Siempre se ha dicho que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Pero ¿a que mujer podemos encontrar detrás del hombre que personifica al mismísimo diablo, como es el caso de Adolf Hitler? Una mujer cuyo nombre es Eva Braun.
Nacida el 6 de febrero de 1912, Eva tuvo una infancia idílica. Fue una niña amante de los deportes y de las novelas del Oeste.
Pero todo cambió para Eva en octubre de 1929, cuando trabajaba en el taller del fotógrafo personal de Adolf Hitler, Heinrich Hoffmann. Era costumbre que Hitler se pasara por el local para visitar a su amigo de partido. Una tarde, cuando llevaba un par de semanas trabajando allí, la joven atrajo la atención del futuro Führer de inmediato.
En una carta enviada a un familiar suyo, Eva Braun explicaba que veía a Hitler como a un señor de cierta edad (en esa época rondaba los 40 años) y con un bigotillo gracioso. Hitler empleaba su tono más amable para dirigirse a las mujeres y con la frase «¿me permite invitarla a la ópera, señorita Eva?» empezó su relación.
Eso sí, antes de comenzar su idilio, el futuro genocida investigó el árbol genealógico de Eva para saber si tenía algún antepasado judío.
Una triste espera
El estallido de la guerra alteró de manera considerable la vida de Eva Braun en la residencia de Berghof, un lugar más conocido como «La guarida del lobo», en las montañas de Obersalzberg. Ésta se convirtió en 1941 en el «Cuartel General», donde se discutían todas las operaciones en el frente.
Así, las constantes visitas de militares a la mansión aumentaron y el tiempo para la vida privada desapareció casi por completo. Hitler pasó meses enteros visitando los frentes de batalla y dirigiendo la lucha.
Eva creía que una vez derrotado el comunismo y firmado un tratado con Inglaterra llegase la paz, algo que apuntó en varias de sus cartas: ver el fin de la guerra y poder volver a esa paz que había llevado a Alemania a una situación extraordinaria de desarrollo cultural.
En 1942, Hitler pasaba poco tiempo en Obersalzberg, pero cuando estaba allí Eva Braun le fotografiaba y preparaba un ambiente familiar.
No soportaba la separación que provocaba la guerra, como así reflejó en su diario personal: «El tiempo es delicioso y yo, la amante del hombre más grande de Alemania y del mundo, pero tengo que quedarme sentada en casa, mirando por la ventana».
Las páginas de ese día concluyen diciendo: «¡Dios mío, si al menos él me respondiera! ¡Una sola palabra, en tres meses de ausencia!». En los Diarios de Goebbels, una anotación del 25 de junio de 1943 dice de Eva: «Está muy cultivada, su juicio sobre cuestiones artísticas es de gran inteligencia y de gran madurez. Es un gran sostén para el Fürher».
Eva escribió en su diario: «El tiempo es delicioso y yo, la amante del hombre más grande de Alemania y del mundo, pero tengo que quedarme sentada en casa, mirando por la ventana».
La guerra iba de mal en peor para Alemania. La salud del Führer también empeoraba y Eva Braun redactó un testamento comprendiendo que el fin podía estar cerca.
El 16 de enero de 1945, Hitler se trasladó a su búnker de Berlín y Eva Braun lo siguió. Con el ejército ruso a las puertas de la capital, Eva ensayaba con su pistola por si tuviera que pegarse un tiro en el momento en que los rusos entraran por sorpresa en el búnker, tal como expresaba en una de sus cartas: «Las secretarias y yo disparamos todos los días con pistola y hemos alcanzado tal maestría que ningún hombre se atreve a competir con nosotros».
Eva Braun compartía la visión del mundo y las ideas políticas de Hitler.
Muerte en el búnker
Tras dar la guerra por perdida, Hitler ordenó a todos, incluidos Goebbels y Eva Braun, que abandonasen el búnker y se marchasen a un lugar seguro.
Pero ninguno de los dos quiso dejar al Führer. Hitler dio la orden de destruir toda la documentación guardada en el búnker, pero parte del diario de Eva Braun sobrevivió a la quema y acabó cayendo en manos del ejército norteamericano.
Adolf Hitler redactó su testamento privado tras repartir botellitas de ácido cianhídrico a los que quedaban en el búnker. Pero antes de ingerir el contenido de las botellitas, decidió casarse con Eva el 29 de abril de 1945.
En presencia de los mandos y dirigentes que quedaban allí, se ofició una sencilla ceremonia donde Hitler entregó a su prometida un anillo forjado a toda prisa para la ocasión. Pero la sortija resultó ser demasiado grande para la destinataria.
Eva Braun y Adolf Hitler se casaron en el búnker de Berlín el 29 de abril de 1945, un día antes de suicidarse ingiriendo una dosis de cianuro.
El 30 de abril de 1945, Hitler y Eva Braun entraron en el despacho del Führer. Allí Eva recibió una dosis de cianuro y una pistola. Por su parte, Hitler masticó una ampolla de cianuro y se pegó un tiro en la cabeza. Eva no logró disparar el arma y finalmente murió envenenada a los 33 años de edad.
El personal del búnker sacó los cadáveres al jardín de la Cancillería, donde fueron quemados.
Cuando el ejército soviético entró en Berlín y asaltó en búnker, encontró los restos medio calcinados de sus cuerpos y los enterraron secretamente en el complejo del SMERSH, el departamento de contrainteligencia de la Unión Soviética, en Magdeburgo, Alemania Oriental, junto con los cuerpos de Joseph y Magda Goebbels y sus seis hijos.
El 4 de abril de 1970, un equipo del KGB soviético, con planos detallados de la ubicación de las tumbas, exhumó en secreto cinco cajas de madera con lo que quedaba de los cuerpos; los incineraron, machacaron los restos y arrojaron las cenizas al río Biederitz, afluente del cercano río Elba.
Deja un comentario