El drama de las 91 ‘brujas’ de Vardø …
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Brujas siendo quemadas en la hoguera.(imágen ilústrativa)
Infobae(J.Cantillo)/ElEspañol(C.Serna) — La Nochebuena nunca ha sido tan triste en Vardø como en 1617. La isla, en el norte de Noruega, casi en el círculo ártico, vio morir a más de 40 hombres que se hundieron en 10 barcos que habían salido a pescar. ¿La razón de esa masacre? Una tormenta. ¿Las culpables? Las mujeres que se quedaron viudas, huérfanas y solas.
En una isla sin hombres, la mayoría de las féminas tuvo que tomar las redes, el arado y empezar a hacer ‘trabajos de hombres‘. Supervivencia lo llamaban ellas. Brujería para el resto. El poder que empezaban a ejercer asustó a algunos lensmann de la zona que no querían que se vieran como ejemplo de que lo que una mujer podía conseguir.
Eso y la recién aprobada Ley de Hechicería y Brujería para la unión Dinamarca-Noruega que se estaba gestando acabó con 91 vecinas de Vardø quemadas en la hoguera, acusadas de brujas y de haber provocado la tomenta que mató a casi todos sus hombres.
Pero llegó la noche de la tormenta, un fatídico episodio donde murieron más de 40 hombres, que vieron como 10 de sus barcos pesqueros sucumbían frente a las embravecidas aguas. Eso cambió todo, pues de un momento a otro las mujeres se vieron totalmente desprovistas, sin sus maridos o hijos mayores no tenían garantías para sobrevivir.
En medio de este panorama surgió la figura de Kirsti Sørensdatter un mujer independiente que había construido una relación más igualitaria con su marido. Ella sabía pescar y trabajar la tierra, gracias a las enseñanzas de su esposo antes de morir en la tormenta.
Fue ella quién tomó el mando de los barcos que quedaron en Vardø, asumió el trabajo del ganado, y la que empieza a organizar a las mujeres del pueblo en las distintas tareas de supervivencia para escapar a su destino de morir congeladas de hambre.

Lo irónico es que haber tomado las riendas de su vida y rehusarse a morir en el frío nórdico, las terminó condenando a todas al fuego de la hoguera inquisidora.
Las crónicas cuentan que Mari Jørgensdatter fue interrogada bajo tortura el 21 de enero y acabó confensando que Satanás había venido a ella por la noche en la Navidad de 1620 para participar en un akelarre, pero también que las brujas fueron las responsables de la gran tormenta de 1617 donde murieron casi todos los hombres del poblado.
Todo ese material histórico le sirve a Kiran Millwood Hargrave para lanzar su primera novela para adultos, «Vardø. La isla de las mujeres» (Ed. Ático de los Libros), en un homenaje a estas mujeres que fueron cruelmente tratadas por la naturaleza que las dejó solas y por los hombres que temieron su poder.
El relato describe, siempre desde el punto de vista femenino, como dos años más tarde de la tragedia, un cazador de brujas escocés, Absalom Cornet, llega a la isla junto con su esposa Ursa. Allí ella ve un mundo gobernado por mujeres independientes, autosuficientes, mientras que su marido solo ve la mano del demonio y el paganismo.
Y es que junto a las mujeres que quedaron solas en Vardø, estaban también los samis (o lapones) que habitaban el interior de estas tierras desde tiempos inmemoriales y a los que el rey de Dinamarca estaba empeñado en imponer el cristianismo, a sangre y agua, por encima de cualquier ritual o tradición milenaria.
Las sentencias fueron llegando y fueron quemando a mujeres en mutitudinarias hogueras hasta que le tocó el turno a Kirsti Sørensdatter, a la que señalaron como su líder y almirante. El libro recoge a una Kirsten independiente, con una relación más igualitaria con su marido, que le enseñó a pescar y a trabajar la tierra antes de morir en la tormenta.
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Una escena de brujería representada en una pintura de 1600.
Es ella la que toma el mando de los barcos, organiza a las mujeres y hasta asume el trabajo del ganado. La que las salva de morir de hambre y congeladas.
Pero su ímpetu y su formación a pesar de su condición femenina, asustó tanto a los poderosos que llegaron al lugar que la persiguieron hasta convertirla en la última mujer quemada en Vardø, al menos en esa ‘tanda’ de persecuciones por brujería.
Aproximadamente 150 personas fueron ejecutadas por hechicería en el norte de Noruega entre 1621 y 1663, la mayoría mujeres de la zona y también algún hombre sami, que eran pintados como magos y hechiceros.
Noruega, como país, quiso resarcir, en parte, el dolor de estas féminas con un homenaje a máximo nivel hace nueve años, en el que participó hasta la reina.
La brujería en la era medieval
En la literatura medieval anterior al cristianismo, los poderes sobrenaturales eran un hecho aceptado. Se utilizó la práctica de la magia, el cambio de formas, el vuelo y los hechizos para controlar los elementos y conjurar a los muertos.
Finalmente, la iglesia rechazó estos poderes y prohibió cualquier creencia y uso de la “brujería”.
Sin embargo, la creencia y las acusaciones son parte de la historia, y durante los siglos a XVII y XVIII los juicios de brujas en toda Europa y parte de América se extendieron rápidamente.
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Portada del libro «La Isla de las Mujeres», donde la escritora Kiran Millwood Hargrave cuenta la historia de las brujas.
A Vardø lo hacen particular dos cosas: la primera es que 1593 y 1692 hubo más de 140 juicios de brujería en ese pequeño pueblo; la segunda es que los juicios quedaron registrados, lo que le dio a los historiadores modernos una gran comprensión de cómo transcurrían las acusaciones de brujería y las condenas en los juicios.
Pero no era solo la independencia forzada de sus mujeres lo que llamaba la atención de los cazadores de brujas que miraban con recelo a Vardø, sino que también contribuían una serie de mitos y supersticiones que hicieron del pueblo un blanco perfecto para las hogueras inquisidoras.
Durante el siglo XVII, las autoridades locales tenían mucho poder.
A menudo, los hombres de Escocia, Dinamarca y Alemania se dispusieron a cazar brujas. Había una teoría que prevalecía en Europa de que “la maldad se podía encontrar en el norte”, una creencia de que la gente de esa zona estaba más inclinada a ser malvada que en otras partes del mundo.
En especial porque los habitantes de Finnmark (provincia de Noruega a la que pertenece Vardø) no profesaban el cristianismo, sino que mantenían sus tradiciones ancestrales y se creía que Satanás vivía en esas áreas del norte.
La “maldad” se transmitió a través de los vientos extremadamente fríos del norte, cuyos sonidos implacables y escalofriantes aullidos eran considerados por los exploradores cristianos como llamados del diablo.
Los holandeses también navegaban entre Vardøshus y Rusia para comerciar y advirtieron a sus compatriotas de los peligros de Satanás. Las guaridas de demonios y diablos volaron a través de los vientos malvados.
A las brujas les adjudicaron los poderes para evocar poderosos torbellinos, mal tiempo, niebla, truenos y relámpagos a lo largo de la costa. Toda una lista de hechicería náutica que era especial de las brujas noruegas.
Se corrió la voz de que Noruega tenía las brujas más notorias. Había historias de que la montaña Domen entre el pueblo de Vardø y Kiberg era el lugar donde se celebraban los grandes sábados de brujas.
Ahí se decía que quedaba la mismísima entrada al infierno. Algo que ‘confirmaron’ gracias a las confesiones bajo tortura de varias de las mujeres acusadas, que hablaron de un largo valle negro y un lago oscuro en el fondo del valle.
Decían que Satanás en persona había arrojado fuego de una tubería de hierro haciendo hervir el agua antes congeladas.
Contaron de hombres y mujeres que flotaban en el agua y chillaban como gatos. En toda Europa circulaban las historias de diablos y demonios que desde esa cueva noruega se extendían por todo el mundo, causando vientos, enfermedades y daños brutales a su paso.
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Representación de la quema de una bruja en Vardø por el artista Liz Adamson.
A todo esto se le sumaba la presencia de los Sami en la región, un antiguo pueblo indígena escandinavo que se rehusaba a adoptar el cristianismo y que eran un blanco predilecto del rey de Dinamarca en sus cruzadas evangelizadoras.
Y entonces vinieron los juicios.
Los juicios de las brujas
En enero 1621, tres años después de la tormenta que acabó con los hombres de Vardø, llegó las Santa Inquisición al pueblo y con ella empezaron los juicios contra las mujeres sobrevivientes de la tormenta, pues se les acusaba de haberla causado por medio de la hechicería.
Las crónicas de los historiadores cuentan que Mari Jørgensdatter fue interrogada bajo tortura el 21 de enero y acabó confesando que Satanás había venido a ella por la noche de Navidad de 1620 para participar en un akelarre, pero también que las brujas fueron las responsables de la gran tormenta de 1617.
Mari confesó que las brujas habían atado tres veces una cuerda de pescar, la escupieron y la desataron, después de lo cual “el mar parecía cenizas y la gente murió”.
Otra mujer, Else, fue arrestada después de ser vista en compañía de perros y gatos negros y expuesta a la terrible experiencia del agua: si flotabas cuando te arrojaban al agua, te consideraban una bruja.
Anne Larsdatter afirmó en confesión bajo tortura que el diablo ató la lengua a las brujas para que no pudieran llorar ni confesar hasta que estuvieran expuestas al calvario del agua. Ella también había volado a un “sábado de brujas” en las afueras de Vardø, donde vio a las 40 personas ahogarse.
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Las brujas de vardo en la montaña Domen, donde se creía que estaban las puertas del infierno.
Mari y muchas otros fueron condenadas y quemadas en la hoguera en esa primera tanda de interrogatorios. Ella, Anne, y muchas de las mujeres que fueron interrogadas, señalaron a Kirsti Sørensdatter – quien les había enseñado a subsistir sin sus maridos- como su líder.
Meses después, Kristi, que no estaba en el pueblo, regresó a Vardø y fue apresada e interrogada bajo tortura. Ella terminó confesando que había aprendido hechicería de una anciana.
Kristi fue quemada viva en la hoguera el 28 de abril de 1621, un par de meses después de que otras 10 mujeres fueran quemadas por brujería. Fue la última víctima del gran juicio por brujería de 1621.
La memoria de las bujas
El 23 de junio de 2011, la Reina Sonja de Noruega inauguró el monumento Steilneset a las víctimas de los juicios de brujas en Vardø.
El monumento fue realizado por el arquitecto suizo Peter Zumthor y la artista franco-estadounidense Louise Bourgeois.
El monumento fue diseñado para atraer a los visitantes a una zona de Noruega económicamente deprimida pero excepcionalmente hermosa. El memorial también es parte de la tendencia moderna de disculparse y expiar las injusticias del pasado y otorgar reconocimiento oficial a las víctimas.
El monumento se encuentra en el mismo sitio que se cree que es el lugar de ejecución de las 91 supuestas brujas.
En un promontorio azotado por el viento, su costa irregular astillada por las olas rompientes, sobre una valla de estacas del cementerio local, se ve la creación de Zumthor en dos edificios distintos.
Memory Hall es un capullo textil blanco suspendido en una estructura simple y larga con líneas cruzadas hecha de pino sin tratar. La tela para velas cosida a mano se tensa con cables de acero, inspirados en las rejillas de secado de pescado que se usan en la zona.
El pasillo está lleno de 91 lámparas. Cada una ilumina una ventana y una placa con testimonios de los juicios contando la historia de las asesinadas
Cuando se entra por una pasarela de madera, a través de una puerta de acero hacia la oscuridad, es como entrar en un túnel oscuro. Las paredes se mueven con el viento, estremeciéndose con fuertes ráfagas.
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La silla ardiendo es el epicentro del memorial con el que se conmemora a las víctimas de los cazadores de brujas en Vardø
Junto a esto hay una caja en espiral negra construida para albergar una silla con una llama encendida en el medio. Sobre él hay tres espejos que reflejan las llamas, que representan a los Condenados, los Poseídos y los Amados. Los espejos distorsionan las llamas y hacen sentir al espectador como si estuviera en el fuego.
Así reposa la memoria de estas mujeres, cuya independencia era tan amenazante para el orden establecido que terminó siendo calificada de brujería, sus cualidades para sobrevivir catalogadas de hechizos y su identidad, que no reconocía el cristianismo, como herejía.
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