Algunos de los osarios más impresionantes del mundo …

NationalGeographic(C.Blau)/elrincondesele.com/EspañaFascinante/PatrimonioCulto/catacumbes.paris.fr/rpp.pe/ecured.cu — Entre los siglos XVI y XIX, los centros religiosos de toda Europa se hicieron eco una tradición aún más antigua: los osarios decorados.
Sobrecogedoras construcciones arquitectónicas hechas de huesos humanos que, con el paso del tiempo, se han convertido en auténticas obras artísticas y en lugares de reflexión, una especie de diálogo con el pensamiento de épocas que ya apenas podemos comprender.
A lo largo de la antigüedad la calavera humana se ha tratado a menudo como objeto de veneración en infinidad de culturas, desde el neolítico, pasando por los celtas o hasta el budismo tibetano, por mencionar algunos ejemplos. Tras la ‘moda’ de la incineración, a partir del S.II d.C el enterramiento volvió a ser la forma de actuación preferida por el cristianismo naciente.
Esto era debido a la creencia de que parte del espíritu humano quedaba impregnado en los huesos (por ejemplo en las reliquias de los santos) y era imprescindible que los restos se conservaran los más íntegro posible para la profetizada Resurrección del Juicio Final.
Tras la legalización del Cristianismo por el emperador Constantino, los cristianos querían enterrarse preferiblemente en los lugares más sagrados: los sótanos de las iglesias y las catacumbas, que no tardarían mucho en rebosar de huesos y reliquias de santos por doquier, invadiendo el propio espacio de los vivos.
Hacemos un repaso por los osarios más fascinantes e interesantes alrededor del mundo, marcados por lo tétrico de su ambiente o por las originales decoraciones conformadas a partir de los huesos recopilados a lo largo de los siglos. Lugares que nos aproximan a la muerte y nos hacen mirarla de cerca para hacernos conscientes de esa realidad ineludible pero que, al mismo tiempo, nos asombran y nos dejan estupefactos.
Osario de Sedlec (República Checa)
Uno de los más conocidos de Europa por los turistas y también uno de los más artísticos. Ubicado en la Iglesia del Cementerio de Todos los Santos de la localidad de Sedlec, no muy lejos de Praga y en el área metropolitana de la bella ciudad de Kutná Hora, se esconde un magnífico osario formado por decenas de miles de huesos humanos cuya antigüedad se remonta al siglo XIV. La surrealista y llamativa decoración actual procede de finales del siglo XIX.

El Osario de Sedlec, con una belleza trágica, está decorado con huesos que fueron blanqueados y tallados.
La iglesia gótica de Sedlec, cerca de la pintoresca ciudad de Kutná Hora, en la República Checa, parece bastante normal desde fuera, pero si echas un vistazo al sótano descubrirás algo escalofriante: los huesos de miles de seres humanos que fueron blanqueados y, a continuación, tallados, y que ahora recubren todo aquello que está a la vista de forma artística.
Según la leyenda, un abad local peregrinó en el siglo XIII a Jerusalén y trajo consigo tierra sagrada para esparcirla sobre el cementerio de la iglesia. Se corrió la voz, lo que convirtió el cementerio de Sedlec en uno de los lugares más populares donde ser enterrado en la región.
Cuando la peste asoló Europa en el siglo XIV, casi 30.000 víctimas fueron enterradas en los terrenos del cementerio. A continuación, las Cruzadas provocaron 10.000 bajas más, cuerpos que fueron a descansar a este cementerio, por no mencionar otros entierros que se sucedieron en el tiempo.
Cuando la comunidad comenzó a construir la iglesia gótica en el siglo XV, muchos huesos fueron trasladados y apilados en pirámides en el osario bajo el nuevo edificio. El peculiar depósito permaneció imperturbado hasta 1870, cuando la iglesia contrató a un tallador de madera local, Francis Rint, para crear algo hermoso a partir del gigantesco montón de huesos.

El escudo de armas agradece a la familia que financiara el trabajo de Francis Rint.
Y lo logró sin lugar a dudas. Tras blanquear y tallar los huesos, los empleó para decorar el espacio sagrado. Rint elaboró cadenas de cráneos que se extendían sobre las entradas. Se construyeron cálices y cruces a partir de caderas y fémures. Incluso hay un detallado árbol genealógico que adorna la pared, en agradecimiento a la familia aristocrática que financió la iniciativa.
Sin embargo, el plato fuerte del Osario de Sedjec es la enorme araña del techo. Según se dice, está hecha de todos los huesos que hay en un cuerpo humano. Las velas brillan sobre la superficie de los cráneos blancos y relucientes que contemplan a los visitantes que se atreven a entrar. La empleada Vendula Krůlová nos explica que un especialista limpia los huesos uno a uno con un cepillo de dientes.

El Osario de Sedlec es solo uno de toda una serie de destinos macabros en Europa. La República Checa también tiene el Osario de Brno, con huesos de unos 50.000 humanos. Polonia cuenta con la capilla de cráneos Kaplica Czaszek, Portugal tiene la Capela dos Ossos en Évora y las catacumbas de París contienen los restos de más de seis millones de personas.
Sin embargo, el Osario de Sedlec es el segundo destino más visitado de la República Checa, con turistas que llegan a diario tras un viaje en tren de una hora desde Praga.
Sin duda, este singular destino tiene un gran impacto, pero afecta a cada uno de forma diferente, según Krůlová: «Es un lugar trascendental, lleno de preguntas. Algunos encuentran paz, otros sufren ansiedad. Todo el mundo es diferente, pero lo que sabemos con seguridad es que algún día todos seremos iguales que las personas en el osario: Memento mori.
Osario de Santa Maria della Concezione dei Cappuccini (Roma, Italia)

A no mucha distancia de la Plaza de España de Roma, la Iglesia de Santa Maria della Concezione dei Cappuccini, construida en la primera mitad del siglo XVII, nos ofrece una cripta plagada de huesos de frailes capuchinos – de ahí el nombre del templo – en la que la figura de algunos monjes momificados con sus hábitos nos hacen estremecer ante sus incorruptibles miradas.
Los huesos de 4000 hermanos capuchinos, colocados de manera artística y ordenada creando marcos y figuras en la cripta crean un diseño cargado de un cierto virtuosismo funerario.
Como si de una alegoría de la muerte se tratase la Iglesia de Santa María della Concezione dei Cappuccini posee uno de los osarios más escalofriantes de la capital italiana.
Arte lúgubre repleto de símbolos macabros en un templo religioso que por fuera no llama precisamente la atención, pero que por dentro palpita de tenebrosidad.
Una frase lapidaria advierte al visitante ya dentro de la cripta: “Aquello que vosotros sois, nosotros éramos; aquello que nosotros somos, vosotros seréis“. Un mensaje que tiene forma igualmente a través de seis capillas plagadas de huesos y cuerpos de frailes que son una pura metáfora de la muerte, de que la vida puede ser apenas el segundo que precede a la Eternidad.

Los frailes capuchinos, o mejor dicho sus cuerpos, se convierten en la encarnación del Tempus Fugit, en esa Roma que poco tiene que ver con la del Coliseo, las fuentes esplendorosas o las columnas que enmudecen cada tarde.
Sin duda, una de las visitas más sobrecogedoras que se pueden hacer en la ciudad de las siete colinas.
Santa Maria della Concezione o la Iglesia capuchina de Santa María Concepción se encuentra en el número 27 de Via Veneto, a una distancia relativamente corta de Piazza di Spagna (500 m.) o Piazza Barberini (200 m.), es decir, nada de a las afueras o un rincón lejano y perdido de Roma sino en el puro centro histórico.
Su fachada es tan sobria que no destaca en absoluto ni invita a entrar a unos viajeros ya acostumbrados a joyas arquitectónicas barrocas o renacentistas que pueblan la Città vecchia di Roma. En mi caso reconozco que no tenía ni la menor idea de su existencia pero paseando por Via Veneto en el otoño de 2007 cuando visité la ciudad junto a mi madre, nos dio por entrar sin más.
Se sabe que en Italia la iglesia menos vistosa puede resultar una auténtica obra de arte, por lo que quizás por eso o quizás por el destino nos situamos en las puertas de este templo de los capuchinos.

La historia de este templo se remonta al primer tercio del Siglo XVII, cuando el Papa Urbano VIII (parte en el juicio inquisitorial a Galileo) encarga al arquitecto Antonio Casoni la construcción de un templo cristiano para los Frailes Capuchinos en la actual Via Veneto.
Que encomendara levantar este edificio religioso se debió, sobre todo, a que su hermano Antonio Marcello Barberini (los Barberini fueron una de las familias más ricas y poderosas de Europa en aquel tiempo) era miembro de esta orden religiosa nacida de una escisión de los Padres Franciscanos.
De esa forma en 1631 comienza a funcionar la Iglesia de Concepción, caracterizada por su barroco clásico sin demasiadas estridencias, aunque con algunas obras pictóricas interesantes (una de ellas atribuida al artista Caravaggio).
Pero por lo que se le conoce la iglesia no es por el interior más puramente ceremonial sino por su cripta.
El propio Antonio Marcello Barberini, hermano del Pontífice, decide traer los restos de los frailes capuchinos que habían sido enterrados en el hasta entonces cementerio oficial de la orden, el de la Iglesia de Santa Croce e Bonaventura dei Lucchesi, y llevar a cabo una obra que simbolizara los conceptos de que la vida pasa deprisa y que tras la muerte existe la resurrección.
Y todo ello realizado de una forma diferente, original, en el que los huesos y las calaveras fuesen el ornamento, la obra de arte que explicase el tempus fugit.
Osario de Wamba (Valladolid, España)

La representación española se la lleva el atractivo pueblo de Wamba – el único pueblo de nuestro país que comienza por W, vestigio de su pasado visigodo -, en la provincia de Valladolid, donde la bella y vetusta Iglesia de Santa María presenta adosada una capilla que alberga miles de cráneos y huesos constituyendo el osario visitable más grande en España – a pesar de la pérdida de una gran parte de los restos por la falta de conservación hasta ya bien entrado el siglo XX -.

El osario de Wamba es un caso único en España. Se trata de un osario lleno de calaveras y huesos, un total de entre 1.000 y 2.000 restos de hombres, mujeres y niños de la Edad Media. Es uno de los grandes misterios que esconde esta localidad de Valladolid en la que viven poco más de 300 personas.
Ubicada en los Montes Torozos, Wamba también es la única localidad en España cuyo nombre empieza con la letra W, aunque en realidad se pronuncia «bamba». Otra de sus singularidades reside en que la localidad forma parte del Camino de Santiago de Madrid. Con un pasado visigótico y mozárabe, Wamba también fue hogar de la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén.

La historia del nombre de la localidad también es legendaria. En sus inicios la ciudad visigoda se llamaba Gérticos. Con la muerte del rey visigodo Recesvinto en el año 672 aquél que le sucedió en el trono fue Wamba. Como mandaba la tradición, al nuevo rey se le coronaba en el lugar en el que había fallecido el anterior.
Por este motivo la localidad adquirió su nombre, orgullosa de ser un núcleo visigodo con poder y relevancia. Fue uno de los últimos monarcas cristianos antes de que tuviera lugar la invasión musulmana.
Siglos más tarde, concretamente en el XIII hasta el XVII los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalén se instalaron en la zona. Se piensa que son los caballeros los que comenzaron a enterrar aquí los restos de los monjes que pertenecían a su orden.

No obstante, Wamba guarda más secretos además de aquellos relacionados con su topónimo. Si algo hay que visitar en Wamba es su majestuoso templo, la Iglesia de Santa María. La iglesia combina elementos artísticos como el mozárabe en su cabecera y el románico en su estructura, datados de los siglos X y XII.
Sin embargo, sus orígenes se remontan al siglo VII, pues se piensa que aquí se ubicaba un monasterio visigodo. Ya en su interior se puede acceder a una de sus joyas: el osario de Wamba. Así, a través de una de las paredes del claustro se encuentra una puerta la cual esconde un enigmático conjunto de calaveras.
El osario de Wamba se ubica en uno de los espacios de lo que fue el antiguo monasterio, que se arruinó tras las desamortizaciones decimonónicas. Las paredes de la habitación están revestidas de fémures, tibias y calaveras. Los huesos están colocados desde el suelo, unos sobre otros, hasta el arranque de la bóveda.
El tamaño de las calaveras nos indica que son restos de adultos y también de niños. Se han contabilizado entre 1.000 y 2.000 restos de personas.
La inscripción “Como te ves, yo me vi, como me ves, te verás, todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás” domina el osario de Wamba. Impresiona ver tantos cráneos, cuencas de ojos y sonrisas cadavéricas orquestados de tal forma. Un recordatorio impertérrito de la celeridad con la que pasa el tiempo y la importancia que hay que darle a éste y a los buenos actos.

No obstante, aunque sobrecoja tal conjunto de huesos, antiguamente la grandeza del osario fue mayor. Con el objetivo de estudiar el osario de Wamba, en los años 50 el Doctor Gregorio Marañón se llevó a la universidad Complutense de Madrid dos camiones llenos de estos restos. Nunca se devolvieron al pueblo.
Gracias al estudio se pudo certificar que los huesos y calaveras pertenecieron a hombres, mujeres y también niños de los siglos XIII a XVII. En total, cuatro siglos en los que el osario de Wamba fue alimentando no solo sus paredes, sino las leyendas y moralejas sobre la fugacidad del tiempo.
Hasta el momento del descubrimiento algunos historiadores mantenían que los restos pertenecían solo a los monjes y frailes que vivieron en el monasterio. Otros investigadores creían que el osario surgió tras vaciar un antiguo cementerio.
Iglesia de Santa María

Iglesia de Santa María
Son muchas las incógnitas para las que todavía en la actualidad no se han encontrado respuesta sobre la Iglesia de Santa María y sobre el osario de Wamba.
Se conoce que en el lugar en el que se encuentra la actual iglesia antes se ubicaba una iglesia visigoda, así lo argumentan los restos decorativos hallados en el Museo Arqueológico de Valladolid.
Los investigadores creen que es probable que en el momento de la repoblación de la zona se volviera a construir la iglesia que se erigía en los años de reinado de Recesvinto. Sus características indican que pudo ser la primera iglesia mozárabe que se levantaba en la zona.

Imagen en la pared de la Iglesia de Santa María
La Iglesia de Santa María (también conocida como Nuestra Señora de la O) es un templo románico del siglo XII que cuenta con la peculiaridad de contar con un cabecero mozárabe del siglo X. El edificio está constituido por tres naves y dos capillas, la de Doña Urraca y la del osario de Wamba.
Por su parte, en la capilla de Doña Urraca se encuentra sepultada la reina Urraca de Portugal. Se trata de la esposa del rey Fernando II de León, madre del también rey Alfonso IX de León. La reina se incorporó como freira en la Orden de San juan de Jerusalén.
Capilla de las calaveras de Czermna (Polonia)

En uno de los extremos del suroeste de Polonia, en la localidad de Czermna, una pequeña capilla se ha convertido en uno de los atractivos de esta zona polaca que acapara muchas de las excusiones turísticas que se realizan desde la ciudad de Wroclaw.
Construida en el último cuarto del siglo XVIII, sus paredes y techo están prácticamente cubiertos por huesos y cráneos de personas fallecidas durante los siglos XVII y XVIII. La disposición de los restos óseos sobre las cabezas es de lo más espectacular y característico de este sorprendente ejemplo de arte fúnebre en Europa.

Casi al llegar a la frontera con Republica Checa, existe un pequeño poblado de aproximadamente 100 mil personas llamado Czermna.
Una de las atracciones de este lugar, por no decir la más popular, es una capilla adornada con miles de cráneos y huesos humanos, si has leído bien cráneos y huesos humanos.
El nombre de esta capilla es Kaplica Czaszek (Capilla de los cráneos) y fue construida aproximadamente en el año 1776 por un sacerdote de Czermna, Waclaw Tomaszek, y un cavador de tumbas.
Ellos buscaban conmemorar a los soldados y civiles muertos durante las guerras, además el sacerdote también buscaba que estos huesos representaran un recordatorio de mortalidad y salvación humana para las futuras generaciones.

El sacerdote junto con el cavador de tumbas local decidieron ir acumulando los cuerpos provenientes de guerras y epidemias que habían en esa época, ciertamente ellos no tuvieron ningún problema en darse abasto para acumular estos cuerpos para construir la iglesia.
Tardaron más de 15 años en construir este recinto y se cree que en total hay más de 20 mil huesos humanos en la iglesia. Además es curioso decir que algunos restos humanos del alcalde de la comunidad en esa época, los huesos del sacerdote, del cavador de tumbas y de un gigante también se encuentran en este lugar.
Iglesia de San Francisco (Évora, Portugal)

Formando parte del casco antiguo de la hermosa ciudad de Évora, en el interior de la Iglesia de San Francisco, se encuentra el que seguramente sea el osario más célebre del mundo.
El templo gótico acoge en una de sus capillas un delicado y cuidado osario que responde a la necesidad de liberar los cementerios de la población siglos atrás.
Fruto de ello, tras un fornido dintel en el que reza el famoso epitafio «Nosotros, los huesos que aquí estamos, por los vuestros esperamos» – los osarios de Wamba y Sedlec también cuentan con inquietantes frases -, miles de huesos dispuestos perfectamente sobre el cemento de los muros adornan de manera brillante la estancia y forman un espectáculo digno de visitar en la que fuera la primera sede de la orden franciscana en Portugal.

«Los antiguos osarios, relegados a las notas a pie de página de la historia religiosa europea, formaron parte en su día de un diálogo con la muerte que ahora se ha silenciado. Sin embargo, para quienes los construyeron el diálogo era alto y claro, y no se esperaba que los muertos permaneciesen callados.
Paul Koudounaris» (El Imperio de la Muerte).
En Évora, una de las más bellas e importantes ciudades históricas de Portugal, podemos encontrar interesantes enclaves a lo largo de sus calles blancas y laberínticas: el Templo romano de Diana, la catedral de Nossa Senhora da Assunção, las centenarias murallas que rodean y parecen abrazar la ciudad antigua…
Pero uno de los rincones más emblemáticos (y buscados con cierto morbo) permanece escondido bajo los ecos de siglos pasados, en las silenciosas galerías de la Iglesia de San Francisco: la sobrecogedora Capela dos Ossos (Capilla de los Huesos) es un lugar no recomendable para visitantes temerosos, es uno de los osarios más espectaculares de toda Europa, que compite en suntuosidad y macabra elegancia con otros embemáticos osarios como las Catacumbas de Paris o el Osario de Sedlec en Kutná Hora (República Checa).

Estas macabras y a la vez magníficas exposiciones colectivas de la ‘carcasa humana’ expuesta en toda su desnudez y blancura, en un tremendo despliegue de formas, son visiones prácticamente imposibles de concebir o entender hoy en día (salvo quizás por artistas como Damien Hirst o Gunther Von Hagens).
Y sin embargo ahí están los osarios, repartidos por toda Europa. Los huesos silenciosos nos hablan pero nosotros ya no comprendemos su lenguaje. Lo hemos olvidado. De hecho, la lista actual de osarios fantásticos no es más que una sombra de lo que fué en siglos pasados.
Muchos de ellos fueron destruidos y sólo sobrevivieron como meras descripciones, dibujos y relatos de viajeros, y hablaban de lugares fuera de lo común, y mucho más inaccesibles de lo que lo son actualmente.
Precisamente en Portugal se perdieron dos de los más grandes de todo el país: uno se encontraba en el monasterio de Santa Cruz en Coímbra y al parecer albergaba infinidad de huesos de cristianos muertos durante la batalla de Ourique contra los musulmanes en 1139.
Ni siquiera se sabe como desapareció, simplemente lo hizo sin dejar ni rastro. Y el otro se encontraba en la isla de Madeira, y se decía de él que era el más espectacular de todo Portugal.
Por suerte, nuestro país vecino aún conserva tres de los más espectaculares de toda Europa: La Capilla de los huesos en Alcantarilha, el Osario de la Iglesia do Carmo, en Faro, el osario de Campomaior, y por supuesto el que nos ocupa, la Capela dos Ossos de Evora.

CONVERSANDO CON LOS MUERTOS

‘Huesos que aquí estamos / por los vuestros esperamos’. Frases como estas solían inscribirse en los grandes osarios. En alemán, este saludo solía ser ‘Was wir sind, das werder Irh / Was Ihr seid, das waren wir (‘Lo que nosotros somos, vosotros seréis / Lo que vosotros sois, nosotros fuimos’). La frase fue evolucionando a muchos idiomas y llegó incluso hasta Évora.
La abundancia de restos humanos amenazaba no pocas veces con problemas de salud pública, y era necesario además retirar los restos más antiguos para dejar sitio a los más recientes, con lo cual se empezaron a crear espacios dedicados a tal efecto, que eran los osarios.
De hecho la Capilla de los Huesos de Évora no es una excepción fue construida por necesidad práctica, y no sólo por cuestiones religiosas: En el siglo XVI, los cementerios de la bulliciosa ciudad de Évora estaban saturados de cadáveres, por lo que se exhumaron los huesos con el objeto de hacer sitio para poder enterrar nuevos cadáveres, colocando los más antiguos en una capilla destinada a tal efecto: la actual Capela dos Ossos.
Se dice que el más antiguo de todos los osarios es el de Santa Catalina del Sinaí, en Egipto (530 d.C), y que esta práctica procede en realidad de Oriente. En estos momentos los osarios comenzaron siendo meros depósitos de huesos. Lo mejor estaba aún por llegar, pero a medida que se desarrollaban se volvieron cada vez más inaccesibles, llegando a ser necesario en ocasiones un permiso especial del mismo Papa.
Sala de los huesos de San Bernardino alle ossa (Milán, Italia)

Al igual que en el caso del osario de Évora, la céntrica Iglesia de San Bernardino nació al auspicio de una sala que albergaba los huesos que se iban liberando del cementerio local ya en el siglo XIII.
Con el tiempo, la iglesia se modificó para ampliar su capacidad y el aspecto actual proviene de mediados del siglo XVIII, momento en el cual se acondicionó la sala actual que acoge la nutrida colección de huesos perfectamente ordenados que decoran todos los elementos arquitectónicos de la estancia, formando quizás uno de los osarios más bellos y armónicos de todos los que se dan en Europa.
En la plaza Santo Stefano tranquilo lugar, se encuentra la insólita iglesia de San Bernardino alle Ossa.

Cerca de la Iglesia de Santo Stefano Maggiore, en la plaza Santo Stefano, se construyó en 1127 el Hospital de San Barnaba in Brolo, destinado a la cura de leprosos, que también tenía un cementerio. En 1210 se edificó un osario, donde se colocaron los huesos de personas fallecidas que ya no cabían en el cementerio.
Junto al osario se construyó la primera iglesia de San Bernardino alle Ossa, en 1269, también conocida entonces como San Bernardino ai Morti.
Tanto la iglesia como el osario debieron ser reconstruidos tras el colapso del campanario de la iglesia de Santo Stefano Maggiore, en 1642
Atendiendo a la necesidad de erigir un templo mayor para albergar a los fieles que se acercaban en gran número a la capilla del osario, en 1750 los arquitectos Andrea Biffi y Carlo Giuseppe Merlo construyeron una gran iglesia en estilo rococó y barroco (aunque la fachada guarda la apariencia de un palacio), conectada al templo original a través de un arco triunfal. Se eligió entonces a San Bernardino de Siena como patrono.
En 1652 se cerró el hospital y el cementerio contiguos, por lo que se exhumaron los restos para completar la decoración del osario. La fachada de la iglesia se completó en 1776.

La iglesia tiene un plan octogonal con dos capillas laterales y altares de mármol barroco. Frente al altar mayor hay una reja que conduce a la escalera que desciende a la cripta de Disciplini. El órgano de tubos fue construido a principios del siglo XX.
A la derecha del acceso principal de la iglesia hay un pasillo que conduce al osario, una sala cuadrada decorada con huesos y calaveras empotrados en las paredes hasta el techo y contenidos por mallas metálicas, y también en cornisas, sobre las pilastras y en los marcos de las puertas.
En la capilla hay un altar y un nicho con la estatua de la Madonna Addolorata (Nuestra Señora de los Dolores).
Los cráneos sobre el marco de la puerta de ingreso provienen de personas condenadas a muerte.
Los frescos del techo son obra de Sebastiano Ricci y representa «el triunfo de las almas en un vuelo de ángeles» y a Santa María, San Ambrosio de Milán, San Sebastián y San Bernardino de Siena
Cuenta la leyenda que cada 2 de noviembre, durante la celebración del Día de Muertos, una niña cuyos restos se encuentran en San Bernardino alle Ossa vuelve a la vida e invita al resto de los muertos del osario a bailar.
Catacumbas de París (Francia)

Si bien las diversas catacumbas de Roma son las más famosas, París no se queda atrás. En el interior de una red de galerías – que antiguamente formaban parte de una enorme mina subterránea de piedra caliza – de unos 300 kilómetros, la capital parisina aprovechó esta circunstancia en el siglo XVIII para evitar la propagación de epidemias, acumulando en estas cavidades varios millones de esqueletos humanos, formando el mayor osario de Europa.
A pesar de que solamente un kilómetro y medio de toda esa red subterránea está abierta al público – el acceso se encuentra en la Avenida del Coronel Henri Rol-Tanguy, al lado del Cementerio de Montparnasse -, el resultado de la visita no deja indiferente por sus dimensiones y espectacularidad.
La historia de las Catacumbas de París se remonta a finales del siglo XVIII, cuando debido a los graves problemas de salubridad provocados por los cementerios de la ciudad se decidió trasladar sus contenidos a un lugar subterráneo.
Las autoridades parisinas eligieron un lugar de fácil acceso, situado en la periferia de la capital: las antiguas canteras de Tombe-Issoire, bajo la Plaine de Montrouge.
Estas canteras, explotadas como mínimo desde el siglo XV y posteriormente abandonadas, son una pequeña parte del laberinto que se extiende bajo la ciudad, sobre una superficie aproximada de 800 hectáreas.
Su diseño y la organización del traslado de los esqueletos corrió a cargo de Charles-Axel Guillaumot, inspector del servicio de Inspección general de canteras de París o IGC. Este servicio, instaurado el 4 de abril de 1777 por Luis XVI, tenía como misión supervisar y unificar las canteras abandonadas, tras producirse una serie de importantes hundimientos del suelo parisino durante el siglo XVIII.

Las primeras evacuaciones tuvieron lugar entre 1785 y 1787 y afectaron al cementerio más importante de París, el Cementerio de los Santos Inocentes, clausurado en 1780, tras permanecer en uso ininterrumpidamente durante más de diez siglos.
Se vaciaron las sepulturas, las fosas comunes y los osarios y los huesos se transportaron al caer la noche para evitar las protestas de la población parisina y de la Iglesia. A continuación, los huesos se descargaron a través de dos pozos de servicio de la cantera para su posterior distribución y apilado en las galerías por los canteros.
Los traslados continuaron tras la Revolución, hasta el año 1814, con la eliminación de los cementerios parroquiales del centro de París, como San Eustaquio, San Nicolás de los Campos y el convento de los Bernardinos. Los traslados se iniciaron de nuevo en 1840, durante las obras de urbanismo de Louis-Philippe y las obras haussmannianas entre 1859 y 1860.
Es declarado «Osario municipal de París» el 7 de abril de 1786 y, es entonces cuando se apropia del término mítico de «Catacumbas», en referencia a las catacumbas de Roma, lugar que despierta gran fascinación pública desde su descubrimiento.
El osario municipal de las Catacumbas es uno de los osarios más importantes del mundo y figura en la corta lista de osarios subterráneos. Antes de su apertura al público, en 1809, el inspector Héricart de Thury lleva a cabo una reorganización decorativa y lo transforma atendiendo a una visión museográfica y monumental.
Los huesos, que hasta ese momento yacían esparcidos por doquier, se colocan cuidadosamente tomando como modelo los pequeños muros de la cantera. En la fachada, las filas de tibias se alternan con filas de cráneos, mientras que tras los paramentos se apilaron los huesos restantes, a menudo muy fragmentados como consecuencia de su caída.
Asimismo, a lo largo del recorrido, se dispusieron construcciones de albañilería de estilo antiguo y egipcio con formas de columnas dóricas, altares, cipos o sepulturas.
A determinadas zonas se les dieron nombres inspirados en la literatura religiosa o romántica y de la Antigüedad: el sarcófago de Lacrimatorio, la fuente de la Samaritana o la lámpara sepulcral, por ejemplo.
Deseoso también de aportar una dimensión educativa al recorrido, Héricart de Thury hizo construir vitrinas inspiradas en las vitrinas de curiosidades, una dedicada a la mineralogía y otra a la patología.
Esta última mostraba especímenes relacionados con las enfermedades y las deformaciones óseas según las investigaciones que el doctor Michel-Augustin Thouret llevó a cabo en 1789.
La última herramienta pedagógica es el conjunto de placas adornadas con textos religiosos y poéticos repartidas por las galerías, concebidas para sumergir al visitante en un estado de introspección y reflexión ante la muerte.

Las Catacumbas de París han sido objeto de varios estudios sobre el medio subterráneo.
Poco después de su inauguración, dos investigadores del Museo Nacional de Historia Natural mostraron un interés especial por el lugar: Jacques Maheu, botánico, estudió la flora en entornos privados de luz, y Armand Viré, espeleólogo y naturalista, puso en evidencia la existencia de crustáceos cavernícolas.
Héricart de Thury también llevó a cabo un experimento en 1813: introdujo cuatro carpas doradas en la fuente de la Samaritana; los peces sobrevivieron pero no se reprodujeron y terminaron quedándose ciegos.
En 1861, fue Félix Tournachon, más conocido por el nombre de Nadar, el que experimentó durante tres meses con la toma de imágenes con luz artificial. Como el tiempo de exposición debido a las condiciones de oscuridad era demasiado largo, el fotógrafo utilizó maniquíes para que representaran a los obreros en su entorno de trabajo.
En la actualidad, los estudios sobre las patologías continúan durante las campañas de consolidación del osario. La conservación preventiva de los huesos en un entorno subterráneo muy húmedo, el respeto de los restos humanos y la puesta en valor del patrimonio geológico, arqueológico e histórico constituyen un auténtico reto para las Catacumbas de París.
Por extensión, el término «Catacumbas París» –nombre propio atribuido a la parte de la cantera transformada en osario en XVIII– se utiliza actualmente por error para designar las canteras que recorren el subsuelo de París y, en ocasiones, rebasan los límites de la propia ciudad.
Las Criptas de San Francisco (Lima, Perú)

Conocidas popularmente con el nombre de Catacumbas de San Francisco, bajo una parte del suelo de Lima se abre toda una serie de bóvedas subterráneas que fueron utilizadas hasta el siglo XIX como último lugar de reposo de los huesos de los muertos de las distintas cofradías y hermandades de la ciudad.
De esta forma, bajo el complejo que forma la Basílica y Convento de San Francisco, se puede acceder a toda esta red de corredores, criptas, bóvedas y pozos en los que se han ido acomodando infinidad de huesos, instaurando uno de los más llamativos atractivos turísticos de la capital de Perú.

Corría el año de 1546, Lima tenía apenas 11 años de fundación. La Orden Franciscana inicia la construcción de lo que hoy se conoce como el Conjunto Monumental de San Francisco. Se trata de una de las joyas más representativas de la arquitectura virreynal del Perú. Los ambientes que componen el conjunto son las Iglesias de San Francisco, La Soledad y el Milagro, que con sus clautros, patios y anexos constituyen lo que en Lima se conoce como el Convento de San Francisco.
El Convento de San Francisco reúne un tesoro artístico de gran valor, que ha sido acumulado a lo largo de cuatrocientos años. El esplendor de su patio, biblioteca y salas decoradas con azulejos, tallados en madera y oleos en pan de oro contrasta enormemente con el oscuro, húmedo y misterioso ambiente que se encuentra debajo de esta edificación religiosa.
El cementerio colonial. Se tratan de las criptas de San Francisco las que han cobrado fama con el nombre de catacumbas, una serie de bóvedas subterráneas que sirvieron como antiguo cementerio en los tiempos coloniales. Funcionó como tal hasta 1810 y se calcula que en aquella época debió albergar hasta 25 mil personas.

Llama la atención de los visitantes dos pozos de casi diez metros de profundidad, llenos de huesos y cráneos humanos, que tendrían la finalidad de proteger la antigua edificación de fuertes sismos. El área total de estas criptas no se ha llegado a determinar aún y se cree posible que exista una comunicación entre sus galerías con el Palacio de Gobierno y la cercana estación de Desamparados.
Personajes. En la cripta llamada de los Venerables, reposan los restos de Fray Juan Gómez, español que llegó a Lima en 1587. Ricardo Palma lo inmortalizó en sus famosas Tradiciones Peruanas con la versión del “Alacrán de Fray Gómez”, fue enfermero de San Francisco Solano durante su larga enfermedad.
También está enterrado Fray Ramón y Tagle y Bracho, uno de los hijos de los Marqueses de Torre Tagle, quien falleció a la edad de 70 años, el 2 de Agosto de 1780 y de Fray Andrés Corso unos de los fundadores del Convento de los Descalzos en el Rímac, quien falleció el 10 de junio de 1620.
También se halla sepultado en ese lugar el Padre Fray José Francisco de Guadalupe Mojica OFM, quien fue un famoso cantante mexicano de ópera y artista de cine de Hollywood. Él deja la vida artística e ingresa a la Orden Franciscana a la edad de 46 años, el 08 de marzo de 1942 y falleció en Lima el 20 de Septiembre de 1974.

Museo. En 1821 don José de San Martín, prohibió el uso de las catacumbas mediante un decreto, siendo clausuradas posteriormente. Sin embargo en 1950 fueron reabiertas y diariamente reciben a cientos de visitantes en la esquina de los jirones Ancash y Lampa, un lugar lleno de historia y misterio en las profundidades de las calles de Lima.
Monasterio de Santa Catalina (península de Sinaí)

También conocido como Monasterio de la Transfiguración o Monasterio de la zarza ardiente, en griego: Μονὴ τῆς Ἁγίας Αἰκατερίνης, está situado en la boca de un cañón de difícil acceso al pie del Monte Sinaí, en Egipto. Está construido donde la tradición supone que Moisés vio la «zarza que ardía sin consumirse». Se trata de uno de los monasterios más antiguos que continúan habitados. En 2002 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La madre del emperador Constantino I el Grande, Elena de Constantinopla, mandó construir una capilla en el lugar donde según la tradición Moisés habló con Dios en el episodio bíblico de la «zarza ardiente». Posteriormente el emperador Justiniano I mandó construir un monasterio en aquel lugar, junto a la capilla mencionada.
El monasterio fue construido entre los años 527 y 565. Supuestamente la zarza que se conserva es la original, convirtiendo al monasterio en un lugar sagrado para las tres grandes religiones monoteístas: judaismo, cristianismo e islam.

Aunque su verdadero nombre es Monasterio de la Transfiguración, es conocido también como Monasterio de Santa Catalina, recibiendo este nombre de Santa Catalina de Alejandría, una mártir cristiana que fue sentenciada a morir en la rueda de tortura.
La tradición transmitió que la rueda se rompió y que finalmente fue decapitada. Su cuerpo fue trasladado por los ángeles al Monte Sinaí y los monjes del monasterio encontraron sus restos sobre el año 800, en una gruta de la montaña, momento a partir del cual el monasterio custodió sus reliquias y se convirtió en un importante centro de peregrinación.
De acuerdo a la creencia de que en este lugar Dios entregó a Moisés las Tablas de la Ley, las comunidades cristianas de Santa Catalina han mantenido relaciones estrechas con el Islam desde el años 623, cuando un documento firmado por el propio Profeta, conocido como Actiname o Testamento Sagrado, eximió a los monjes del monasterio del servicio militar y del pago de impuestos, y pidió a los musulmanes que les ofrecieran ayuda y asistencia cuando la necesitaran.
Los árabes beduinos musulmanes que residen en las proximidades del Monasterio han actuado desde entonces como sus guardas y, en contrapartida, el Monasterio los mantiene.
Como respuesta a esta protección,la comunidad monástica accedió a convertir una capilla del interior de la muralla en mezquita, lo cual se realizó durante el califato Fatimida (909-1171).
Los anacoretas del Península del Sinaí fueron eliminados durante el siglo VII y sólo el monasterio perduró gracias en parte a las fortificaciones que lo protegían.
Este aún conserva los muros que servían de defensa. El acceso al interior del recinto se efectuaba hasta el siglo XX mediante una puerta elevada en el muro exterior. Las Cruzadas aumentaron el interés de los peregrinos hacia el monasterio, que se convirtió en centro de peregrinaje entre los años 1099 y 1270.
El monasterio se mantenía gracias a sus dependencias en Egipto, Palestina, Siria, Creta, Chipre y Constantinopla.
nuestras charlas nocturnas.
Deja un comentario