Perón y el deporte: su relación desde la infancia y cómo lo convirtió en una herramienta inclusiva durante su presidencia
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Juan Domingo Perón sobresalió en la práctica de esgrima
Infobae(I.Clopet)/Historia del peronismo — Estudiar la vida y obra de Perón, nos lleva a uno de los capítulos más nutridos de su biografía: el deporte, su práctica y organización.
Desde niño, con 5 años de edad, en el pueblo que lo vio nacer -Lobos-, aprendió a montar a caballo. Su instructor fue el criollo Sixto “El Chino” Magallanes, un domador de potros que le enseñó el arte de montar y todas las peripecias que se podían hacer arriba del caballo.
Perón recordaba que: “con él, hice mi primer paseo a caballo en un redomón gateado” (…) “El Chino me enhorqueteó en un potro y luego de indicarme que me prendiera bien a las crines del animal, lo hizo trotar de un rebencazo”.
Si bien Perón tuvo un gran amor por los caballos, ello no lo condicionó en su carrera militar, donde eligió el arma de Infantería y no de caballería como hubiera sido lógico.
Mientras sus padres se habían radicado en una estancia en Sierra Cuadrada, Chubut, el niño Perón se trasladó a Buenos Aires, a vivir con su abuela Dominga Dutey en Ramos Mejía. “No fui -recuerda Perón- muy estudioso ni muy aplicado. En cambio, me gustaban los deportes.
Tenía una cancha de fútbol, cerca de la casa”. Ni bien llegado a la Capital, asistió a la Escuela de la Parroquia Catedral al Norte (hoy Escuela General San Martín), que dirigían sus bravas tías Vicenta y Baldomera Martirena Dutey.
Años más tarde, fue alumno en el Colegio Internacional de Olivos, hasta que ingresó como pupilo en el Colegio Politécnico de Olivos. “En Olivos –recuerda Perón– la cancha estaba en el mismo colegio. Así, me inicié como futbolista o footballer, como se decía en esa época. Eran los tiempos del famoso Alumni, que fue nuestra mejor escuela; sus jugadores nos parecían héroes”.
En Olivos además de practicar fútbol, también se dio el lujo de hacer yachting y remo.
En 1911, ingresó al Colegio Militar de la Nación, que estaba instalado entonces en San Martín, Provincia de Buenos Aires. Perón comenzó su preparación militar, donde la vida era dura, austera y disciplinada. Lo que recuerda con mayor alegría, fue la camaradería, la siembra de buenos amigos.
“A los únicos que he tuteado, aparte de la familia –decía– es a los compañeros de estudios: es una consecuencia de las costumbres del ejército”.

Su afición por el boxeo nació en el Colegio Militar, producto de algunas rencillas que había entre los cadetes, duelos que se saldaban a golpes de puño, al fondo del Colegio donde se armaba un ring-side, a escondidas de las autoridades.
Precisamente en la ciudad de Paraná, Entre Ríos –su primer destino como oficial–, fue donde además de las actividades militares, fomentó la práctica de los deportes.
Por tal motivo, impuso a los soldados de su regimiento la enseñanza del box, la gimnasia sueca y el atletismo.
Unido a sus destrezas y habilidades, demostró cabalmente una gran capacidad de organizador. En Paraná fundó el 18 de marzo de 1914, el emblemático “Boxing Club”.
Este club, fue el primero en el interior del país y resultó una experiencia innovadora, pues eran tiempos en que sólo lo practicaba una elite, y estaba prohibido para otros estratos sociales.
Este tal vez, sea el punto de partida de Perón, al promover y promocionar el deporte como una herramienta inclusiva para el pueblo. Con la creación de ese club puesto al alcance de todos, cuando tenía 23 años, se animó a enfrentar a los poderosos, a los clasistas, provocando una ruptura en las costumbres de la oligarquía.
Entre 1920 y 1926, estuvo destinado en la Escuela de Suboficiales en Campo de Mayo. El teniente 1ro. Perón, además de la instrucción, les daba a los suboficiales clases de atletismo y era el jefe del pelotón atlético formado por los mejores atletas de la Escuela. Fue también director de la Sala de Armas de oficiales, y reemplazó eficientemente a los maestros de Gimnasia y Esgrima.

Perón junto a Fangio
Perón durante esos años, vivió en el barrio de Flores, en la calle Lobos 3259. Se había comprometido e integrado tanto con el barrio, que ayudó a organizar un club de fútbol para los chicos y jóvenes carenciados, que los vecinos le pusieron el nombre “Juan Domingo Perón”. Además, practicaban boxeo.
Él mismo compraba las camisetas, las medias, los botines, las pelotas y los guantes de box. Solía darles funciones de cine, y los agasajaba con juguetes y golosinas. A Perón -que era un niño más- le encantaban las gracias, las torpezas, las reacciones y el lenguaje de los adolescentes.
Otro ensayo inclusivo con relación al deporte, se produjo cuando estuvo destinado dos años (1936–1938), como agregado militar en la Embajada Argentina en Santiago de Chile, donde su actividad fue enorme desde todo punto de vista.
Tan es así, que preocupado por la condición en que vivían los lustrabotas y los “suplementeros” (nombre con que se conoce en Chile a los canillitas), pidió autorización a las autoridades chilenas para fundar un club para que los agrupe y les facilite la práctica del deporte.
Habiendo sido autorizado, alquiló un local que pagó de su propio bolsillo. El lema que utilizó en ese momento fue: “Los únicos privilegiados son los niños”, que luego fue popularizado por Evita.
La pasión de Perón por los deportes fue proverbial. En un futuro, será promotor de tantos otros deportes, como ser el tiro, la esgrima, la equitación, el fútbol, el polo, el pato, el esquí, y el andinismo.
Se caracterizó por ser un buen arquero, gran boxeador, un excelente atleta en las distintas disciplinas, y un destacado jinete.
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Para Perón el deporte era “una escuela de vida”.
Ahora bien, hay dos deportes donde sobresalió en forma sorprendente: la esgrima y el esquí. En estas dos disciplinas tiene escritas memorables páginas, que vale la pena recordarlas.
La esgrima fue uno de los principales eslabones de su formación, tanto humana como intelectual. Comenzó a practicarla siendo cadete.
A él le gustaba tirar sable, pero sobre todo su especialidad era la espada. Ya en 1917 Perón era un buen esgrimista, según lo recuerda su frecuente rival, el maestro Alberto Luchetti. Por esos años ya estaba consagrado entre los mejores esgrimistas del Círculo Militar.
Los clubes que lo vieron distinguirse, fueron Gimnasia y Esgrima, el Jockey Club, la Asociación Cristiana de Jóvenes y el Club del Progreso.
Fue seleccionado para participar en el equipo olímpico de esgrima en las olimpíadas de Paris de 1924, junto a grandes esgrimistas como Francisco Bollini, Roberto Larraz, Cipriano Pons Lezica, Pedro Nazar Anchorena, y su entrañable amigo Alejandro Cloppet.
Por expresa decisión del entonces ministro de Guerra, Agustín. P. Justo, Perón no fue autorizado a representar al país en París, lo que motivó de su parte un gran enojo.

Un dato no menor, es que entre 1918 y 1928 Perón obtuvo en varias oportunidades el título de campeón militar de espada. En 1927 conquistó la Copa de Honor de Esgrima en el Círculo Militar.
La pedana no tuvo secretos para él. Estuvo vinculado a la esgrima por vocación y por tradición familiar; su tío segundo Conrado Perón, que tenía una gran ascendencia sobre él, fue maestro de armas y una de las primeras espadas del ejército.
El otro deporte que supo descollar fue el esquí. Si bien lo había practicado en Chile y Mendoza entre 1936 y 1938, fue en Europa donde alcanzó sus más altos logros.
En abril de 1939 Perón llegó a Italia a cumplir una misión de estudios. Los superiores lo enviaron a instruirse como oficial alpino en distintos destacamentos militares: Merano, Pinerolo, Chietti, Sestrier, Bolzano, Vipiteno, y Aosta, en la prestigiosa Escuela Militar de Alpinismo, Batallón Ducca degli Abruzzi.
Durante ese tiempo, Perón se destacó como un sobresaliente esquiador de alta montaña. Recibió una gran formación de distintos oficiales y sub oficiales, los mejores de Italia y tal vez del mundo. El Batallón Ducca degli Abruzzi era considerado la elite de la elite. Era una fuerza o comando de alto grado de preparación, entrenamiento e instrucción militar.

Perón practicando actividades de montañismo
En su temporada en Aosta (invierno de 1940), obtuvo el título de “maestro esquiador”, gracias a las sublimes condiciones que poseía y además, a la precisa y aguda instrucción que recibió de su maestro e instructor de esquí, don Gigi Panei. Perón recibió el premio de manos del príncipe Humberto de Saboya, el heredero al trono de Italia, también oficial alpino.
Ya de regreso en Buenos Aires, en mayo de 1941, lo destinaron al Centro de Instrucción de Montaña, en Mendoza, como oficial del Estado Mayor.
Siendo presidente de la Nación, Perón desarrolló una intensa actividad de inclusión social, permitiendo a las clases populares llegar a un deporte más organizado. Sostenía que “el Estado, debe asumir la responsabilidad de orientar, promover, asistir, ordenar y fiscalizar la actividad deportiva, posibilitando el acceso del Pueblo a la práctica del deporte para que éste deje de ser un privilegio para pocos para ser un derecho de todos”.
Esta visión del deporte, la puso en sintonía con la enorme obra de salud púbica que llevó adelante el Dr. Ramón Carrillo, para quien “el objeto del deporte es perfeccionar la salud y no formar campeones”.
Hubo durante el Peronismo destacados deportistas en distintas disciplinas que sobresalieron, como Delfo Cabrera, Eusebio Guiñez, Oscar Gálvez, Mary Terán, Elsa Lidia Irigoyen, Froilán González, Pascual Pérez y muchos otros.
En 1949, se organizaron los “Campeonatos Evita”, con una masiva participación de inscriptos en todo el país. Solamente participaban equipos de fútbol. En 1951, se incorporaron los Torneos Juveniles “Juan Perón”, con más variedad de deportes.

En ese mismo año 1951, también se organizaron los Primeros Juegos Panamericanos. En 1952, el Autódromo Municipal fue inaugurado. En 1953 Perón creó la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), como una institución estudiantil de actividades recreativas y deportivas. El Peronismo se caracterizó por motorizar grandes emprendimientos deportivos.
Si algo consigue el deporte es la inclusión. El deporte iguala, enseña a convivir y a compartir, tanto con los compañeros como con los contrincantes. Además, ayuda a prevenir la delincuencia juvenil. Esta idea integradora, está sintonía con el Papa Francisco, cuando dijo: “Practiquen el deporte con mentalidad solidaria, sin denigrar a nadie”.
Con gran sabiduría, ya lo decía Perón en un reportaje de 1972 en Madrid: “Nosotros no tuvimos delincuencia infantil. ¿Por qué? Porque en Buenos Aires más de 50 mil muchachos tenían su club. Se crearon 90 clubes de barrio, donde tenían en lo posible cancha de fútbol, de básquet, boxeo, gimnasia, en fin, todas las actividades deportivas. Esos clubes los hacía el Estado y se lo entregaba a los vecinos que lo administraban y lo llevaban adelante”.
Para Perón el deporte era “una escuela de vida”. Su preocupación fue siempre forjar una juventud sana física y moralmente.
Deportes y Peronismo (1946-1955)
Fundamentos: “Orandum est ut sit mens sana in corpore sano” / “Debemos orar por una mente sana en un cuerpo sano”. “Mente sana en cuerpo sano”.
“El Estado auspiciará el desarrollo de la cultura física del pueblo en armonía con su formación moral e intelectual mediante el ejercicio del deporte. El deporte ayudará a la elevación del bienestar y de la cultura general del pueblo, al desarrollo de sus sentimientos de patriotismo y a la solidaridad social”. 1º Plan Quinquenal 1947-1951
La práctica del deporte en los gobiernos justicialistas alcanzó dimensiones masivas. En efecto, millones de personas pudieron realizar distintas prácticas deportivas en diferentes espacios.
Para ello, desde el amateurismo, como simples aficionados, como niños y jóvenes desde sus escuelas y colegios o como profesionales, todos pudieron cultivar un deporte en el modo y en la intensidad que cada uno resolvió hacerlo.
Sería innecesario destacar las ventajas que provee el deporte para la buena salud. Hace ya muchos siglos que la especie humana lo sabe.
¿Es que el peronismo apuntó a la preservación de la salud como objetivo único para la práctica del deporte? Decididamente no. A pesar de la difusión masiva de las superlativas ventajas que el desarrollo físico en el deporte proveen a la salud, el peronismo no se limitó a ello, aún siendo que, ese mismo era ya un objetivo superior.
El propio Perón fue deportista en su juventud. La esgrima, el atletismo, la equitación, estuvieron entre sus deportes predilectos, sin perjuicio de otros en los que fue profesor y director. Conciencia plena del aporte a la salud física a partir de esas prácticas. Es más, su primera actividad al comenzar sus días y hasta de edad muy avanzada, era la gimnasia.
Sin embargo, el peronismo fue mucho más allá. Su objetivo fue el equilibrio entre físico, inteligencia y espíritu.
Tal es el ideal de la antigua Grecia que, siglos más tarde, consagró el poeta latino Juvenal al formular el pensamiento, “Orandum est u sit mens sana in corpore sano” que traducido quiere decir: “Debemos orar por una mente sana en un cuerpo sano”, lo que recoge la idea griega de un hombre equilibrado mentalmente en un cuerpo sano y fuerte.
El resultado es un ser íntegro espiritualmente.
Dicho por Perón: “nosotros no creemos que el hombre sea mejor porque sepa mucho, ni porque sea muy fuerte, ni tampoco es completo porque tenga un espíritu superior.
El mejor hombre no es el sabio, ni físicamente poderoso, sino el poderoso espiritualmente”

Perón y Gatica
¿Como lograr ese equilibrio? Proveyendo al hombre argentino de educación, cultura, trabajo, justicia social, salud y deporte. De tal forma que, procurar este equilibrio es adoptar un modo de vida, infinitamente más elevado que el simple, aun con mucho impulso, desarrollo físico-deportivo de las personas.
El deporte en el peronismo, fue y es una meta de desarrollo cultural.
Los espacios (El deporte comunitario)
Si el objetivo estratégico del peronismo es la organización de la comunidad y teniendo en cuenta que a esta la componen el total de las personas que habitan nuestro suelo, no solo los peronistas, la práctica de los deportes se instaló hasta en el último de los rincones de la Nación.
Así, el estado intervino apoyando y promoviendo su desarrollo tanto en las escuelas, colegios y universidades; clubes deportivos preexistentes y los nuevos que se crearon en todo el territorio nacional, especialmente los clubes barriales, verdaderas escuelas de vida; apoyando sin mengua ni retaceos el deporte de alta competición con los excelentes resultados que analizaremos más adelante y finalmente organizando certámenes nacionales en los que participaban centenares de miles de chicos y jóvenes, como fueron los Campeonatos Infantiles Evita y los Juveniles Juan D. Perón.
En este concepto, el deporte ya no fue una actividad reservada solo para limitadas iniciativas privadas, sino que alcanzó una dimensión comunitaria, acorde con el plan estratégico de la revolución justicialista.
Los hechos
Los Campeonatos Evita y los Torneos Juveniles Juan Perón – Los triunfos

Sin duda alguna, la mayor expresión de los resultados más elevados en materia de política de deportes durante el peronismo, fueron los alcanzados con los “Campeonatos Evita” para los niños y luego los “Torneos juveniles Juan Perón”.
En 1948 y desde la Fundación Eva Perón se concibió la idea de realizarlos y fueron inaugurados, por primera vez en ese año con la participación 15.205 niños inscriptos.
En la gestación de esta idea, que le fuera llevada a Evita en ese año, estuvieron dirigentes como Valentín Suárez (club Banfield) y Carlos Paillot (club Racing de Avellaneda); periodistas como “Lalo” Pelliciari, Emilio Rubio y Américo Barrios y el árbitro Bartolomé Macías.
La idea central era llevar la práctica del deporte a la mayor cantidad de chicos posibles, en todos los niveles socioeconómicos y en todos los espacios y terrenos posibles.
Así fue como, desde aquel número inicial de participantes, el mismo comenzó a elevarse conforme la convocatoria llegaba a todos los rincones de nuestro territorio.
En 1949/50 el número de inscriptos se cuadriplicó: 74.185. En 1950/51 fue de 110.687, temporada en la que se incorporan los Torneos Juveniles “Juan Perón”.
En 1951/52, donde no jugaron los juveniles, el número de participantes fue de 83.750 y en 1953/54, se incorporan los deportes femeninos, llegándose entonces al número record de 218.540 inscriptos.
La última temporada de realización fue la de 1954/55, siendo el número aún mayor, aunque no se dispone de él.
Muchos futbolistas que luego se destacarían en clubes de 1ª y aún llegando a la selección nacional, salieron de estos campeonatos y torneos. Fue el caso de Sívori, Maschio, Angelillo, Corbatta, Cap, Bilardo, Marzolini, Sacchi y tantos otros.

Y no todo fue fútbol, lejos de ello, desde estos torneos y desde los clubes y colegios se inició la práctica intensiva de otras disciplinas. Así, se comenzaron a ejercitar masivamente el atletismo, el básquetbol y la natación entre otros deportes, con importantísimos resultados iniciales que luego se irían traduciendo en la obtención de triunfos internacionales, pero que, en primerísimo orden se cumplía con el objetivo de alcanzar la meta cultural.
A todo esto, e instalada la materia Educación Física en la curricula de estudios por resolución del ministerio de Educación, se organizaron los Torneos Intercolegiales, con lo cual quedaba cubierta una franja más en donde promover el deporte y la cultura.
Dice Perón: “…establecimos que los niños de la escuela primaria debían dedicarse a los juegos deportivos propios de su edad y las escuelas disponer de pequeños campos deportivos, donde dos veces por semana los niños pedieran pasar por lo menos una tarde o una mañana jugando al aire y al sol. Las escuelas y colegios secundarios debían iniciar a los niños mayores de doce años en la práctica deportiva, disponiendo al efecto de campos de deportes cercanos propios de los clubes existentes. Esta acción era completada por los clubes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) organizados en todo el territorio de la República, donde las muchachas y los muchachos podían dedicar las tardes y las mañas para cultivar los deportes de su preferencia y completar su cultura general.
En la rama universitaria, técnica y especial, funcionaban también en las confederaciones correspondientes organizaciones similares. Todo este personal deportivo se agrupaba en la Liba Estudiantil Argentina, que anualmente debí realizar campeonatos propios. La Fundación Eva Perón mantenía sus clubes, y anualmente organizaba los campeonatos infantiles y juveniles, movilizando en el país a medio millón de jóvenes”.
El examen médico pre-competitivo
Pero no todo terminaba en estos objetivos.
La intervención decidida del Dr. Ramón Carrillo, primero secretario de Salud de la Nación desde 1946 y a partir de 1949 flamante ministro del recientemente creado ministerio de Salud de la Nación, plantó bandera con un concepto tan trascendental como revolucionario.
El conocía perfectamente y en profundidad el deterioro de la salud de niños y jóvenes en los sectores más humildes y más alejados del territorio nacional y actuó en consecuencia.
Se dispuso que todas las actividades deportivas, debían estar precedidas obligatoriamente por un examen médico preventivo para quienes las vayan a ejercitar.

Esta resolución, tomada en 1948, fue puesta en práctica en forma inmediata en todas las actividades deportivas y precisamente fue el año en que se iniciaron los Campeonatos Evita.
El resultado fue que, desde ese momento miles de deportistas y miles de niños fueron evaluados médicamente en forma preventiva.
El impacto que esta resolución tuvo en la detección de enfermedades fue decisivo, porque a este primer paso siguieron los tratamientos para sanar a los enfermos detectados.
Se resolvieron miles y miles de problemas que, de otro modo, no se hubiesen descubierto hasta ya presentada la enfermedad en modo avanzado y/o irremediable.
“Se efectuaban completos análisis clínicos, odontológicos, radiológicos, pruebas de laboratorio, electrocardiogramas y reacciones para detectar la tuberculosis. Los que resultaban aptos eran admitidos en las pruebas; los que tenían algún problema pasaban automáticamente a ser tratados.
A los participantes en los campeonatos Evita se les entregaba equipos completos, en calidad de obsequio. De esa manera los chicos de poblaciones alejadas, que en muchos casos no han visto nunca de cerca una pelota ’de veras’, se ven en posesión de elementos que le permiten una práctica más racional de sus deportes favoritos. Tienen oportunidad, además de desplazarse a otras regiones, y de esta manera mejorar su conocimiento social y relaciones con sus hermanos del resto del país”.
Es que la intervención estado se hacia sentir a pleno desde la concepción justicialista, esto es, en vez de conservar tesoros para soldar la dependencia financiera con el dólar, paradigma de Bretton Woods para los nuevos países esclavos, estos fondos debían ser aplicados o la generación de trabajo, o mejorar sustancialmente el nivel de vida de los argentinos.
El deporte era un espacio para lograr ese objetivo y hacia allí fueron importantísimas inversiones. No fue un gasto improductivo, no fue siquiera un gasto. Salud, cultura y felicidad para millones fueron los resultados.
Además, esta intervención se traducía también en ayudas múltiples, como por ejemplo la entrega de indumentaria completa para los equipos de fútbol; bicicletas, motonetas, becas de estudio y algo esencial para muchos equipos que nacían con la inscripción en estos torneos: la cesión de un terreno y la construcción de una sede social. ¡Nada menos!
Como quedó dicho en los fundamentos de la política deportiva del gobierno, en esa práctica masiva no solo debía procurarse la salud física que provee el propio ejercicio, sino la riqueza espiritual y moral que proporciona la misma práctica.
Además y complementariamente el hábito de la cultura física aportaba un impacto decisivo sobre “la capacidad de trabajo y la defensa de la nación”, porque lo que se inculcaba era el esfuerzo y el trabajo para una vida mejor.
El deporte de alto rendimiento y de alta competencia
Indudablemente que la puesta en marcha masiva de todas las energías físicas de la juventud argentina, organizadamente desde las bases, esto es colegios, clubes profesionales y barriales y universidades, tuvo, además de los objetivos éticos y morales antes apuntados, resultados también muy relevantes en las distintas especialidades en la alta competencia.
Olimpíadas de Londres, 1948

Delfo Cabrera llegando a la meta Olimpiadas 1948
Así fue como, tempranamente, en 1948, el gobierno de Perón encaró la participación en la Olimpiada de Londres.
La delegación argentina fue compuesta por más de 200 personas entre las cuales, además de los deportistas viajaron seis médicos y seis kinesiólogos y hasta un carnicero.
Todos ellos se instalaron en Londres con 3 meses de anticipación. Tal fue el grado de seriedad y preparación con que se encaró la participación en los juegos.
Perón, según el testimonio de Delfo Cabrera dispuso que participaran en la olimpíada todos los deportistas argentinos que pudiesen hacer marcas mínimas.
El resultado fue que obtuvieron tres medallas de oro, una en la maratón final por Delfo Cabrera y dos más en boxeo por Pascual Pérez en peso mosca y Rafael Iglesias en peso pesado.
Además obtuvo otras tres de plata, una de bronce y quince diplomas olímpicos (para puestos premiados). Argentina ocupó el puesto número trece en el medallero general sobre 59 países participantes, constituyendo la 2º actuación más exitosa en la historia del deporte argentino después de la Ámsterdam en 1928, pero en la que se obtuvieron más medallas de todas las intervenciones hasta el presente.
Los juegos Panamericanos de 1951
A principios de la década del 40 y reunidos en Buenos Aires, los presidentes de las confederaciones deportivas de los países americanos resuelven desde su Comité Deportivo Panamericano, a propuesta e iniciativa del argentino Juan Carlos Palacios, realizar encuentros deportivos continentales cada cuatro años, los que serán llamados Juegos Panamericanos. La segunda guerra mundial postergó el inicio de los mismos, pero terminada la contienda bélica, se resuelve que se realicen por primera vez en Argentina.
Perón, como presidente apoya total y decididamente la organización de los mismos y se puso en marcha una movilización integral detrás del objetivo.

Estadio de Racing Club, recien terminado donde se realizó la ceremonia inaugural de los I Juegos Panamericanos.
Selección de deportistas, campos de entrenamiento, estadios, pistas de atletismo, velódromo, villa olímpica, natatorios y por sobre todo la conciencia nacional de dar una digna batalla ética y épica en el terreno del deporte. Todo se puso en marcha.
La ceremonia inaugural fue realizada en el recientemente terminado estadio de Racing Club de Avellaneda el 25 de febrero de 1951, con la presencia de más de 2.500 atletas de 21 países americanos y la clausura fue en el estadio de River Plate el 9 de marzo de 1951.
Las instalaciones que se utilizaron, todas ellas en Buenos Aires y alrededores, fueron: el Colegio Militar de la Nación en Campo de Mayo, que albergó a la mayor cantidad de atletas varones y se convirtió virtualmente en la villa olímpica; las mujeres fueron alojadas en dos Hogares de Tránsito y en el Hogar de la Empleada. La delegación argentina, exceptuando su equipo de básquetbol que lo hizo en el Centro de Educación Física de San Fernando, se concentró en las también recientemente inauguradas instalaciones deportivas y recreativas de Ezeiza.
En el estadio de Racing Club se jugaron los partidos de fútbol; en el de River Plate, además de la ceremonia de clausura de los juegos, se llevaron a cabo todas las pruebas de atletismo; en el Club Universitario de Buenos Aires se disputaron las pruebas de natación, saltos ornamentales y waterpolo; en el Estadio Luna Park se realizaron todos los combates de boxeo y los partidos de básquebol; el cliclismo tuvo su escenario en el recientemente inaugurado Velódromo Municipal y en varios clubes de Buenos Aires se completaron las demás disciplinas.
Se compitió en: ciclismo, fútbol, boxeo, atletismo, esgrima, béisbol, básquetbol, béisbol, pentatlón, pesas, polo, remo, natación, waterpolo, vela, tiro, tenis, equitación, lucha, gimnasia y salto ornamental.
Los resultados
Si bien se dijo que los Estados Unidos no habría enviado lo mejor de su potencial humano deportivo, la Argentina finalizó primera en el medallero dejando muy lejos al 2º (USA), siendo además esta victoria, un resultado mucho más elevado que el estrictamente deportivo.
“Es el momento más alto del deporte argentino”.
La movilización humana y la “expresión del poderío físico y espiritual” que había comprometido a todo el pueblo argentino, se tradujo en los resultados deportivos que se detallan a continuación. Un momento de enorme felicidad para los argentinos.
Subsidios y Deportes
Así como se invirtió en la salud física, intelectual y espiritual de niños y jóvenes a través del deporte tal como lo describimos, también se pusieron en manos de las organizaciones libres del pueblo, fuertes subsidios bajo formas de sumas de dinero o la cesión de terrenos o la construcción de instalaciones o estadios o créditos blandos, todos destinados al desarrollo de las prácticas deportivas.
Ningún requisito político se puso por delante de estos otorgamientos, solo la concreción de las obras y el efectivo cumplimiento de las distintas disciplinas.
Sí, el cumplimiento de esta cláusula que figuraba en la documentación que se firmaba entre el gobierno nacional y la institución beneficiada.
«El club se obligará a acordar las franquicias que oportunamente requiera el gobierno de la Nación y de la Provincia para los alumnos de la enseñanza primaria y media para la práctica de los deportes y concurrencia a los espectáculos deportivos por él organizados…»
Es innumerable el listado de instituciones deportivas, sus federaciones, clubes de barrio, etc., que recibieron subsidios razón por la cual no la reproducimos, pero dos casos fueron paradigmáticos.
El primero fue el del Club Huracán de Buenos Aires que, necesitado de construir una nueva cancha de fútbol recibió los fondos necesarios y el resultado fue uno de los estadios más grandes y cómodos de la Argentina, terminado en 1949.
Pero no fue solo eso, junto con la construcción del estadio de fútbol se construyó una hermosa y moderna escuela debajo de la tribuna visitante. Quien pueda hoy, parado en la esquina de la avenida Colonia y Amancio Alcorta de la Capital Federal, levantar la vista, verá la maravilla de estas dos construcciones con un mismo estilo arquitectónico. Una muestra de auténtico peronismo básico.
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