actualidad, opinion, variedades.

El Museo Ghibli de Hayao Miyazaki …


https://i1.wp.com/www.labrujulaverde.com/wp-content/uploads/2021/01/Ghibli.jpg?fit=750%2C500&ssl=1

Como ya sabrán muchos lectores, los mangas y animes (dibujos animados) son una auténtica pasión en Japón, donde montones de editoriales publican volúmenes cada día y se leen habitualmente en el Metro. De ahí la divulgación que han llegado a alcanzar algunas series y películas. Pero si hablamos de Hayao Miyazaki se trata de palabras mayores.

Miyazaki es el autor de filmes de culto, como El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke, El castillo ambulante, Porco Rosso o Ponyo en el acantilado, entre otras. Un maestro casi reverenciado que en 1985 fundó su propio estudio junto a otro genio, Isao Takahata. Lo llamaron Ghibli, nombre italiano de un viento del Sáhara, porque esperaban llevar nuevos aires a la animación.

En efecto, lo hicieron, aunque la razón de explicar esto aquí está en que el éxito permitió a Miyazaki volcarse en otro proyecto; un parque temático de su particular mundo dibujado. Así nació, en 2001, el Museo Ghibli. Está situado dentro de otro parque, el Inokashira Onshi (1-1-83 Shimorenjaku) de Mitaka, una zona del oeste de Tokio. Se llega fácilmente desde la estación de ferrocarril, siguiendo las indicaciones, a lo largo de la ribera del río.

https://imagenes.milenio.com/oWlagZtwIZN7o9glgy4VJV56ywc=/958x596/https://www.milenio.com/uploads/media/2020/04/16/museo-studio-ghibli-nippon-communications_0_24_520_324.png

38 millones de euros se invirtieron en unas obras que duraron año y medio y que al final permitieron inaugurar 17.000 metros cuadrados divididos en varias áreas que harán las delicias de los fans. El propio Miyazaki lo diseñó, aportando los elementos mágicos que le caracterizan, como puertas más pequeñas de lo normal -pensadas para los niños-, fósiles aflorando entre los ladrillos de las paredes o una réplica a tamaño natural (5 metros de altura) del robot de El castillo en el cielo.

5 salas son para la exposición de la colección permanente, en la que se muestra todo lo relativo al proceso de creación de una película de dibujos: técnicas, ingenios, bocetos, etc. También hay una sala dedicada a exposiciones temporales, generalmente monográfica sobre algún film. Hablando de films, el Cine Saturno, con un aforo para algo menos de un centenar de personas, proyecta periódicamente una serie de cortometrajes exclusivos, no comercializados.

Luego, por una escalera helicoidal, se puede salir a la terraza, donde está el mencionado robot (lamentablemente no dejan hacer fotos en todo el recinto) o subir al Gatobús, peluche gigante que recrea el personaje de Mi vecino Totoro. Y la visita finaliza por la tienda Mamma Aiuto (merchandising de todo tipo) y la cafetería Sombrero de paja.

https://farm9.staticflickr.com/8343/8153273479_b1be9ea220_c.jpg

“Un museo pretencioso, un museo arrogante. Un museo que exhibe obras poco interesantes como si fueran significativas. Un museo que trata sus contenidos como si fueran más importantes que las personas: este es el tipo de museo que no quiero”.

Dicen que cuando te embarcas en un proyecto es más importante tener claro lo que no quieres que lo quieres. Hayao Miyazakai sabía que su Museo Ghibli no iba a ser otra autocomplaciente colección de objetos para deleite de fanáticos. No, su museo sería como una película del Studio Ghibli, un viaje al lugar donde se forjan los sueños. Nos vamos a Mitaka en Tokio para descubrir el Museo Ghibli, el sueño de Hayao Miyazaki.

Museo Ghibli, la vida es sueño

https://www.descubrir.com/wp-content/uploads/2021/03/museo-ghibli-3.jpg

Partiendo de la Estación Central de Tokio, tomamos la línea JR Chuo y en media hora estamos en la estación Mitaka. Si salimos por la puerta sur de la estación, en unos 15 minutos llegamos al museo que está integrado en el parque Inokashira. Como si se trataran de los títulos de crédito de inicio de una película, unos carteles a lo largo del paseo van creando atmósfera: el bueno de Totoro nos indica que pronto entraremos en otro universo.

Ya en las inmediaciones del complejo, el visitante se encuentra con algunas esculturas que representan varios personajes de las películas del Studio Ghibli. Suele ser un punto en el que los fans sacan sus móviles para inmortalizar el momento. No tendrán muchas más oportunidades, puesto que no está permitido sacar fotos ni videos en el interior de las instalaciones.

https://www.descubrir.com/wp-content/uploads/2021/03/museo-ghibli-2.jpg

Ya en el hall de entrada vamos entendiendo que este no va ser un museo como los demás, de esos es los que hay que seguir la flechita para terminar en la tienda haciendo las compras de rigor que certifiquen que yo estuve aquí. Tranquilos, aquí también hay tienda, pero “los visitantes no están controlados con direcciones fijas”. Además de recordar algunas escenas de El viaje de Chihiro y Mi vecino Totoro, el hall de entrada se asemeja a un laberinto, como esos grabados de Escher.

Y si miras hacia arriba un gran fresco que imita la bóveda celeste de la que parecen colgar flores y plantas hace referencia también a otras historias de Miyazaki como Nausicaä, la película cuyo éxito impulsó al director a fundar Studio Ghibli.

Las sorpresas no se detienen puesto que hasta las propias entradas están impresas en piezas de película real de 35 mm… o lo estaban antes de que llegara la pandemia para arrebatarnos algún que otro sueño.

https://www.descubrir.com/wp-content/uploads/2021/03/museo-ghibli-5.jpg

La terraza del Museo Ghibli con la escultura del robot gigante.

Miyazaki tuvo muy presente a los más pequeños cuando diseñó este museo. Ya desde el hall, los niños son ‘tratados como adultos’ recibiendo su propia entrada. Y es que la lógica del Museo Ghibli es la lógica de los niños, de los corazones jóvenes: explorar, imaginar y olvidarse del tiempo.

Buena parte de la planta baja está dedicada a la exposición permanente “Donde nace una película”. En una de las cinco salas que forma parte de esta muestra encontramos la habitación del creador, algo así como un pasadizo que conecta con la mente de Miyazaki en pleno proceso creativo: las paredes y las mesas están plagadas de ilustraciones y bocetos y del techo cuelga un dinosaurio y un avión: los aviones clásicos, esa contagiosa pasión del director japonés que expuso en Porco Rosso o El viento se levanta.

El Teatro Saturno es otro de los espacios más celebrados del museo: un pequeño teatro con capacidad para unas 80 personas en las que a menudo se exhiben obras que no pueden encontrarse en otra parte. Esta era otra de las exigencias de Miyazaki: ofrecer contenido exclusivo, porque para ver otra vez La princesa Mononoke no hace falta irse hasta Tokio

https://www.industriaanimacion.com/wp-content/uploads/2020/06/Museo-Ghili.jpg

Pero donde tus hijos se volverán locos del todo es en el Gato Bus, uno de los dibujos más populares de Miyazaki que aparecía en Mi vecino Totoro. “Queríamos que el Gato Bus fuera tan grande como en la película, pero como no cabía en el museo, terminamos reduciéndolo un poco”, se disculpan desde el museo…

Otro lugar especialmente diseñado para los más pequeños es Tri Hawks, la sala de lectura con una selección de libros y ‘cosas extrañas’ para estimular la lectura entre los niños. Buena parte de ellos están en japonés, así que nos contentamos como mirar los dibujos.

Llegamos ya a la terraza superior del Museo Ghibli donde se encuentra uno de los lugares más recordados por los fanáticos: la gran estatua del robot de El castillo en el cielo donde sí se suele sacar alguna foto. Para acceder a este espacio debemos subir por la escalera de caracol. Buena parte de esta terraza está consagrada al agua y al mundo vegetal, de gran importancia en la filosofía de vida japonesa.

nuestras charlas nocturnas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.