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La historia de Alexander Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe que inspiró las aventuras en la isla desierta


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Grabado incluido en la obra «La vida y aventura de Alexander Selkirk, el auténtico Robinson Crusoe. Una narración basada en hechos reales», publicada en 1837

HistoriaHoy(O.L.Mato)/NationalGeographic(N.Sadurni)  —  Muchos sueñan con alejarse del mundanal ruido y vivir en una isla desierta como lo hizo el célebre personaje de la novela Robinson Crusoe. Pero la mayoría desconoce la verdadera historia en la que tal vez se basó el autor inglés para escribir una de las novelas más emblemáticas de la literatura de aventuras.

Y es que, al parecer, la historia de Crusoe se inspira en las vivencias de un marino escocés que sí existió en realidad, llamado Alexander Selkirk.

Alexander Selkirk nació en 1676 en Escocia, más precisamente en Fife, en Lower Largo, un pueblo pesquero a orillas del Mar del Norte. Poco se sabe de Alexander durante estos primeros años, tan solo que era el séptimo hijo de un zapatero y que debió huir de su pueblo por ser acusado «de conducta indecente en una Iglesia» (dejando librado a la imaginación qué pudo haber hecho este joven como para verse obligado a abandonar su pueblo natal).

Sin muchas otras opciones, Selkirk se metió en la marina, uno de los oficios más duros que se pueda concebir, donde la mayor parte de los marinos debían ser secuestrados para servir en una nave.

Sus primeros años sirvió en un barco corsario que lo llevó al Pacífico en tiempos de la guerra de sucesión española. El 11 de septiembre de 1703 se unió a una expedición comandada por William Dampier, en la nave corsaria llamada «Cinque Ports». Alexander era el segundo de a bordo.

Su capitán era Thomas Stradling. Después de combates, abordajes y tratar de saquear el puerto de Santa María en Panamá, la nave se dirigió al archipiélago Juan Fernández (a 600 km de Chile), y atracó en la isla conocida como Más a Tierra.

La tripulación del Cinque Ports saqueó el puerto de Santa María, en Panamá, y tras ello la nave puso rumbo al archipiélago de Juan Fernández, situado a 600 kilómetros de Chile, donde fondeó en una isla llamada Más a Tierra.

Allí se desató una discusión entre el propio Selkirk y Thomas Stradling. Selkirk afirmaba que la nave necesitaba una buena reparación antes de continuar el viaje, mientras que Stradling opinaba que no era necesario.

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Convencido de que el barco corría un grave peligro de hundirse, Selkirk pidió quedarse en tierra firme, a pesar de que el lugar era una isla desierta. Stradling no intentó persuadirlo. Pidió a la tripulación que proveyera a Selkirk con algunos elementos básicos para su supervivencia (un mosquete, pólvora, un cuchillo, un hacha, unas manta y una Biblia), y ordenó dejarlo en tierra.

Para matar las horas de ocio le dejó una Biblia. Ninguno de ellos pensó que tendría 4 años para leerla una y otra vez.

Selkirk aprendió a sobrevivir en soledad. Vivió comiendo peces, nabos silvestres, crustáceos, carne y leche de cabras salvajes que vivían en el interior de la isla, adonde debió mudarse cuando la playa fue invadida por leones marinos en época de celo. Con las herramientas construyó dos casas y usando los cuernos de animales que mataba confeccionó nueva ropa.

El principal peligro que afrontó fueron las ratas y los españoles. A las primeras las controló con gatos salvajes que domesticó y de los segundos se escondió para evitar ser hallado, ya que no sabía que tan tolerantes serían con el corsario que los había combatido.

Una vez no pudo evitar ser descubierto y fue perseguido, aunque logró escapar. Si hubiera sido capturado por los españoles muy posiblemente hubiera sido condenado a muerte por su condición de corsario escocés.

En el ínterin leía una y otra vez la Biblia y entonaba salmos que había aprendido en su infancia. Lo hacía a todo pulmón. Sabía que nadie se habría de quejar por el ruido o la afinación.

Cuatro años después, el 2 de febrero de 1709, llegaron a la isla dos fragatas, la Duke y la Duchess, al mando del futuro gobernador de las Bahamas, Woodes Rogers.

El piloto era un antiguo conocido de Selkirk, William Dampier. Cuando las fragatas atracaron en el archipiélago de Juan Fernández para aprovisionarse, vieron con asombro que venía a recibirles un hombre que vestía pieles de cabra y al cual le costaba mucho expresarse.

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Este óleo de Jean-Antoine Gudin representa el abordaje de un navío español frente a la costa de las Bahamas. Los piratas y corsarios fueron una de las grandes amenazas que enfrentó el Imperio español en sus dominios caribeños durante el siglo XVIII.

Selkirk se dio a conocer, y le informaron de que el Cinque Ports había naufragado y los supervivientes, entre los que se encontraba el capitán Stradling, habían sido capturados y hechos prisioneros por los españoles.

Un sorprendido Rogers declaró: «Uno puede ver que la soledad y el retiro del mundo no es un estado de vida tan insufrible como la mayoría de los hombres. imagínense, especialmente cuando a la gente se la llama justamente o se la lanza inevitablemente, como lo fue este hombre «.

Selkirk fue rescatado y retomó su antiguo «oficio» de corsario a las órdenes de Woodes Rogers. Uno de sus «golpes» más sonados lo dio en Guayaquil (Ecuador), cuando se hizo con el oro y las joyas que varias mujeres adineradas escondían entre sus ropas mientras intentaban escapar de la ciudad sitiada.

Selkirk también participó en la captura del galeón español Nuestra Señora de la Encarnación y Desengaño, al cual renombraron como Bachelor. Actuó como maestro de navegación de este galeón al mando del capitán Thomas Dover. A bordo del Duke, Selkirk logró asimismo completar un viaje alrededor del mundo a través del cabo de Buena Esperanza.

Vuelto al Reino Unido, Selkirk gozó de cierto prestigio cuando se difundió su historia que el escocés contaba a quien quisiera escucharlo, entre ellos un escritor llamado Daniel Defoe, quien dio forma al relato con algunas libertades literarias, que convierten a Robinson Crusoe en una de las novelas de aventuras más famosas de la historia.

Daniel Defoe era un panfletista político que apoyó distintos movimientos en Inglaterra. Por la irreverencia de sus escritos se ganó una permanencia en la picota. Compuso el «Himno a la Picota» que entonó mientras sufría el castigo. El público congregado le lanzó flores y lo asistió en lugar de burlarse como solían hacer.

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Ilustración de la nave escocesa Duke que en 1709 llegó a la isla Juan Fernández encontrando a Alexander Selkirk tras cuatro años de absoluta soledad.

Después fue encarcelado en Newgate de donde salió gracias a la ayuda del conde de Oxford. En 1719, después de escuchar la historia de Selkirk, se «adueñó» de las aventuras del corsario en una isla desierta (aunque en lugar de 4 años son 28 en la novela y la isla era en la desembocadura del Orinoco y no en el Pacífico).

Esta obra le ganó el prestigio que lo llevó a escribir otras obras como La Gran Plaga de Londres, una novela picaresca llamada Moll Flanders, sobre una mujer de dudosa reputación, y la historia del criminal Jonathan Wild. Después de escribir Historia política del Diablo (según Defoe, el diablo realmente «metía la cola» en la historia de la humanidad), muere en 1731 tras haberse pasado toda una vida huyendo de sus acreedores.

Mientras tanto, Selkirk dicen que se casó con una viuda, aunque también se sabe que esta relación no fue obstáculo para continuar metiéndose en problemas de faldas. Y nuevamente se hizo a la mar como corsario, aunque esta vez con menos suerte, ya que murió de fiebre amarilla..

La historia del marino abandonado, además de crear innumerables versiones literarias y cinematográficas, le ha dado su nombre al «Síndrome de Insularidad y aislamiento», el hombre frente a la ambigüedad de la soledad que se reconforta en volverse amo y señor del territorio donde le toca habitar.

La soledad y soberbia se mezclan en estos individuos que involuntaria o voluntariamente se aíslan de la sociedad, una paradoja analizada por autores como Heidegger, Derrida, James Joyce y Eduardo Galeano, quienes señalan la ambigüedad de la naturaleza humana, en la vida de un hombre que elige la soledad como fuente de fortaleza, con los miedos y los peligros que esa decisión puede conllevar.

¿Realidad o ficción?

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Primera edición de La vida y las sorprendentes aventuras de Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, en 1719.

En 1719, Defoe publicó La vida y las sorprendentes aventuras de Robinson Crusoe, novela que fue recibida con gran entusiasmo por el público. Pero ¿realmente se basó Defoe en la vida de Selkirk para escribir su novela?

Una de las mayores expertas en literatura inglesa del siglo XVIII, Paula Backscheider, profesora de la Universidad de Auburn y autora del libro Daniel Defoe: His Life (Daniel Defoe: su vida) no lo cree así.

En su obra, la autora considera que es incorrecto considerar a Selkirk como una de las fuentes principales de Robinson Crusoe.

De hecho, Backscheider afirma que existen diferencias entre los casos de ambos personajes: Selkirk vivió en una isla localizada en un archipiélago del Pacífico y Defoe sitúa la isla donde naufraga el protagonista de su novela en el Caribe.

En Robinson Crusoe, el protagonista permanece en la isla veintiocho años y no totalmente solo, sino en compañía de un indígena al que llamará Viernes. Selkirk, por su parte, permaneció cuatro años en su isla en absoluta soledad. Además, Selkirk decide quedarse en la isla por voluntad propia, y el protagonista de Defoe es un náufrago.

Sea como fuere, el 13 de diciembre de 1721, William Selkirk, el «Robinson Crusoe» de la vida real, murió víctima de la fiebre amarilla mientras llevaba a cabo una patrulla contra los piratas a bordo del HMS Weymouth. Su cuerpo, como marcaba la tradición marinera, fue lanzado al océano.

En 1966, y como homenaje a esta increíble historia, el gobierno chileno rebautizó la isla Más a Tierra como isla Robinson Crusoe y a la isla vecina como isla de Alexander Selkirk (a pesar de que que ésta nunca fuera visitada por el marino escocés).

En febrero de 2005 tuvo lugar una excavación arqueológica en la isla Robinson Crusoe, cerca del Mirador de Selkirk, lugar donde se cree que vivió el famoso náufrago.

Allí se localizó parte de un instrumento náutico datado a finales del siglo XVII o principios del XVIII. Tal vez constituyó una de las pocas pertenencias que los hombres del Cinque Ports dejaron a Selkirk cuando se hicieron a la mar y lo dejaron allí…

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