«El druida», la verdadera historia de Astérix

Periodista Emblogado(J.L.Montoya) — En los años 70 del siglo pasado Albert Uderzo y René Goscinny crearon una novela gráfica de gran éxito internacional aún hoy en día, basada en las batallas de una aldea gala en lucha constante por preservar su libertad frente al cerco colonizador del general romano Julio César.
Detrás de las paródicas aventuras de Astérix y Obélix subyace una historia que aconteció realmente, aunque no obró en favor de los galos como en el cómic de Uderzo y Goscinny, sino que tuvo que ver con el advenimiento de un gran líder celta que hizo frente al todopoderoso César en un intento vano por evitar la gran invasión romana.
Ese líder era el rey Vercingetorix y su historia se narra en la novela El druida, que aborda los hechos desde la perspectiva del jefe de los sacerdotes celtas, realizando una aproximación a lo que fue la cultura de los pueblos galos y su filosofía, basada en una armonía mágica entre hombre y naturaleza de la que los druidas eran los sumos sacerdotes.
Publicada en 1990 por la experta en cultura celta Morgan Llywelyn, la novela nos sumerge en los entresijos de una sociedad tribal liderada por guerreros y druidas casi a partes iguales; un mundo en el que las distintas tribus celtas que conforman el territorio conocido como la Galia libre pugnan entre sí por cuestiones económicas e incluso maritales.
Mientras los guerreros preparan la guerra, los druidas establecen nexos de unión pues el conocimiento que atesoran debe fluir en bien de la sociedad.
Se nos plantea la figura del druida, no como como un hechicero o un brujo, sino más bien como una especie de sabio o filósofo al cuidado de su tribu; eso sí, un sabio que basa parte de sus acciones en la creencia absoluta en la magia y el poder que le otorga la energía que subyace de la propia naturaleza.
Un bosque sagrado, y no un edificio, es el sancta santorum druídico y en torno al mismo se vertebra gran parte de la acción. Precisamente en ese recinto sagrado natural, y en torno a un ritual relevante para la tribu de los carnutos, comienza el relato que nos desmenuza Llywelyn. Y en él, de alguna forma, también muere.
Ainvar, jefe de los druidas de la tibu de los carnutos, es el privilegiado narrador de los hechos. Conocemos su vida y la de sus gentes, a la vez que somos partícipes de la amistad trabada con Vercingetorix y de su encumbramiento como gran líder de la coalición gala. Se nos describe su ardua tarea de hacer ver a los pendencieros galos cómo su desunión frente a las tretas de César está permitiendo al general romano adentrarse cada vez en sus territorios. También se nos describen las luchas intestinas por el poder en las distintas tribus y el trágico desenlace de esta historia.
Durante el relato se nos describen rituales y costumbres de los celtas, así como estrategias militares romanas. Morgan Llywelyn nos cuenta los hechos desde la perspectiva de los perdedores y no, como suele ser habitual, desde la de los ganadores.
En la historia subyace la confrontación entre dos formas de entender la sociedad: la que desea vivir en armonía con la naturaleza y la que prefiere doblegarla mediante la urbanización; lo espiritual frente a lo terrenal; la libertad frente a la esclavitud. Y eso es de lo que realmente trata esta novela.
Muchos son los misterios que circulan en torno a la figura de los druidas. Tal vez por ese motivo resultan tan sugestivos. Constituyeron la clase sacerdotal en Gran Bretaña, Irlanda, la Galia, e incluso en el Norte de España durante la Edad de Hierro, e incluso antes.
El halo de misterio en torno a su figura radica tal vez en el hecho de que los conocemos por escritos de griegos y romanos, ya que no hay registros escritos por los propios druidas. Tal como nos explica Morgan Llywelyn en su novela, la transmisión de la cultura celta era de tipo oral.
En los escritos antiguos, se atribuye a los druidas la práctica de sacrificios humanos, la creencia en la reencarnación y un elevado estatus social en los pueblos galos. En cuanto a prácticas relacionadas con el culto, se conoce el ritual del roble y el muérdago (según la descripción de Plinio el Viejo), al que se alude también en la novela de Llywelyn.

De origen irlandés, Morgan Llywelyn, estudió en Dallas y, antes de dedicarse a la literatura ejerció como modelo, profesora de baile, secretaria o instructora de equitación.
Su formación es autodidacta, interesándose muy pronto por la historia de Irlanda y su lengua, el gaélico. Comenzó a escribir en 1974 y publicó por primera vez en 1978. Posteriormente se mudó a Irlanda, donde reside y donde obtuvo la nacionalidad.
Su obra gira en torno a las novelas históricas y de ficción histórica, desarrolladas en Irlanda. Cuenta con varios premios literarios y es autora de diversos best-sellers.
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