La insólita colina de las cruces en Lituania …

L.B.V.(A.Corujo)/Apuntes del Viajero — En muchas ciudades podemos encontrar lugares donde se acumulan objetos por alguna extraña tradición, como por ejemplo candados en un puente, chicles en un callejón o monedas en una fuente. Pero el objeto protagonista de este insólito lugar son las cruces.
En el norte de Lituania, cerca de la ciudad de Siauliai, se encuentra este sitio de peregrinación conocido como la Colina de las Cruces. El origen exacto de esta tradición sigue siendo incierto, mientras algunas fuentes se remontan al siglo XII, parece que los datos más fiables sugieren que las primeras cruces fueron colocadas en la colina después de la sublevación de Noviembre en 1831.

Los lituanos se rebelaron sin éxito contra las autoridades rusas, y a medida que las familias no podían localizar a sus familiares muertos, empezaron a llevar las cruces y utilizar este lugar como un cementerio simbólico. Pasaron los años y los lituanos peregrinaban a este lugar para orar por la paz, la patria y sus seres queridos.
Se calcula que de las escasas 20 cruces iniciales se pasó a casi 200 antes de finalizar el siglo. Y es que la Colina de las Cruces tomó fama no sólo como lugar de culto católico, sino como símbolo de la resistencia contra el invasor.
Tras la Segunda Guerra Mundial en el lugar ya se encontraban más de 400 cruces, clavadas en el suelo o colgando de otras. Durante esa época Lituania fue ocupada por la Unión Soviética, y los lituanos utilizaron el lugar como demostración de su identidad religiosa y patriótica. Aunque se trataba de un símbolo pacífico, las autoridades rusas lo intentaron destruir varias veces.

En 1965 arrasaron el lugar y se llevaron consigo 5000 cruces. Volvieron a repetirlo en 1975 y destruyeron 1200. Aunque hubo planes para anegar la colina con la construcción de una presa, al final se desistió ya que la gente volvía a llenar el lugar con cruces.
Durante las siguientes décadas, esta vez bajo ocupación soviética, los lituanos continuaron rebelándose y colocando cruces en la colina pese a las prohibiciones y los numerosos derrumbes que provocaron las autoridades comunistas. Así pues, este ha sido por décadas un lugar de devoción a la fe católica pero, sobre todo, un símbolo de la independencia lituana, alcanzada finalmente en 1991. Sea como sea, el lugar atrae a numerosos fieles (incluido el Papa Juan Pablo II, que la visitó en 1993 y ofició una misa con miles de asistentes) y a multitud de curiosos como nosotros cada año.

En este momento no se sabe el número exacto de cruces, crucifijos, tallas de patriotas lituanos, estatuas de la Virgen María y miles de pequeñas efigies y rosarios; pero la última estimación es que puede superar unas 100.000. Todo el mundo es libre de llevar una y colocarla donde le plazca ya que no es propiedad de nadie.
El acceso a la colina es libre, así que no es necesario pasar primero por el centro de visitantes, salvo que queráis pedir información, comprar souvenirs o ir al lavabo. Una vez en la colina, en fin, no hay mucho más que hacer que contemplar el espectáculo de tantas y tantas cruces apelotonadas y caminar por los pequeños senderos que permiten cruzarla longitudinal o transversalmente. Incluso para un ateo como yo, no deja ser un lugar asombroso, insólito, extraño y en cierto modo cautivador.

Paseando por el interior de la colina se pueden apreciar multitud de detalles curiosos, desde los diferentes tamaños, las formas de las tallas, los colores, las dedicatorias, etc. La colina se puede rodear por cualquiera de los costados para poder verla en toda su amplitud y desde diferentes ángulos. Por lo demás, hay pocos lugares que merezcan una mención especial… si acaso la gran cruz de la entrada, colocada en 1993 con motivo de la visita del Papa, una caseta con un pequeño púlpito desde el que celebró una misa masiva y, unos 300 más allá, un moderno monasterio franciscano inaugurado en el 2000.
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