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Origen de la pasta dental y del afeitado …


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Curiosfera  —  Se le conoce como dentífrico, crema dental, pasta de dientes, pasta dental o incluso “toothpaste”. Hoy día, basta con apretar un tubo y tenemos la cantidad necesaria para lavarnos los dientes, pero no siempre ha sido tan fácil.

Para conocer el origen de la pasta dental debemos remontarnos 4.000 años atrás en el tiempo.

La primera constancia que se tiene de la pasta de dientes la encontramos en un manuscrito Egipcio del siglo IV a.C. Era muestra de urbanidad y buena crianza mostrar dientes blancos y alineados.

En el antiguo Egipto, los dentistas ya conocían los efectos nocivos de una dentadura descuidada y sugerían remedios para conservarla limpia y en buen estado.

Entre estos remedios estaba el clister o lavativa dental tras cada comida.

La primera pasta dental (el clister) estaba elaborada con pimienta, polvo de sal, iris, hojas de menta y flores que le otorgaban un fuerte olor y sabor. También se le podía añadir mirra, cáscara de huevo machacada, uñas de buey y piedra pómez.

En la antigua Persia, alrededor del año 550 a. C., también era costumbre limpiarse los dientes y fue una práctica higiénica común. El aseo y limpieza de la boca no era algo ajeno al aseo del cuerpo.

Los antiguos persas elaboraban una mezcla de tintura y agua boratada que aplicaban sus dientes y encías con un pincel. Accediendo así a todos los rincones y recovecos de la boca, incluidos los espacios interdentales.

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Más adelante, el geógrafo e historiador griego Estrabón (63 a.C. – 19 a.C.), explica en el tercer libro de su Geografía de cómo los íberos se enjuagaban la boca con orina a fin de preservar la firmeza de sus dientes, costumbre que también compartían con los celtas y pueblos germánicos, y que llegaba incluso hasta Siberia.

Pese a que al leer esto te hayas sorprendido, debes saber que la orina contiene amoniaco, una sustancia que contribuye a conservar la dentadura.

Dice Estrabón: “Se limpian los dientes con orinas envejecidas en cisternas los cántabros y sus vecinos; esto y dormir en el suelo es común a iberos y celtas”.

En la antigua Grecia, del mismo modo, los griegos también utilizaban la orina humana como dentífrico. Prueba de ello es que en alguna obra del naturalista latino del siglo I, Plinio el Viejo (23 – 79), se asegura que no había mejor remedio contra las caries.

En la antigua Roma se vendía en frascos la orina lusitana porque tenía fama de ser la más fuerte y efectiva. A modo de primitiva crema dental, y restregaban los dientes empapando en ella un pequeño manípulo de algodón: la de orina lusitana para limpiar dientes es una de las primeras denominaciones de origen de la Antigüedad.

Dioscórides Pedáneo (40 – 90), botánico griego del siglo I, habla en su tratado Corpus Hipocraticum de cierto dentífrico hecho con leche de mujer utilizado en Roma, donde era habitual el cuidado de la dentadura. El hispanorromano Marcial cuenta que su dentista Cascellius le facilitaba sustancias idóneas para la higiene dental.

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En la antigua China, antes de que los dentistas chinos inventaran el cepillo de dientes, empleaban huesos y espinas de pescados para limpiar la dentadura. Algo un poco primitivo pero que forma parte de la historia de la pasta de dientes.

Como curiosidad, el empleo de la orina para lavar los dientes en algunos lugares ha llegado incluso hasta nuestros tiempos.

Da fe de ello el hecho que todavía en el siglo XXI, algunos pastores y agricultores de tierras muy profundas, así como alfguos curanderos siguen recomendándola para conservar en perfecto estado la dentadura.

Incluso el mismo padre de la odontología moderna, el francés Pierre Fauchard (1678 – 1761), aconsejaba su uso en el siglo XVIII.

Después de este paréntesis, sigamos con el orden cronológico de la historia de la pasta dental.

Quién inventó la pasta dental

El médico romano del siglo I, Escribonius Largus, fue de hecho quien inventó la pasta de dientes hace 2.000 años. Su fórmula magistral era una mezcla de vinagre, sal, miel y cristal machacado.

Escribonius era el médico del emperador Claudio (10 a.C – 54), a quien acompañaba en sus expediciones y conquistas.

Escribió un tratado, Sobre la composición de los medicamentos, donde daba más de trescientas fórmulas, muchas de ellas reproducidas por Galaeno de Pérgamo, más conocido por Galeno (129 – 201).

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Escribonius largo

Por tanto, a la pregunta: ¿quién inventó la pasta dental?. La respuesta es que el inventor de la pasta de dientes es Escribonius Largus en Roma en el siglo I.

Evolución de la pasta dental

Entre los árabes, limpiarse los dientes era parte del ritual; un musulmán debe limpiarse los dientes con el siwak antes de morir para que el espíritu se presente limpio ante Alá.

Mahoma lo hacía todas las noches: cuenta la tradición que estando en su lecho de muerte pidió a su sirviente Zayd ben Halid, nombrado “señor del mondadientes”, que le trajera una especie de palito biselado llamado miswak, nombre árabe de la salvadora pérsica.

Acaso del cuidado puesto por Mahoma en el tratamiento de sus dientes derive el interés de la Medicina islámica medieval por las piezas dentales.

Los árabes dieron una gran importancia a la salud bucal y sobre todo al cuidado de los dientes.

El médico cordobés del siglo IX, Ibn Aviv, recomienda en su Compendio de medicina:

“Limpia los dientes a fin de extirpar los restos de comida, y enjuágate la boca, porque su cuidado es salud”.

También el médico medieval sevillano Ibn Zuhr o Avenzoar (1091 – 1161) aconseja en su Kitab al-Ikqtisad, tratado de medicina y cosmética: “Conserva el vigor de tus dientes, conserva su blancura y su brillo; lava la boca con agua de llantén y de rosas”.

En la España del siglo XI el toledano Ibn Wafid, o Abenguefit, en su Libro de la almohadao Kitab al-Wisad, aconseja cómo elaborar un dentífrico:

“Hojas de menta, de albahaca, de membrillo, de melocotón, con una cantidad doble de hojas de rosa, y tierra jabonera de Toledo más hojas de cidra: se pulveriza todo, se pasa por tamiz y se usa”.

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En la Edad Media poca gente tenía la costumbre de limpiarse los dientes. Tarea o trabajo destinado al dentista más que a la iniciativa personal. En la Edad Media los “maestros de curar dientes y sacar muelas” contaban con raspadores para eliminar el tártaro o sarro dental y aplicar polvos dentífricos.

El heredero de la Corona de Aragón, Juan I de Aragón (1350 – 1396), príncipe de Gerona, ordenaba a su oficial de cámara lo siguiente: “Mandad enseguida al quexaler(dentista) del señor rey y que traiga todos los instrumentos y polvos precisos, por tener Nos necesidad de limpiarnos los dientes”.

En el siglo XVI, se conoce que los Mayas utilizaban sustancias de origen animal y vegetal para el aseo de los dientes.

Así lo explica en 1557 el cronista de Indias y misionero Bernardino de Sahagún (1500 -1590) habla del chicle prieto, es decir, negro, usado entre otros fines para limpiar o blanquear los dientes en su Historia general de las cosas de Nueva España un producto llamado chapaputli o chacmun (Rauwolfia heterophyla Willad):

“Es un betún que sale de la mar y es como la pez de Castilla que fácilmente se deshace y el mar lo echa de sí como las hondas… es oloroso y apreciado entre las mujeres tráenlo (sic) en la boca para que no les hieda”.

En el siglo XVII, se conoce que en algunas zonas de América se empleaba a modo de pasta dental una mezcla elaborada con un polvillo machacando cáscaras de huevo quemadas, o coral: ponían un poco de ese polvo en un pedacito de tela y se frotaba los dientes con ello.

En cuanto al cepillo de dientes, debes saber que fue invento de los dentistas chinos del siglo VI. Aunque con anterioridad se usaba como cepillo la ramita de areca, planta de palma cuya nuez era a su vez un excelente dentífrico, teniendo en un mismo producto cepillo y pasta dentífrica.

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Pierre Fauchard

La areca fue aprovechada en Oriente con ese fin; de ella se hizo una crema dental excelente mezclándola con hojas del betel y la cal resultante del molido de conchas de moluscos, mejunje del que se obtenía el buyo o chicle masticable que mantenía los dientes limpios, blancos y relucientes, y alejaba el mal aliento.

También las tribus negras del Alto Nilo emplean como dentífrico las cenizas resultantes de la quema de excremento de vaca, con lo que obtienen la reluciente blancura de sus dientes.

Debe recordarse aquí, que entre los primeros usos dados al azúcar de caña en Europa, destaca el de emplearla como dentífrico, recomendación que hacía en el siglo XVIII el médico inglés Frederick Slare (1647 – 1727).

Historia de la pasta dental moderna

Los orígenes de las pastas dentales modernas los encontramos en el siglo XVIII. Llegado el año 1842, un dentista cuyo nombre era Peabody tuvo la idea de añadir un tipo de jabón a la pasta dental. A partir de este punto cada pocos años se lograba mejorar la fórmula de la crema dental.

En 1850 John Harris agregó un nuevo ingrediente, la tiza. Y en el año 1873, Colgate produjo en masa el primer dentífrico que se lanzó al mercado. Su presentación era en forma de polvo y envasado en un frasco de vidrio. Todo un cambio dentro de la historia de la crema dental.

En 1892, el Doctor Washington Sheffield Wentworth (1827 – 1897), un farmacéutico y cirujano dental inventó la primera pasta de dientes tal y como la conocemos hoy. Es decir, dentro de un tubo plegable. El Dr. Sheffield bautizó su pasta dentífrica con el nombre de Creme Dentifrice.

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Doctor Washington Sheffield Wentworth (1827 – 1897)

La idea surgió de su hijo Lucius, aficionado a la pintura, que viendo lo práctico de los envases de los colores decidió aplicarlo, naciendo así el primer tubo de pasta dental.

En el año 1896, la empresa Colgate Dental Cream, al ver la practicidad e higiene de este método, copió el sistema del Dr. Sheffield y comenzó a envasar su pasta de dientes en tubos plegables.

Hizo también una gran campaña publicitaria de su producto.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los muchos avances conseguidos en detergentes sintéticos propiciaron que se pudiera sustituir el jabón utilizado en la pasta dental por agentes emulsionantes como el ricinoleato sódio y el laurilsulfato de sodio.

Llegado el siglo XX, en el año 1901, el dentista norteamericano de la ciudad de Colorado Springs, Frederick McKay, inició una investigación con el flúor para solventar las manchas de café y otros alimento que muchos de sus pacientes tenían en sus piezas dentales, pese a tenerla limpias y sanas.

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Williams Colgate

En 1909, se unió a la investigación de esta misteriosa dolencia el popular Doctor G.V. Black.

Felizmente, en 1914 consiguen encontrar la fórmula adecuada y nace la primera pasta de dientes fluorada.

Llegado el año 1955, la American Dental Association (ADA), reconocen la eficiencia de las pastas dentales Crest, que naturalmente coparon el mercado y eran reconocidas como las mejores en esa época.

A partir de ese momento la evidente evolución tecnológica y científica de las pastas de dientes hace que en la actualidad existan en el mercado una amplísima gama de productos para limpiar los dientes.

Existen de todos los colores, textura, sabores, precios y modo de presentación. Todo ello para satisfacer al cada vez más exigente consumidor.

La pasta de dientes actual es una receta sencilla:

  • Polvo de tiza para pulir la dentadura.
  • Detergente espumoso para limpiarla.
  • El fluoruro, un producto químico para conservar los dientes.
  • Una sustancia gelatinosa hecha de algas para unir los ingredientes.
  • Esencias para dar sabor agradable al conjunto.
  • Desinfectante germicida.

La pasta dentífrica ha experimentado muchos cambios a lo largo de la historia. Algunos un poco extraños.

Como curiosidad, en los años 1960 hubo pasta de dientes roja conseguida mediante tintura de cochinilla que se llamó El Torero, cuya particularidad estribó en enrojecer las encías y resaltar por contraste el blanco de los dientes.

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Cronología de la pasta dental

A continuación, puedes encontrar la historia de la pasta dental resumida en forma de línea de cronología o línea del tiempo (time lapse). Así no te perderás ningún hito histórico del dentífrico:

  • Año 3500 a.C.: Los babilonios mascaban una especie de rafees para mantener los dientes limpios, pero por lo que se sabe y por costumbres observadas en tribus primitivas, este hábito podría proceder de la prehistoria.
  • Año 500 a.C.: Primera referencia a la pasta de dientes en Egipto, una mezcla de sal, pimienta, hojas de menta y flores de iris, encontrada en un viejo papiro guardado en un museo de Viena procedente de la ciudad de Crocodilopolis.
  • Siglo XV: Primera vez que aparece un cepillo de dientes en una pintura china formado por cerdas de pelo animal unidas a un hueso.
  • Año 1780: El inglés William Addis de Clerkenald vende cepillos de dientes hechos de cerdas de puerco siberiano incrustadas en huesos de vaca finamente tallados.
  • Año 1815: El dentista de Nueva Orleáns Levi Spear Parmly inventa el hilo dental de seda, pero éste no será usado hasta que la empresa Codman y Shurtleft no empieza a producir hilo dental encerado en 1882.
  • Año 1844: Meyer L. Rhein comercializa el primer cepillo con tres hileras de cerdas cortadas a la misma altura,
  • Año 1885: Meyer Rhein se asocia con una empresa de Massachussets para vender cepillos de dientes a gran escala en EE UU.
  • Año 1896: Colgate presenta el primer tubo de pasta dentífrica en Nueva York.
  • Año 1898: La Corporación Johnson & Johnson obtiene la primera patente de hilo dental, pero éste no se popularizará hasta la invención del nylon, que hace el hilo más resistente y elástico que la seda.
  • Año 1914: Se añade flúor a la pasta de dientes al descubrir que los napolitanos padecen menos caries al beber un agua rica en este elemento.
  • Año 1938: La empresa química estadounidense DuPont sustituye las cerdas naturales por cerdas de nailon
  • Año 1960: Se empieza a comercializar el cepillo de dientes eléctrico, inventado en 1939.

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Etimología de la palabra dentífrico

Por definición, dentífrico es un adjetivo referido a cualquier producto como una pasta, crema, agua, polvo o demás elementos de higiene o aseo que se utiliza para limpiar y mantener sanos los dientes.

Previniendo a la dentadura ante afecciones y enfermedades bucales. También es empleado como un sustantivo masculino.

En cuanto a la etimología, el término dentífrico está compuesto por dos palabras que provienen del latín: dentis, dens (diente) y el verbo fricare, que significa fregar o frotar.

Dentífrico hace referencia a todos los productos que se emplean para la limpieza de los dientes, como la pasta dental, pasta de dientes o crema dental. De la palabra latina dentis provienen palabras como: dentar, dental, dentista o dentina.

En ocasiones podemos ver éste término mal escrito como “dentrífico”. Esto sucede ya que en español existen muchas palabras terminadas en -fico, como por ejemplo frigorífico, jeroglífico o específico. En cambio existen muy pocas que finalicen con -frico.

Historia del afeitado

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Afeitarse la barba, es una costumbre más antigua que la de cortarse el pelo. La peluquería es uno de los inventos más antiguos de la humanidad, y en ella, la historia del afeitado es anterior a la del corte de pelo.

El hombre primitivo, se rasuraba con conchas hace veinte mil años. Las pinturas rupestres nos lo muestra unas veces barbado y otras afeitado. Operación que al ser realizada en seco, nos imaginamos que debió de resultar bastante dolorosa.

En la Edad del Hierro europea los guerreros eran enterrados con su espada y su navaja de afeitar. Útil instrumento que la civilización egipcia empleó hace ya más de seis mil años. Primero estaban fabricadas originariamente con oro y posteriormente de cobre.

Con ellas la nobleza se rapaba la cabeza a fin de colocar sobre las calvas abrillantadas una elaborada peluca.

Los sacerdotes egipcios se afeitaban todo el cuerpo cada tres días, ya que el pelo era resto de un tabú primitivo relacionado con la impureza. Los egipcios llevaban a la tumba su colección de navajas de afeitar: una cara afeitada realzaba la categoría social de quien la lucía.

Griegos y romanos, culturas afines a la nuestra, eran amigos del afeitado. Los griegos se afeitaban todos los días.

En el combate la barba era un serio inconveniente, sobre todo en la lucha cuerpo a cuerpo, ya que el enemigo podía coger a su adversario por ella, razón por la cual los romanos llevaban a la guerra, junto con la espada su navaja de afeitar.

En tiempos de Tarquinio el Soberbio, los romanos acudían a la barbería para afeitarse hace dos mil quinientos años.

También lo hacían los pueblos bárbaros; el historiador Diodoro de Sicilia, del siglo II a.C., dice que los galos se rasuraban los carrillos y arreglaban sus enormes bigotes, mientras Tito Livio asegura que en Roma el afeitado era cosa corriente, a pesar de que entre algunos sectores de la sociedad se consideraba cosa propia de griegos y hombres afeminados.

Pero el afeitado se asentó de forma definitiva, e incluso se prestigió cuando el general Escipión el Africano decidió hacerlo todos los días. El acto de afeitarse por vez primera llegó a revestir importancia social y tuvo tintes de ceremonia de iniciación.

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De hecho, la depositio barbae, como se denominaba aquella ceremonia, se celebraba con un banquete precedido por el acto de cortar el tonsoro barbero una porción de la primera barba del joven, vello que era ofrecido en primicia a la divinidad y se guardaba en cajas pequeñas de oro, plata o cristal. A aquella ceremonia asistían amigos y familiares allegados y se alegraban con música.

Entre los romanos la barba no gozó de gran predicamento hasta que el emperador hispanorromano Adriano la puso de moda dejándola crecer para ocultar ciertas cicatrices de nacimiento que le afeaban.

Con el triunfo del cristianismo los clérigos dejaron crecer sus barbas como símbolo de sabiduría, pero tras el cisma de Oriente la Iglesia de Roma recomendó el afeitado para distinguirse de la iglesia bizantina, que siguió valorando la barba.

El papa León III, se afeitó públicamente para mostrar sus diferencias con el patriarca de Constantinopla, comportamiento que hizo oficial el papa Gregorio VI, que amenazaba con la confiscación de bienes a los clérigos que no se mostrasen ante sus fieles bien afeitados.

Tan importante fue el deber clerical de afeitarse que durante la Edad Media se perfeccionó la navaja de afeitar de hierro.

Que el afeitado era asunto que interesó a todas las culturas lo prueba el hecho de que cuando los españoles llegaron a América constataron que los amerindios ya se afeitaban: para aquel fin utilizaban conchas de molusco a modo de pinza con las que más que afeitarse se depilaban, quitándose uno a uno los pelos los unos a los otros mientras charlaban.

La navaja de afeitar de seguridad tardó en aparecer; lo hizo en el siglo XVIII.

En 1772 el barbero profesional Juan Jacobo Perret escribió un curioso libro que tituló Arte de afeitarse y restañar la sangre, e inventó un aparato de forma plana que hacía casi imposible el cortarse y que de hecho fue la primera navaja de seguridad, cosa que consiguió colocando a lo largo del filo una especie de guarda metálica que evitaba los cortes por deslizamiento accidental de la cuchilla.

Hasta mediados del XIX no apareció la navaja de acero, en la ciudad inglesa de Sheffield, y poco después, hacia 1880 se creó la navaja moderna o navaja en forma de ‘D’, invento norteamericano cuya única pega estribaba en la necesidad de afilarla periódicamente, ya que no era reemplazable.

No obstante estos avances el verdadero apóstol del afeitado fue el norteamericano King Camp Gillette. Un día, su amigo William Painter, inventor del tapón desechable para botella le pidió que inventara un artículo de un solo uso: se llevaba entonces lo de “usar y tirar”.

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Gillette, que se afeitaba con navaja como todo el mundo, se dio cuenta en medio del afeitado de que su navaja no cortaba, que era necesario llevarla a afilar, y entonces tuvo la siguiente idea: “Lo único que necesito para rasurarme es el filo de la navaja, y todo lo demás es prescindible”.

En aquel momento se le ocurrió una idea; cogió papel y pluma y escribió no la fórmula, sino una carta a su mujer que terminaba así: “Querida, ya lo tengo. La fortuna nos aguarda. Ven enseguida”. No dijo más por temor a que la carta se perdiera. La señora Gillette sabía que su marido trabajaba en algo importante, pero no podía imaginarse la naturaleza de su invento.

Tampoco Gillette era consciente de que aunque la idea era estupenda, llevarla a la práctica presentaba graves inconvenientes: hacía falta fabricar una cuchilla de tamaño muy reducido, delgada como el papel, y no había tecnología para ello; así se lo dijeron los ingenieros del Massachusetts Institute of Techonology.

Solo uno de ellos, William Nickerson le dio esperanzas, resolvió las dificultades técnicas y se asoció con Gillette, que patentó su maquinilla de afeitar en 1901.

maquinilla de afeitar

Por tanto, a la pregunta: ¿Quién inventó la maquinilla de afeitar?. La respuesta es: King Camp Gillette y William Nickerson.

En 1903 lograron vender ciento cincuenta y una maquinillas y ciento sesenta y ocho hojas de afeitar, poca cosa. Pero al año siguiente las ventas subieron a noventa mil maquinillas y más de doce millones de hojas de afeitar.

Pero el triunfo definitivo vino en 1906. Se vendieron trescientas mil unidades y quinientos millones de hojas de afeitar.

En 1914, durante la Primera Guerra Mundial el ejército norteamericano adquirió tres millones y medio de unidades y treinta y seis millones de hojas, lo suficiente para afeitar a todas las fuerzas armadas, y lo que fue más importante, la guerra propagó el invento por todo el mundo.

Gillette se retiró del negocio en 1931 archimillonario. A pesar del éxito tan fulminante Gillette estaba contrariado porque algunos utilizaban dos veces las hojas de afeitar que él recomendaba para un solo uso. Pero el verdadero peligro estaba ya en puertas: la máquina eléctrica.

La máquina de afeitar eléctrica fue invento de otro americano, el coronel Jacob Schick, que aunque se había afeitado mucho tiempo con la Gillette, estaba convencido de que era posible aplicar el motor eléctrico a la maquinilla de afeitar.

El primer problema estribó en cómo fabricar un motor lo suficientemente pequeño; lo consiguió en 1923, y lo patentó.

El segundo problema era cómo financiar su producción. Nadie estaba dispuesto a hacerlo y tuvo que hipotecar su casa y endeudarse, pero fabricó su primer modelo que vendió a un precio demasiado alto para la época: 25 dólares.

El primer año consiguió vender tres mil unidades, y con los beneficios preparó una campaña publicitaria. Tuvo éxito, ya que vendió 2 millones de unidades en 1937.

Estaba claro que había mercado para el nuevo invento porque dos empresas importantes le hicieron la competencia. Remington, inventó la máquina afeitadora de dos cabezales para hombres y una maquinilla de afeitar para mujeres o depiladora.

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Cronología del afeitado

A continuación puedes encontrar un resumen de la historia de afeitado en forma de cronología o línea del tiempo (time lapse):

  • Prehistoria: El hombre se empieza a afeitar en la Edad de Piedra, con raspadores.
  • Años 1500 a 1200 a.C.: Se encuentran en Dinamarca cuchillas de afeitar con escenas mitológicas grabadas en la hoja.
  • Año 500 a.C.: Se populariza en Grecia llevar el pelo muy corto y la cara bien afeitada.
  • Año 400 a.C.: En la India, los hombres llevan el pelo y la barba bien recortados, se afeitan el pecho y el pubis, y las mujeres se depilan las piernas.
  • Año 50 a.C.: Julio César pone de moda en Roma las caras depiladas.
  • Año 60: Popea, la esposa de Nerón, pondrá de moda la depilación corporal con cremas tan exóticas y pintores­cas como para contener grasa de burro, vesícula de cabra, sangre de murciélago y serpiente pulverizada
  • Año 100: El emperador Adriano pone de moda las barbas en todo el imperio.
  • Años 500 a 1000: Las mujeres cristianas, completamente tapadas, tienen la obligación de afeitarse todo el cuerpo a diario con el fin de estar preparadas para el momento de la muerte.
  • Año 1000: Durante este periodo de la Edad Media, los hombres no se afeitaban, y llevaban las barbas sin límite de crecimiento. No cambiarán las cosas hasta las Cruzadas, en que los viajeros que vuelven de Oriente aportan las delicadezas de aquellos lugares.
  • Año 1500: Cuando los espartóles llegan a América, descubren que los indios de mesoamérica se afeitan con navajas hechas de obsidiana de los volcanes.
  • Año 1770: El barbero francés Jean-Jacques Perret escribe El arte de afeitarse bien uno mismo, y propone el uso de una afeitadora de seguridad que protege la afilada hoja con unas guardas de madera que evitan que el corte sea demasiado profundo en caso de producirse.
  • Año 1800: George Bryan Beau Brummell pone de moda en Inglaterra el gentleman de la moda que se afeita varias veces al día y se depila los cabellos sobrantes con pinzas.
  • Año 1830: En Estados Unidos, los hombres deben salir a la calle afeitados y con la cabeza cubierta.
  • Año 1880: En Estados Unidos, los hermanos Kampfe patentan la primera afeitadora de seguridad, con una protección de piel en uno de los lados de la hoja.
  • Año 1895: El estadounidense King Camp Gillette idea la maquinilla de afeitar que protege la hoja con dos piezas metálicas que impiden que ésta se desplace hacia los lados y pueda cortar la cara.
  • Año 1910: Willis G. Shockey patenta la predecesora de la afeitadora eléctrica, una máquina cuyas cuchillas se accionan mediante una rueda accionada a mano que dura un cierto tiempo.
  • Año 1921: El coronel Jacob Schick el Ejército americano, inventa la maquinilla repetidora, que almacena varias hojas y permite cambiarlas sin tenerlas que tocar.

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