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Joyas desconocidas Patrimonio de la Humanidad que han desaparecido (o están en peligro)


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Imagen del colosal hueco que dejaron los budas de Bamiyán (Afganistán) tras ser dinamitados en 2001.

ElPaís(V.Zárate)/hola.com/LaRazón(A.Masoliver)  —  Los esfuerzos de la Unesco por proteger el patrimonio cultural –incluso el que no está en su lista, como en el caso de Beirut– no pudieron frenar los ataques deliberados y el efecto de los desastres naturales sobre estos lugares perdidos.

Aldo Rossi afirmó en más de una ocasión que los lugares son más fuertes que las personas. El precursor de la arquitectura posmoderna solía decir que esa posibilidad de permanencia es lo que hace que un paisaje o un edificio puedan resultar superiores a nosotros mismos. Quizás por ello, nos hemos empeñado durante siglos en hacerlo añicos y eliminar así un posible competidor en esta carrera antropocéntrica en la que estamos embarcados desde que existimos.

Junto a las catástrofes naturales, la huella del hombre en general –y los conflictos bélicos en concreto– es la gran culpable de esta pérdida irreversible. Identificar y proteger –al menos– los lugares del planeta con un valor universal y excepcional fue el motivo de la Convención de 1972 que presidió la Unesco. De ella se extrajo la creación de una lista de Patrimonio Mundial, que va en aumento cada año, con el objetivo de preservar nuestro legado cultural, histórico y natural, afrontando los desafíos contemporáneos surgidos por el cambio climático, las guerras civiles, el turismo de masas o el desarrollo socioeconómico sostenible, entre otros muchos.

El catálogo, sin embargo, deja necesariamente fuera centenares de lugares de enorme valor artístico y cultural, como los museos y la arquitectura tradicional de Beirut, seriamente afectada por la gran explosión de este verano, y en cuya preservación también se ha implicado la Unesco.

Pero el legado que protege la Unesco se ve permanente amenazado (hace unos pocos meses conocíamos el caso de la Ciudad Universitaria de Caracas, cuyo deterioro por el abandono del régimen de Maduro resulta ya preocupante). Y no siempre logra salvarlo. En el último siglo hemos asistido a la destrucción masiva de algunas joyas creadas por civilizaciones pasadas, quizás desconocidas para el público en general pero de incalculable valor histórico. Y que ya solo podremos contemplar en su plenitud a través de un libro de texto o una foto de archivo. A continuación, recordamos algunas de ellas.

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Panorámica de la ‘Manhattan del desierto’, en 1990.

La antigua ciudad de Shibam (Yemen)

La ciudad de rascacielos más antigua del mundo tiembla sobre sus cimientos milenarios. Bautizada como la ‘Manhattan del desierto’, es uno de los ejemplos de planificación urbanística más ancestrales que se conocen, que optó por un método de construcción vertical en pleno siglo XVI. Toda una revolución para la época.

Cercada por una muralla que data del mismo siglo, el rostro de Shibam se enciende cada mañana. Es el reflejo de la luz sobre las infinitas casas de adobe secadas al sol. Se muestran impasibles en el desierto desde que se alzara como una parada ineludible en la ruta de las especias de la meseta sur de Arabia. A vista de pájaro, su plan de cuadrícula rectangular y fortificado estremece.

La altura es el eje temático de su historia. Construida sobre un espolón rocoso en el valle, los edificios de hasta 16 plantas llegar a rozar los 30 metros de altura. Una protección aérea que da cobijo a la arquitectura preislámica del castillo o la Mezquita del Viernes iniciada en el siglo IX. Tras florecer con la llegada de nuevos comerciantes en el siglo XIX que regeneraron la ciudad y la extendieron hasta la otra orilla del wadi, comenzó su inevitable decadencia asaltada por inundaciones y trifulcas bélicas.

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Shibam, tras el bombardeo.

La que sirvió de escenario poético para Las mil y una noches (1974) de Pier Paolo Pasolini constituye ahora por su ancestral skyline una gema a cuidar en conjunto. En 1982 se inscribió en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, con el objetivo de proteger sus edificios de tierra cruda construidos con métodos de construcción ya desaparecidos.

Pero lo que mostró el director italiano dista bastante del estado actual. La ciudad yemení se vio afectada seriamente por el abandono en la gestión de las inundaciones y el ataque perpetrado por parte la coalición de Arabia Saudí con grupos afines a Al Qaeda y el autoproclamado Estado Islámico (EI) en 2016.

Los budas de Bamiyán (Afganistán)

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Los budas de Bamiyán antes de ser destruidos con dinamita y pólvora por los talibanes.

En plena Ruta de la Seda que unió Oriente Medio con China durante los comicios del primer milenio, se erigió un valle próspero para la religión y la filosofía. A 2.500 metros sobre el nivel del mar dos monumentales budas custodiaban la urbe, bautizada como Bamiyán. Un ejemplo monumental de arte grecobudista que supo aunar con maestría la faceta clásica del helenismo con el icono espiritual del budismo.

Esculpidos directamente en la roca de sus acantilados durante el siglo VI, fueron símbolo de peregrinación durante siglos. El trazo minucioso de su rostro y de sus manos se modeló con un baño de barro y estuco. Teóricos apuntan que en su origen estuvieron adornados con joyas y filamentos dorados. El mayor, de 55 metros se pintó en rojo intenso, mientras el pequeño de 38 metros lucía una tez blanca y una túnica celeste.

Hasta su destrucción en 2001, se catalogaron como las esculturas de buda más grandes del mundo. Tras sufrir ataques continuos a lo largo de su historia, la barbarie fundamentalista devastó uno de los mayores patrimonios arqueológicos de la antigüedad en este continente. Los talibanes los destruyeron por completo con dinamita y pólvora tiroteadas desde tanques. El motivo de tal sacrilegio histórico no fue otro que ser ídolos contrarios a las escrituras del Corán.

El valle que las albergaba fue declarado Patrimonio de la Humanidad en peligro en 2003, por su incalculable valor en el intercambio cultural que generaba el paso comercial en su territorio. Los restos arqueológicos son actualmente propiedad del Estado de Afganistán, y están custodiados por guardias para protegerlos del posible vandalismo y el saqueo. Un año antes comenzaron las tareas para su reconstrucción.

La muralla de Hatra (Irak)

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Vista aérea de la muralla de Hatra antes de su destrucción.

Con más de dos mi años de historia, esta asentamiento independiente de Oriente Próximo resistió los asaltos romanos gracias a sus muros gruesos y múltiples torres. Pero a pesar de su sólida fortificación, la llegada de ISIS en 2014 puso fin a esta gloria urbanística de piedra caliza.

El grupo Estado Islámico (EI) arrasó la ciudad hasta sus cimientos con palos y armas, destruyendo sus reliquias más emblemáticas a su paso. Una pérdida irreparable de esta inusual arquitectura que supo mezclar los códigos helénicos y romanos con elementos orientales en la ornamentación. Y un testimonio histórico de la riqueza intercultural que sustentó Hatra durante siglos.

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Ruinas actuales en las que se encuantra Hatra

Redescubierta en 1836 por el diplomático británico John Ross, el yacimiento arqueológico de la que fue capital del primer reino árabe desveló una extensa muralla que cumplía las funciones de escudo protector contra los ataques de los imperios romano y parto. Este muro de ladrillo (casi) invencible contempló 10 metros de altura y tres de ancho, además de cuatro puertas que daban acceso a la urbe. En su interior, un recinto sagrado que albergó hasta trece templos desde su fundación en el siglo II a.c. Y que consiguieron permanecieron en pie gracias a los seis kilómetros su fortaleza custodiada por 160 torreones.

A pesar de ser catalogada en 1985 como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, esto no fue impedimento para que treinta años después los yihadistas destruyeran multitud de esculturas, relieves e inscripciones antiguas en arameo. La excusa para semejante vandalismo fue la misma que en Bayimán: zanjar la adoración a ídolos fuera del Islam.

La puerta secreta de Sidi Yahia, Tombuctú (Mali)

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Militantes yihadistas destruyeron la puerta secreta (a la izquierda) de la mezquita de Sidi Yahia en 2012. A la derecha, su estado actual tras ser reconstruida en 2016.

Sede de la universidad coránica de Sankore, esta puerta al desierto del Sahara fue una de las capitales intelectuales del Islam durante los siglos XV y SXVI. Un foco de aprendizaje decisivo en la expansión de esta religión por toda Africa que llegó a albergar 180 escuelas y 25.000 estudiantes.

En 1988 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco para su protección y futura restauración. Los esfuerzos fueron inútiles. El extremismo islámico devastó gran parte de la ciudad vieja de Tombuctú entre junio de 2012 y enero de 2013, haciendo añicos decenas de mausoleos y más de 4.000 manuscritos centenarios que cobijaron sus bibliotecas durante siglos.

La misteriosa arquitectónica del siglo XV que rodea a la puerta secreta de Sidi Yahia fue una de sus víctimas. Esta entrada a una de las tres grandes mezquitas de la ciudad fue tapiada en su origen ya que su apertura, según narra la leyenda, presagiaría el final del mundo. En 1400, el jeque El Moktar Hamalla mandó construir esta mezquita en honor al primer imán de Tombuctú, Sidi Yahia. Bautizada con su nombre, se transformaría en un centro decisivo de educación islámica para la región.

Un ejemplo único de arquitectura tradicional en barro que simboliza el crecimiento espiritual y cultural de la ruta comercial de Sahara. En 2015 comenzaron las obras de restauración de la mezquita, incorporando una nueva puerta a su estructura. El ataque fue condenado con nueve años de prisión para el yihadista Ahmed Al-Faqi Al-Mahdi por su responsabilidad en la destrucción deliberada de la ciudad.

Monasterio de Visoki Dečani (Kosovo)

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El monasterio de Visoki Dečani, blanco de ataques extremistas albaneses en 12 ocasiones.

La lucha por los Balcanes también ha dañado gravemente el patrimonio histórico. Kosovo, la ciudad con el conflicto más dilatado en el tiempo, vio amenazado su legado artístico en multitud de ocasiones. Para evitar desastres futuros, la Unesco añadió sus monumentos medievales a la lista de nuevas incorporaciones del Patrimonio de la Humanidad de 2004.

Uno de los motivos principales fue preservar los frescos de la iglesia de la Santa Virgen de Ljeviša, que datan del siglo XIV. Una muestra única del estilo paleólogo-bizantino que fusionó el arte ortodoxo oriental con las tradiciones románicas. En cuestión de arquitectura, el mausoleo real que el rey Stefan Dečanski mandó construir a mediados del siglo XIV es una de las joyas del conjunto. Y que, sin duda, ha estado más veces en peligro.

Conocido como el monasterio de Visoki Dečani, su estilo gótico temprano se erige entre castaños en la montaña de Prokletije. Su imponente planta fue obra del fraile Fra Vita, que levantó sus once naves –la más alta de 29 metros– en tan solo ocho años. Sirvió de santuario para los restos del rey Dečanski que murió estrangulado en 1331 por su hijo, deseoso de hacerse con el trono de Serbia.

La fachada es un crisol de mármoles amarillos, ónice y rojos púrpura. Las paredes de su interior, en cambio, están cubiertas de frescos del siglo XVI con el sello del maestro serbio Zograf Longin. En 2006 se añadió a la lista roja del Patrimonio Mundial en Peligro que elabora la Unesco para preservación ante futuras agresiones. Desde entonces, ha sido el blanco de ataques extremistas albaneses en 12 ocasiones.

Un muro firme y la vigilancia intensiva en manos de las fuerzas militares KFOR consiguieron que ninguno trascendiera del todo. Algunos de los más sonados ocurrieron durante 2007, cuando un radical lanzó una granada cerca del monasterio para atemorizar el cordón de seguridad. En 2016 fueron arrestados varios sospechosos en las cercanías del monasterio por posesión ilegal de armas de fuego.

Tumbas de los reyes de Buganda en Kasubi (Uganda)

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Lazare Eloundou Assomo

No todos los desastres son consecuencia de un conflicto bélico. En marzo 2010, un trágico incendio consumió gran parte del mausoleo de los reyes en las colinas de Kampala. Una década más tarde, y con la pandemia por la covid-19 ya extendida, se volvió a repetir el mismo episodio, calcinando por completo el sepulcro real.

Este complejo urbanístico de 1882 que albergó también una zona extensa de cultivo, dio cabida al palacio familiar convertido más tarde en el cementerio de los cuatro últimos reyes de la tribu baganda. El edificio principal conocido como Muzibu Asala Mpanga se erigió sobre de una planta circular que albergaba las tumbas reales. Hasta su destrucción, fue el centro religioso más activo de la región, dando cabida a frecuentes rituales.

Al gran valor inmaterial y espiritual del edificio catalogado como Patrimonio de La Humanidad por la Unesco en 2000 se une la relevancia arquitectónica de ser el mejor ejemplo de edificación orgánica hasta su desaparición. Una proeza preindustrial basada en técnicas artesanales y materiales orgánicos como tejidos elaborados con corteza vegetal, los tejados de paja o los pilares a base de juncos, adobe y caña.

Arco del Triunfo de Palmira (Siria)

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Montaje con el aspecto que presentaba el Arco del Triunfo en 2014 frente a una vista de su estado actual, tras ser bombardeado por el Estado Islámico.

En medio del desierto de Siria, Palmira fue en el mundo antiguo uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo. Sus monumentales ruinas mostraban cómo esta ciudad fusionó en los siglos I y III las técnicas grecorromanas con las tradiciones artísticas autóctonas y persas, pero la guerra civil siria ha destruido muchas de ellas, por eso la Unesco ha incluido esta ciudad en la lista de sitios del Patrimonio de la Humanidad en peligro. También la de Damasco, de las más antiguas de Oriente Medio.

Cuna de la reina guerrera Zenobia, esta ciudad hizo florecer el oasis de Aqfa entre los siglos I y III. Parada decisiva en las rutas mercantiles del Oriente antiguo, alcanzó su máximo esplendor durante el Imperio Romano, tiempo en que las piedras preciosas, los cristales y las telas traídas de lugares exóticos se intercambiaban con la misma rapidez que los acentos entre sus bazares.

De esa época trascienden algunos de sus mayores monumentos. La gran columnata de 1.200 metros de longitud, el ágora o los templos de Bel y Baalshamin fueron edificaciones construidas para dar réplica a la imagen próspera que la ciudad iba adquiriendo a pasos agigantados.

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Palmira vivió dos duros golpes en su historia. El primero vino con el saqueo de las tropas romanas tras el levantamiento propiciado por el emperador Aureliano. La segunda –y fulminante– fue su conquista por parte del Estado Islámico en octubre de 2015. La invasión de los integristas religiosos en Hatra arrasó con la reconstrucción que ya había experimentado tras el asedio romano. Si su antiguo teatro se convirtió en escenario de macabras ejecuciones, los yihadistas hicieron volar en tan solo quince minutos sus templos y el célebre Arco de Triunfo.

Símbolo histórico de la ciudad, este último fue agredido a martillazos hasta su completa destrucción. Los daños que sufrió esta reliquia arquitectónica de más de 2000 años son incalculables. Construido durante el mandato de Septimio Severo para celebrar sus victorias sobre el Imperio Parto, representa la fusión de las técnicas grecorromanas con las tradiciones artísticas persas y locales.

Tanto su doble arco como los pilares que lo sustentan se embellecieron con motivos geométricos y vegetales. Un ejemplo del valor de Palmira como centro cultural del mundo antiguo, inscrita en 1980 como Patrimonio Mundial por la Unesco. Algo que no evitó su destrucción masiva como consecuencia de la guerra civil que lleva viviendo Siria durante la última década.

La Gran Mezquita Omega de Alepo (Siria)

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Panorámica de Alepo con la Gran Mezquita Omega en el centro antes de ser bombardeada en 2013.

La segunda ciudad de Siria, y una de las más antiguas del mundo, ha sufrido los efectos devastadores de la guerra civil en sus entrañas. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1986, su situación estratégica entre varias rutas comerciales desencadenó un fuerte deseo de conquista entre imperios tan diversos como los árabes, griegos, romanos, mongoles, mamelucos y otomanos.

Apenas queda en pie el recuerdo del poder militar que su monumental ciudadela llegó a sustentar hace ya más de ocho siglos. De entre todo el patrimonio histórico que esta ciudad amurallada alberga, destaca la Gran Mezquita, uno de los edificios que más ha sufrido los bombardeos en la zona vieja desde el inicio del conflicto sirio.

Desde tiempos inmemorables Alepo ha ejercido de campo de batalla. Fundada bajo el califato omega en el siglo VIII, fue saqueada por los abasíes y reducida a escombros tras el incendio provocado por el imperio bizantino. Construida sobre los restos de un templo romano y la iglesia de Santa Elena, fruto de su reconstrucción tres siglos más tarde es su célebre minarete de 45 metros, que permaneció intacto hasta el bombardeo que arrasó la ciudad en 2013.

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Visita del Cardinal Mario Zenari a la Gran Mezquita tras los bombardeos de 2013.

Los fieles de la mezquita omega afirman que en su santuario descansan los restos del profeta menor Zacarías. Sobre una planta de diseño hipóstilo de innumerables columnas guardó grandes similitudes con la Gran Mezquita de Damasco. Es el caso de sus arcadas infinitas y el patio interior cubierto de mármol. Hasta su destrucción en manos de fuerzas yihadistas, que no solo bombardearon la planta sino que robaron la ornamentación, fue considerada una de las mezquitas más grandes del mundo.

Patrimonio de la Humanidad en peligro que debemos de cuidar

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El Parque Nacional de Virunga, la ciudad vieja de Jerusalén, Potosí, el centro histórico de Viena… y así hasta 54 bienes incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad están amenazados. Ponemos nuestra atención en ellos para atender su SOS.

Ciudad vieja de Jerusalén

La ciudad santa para el judaísmo, el cristianismo y el islam es un lugar de gran importancia simbólica. Y la cúpula de la Roca, el Muro de las Lamentaciones o la iglesia del Santo Sepulcro, que alberga la tumba de Jesús, son los principales monumentos históricos de la ciudad vieja, protegida por murallas. Las tensiones entre árabes e israelíes la han puesto en peligro.

Zona arqueológica de Chan Chan, Perú

 

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La que fuera capital política y administrativa del reino chimú entre los siglos XII y XV llegó a acoger hasta 100.000 personas. Hoy es la ciudad de barro más importante de América Latina y una visita imprescindible en Perú. Situada en el valle fluvial de Moche, en la provincia de Trujillo, esta zona arqueológica está en peligro debido a su ubicación frente al mar, cuyas sales y humedad afectan a sus muros de barro y a las prácticas agrícolas ilegales de la zona.

Parque Nacional de Los Everglades, EEUU

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Pantanos, humedales, praderas de hierbas altas y manglares conforman el parque natural subtropical más grande de Estados Unidos. Situado en el extremo sur de la península de Florida, sus diferentes tours permiten observar cientos de aves, cocodrilos y algunas especies en peligro de extinción, como la pantera de Florida. Hoy vive amenazado por el desarrollo urbanístico. 

Leptis Magna, LIBIA

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A unos 125 kilómetros al este de Trípoli, Leptis Magna es una de las urbes romanas mejor conservadas del Mediterráneo. Se dice que fue una de las más bellas del Imperio romano gracias a sus grandes monumentos públicos, su puerto artificial, sus talleres y su mercado. Los colonos fenicios la fundaron alrededor del 1100 a. C. y a principios del año 193 sería embellecida por el emperador romano Septimio Severo, quien la convirtió en la provincia romana de África. Los constantes combates y saqueos hacen que esta joya esté en peligro.

Parque Nacional Virunga

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Al parque nacional más antiguo de África se viene a ver los gorilas de montaña que viven entre su espesa vegetación. Las impenetrables selvas que rodean la cadena volcánica de los montes Virunga, situada en el nordeste de la República Democrática del Congo, es uno de los últimos refugios de esta especie a la que la zoóloga estadounidense Dian Fossey dedicó 25 años de su vida. En él se encuentran dos de los volcanes más activos de África, el Nyamuragira y Nyiragongo. Esta circunstancia, la inseguridad del lugar y la extracción ilegal de recursos naturales ponen en peligro este espacio protegido.

Ciudad marítima y mercantil de Liverpool

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Los muelles de la ciudad marítima y seis áreas del centro histórico de Liverpool dan testimonio del importante papel que esta tuvo en la época de mayor influencia global del imperio británico, al ser uno de los principales puertos comerciales del mundo en los siglos XVIII y XIX entre el norte de Europa y América. También fue un centro innovador en la construcción de muelles y gestión de puertos. Debido a los planes de construir Liverpool Waters, un proyecto de desarrollo a gran escala en los muelles históricos del norte del centro de la ciudad, hoy forma parte del Patrimonio de la Humanidad en peligro.

Potosí, BOLIVIA

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Esta joya colonial boliviana fue, durante los siglos XVI y XVII, una de las ciudades más importantes del mundo gracias al yacimiento de plata Cerro Rico, que daría origen a la expresión «valer más que un potosí». Hoy día, cientos de mineros se agarran a él como modo de subsistir, pero la montaña está tan agujereada que podría colapsar en cualquier momento. La ciudad, situada a 4070 metros sobre el nivel del mar, reserva al viajero numerosas joyas, como la catedral, el convento de Santa Teresa o la plaza de Armas.

Tombuctú, MALI

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Muy próxima al río Níger, Tombuctú es una ciudad de barro cuyos monumentos están hoy bajo amenaza de desertificación, como sus tres grandes mezquitas de Djingareyber, Sankore y Sidi Yahia, que recuerdan su edad de oro. Enclave histórico en la ruta comercial transahariana, además de capital intelectual y espiritual y centro para la propagación del Islam en África en los siglos XV y XVI, es hogar de varias madrasas y de la prestigiosa Universidad de Sankore, considerada la primera del mundo.

Centro histórico de Viena

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Capital del imperio austrohúngaro y referencia mundial de la música clásica en Europa, Viena conserva en su centro histórico un valioso conjunto arquitectónico, entre los que se cuentan castillos y jardines barrocos, además de la Ringstrasse, su gran avenida del siglo XIX bordeada de edificios monumentales y parques. El gran proyecto de edificar en la antigua ciudad imperial un club de patinaje, un hotel y una sala de conciertos la ponen en riesgo, según la Unesco.

El Patrimonio de la Humanidad menos duradero será español

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En el taller de cerámica de Pedro Bermejo, ocurre algo similar que al salir de una habitación oscura, los colores rojizos y de cemento de Talavera de la Reina desaparecen en el espacio que ocupa la puerta y accedemos a un mundo nuevo, que es increíblemente viejo a la vez, donde pululan como bichitos voladores el azul y el amarillo, el rojo, tantos tipos de verdes que contarlos puede terminar por agotarnos los labios.

Es porque a todos nos gusta admirar la cerámica de esta ciudad manchega. Deben accionar algún tipo de pensamiento primitivo que nos encandila a partir de las formas de la cerámica, algo parecido a la visión de un fuego. Aquí cada pieza es diferente, como las llamaradas de una hoguera, hipnóticas a los ojos.

El reconocimiento final que merecían estas muestras de artesanía embadurnadas con tradición y mimo delicioso alcanzó su éxtasis en el año 2019, después de que la Unesco categorizara como Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad a la Fabricación artesanal de cerámica de estilo talaverano en Puebla y Tlaxcala (México) y en Talavera de la Reina y El Puente del Arzobispo.

Talavera pertenece desde entonces al selecto grupo de las localidades españolas marcadas bajo el asterisco del Patrimonio de la Humanidad.

Los primeros utensilios de cerámica hechos en Talavera se remontan a tiempos del Imperio romano. El Tajo fluye manso cuando atraviesa la ciudad y su agua tiene un tacto fresco, ideal para que la entremezclemos con arcilla y demos forma a vasijas y cuencos de apariencia suave.

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Azulejos de la Basílica del Prado en Talavera de la Reina.

Pero si queremos hablar de la cerámica de Talavera de la Reina tal y como hoy la conocemos, haría falta brincar hasta el siglo XVI. A los años de Felipe II, cuando el poderoso monarca encargó a los artesanos talavereños que dieran forma a una serie de azulejos con que decorar el Palacio Real del Pardo.

Durante su reinado y el de Felipe III, la cerámica de Talavera ganó una amplia popularidad entre las clases altas españolas, que azuzadas por su interés a la hora de agradar a los reyes, decoraban aquí y allá sus palacetes con azulejos bellísimos.

Luego pasó el tiempo y los intereses del público cambiaron de opinión porque los intereses son caprichosos, el público también, y las cerámicas con tipos de impresión calcográfica de Sargadelos, Cartagena y Sevilla se convirtieron en los grandes favoritos de la burguesía nacional. Estamos en el siglo XIX. Talavera de la Reina pasó entonces a un segundo plano.

Decididos a no perder veinte siglos de trabajo por los caprichos del público, diversos artesanos talavereños reorganizaron la percepción que se tenía de su cerámica, convirtiéndola en una especie de recuerdo de la extensa historia que las moldea. Lo que viene a llamarse un souvenir.

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Clásico juego de café de cerámica de Talavera de la Reina.

Entonces la cerámica de Talavera sirvió a los locales para sobrevivir y alimentarse durante los años romanos, adornó los palacios más ostentosos de España durante cuatro siglos, y luego se convirtió en un recuerdo de este recorrido histórico inigualable.

De forma semejante a como hace la arcilla en el torno, los conceptos que rodean a la cerámica se metamorfosean, se estiran y son manoseados, hasta que adquieren una forma que resista los golpes de nuestra sociedad. Es un combate común, hoy lo vemos casi en cada esquina.

La tradición frágil e imperfecta debe hacer malabares para sobrevivir en el mundo de lo pulido. Los toros se encierran, los besos de las princesas se censuran, la cerámica coge polvo en un rincón. Mientras tanto vemos películas de Marvel y nos atiborramos a cafés con sobreprecio en el Starbucks.

Hoy en día el mundo ya no quiere dedicar cuatro o cinco horas a fabricar una bellísima tacita de cerámica. El mundo va demasiado rápido, que no tenemos casi tiempo ni para respirar. Que ningún joven parece interesado en convertirse en ceramista.

Algunos turistas estadounidenses conocen mejor su cerámica que los propios talavereños.

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Y  la falta de interés general de la sociedad por mantener vivo el oficio también es un culpable a señalar.

El lector debe comprender la magia que envuelve a los patrimonios inmateriales. No son como las enormes catedrales que podemos encontrar desde Sevilla hasta Aquisgrán, ni se parecen a los Parques Naturales de enormes extensiones, a los patrimonios materiales en definitiva.

La importancia de ser nombrado Patrimonio de la Humanidad no se aguanta en este caso en gruesos muros de piedra.

Son las manos del artesano, sencillas en apariencia, duras y suaves a una misma vez, quienes sustentan esta responsabilidad. Y debe ser agotador.

nuestras charlas nocturnas.

 

 

 

 

 

 

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