La investigación que destapó los abusos de Harvey Weinstein …

ethic(J.Kantor/M.Twohey)/elespañol.com(E.Bustamante)/ElTiempo — En octubre de 2017, The New York Times publicó un reportaje que probaba los abusos sexuales cometidos por el productor contra actrices y trabajadoras en Hollywood.
Ahora, las periodistas Jodi Kantor y Megan Twohey, explican en ‘She Said: la investigación periodística que destapó los abusos de Harvey Weinstein e impulsó el movimiento #MeToo’ (Libros del KO) los entresijos de la investigación premiada con un Pulitzer.
En 2017, cuando comenzamos nuestra investigación sobre Harvey Weinstein para The New York Times, las mujeres tenían más poder que nunca.
El número de trabajos que en el pasado habían estado casi exclusivamente en manos de los hombres –agente de policía, soldado, piloto de aerolínea– se había reducido hasta casi alcanzar el punto de fuga.
Había mujeres al frente de naciones, incluidas Alemania y Reino Unido, y de compañías como General Motors y PepsiCo. Una mujer de treinta y tantos podía, en un solo año de trabajo, ganar más dinero que todas sus antepasadas juntas.
Sin embargo, a las mujeres se las acosaba sexualmente con demasiada frecuencia y con total impunidad. Científicas y camareras, animadoras, ejecutivas y trabajadoras fabriles tenían que sonreír ante los manoseos, las miradas lascivas o las insinuaciones indeseadas para obtener la siguiente propina, sueldo o aumento salarial.
El acoso sexual era ilegal, pero en algunos trabajos era una práctica rutinaria. A menudo se ignoraba o denigraba a las mujeres que alzaban la voz.

Muchas veces se ocultaba a las víctimas y se las aislaba a unas de otras. Para muchas de ellas, su mejor opción era aceptar una suma de dinero como una especie de meros chicos malos y traviesos.
Raras veces su comportamiento entrañaba consecuencias graves para ellos. Megan firmó algunos de los artículos en los que distintas mujeres afirmaban haber sido víctimas de Donald Trump; más tarde, escribió sobre su triunfo en las elecciones presidenciales de 2016.
Después de que el 5 de octubre de 2017 sacáramos a la luz la historia de los presuntos acosos y abusos sexuales de Weinstein, observamos, llenas de asombro, algo parecido al desmoronamiento de una presa.
Millones de mujeres en todo el mundo hicieron públicas sus propias historias. De repente, un gran número de hombres tuvieron que responsabilizarse de su comportamiento depredador. Fue un momento de rendición de cuentas sin precedentes.
El periodismo había ayudado a inspirar un cambio de paradigma. Nuestro trabajo fue solo uno de los impulsores de aquel cambio que llevaba años fraguándose gracias al esfuerzo de feministas pioneras y expertas legales, de Anita Hill, de Tarana Burke –la activista que creó el movimiento #MeToo– y de muchas otras, entre las que se incluyen compañeras periodistas.
Sin embargo, ser testigos de cómo los hallazgos de nuestra investigación, obtenidos a base de tanto esfuerzo, ayudaban a resetear actitudes nos llevó a preguntarnos: ¿Por qué esta historia en particular?

Tal como señaló uno de nuestros editores, Harvey Weinstein ni siquiera era tan famoso. En un mundo donde tantas cosas parecen estancadas, ¿cómo se produce este tipo de cambio social tan trascendente?
Nos embarcamos en este libro con el objetivo de dar respuesta a estas preguntas. El cambio no tenía nada de inevitable ni de anunciado.
En estas páginas describimos las motivaciones y las desgarradoras y arriesgadas decisiones de las primeras y valientes fuentes que rompieron el silencio que rodeaba a Weinstein.
Laura Madden, antigua asistente de Weinstein, madre y ama de casa en Gales, habló en medio de una situación de inestabilidad por su divorcio y por una inminente cirugía mamaria tras un cáncer.
Ashley Judd, en un periodo poco conocido de su vida en el que se apartó de Hollywood para reflexionar con una perspectiva mayor sobre la igualdad de género, puso en riesgo su carrera.
Zelda Perkins, una productora londinense cuyas denuncias contra Weinstein se habían visto anuladas por un acuerdo firmado dos décadas antes, habló con nosotras a pesar de las posibles represalias legales y económicas.
Un veterano empleado de Weinstein, cada vez más afectado por todo lo que sabía, jugó un papel fundamental –no revelado hasta ahora– para ayudarnos a desenmascarar finalmente a su jefe.

La imprecisión del título, She Said [Dijo ella], es intencionada: escribimos sobre aquellas mujeres que sí hablaron, pero también sobre otras que eligieron no hacerlo, y sobre los matices del cómo, el cuándo y el por qué.
Esta es también una historia sobre periodismo de investigación que comienza en nuestros primeros e inciertos días de indagaciones, cuando disponíamos de muy poca información y casi nadie hablaba con nosotras.
Describimos cómo sonsacamos secretos, cómo encontramos información y cómo perseguimos la verdad sobre un hombre poderoso que no dudó en usar tácticas turbias para sabotear nuestro trabajo.
También, por primera vez, hemos reconstruido nuestra confrontación definitiva con el productor –su última batalla– en las oficinas de The New York Times justo antes de publicar nuestro primer artículo, cuando fue consciente de que estaba arrinconado.
Nuestras investigaciones sobre Weinstein llegaron en una época plagada de acusaciones por la publicación de «noticias falsas», cuando el consenso nacional en torno a la verdad parecía estar fracturándose.
Pero el impacto de las revelaciones sobre Weinstein fue tan enorme, en parte, porque nosotras y otros periodistas fuimos capaces de encontrar un conjunto de pruebas que acreditaban una conducta delictiva.
En estas páginas explicamos cómo documentamos un patrón de comportamiento a partir de relatos en primera persona, de informes legales y financieros, de comunicaciones internas en empresas y de otros materiales reveladores.

Jodi Kantor y Megan Twohey
Nuestro trabajo generó escaso debate público sobre lo que Weinstein había hecho a las mujeres; en su lugar, se hablaba de qué debería hacerse en respuesta a ello.
Pero Weinstein ha continuado negando todas las acusaciones de relaciones sexuales no consensuadas y ha afirmado hasta la saciedad que nuestras informaciones son incorrectas. «Lo que aquí exhiben son alegaciones y acusaciones, pero no tienen hechos absolutos», dijo un portavoz ante nuestra petición de respuesta a las revelaciones aquí presentadas.
Este libro alterna entre lo que aprendimos durante nuestras investigaciones originales sobre Weinstein en 2017 y la enorme cantidad de información que hemos recopilado desde entonces.
Gran parte de las nuevas informaciones que aportamos ayudan a ilustrar cómo el sistema legal y la cultura corporativa han contribuido a silenciar a las víctimas, y cómo todavía impiden el cambio. Las empresas han optado por proteger a los depredadores.
En algunos casos, algunos abogados que defienden a las víctimas de este tipo de conductas aceptan unos acuerdos que permiten ocultar las fechorías.
Muchos de quienes advierten el problema –como Bob Weinstein, el hermano de Harvey y socio empresarial, que ha concedido extensas entrevistas para este libro– hacen poco para intentar detenerlo.
En el momento de escribir este libro, en mayo de 2019, Weinstein continúa a la espera de un juicio penal por presuntas violaciones y otros abusos sexuales, y se enfrenta a una serie de demandas civiles en las que actrices, antiguas empleadas y otras mujeres tratan de que asuma su responsabilidad económica.
Independientemente de cómo se resuelvan estos casos, confiamos en que este libro sirva como testimonio perdurable de lo que hizo Weinstein: su explotación del lugar de trabajo para manipular, presionar y aterrorizar a las mujeres.
Este es un fragmento de ‘She Said: la investigación periodística que destapó los abusos de Harvey Weinstein e impulsó el movimiento #MeToo’ (Libros del KO), de Jodi Kantor y Megan Twohey. Traducción de Lucía Barahona.
Jessica Mann es uno de los principales testimonios, ya que ha sido uno de los dos casos formales por los que se le acusó a Harvey Weinstein. Durante la audiencia en la que serían imputados los cargos, en esta, se esclareció que la actriz y el productor mantuvieron una relación sentimental que por parte de ella, fue de manera fingida para poder seguir con su vida profesional.
Los crudos relatos que revelaron el horror de los abusos de Weinstein

La actriz confesó que había descubierto que el actor había intentado grabarla cuando estaban juntos en un cuarto de hotel, también la orinó encima cuando mantenían relaciones sexuales, fue violada en varias ocasiones y después era humillada por el hombre.
“Entré en pánico (…) Yo sabía lo que estaba tratando de hacer”, afirmó en la audiencia.
«Sentí pánico porque mi peor pesadilla estaba a punto de suceder», afirmó Jessica Mann sobre el estrado. «Sentía mucha ira y tenía mucho miedo. En ese momento me rendí», y agregó: «Quería que me percibiera como alguien inocente y no como una amenaza para no provocar un momento de ira».

Mimi Haleyi es la otra mujer que logró que su acusación fuera una de las que encarcelara al productor. Ella demanda y acusa al estadounidense de abuso y acoso sexual en el año 2006, esto se dio en uno de los apartamentos del hombre cuando empujo a Mimi en una cama, le practicó sexo oral forzado y luego la violó.
«Me di por vencida. Fue lo más seguro que podía hacer”, afirmó la mujer en la audiencia de la Corte. “Me abrazó y empezó a manosearme”, dijo. «Durante todo ese tiempo le dije que no quería nada de eso», y agregó «Cada vez que intentaba levantarme, me volvía a empujar».

El nombre de Annabella Sciorra también sonó en el juicio que se llevó acabo para condenar a Harvey Weinstein. El suceso ocurrió entre los años 1993 y 1994, la actriz en una de las audiencias que tuvo el productor, lo acusa de llegar a su apartamento repentinamente en el que entró a la fuerza, le practico sexo oral obligado y la violó.
El abogado del productor rumoró que la actriz no quiso evitar el momento, pero evidentemente, ella declaró que él tenía más fuerza que ella por el motivo que no pudo evitar la violación.
«Al enfrentarnos a los poderosos abrimos paso a una cultura más justa, libre del flagelo de la violencia contra las mujeres» afirmó con unas breves palabras en la Corte después de la sentencia que le fue imputada a Weintein.
«Hablé por mí y con la fortaleza de las más de 80 víctimas de Harvey Weinstein en mi corazón … Nunca debemos arrepentirnos de romper el silencio», dijo la actriz de ‘The Sopranos’.

Ashley Judd es otra de las reconocidas actrices de Hollywood en denunciar al productor. La mujer relató que en una conversación de ‘negocios’ que tuvo con el hombre en una cita que habían acordado, pero que se dio en un cuarto de hotel, el productor intentó insinuársele ofreciéndole masajes.
La única manera en la que el productor la dejó en paz fue haciéndole una promesa que consistía en que ellos se acostarían si ella ganaba un premio Óscar, situación que no sucedería, pero que le sirvió para deshacerse del hombre y más adelante denunciarlo por acoso.
En una entrevista que le realizó la cadena televisiva ‘ABC’ afirmó: «¿Estoy orgullosa de eso? La parte de mí que se avergüenza dice ‘No’. La parte de mí que entiende el modo en que la vergüenza funciona dice, ‘Eso estuvo absolutamente brillante. Buen trabajo, chica, saliste de ahí. ¡Bien hecho!»

La actriz y directora italiana Asia Argento hizo sus declaraciones en el ‘The New York Times’ en el mes de octubre del año 2017. En un discurso en el Festival de Cine de Cannes la actriz reveló que Weinstein la había violado en 1997 cuando ella tenía 21 años. La actriz catalogó el festival como el ‘territorio de cacería’ ya que era la oportunidad en la que el actor podía escoger a sus víctimas, manipularlas y abusar de ellas.
Ella también es acusada de acosar sexualmente al actor Jimmy Bennett, al que le pagó dinero para que se quedará callado. «Me aterrorizó. No se detuvo. Fue una pesadilla», dijo según un articulo de ‘ABC’.

La actriz Gwyneth Paltrow tambien realizó las denuncias por medio del ‘The New York Times’ en donde acusa a Weinstein de acoso sexual. Esta es una de las primeras acusaciones que aparecen en el articulo y libro de las periodistas. La actriz manifestó que era un niña y que se sintió aterrorizada por las insinuaciones que recibía por parte del productor. «Era una niña, estaba petrificada», dijo en una entrevista con ‘The New York Times’.

Kate Beckinsale acusó al productor por medio de una publicación en Instagram en la que relató que cuando tenia 17 años fue citada a una reunión de negocios con él, pero que al llegar al hotel fue dirigida a la habitación en donde el productor la recibió en toalla y de manera insistente quería que ella le viera sus partes intimas.
«Pocos años después me preguntó si había intentado algo conmigo en esa primera reunión. Me di cuenta de que no podía recordar si me había agredido o no. Yo tenía lo que yo pensaba que eran límites» afirmó en la publicación.
Aunque no incluyó abuso físico, la denuncia fue presentada como acoso sexual de la que muchas actrices tienen historias similares.

Rose McGowan también le interpuso una demanda a Harvey Weinstein en la que documentó la situación que vivió en la habitación de un hotel a la que el productor la citó con el pretexto de hacer una reunión de trabajo. Después de media hora de llevar una conversación normal, la actriz afirma que él agredió sexualmente de ella.
Según el diario de España ‘La Vanguardia’, McGowan afirma que Weinstein le pagó 100.000 dolares para evitar que lo denunciara, situación que es cuestionada y mal vista por algunos investigadores del caso.
“Me sentí muy sucia”, afirmó en su libro ‘Brave’, que describe algunos episodios que marcaron su vida.

Angelina Jolie (42), actriz, embajadora humanitaria y directora, no ha querido entrar en en detalles al hablar de su experiencia con el productor. No obstante, afirmó que a finales de la década de los noventa Weinstein se había acercado a ella de manera indeseada.
En un correo al New York Times, la actriz explicó: «Tuve una mala experiencia con Harvey Weinstein en mi juventud y como resultado elegí no volver a trabajar nunca con él y advertir a otras cuando lo hacían». Añadió que es inaceptable este «comportamiento hacia las mujeres en cualquier campo y en cualquier país».

La actriz y modelo Cara Delevingne (25) ha utilizado su cuenta personal de Instagram para relatar su experiencia. Según la modelo, Weinstein la llamó para proponerle un trío con otra mujer en un hotel de Nueva York.
«Cuando empecé a trabajar como actriz, estaba trabajando en una película y recibí una llamada de Harvey Weinstein preguntando si había dormido con alguna de las mujeres con la que me había visto en los medios de comunicación», relata en la publicación.
Poco tiempos después, según las palabras de la actriz, tuvo una reunión en el vestíbulo de un hotel con un director y Harvey. «Tan pronto como estuvimos solos empezó a presumir de todas las actrices con las que había dormido y cómo había relanzado su carrera y había hablado de otras cosas inapropiadas de naturaleza sexual». A esto se unió que el productor la invitó a su habitación, donde había otra mujer, y le pidió que se besaran. No obstante, ella se resistió y terminó marchándose de la estancia, no sin volver a encontrarse con las proposiciones inadecuadas del productor.

La que fue una de las actrices habituales en las películas de Weinstein, Mira Sorvino (50), también ha sido una de las personas afectadas por estas agresiones sexuales. Según relató la actriz en The New Yorker, en 1995 se encontró con el productor en la habitación de un hotel durante el Festival Internacional de Cine de Toronto. Una vez juntos, Weinstein «empezó a masajear mis hombros, lo que me hizo sentir muy incómoda». Poco a poco intentó sobrepasarse con ella, pero la actriz lo rechazó y consiguió marcharse.

Rosanna Arquette (58), una de las actrices que protagonizó Pulp Fiction, también fue una de las víctimas de Harvey Weinstein. Según sus declaraciones, la artista debía reunirse con el productor para cenar en un hotel de Beverly Hills para recoger un guión, pero al llegar le dijeron que fuera a su suite. Harvey abrió la puerta vestido con un albornoz blanco y pidiéndole un masaje. No tardó en agarrarla de la mano y tirar de ella hacia su pene que era «visible y erecto… Mi corazón estaba acelerado. Yo estaba en modo de lucha o vuelo». Sin embargo lo rechazó, una decisión que, asegura, hizo que su carrera se resintiera posteriormente.

Weinstein invitó a la modelo filipina-italiana Ambra Battilana Gutiérrez (24) a su oficina en Nueva York, donde se lanzó hacia ella, tocó sus pechos e intentó meter la mano en su falda. Ella protestó y fue directamente a la policía a presentar una denuncia.
Esta semana, tras hacerse público el escándalo sexual, se ha filtrado una grabación perteneciente a la policía donde se le escucha confesar haber acosado a la modelo e intentar convencerla para que no lo haga público.

La actriz Katherine Kendall (48) también fue agredida por Weinstein cuando solo tenía 23 años. El productor la invitó a ver una producción que terminó siendo una cita los dos solos al cine. Cuando la película terminó, el empresario le pidió que le acompañara a su apartamento, donde rogó que le diera un masaje comentando que «todo el mundo lo hace», pero ella se negó.
Aunque pensaba que así terminaría la situación incómoda, Weinstein salió de la habitación para volver desnudo y perseguirla por la estancia evitando que saliera. Aún así, ella rechazó todas sus insinuaciones.

Tomi-Ann Roberts era una joven universitaria de 20 años cuando Weinstein la llamó para acudir a una audición en su habitación de hotel. Cuando llegó, el productor estaba desnudo en el baño. Él le dijo que la mejor forma de hacer la prueba era que ella también se sintiera cómoda, para lo cual lo mejor era que se desnudara frente a él, pues podría tener que interpretar una escena en topless.
Sin embargo, la joven no pudo soportar la situación y se marchó, pidiéndole disculpas y excusándose porque era «demasiado mojigata» para ese tipo de actuaciones. Según comenta, su forma de actuar y el de las otras jóvenes se debe al poder que Weinstein poseía.

De nuevo en Cannes, en 2010 Weinstein intentó sobrepasarse con la actriz francesa Emma de Caunes (41). Según sus declaraciones a The New Yorker, el productor la invitó a un almuerzo en el Ritz de París. Sin embargo, estando en su habitación, Weinstein salió del cuarto de baño con una erección y le pidió que se acostara en la cama. El empresario se justificó alegando que otras mujeres lo habían hecho antes, pero Emma no aceptó la oferta y se marchó cerrando la puerta tras de sí.

La actriz inglesa Romola Garai (35) fue una de las víctimas más jóvenes de Weinstein. Cuando la actriz tenía solo 18 años, el productor la llamó a una audición en la que apareció vistiendo solo un albornoz. Siendo tan joven, no dijo nada por miedo a las repercusiones en su carrera, sentía como «si no tuviera derecho a quejarme», comentó la actriz. No obstante, afirmó que fue un encuentro traumático que le dejó la sensación de haber sido «violada».

La actriz Rose McGowan (44) fue una de las primeras mujeres en dar un paso al frente para denunciar los abusos de Weinstein. McGowan asegura que sufrió una agresión sexual por parte del empresario y que cuando intentó alertar a la compañía sobre este comportamiento inapropiado la productora canceló una serie creada por ella. «Le conté al jefe del estudio que HW me había violado. Se lo repetí una y otra vez. Él me respondió que no había pruebas, yo le dije que la prueba era yo», argumenta.

La presentadora estadounidense Lauren Silva fue acorralada en un restaurante cerrado en 2007. Según ha relatado la joven, el productor se masturbó frente a ella después de intentar besarla.

La actriz francesa Léa Seydoux (32), galardonada con la Palma de Oro, aseguró que en 2012 Weinstein se lanzó sobre ella y trató de besarla tras un desfile de moda. Comenta que tuvo que defenderse y, puesto que él era más grande y gordo que ella, tuvo «que ser fuerte para resistirme».

La cantante y modelo británica Myleene Klass (39) afirmó que cuando tenía 32 años el productor le ofreció un «encuentro sexual» durante un almuerzo en el festival de Cannes en 2010, mientras ella trabajaba para la CNN.
Sophie Dix

La actriz británica, Sophie Dix (48), según The Guardian, tenía un brillante futuro profesional en el mundo del cine a principios de la década de los noventa. No obstante, según sus declaraciones, su carrera se terminó con 22 años después de un presunto ataque de Harvey Weinstein en un hotel londinense.
Liza Campbell

La escritora y artista Liza Campbell, le comentó a Sunday Times que Weinstein le había convocado en su habitación de un hotel londinense. La joven asegura que la intención de el productor era bañarse con ella, una proposición a la que lle no accedió.
Dawn Dunning

La actriz Dawn Dunning asistía a una escuela de diseño y trabaja como camarera en Nueva York cuando conoció a Weinstein. Con 24 años, la aspirante a actriz fue invitada a comer con él en un hotel de Manhattan. Al llegar, le dijo que subiera a la suite, donde lo encontró solo con un albornoz frente a una mesa donde se esparcían los contratos para sus próximas tres películas. Entonces, según sus declaraciones al New York Times, él le dijo que solo firmaría si tenía sexo con él de tres formas distintas.
La joven, tomándose a la broma, se echó a reír. Weinstein no se lo tomó bien, se enfadó y le dijo: «Nunca conseguirás este trabajo. Así es como funciona el negocio». Entonces, viendo que nada de eso era una broma, huyó del hotel, se olvidó de ser actriz y se convirtió en una diseñadora de vestuario.
Lucía Evans

Lucía Evans, apellidada Stoller en el momento de la agresión, era todavía una aspirante a actriz cuando Weinstein se acercó a ella en un club de Nueva York en 2004. El productor la convocó a acudir a una reunión en la oficina de Miramax.
Cuando llegó al encuentro, la joven se encontró a solas con Weinstein, quien le «obligó a practicarle sexo oral«, según ha declarado a The New Yorker. «Él es un tipo grande, y me dominó», añadió. Después de ese episodio traumático, la joven todavía se culpa por no haber peleado más y asegura seguir afectada por la agresión.
Zoe Brock

La modelo y escritora neozelandesa, Zoe Brock, tenía 23 años cuando aceptó una invitación al hotel de Weinstein en Cannes junto a otros invitados. Al poco tiempo se quedó sola con él y, según relata, Weinstein «le quitó la ropa y le pidió un masaje», momento en el que la joven corrió a encerrarse en el baño. A pesar de que el productor golpeó la puerta rogándole que saliera, la modelo solo accedió cuando él estuvo completamente vestido y fue para marcharse inmediatamente.
Actriz anónima
Una actriz anónima, que no quiso desvelar su identidad a The New Yorker, relató que Weinstein también la había violado. Estando juntos, él se puso un bañador y la forzó sexualmente.
Aseguró que, aunque después de ese encuentro sintió «horror, incredulidad y vergüenza«, no fue a la policía ya que consideró que tendría mucho que perder. Ante el poder de Weinstein, decidió «seguir adelante» y continuó manteniendo una relación profesional con él.

El juez de la Corte Suprema de Nueva York James Burke condenó a Weinstein a 23 años de prisión por los casos de Miriam Haley, una exasistente de producción de televisión que aseguró que Weinstein la forzó a tener sexo oral en su apartamento de Nueva York en 2006; y Jessica Mann, una exactriz que afirma que la violó en una habitación de hotel del centro de Manhattan en 2013.
La sentencia impuesta por el juez Burke es cercana al máximo previsto, 29 años, por lo que se considera severa.
Sin embargo, Silence Breakers, un grupo que reúne a varias de las mujeres que lo han acusado, dijo que «el legado de Harvey Weinstein siempre será que es un violador convicto«.
«Va a ir preso, pero ninguna cantidad de tiempo en la cárcel reparará las vidas que arruinó, las carreras que destruyó o el daño que ha causado», añadió la organización en un comunicado.
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