símbolo de buena suerte.

Coca-cola y Boy Scouts

En su libro La Esvástica: ¿símbolo irredimible?, Steven Heller, un escritor estadounidense que se especializa en diseño gráfico, muestra cómo el emblema fue adoptado con entusiasmo en Occidente como figura arquitectónica, en la publicidad y en el diseño de productos.

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Coca-cola anunciaba su producto con una esvástica en EE.UU. donde también se jugaba con naipes estampados con ese símbolo.

«Coca-cola lo la utilizó. Carlsberg la puso en sus botellas de cerveza. Los Boy Scouts la usaron y su contraparte femenina, el Club de Niñas de América, bautizó su revista Esvástica. Inclusive mandaban insignias de esvásticas a sus jóvenes lectores como premio por vender copias de la revista», expresó Heller.

ambién fue adoptada por unidades militares de Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial y podía verse estampada en los aviones de la Real Fuerza Aérea hasta 1939. La mayoría de estos usos benignos del emblema llegaron a su fin en los años 30, con el ascenso de los nazis en Alemania.

El uso de la esvástica por los nazis proviene del trabajo de académicos alemanes del siglo XIX quienes, al traducir antiguos textos indios, se dieron cuenta de las similitudes entre su propio idioma y el sánscrito.

Concluyeron que los indios y los alemanes tuvieron que tener ancestros comunes y se imaginaron una raza de guerreros blancos que llamaron arios.

La idea echó raíces entre grupos nacionalistas antisemitas que se apropiaron de la esvástica como un símbolo ario para impulsar la idea de la existencia de un antiguo linaje de los pueblos germanos.

Símbolo odiado del siglo XX

La cruz negra y angulada (Hakenkreuz, en alemán) sobre el característico círculo blanco y fondo rojo de la bandera nazi se convertiría en el símbolo más odiado del siglo XX, vinculado inextricablemente a las atrocidades perpetradas por el Tercer Reich.

«Para el pueblo judío la esvástica es un símbolo de temor, supresión y exterminación. Es un símbolo que jamás podrán cambiar», manifestó el sobreviviente del Holocausto de 93 años, Freddie Knoller. «Si colocan esvásticas en lápidas o sinagogas, nos llena de pavor. Definitivamente no puede suceder otra vez».

La esvástica se prohibió en Alemania al final de la guerra y ese país intentó sin éxito de introducir un veto generalizado en la Unión Europea, en 2007.

La ironía es que la esvástica es más europea de lo que muchos se imaginan. Descubrimientos arqueológicos han demostrado hace mucho tiempo que la esvástica en un símbolo muy antiguo, pero esos ejemplos del pasado no solo están limitados a India.

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No solo el empaque de esta fruta de California sino el nombre del producto se asoció con la esvástica.

Es símbolo fue adoptado por los griegos clásicos, los celtas, los anglosajones y algunos de los ejemplos más antiguos se han encontrado en Europa Oriental, desde el Báltico hasta los Balcanes.

Si quiere ver que tan arraigada está la esvástica en los patrones de diseño de Europa, un buen sitio para empezar es en Kiev, donde el Museo de Historia Natural de Ucrania tiene una impresionante gama de exposiciones.

Imitación de la naturaleza

Entre los tesoros más preciados está una pequeña figura de marfil de un ave hembra. Hecha del colmillo de un mamut, se encontró en 1908 en el asentamiento paleolítico de Mezin, cerca de la frontera con Rusia.

En el torso del ave está tallado un intrincado diseño ondulante de esvásticas entrelazadas. Es el patrón de esvásticas más antiguo jamás descubierto en el mundo y su datación por carbono es de 15.000 años de antigüedad.

El ave se encontró con una serie de objetos fálicos que sostienen la teoría que el patrón de esvásticas era un símbolo de fertilidad.

En 1965, una paleontóloga llamada Valentina Bibikova descubrió que el patrón curvilíneo de esvásticas en el ave es muy parecido al patrón natural visible en un corte transversal de marfil.

¿Podría ser que los talladores paleolíticos de la figura están simplemente reflejando lo que veían en la naturaleza: un inmenso mamut que asociaban con el bienestar y la fertilidad?

Las esvásticas simples empezaron a aparecer en la cultura neolítica vinca a través del sudeste europeo hace unos 7.000 años. Pero fue en la Edad de Bronce cuando se difundieron por todo el continente.

En la colección del museo hay ollas de barro con esvásticas sencillas rodeando la parte superior que datan de hace 4.000 años.

Cuando los nazis ocuparon Kiev en la Segunda Guerra Mundial, estaban tan convencidos de que esas ollas eran evidencia de sus propios ancestros arios que se las llevaron de regreso a Alemania. (Fueron devueltas después de la guerra).

Antiguos griegos

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La arquitectura, desde la de la antigua Grecia (izq.) hasta la del contemporáneo EE.UU. (der.) tiene motivos con esvásticas.

En la colección griega del museo, la esvástica está visible como un ornamento arquitectónico que ha venido a llamarse el patrón griego en llave, utilizado ampliamente en baldosas y textiles hasta hoy en día.

Los griegos antiguos también utilizaron el emblema en sus diseños de jarrones y envases. Un fragmento de la colección que viene del siglo VII A.C. representa la esvástica con manecillas que se desdoblan debajo de la barriga de una cabra.

Quizás la exposición más sorprendente del museo es unos frágiles fragmentos de textiles que had sobrevivido desde el siglo XII D.C. Se cree que pertenecieron al cuello del vestido de una princesa eslava, bordado con cruces y esvásticas doradas para repeler el mal.

La esvástica continuó siendo un diseño popular en el bordado de Europa Oriental y Rusia hasta la Segunda Guerra Mundial.

Un autor ruso llamado Pavel Kutenkov ha identificado casi 200 variaciones en la región. Pero la cruz angular continúa siendo un símbolo cargado de polémica.

En 1941, Kiev fue sede de una de las peores matanzas durante el Holocausto, donde casi 34.000 fueron masacrados en el barranco de Babi Yar.

En Europa Occidental el uso de esvásticas autóctonas se extinguió mucho antes de la era moderna pero hay ejemplos que se pueden encontrar en lugares como la famosa Piedra de la Esvástica de la Era de Bronce, en Yorkshire, Inglaterra.

«Amor por la esvástica»

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En el hinduismo la esvástica es símbolo de paz y prosperidad.

Hay quienes creen que esta larga historia podría ayudar a revivir el símbolo en Europa como algo positivo.

Peter Madsen, dueño de un salón exclusivo de tatuajes en Copenhague, dice que la esvástica es un elemento de la mitología nórdica que atrae mucho a los escandinavos.

Él es uno de los fundadores de «Aprenda a Amar la Esvástica» un evento del 13 de noviembre, del año pasado, cuando artistas del tatuaje ofrecieron grabar esvásticas gratis para crear consciencia sobre el extenso pasado multicultural del símbolo.

«La esvástica es un símbolo de amor y Hitler abusó de ella. No estamos tratando de reclamar la Hakenkreuz. Eso sería imposible. Y tampoco es algo que queremos que la gente olvide», señaló.

«Solo queremos que la gente sepa que la esvástica se manifiesta en otras formas, ninguna de las cuales fue utilizada para el mal. También estamos tratando de mostrarles a los fascistas de extrema derecha que no es correcto su uso de este símbolo. Si podemos educar al público del verdadero significado de la esvástica, tal vez podemos arrebatársela a los fascistas».

Pero para aquellos como Freddie Knoller, que vivió en carne propia los horrores del fascismo, la propuesta de aprender a amar la esvástica no es tan fácil.

«Para la gente que experimentó el Holocausto, siempre recordaremos los que la esvástica era en nuestras vidas; un símbolo de pura maldad», afirmó.

«No sabíamos que el símbolo se remonta a tantos miles de años. Pero creo que es interesante que la gente sepa que la esvástica no siempre fue un símbolo del fascismo».

nuestras charlas nocturnas.

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