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El Señor Pakal …


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marcianosmx.com/matadornetwork.com/National Geographic  —  La historia de este ser se remonta unos 12,000 años, en el corazón de la civilización maya. En 1949 el arqueólogo Alberto Ruz de L’huiller descubrió en un templo, bajó una escalera de cuarenta y cinco escalones, un sello oculto que daba a una gran piedra triangular. Alberto Ruz de L’huiller comprendió que iniciaba un verdadero descubrimiento.

En la parte inferior observó una zona rellena de pedruscos y cal, al abrir dicho hueco pudo asomarse y ver lo que contenía la espaciosa cámara: una espectacular cripta con una gigantesca lápida tapando el sarcófago donde yacía el señor Pakal.

La lapida tenía unas medidas de 3.80 metros de largo, 2.20 metros de ancho y un espesor de 25 centímetros, con un peso aproximado de 5 toneladas.

Es posible imaginar la emoción del arqueólogo, después de tantos meses de trabajo y de sortear dificultades de todo tipo, al contemplarla, teniendo en cuenta que era el primer hombre que, luego de siglos, tenía acceso a ella.

“Ahau” es la forma en que los mayas nombraban a su gobernante y el templo está asentado sobre una estructura piramidal escalonada de 16 metros de altura.

Pakal fue un rey maya que ascendió al trono ¡con tan sólo doce años de edad!

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El Castillo del Palenque(1863)

Su lápida mide 3.80 metros de largo, 2.20 metros de ancho y tiene un espesor de 25 centímetros, con un peso aproximado de 5 toneladas. Pero a continuación viene lo más emocionante: en la losa se hallan unos grabados muy particulares que han dado pie a innumerables enfrentamientos entre investigadores y arqueólogos, y sobre los cuales se han llegado a elaborar las teorías más increíbles.

Lo interesante de este descubrimiento es el magnífico trabajo realizado en el relieve de la tapa labrada. En efecto, en ella se reproduce la figura de un hombre con atuendo maya, en una posición semiacostada en una especie de silla con cinturón de seguridad y con los pies apoyados en unos pedales y controles al frente y una gran cantidad de tornillos, resortes, caños, tableros y palancas de mando.

Pero los mayas enterrados en templos eran normalmente celebridades. ¿Qué hizo pensar a los mayas que el señor Pakal era una celebridad? Todo eso hace pensar que este individuo era un ser extraterrestre que aterrizó en territorio maya y compartió con ellos distintos conocimientos, hasta el punto de ser considerado una deidad.

El científico soviético A. Katsantsev no tiene ninguna duda que se trata de un navío espacial y así lo ha atestiguado en diversas publicaciones e infinidad de conferencias. Es más, han dibujado un cohete asimilándolo al relieve de la lápida y las coincidencias son sorprendentes.

En 1969 la NASA encontró 16 puntos coincidentes entre el dibujo de la lápida y el módulo de mando de una cápsula espacial contemporánea. Para muchas personalidades no cabe duda de que la imagen esculpida es la representación de un astronauta dentro de un módulo espacial fuera de la atracción de la atmósfera terrestre, controlado o dirigido por un ser.

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Vista del corredor de acceso a la Tumba de Pakal (c.1952)

Incluso afirman que el autor de este relieve tuvo que tener un modelo, o seguir las instrucciones de alguien que conocía perfectamente ese artefacto esculpido en la piedra.

El 8 de noviembre de 1949, elevada dicha losa a 1.12 metros, Alberto Ruz de L’huiller pudo observar con comodidad el interior: una tapa perfectamente pulida, de la que sobresalían dos secciones, como orejas. Dicha tapa se encontraba labrada a la manera de una forma humana, en un solo bloque; retiró cuatro tacos de madera que cubrían orificios realizados en la misma, y la levantó.

El interior estaba pintado de rojo, y en el fondo yacía un esqueleto humano cubierto de joyas. Su talla era de 1.70 metros y su cabeza se hallaba guardada por lo que fuera una mascarilla de jade, lamentablemente rota. Cuando fue reconstruida, pudo contemplarse en todos sus detalles, una verdadera obra de arte.

Sus restos difieren totalmente de las características físicas del pueblo Maya. Los antiguos Mayas eran personas que medían alrededor de 1.50 metros, lo que hace pensar que no era Maya comparada con el hombre de Palenque. Otra prueba de la identidad no Maya de Pakal es que como símbolo de belleza los mayas se incrustaban piedras preciosas en los dientes, y éste carecía de ellas. La cantidad y calidad de las joyas encontradas daban una idea de la elevada alcurnia de quien allí yacía, manos delgadas, dedos alargados cubiertos de anillos, y su cráneo no se encontraba deformado, práctica usual entre este pueblo.

Los mayas enterrados en templos eran normalmente celebridades. No hay pruebas de la existencia de cacique, chamán o rey con tal descripción en ninguna inscripción de algún otro monumento.

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Retrato de Alberto Ruz L’Huillier en la cripta funeraria de la Tumba de Pakal, bajo la lápida. Templo de las Inscripciones. (c. 1952).

La única explicación para los servicios fúnebres de tal magnitud en este individuo es que él haya sido considerado como un dios o semidiós. En la autenticidad del conjunto concuerdan todos los arqueólogos americanos, recordando además que los análisis realizados con carbono 14 sobre los restos óseos encontrados dieron una antigüedad de 2,000 años.

Es que lo que parece estar inscripto en la lápida tiene grandes similitudes con una nave espacial moderna, así es, el grabado de la lápida muestra al gran Pakal sentado en algo que parece ser una nave en pleno vuelo…

Otros afirman que tal vez se trate de un viajero del tiempo, un hombre con la tecnología para poder avanzar y retroceder a la época que quiera y que, por alguna razón, se quedó a vivir entre los mayas.

Otras teorías afirman que sólo representa a Pakal en un altar iniciando su viaje al inframundo, ya que los mayas creen en tres mundos distintos:

1. El nivel de los nueve cielos.

Es la parte superior de la lápida y se aprecia una criatura mitad serpiente y mitad pájaro sobre una cruz central. Esto representa el intermedio entre los cielos y la Tierra. Debajo de ella existen dos representaciones del Sol.

2. El mundo de los vivos.

En la parte central hay un árbol sagrado con una serpiente de dos cabezas, de cuyas bocas salen el Dios Llamarada y el Dios Bufón. El Ahau Pakal aparece sentado en su descenso hacia el inframundo.

3. El inframundo o Xilalbá

Sobre lo que se sienta Pakal sería, nada más y nada menos, que el Monstruo de la Tierra, con su sombrero presidido por cuatro pétalos. La nariz del monstruo es la de un mono araña, que junto al signo KIN de su cabeza componen una clara referencia al Sol. Todo ello encaja en las fauces de dos serpientes descarnadas que sostienen la figura de Pakal y la del Monstruo de la Tierra en su descenso al Mundo de los Muertos.

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Lápida de Pakal in situ, Templo de las Inscripciones (c.1952).

Pero más allá de entrar en el debate de si lo que hay en las representaciones es un cohete o un simple altar me gustaría centrarme un poco en el propio Pakal, ya que un velo de misterios también rodea a su persona.

Comencemos por aclarar que de acuerdo a lo descubiertok, Pakal fue un gobernante muy estimado y respetado por su pueblo, quien tenía una visión de Pakal muy peculiar. Se lo veía como un dios o semidiós y, además, su templo funerario es el único templo conocido de esta parte de América en el que se ha encontrado una cripta con restos mortales. Los mayas jamás levantaron templos en calidad de monumentos funerarios.

Supuestamente, según teorías oficiales, Pakal falleció a los 80 años, después de 68 años de reinado. De ello cabría esperar haber encontrado unos restos óseos que encajasen con la descripción de un hombre anciano.

Por el contrario, los restos aparecidos en el sarcófago real tras el hallazgo del Dr. Alberto Ruz corresponden anatómicamente a una persona de unos 40 o 50 años de edad, que además tiene una talla muy por encima de la media que alcanzan los mayas. Los antropólogos también han resaltado que los restos del difunto Pakal corresponden a un varón robusto y bien proporcionado. Desde luego, nada que ver con un anciano maya octogenario.

La antigüedad de la tumba también puede ser cuestionada, pues en el momento de su apertura la cripta se encontraba cubierta de estalactitas y estalagmitas. El proceso de formación de estos elementos geológicos es extremadamente lento, apenas unos pocos milímetros cada 1.000 años, por lo que cuesta imaginar su presencia en una cripta con una supuesta antigüedad de 1.300 años aproximadamente.

Además, la altura que tenía Pakal no era natural de los mayas, ya que, según los restos funerarios recogidos, tenía una altura de 1,70 metros y esto difiere totalmente con las características físicas de los hombres del pueblo maya, quienes son personas que miden alrededor de 1,50 metros. Esto hace pensar que Pakal no era maya.

Otra prueba esgrimida a favor de la identidad extranjera de Pakal es que, como símbolo de belleza, los mayas se incrustaban piedras preciosas en los dientes. Pakal, sin embargo, carecía de ellas. La cantidad y calidad de las joyas encontradas daban una idea de la elevada alcurnia de quien allí yacía, manos delgadas, dedos alargados cubiertos de anillos, y su cráneo no se encontraba deformado, práctica usual entre los mayas.

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Osamenta de Pakal, vista (1952)

Los mayas enterrados en templos eran normalmente celebridades. No hay pruebas de la existencia de cacique, chamán o Ahau con tal descripción en ninguna inscripción de algún otro monumento maya.

La única explicación para los servicios fúnebres de tal magnitud en este individuo es que él haya sido considerado como un dios o semidiós. En la autenticidad del conjunto concuerdan todos los arqueólogos, recordando además que los análisis realizados con carbono 14 sobre los restos óseos encontrados dieron una antigüedad de 2.000 años.

Pakal poseía un avanzado conocimiento astronómico, conocía las órbitas de Marte, los movimientos de la Tierra y podía predecir los eclipses lunares.

¿Quién era Pakal realmente?

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Todo parece indicar que no era maya y eso nos lleva a no creer tan descabellada la idea de que tal vez se trate de un visitante de otras tierras o de otro mundo y ¿por qué no? tal vez de otra época.

Esta es la máscara funeraria y estas son las joyas de Pakal el Grande, el rey maya de Palenque, quien fue entronizado durante la adolescencia y, según parece, gobernó hasta una edad avanzada. La máscara está formada por cientos de teselas de jade de varias tonalidades, además de fragmentos de concha para la esclerótica y dos discos de obsidiana para las pupilas.

El caballete nasal le llega al entrecejo, se advierte un cierto estrabismo, premeditado o impremeditado, y en la boca entreabierta hay una pieza de jade que simboliza el viento húmedo y el aliento del espíritu, es decir, el alma.

De sus orejeras sobresalen unas piezas tubulares que imitan el pistilo de la flor y también luce collares de cuentas. Con este rostro de jade, absolutamente deslumbrante, se presentó Pakal en el inframundo.

Con estos ornamentos se enfrentó a los señores de la muerte y renació como dios del maíz. Desde el año 683, fecha de su muerte, hasta 1952, nadie interrumpió el reposo del gran señor maya, nadie quebrantó su tumba en el Templo de las Inscripciones.

Alberto Ruz, su descubridor, un arqueólogo naturalizado mexicano, relató el hallazgo con unas palabras conmovedoras: «Entré a la misteriosa cámara con la extraña sensación de ser el primero que pisaba los escalones de la entrada en mil años.

En 2016 el hallazgo de un complejo sistema de canales bajo la cámara mortuoria del señor Pakal II, en el Templo de las Inscripciones de Palenque, el edificio más importante de esa zona arqueológica mexicana, cambia la teoría original sobre la construcción de esa pirámide, el titular del Proyecto Arqueológico Palenque (Chiapas) explicó, tras una conferencia de prensa a la que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) convocó con carácter de urgente, que por ubicarse bajo el espacio mortuorio más importante de todo Mesoamérica, ese sistema de canales de agua representa un hallazgo que varía la historia.

El contexto indica que entre el ajuar con que fue ataviado Pakal «El Grande» al llegar su muerte hace mil 333 años, se encontraba un par de orejeras con epígrafe que narra cómo, para ser recibido por el dios del inframundo, el difunto debía sumergirse en el agua del dios Chaac. Hasta hoy, la tumba descubierta en 1952 poco había revelado adicionalmente.

El especialista comentó que con el reciente hallazgo de un sistema de canales en el subsuelo del Templo de las Inscripciones, mismo que también corre bajo la cámara funeraria del gobernante palencano, esta metáfora podría tener una interpretación mucho más compleja, dando nuevos datos sobre la construcción y el uso de esa gran pirámide.

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Por su cercanía a la cámara funeraria, a 1.70 metros por debajo del umbral de su pared norte, este sistema hidráulico posiblemente reproducía de manera simbólica el sinuoso camino que condujera a K’nich Janaab’ Pakal a las aguas del inframundo.

El hallazgo cambia la tesis del arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier hasta ahora sostenida como buena.

Esa tesis señala que la cámara funeraria de Pakal II, la cual descubrió Ruz en 1952, sería el punto de partida de los nueve cuerpos que componen el Templo de las Inscripciones. Ahora la evidencia sustenta que su centro debió estar dado por la clara existencia de un manantial del que aún queda una compleja red de canales, de acuerdo con el hallazgo.

Esa red, dispuesta a diferentes niveles y orientaciones, debió ser diseñada mucho antes que se proyectara la pirámide misma, en las primeras décadas del siglo VII. El origen de esta corriente de agua, la cual aún fluye por el canal principal, fue punto de partida desde el cual se erigió el edificio y cuyo fin era asociar a Pakal II, gran señor de Palenque, con estos acuíferos.

K’nich Janaab’ Pakal fue el sabio que proyectó este plan arquitectónico, y fue durante su reinado (615-683 d.C.) cuando comenzó la construcción del Templo de las Inscripciones, una edificación funeraria que concluyó su primogénito, K’nich Kan B’ahlam, en el lapso que duró en el trono de Lakamha’ («Lugar de las Grandes Aguas»), nombre original de la ciudad maya, entre los años 683 y 702.

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La cabeza estucada, de tamaño y estilo naturalista, formó parte de algún decorado arquitectónico, probablemente a modo de mascarón (una cara deforme o fantástica que se usa como adorno arquitectónico). «El hallazgo fue realizado en el patio este de la Casa E, la sede del poder político y administrativo de la antigua ciudad de Palenque. El patio funcionó en algún momento como un estanque de agua y posteriormente fue inhabilitado y se continuó la construcción de edificios en esta parte de El Palacio»

En 2018 se descubre una cabeza modelada en estuco que representaría a K’inich Janaab’ Pakal, conocido como Pakal el Grande, el célebre gobernante maya de Palenque, fue hallada junto a otros objetos que conformaban una vasta ofrenda durante unas excavaciones realizadas en el patio este de la Casa E del conjunto arquitectónico conocido como El Palacio, en la Zona Arqueológica de Palenque, en Chiapas, en la región suroeste de México, según reveló a finales de agosto el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México.

«La cabeza pudo formar parte de las decoraciones que se encontraban en las pilastras, en los frisos o incluso en la crestería de algún edificio del interior de El Palacio y, de acuerdo con los rasgos fisonómicos que presenta, se trata de un personaje de edad avanzada; la realización de un análisis iconográfico y estilístico para conocer su identidad nos llevó a proponer al gobernante K’inich Janaab’ Pakal como la posibilidad más fuerte«, explica Benito Venegas Durán, uno de los arqueólogos responsables del descubrimiento, a National Geographic España. «Este mascarón de estuco es uno de los hallazgos más importantes de los últimos años, ya que desde los años 40 y 50 no se había localizado otro similar y en tan perfectas condiciones de conservación y, por supuesto, es aún más importante por la información que nos brinda el contexto tan interesante en el que fue ubicado», añade.

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