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La horrorosa historia del psicópata nazi que dirigía las cámaras de gas de Auschwitz …


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Otto Moll dirigía las cámaras de gas en el campo de concentración de Auschwitz Birkenau

Infobae (M.Bauso)/Foro Segunda Guerra Mundial(Hundi)  —  Otto Moll era un monstruo.

Quizá haya sido uno de los seres más monstruosos en ese universo maléfico que fueron los campos de concentración y de exterminio.

En un ambiente deshumanizado, él traspasó los límites de la crueldad y de la abyección.

Fue, entre otros cargos que ocupó, el encargado de los hornos crematorios de Birkenau. Sobre él se han contado las historias más terribles.

De escasa estatura, algo excedido de peso, con cara redondeada, sonrisa fácil, pelo rubio y con la nariz coloreada por las pecas, a primera vista nadie sospechaba de él.

Sin embargo pasados unos pocos minutos, cualquier testigo se daba cuenta que Moll era uno de los hombres más temidos de todo el complejo de Auschwitz.

Había nacido en Alemania en 1915. A los 20 años se afilió al partido Nazi.

La oratoria de Hitler lo cautivó. Consiguió un empleo en el servicio penitenciario.

Allí realizó las más diversas tareas. Sus jefes reconocían el entusiasmo del joven empleado. Siempre estaba dispuesto a obedecer, se quedaba después de hora, era el primero en llegar.

Eso le permitió conseguir pequeños ascensos. Ya empezada la Segunda Guerra fue trasladado al campo de concentración de Sachsenhausen.

Allí se encargaba de tareas de jardinería, debía liderar el talado de árboles y la poda de plantas para que fueran construidas nuevas instalaciones.

Era una especie de jardinero con un promisorio futuro entre los nazis. Tal vez porque trabajaba con la tierra y con los árboles, fue derivado a Auschwitz en 1941.

Se le encomendó dirigir el equipo que debía cavar las fosas comunes en las que se enterraban la enorme cantidad de cadáveres que el campo ya había empezado a producir diariamente. Moll hacía trabajar a su equipo de prisioneros sin descanso.

Les gritaba, los amenazaba y hasta fue capaz de matar a alguno de los que cavaban porque no lo hacía al ritmo demandado.

Predicaba con el ejemplo: muchas veces él mismo tomaba una pala y les mostraba durante unos minutos la velocidad adecuada de trabajo.

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El campo de concentración de Auschwitz Birkenau.

Rápidamente, este joven de 27 años mostró que era capaz de cualquier cosa. En ese mundo retorcido y descolocado que eran los campos de concentración eso era una virtud.

Se convirtió en el hombre de confianza de Rudolf Hoss, comandante de Auschwitz. Hoss puso a Moll a cargo de cada tarea que tuviera que ver con el manejo de cadáveres y con la velocidad de ejecución.

Moll se tomó el papel muy a pecho. Y motu propio pasó a ser una especie de gran supervisor del camino de la muerte en Auschwitz. Era él quien recibía los contingentes en su llegada a la estación. Se paseaba entre los prisioneros, controlaba que se cumpliera cada paso planeado. Todo estaba señalizado.

Él los recibía con un megáfono. Les explicaba con amabilidad que serían reasignados, que se les daría un nuevo lugar de alojamiento, comida y trabajo. Pero que luego de tan largo viaje, merecían un baño, cuestión que se hacía indispensable luego del hacinamiento en los vagones.

Alguna vez hasta le notaron la voz afectada como transmitiendo pesar por las desgraciadas peripecias del viaje. Lo que él pretendía era que el engaño no se develara, que no hubiera pánico colectivo que complicara las cosas, que las víctimas ingresaran mansas y sin temores a las cámaras de gas.

Para darle verosimilitud a esto había preparado una gran escenografía. Una ambulancia, las cámaras camufladas como baños, los que tomaban los equipajes casi representando el papel de botones de hotel que los llevarían a las habitaciones.

A Moll le gustaba comandar estos paseos fúnebres. Lo hacían sentir importante, poderoso.

Una escena cotidiana. Otto Moll, seguido por un par de subalternos, entraba a una barraca de recién llegados, de algunos de los hombres que habían tenido la suerte de pasar la selección inicial.

Con una sonrisa y voz firme anunciaba que estaba necesitando hombres fuertes y sanos para tareas muy importantes en una fábrica de caucho.

A pesar de que hacía pocas horas que estaban allí, los detenidos habían mirado a su alrededor y comprendían que cualquier destino parecía mejor que ese (aunque ni la más fértil imaginación podía figurarse lo atroz de lo que vendría).

Todos, los fuertes y los débiles, daban un paso al frente con la ilusión de obtener ese puesto laboral, esa promesa de mejor destino. Moll se paseaba entre ellos y los escrutaba. Se sentía un dios. Él decidía sobre el destino de las personas. Disfrutaba de las caras tensas, de las miradas hacia el frente, del temor que exudaban los detenidos a su paso. Eso era el poder para él.

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Otto Moll, uno de los mas temibles asesinos nazis

Elegía a unos cientos de hombres que formaban la fila felices, tratando de disimular la sonrisa.

Todavía no sabían que serían los nuevos Sonderkommandos, los encargados de las tareas cotidianas en las cámaras de gas y en los hornos crematorios.

Tampoco sabían que sus antecesores, habían terminado dentro de esas cámaras y convertidos en cenizas en esos mismos hornos que ellos alimentarían desde ese momento.

Los Sonderkommandos fueron las unidades especiales creadas por los nazis integradas por prisioneros de los campos de concentración, en su mayoría judíos, a los que les asignaron tareas en las cámaras de gas y los crematorios.

Los hombres debían gozar de buena salud y cierta fortaleza física.

No conocían qué cariz tendría su tarea hasta que les ordenaban llevar a cabo las primeras acciones.

Eran operarios de una fábrica. De la fábrica de muerte.

Bajo el mandato de Moll, los Sonderkommandos pasaron de unos cientos a ser más de un millar.

Cada un cierto tiempo se producía el recambio. Cuando ya estaban muy desgastados, cuando los problemas de conducta se multiplicaban o simplemente cuando se le antojaba, Moll ordenaba asesinar a los hombres a su cargo y los reemplazaba por recién llegados.

Eso tenía una sola desventaja para él: debía hacer todo su “numerito” de nuevo. Una especie de acting indignado en el que se vanagloriaba de su involucramiento, de conocer cada faceta práctica del ciclo genocida. Estaba orgulloso de su compromiso. Con él todos debían trabajar al máximo.

De este modo cuando se sumaba un nuevo grupo, cuando estaban en medio de las tareas en sus primeros (largos) turnos de labores, Moll los sorprendía ingresando enérgico a las cámaras de gas inundadas de cadáveres. Pegaba un grito y lograba centrar la atención de los demás sobre él. Se arremangaba las mangas de su camisa y se ponía a arrastrar cuerpos hacia el patio externo a un ritmo frenético.

El trabajo debía ser hecho rápido. Luego pasaba por cada estación mostrando cómo debía hacerse cada tarea. Revisaba los cadáveres por si todavía conservaban algo de valor y cuando lo encontraba lo blandía satisfecho hacia los cuatro puntos cardinales para demostrar su pericia, para que nadie se quedara sin saber que él había recuperado un anillo de oro.

Después, al siguiente grupo de trabajo, le quitaba las tijeras de las manos y las máquinas para mostrarles cómo se cortaba el pelo de los cadáveres a gran velocidad. De ahí se dirigía hacia los “dentistas”: los prisioneros que con unas pinzas arrancaban los dientes y coronas de oro de las bocas de los cuerpos.

No se impresionaba con la espuma que salía de la boca de los muertos por el envenamiento con gas, y con fría habilidad extraía las piezas buscadas. Si alguno vomitaba por la impresión ante el cuadro, ordenaba ejecutarlo allí mismo.

Una vez terminado este periplo, Moll volvía al punto de partida. Entraba de nuevo a la cámara de gas y les mostraba la manera en que debían barrer, fregar los pisos y limpiar la sala para que ingresara el siguiente contingente de víctimas.

Cada tanto, Moll se paseaba por los galpones y barracas en los que se almacenaban los bienes requisados a los que llegaban Auschwitz. No le importaba que hubiera testigos. Se paseaba con lentitud y elegía minuciosamente joyas y objetos de valor que guardaba en un maletín que llevaba consigo.

Si lo deseado no entraba en ese maletín siempre conseguía dos sonderkommandos que se lo llevaran hasta su oficina. No era un robo según su manera de ver. Tan sólo una justa retribución, un plus adecuado por su probidad profesional.

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Incineración de los cadáveres.

Una anécdota sobre su personalidad es tristemente famosa, contada por Shlomo Venezia, uno de los prisioneros miembros del Sonderkommando de Auschwitz: al final de un gaseamiento se descubrió en medio de los cadáveres un recién nacido vivo, firmemente envuelto en una almohada.

Shlomo y los otros del Sonderkommando llevaron el paquete al Oberscharführer Moll, que estaba frente a los hornos crematorios, diciendo que el pequeño había sobrevivido. Otto Moll, con la máxima calma, tendió en el suelo al niño que todavía estaba moviendo sus pequeños brazos y se golpeó el cuello con su bota, luego lo arrojó al fuego del horno.

Fueron varios los burócratas nazis que manifestaron su satisfacción por la labor bien hecha. Ellos desde sus oficinas y escritorios se vanagloriaban por la logística montada y su eficacia. Sin embargo no se encuentran demasiados que, contacto con las víctimas, demostraran esa satisfacción.

Una de esas excepciones fue, sin dudas, Otto Moll. Él tenía una enfermiza pasión por el crimen, por matar a otros seres humanos. Disfrutaba de lo que hacía. No conocía el remordimiento. Era un psicópata que atemorizaba a todos los que lo rodeaban, los que lo veían en acción.

En unos pocos movimientos, podían reconocer que ese hombre era capaz de cualquier cosa, que no había frontera moral, que no había acto malvado que él no pudiera ejecutar. Uno de los escasos sobrevivientes entre los Sonderkommandos dijo de él: “Era tan atroces las cosas que hacía que Mengele, comparado con él, parecía un hombre con escrúpulos”.

Ya en 1944, Moll estuvo a cargo de los prisioneros húngaros y de su exterminio. Eran deportados de a miles por día. Eichmann enviaba trenes repletos cada jornada. El mismo Eichmann se mostró sorprendido de la manera en que en Birkenau se encargaban de eliminar tantos miles por día.

Para conseguir eso, los nazis recurrieron a sus dos mejores hombres, a los más crueles. A Rudolf Hoss y a Otto Moll. Ambos habían sido desplazados poco antes por múltiples denuncias de abusos, crímenes aberrantes no sólo de prisioneros (asunto que a los nazis no les interesaba demasiado) y robos varios.

Ellos dos pusieron a trabajar al máximo la fábrica de la muerte.

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En los juicios posteriores al fin de la guerra, los testimonios en contra de su actuar fueron unánimes. Cada uno de ellos mostró la inhumanidad de Moll. Sólo algunos ejemplos.

Al tiempo de empezada la masacre, los nazis descubrieron con asombro que resultaba mucho más sencillo matar gente que deshacerse de los cuerpos. Así Moll se especializó en fosas comunes, hogueras gigantescas, piras enormes y hornos crematorios.

Solía remarcar su habilidad para poner en funcionamiento mecanismos industriales de eliminación de cadáveres.

Como él estaba presente en cada paso, en cada estación de ese trayecto que llevaba a las víctimas de los vagones de tren hasta las cámaras de gas, y en virtud de su alto rango y de su influencia interna en Birkenau, podía intervenir en cualquier paso de ese camino.

De ese modo, en algunas ocasiones, hacía formar largas filas a mujeres desnudas, sólo para regodearse con sus cuerpos. Las manoseaba al borde de las grandes fosas dónde el fuego consumía los cadáveres ya gaseados. Luego él mismo, les disparaba en el vientre, en sus pechos o en el pubis. Y se quedaba viéndolas consumidas por el fuego.

Inventó otro “juego”: ataba en forma de cruz a una víctima, con los brazos y las piernas bien extendidos y distanciados entre sí. Para que los aullidos de dolor no lo molestaran, los hacía amordazar.

Luego varios oficiales disparaban contra él. Pero, los tiros debían dirigirse hacia los tobillos y las muñecas. El que ganaba el juego era el que conseguía primero separar una mano o un pie del resto del cuerpo.

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Rudolf Hoss, el jefe de Otto Moll en Auschwitz, momentos antes de ser ahorcado

Era Moll, también, el que se encargaba de las represalias cuando los prisioneros cometían algún acto que afectaba el orden interno impuesto por los nazis. La idea, en esos casos, no era castigar a los rebeldes o díscolos sino atemorizar al resto, aleccionarlos sobre las consecuencias.

Cuando había algún intento de fuga, el acto de la revancha quedaba a cargo de Moll. Su sadismo era ideal para los fines que Rudolf Hoss, el terrible y ambicioso comandante del campo, buscaba. Con todos formados, Moll se convertía en el maestro de ceremonias.

Gritaba, pontificaba, insultaba. Y de tanto en tanto sacaba alguien de las filas y lo asesinaba a la vista de todos. El número de muertos siempre multiplicaba al menos por diez al de los fugados. La proporción era esa. Y la elección de quienes serían matados por él era lo más arbitraria posible.

El mensaje era claro, aunque redundante dadas las circunstancias: a cualquiera le podía tocar.

Según la obra del historiador Jeremy Dixon, al SS Otto Moll, se le atribuyen varios crímenes entre los cuales se encontraban:

•Moll colocó mujeres desnudas en fila frente a piras donde se quemaban cuerpos de prisioneros muertos y les disparaba al abdomen vigilando como se consumían en el fuego aún heridas.

•En una ocasión descubrió a un prisionero del Sonderkommando en posesión de un anillo de oro. De inmediato Moll lo roció de gasolina y lo quemó vivo.

•Otro detenido fue colgado de las manos, procediendo Moll a dispararle hasta desprenderle los brazos. Posteriormente repitió el proceso pero disparándole a los pies de otro prisionero.

•Otro testimonio sobre el sadismo de Moll, señala que el SS, separó a un niño de su madre al llegar al Crematorio IV, el cual tenía dos enormes fosos donde ardía grasa humana y lanzó al niño a una de esas fosas donde falleció quemado con el resto de los cuerpos.

•el 18 de diciembre de 1943, cuando un grupo de prisioneros regresaba de las minas de Brzeszcze-Jawischowitz, uno de los detenidos escapó de la sección de trabajo que pertenecía a Auschwitz III.

Después que los prisioneros regresaron Moll quien era el comandante del campo, ordenó formar a los prisioneros en el área de patio del campo.

Sin juicio ni investigación escogió a unos pocos prisioneros y les disparó personalmente frente a las demás columnas de prisioneros dejando los cuerpos de los detenidos en el sitio hasta el día siguiente.

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Höss fue ahorcado en su propio campo el 16-07-1947, a los 45 años, tras un juicio en Varsovia.

Otto Moll siguió siendo cruel hasta el final. Él fue uno de los que comandó la Marcha de la Muerte. Esas peregrinaciones imposibles que los nazis les hicieron emprender a los detenidos en Auschwitz ante la inminencia de la llegada de los Aliados.

Todos los que podían moverse fueron puestos a caminar centenares de kilómetros, sin abrigo, sin agua y sin alimentación. Gran parte de ellos murieron por las enfermedades previas o de inanición. Otros fueron asesinados por órdenes de Moll, bajo la acusación de retrasar al contingente.

Fue apresado pocos días después de esa Marcha de la Muerte. Estuvo detenido y fue citado a declarar en Nuremberg. A él lo juzgaron en Dachau. En el primer interrogatorio al que fue sometido por los fiscales y los jueces negó tener participación alguna en las cámaras de gas. Dijo que él nunca había matado a nadie.

Una ola de estupor recorrió la sala. Cuando fue repreguntado insistió en que él sólo se dedicaba a tareas de jardinería. Todo parecía una burda broma. Pero a Moll, en el banquillo, no se le escapaba ni una sonrisa.

Cuando los interrogadores intentaban que dijera algo más, él sólo afirmaba algo que se había convertido en un credo para él, la justificación a su enorme cantidad de crímenes: Las órdenes son órdenes.

De ese modo quería convertir su sadismo, su sede asesina, su regodeo en el sufrimiento ajeno, su compulsión al crimen, quería convertir todo eso en una virtud. En su aplicación y obediencia ante sus superiores jerárquicos.

Luego, con ese mismo fin, pidió ser careado con Rudolf Hoss, su comandante en Auschwitz.

Hoss había declarado que Moll había cometido varios crímenes y revelado lo que los investigadores aliados ya sabían: los cargos que ocupó en el sistema concentracionario.

En el careo, que Moll como buen psicópata intentó controlar pero fue frenado por los jueces, reconoció que mató varios hombres disparándoles en la nuca pero no quiso precisar cifras.

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Moll, Otto, nacido el 3 de abril de 2015 en Hohenschonberg, fue un SS-Hauptscharführer y parte del personal de Auschwitz. Se incorporó a las SS el 01-05-1935, número 267670. en momentos de ser ajusticiado.

Interrogatorio a Otto Moll y Rudolf Hoess -extracto-

Extracto de la interrogación de Otto Moll y Rudolf Hoess hecha en Nuremberg el 16 de abril de 1946, entre las 14:15 y 16:15, por el Teniente coronel Smith W.Brookhart (la interrogación fue conducida en inglés y en alemán)

Interrogador. Usted es mismo Otto Moll que apareció aquí esta mañana y usted entiende que sus declaraciones aquí son hechas bajo juramento?

Moll. Sí. ¿Puedo hacer una petición por favor?

Int.. Sí.

Moll. En Landsberg hice una petición que yo debia ser confrontado con Rudolf Hoess, el comandante del Campo Auschwitz, de modo que yo pueda declarar frente a Hoess y Hoess puede declarar delante de mí. Le solicito que esta peticion me sea concedida. Me gustaría que Hoess declarara en mi presencia, me gustaría verlo hacer las declaraciones en mi presencia y asi poder declarar con la verdad.

Int. Asumiendo que usted es confrontado por Hoess, es usted dira la verdad, o usted no va a seguir contandonos la misma declaracion qué nos dio esta mañana?

Moll. No. Quiero que Hoess venga aquí y testifique sobre las ordenes que me dio y puedo decir ‘sí’ o ‘No’ en cuanto a lo que es verdadero y lo que no es verdadero. Hoess debería venir aquí y decir que órdenes me dio, que tareas me asigno y de la cuales cumpli y luego puedo negar o confirmar lo que él dice.

Int. Q. Conduciremos la interrogación en la manera que deseamos y en basea los hechos en los cuales estamos interesados. Usted debe escuchar cuidadosamente, usted no debe interrumpir o hacer ningún sonido en absoluto hasta que le sea permitido. ¿Entiende usted esto?

Moll. Permaneceré en silencio y escucharé.

Int. Le darán la oportunidad de hablar en el tiempo apropiado.

Moll. Por favor apruebe esta petición en la cual Hoess puede entrar aquí y repetición su testimonio incriminatorio contra mí. Me es doloroso y molesto para mí para ver que él, el comandante, camine libre por los alrededores, cuando yo que tengo que andar engrilletado junto a un guardia.

Int. No nos interesa lo que usted sienta sobre ese asunto.

https://i.ytimg.com/vi/SW-Df9yZcHo/hqdefault.jpg(Rudolf Hoess, el comandante del Campo de Auschwitz, entra en el cuarto)

Int. Es usted mismo Rudolf Hoess que ha aparecido aqui y testificado en varias ocasiones?

Hoess. Sí.

Int. Entiende usted que las declaraciones que usted ha hecho han sido bajo juramento?

Hoess. Sí.

Int. Usted conoce a esta persona que se sienta a su derecha que esta engrilletado junto al guardia?

Hoess. Sí.

Int. ¿Cuál es su nombre?

Hoess. Otto Moll.

Int. ¿Dónde lo conocio?

Hoess. Primero en Sachsenhausen y más tarde en Auschwitz.

Int. ¿Qué hacia Otto Moll en Sachsenhausen y más tarde en Auschwitz?

Hoess. En Sachsenhausen él era un jardinero y más tarde en Auschwitz él lideraba varias tareas y más tarde él fue supervisor durante varias acciones.

Int. Usted quiere decir que esas acciones por lo cual la gente fue ejecutada y más tarde enviada al crematorio?

Hoess. Sí.

Int. Usted nos dijo esta mañana sobre su primera asignación fue en 1941 cuando los graneros fueron convertidos en una planta de exterminio. Va usted a repetir lo que dijo sobre eso?

Hoess. Al principio él trabajó en la granja y luego más tarde lo moví a la casa de granja, que fue usada como una planta de exterminio profesional.

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Cabello recogido de las mujeres asesinadas en exhibición en el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau.

Pregunta dirigida a Otto Moll

Int. ¿Otto Moll, lo que el testigo ha dicho es verdadero?

Moll. Primero, estuve trabajando en conexion con las excavaciones de las fosas comunes. Hoess sabe esto. Él está equivocado si él dijera que yo trabajado en los edificios donde el gaseo fue realizado. Al principio yo trabaje en la excavación de las fosas comunes y él debe recordar esto. Hoess, usted recuerda a Swosten, Blank, Omen, Hatford y Garduck? Ellos son la gente que trabajó en el edificio en el momento que usted alegó que trabajé allí y yo trabajaba en excavaciones. Seguramente Hoess recuerda esto.

Pregunta dirigida a Rudolf Hoess

Int. ¿Es correcto?

Hoess. Lo que dijo Moll es correcto en que el primero trabajo en las excavaciones – que era antes de que él estuviera siendo usado para las ejecuciones.

Pregunta dirigida a Otto Moll.

Int. Lo que se ha dicho aqui, asi como se lo dije en esta mañana, que usted fue responsable de esa operacion, la cual era la ejecucion de las personas y la destruccion de los cuerpos, en un matadero improvisado.

Moll yo era responsable de ver que los cuerpos fuesen quemados luego que estos hayan sido asesinados. Yo nunca fui responsable por la supervision de las matanzas. Los oficiales y los medicos que estuvieron presentes lo fueron, asi como mi comandante en ese entonces, Hoess deberia poder confirmar esto.

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Por lo general, de cuatro a cinco cuerpos fueron cremados juntos en los hornos crematorios en Auschwitz.

Preguntas dirigidas a Rudolf Hoess

Int. ¿Qué nos dice sobre esto?

Hoess. Cuando dije esta mañana, lo dicho por Moll es en parte correcto. Como habia explicado, el gas era lanzado en la cámara por el pesonal médico y Moll no eran responsable de supervisar el proceso completo, que comienza con la llegada del transporte y la incineración de los cadáveres, él solo era responsable de una parte de este proceso, al menos al principio.

Int. Usted habia dicho que él era responsable de ver que esta gente fuera exterminada.

Hoess. Creo que me entendieron mal. Lo que dije, o que quise dar a entender, era que Moll era responsable en los edificios donde él trabajó. Al principio, ver que desnudaran a la gente en la manera ordenada, y después de que ellos fueron asesinados, ver que los cuerpos fueran eliminados en cierto orden, más tarde cuando la extensa planta de exterminio era completada, él seria responsable de la planta entera.

Int. De qué operaciones en la planta él era responsable?

Hoess. Él era responsable de todo, incluso la conducción de las personas hacia las cámaras de gas y después de esto, encargar se la remocion de los cuerpos para luego quemarlos.

Int. Por favor repita lo que dijo sobre Moll, que le dispara a la gente en la nuca.

Hoess. Cuando expliqué esta mañana, aquellos que eran demasiado débiles para ser enviados la cámara de gas, o quién no podían moverse por alguna otra razón, Moll les disparaba en la nuca con armas de calibre pequeño o alguno de sus compañeros lo hacia.

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Otto Moll fue uno de los prisioneros que fue ahorcado en Landsberg, donde la horca se enfrentaba a la antigua celda de la prisión de Adolf Hitler.

Preguntas dirigidas a Otto Moll

Int. ¿Bien, qué dice usted sobre esto?

Moll. Puede ser cierto que yo les haya disparado a algunos de ellos, pero esto era numero pequeño y a mí me gustaría saber si Hoess alguna vez me vio hacerlo.

Int. Le dije esta mañana que Hoess dijo que él le vio hacerlo muchas veces y muchos otros también.

Preguntas dirigidas a Rudolf Hoess.

Int. Hoess, es esto correcto?

Hoess. Sí, es correcto. Mencioné esta mañana que comparativamente pocos habian muerto de esa forma.

Int. Usted no podía decir si estos fueron disparados por docenas o por cientos? Ese era su problema.

Hoess. No podria indicarle un número exacto — que es imposible para tantos años; hubieron muchos. A veces habían unos cuantos de cada transporte entrante y a veces no había ninguno. Por eso yo no puede decirle el número exacto.

Preguntas dirigidas a Otto Moll.

Int. Bueno, esto es lo primero que usted en realidad admite, ahora nos dice la verdad sobre algo en lo que nos mintio esta mañana. Esta usted listo para decir la verdad su responsabilidad en otros actos?

Moll. Si, solo dire la verdad mientras mi comandante este presente, dejen que mi comandante les diga que cosas hacia y cuales eran mi obligaciones.

Int. Ya sabemos lo que dijo Hoess, lo que necesitamos ahora es su testimonio. Usted nos pidio anteriormente la oportunidad de contar su version de los hechos, por lo cual trajimos a Hoess aqui.

Moll. No, yo pedi que me interrogaran en presencia de Hoess.

Pregunta dirigida a Rudolf Hoess.

Int. En esta manaña usted nos comento que Moll era el hombre indicado para llevar el exterminio, ya que el manejaba los grupos de prisioneros y guardias, mucho mejor que otros de sus subordinados. Es eso correcto?

Hoess. Si.

Preguntas dirigidas a Otto Moll.

Int. Moll, nos podria decir cual era el metodo para elegir a los capos del campo, y cuentenos cual fue el mejor metodo que pudo encontrar para manejar a los guardias quienes se encargaban del transporte en el cual llegaban los prisioneros.

Moll. Cuando me asignaron esa tarea, todos los detalles concerniente a este ya estaban preparados. Mis Oberfuhrers ya se habian encargado de seleccionar a los capos del campo o como les quieran llamar a ellos. Fui muy responsable en cuanto a mi trabajo, nunca llegue o estuve ebrio en horas de trabajo, o cuando estaba con los prisioneros nunca recibieron maltrato de mi parte, yo logre que el trabajo de los prisioneros fuese exitoso ya que yo mismo, los ayude con mis propias manos. Los prisioneros siempre me respetaron, porque mi comportamiento era el propio de un soldado ejemplar, estando ahi, se me asignaron los trabajos mas dificiles. Puedo pedirle a Hoess que confirme lo que dije?

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Rudolf Hös siendo interrogado

Pregunta dirigida a Rudolf Hoess.

Int. Es eso correcto?

Hoess. Si, eso fue lo que dije esta mañana.

Pregunta dirigida a Otto Moll.

Int. Usted fue condecorado por su trabajo no?

Moll. Yo recibi condecoraciones por mis servicios. Casi la mayoria en toda Alemania han recibido condecoraciones por servir durante cierto numero de años. Yo no recibi ninguna condecoracion por algun trabajo especial que haya hecho, mucho menos con el que tuve en Auschwitz.

Int. Porque?

Moll. Porque este no me parecia un trabajo honorable.

Int. Protesto alguna vez en el trabajo?

Moll. Muchas veces cuestione que porque se tenian que hacer esas cosas, que porque no se podian detener. Incluso una vez pregunte a Hoess lo mismo, y me respondio que a el tampoco le gustaban esas tareas, pero el habia recibido ordenes estrictas y no podia hacer mas. El, como el resto de nosotros, sufrimos mucho por este trabajo, y ninguno de nosotros ya perdimos la cordura.

Preguntas dirigidas a Rudolf Hoess.

Int. Hoess, es eso correcto?

Hoess. Si, incluso otros han dicho lo mismo y lo testificaron en el Reich.

Int. Hoess, diria usted cuando fue que perdio la cordura?

Hoess. Sabia que preguntaria eso, lo que le respondo es justo cuando nuestros nervios colapsaron. Yo pueo asegurar que no estaba saludable en 1942. Les conte sobre mi salida en 1943, de cualquier forma, tenia que hacer esas cosas, porque no habia nadie mas que lo hiciera por nosotros. Eran ordenes estrictas y tenian que ser obedecidas. Muchos de los otros se sintieron como yo, y varios subordinados vinieron hacia mi, en la misma manera que Moll lo hizo, y expresaron su malestar.

Int. Usted cree que Moll esta loco?

Hoess. No.

Preguntas dirigas a Moll.

Int. Cuanto tiempo cree que usted paso sin su cordura?

Moll. No quise darles a entender que estoy loco, o que alguna vez lo estuve, lo que queria decir, era que mis nervios me fallaban una y otra vez. Ellos se sintieron mal cuando me enferme de Tifus y estaba en el hospital cuando los doctores me dieron la baja por mis problemas de nervios. Nunca me declararon ‘No apto’, para el trabajo en cuestion a mis problemas nerviosos, o por el tan citado ‘parrafo 51’.

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Hös y Moll durante su juicio.

Int. Cual seria el estimado de personas que pasaron durante la operacion, del cual usted fue responsable… cuantas victimas?

Moll. Cuando usted usa la palabra ‘usted era responsable’ yo quiero enfatizar de nuevo, que no quiero que esa palabra sea aplicada, en los asesinatos que se cometieron, ya que yo no fui el responsable del fin de sus vidas, y tampoco voy a admitir que esta sea la cuestion.

Int. Usted no jalo el gatillo, pero provoco que alguien mas lo hiciera, es esa su postura?

Moll. Yo no entiendo su pregunta.

Int. Cuantas victimas fueron exterminadas en el campo desde 1941?

Moll. Yo no se el numero de victimas y no creo que les pueda dar cuenta de alguna cifra, mucho meno menos el total de estas. Yo creo que Hoess si lo debe saber.

Int. Lo unico que nos interesa, es lo que usted sabe de todo esto.

Moll. Cuando estuve a cargo de las excavaciones de las fosas comunes, como les dije anteriormente, yo junto a otro camarada, el cual Hoess confirmo su participacion, por cada fosa echabamos 30,000 o 40,000 personas, fue una de las tareas mas dificiles que un ser humano pudiese llevar a cabo.

Int. Mantengase en nuestro objetivo.

Moll. Yo no sabia quienes eran esas personas o como llegaron ahi. Yo solo excave las fosas comunes. Y era responsable de incinerar los cadaveres ahi mismo.

Intentó hacerles creer a los magistrados que los crematorios eran para convertir en cenizas los cadáveres que provocaba la epidemia de tifus que asolaba el campo de concentración. Moll fue condenado a muerte.

El 28 de mayo de 1946 fue ahorcado en Dachau. No se conocieron sus últimas palabras.

nuestras charlas nocturnas.

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