A María del Carmen, de 63 años, auxiliar de enfermería y divorciada, el amor ciego le costó 83.000 euros. Los ahorros de toda la vida. Se los regaló a su novio de Tinder sin hacer demasiadas preguntas. Confiaba en él. Estaba enamorada. Era un viudo de 58 años con buena presencia, ingeniero naval, canadiense y que supuestamente vivía en un barco, por trabajo, transportando mercancías por el mundo para la empresa COSCO.
Su enamorado, después de prometerle que se mudaría a Madrid para comprarse un piso con ella, no era una sola persona. Detrás de las fotos falsas de Tinder (la app no se hace cargo de estos crímenes) había una mafia organizada que aprovecha situaciones vulnerables como la de María del Carmen para robar todo lo que pueden.
Este tipo de delitos, los denominados ciberdelitos, delitos online o cibernéticos, han crecido un 300% durante la pandemia en España, y en el mundo ya mueven más dinero que el narcotráfico y suponen pérdidas de 800.000 millones de euros a la economía global.

No te creas invencible: tú también puedes caer
«Cualquiera puede ser víctima de un ciberdelito», afirma a esta agencia Juango Ospina, abogado penalista especializado en crímenes en la red. En su despacho no dan abasto los últimos meses. Los que más llaman a su puerta son víctimas de estafas, que pueden ser de cualquier tipo.
Desde las conocidas como «estafas del amor«, como la que sufrió María del Carmen, hasta los que reclaman compras que resultaron ser de bienes fantasma, desde un móvil hasta un coche o una vivienda.
El coronavirus también ha propiciado un desarrollo exponencial de la «ingeniería social» de los delincuentes, como denominan los expertos a la inventiva de estos grupos para engañar a la gente.
Los correos electrónicos o mensajes de texto con links o publicidad donde se venden o promocionan mascarillas o material necesario para la pandemia están a la orden del día, y aunque parezca mentira, no son pocos los que se resisten a pinchar en el enlace que robará su intimidad.
Las mafias están cada vez más y mejor organizadas y el confinamiento ha contribuido a su expansión, porque el teletrabajo y las horas en casa han provocado una mayor exposición de los consumidores a internet; y cualquier conexión a la red es una puerta abierta, advierten los expertos.
Ya no hace falta que el ladrón entre en casa. Puede robar cualquier cosa desde cualquier parte del mundo, y según advierte Juango Ospina, solo con algo tan sencillo como tener acceso a un DNI, que pueden utilizar o bien para acceder a las claves y datos personales de la persona estafada, o bien para usurpar su personalidad para realizar la estafa utilizándole como cabeza de turco.



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