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La Caída de los Gigantes y su Destino Según los Textos Antiguos …


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Ancient Origins(Mariló T.A./A.O-Stokes)  —  «Que una antigua raza o razas de gigantes alguna vez existió en todo el mundo, desde China hasta América del Norte, es un asunto atestiguado no solo en los registros escritos de varias civilizaciones sino también en el registro arqueológico. Como señalan Jason Jarrell y Sarah Farmer, la gran cantidad de gigantescos restos esqueléticos humanoides excavados solo en la región de América del Norte hace que sea estadísticamente altamente improbable que los interpretemos a todos como anomalías genéticas, como a menudo hacen los estudiosos convencionales.

Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres les venían bien, y tomaron por mujeres a las que prefirieron de todas ellas. Entonces dijo Yahvé: «No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne; que sus días sean ciento veinte años». Los nefilim aparecieron en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y éstas les dieron hijos: estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos» (Génesis 6,1-4)

Los Nefilim: Gigantes Bíblicos Hijos de los Ángeles Caídos

Los nefilim o nephilim (en hebreo נְּפִלִים, un plural, que viene de nafál: «caer» y de ahí “los caídos” o “los que hacen caer», aunque también se ha traducido como “gigantes” o “titanes”) son unos seres que se mencionan varias veces en la Biblia  -así, por ejemplo, se usa el mismo término para referirse a unos gigantes que habitaban en Canaán en el momento de la conquista israelita (Números 13,33)- aunque también se les nombra en otros libros, tanto canónicos como apócrifos, como por ejemplo en el Libro de Enoc. Según el Génesis serían los descendientes de los «hijos de Dios»  y las «hijas de los hombres» que vivían antes del diluvio universal (Génesis 6,4).

 Orígenes

Existe un intenso y amplísimo debate acerca de los nefilim pero en una primera versión nos encontramos con que tanto los nefilim bíblicos como los nombrados en otros escritos religiosos judíos y cristianos ancestrales vendrían a ser un pueblo de gigantes surgidos por el deseo de algunos ángeles rebeldes de mantener relaciones sexuales con las mujeres terrestres

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“La caída de los ángeles rebeldes”, obra de El Bosco, está basada en Génesis 6,1–4

Sin embargo, el término hebreo Nefilim no implica tanto la idea de una gran estatura como la de un carácter feroz, audaz, impío y temerario. Además, ciertas traducciones bíblicas identifican a los Nefilim con “los poderosos”. Por su parte, quienes rechazan la tesis de que sean una raza fruto de relaciones sexuales entre mujeres y ángeles, tanto en el ámbito judío como en el cristiano, se basan en que los ángeles son descritos en la Biblia como «espíritus», sin capacidad de reproducción porque no habrían sido creados por Dios para tal fin. Pero la Biblia hebrea sí refiere casos en los que determinados ángeles se materializaron en ocasiones y hasta realizaron funciones biológicas corporales, comiendo y bebiendo con los seres humanos. (Génesis 18,8).

¿Por qué habrían hecho los ángeles (o demonios) tal cosa? La Biblia no responde a nuestra pregunta, pero teniendo en cuenta que los ángeles rebeldes –también conocidos como ángeles caídos o demonios- son seres malvados y sibilinos, una posible explicación podría ser la de querer contaminar la sangre humana para evitar la posterior encarnación de Jesucristo: Dios había prometido que el Mesías nacería del linaje de Eva (Génesis 3,15) quien heriría a la serpiente (Satanás) en la cabeza. Así que, tal vez, los demonios intentasen impedirlo haciendo imposible que un día naciera un Mesías sin pecado original.

En otro orden de cosas, también  existen quienes sostienen la opinión de que los Nefilim eran, simplemente, hombres malvados como Caín –y sus descendientes-, que vagaron por la tierra hasta que fueron aniquilados en el Diluvio Universal. Asimismo, hay quienes aseguran que los Nefilim podían haber sido descendientes de Set e, incluso, existe otra versión que los relaciona con supuestos extraterrestres, ya que según defienden numerosos ufólogos, habrían sido fruto de una hipotética intervención extraterrestre en la antigüedad. Esta hipótesis se basa en que el término “Nephila” o “Nefila” era empleado por los arameos para referirse a la constelación de Orión y, por tanto, los Nefilim procederían de dicha constelación.

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Nebulosa de Orión. Una de las hipótesis acerca del origen de los Nefilim asegura que proceden de Orión.

Una de las principales referencias bíblicas acerca de los Nefilim se encuentra en el famoso Libro de Enoc. Este libro, perteneciente al canon de las Iglesias Copta y Ortodoxa Etíope, no es un texto canónico para la Iglesia Católica ni aparece en la Biblia. En él se indica que el propósito del diluvio universal fue, precisamente, acabar con los Nefilim (Enoc 10,1-9), quienes no habían sido creados según los planes de Dios (Enoc 10,15-16) ni tenían capacidad espiritual y, por lo tanto, desconocían la resurrección. Una historia que es complementada por el Libro de los Jubileos, otro texto admitido por la iglesia etíope.

Asimismo, en el Libro de Baruc, texto canónico bíblico, podemos leer: «allí nacieron los famosos gigantes de antaño, de gran estatura y diestros en la guerra. Pero no los eligió Dios ni les enseñó el camino de la ciencia, y perecieron por no tener prudencia; por su locura perecieron» (Baruc 3,26-28).

En cuanto al conocido Libro de la Sabiduría bíblico, en él se menciona lo siguiente:

«ya en los comienzos, cuando los soberbios gigantes perecían, la esperanza del mundo se refugió en una balsa que, pilotada por tu mano, legó al mundo una semilla de vida» (Sabiduría 14,6).

Por último, en el Eclesiástico se indica que «no perdonó a los antiguos gigantes, que se rebelaron seguros de su fuerza» (Eclesiástico 16,7).

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La Reina-Valera, también llamada Biblia de Casiodoro de Reina o Biblia del Oso, es una de las primeras traducciones de la Biblia al castellano a partir de la traducción de los textos originales en hebreo y griego y fue publicada en Basilea, Suiza, el 28 de septiembre de 1569. Su traductor fue Casiodoro de Reina, religioso español convertido al protestantismo

Civilizaciones Nefilim

Según la tradición rabínica, los anakim o anaquitas, los refaim o refaítas y los emim o emitas, eran pueblos pertenecientes a la misma raza nefilim. De hecho todos los términos citados se traducen por “gigantes”.

Los refaítas eran una antigua tribu cananea que vivía en las colinas de Judá y en la llanura filistea (Hebrón, Debir, Anab, Gaza, Gath y Ashdod).  Antiguos habitantes de Canaán, ocupaban el Líbano y el área del Monte Hermón y construyeron una serie de ciudades fortificadas al norte de las costas de Siria y Transjordania. Vivían en la región que, posteriormente, ocuparon los moabitas y los amonitas. A los primeros les llamaron emitas y a los segundos zomzomeos. En la parte occidental de Palestina se aliaron y se cruzaron con los caftorim, que habían llegado desde Creta, estableciéndose en áreas costeras y siendo conocidos, posteriormente, como filisteos y fenicios. Así, el filisteo Goliat, quien murió al lanzarle David una piedra con su honda, era refaíta.

Como ya hemos señalado, anak o anac significa gigante y en el Midrash judío se explica que los anaquitas llevaban cadenas al cuello. Anac, su líder, era hijo del refaíta Arba. A su vez, Anac tuvo tres hijos: Sesai, Aiman y Talmai, todos ellos cabezas de los clanes arameos. Finalmente, los anaquitas fueron derrotados por Caleb.

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Goliat, el gigante filisteo vencido por David, era refaíta: uno de los pueblos de origen Nefilim. Óleo sobre lienzo de Guillaume Courtois (1650 – 1660).

En cuanto a los emitas, sólo nos consta lo que el Pentateuco dice de ellos: “cuando Yahvé dio la tierra de Moab a los hijos de Lot, se dice que esa tierra había sido habitada por los emitas, pueblo grande, numeroso y corpulento como los anaquitas» (Deuteronomio 2,10).

¿Qué Sucedió con los Nefilim?

Tal y como indicamos anteriormente, los Nefilim fueron una de las razones principales por las que Yahvé envió el gran diluvio en tiempos del patriarca Noé. Por tanto, en teoría los Nefilim fueron exterminados a causa del diluvio, igual que el resto de seres vivos a excepción de Noé, su familia y los animales refugiados en el arca. Y decimos “en teoría” porque si analizamos detenidamente el Libro de los Números, que narra la marcha de los israelitas por el desierto durante el éxodo de Egipto, veremos que no fue así, ya que en dicho texto se deja clara constancia de que muchos de los Nefilim sobrevivieron al diluvio: «Hemos visto también gigantes, hijos de Anac, de la raza de los gigantes. Nosotros nos veíamos ante ellos como saltamontes, y eso mismo les parecíamos a ellos» (Números 13,33).

En todo caso, lo que sí parece cierto es que los israelitas los destruyeron por completo durante su invasión de Canaán: «Por entonces fue Josué y exterminó a los anaquitas de la montaña, de Hebrón, de Debir, de Anab, de toda la montaña de Israel: los consagró al anatema con sus ciudades» (Josué 11,21).

Pese a ser supuestamente aniquilados, la fama de los Nefilim y el temor que inspiraron se prolongó en el tiempo constituyendo la base de muchas mitologías paganas que se esparcieron por toda la tierra creando historias únicas, personajes irrepetibles y colosales aventuras.

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Pese a su total desaparición a manos de los israelitas, el recuerdo de los Nefilim, su gran poder y el temor que provocaban permanecieron incólumes con el paso del tiempo, inspirando a numerosos personajes mitológicos posteriores. Recreación artística de un gigante.

Los gigantes estaban aquí. Sin embargo, esta observación nos lleva inmediatamente a otra pregunta problemática: si los gigantes, como raza o razas, alguna vez existieron en la antigüedad, ¿por qué no existen ahora? ¿Que les pasó a ellos? ¿Qué factores llevaron a su extinción?

El registro arqueológico en gran parte, aunque no del todo, no nos responde a estas preguntas. Esto es particularmente evidente en el trabajo realizado en civilizaciones gigantes en América del Norte. Los arqueólogos y antropólogos norteamericanos han realizado un trabajo increíble al abordar las características culturales únicas de Hopewell y Adena, pueblos precolombinos que eran gigantes o descendientes directos de una raza de gigantes anterior. Al mismo tiempo, la arqueología norteamericana se esfuerza por explicar la repentina desaparición de ambas civilizaciones en algún momento alrededor del año 500 DC.

Ahora utilizaremos un método antropológico alternativo para determinar el destino de los antiguos gigantes. En lugar de intentar interpretar la evidencia arqueológica escasa e inconclusa, sugiero que los estudiosos recurran a textos antiguos y las tradiciones mitológicas / religiosas que contienen. Como señala Erik Von Daniken, la literatura antigua, si bien altamente mitológica, a menudo conserva los hechos en su núcleo.

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Colosal estatua del gigante Appenino.

Además, como también señala Von Daniken, muchas de las narraciones contenidas en textos antiguos son mucho más literales de lo que los académicos modernos del siglo XXI les dan crédito. Cuando se toma en consideración este material, sugiere que muchas de las antiguas civilizaciones gigantes fueron violentas y opresivas en su cultura y que eventualmente fueron destruidas por sus propias tendencias y acciones violentas.

La descripción de gigantes en la literatura antigua

Como señala Xaviant Haze en su reciente trabajo Ancient Giants, los cuentos y las historias de gigantes son un fenómeno universal que se encuentra en casi todas las culturas humanas a lo largo de la historia humana registrada. Cuando se examinan estos diversos relatos, surge un tema común, a saber, que los gigantes y las civilizaciones que crearon fueron definidos por la violencia y el derramamiento de sangre. Si bien un examen exhaustivo de los gigantes en las antiguas tradiciones orales y escritas está más allá del alcance de este artículo, es posible limitar nuestro enfoque aquí al tratamiento de los gigantes dentro de una cultura particular y su cuerpo de literatura.

Como alguien con experiencia en estudios bíblicos, los antiguos israelitas inmediatamente vinieron a la mente como los mejores candidatos para tal examen. A diferencia de muchas otras sociedades antiguas del Cercano Oriente, la historia del antiguo Israel está muy bien documentada tanto en fuentes bíblicas (es decir, la Biblia del Antiguo Testamento / hebreo) como extrabíblicas.

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El «Libro de los Gigantes» cuenta la historia de los orígenes pre-diluvianos del mal y el destino de los Vigilantes y sus descendientes gigantes.

Una de las primeras referencias a los gigantes en Israel proviene del relato yahvista del gran diluvio encontrado en Génesis capítulo 6. (El Yahwista es uno de los cuatro autores o fuentes del material en los primeros cinco libros del Antiguo Testamento comúnmente referido como la Torá o el Pentateuco. La teoría de las cuatro fuentes se popularizó a finales del siglo XIX en la obra del famoso erudito bíblico alemán Julius Wellhausen.) Aquí están vinculados a los «hijos de Dios» (en hebreo: bene ‘elohim) que con fuerza tomar a las «hijas de los hombres» (banot ‘anashim) como esposas.

La traducción latina del pasaje de Génesis 6 dice:

Gigantes autem erant super terram en diebus illis: postquam enim ingress sunt filii Dei ad filias hominum illaeque genuerunt isti sunt potentes a saeculo viri famosi

Pero los gigantes estaban sobre la tierra en aquellos días. Porque después de que los hijos de Dios entraron en las hijas de los hombres y estas (mujeres) dieron a luz. Estos son los poderosos de hace mucho tiempo, los hombres famosos. (Génesis 6: 4)

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El Antiguo Testamento comparte historias sobre gigantes que toman mujeres humanas.

Aunque el relato de la inundación sugiere que los gigantes fueron exterminados con el resto de los habitantes de la tierra, sin Noé y su familia, aparecen nuevamente mucho más tarde en la línea de tiempo bíblica en lo que los estudiosos llaman la historia de Deuteronomio. (En estudios bíblicos, la historia de Deuteronomio se refiere al material de Josué a 2 Reyes en el Antiguo Testamento. La historia comienza con la entrada de Israel en la Tierra Prometida y termina con la destrucción del Reino del Sur, Judá, en el 586 a.C.)

Dentro de esta historia es, sin duda, el relato más famoso de un gigante en la literatura bíblica y posiblemente en la cultura occidental: el encuentro (violento) entre el israelita David y el gigante Goliat de Gat (1 Samuel 17).

Cabe señalar que tanto en la historia del Deuteronomio como en la fuente Yahwist anterior, los gigantes están asociados con una mayor violencia. Como sugiere el término hebreo laqach, toman por la fuerza (es decir, asalto sexual) las «hijas de los hombres» que conducen al nacimiento de una descendencia híbrida, superhumana, que la tradición extrabíblica identifica con los dioses y héroes griegos. (En el primer volumen de sus Antigüedades de los judíos, el historiador judío Josefo del siglo I DC vincula a los gigantes del Génesis con los semidioses griegos como Hércules).

En encuentros posteriores entre los gigantes e Israel, el resultado siempre es violento y conduce a la guerra y al derramamiento de sangre entre los dos grupos. Es esta característica particular de los gigantes lo que nos da una idea de lo que les pudo haber sucedido no solo en el antiguo Israel sino en todo el mundo.

La destrucción de los gigantes

Se nos proporciona una cuenta explícita sobre el destino de los gigantes prediluvianos en la literatura extrabíblica. En el libro apócrifo de Eclesiástico, incluido en el canon católico, pero no protestante del Antiguo Testamento, encontramos la siguiente declaración.

No exoraverunt pro peccatis suis antiguos gigantes qui destructi sunt confidentes suae virtutis.

Los antiguos gigantes, que fueron destruidos por confiar en sus propias fuerzas, no fueron exonerados por sus pecados. (Eclesiástico 16: 8)

Se sugieren dos cosas en esta declaración de Eclesiástico. Primero, que los antiguos gigantes tenían un poder y una fuerza extraordinarios. En segundo lugar, su destrucción se produjo porque confiaban demasiado en este poder.

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En Eclesiástico afirma que los gigantes fueron deshechos por la violencia.

En terminología bíblica, «confiar en el poder propio» tiene un significado tanto religioso como secular. En el contexto anterior, se refiere a descuidar (en opinión de los autores bíblicos) el poder de Dios a favor de asumir que el poder y la fuerza propios son suficientes.

En este último contexto, siempre se usa en referencia al abuso de poder, generalmente a través de la opresión física violenta. Sin embargo, el texto no indica si los gigantes se mataron entre sí o fueron destruidos por sus víctimas y finalmente se alzaron contra ellos.

Se puede encontrar más información sobre la cuestión de los gigantes y su destino final al recurrir al texto hebreo del Antiguo Testamento. En el relato de la inundación de Yahwist en Génesis 6, el autor señala repetidamente que debido a los gigantes la tierra estaba llena de violencia (hebreo: hamas). Como se señaló en el diccionario hebreo de Strong, el término hamas se usa a menudo en referencia a la violencia autodestructiva, que significa actos de violencia física dirigidos no solo a los demás, sino en última instancia hacia uno mismo y los tratos con miembros de su propia comunidad.

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La Biblia insinúa la destrucción de los gigantes a través del diluvio.

En otras palabras, Hamás es un tipo de violencia casi suicida y autoconsumo, y su asociación con los gigantes aquí sugiere que incluso antes del evento de inundación real, estaban en peligro de exterminio al matarse entre ellos. Incluso se podría concluir, basado en el uso de hamas en Génesis 6, que los gigantes fueron destruidos a través de algún tipo de guerra civil.

Tal comprensión del destino de los gigantes correspondería bien con la evidencia arqueológica y las tradiciones orales en todo el mundo que tratan con los gigantes, particularmente en América del Norte. En la región del medio oeste de los Estados Unidos, dos civilizaciones precolombinas, Hopewell y Adena, parecen haber desaparecido misteriosa y rápidamente después de lo que los arqueólogos infieren que fue una batalla repentina y masiva entre los dos grupos.

Esto es paralelo al tipo de violencia autodestructiva que se describe en relación con los gigantes en el Antiguo Testamento. Por otro lado, existen tradiciones entre varias tribus nativas americanas de un conflicto violento entre sus antepasados​​y las antiguas razas de gigantes en América del Norte.

Por ejemplo, los indios Pauite se refieren a una antigua raza de gigantes hostiles y violentos conocidos como los Si-Te-Cah. Como en el relato bíblico, los gigantes oprimieron a estos antepasados ​​que finalmente se levantaron en una revuelta contra ellos y los exterminaron.

Conclusión sobre el destino de los gigantes

Las huellas literales y los restos de civilizaciones pobladas y habitadas por razas de gigantes ahora extintas se encuentran en todo el mundo. En este artículo, he intentado proporcionar una posible explicación de por qué estos gigantes ya no existen basándose en tradiciones y narraciones preservadas en la Biblia hebrea y del Antiguo Testamento.

Los textos bíblicos sugieren que los gigantes no solo eran de naturaleza violenta, sino que fueron destruidos por esta violencia autoconsumo. Este destino para los gigantes parece estar respaldado por la evidencia arqueológica (por ejemplo, la destrucción aparentemente inmediata de los pueblos Hopewell y Adena), además de varias tradiciones orales de los nativos americanos. Cuando se tiene en cuenta esta evidencia, tal vez pueda servir de guía para los arqueólogos y antropólogos modernos que luchan por explicar la repentina desaparición de estas fascinantes, aunque aparentemente brutales, gigantescas razas.

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