El circo y los frikis: Freak Show (El circo de rarezas) …

Wall Street International(M.M.Ghenno)/centrotorrenteballester.com/agenteprovocador.es/D.Rucks/La Biblioteca de Laura — El 9 de enero de 1768, Phillip Astley pone un techo sobre el área donde realizaba espectáculos ecuestres en Londres, dándose cuenta de que si realizaba un recorrido alrededor de una pista circular estrecha, la fuerza centrífuga le ayudaba a realizar acrobacias sobre el lomo de su caballo. Contrató a otros jinetes, a un payaso y a un músico e inició así el espectáculo circense que todos conocemos.
Históricamente ya existían espectáculos similares en varias partes del mundo. La práctica de la acrobacia se remonta a la cultura mesopotámica, hace más de 3000 años.
También hay registro de que existía acrobacia en China, hace más de 2000 años. En Roma se acuña el término circo, nombrando así a los espectáculos públicos, especialmente carreras de carros y caballos, pero también ahí se daban las batallas a vida o muerte entre hombres y animales.
Ya en el siglo XIX se añaden los muy difundidos en Europa Freaks Shows («espectáculos de fenómenos»), que consistían en mostrar a personas con diferentes características físicas inusuales (enanismo, gigantismo, obesidad, hirsutismo, amputaciones, siameses, malformaciones óseas, etc.), también se incluyen aquí “rarezas exóticas” como indígenas de lugares remotos, y concubinas extranjeras de extraordinaria belleza.
También se añaden espectáculos en donde se integran animales entrenados, además de caballos, como perros, leones, tigres, osos, canguros, elefantes, y hasta pulgas.

Uno de los personajes freaks más famosos de la historia de estos circos es Joseph Merrick (5 de agosto de 1862 – 11 de abril de 1890, Inglaterra), conocido como El Hombre Elefante, un ser humano extraordinario caracterizado por sus malformaciones, padecimiento que sufrió desde que tenía año y medio.
Su enfermedad se llama Síndrome de Proteus, siendo él uno de los casos más graves analizados hasta el momento.
Cuando él cumple 11 años de edad, muere su madre, que era la única persona que le ofrecía apoyo moral ante sus problemas de salud, desde entonces empieza una vida de sufrimientos caracterizada por las constantes burlas y el regenteo de empresarios que se ganaban la vida a través de exhibirlo desnudo en circos y espectáculos, comenzando en 1883.
Otro caso de crueldad similar es el cometido contra Julia Pastrana (Sinaloa, México 1834 – 25 de marzo de 1860, Rusia), mujer que padeció hipertricosis, haciéndola tener el rostro y el cuerpo lleno de pelo oscuro y lacio, además de tener algunas deformidades craneales. En 1854 empieza su vida en el espectáculo, al encontrarse un manager que la llevó a Estados Unidos, viajando luego a Europa.

En ambos casos (Merrick y Pastrana), los espectáculos de freaks eran constantemente clausurados por inmorales, pero los empresarios dueños del espectáculo y sus rarezas veían la forma de hacer funciones ocultas o moverse de ciudad en ciudad, para seguirse lucrando con la exhibición de estas personas.
Julia Pastrana fungió además como un tipo de socialité, pero siempre bajo el manejo de su manager, con quien finalmente se casó en 1857.
En 1860 da a luz a un bebé con características similares a las suyas, bebé que murió a las 35 horas de nacido, mientras que Julia murió por complicaciones posparto cinco días después.
Sus restos tuvieron la misma suerte que ella mientras estaba viva, fueron vendiéndose y comprándose alrededor del mundo entre coleccionistas, circos, museos y científicos.
Durante esta travesía los restos del bebé fueron mutilados por vándalos, y otras partes comidas por ratones, los de Julia siguieron viajando hasta que el 7 de febrero del 2013, Noruega regresó a las autoridades mexicanas los restos de Julia, siendo finalmente sepultada en Sinaloa el 13 de febrero del mismo año. Dándole fin así a una vida de sufrimiento.
Y qué decir del maltrato cruel y despiadado hacia los animales para entrenarlos en obediencia.
Diversos ejemplares salvajes de fauna mayor son atrapados o comprados en el mercado negro para hacerlos vivir en condiciones totalmente diferentes a sus entornos naturales, haciéndolos viajar a través de diferentes climas, en jaulas minúsculas, soportando sed y hambre hasta detenerse en alguna escala, aunado a esas circunstancias se les somete a diversos maltratos para que adopten posiciones antinaturales y aprendan alguna rutina física totalmente ajena a su naturaleza, maltratos que poco a poco van degradando su esencia orillándolos a adoptar comportamientos que reflejan su gran ansiedad y tristeza, como dar vueltas en su jaula de forma desesperada, o autoinflingirse heridas, terminando, en ciertos casos, en un ataque a sus entrenadores, al público o escapando violentamente.

HISTORIAS Y RELATOS
Hubo un tiempo en el que la gente pagaba grandes sumas de dinero para pasarlo en grande viendo los espectáculos más grotescos, formados por individuos que se ganaban la vida mostrando sus deformidades y anomalías físicas a un público de lo más morboso que se divertía acudiendo a los llamados ‘freak shows’.
Además de encontrar a estas personas con alteraciones físicas de todo tipo (muchas de las cuales morían muy jóvenes debido a estos problemas), estos espectáculos ofrecían diferentes shows protagonizado por animales entrenados (perros, leones, canguros…), muestras de misteriosa magia y escapismo o salas que funcionaban a modo de extraños museos.
A día de hoy este tipo de espectáculos serían totalmente impensables (al menos así sería en la sociedad occidental, pues en algunas partes del mundo siguen existiendo este tipo de shows). Sin embargo es difícil negar que históricamente este tipo de eventos es cuanto menos curioso…, a la vez que inquietante.
¿Puede el morbo ser más poderoso que la propia ética y moralidad humana? En este caso parece ser que sí, pues cada año millones de personas se desplazaban a estos famosos espectáculos de fenómenos sintiéndose atraídos por el morbo y buscando el entretenimiento y la diversión que los desafortunados personajes que formaban parte del elenco del show podían brindarles al mostrarles sus desgraciadas alteraciones.
Fue a finales del siglo XVIII cuando comenzaron a surgir, en Paris, este tipo de espectáculos. Otros países fueron modificando este tipo de eventos y ramificándolos, siendo así como nace durante la época victoriana los Freaks Shows, cuya atracción principal eran estas personas con enfermedades y rarezas biológicas que tanto atraían al público de todas las edades.
Entre los impulsores de este tipo de eventos se encontraban Tom Norman y P.T Barnum, un productor de espectáculos cuya mala fama por sus muchos engaños sigue acompañando su nombre a día de hoy.
Durante el auge de los freaks shows fueron muchos los integrantes que formaron parte de estas ferias. Algunos de ellos han pasado a la historia, como John Merrick, también conocido como el hombre elefante.
Merrick padecía el terrible Síndrome de Proteus, y su historia fue conocida por todo el mundo cuando en 1980 David Lynch estrenó ‘El hombre elefante’, considerada a día de hoy como una de las mejores películas dramáticas de la historia del cine.


Entre otros de los integrantes podíamos encontrar a ‘Koo-koo, la mujer pájaro’, al actor deforme Schlitzie, a Josephine Clofulia (la mujer barbuda) o a Édouard Beaupré, un hombre que padeció gigantismo extremo y que murió de tuberculosis a la corta edad de 23 años en 1904.

Los ‘Freaks shows’ fueron aún más famosos cuando en el año 1932 el director de Drácula (Tod Browning) estrenó la película ‘Freaks’ (conocida en España como ‘La Parada de los Monstruos’). En ella somos testigos de cómo unos individuos deformes (artistas reales de espectáculos de fenómenos) viven su día a día, actuando en un circo ambulante.
La película causó un gran impacto en el público de la época, quién realmente no sabía si categorizar la cinta dentro del género dramático o en el de terror, pues sus protagonistas eran realmente inquietantes.
Sin embargo, a medida que va avanzando la película nos damos cuenta de que, a pesar de sus deformidades y problemas físicos, muchos de estos personajes son más bondadosos y humanos que aquellos que carecen de estas malformaciones.
Por lo tanto, la visión que ‘freaks’ nos da tanto de este tipo de espectáculos como de sus protagonistas es realmente interesante, sobre todo teniendo en cuenta la época en la que Tod Browning estrenó esta cinta, la cual se convirtió en todo un clásico que a día de hoy muchísimas personas siguen disfrutando.
¡¡¡ Pasen y vean …!!!
En España se les conocía por «fenómenos», y así eran presentados en exposiciones universales y ferias ambulantes, como números y piezas de relativo éxito y estupor junto a magos, túneles del terror o forzudos. La mujer serpiente, la mujer araña o la mujer cordero eran reclamos de una España que también tuvo sus llamados «freaks», como El Hombre Mono del Amazonas, muy célebre a finales de los años treinta en Francia.

El Hombre Mono del Amazonas.
Algunos personajes que se ofrecían como «extremadamente feos» y escondían auténticas tragedias humanas, se paseaban por ferias de segunda que visitaban pueblos perdidos o aprovechaban las celebraciones de eventos multitudinarios para instalar su tenderete, viajando también en circos, como una de las imágenes que se conservan de un Primer Premio de Feos en Murcia.
El ganador sostiene un cartel en el que aparece el dinero que se le iba a entregar por el triunfo: 10 pesetas.

Primer Premio de Feos. Fotografia: Fernando Navarro Ruiz (Murcia, circa 1900)

Ganador de concurso de feos de Granada (La Unión Ilustrada, 13 de octubre de 1912)
DE LA MUJER BARBUDA DE PEÑARANDA A TOD BROWNING
La literatura de cordel y las crónicas más antiguas hablan de freaks decimonónicos, como la famosa Brígida del Río, conocida en el Madrid de 1590 como «la mujer barbuda de Peñaranda», que acompañaba a la corte real junto a bufones y especialistas en entretener al rey y a su séquito.
Por entonces, los llamados «monstruos mendicantes», como se les conocía, eran habituales en numerosos puntos de la geografía del país. En Medina del Campo, en 1550, había nacido el «monstruo bicípete», que al morir su cadáver fue exhibido por sus padres.
Al mismo tiempo, se publicaban numerosos pequeños folletos y literatura de cordel que contaban las aventuras y desventuras de estos seres, con por supuesto ilustraciones explícitas.
La edad de oro fue durante el reinado de los Austrias, que no dudaron en rodearse de toda clase de «fenómenos» para su divertimento. Incluso se puso de moda que parejas de enanos acompañasen al rey y la familia real en sus desplazamientos y apariciones públicas como si estos fuesen uno más de la realeza.
En aquella época era frecuente que se encargasen retratos de enanos o discapacitados, y también de mujeres barbudas, como el famoso cuadro de Ribera que, en realidad, esconde una historia real, la de la italiana Magdalena Ventura, que llevaba una vida más o menos normal.
Estaba casada (en el cuadro aparece junto a su esposo) y tenía tres hijos. Presentaba hirsutismo, crecimiento excesivo de pelo en la mujer, con un patrón masculino de distribución en la barba, las patillas, el cuello, el tórax, el ombligo, los muslos, la espalda, además de la calvicie.

Retrato de Brígida del Río, «la barbuda de Peñaranda» (1590), de Juan Sánchez Cotán (1560-1627). Museo Nacional del Prado

Retrato de Magdalena Ventura, llamada la «mujer barbuda», que aparece junto con su marido y su hijo (José de Ribera, 1631)
ZOOLÓGICOS HUMANOS, GIGANTES Y ENANOS
Gigantes y enanos llamaban la atención del público español y de la prensa, exhibiéndose en circos y teatros, como fue el caso de un gigante y un enano que visitaron Madrid en enero de 1890 y que el Diario oficial de avisos de Madrid describió así: «Por el tren mixto de Portugal han llegado a Madrid dos fenómenos dignos de atención.
Se trata de un gigante y un enano. Llamase el primero Aboul Hoot, es natura! de Egipto, tiene diez y nueve años dos metros 40 centímetros de estatura y 17 arrobas 10 libras de peso. El enano llega escasamente a un metro, es de igual procedencia y se llama Eugenio Hulom.
Vienen con el propósito de exhibirse en uno de los teatros de la corte, donde de seguro llamará la atención por sus tremendas proporciones. Gigante y enano se han alojado en la fonda de la Paloma, en la calle de la Victoria. El intérprete que les acompaña previno que al primero se le pusiera la cama en el suelo, pues no le acomoda dormir en cama en alta.
Anteanoche cenó seis chuletas y pan en abundante cantidad. Es de carácter brusco, al contrario que el enano, que es dicharachero y alegre».
Y no solo en Madrid. Casi cualquier ciudad o pueblo era visitado por barracas y circos que eran la delicia del pueblo llano.
Como en Barcelona, donde el periódico El Diluvio, en una noticia del 8 de marzo de 1898, daba cuenta de una carpa de «fenómenos» en la Rambla de Santa Mònica donde se exhibía un tal Danae: «Danae. Espectáculo maravilloso, fenómeno nunca visto, medio cuerpo de hombre con barba completamente cerrada y gran bigote, y medio cuerpo de mujer».
Claro que todo aquello no extrañaba nada. A medio camino entre el entretenimiento y la «divulgación científica», años antes llegaron a existir verdaderos zoológicos humanos, en este caso de indígenas filipinos, en El Retiro, que también se mostraron en Barcelona, cerca de la plaza de Cataluña.

«Se buscan fenómenos» («También contrataremos para exhibir fuera del Circo, en tienda aparte, toda clase de fenómenos»). Anuncio publicado en la prensa española (Eco Artístico, 15 de julio de 1916)

Los «fenómenos indios» exhibidos en la calle Montera de Madrid (El Globo, 25 de marzo de 1901)
En 1911, en plena fiebre de los espectáculos de variedades, debutaban las Hermanas Colombinas, una pareja de bailarinas que alcanzaría en aquellos años un gran renombre.
Actuaban en pequeños teatros y cabarets por toda España.
Su rastro se perdió igual que lo hicieron decenas de nombres de artistas imposibles, hasta que décadas más tarde, a mediados de los setenta, una pareja recibía el mismo nombre artístico, las Hermanas Colombinas, una canarias que fueron exhibidas en ferias del campo y todo tipo de espectáculos como freaks españolas.
Ambas, con obesidad mórbida, siempre bajo la atenta mirada de su madre, que las acompañaba en sus apariciones y hacía de manager, se instalaban en un escenario y se exhibían a cambio de dinero como una atracción extrema junto a vacas de siete patas y otras anomalías físicas.

Las hermanas colombinas expuestas en la feria de Almería(1973)
En 1973, en la Feria de Almería, fueron fotografiadas por Carlos Pérez Siquier. Lo hicieron sonrientes en sendos sillones y con un cartel que decía «Demuestre usted educación. No haga preguntas absurdas. Gracias. La Empresa».
La empresa no era otra que Atracciones Muñoz, que incluso publicó calendarios con su fotografía y su nombre artístico.
César Cadaval de Los Morancos fue uno de los que las vieron en directo: «No hay nada más divertido que un tren de la escoba, el laberinto de los espejos y el látigo. Ahora voy todos los años a la Feria con mi hijos y recuerdo perfectamente las atracciones que ya no existen, como la mujer cordero, la mujer serpiente y las hermanas colombinas, que eran muy gordas».
Otro espectador, @cho.zas, las vio en su paso por Guadalajara: «Impresionante. Metíamos la cabeza por un hueco que había entre el suelo y la pared de la caseta, para no pagar. En la misma feria estaba la vaca de seis patas. El flipe de la vaca me duró varias semanas».

Publicidad de las Hermanas Colombinas por Atracciones Muñoz
La contraparte de las hermanas obesas estaba en otras gemelas, conocidas como las Hermanas Mínimas, que eran enanas. Los asombros llegaban en cualquier celebración, como en la fiesta de San Isidro o San Antonio de La Florida, en Madrid, donde fueron habituales las barracas de fenómenos.
Durante un tiempo triunfó el llamado Hombre Salvaje, que pronto despertó numerosas protestas por fraude, como señala El Correo Español en febrero de 1897: «Ha llegado á Cartagena, acompañado de sus amos el tan renombrado hombre salvaje que tanto dio que hablar a la prensa madrileña, siendo esto causa de que nuestras autoridades tomasen cartas en el asunto para impedir que siguiera explotándose una farsa impropia de los pueblos civilizados.
Un diario de Almería reproduce el cuento que hacen correr los acompañantes del hombre salvaje y da la noticia de que probablemente visitará dicha capital. ¡Parece mentira que en el siglo XIX haya todavía tantos incautosl».
En La Esfera, en la edición del 12 de junio de 1915, se recogían los comentarios de un supuesto empresario de freaks. Lo que decía tenía ya aire de nostalgia:
«… Se vivía la decadencia del negocio: «Yo he tenío a la mujer barbuda, el carnero de tres cabezas, el hombre más pequeño y el hombre más alto del mundo, el antropófago cazao en las propias marismas del Senegal, que comía carne cruda, tragaba estopas ardiendo y bebía petróleo sin refinar; expuse un año un manflorita legítimo nació en Astorga; tuve figuras de cera con la secuestrada de Ponieres, la Cecilia Aznar y Morral fabricando la bomba de la calle Mayor, que daban escalofríos verlas; tuve aquella fiera que no sé si recordará usted, señor Exuperancio, que no era carne ni pescao, ni tenía alas ni garras, ni pelo, ni pluma y que había que alimentarla con patatas asás porque no quería otra subsistencia… La gente se pegaba por entrar; a mi señora la salían callos de partir el billetaje. Yo terminaba afónico de explicar los fenómenos…
¿Ahora? Ahora tengo “el animal misterioso, encontrao en las excavaciones de Mesina, que se comía vivos a los cadáveres y que los hombres de ciencía de todos los países y que la misma guardia civil no saben a qué familia vegetal pertenece” y ni Dios se acerca a la barraca. ¡Y eso que es a cinquito, con derecho a tocar!…»

Ilustración de la fiesta de San Isidro (circa 1900). Al fondo puede verse una de las barracas con la atracción de El Hombre Salvaje

La pradera de San Isidro en 1900. Pueden verse las casetas y carpas destinadas a espectáculos de magia, bailes o freak shows

La «mujer barbuda» en La ilustración artística (18 de marzo de 1889)
LOS HORRORES DE LAS ANTIGUAS FERIAS
En la Feria de La Alameda de Valencia, en 1922 en un barracón se anunciaba a una mujer con tres piernas. En realidad era una mujer de unos cuarenta años que, aprovechando la penumbra y la distancia con la que la veía el público que se agolpaba, mostraba unas supuesta tercera pierna que, por supuesto, no era tal.
Se sabe que, desde finales del siglo XIX, en Córdoba, se exhibían espectáculos de freaks, como afirmaba en Diario de Córdoba el 25 de mayo de 1911: «En cambio en el llamado Salón de espectáculos, donde hoy solo vemos un diluvio de circos, cinematógrafos y barracas para el ejercicio del tiro al blanco, encontrábamos infinidad de distracciones que ya han desaparecido: los clásicos polichinelas, mucho más graciosos que los modernos fantoches; los teatrillos, donde era frecuenta hallar cómicos mejores que algunos de los que ahora tienen fama; los museos de figuras de cera, en los que un año nos presentaban, actuando de Prim, a un muñeco que el año anterior había representado al cura Merino; los panoramas o vistas, como los denominaba el vulgo, con sus paisajes fantásticos; las colecciones de fieras amansadas por el hambre, y los fenómenos, admiración de las gentes sencillas, que se extasiaban contemplando al gigante chino, los hombres niños, la mujer barbuda, el infante de dos cabezas y la foca que decía papá y mamá y tocaba el guitarro dentro de una enorme tina».
Nuestros particulares Medicine Men, los vendedores de pócimas y ungüentos que se decían milagrosos, aquellos que visitaban pueblos y, tras ser presentados entre gritos por un presentador que aseguraba mostrar algo único, enseñaban artificios que parecían venir de otro planeta, todo eso lo vivió el escritor Pío Baroja, que en su artículo Los horrores de las antiguas ferias recuerda la sucesión de ferias ambulantes y freak shows del norte: «Los primeros que conocí, de chico, fueron en las ferias de Pamplona hace ya medio siglo. Todavía en aquella época tenían éxito y prestigio popular las figuras de cera, la mujer cañón, los espejos cóncavos, los adivinadores del porvenir y la linterna mágica».
Hasta las ejecuciones públicas fueron motivo de espectáculo circense. Baroja, en otra ocasión, aseguró que uno de los últimos verdugos que hubo intentó sin éxito que le dieran permiso para mostrar un espectáculo de figuras de ceras con decapitados y agarrotados.
«Más inquietantes eran el magnetizador —continúa diciendo el escritor—, el astrólogo, los gigantes, los enanos, el domador de leones, y, sobre todo, el fenómeno, casi siempre una porquería. A veces, el fenómeno explicaba su anormalidad; a veces alguno del público le hacía preguntas a él o al empresario de una manera pedantesca: “¿Cómo come el fenómeno? ¿Cómo anda el fenómeno? El fenómeno, ¿se cree mujer u hombre?”.
No era raro que alguno saliera con el estómago malo de la contemplación del fenómeno», igual que el hilarante cartel colocado frente a las Hermanas Colombinas, ese que advertía que ante todo hay que tener un poco de educación.
Los frikis o Fenómenos

La mujer elefante está desnuda. Ha tomado asiento sobre un banco recubierto por una alfombra. El fondo es oscuro. Así lo quiere el fotógrafo. Es monstruosa del pecho para abajo. La panza en forma de globo, la pierna izquierda erosionada por quién sabe qué enfermedad. Y la pierna derecha, la que la hizo famosa en los circos y atractiva para los fotógrafos, aparece en primer plano.
Es una pierna tan pesada como el resto del cuerpo, deforme; grande como la pata de un elefante, callosa, como la piel de un rinoceronte. No parece tener poros sino escamas.
Es la pierna que miraron con curiosidad malsana miles de personas en las ferias: la misma que observan con un gesto de repugnancia los que se detienen ante su fotografía. Nadie repara en la cara de la mujer elefante. Ni en sus ojos, terriblemente humanos, agobiados por 200 kilos de tristeza y de derrota.
Ellos permiten saber que detrás de la deformidad, hay un ser sensible y humillado. Un freak de bondad.
El fotógrafo francés Martin Monestier, sacaba estos retratos y los vendía, así como el como el hombre de dos cabezas, como Johnny Eck un caballero sin piernas, como Chang y Eng, los hermanos siameses, como Frankenstein, como Quasimodo y como Rasputín, pertenecen a una curiosa raza: la de los “raros” “malignos” “deformes y atractivos”. En ella se borran todas las diferencias entre la realidad y la ficción.

Joseph Merrick
«Es cierto que mi forma es muy extraña, pero culparme por ello es culpar a Dios;
si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo procuraría no fallar en complacerte.
Si yo pudiese alcanzar de polo a polo o abarcar el océano con mis brazos,
pediría que se me midiese por mi alma. La mente es la medida del hombre».
El texto pertenece a Joseph Merrick (el hombre elefante) y fue hallado entre sus pertenencias luego de que lo encontraran muerto en su habitación de la plaza Besteers del Hospital de Londres, el 11 de abril de 1890.
:quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2019/04/08175414/Joseph-Merrick-9.jpg)
Joseph Merrick fue un ciudadano inglés que se hizo tristemente famoso debido a las malformaciones que sufrió por todo su cuerpo desde su más tierna infancia.
Nació en Leicester en el año 1862, y al año y medio empezó a desarrollarse en él una enfermedad congénita conocida como Síndrome de Proteus, que causa un crecimiento excesivo de la piel, un desarrollo anormal de los huesos, músculos y vasos linfáticos, y tumoraciones exageradas por todo el cuerpo.
De hecho, fue un inmenso tumor en el rostro lo que le dio a Merrick el sobrenombre que le haría inmortal: el Hombre Elefante.
Aunque desde muy pequeño trató de ganarse la vida trabajando en fábricas o puestos callejeros, al final sus deformidades fueron tan grandes que Merrick no vio otra salida para él más que trabajar en circos ambulantes. Durante toda su vida sufrió burlas, desprecio e incluso el odio de su propia familia, a excepción de su madre, que murió siendo él un niño.
En el tiempo que trabajó para circos y ferias itinerantes, su exhibición era tan hórrida e impactante que tuvo que cancelarse en varias ocasiones por ser considerada “indecente”.
A todo esto se sumaban los terribles dolores que padecía Merrick a causa de sus malformaciones, como problemas de cuello y espalda y grandes tumores en la cabeza que le impedían dormir acostado porque corría el peligro de morir por asfixia.
Pero a pesar de su desgraciada enfermedad, Merrick fue siempre un hombre de carácter dulce, tímido y educado. Solo en los últimos años de su vida encontró sosiego en la soledad de un pequeño apartamento, donde pudo vivir en paz hasta que murió a la temprana edad de veintiocho años.
Grady Stiles Jr., el Chico Langosta

Nacido en Pennsylvania en el año 1937, Grady Stiles fue uno de los fenómenos de feria más famosos de todo Estados Unidos debido a una malformación conocida como ectrodactilia.
Esta anomalía hace que los dedos de las manos y los pies estén fusionados en diverso grado, dando a la extremidad la forma de una pinza de cangrejo. No es extraño, por tanto, que Stiles fuera conocido en todo el país como el Chico Langosta.
Pero Grady no era el único que padecía esta malformación. La familia Stiles presentaba una larga historia de ectrodactilia en la que Grady Jr. era la sexta generación afectada por esta extraña anomalía. Su padre actuaba como fenómeno de feria y agregó a su hijo al espectáculo desde muy pequeño. Debido a su elevado grado de ectrodactilia, Grady tenía las piernas muy poco desarrolladas y no podía caminar.
A veces utilizaba una silla de ruedas, pero normalmente se valía de sus manos y sus brazos para desplazarse, lo que le llevó a desarrollar una gran fuerza en la parte superior de su cuerpo. Con el tiempo se casó y tuvo cuatro hijos; dos de ellos también presentaban ectrodactilia, por lo que Stiles los incorporó al espectáculo y viajaba con ellos exhibiéndose como La Familia Langosta.
Sin embargo, su agresividad y mal carácter, unidos a un abuso continuado del alcohol, le llevaron por el camino del maltrato y el crimen. En 1978, mató de un disparo al prometido de su hija mayor el día anterior a su boda por considerarlo poco digno de ella; en el juicio no mostró el menor arrepentimiento por lo que hizo.
Debido a su condición, no fue enviado a la cárcel y fue condenado a 15 años de libertad condicional. Maltrató a sus dos esposas y a sus hijos, llegando a amenazarles de muerte, hasta que en 1992 su primera esposa y un hijo suyo de un matrimonio anterior contrataron a un hombre para que matara a Grady.
El Chico Langosta murió de un disparo en la cabeza mientras estaba sentado en su casa viendo la televisión.
Josephine Myrtle Corbin, la Chica de las Cuatro Piernas

Josephine Corbin vino al mundo en Texas en el año 1868. Tenía siete hermanos más, todos chicos y chicas normales que recibieron con expectación a esta hermana tan singular que nació con cuatro piernas.
Los médicos de entonces pensaban que esta anomalía podía deberse a la consanguinidad de los padres, aunque nunca quedó claro del todo.
En cualquier caso, Josephine salió adelante sin muchos problemas; tan solo tenía alguna dificultad para caminar, ya que sus piernas interiores eran débiles y muy pequeñas, pero podía andar con normalidad con sus dos pelvis y las piernas exteriores.
A la edad de trece años empezó a trabajar como fenómeno en ferias de atracciones, haciendo eventos en pueblos, plazas públicas, teatros y dime museums. Sin embargo, pronto empezó a padecer dolores de espalda a partir de la tercera lumbar, donde su cuerpo se desdoblaba originando esas dos pelvis.
A los dieciocho años se puso en manos del doctor Clinton Bicknell, con quien acabaría casándose al año siguiente. A partir de entonces, Josephine dejó su trabajo como fenómeno y se entregó por completo a su marido y a los hijos que no tardaron en llegar; como curiosidad, el hecho de disponer de dos pelvis le permitió a Josephine quedarse embarazada de cada una de las dos partes, gracias a lo cual pudo traer al mundo a cinco hijos que crecieron fuertes y sanos.
Josephine llevó una vida plena y feliz acompañada de su familia y de sus numerosos amigos. Murió a los sesenta años por una infección en su pierna izquierda, pasando a la historia de la Medicina como la mujer de dos pelvis y dobles órganos sexuales internos y externos.
Ella Harper, la Chica Camello

Ella Harper nació en Tennessee en el año 1870. Vino al mundo junto con su hermano mellizo, que falleció al poco tiempo.
Sus padres pensaron que Ella tampoco tardaría mucho en morir debido a su apariencia débil, pero la niña logró salir adelante. La anormalidad que padecía en sus piernas, una extraña condición congénita en la que las rodillas se doblaban al revés y la obligaban a caminar a cuatro patas, fue lo que la hizo tan excepcional.
Esa particularidad, unida a la gran sonrisa con la que se presentaba ante todo el mundo, hizo de Ella una persona muy especial.
Como tantos otros fenómenos de circo, Ella Harper empezó a trabajar en este mundo siendo muy pequeña. En los espectáculos itinerantes se la colocaba al lado de un camello para que todo el mundo pudiera ver el parecido entre ella y las patas del animal, motivo por el cual pronto se la apodó “la Chica Camello”.
Llegó a ganar mucho dinero gracias a sus exhibiciones, pero Ella pronto se cansó de esa vida. Su mayor deseo era formarse, estudiar y tener su propia vida lejos de las humillaciones del circo, y por eso tomó la decisión de abandonar al cumplir dieciséis años. A los veinticinco se casó con el maestro de escuela Robert L. Savely, del que nunca se separaría.
Aunque uno de sus grandes sueños era ser madre, Ella tuvo que sufrir las pérdidas tanto de su hija biológica como del niño que ella y su marido adoptaron. A los cuarenta años, Ella Harper murió de un cáncer de colon.
Lionel, el Hombre León

Stephan Bibrowski fue un artista de origen polaco que se exhibió como fenómeno con gran éxito a principios del siglo XX, siendo conocido como el Hombre León a causa de la hipertricosis que padecía, lo que le había hecho nacer con una gruesa mata de pelo que le cubría todo el cuerpo y la cara.
Nacido cerca de Varsovia entre 1890 y 1891, Stephan empezó a trabajar en el mundo circense a instancias de sus padres a los cuatro años de edad. Su promotor lo exhibió en el Panoptikum de Berlín, un gran parque de atracciones situado a las afueras de la ciudad, pero su carrera no se quedó estancada ahí.
En 1901 viajó a Estados Unidos, donde fue contratado por el Barnum & Bailey Circus; en sus espectáculos, los jefes de pista le anunciaban como un prodigio que había nacido así a resultas de la impresión que su madre embarazada había sufrido al ver cómo un león atacaba a su esposo domador.
Con su nuevo nombre artístico, Lionel participó en numerosas ferias y espectáculos en todo el mundo, obteniendo una gran popularidad.
A diferencia de otros fenómenos, nunca abandonó el circo y vivió con bastante holgura de los beneficios que obtenía por cada uno de sus espectáculos. Lionel era culto, hablaba varios idiomas y además era muy divertido; en sus shows siempre conseguía agradar al público gracias a su conversación y sus demostraciones de fuerza.
Le gustaba hacer deporte y mantener una buena condición física, lo que unido a su larga y cuidada pelambrera dorada le valió la admiración de muchas mujeres. Se retiró a finales de los años 20 y regresó a Alemania, donde murió de un infarto en 1932.
Annie Jones Elliot, la Mujer Barbuda

Posiblemente una de las artistas circenses más conocidas de toda la historia, junto con el Hombre Elefante.
Nació en Marion, Virginia, en el año 1865 y fue contratada por el empresario P. T. Barnum a la temprana edad de nueve meses para que entrara a formar parte de su espectáculo de fenómenos, recibiendo los padres la suma de 150 dólares semanales.
En sus espectáculos se la presentaba como “la Nueva Esaú”, pero no tardaron en cambiar su mote por el de la Mujer Barbuda.
Es muy posible que Annie padeciera una extraña condición llamada hirsutismo, un brote anormal de vello recio en lugares de la piel que por lo general son lampiños.
A los cinco años, Annie tenía ya bigote y patillas, y también se dejó crecer mucho el cabello, llegando a lucir barba y melena hasta el suelo. No fueron pocos los fotógrafos que la inmortalizaron en sellos, postales y tarjetas de visita, gracias a lo cual se hizo conocida en todo el país.
En lo personal, Annie era una mujer de una gran educación y modales exquisitos, y entre sus habilidades estaba la de tocar la mandolina. Se casó en 1881, pero se divorció para casarse con su amigo de la infancia William Donovan, del que pronto enviudó.
Annie Jones Elliot murió en casa de su madre en Brooklyn de una pulmonía en 1902.
Schlitzie, el Último Azteca

Schlitzie, posiblemente nacido como Simon Metz y legalmente Schlitze Surtees, era un artista de circo y actor estadounidense con una larga carrera en espectáculos ambulantes.
Tanto su nombre como su auténtica fecha de nacimiento son un misterio, ya que probablemente sus padres biológicos lo entregaron a algún circo itinerante al poco de nacer.
Schlitzie nació con microcefalia, una discapacidad que le hacía tener la cabeza desproporcionada por lo pequeña con relación al resto del cuerpo, provocando que su cerebro no se desarrollara del todo.
Su estatura también era muy baja (medía 1,22 metros), tenía miopía y un retraso mental muy grave. Sin embargo, era capaz de llevar a cabo tareas fáciles y parecía entender casi todo lo que se le decía. Se cree que Schlitzie podría haber tenido el conocimiento de un niño de tres años.
Schlitzie, al igual que otros microcéfalos, era presentado en los espectáculos circenses como “cabeza de alfiler” o “eslabón perdido”, pero el mote que le granjearía la fama fue el de El Último Azteca; para darle un toque exótico a su actuación, se le rapaba la cabeza al cero a excepción de una pequeña coleta, se le ponía un vestido muumuu y se decía que venía de Yucatán.
En el ámbito de la feria, Schlitzie fue un éxito; entre los años 1920 y 1930 fue empleado por muchos circos de lujo, y llegó a participar en la película de Tod Browning Freaks (1932) junto con otros fenómenos contemporáneos, aunque la película fue un sonoro fracaso en taquilla y llegó a estar prohibida durante muchos años por considerarse escandalosa.
Cuando el tutor legal de Schlitzie murió en 1965, su hija lo internó en un hospital de Los Ángeles, pero como el artista echaba de menos el circo, las autoridades del hospital acordaron devolverle al mundo del que provenía, y allí permaneció hasta 1968, año en el que hizo sus últimas apariciones. Murió en 1971, a los setenta años de edad, a causa de una bronconeumonía.
John Eckhardt Jr., el Medio Hombre

En 1911 nacía en Baltimore John Eckhardt Jr., más conocido como el Medio Hombre debido a que padecía agenesia sacra, una rara malformación que hacía parecer que su cuerpo terminaba a la altura de la cintura. Pasó a formar parte del mundo del espectáculo cuando, a los doce años, participó como voluntario en un número de magia.
El prestidigitador se ofreció a ser su representante, algo que Johnny aceptó a cambio de que su hermano mellizo Robert fuera también contratado. Robert no padecía la misma malformación, pero junto con Johnny hacía un gran espectáculo.
En 1931 se le ofreció la oportunidad de participar en la película Freaks, del director Tod Browning, algo que aceptó encantado. Sin embargo, le costaba socializar con el resto de fenómenos, pues no se sentía cómodo entre ellos. Al final, debido al estrepitoso fracaso de la película en taquilla, Eck tuvo que renunciar a hacer carrera en el mundo del cine y regresó a los espectáculos de ilusionismo.
Uno de sus números más famosos era el clásico de introducir a un hombre en una caja y serrarlo por la mitad. Durante el número, Robert se cambiaba por su hermano Johnny y un enano escondido en unos pantalones; al abrir la caja, las piernas salían corriendo y Johnny iba detrás de ellas tras las bambalinas, de donde salía Robert “completo” para gozo del público. Además de artista, Johnny también era músico, pintor y tenía un gran talento para las manualidades.
A finales de los 40, con la pérdida de popularidad de los Freak Shows, los hermanos Eckhardt se retiraron a su casa natal en un barrio obrero de Baltimore. Aunque al principio vivieron tranquilos y felices, en los años 70 el barrio quedó invadido por la delincuencia y la droga.
A todo esto se suman los constantes robos y estafas que sufrieron por parte de administradores sin escrúpulos e incluso personas a las que consideraban amigas. También sufrieron un robo en su casa durante el cual los ladrones los maniataron e incluso se rieron de la malformación de Johnny. Murió de un infarto en 1991, y su hermano Robert cuatro años más tarde.
Daisy y Violet Hilton, las Gemelas Siamesas

Daisy y Violet vinieron al mundo en Sussex, Inglaterra, en el año 1908. Su concepción y nacimiento no habían sido buscados por su madre, pues eran producto de un amorío efímero; por esta razón, las rechazó al momento de nacer.
Mary Hilton, la partera que la había atendido, las compró a su madre y les dio su apellido. Daisy y Violet nacieron como gemelas siamesas pigópagas, es decir, unidas a la altura de la pelvis y compartiendo nalgas y circulación nerviosa.
En aquellos tiempos la Medicina no había avanzado tanto como para hacer una operación para tratar de separarlas, por lo que se desaconsejó llevar a cabo la cirugía. Además, como la señora Hilton no tenía una buena situación económica, aprovechó la condición de las niñas para exhibirlas como fenómenos y ganar dinero con ello.
Fueron llevadas de gira a Australia, donde amasaron una inmensa fortuna. Su hermanastra Edith Hilton se casó con un feriante llamado Myers, y el matrimonio adoptó a las gemelas cuando su madre adoptiva murió.
Sin embargo, hubo acusaciones que señalaban a su propio agente como presunto culpable de abusos sexuales, y los Myers también recibieron acusaciones por lucrarse indebidamente al exponer en demasía a las gemelas.
Una vez asesoradas legalmente, Daisy y Violet se desvincularon de los Myers y volvieron a trabajar en el circo, su único medio de vida. Participaron en la película Freaks, al igual que otros fenómenos de la época, y en otra película titulada Chained for Life, que también fue un rotundo fracaso en taquilla.
Tras haber consumido casi toda su fortuna, las hermanas Hilton trataron de sobrevivir llevando un negocio de perritos calientes, pero no tuvieron suerte porque sufrieron el boicot de varias personas que las acusaban de ser unos monstruos. Murieron en la más absoluta indigencia, en 1949, ambas afectadas por la gripe de Hong Kong.
Joice Heth

Poco se sabe de la vida anterior de Heth.
En 1835, pertenecía a John S. Bowling, que la exhibía en Louisville, Kentucky. En junio de 1835, la vendió a los promotores R.W. Lindsay y Coley Bartram. Lindsay decidió mostrarla asegurando que era la niñera de George Washington, pero, como no tuvo éxito, vendió la anciana a P. T. Barnum.
El joven empresario continuó el engaño pero tenía avanzadas ideas sobre la publicidad, por lo que colgó numerosos carteles que anunciaban su espectáculo con la siguiente presentación: «Joice Heth es indudablemente la curiosidad más asombrosa e interesante en el Mundo!
Es la esclava de Augustine Washington, (el padre del Gen. Washington) y la primera persona que puso la ropa al inconsciente niño, quién, en los días futuros, dirigió a nuestros heróicos padres hacia la gloria, la victoria, y la libertad. Utilizando su propio lenguaje cuándo hablamos del ilustre Padre de este País, ella ‘le levantó’. Joice Heth nació en 1674, y, consiguientemente, ahora ha llegado a la asombrosa edad de 161 años».
Joice era una anciana arrugada, ciega y casi completamente paralizada (solo podía hablar, y tenía alguna capacidad de mover el brazo derecho) cuándo Barnum empezó a exhibirla el 10 de agosto de 1835, en el Niblo’s Gardens de Nueva York.
Viajó después durante siete meses con Barnum, contando a la audiencia historias sobre el «pequeño George» y cantando el himno nacional. Eric Lott reclama que Heth hizo ganar al empresario $1.500 en la primera semana, una cifra astronómica para la época, iniciando la carrera como showman de Barnum.
El caso fue extensamente tratado en la prensa. Cuando se expresaron dudas sobre su verdadera edad Barnum anunció que a su muerte se le realizaría una autopsia pública. Murió un año después. Barnum declaró que los restos de Joice fueron «enterrados respetablemente» en Bethel, Connecticut, la ciudad natal del promotor
Otros de los reconocidos fueron el Capitán Pulgar (Captain Thumb) el hombre más pequeño del mundo y Lucía Zárate, la mujer más pequeña que registra la historia del mundo. Nacida en México en 1864, pesó solamente 8 onzas y midió apenas 15 centímetros al llegar al mundo. Con el tiempo llegó a elevarse hasta 50 centímetros y a pesar 2 kilos y medio. Era la época de los grandes circos, y a los doce años fue llevada a Estados Unidos donde Barnum la paseó por ferias y pueblos durante catorce años.

Lucía Zarate
No solo era la enana más enana del mundo, sino la mejor pagada. Llegó a ganar 20 dólares por hora. Su trabajo se limitaba a aparecer en público y tener paciencia.
En contraste, el gigante más gigantesco del mundo fue Robert Wadlow, un gringo callado y de aspecto bobalicón que, cuando nació un 22 de febrero en Illinois, pesaba y media lo que cualquier bebé normal. Sin embargo, a los nueve años ya medía 1.88 metros, a los 16 llegaba a los 2 metros 35 centímetros y a los 22 era un monstruo de 2 metros 71.
Los médicos que examinaban a Robert Wadlow concluyeron que su excepcional tamaño fue causado por una hiperplasia de la glándula pituitaria. Esta condición genera que exista un nivel anormalmente alto de la hormona de crecimiento y en el caso de Robert nunca se le suministró ningún tratamiento para detenerlo.

En la actualidad ya no existen los Freaks Shows y se está legislando para prohibir los circos con animales en más países, pero eso no le quita al circo su historia de deshonra y crueldad, aunque cabe resaltar el nuevo perfil más artístico en cuando a acrobacias, danza y efectos visuales. Sin embargo, el circo, así como los toros y ciertos espectáculos, nos recuerdan que aún no evolucionamos del todo y que a veces nuestra crueldad va pegada a nuestro deleite.
nuestras charlas nocturnas.
Deja un comentario