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La historia tras algunos casos famosos de histeria colectiva …


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marcianos.mx  —  La razón es una de las cosas que nos diferencia de los animales… bueno, la mayor parte del tiempo. En ciertos momentos de la historia, los humanos tiraron el sentido común por un caño y muchas personas fueron víctimas del pánico, la paranoia y el engaño masivo. Uno de los episodios más lamentables de esta conducta resultó con el asesinato de más de 20 personas cuando, sin justificación alguna, una ciudad entera se convenció de que las brujas se infiltraron en la comunidad y decidieron poner fin al aquelarre. Se trató de los infames juicios por brujería de Salem. Tristemente, fue uno de tantos casos donde los humanos terminaron cediendo a la histeria.

La plaga del baile.

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¿Puedes imaginar que, de la noche a la mañana, cientos de personas empiecen a bailar y no se detengan por ningún motivo? En 1518, el Sacro Imperio Romano tuvo que lidiar con el extraño fenómeno en la ciudad de Estrasburgo. Los individuos paraban de bailar hasta que azotaban en el suelo a causa del agotamiento o, en los casos más trágicos, caían muertos por un paro cardíaco o accidente cerebrovascular.

Los registros señalan que todo empezó con una mujer soltera llamada Frau Troffea, que cierto día de julio empezó a bailar sin descanso. Tras seis días seguidos de baile, logró que unas cuantas personas se unieran a la acción. En el apogeo de aquella histeria colectiva, la plaga del baile «infectó» a más de 400 individuos.

Resulta probable que el tamaño de esta fiesta imparable fuera exagerado por las autoridades del lugar. Sin una idea clara de cómo afrontar el episodio decidieron consultar a los médicos, quienes culparon a un incremento en la temperatura de la sangre del extraño comportamiento. El único remedio era que los dejaran bailar. En poco tiempo el consejo de la ciudad montó un escenario, contrató músicos y abrió el ayuntamiento las 24 horas del día para que las personas siguieran bailando.

A los pocos días resultó evidente que esto no detenía o curaba la plaga del baile. De hecho, sólo propició que un mayor número de desgraciados siguieran bailando hasta la muerte. Posteriormente, el consejo decidió trasladar los danzantes a un santuario dedicado a San Vito para celebrar una ceremonia religiosa, aunque resulta difícil saber si esto tuvo algún efecto. Aparentemente, la plaga del baile se desvaneció por su cuenta en las semanas posteriores.

El baile sin fin en Estrasburgo.

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Curiosamente, no fue el primer episodio de histeria colectiva enfocado en el baile, aunque sigue siendo el más grande y famoso. Al igual que en los otros casos se desconocen las causas, aunque existen múltiples teorías.

Una de las más populares apunta a una intoxicación por ergot, aunque esto no explica que todos hayan tenido la misma reacción y mucho menos que mantuvieran ese nivel de energía para bailar durante días enteros.

Otros creen que la población entró en una especie de trance promovido por un estrés psicológico extremo. 1518 fue un año particularmente difícil para los habitantes pobres de Estrasburgo, incluso para los estándares de la Edad Media, pues se vieron afectados por malas cosechas, peste, lepra y sífilis.

En la actualidad, la plaga del baile de 1518 figura como el episodio más convincente y desconcertante de histeria colectiva en la historia.

El fantasma de Hammersmith.

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La noche del 3 de enero de 1804, un hombre llamado James Milwood caminaba por el distrito Hammersmith, en Londres, Inglaterra. En determinado momento se encontró con un sujeto llamado Francis Smith quien, al verlo, sacó un arma y disparó.

En total pánico, Smith se aproximó al cadáver para descubrir que acababa de asesinar a un hombre.

Momentos después se entregó a la policía, argumentando en su defensa que creía estar bajo el ataque del fantasma de Hammersmith.

A finales de 1803, los reportes de un fantasma que rondaba el distrito Hammersmith aterraban a los vecinos.

Se esparcieron ciertos rumores sobre los orígenes de la entidad sobrenatural. Afirmaban se trataba de un suicida que, contrariando las normas de la Iglesia, fue sepultado en los terrenos consagrados de un cementerio.

Mucha gente aseguraba haber visto al fantasma y, supuestamente, algunos desafortunados perdieron la vida del miedo al encontrarse con el temible fantasma de Hammersmith.

Desafortunada confusión.

Regresando a la historia de Milwood, resulta que el pobre desgraciado trabajaba en la albañilería y tenía la costumbre de vestir ropa blanca de franela y un delantal del mismo color para el trabajo. En el juicio, su propia suegra testificó que algunas personas se habían asustado al encontrarlo por la noche, y le aconsejó que se pusiera un abrigo para evitar cualquier tipo de peligro.

Ese peligro que la mujer advertía se materializó aquella noche que Smith abandonó el pub, encontrándose con la figura fantasmal de Milwood aproximándose a él.

Sin embargo, Smith fue declarado culpable por el asesinato de James Milwood y condenado a la pena capital, aunque después conmutaron su sentencia por un año de trabajos forzados.

Además de figurar como un caso inusual, en el ámbito legal británico sentó un precedente sobre si el derecho a la legítima defensa es válido cuando se basa en una creencia errónea. Es decir, ¿se podía culpar de homicidio a Smith si realmente creía estar bajo el ataque de un fantasma?

Tiempo después, se supo que el fantasma de Hammersmith en realidad era un zapatero que pretendía gastarle una broma a su pupilo. Sin embargo, jamás asustó voluntariamente a otras personas y mucho menos las mató. Todas las historias fueron promovidas por la histeria colectiva.

Pan Maldito, el incidente de locura colectiva en Francia

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Pont-Saint-Esprit, al sudeste de Francia, figuraba como una ciudad apacible y orgullosa de su historia, que se remonta a los albores del siglo XVIII. Un pueblo de ensueño rodeado por bosques frondosos, arroyos encantadores y planicies extensas. Además, los habitantes mostraban una actitud amistosa y hospitalaria ante los viajeros. Sin embargo, todo cambió el 15 de agosto de 1951.

Los terribles acontecimientos de aquel día provocaron que la ciudad se convirtiera en sinónimo de locura y terror. Aquel caluroso verano de 1951, el infierno abrió una sucursal en Pont-Saint-Esprit y sus habitantes se transformaron en monstruos sedientes de sangre. La versión oficial de la historia señala que un hongo parásito llamado cornezuelo (Claviceps purpurea), que infesta al centeno almacenado de forma incorrecta, fue responsable de la tragedia.

El cornezuelo, hombres lobo y demonios.

La información médica señala que cuando se ingieren altas dosis del hongo (también conocido como ergot), los individuos manifiestan alucinaciones tan vívidas que resultan prácticamente imposibles de ignorar o diferenciar de la realidad. Cuando el cerebro se encuentra bajo los efectos del cornezuelo procesa información visual, auditiva y táctil que no existe. La severidad del cuadro alucinatorio se ve empeorada por un compuesto presente en el hongo que estimula regiones cerebrales vinculadas a la creatividad e imaginación, generando un efecto similar al del LSD.

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Linda Godfrey, quien ha investigado extensamente la naturaleza de los hombres lobo, sugiere que el cornezuelo podría estar detrás de múltiples manifestaciones de licantropía. Más específicamente, con la manifestación de una furia animal en la que el ser humano pierde cualquier capacidad de raciocinio y atiende a sus instintos más primitivos. Además, la investigadora dice que muchos informes de posesión demoníaca surgieron por el consumo del hongo, sobre todo en la Edad Media que el centeno se consumía abundancia.

Una persona que ha consumido altas dosis de cornezuelo es incapaz de controlar sus emociones, actúa de forma particularmente violenta y se sumerge en un profundo estado de alucinación y disociación con la realidad. Para muchas personas, un comportamiento demencial tan grave sólo se explicaría a través de la posesión demoniaca.

El incidente del Pan Maldito en Pont-Saint-Esprit.

Aquel fatídico día en Pont-Saint-Esprit inició como cualquier otro: las personas se despertaron temprano para empezar su rutina y las cosas continuaron en perfecta normalidad hasta la tarde. Sigilosamente, el hongo se había esparcido por todo el pueblo enloqueciendo a gran parte de la población dando lugar a una pesadilla indescriptible.

Los habitantes no afectados por el cornezuelo se atrincheraron en sus viviendas, intentando proteger puertas y ventanas para salir bien librados de la ira de aquellos que, unas horas antes, fueran vecinos, amigos y familiares.

Pont-Saint-Esprit estaba sumergido en un torbellino de locura. En las calles, los pueblerinos se atacaban unos a otros escupiendo, arañando y mordiendo. Azotaban sus cabezas en las paredes hasta que perdían el conocimiento. Corrían completamente desnudos gritando toda clase de obscenidades. Algunos llegaron a cortarse y beber su propia sangre, mientras otros tomaban a las mascotas y las destrozaban para consumir la carne cruda.

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Pont Saint Esprit

Locura colectiva.

Para los testigos de aquellos terribles actos, estos individuos se habían transformado en bestias salvajes. Algunas personas llegaron a mencionar que a las víctimas les salieron garras y vello corporal. Múltiples casas fueron invadidas e incendiadas, mientras la iglesia local era vandalizada por un grupo que destrozó las imágenes, el altar y las bancas.

La ira se había apoderado de cientos de habitantes. Según algunas estimaciones, uno de cada tres pobladores en Pont-Saint-Esprit participó en aquel episodio de locura colectiva. Por la madrugada, el pueblo ya se había convertido en un escenario post-apocalíptico con plazas en ruinas, automóviles destruidos y numerosos heridos en todas partes.

La claridad del amanecer fue opacada por una nube negra del humo generado en los incendios. Sin embargo, esto no superaba a los ruidos combinados de carcajadas, gritos, lamentos, llanto y algarabía. Era la voz de la locura, de la sucursal del infierno en la Tierra.

La calma tras la tempestad.

A medida que la mañana avanzaba el torbellino de locura perdía intensidad. Tras una frenética noche de muerte y destrucción, los cansados perpetradores se echaron a dormir en el primer lugar que encontraron. Por todo el pueblo se observaban personas con ropa desgarrada (algunos completamente desnudos), y ensangrentadas de pies a cabeza durmiendo plácidamente. En medio de la confusión y el miedo, los sobrevivientes solicitaron ayuda.

El conteo oficial señaló que siete personas perdieron la vida, pero se sospecha que fueron más. Las autoridades habrían ocultado deliberadamente el número de muertos para no generar pánico en las poblaciones vecinas, además que no tenían idea de a quién imputar los homicidios o si había algún tipo de responsabilidad.

Los cadáveres de las víctimas fueron recuperados en condiciones indescriptibles de las calles y el interior de las viviendas invadidas. El “Pan Maldito” (Le pain maudit), como se conocería a la tragedia, habría costado la vida a treinta personas, según los rumores.

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Pero, además de las vidas perdidas estaban las graves marcas psicológicas tanto en los testigos del Pan Maldito como en los perpetradores. Alrededor de cien personas tuvieron que internarse en asilos de la región. Al final, la justicia francesa decidió que procesaría el incidente como una fatalidad.

Frank Olson y las teorías de conspiración.

¿Fue el cornezuelo responsable por estos actos de locura? La respuesta a esta pregunta es tan complicada como controversial. Si bien es cierto que las autoridades culparon al hongo por la tragedia, otros consideran que el Pan Maldito fue motivado por algo mucho más oscuro. En 2009, el escritor H.P. Albarelli Jr. publicó un libro titulado “A Terrible Mistake”: un documento con casi 900 páginas donde sintetiza los hallazgos que hizo en torno al suceso tras varios años de investigación.

En esencia, el horror que vivió Pont-Saint-Esprit estaría vinculado a la muerte de Frank Olson, un químico que colaboraba con la División de Actividades Especiales (SAD, por sus siglas en inglés) de la CIA.

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Su trabajo para Estados Unidos lo habría llevado a liderar un centro de investigación donde se desarrollaban tecnologías para la alteración de la mente. Sin embargo, su puesto en esta organización, al igual que su vida, terminó pronto. En noviembre de 1953, Olson “se suicidó” al saltar del décimo piso del Hotel Statler, en Nueva York.

Frank Olson llegó a escribir una serie de cartas donde mostraba su arrepentimiento por colaborar en proyectos poco éticos del gobierno estadounidense. Evidentemente, esto provocó que varios teóricos de la conspiración acusaran al gobierno por el asesinato del químico para evitar que revelara información delicada.

Hoy, para nadie es un secreto que la SAD incursionó ampliamente en proyectos que buscaban la aplicación de drogas psicodélicas con fines miliares: sueros de la verdad, inductores del comportamiento, drogas súper adictivas, anuladores del sueño, etc. Todas estas sustancias eran desarrolladas y probadas por el equipo que comandó Olson.

Experimentos de control mental en Francia.

Se cree que The Army Mad Chemists, como también se conoció a esta división, adquirió mucha importancia durante la Guerra de corea (1950-1953), cuando las fuerzas armadas estadounidenses emplearon una serie de drogas experimentales en el conflicto. En 2016, tras la liberación de documentos clasificados se supo que drogas como el mercurio, las micotoxinas y tricloroamina fueron probadas durante el conflicto.

Sin embargo, un dato que pasó desapercibido para muchos es que Frank Olson también colaboró con la inteligencia francesa. Según Albarelli, el químico habría realizado varios viajes a Francia entre 1950 y 1951, antes y después del episodio en Pont-Saint-Esprit. Supuestamente, los militares franceses tenían interés en desarrollar sustancias químicas para la inducción mental. Por eso, no es ninguna sorpresa que Olson haya figurado en documentos secretos emitidos por la CIA sobre el evento en Pont-Saint-Esprit.

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Curiosamente, el documento que acabas de ver desapareció. Resulta posible que Frank Olson haya viajado a Francia para estudiar los efectos de la contaminación con cornezuelo, pero otros creen que los habitantes de aquel apacible pueblo francés fueron utilizados como ratones de laboratorio para estudiar los efectos de la manipulación mental mediante la ingesta de sustancias químicas.

Evidentemente, las acusaciones de Albarelli parecen sensacionalistas y un tanto oportunistas. Sin embargo, la teoría no está completamente infundada.

De hecho, un evento similar se produjo en territorio estadounidense cuando el gobierno inoculó sífilis a los ciudadanos mediante un falso programa de vacunación.

El abominable acto sería conocido como el experimento de Tuskegee.

El Gran Miedo en Francia.

En 1789, la Revolución Francesa derrocó a la monarquía cambiando para siempre la historia de Europa. Este fue el comienzo de una época tumultuosa que afligió a los franceses en la última etapa del siglo XVIII. Todo ese caos fue tierra fértil para el surgimiento de un pánico masivo conocido como «la Grande Peur» (el Gran Miedo). Empezaron a diseminarse rumores de que la aristocracia pretendía matar de hambre a las clases bajas para aplacar los disturbios.

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El miedo llevó a que muchos campesinos y gente del pueblo se unieran para irrumpir en las casas señoriales, expulsando a los señores de sus propiedades. En un intento por detener la insurgencia, la Asamblea Nacional abolió el sistema feudal.

Los rumores exactos sobre la «conspiración de la hambruna» variaban de una región a otra pero, generalmente, referían grandes bandas de criminales que iban de una zona a otra incendiando campos de cultivo. En la actualidad, los historiadores sugieren que tal vez algunos bandidos vagaban por las zonas rurales, aunque no para destruir la comida sino para robarla y poder alimentarse. Ciertamente estos grupos no eran lo suficientemente grandes como para representar una amenaza, y tampoco fueron empleados por los aristócratas.

Cornezuelo: principal sospechoso.

En el libro Poisons of the Past, la historiadora Mary Kilbourne Matossian expone la hipótesis de que el Gran Miedo en Francia pudo surgir a causa de un envenenamiento con ergot. Como puedes ver, esta explicación es socorrida para explicar muchos casos de histeria colectiva, incluidos los juicios de brujas en Salem, el Incidente del Pan Maldito y la Plaga del baile que aparece al principio de la lista.

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Centeno infestado por Claviceps purpurea.

El ergot o cornezuelo comprende a un grupo de hongos, donde el más popular es el Claviceps purpurea, que prolifera en el centeno y puede llegar a contaminar los productos alimenticios hechos con el grano. Los individuos que ingieren altas dosis de ergot pueden experimentar síntomas que van desde el delirio, pasando por espasmos violentos hasta alucinaciones graves. Sin embargo, otros historiadores no están convencidos de que éste fuera el caso. Se inclinan más por la hipótesis de que el Gran Miedo en Francia surgió a partir de un simple rumor que creció exponencialmente a medida que se extendía por las ciudades.

El pánico por la chinche besucona.

Las chinches son insectos que pertenecen a la subfamilia de los Triatominos y habitan la mayor parte del continente americano. Muchas especies de chinches se alimentan de sangre de los vertebrados, y para ello suelen picar en regiones suaves de la piel como los labios, de ahí el apodo de besucona. Además, algunas chinches son particularmente peligrosas por su capacidad para transmitir la enfermedad de Chagas. Claro, estas especies peligrosas suelen encontrarse en Sudamérica y Centroamérica. Las especies que habitan en Norteamérica (excepto México), en su mayoría, resultan inofensivas para los humanos. Esto no impidió que entre los estadounidenses se diseminara el temor masivo a ser víctima de una epidemia.

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El 20 de junio de 1899, el Washington Post publicó un artículo escrito por el reportero James McElhone donde advertían sobre el creciente número de personas que acudían al hospital para tratarse por «picaduras de insecto», pese a que ninguno de los pacientes llegó a ver el insecto que los había atacado.

McElhone redactó un artículo sensacionalista donde advertía el supuesto ataque de insectos que arrasaban con los estadounidenses «como una plaga», inoculando a las víctimas un peligroso veneno. Otros periódicos hicieron eco de la noticia y, en cuestión de días, todo el país sabía del asunto.

La temible chinche besucona y el Chagas.

La histeria se extendió durante aproximadamente ocho semanas, lapso en el que la prensa llegó a mencionar al menos un centenar de casos. Durante aquellos dos meses, la «chinche besucona» se convirtió en el insecto más temido de los Estados Unidos cuando la gente empezó a atribuir cualquier picadura o grano en la cara al pobre insecto. Muchos atraparon a sus «atacantes» y los condujeron con entomólogos para su análisis. Sorpresivamente, descubrían que fueron picados por moscas domésticas, abejas o escarabajos.

Leland Howard, un entomólogo del Departamento de Agricultura de los EE. UU., calificó la histeria como una «epidemia de periódico». Tan pronto como los medios se enfocaron en una nueva historia, el frenesí de las chinches besuconas se fue desvaneciendo.

El acuchillador de Halifax.

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Hace más de ocho décadas, los habitantes en la localidad de Halifax, Inglaterra, fueron aterrorizados por un psicópata apodado el «Acuchillador de Halifax» que solía atacar a sus víctimas en las calles. Para poner fin al problema, Scotland Yard lanzó una cacería humana no vista desde la época de Jack el Destripador.

Al igual que el célebre Destripador, jamás atraparon o identificaron al Acuchillador de Halifax. Sin embargo, esto probablemente se debió a que tal vez el asesino nunca existió.

Los primeros reportes aparecieron a finales de 1938. Un par de mujeres jóvenes fueron atacadas por un lunático que empuñaba una especie de cuchillo grande.

Cinco días después, otra mujer aseguró que un sujeto se abalanzó sobre ella y le cortó la muñeca con una navaja.

La cuarta víctima fue un hombre llamado Clayton Aspinall, y para el momento del ataque la ciudad ya apodaba a ese asaltante el «Acuchillador de Halifax».

Se registraron al menos otros cuatro reportes de personas que aseguraban haber sido víctimas del Acuchillador de Halifax, y pronto empezaron a llegar informes de otras ciudades.

El pánico creciente llevó a creer a todo un país que, tal vez, existía una pandilla de acuchilladores aterrorizando a los ingleses.

Al poco tiempo, la policía reveló que una de las supuestas víctimas, Beatrice Sorrell, en realidad se había cortado tras discutir con su esposo. Apareció una sucesión de confesiones similares y, lógicamente, la policía concluyó que el Acuchillador de Halifax fue producto de la histeria colectiva.

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