La Lanza del Destino …

La verdadera lanza de Longino
Clarín(G.Londeix)/marcianosmx.com/wikipedia — La historia de que la Lanza con que le dieron muerte a Jesus cristo, por lo menos, había sobrevivido a los siglos, pasando a veces a buenas manos, a veces a otras menos dignas. Quien la poseía adquiría un poder que podía ser usado para el bien o para el mal.
La lanza Sagrada (también conocida como lanza del Destino, lanza de Longino o lanza de Cristo) es el nombre que se dio a la lanza con la que un soldado romano, llamado Longino según un texto bíblico apócrifo, atravesó el cuerpo de Jesús cuando estaba en la cruz.
El centurión Cayo Casio Longinos estaba al mando de los soldados romanos en un momento y un lugar terrible de la historia humana: la Crucifixión de Jesucristo en el Gólgota.
El centurión, que sufría una infección en los ojos que lo había hecho bizco, fue el encargado de supervisar la crucifixión de Jesucristo y la de los criminales Dimas y Gestas.
Los condenados tardaban mucho en morir y aparecieron seis alguaciles con escaleras, cuerdas y martillos para llevar a cabo el crurifragium: romper las piernas de los crucificados para que, sin un punto de apoyo inferior, no pudieran erguirse para respirar y murieran asfixiados.
Los alguaciles rompieron las tibias de los dos reos que acompañaban a Jesús. Longinos, convencido de la divinidad de Cristo, tomó su lanza y la clavó en la parte derecha del torso de Jesús para certificar que había fallecido.
Cuando retiró la lanza, de la herida empezó a manar sangre y agua, que salpicaron el rostro de Longinos, que inmediatamente dejó de ser bizco.
En ese momento, Longinus exlamó: «En verdad, este era el Hijo de Dios».

Jesús es atravesado en un costado por la lanza de un soldado romano. Pintura de Fray Angélico (1440), Monasterio Dominico de San Marcos, Florencia
De allí en más esa lanza pasó a llamarse la Santa Lanza, la Lanza del Destino o la Lanza de Longinos. Y se convirtió en un objeto codiciado y buscado por miles de personas. Su devenir se convirtió en increíble.
El soldado que atraviesa el costado de Cristo con la lanza de Longinos no es mencionado en los escritos del mar muerto pero en las referencias más antiguas que se tienen de la leyenda, el evangelio apócrifo de Nicodemo, de fecha desconocida, alrededor del siglo IV, también llamado Hechos de Pilatos, el soldado es identificado como un centurión llamado «Longinos» («Longinus» en latín) en el que además se menciona a los ladrones crucificados junto a Jesús: Gestas y Dimas.
Una forma del nombre Longinos también aparece en una miniatura en los Evangelios ilustrados por Rábula en 586 d. C. (actualmente en la Biblioteca Laurenciana, en Florencia).
En la ilustración, el nombre Longinos está escrito en griego sobre la cabeza del soldado que perfora el costado de Cristo. Ésta es una de las primeras referencias del nombre, si es que no es una inscripción hecha posteriormente.
La tradición cristiana, refiriéndose a la novela La lanza de Louis de Whol (1955), le identifica como Cayo Casio Longinos («Gaius Cassius Longinus», en latín), con lo que quien atravesara a Jesús con una lanza se llamaría igual que uno de los principales asesinos de Julio César, y con esto no se hace más que debilitar la teoría de que el soldado que atravesase a Jesús se llamara así.
En la fe cristiana, la lanza sagrada es la lanza usada en la crucifixión, que fue identificada más adelante como una reliquia. Muchas reliquias han sido identificadas como la lanza sagrada o partes de ella.
Una mención de la lanza también se hace en el Breviario de la Iglesia del Santo Sepulcro. La presencia en Jerusalén de esta importante reliquia es atestiguada por Casiodoro (485–585), así como en Los viajes de Gregorio (538–594), quien nunca estuvo en Jerusalén.
En 615, Jerusalén y sus reliquias fueron capturadas por las fuerzas persas del rey Cosroes II. Según el Chronicon Paschale, la punta de la lanza, que se había quebrado, fue dada en el mismo año a Nicetas, que la llevó a Constantinopla y la depositó en la iglesia de Santa Sofía.

La estatua de Longinos con la lanza en el Vaticano
Esta punta de lanza, que fue fijada en un ycona o ícono, en 1244 fue vendida por Balduino II de Constantinopla a Luis IX de Francia y guardada con la corona de espinas en la Sainte Chapelle de París.
Durante la revolución francesa, estas reliquias fueron llevadas a la Bibliothèque Nationale y posteriormente desaparecieron (la actual «corona de espinas» es una guirnalda).
En cuanto a la porción más grande de la lanza, Arculpus la vio en la iglesia del Santo Sepulcro alrededor de 670 en Jerusalén; sin embargo, no hay otra mención de ella tras el saqueo de 615.
Algunos dicen que la porción más grande de la reliquia se llevó a Constantinopla en algún momento durante el siglo VIII, posiblemente al mismo tiempo que la corona de espinas.
En algún momento, su presencia en Constantinopla parece ser claramente atestiguada por varios peregrinos, particularmente de origen ruso.
Y aunque posteriormente fue depositada en varias iglesias, parece ser posible rastrearla a diferencia de la reliquia de la punta.
Sir Juan Mandeville declaró en 1357 que había visto la cuchilla de la lanza Sagrada en París y también en Constantinopla, y que la reliquia de esta última ciudad era mucho más grande que la de París.
Cualquiera que haya sido la reliquia de Constantinopla, cayó en las manos de los turcos, y en 1492, bajo circunstancias minuciosamente descritas en la Historia de los Papas (escrita por Pastor), el sultán Bayaceto envió la reliquia a Inocente VIII para forzar al Papa a que continuase guardando preso a su hermano Zizim (Cem).
En este punto hubo en Roma grandes dudas de su autenticidad, según lo Johann Burchard, por la presencia de otras lanzas rivales en París (la punta que había sido separada), Núremberg (la lanza de Viena) y Armenia (la lanza de Echmiadzin).

La lanza que terminó en Etschmiadzin, Armenia, donde está hasta el día de hoy custodiada por severas medidas de vigilancia. No es la verdadera.
A mediados de 1700, el Papa Benedicto XIV dijo que había obtenido un dibujo exacto de la punta de la lanza de París y que, comparándola con la reliquia en la basílica de San Pedro, estaba satisfecho de que las dos formaran una sola cuchilla.
Desde hace más de 500 años esa lanza está en el Vaticano. Pero no toda. La parte inferior de la reliquia fue a manos del rey francés Luis IX, que la colocó en la Saint-Chapelle. Pero su destino fue trágico: la destruyeron durante la Revolución Francesa.
Pero no es la verdadera.
¿Dónde está esa lanza ahora?
Hay varios lugares que asumen ser poseedores de la lanza.
La lanza de Echmiadzin
Otros dicen que la lanza estaba en Antioquía. Cuando Constantinopla cayó en manos de los turcos, la lanza fue sacada de la ciudad y terminó en Etschmiadzin, Armenia, donde está hasta el día de hoy custodiada por severas medidas de vigilancia.
La lanza que se encuentra en Echmiadzin, Armenia, fue descubierta durante la Primera Cruzada.
En 1098, el Cruzado Pedro Bartolomé dijo tener una visión en la que San Andrés le decía que la Lanza Sagrada estaba enterrada bajo la catedral de San Pedro en Antioquía.
Tras mucho excavar en la catedral, la lanza fue descubierta. Esto se consideró un milagro por parte de los cruzados, quienes fueron capaces de derrotar al ejército musulmán que repelía el asedio a la ciudad, y capturaron decisivamente Antioquía.
Tiempo después de expulsar al ejército musulmán, hubo sospechas de que la lanza de Pedro no era la lanza de Cristo. Para desmentir esto, Pedro caminó en fuego portando la lanza; al entrar en el fuego Pedro murió.
Pero no es la verdadera.
Otra última lanza que supuestamente pertenece a la Pasión de Cristo se conserva en Cracovia, desde 1200 aunque hace 800 años que está en el lugar, pero no hay una historia previa que demuestre cómo llegó allí.
Aunque algunos registros alemanes indican que es una copia de la lanza de Viena. El emperador Enrique II la mandó hacer con pequeñas astillas de la Lanza original. Otra copia le fue entregada al rey de Hungría al mismo tiempo.
Sin embargo, otra historia escrita por William de Malmesbury cuenta que Hugo Capeto entregó la lanza Sagrada al rey Athelstan de Inglaterra; sin embargo parece deberse a una idea errónea.
No es la verdadera.
La lanza de Viena (Lanza Hofburg)

La lanza de 30 centímetros de longitud, parcialmente recubierta con una lámina de oro y en mitad de la hoja, atado con alambres, hay un clavo de metal usado paras crucificar a Cristo. Está en Austria desde hace 75 años.
Por último está la que se cree es la verdadera lanza de Longinos. Ella se encuentra en Viena, Austria, y es utilizada desde 1273 en la ceremonia de coronación del Emperador de Occidente.
Los emperadores del Sacro Imperio Romano tenían su propia Lanza, atestiguada desde el tiempo de Otón I (912–973).
En el año 1000 Otón III le dio a Boleslao I el Bravo una réplica de la Lanza en el Congreso de Gniezno.
En 1084, Enrique IV le agregó una banda de plata con la inscripción «Clavus Domini» («El clavo del Señor»). Esto se basaba en la creencia de que esta era la lanza de Constantino el Grande que encerraba como reliquia un clavo usado para la crucifixión. En 1273 se utilizó por primera vez en la ceremonia de coronación.
Alrededor de 1350, Carlos IV mandó ponerle una banda de oro sobre la de plata con una inscripción que dice «Lancea et Clavus Domini» («La lanza y el clavo del Señor»).
En 1424, el emperador Segismundo del Sacro Imperio Romano Germánico tenía una colección de reliquias, incluida La Lanza, que trajo de su capital en Praga a su natal Núremberg y decretó que ahí se guardara por siempre. A esta colección se le conoce como Reichskleinodien o Regalía Imperial.
Cuando el ejército revolucionario francés se aproximaba a Núremberg en la primavera de 1796, los concejales municipales decidieron trasladar el Reichskleinodien a Viena, Austria, para ponerlo a resguardo.
La colección fue confiada al entonces barón von Hügel, quien prometió devolver todos los objetos en cuanto la paz fuere restaurada y la seguridad de la colección estuviera asegurada.
Sin embargo, el Sacro Imperio fue disuelto en 1806 y von Hügel aprovechó la confusión sobre quién era el legítimo dueño y vendió la colección entera, incluyendo la lanza, a los Habsburgo. Cuando los concejales descubrieron la venta, solicitaron que les fuera devuelto el Reichskleinodien pero fueron rechazados.
Como parte de la Regalía Imperial, la lanza fue conservada en el Schatzkammer (Tesorería Imperial) en Viena y se le conoció como «la lanza de San Mauricio».
Durante la Anschluss, cuando Austria se anexó a Alemania en 1938, Adolf Hitler tomó la lanza.
Ferviente admirador de Enrique I el Pajarero, el Führer hizo una copia y guardó la original en la Catedral de Santa Catalina de Núremberg, la misma en la que había permanecido durante el I Reich, llegando a utilizar la reliquia en varios mítines entre 1938 y 1939. En 1940 se trasladó a una cámara acorazada para protegerla de la guerra, y más tarde se le construyó una cámara especial a 150 metros bajo tierra.
El 20 de abril de 1945, el general Alexander Patch, del Séptimo ejército estadounidense, encontró la lanza y la llevó a Estados Unidos.
El 7 de enero de 1946, el general George S. Patton la devolvió a Austria, donde fue alojada temporalmente en el Kunsthistorisches Museum y finalmente devuelta al Schatzkammer.
En 2003 el metalúrgico inglés y escritor de Ingeniería Técnica, el Dr. Robert Feather, obtuvo permisos extraordinarios no solo para examinar la lanza en un ambiente de laboratorio, sino también para quitar cuidadosamente las bandas de oro y plata que la mantienen unida. En la opinión del Dr. Feather y de otros expertos, la creación aproximada de la cuchilla de la Lanza es del siglo VII, un poco anterior a lo que el Schatzkammer estimaba.
Se encuentra expuesta en el Schatzkammer (Tesoro Imperial), que es una de las colecciones del Palacio Imperial de Hofburg, considerada como parte del Museo de Historia del Arte de Viena (Kunsthistorisches Museum).
La fascinación de la Lanza
Aquí entra Adolf Hitler en la historia

La entrada de Adolf Hitler en Viena el 14 de Marzo de 1938. esa noche se apoderó de la lanza.
En 1913, por las calles de Viena, un miserable ex estudiante de arte intentaba en vano ganarse la vida vendiendo pequeñas acuarelas. Ocasionalmente, cuando el frío le impedía salir a la calle, vagaba por los corredores del museo del palacio Hofburg.
Se sentía especialmente fascinado por un conjunto de piezas valiosas, conocidas como «las insignias de los Habsburgo».
Entre ellas el joven vagabundo Adolf Hitler prestaba especial atención a la Santa Lanza, que la leyenda identifica con la que atravesó el costado de Cristo después que éste expirara en la Cruz.
Ésta era la leyenda del arma que tanto fascinaba al joven Hitler. Durante su primera visita a la lanza la estudió con todo detalle. Medía 30 cm de longitud, y terminaba en una punta delgada, en forma de hoja; en algún momento, el filo había sido ahuecado para admitir un clavo -al parecer, uno de los usados en la crucifixión-.
El clavo estaba sujeto con un hilo de oro. La lanza se había partido y las dos partes estaban unidas por una vaina de plata; dos cruces de oro habían sido incrustadas en la base, cerca del puño.
Estos detalles que describen la fascinación de Hitler ante la lanza de los Habsburgo provienen del testimonio del doctor Walter Johannes Stein, matemático, economista y ocultista que afirmaba haber conocido al futuro Führer justo antes de la guerra del 14. Stein, que había nacido en Viena en 1891, era hijo de un rico abogado.
Sería un erudito y un aventurero intelectual hasta su muerte, en 1957. Se licenció en ciencias y se doctoró en investigaciones psicofísicas por la Universidad de Viena. Luego se convirtió en experto en arqueología, arte bizantino primitivo e historia medieval; durante la primera guerra mundial, como oficial del ejército austríaco, fue condecorado por su valor.

Stein nunca publicó sus memorias, pero antes de morir se hizo amigo de un ex oficial de comandos de Sandhurst, ahora periodista, Trevor Ravenscroft. Usando las notas y las conversaciones de Stein, Ravenscroft publicó en 1972 el libro Spear of Destiny (La lanza del destino) que por primera vez llamó la atención del público sobre la fascinación que sentía Hitler por la lanza de los Habsburgo.
Según Stein, Hitler tenía conciencia de este concepto ya en 1912; de hecho, fue la obsesión de Hitler por la lanza y su poder de «varita mágica» el motivo de que los dos hombres se conocieran.
En el verano de 1912, el doctor Stein compró una edición de Parsival, romance sobre el Grial del poeta alemán del siglo XIII Wolfram von Eschenbach, a un librero ocultista de Viena.
Estaba llena de comentarios manuscritos en los márgenes, que mostraban una combinación de sabiduría ocultista y racismo patológico. En las guardas, su anterior propietario había anotado su nombre: Adolf Hitler.
Hitler describió a Stein cómo había adquirido la lanza su especial significado para él:
Lentamente me apercibí de una presencia poderosa que la rodeaba, la misma impresionante presencia que había experimentado interiormente en esas ocasiones únicas de mi vida en que había sentido que un gran destino me aguardaba… una ventana en el futuro que se abría, a través de la cual veía, en un relámpago de iluminación, un hecho futuro, en función del cual sabía, más allá de toda contradicción, que la sangre de mis venas se transformaría algún día en el vehículo del espíritu de mi pueblo.
Adolf Hitler fue a verla en 1912 al museo de Viena y se obsesionó con ella. Según sus palabras, esa lanza era mágica.
Ya como Führer de Alemania, y dando órdenes a la Ahnenerbe (Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana), el propio Hitler, tras anexarse Austria, fue a Viena el 14 de Marzo de 1938. Esa misma noche entró solo en la Sala del Tesoro del Palacio Hofburg, en Viena, y se apropió de la lanza.
Hitler creía que con la lanza, según la tradición, tenía poderes únicos. El que la poseía era invencible. Pero también sabía que el que la perdiera solo tenía un destino: la muerte.
Dicen sus allegados que en ese momento el líder alemán les dijo que podían conquistar el mundo.
Aferraba entre sus manos esa punta de lanza de 30 centímetros de longitud, parcialmente recubierta con una lámina de oro en la que había una inscripción en latín. La punta de la lanza estaba hueca y en mitad de la hoja, atado con alambres, había un clavo de metal usado paras crucificar a Cristo.
La inscripción en latín sobre la lanza no dejaba dudas «Lancea et clavus domini» (Lanza y clavo del Señor).

El 13 de Octubre de 1938 la lanza y los tesoros de los Habsburgo fueron cargados en un tren vigilado por las SS y regresó a Núremberg.
El general Himmler la quiso llevar a su castillo esotérico en Wewelsburg, pero la lanza, por orden de Hitler fue colocada en el vestíbulo de la iglesia de Santa Catalina de Núremberg.
La idea de Hitler era que tras ganar la guerra, iba a crear un enorme museo con los mayores tesoros incautados por su ejército en todo el mundo.
En algunos de sus discursos Hitler apareció con la lanza en sus manos para demostrar (según él) dos cosas: que él era el dueño del mundo y que la lanza era alemana.
Hitler nunca reveló la naturaleza de su «visión», pero Stein creía que se había visto a sí mismo un cuarto de siglo después en la Heldenplatz, frente al palacio Hofburg, dirigiéndose a los nazis austríacos y a los desconcertados ciudadanos vieneses. Allí, el 14 de marzo de 1938, el Führer alemán anunciaría su anexión de Austria al Reich alemán… y daría la orden de llevar los atributos de los Habsburgo a Nüremberg, hogar espiritual del movimiento nazi.
Si los conocimientos de Hitler sobre la historia de la lanza eran tan amplios como decía Stein, tiene que haber estado al tanto de las leyendas sobre el destino de Carlomagno, Barbarroja y todos cuantos la habían blandido como un arma y habían perecido cuando escapó a su control. La leyenda parece haber sido confirmada por una inquietante coincidencia que marcó el final de su conexión con la Lanza.
Pero en 1943 los bombarderos aliados destruyeron el techo de Santa Catalina y el Führer, aprovechando los túneles secretos que ya existían bajo el castillo Kaiserburg, en Núremberg, hizo crear grandes cámaras a prueba de bombas a 24 metros bajo la fortaleza.

A ellas se accedían a través de un ancho túnel (permitía el paso de un camión) que empezaba en el garaje de una modesta casa del siglo XVII. En ese enorme búnker quedaron protegidos la lanza, los tesoros de los Habsburgo, las obras de arte incautadas por toda Europa y tesoros culturales de Nuremberg como cuadros de Durero y el primer reloj portátil de la Historia.
El 2 de Enero de 1945 los bombardeos dejaron a Nuremberg en ruinas. En 53 minutos el 90% de la histórica ciudad fue reducida a escombros pero sus obras de arte y la lanza sagrada estaban a salvo.
El 20 de Abril de 1945 la ciudad cayó en manos de los aliados. El Séptimo Ejército se instaló en la fortaleza de Kaiserburg sin saber que 24 metros debajo estaba el mayor tesoro oculto por los nazis.
El 30 de abril de 1945 una compañía estadounidense al mando del teniente William Horn, de la división Monuments, Fine Arts and Archives fue enviada en busca del tesoro de los Habsburgo. Una bomba había dejando a la vista la entrada de la bóveda, y en ella, sobre un descolorido terciopelo rojo estaba la fabulosa lanza de Longinos.
El teniente Horn tomó posesión de la lanza en nombre del gobierno de los Estados Unidos. A unos cientos de kilómetros de allí, en un bunker de Berlín, Adolf Hitler, en ese instante, se suicidaba.
Pero había otro hombre que quería tomar posesión de la lanza: el general Patton. Que la guardó entre los objetos preciados que había recolectado. Pero por presión del gobierno de Estados Unidos, el 7 de enero de 1946, el general la devolvió a Austria.
Allí está, desde hace 75 años, expuesta en el Schatzkammer (Tesoro Imperial), una de las colecciones del Palacio Imperial de Hofburg, en Viena.
Y queda una pregunta. ¿Qué fue de Longinos, el centurión que atravesó con su lanza a Jesucristo?
Se convirtió al cristianismo, murió mártir, fue hecho santo y su cuerpo se encuentra a metros de la famosa Piazza Navona, en Roma, enterrado en la iglesia de San Agustín.
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