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La Batalla de Mogadiscio …


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Verpac/ElMundo(A.Rojas)/OIET(A.H.de Bethencourt)  —  El 4 de octubre de 1993, sucedió una de las batallas mas mediáticas entre miembros de algunas de las fuerzas especiales del ejército de los EEUU en la capital de Somalia, Mogadiscio. Fue denominada la Batalla de Mogadiscio. Años mas tarde fue muy célebre la película estadounidense Black Hawk Derribado, basada en el libro muy bien documentado de Mark Bowden con el mismo nombre.

«Súper 64 cayendo, Súper 64 cayendo. ¡Blackhawk derribado!». La voz telefónica del piloto estadounidense Mike Durand crepitó en la radio y después se hizo el silencio. Era el segundo helicóptero abatido en pocos minutos. En la base de los ‘rangers’ frente al aeropuerto de Mogadiscio el comandante William F. Garrison se echó las manos a la cabeza.

Ese momento crítico marcó el final de una rápida y calculada operación de captura y el comienzo de una sangrienta operación de rescate en pleno avispero somalí: el mercado de Bakara, centro de operaciones del señor de la guerra Mohamed Farah Aidid y, aún hoy, 20 años después, uno de los lugares más peligrosos y corruptos del planeta. EL MUNDO ha visitado los lugares de la batalla de Mogadiscio y traza el recorrido que hizo el convoy desde las afueras hasta la zona de caída de los helicópteros.

Somalia, un país en guerra civil durante años

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Milicias armadas en Mogadiscio, 1993

Para ponernos en situación debemos de retroceder unos cuantos meses. Somalia se debatía desde hacía muchos años en una guerra civil entre distintas facciones, tribus locales, y militares radiales exaltados que sólo buscaban hacerse con el poder de la nación y eliminar a todo clan no cooperante en sus fines.

Ese era el objetivo de unos de los generales y señor de la guerra, Mohamed Farah Aidid. Un militar educado en distintas ciudades europeas como Moscú y Roma, y que posteriormente fue miembro de la fuerza de policía colonial italiana (Italia había ocupado Somalia entre 1927 y 1941) antes de convertirse en general del ejército somalí.

Entre su clan y otros afines consiguieron derrocar al dictador que había entonces para ocupar su puesto, pero para conseguir el poder antes tuvo que derrotar a los clanes que le ayudaron previamente.

La ONU tuvo que tomar parte activa enviando tropas para defender a una población inmersa en una guerra sin control, ni frentes claros, pero que sufría el hambre, falta de sanidad y sobre todo los asesinatos indiscriminados, extorsiones etc. realizados por los secuaces de Aidid, entre otros clanes, a los que no colaboraran.

Entre diciembre de 1992 y enero de 1993 una fuerza estadounidense desembarcó en las playas de Mogadiscio con el propósito de garantizar el reparto de ayuda humanitaria para una población somalí que agonizaba de hambre.

Aquella misión, bautizada por Naciones Unidas como ‘Restablecer la esperanza’, pretendía poner algo de orden en el caos que había provocado la caída del dictador Siad Barre tres años antes. Ante el vacío de poder, los ‘warlords’ comenzaron una guerra civil para repartirse los despojos de un país que se hundía en la anarquía.

El más poderoso de todos ellos, el manipulador Mohamed Farah Aidid, cuyo hijo sirvió en los marines de EEUU, había llegado a disparar contra cientos de almas hambrientas en los centros de reparto de comida de Naciones Unidas. Bill Clinton decidió que ya era hora de detenerle.

Y en esa operación EEUU sufrió su mayor derrota desde Vietnam. 18 soldados estadounidenses muertos, 71 heridos, uno capturado y unas imágenes que dieron la vuelta al mundo: la de los cadáveres de los pilotos del segundo helicóptero arrastrados y mutilados por la turba.

Los milicianos somalíes, orgullosos de su victoria sobre el ejército más poderoso del mundo, siguen presumiendo de lo sucedido aquel día.

A la caza de Aidid

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A las afueras de la ciudad, en el aeropuerto, se ubicó el puesto de mando con mas de 3.000 soldados y operadores de unidades de las fuerzas especiales de los EEUU como la Delta Force, operadores del equipo 6 del Seal y Rangers del 75º regimiento, y también, justo en el lado opuesto de la ciudad, en el estadio olímpico se ubicaron fuerzas de la ONU malayas y  del 10º de montaña paquistaníes.

El almirante Jonathan Howe era el representante especial para Somalia de las Naciones Unidas y responsable de mantener el orden en la zona, y encargó al General Garrison dicha operación sobre el terreno.

Para ello, éste último ordenó la prioridad de realizar la detención del general Aidid, haciendo correr la voz de recibir recompensa de 25.000 dólares a toda persona que diera una pista para su localización.

Durante todo aquel verano de 1993, se trató por todos los medios de conseguir información de valor. Miembros de la CIA desplegados también sobre el terreno se dedicaron a hacer averiguaciones para seguir cualquier pista que les llevar a dicha captura, y encargar la ejecución de la misma a algunos operadores  los asaltos, detenciones, vigilancias y seguimientos de sospechosos.

Por fin un día se consigue la información confirmada que hace suponer que algunos de los lugartenientes de Aidid mantendrán una reunión en el Hotel Olimpic de la capital, así que el día 3 de octubre se realiza el briefing para analizar, coordinar la estrategia del asalto, la detención y evacuación de los máximos responsables de su clan.

Asalto al Hotel Olimpic

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Sería una operación que apenas debía durar 1 hora como máximo, por lo que se equiparon para ese escenario. Era el 4 de octubre a las 15:32 horas cuando salieron las tropas terrestres y al poco despegaron los helicópteros.

El asalto lo constituían un total de 160 operadores Delta Force, Seal que constituirían una fuerza de bloqueo, y diferentes pelotones de rangers, algunos de ellos serían transportados  en los patines de helicópteros Little Birds AH-6J para una rápida acción de descenso en el objetivo, otros fueron transportados en 8 helicópteros Black Hawk para asegurar perímetros, y el resto por tierra con 12 Humvees (vehículo del ejército estadounidenese) para el apoyo a la fuerza asaltante.

La coordinación del asalto la llevó a cabo un oficial que volaba en helicóptero Kiowa a cierta altura para tener una visión y perspectiva amplia de la situación, que además proporcionaba  audio y video en directo tanto para el general Garrison en el puesto de mando y para el Centro de Operaciones Conjuntas.

A una altura muy superior sobrevolaba en círculos un P-3 Orion. Todo este despliegue aéreo tenía como objetivo garantizar el éxito de una rápida acción y comunicaciones con los asaltantes.

El 3 de octubre de 1993 se llevó a cabo la misión “Serpiente Gótica”. Una misión de entrada y extracción en las inmediaciones del mercado de Bakara para detener a líderes próximos a Aidid.

La misión estaba compuesta por 160 hombres y 19 helicópteros que pertenecían al 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales.

“Tenemos un Black Hawk estrellado en la ciudad. Super 61 caído”. Los mensajes de radio eran frenéticos y la improvisación se adueñó de la misión.

El derribo de dos Black Hawk debido a los impactos de granadas tipo RPG lanzadas por milicianos de Aidid desencadenó una batalla que duraría hasta el día siguiente. Las calles de Mogadiscio se convirtieron en una ratonera mortal para 18 militares norteamericanos además de dejar un saldo de 73 heridos.

También murieron un militar malasio y otro pakistaní pertenecientes al contingente que rompió el bloqueo miliciano y pudo evacuar a los heridos durante el día 4.

La opinión pública estadounidense no estaba preparada para ver cómo se abrían los telediarios de medio mundo con las imágenes de la turba arrastrando el cadáver de un compatriota que había caído durante el combate.

Estados Unidos sufrió el mayor número de bajas en una misión desde Vietnam y eso pasó factura a la administración Clinton. El 7 de octubre, en un mensaje dirigido a la nación estadounidense, anunció la retirada de tropas de suelo somalí no más tarde de marzo del año siguiente, concluyendo así la intervención en Somalia.

Para muchos estadounidenses y público en general, la historia de la misión es conocida debido al gran éxito que tuvo la película del año 2001 “Black Hawk derribado”, basada en el libro homónimo del periodista Mark Bowden.

Sin embargo, es menos conocido el rol desempeñado por al-Qaeda en los sucesos de aquellos días. Según la comisión de investigación de los ataques del 11 de septiembre -de ahora en adelante: la comisión-, coincidiendo con el despliegue de tropas en Somalia, los líderes de al-Qaeda lanzaron una fatwā en la que se exigía su salida inmediata del territorio, siendo este mensaje escrito acompañado de otro mucho más explícito; dos atentados con bombas contra los hoteles Gold Mohur y Aden Mövenpic en Aden, Yemen.

Estos dos hoteles eran usados por tropas estadounidense en tránsito hacia su despliegue en Somalia. A pesar de que no se puede decir que estos ataques fueran autoría de al-Qaeda como tal, la comisión sí afirma que algunos de los miembros del grupo responsable habían recibido entrenamiento de al-Qaeda en Sudán.

Black Hawk derribado

El  convoy terrestre entró en la ciudad sin muchos problemas salvo ese caos de tráfico y personal que deambula en una ciudad que vive en las calles llenas de puestos de mercado callejero y con la actividad comercial diaria de este tipo de ciudades en esas latitudes.

La coordinación fue total, y los  Little Birds llegaron a su posiciones designadas,  ambas esquinas y azoteas del Hotel Olimpic, y se colocaron en vuelo estacionario para que en unos segundos sus  ocupantes desplegaran las cuerdas y comenzaran a descender hasta el suelo y tomar posiciones, justo en el momento en que los Black Hawk y fuerza terreste aseguraba un perímetro.

Minutos después asaltaron el edificio y fueron deteniendo desde los pisos de arriba y abajo respectivamente a todos sus ocupantes. En pocos minutos la operación se daba por finalizada, y  el general Garrison pensó que había sido “pan comido”, todo cambiaría en pocos minutos….

Hasta ese momento no habían encontrado fuerza hostil alguna, pero pronto fueron observando como la masa de gente se irritaba y amenazaba con gritos que no fueron necesarios su traducción para entender que no eran ni mucho menos bien recibidos allí. Comenzaron a llegar cada vez más y mas gente, mujeres, niños, hombres con armas que empezaron a utilizar contra los asaltantes.

Estos no tuvieron más remedio que enfrentarse con  su fuego ligero. Las calles cada vez más llenas de gentío armado empezó a preocupar a los jefes de equipo y al general Garrison,  comenzaban a tener bajas, y no veían cercana una rápida extracción de la zona ya que decenas de calles fueron bloqueadas con barricadas, coches atravesados para impedir la salida de la fuerza terrestre.

El gentío era ensordecedor y cada vez llegaban mas y mas hombres con armas AK47, lanzagranadas RPG, ametralladoras calibre .50 que comenzaron a hacer estragos entre los soldados asaltantes.

Mientras tanto, los Black Hawk sobrevolaban la zona esperando poder descender en cualquier momento y recoger de nuevo a los soldados que estaban protegiendo el perímetro. En un momento dado una RPG impactó en el  Black Hawk del teniente Mike Durant el cual perdió el control y altura  cayendo casi a plomo afortunadamente en un cruce de calles sin tocar edificios.

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Lamentablemente el copiloto falleció en el acto, y Durant herido en una pierna y en el hombro consiguió salir gracias a algunos miembros Delta,  consiguieron salir de allí, refugiarse y defenderse frente a la masa incontrolada.

En esos momentos la situación cambió por completo, lo que era una misión de asalto se convirtió en una misión de rescate.

El general Garrison ordenó que parte de la fuerza terrestre y otro Black Hawk trataran de llegar a lugar de ambos impactos y les ofreciera seguridad creando un perímetro, pero también fue alcanzado y derribado al tratar de acercarse a la zona de impacto, cayendo irremediablemente al suelo a cientos de metros de allí.

La situación se agravaba por momentos.

Los rangers comenzaban a sufrir mas y mas bajas al intentar devolver el fuego para salir de aquel avispero en el que se había convertido la zona: calles bloqueadas por barricadas, cientos de personas enfurecidas disparando con todo tipo de armamento desde las azoteas, callejones etc… y para colmo de males, las comunicaciones no eran del todo eficaces ya que se producía un retraso enorme en la cadena de ordenes recibidas/enviadas desde los jefes de pelotón, las cuales eran enviadas al Kiowa, que a su vez las replicaba de nuevo al puesto de mando  y viceversa, provocando retraso, confusión sobre las órdenes y falta de información sobre ubicación de los pelotones.

Después de unas horas de dura lucha, la fuerza terrestre consiguió romper el cerco y salir de aquel laberinto y caos al alcanzar el  puesto de mando para atender a los heridos, rearmase y volver para apoyar al resto de nuevo.

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Mientras tanto, los ocupantes de los Black Hawk se defendieron hasta el último momento, la presión del fuego era brutal y desde todos los puntos cardinales.

Fueron masacrados y los atacantes secuestraron  al único superviviente Mike Durant, ya que sabían que vivo era más beneficioso para sus interese que muerto. Algunos de los cuerpos de los copilotos y operadores Delta fallecidos estadounidenses  fueron humillados, mancillados, paseados desnudos y arrastrados por las calles mientras que una masa de gente enardecida gritaba y disparaba al aire por el éxito conseguido frente al ejército norteamericano.

Al fin pudieron las fuerzas de tierra acceder de nuevo las zonas calientes para rearmar y crear un perímetro de seguridad a ambos Black Hawk, donde se encontraban uno de los cuerpos sin vida de un tripulante. La batalla se alargó y pronto llegó la noche, tuvieron que pasar luchando esquina por esquina mientras los Little Birds les daban cobertura desde el aire al estar prácticamente rodeados.

Al amanecer la intensidad del combate bajó, y  tuvieron una oportunidad de salir de aquel lugar, todos los que pudieron subieron a los humvees, y los que no tuvieron espacio (por estar ocupados por fallecidos y heridos) tuvieron que salir literalmente corriendo, con la única cobertura de protección que los propios vehículos ofrecían.

Así pudieron alejarse del centro  hasta las afueras de la ciudad, concretamente hasta el estadio olímpico donde estaban las fuerzas paquistaníes. Una operación que estaba prevista en ejecutarse en apenas 1 hora se convirtieron en 18 horas de extrema lucha sin cuartel.

Diferentes organismos internacionales negociaron la liberación del teniente Mike Durant siendo liberado 11 días después y entregado al ejército de los EEUU.  Las cifras de fallecidos estadounidenses fueron 19 y alrededor de 73 heridos, además hubo 1 muerto paquistaní y otro malasio (cuando acudieron a dar soporte con el 10 de montaña a unos de los lugares donde cayó uno de los Black Hawk).

Hay diferentes versiones sobre el numero total de fallecidos y heridos somalíes,  se estimó que fueron entre 800 y 1000 muertos y más de 4.000 heridos.

Una trampa mortal

Uno de los testigos de aquella matanza, el canadiense Paul Watson, el autor de aquellas fotografías, relata sus recuerdos de aquella batalla: «Creo que la operación militar estadounidense comenzó con buenas intenciones», asegura.

«Facciones militantes estaban negando la ayuda humanitaria a gente que moría de hambre. EEUU y sus aliados podrían haber resuelto ese problema, pero el hambre ya había alcanzado un máximo antes de que las tropas extranjeras desembarcaran. Y entonces el reparto de alimentos se convirtió en un negocio para los señores de la guerra».

En la actualidad Bakara alterna zonas que son muñones de edificios agujereados con tiendas recién inauguradas. La ciudad intenta sobreponerse a 22 años de guerra y este barrio, el antiguo feudo de Al Qaeda en el cuerno de África, no es una excepción.

Hay pocas calles asfaltadas y muchos hombres aún llevan un kalashnikov a la espalda como se llevan las llaves de casa en el bolsillo, pero ha recuperado cierto bullicio.

Aunque los muyahidines de Al Shabab se retiraron hace un año de sus calles, decir que el ejército somalí y sus socios de la Unión Africana controlan este área es mucho decir. En realidad, como el resto de Mogadiscio, está en manos de caudillos locales, jefes de clanes y otros señores de la guerra.

Un periodista blanco tiene que usar escolta armada, moverse rápido y no bajarse del coche en las zonas más peligrosas.

El día 3 de octubre, una fuerza compuesta por varios helicópteros y tropas de élite Delta y Rangers tenían previsto tomar al asalto un edificio en el que, según informes de inteligencia, se escondían los hombres más importantes de la milicia de Aidid.

Según revela Howard E. Wasdin, veterano de Somalia y autor del libro ‘Seal Team Six’, Aidid recibió el chivatazo de su intento de detención por parte de la embajada italiana de Mogadiscio, la antigua metrópoli, que jugaba a dos bandas.

Por un lado, ofrecía información al señor de la guerra, por otro, apoyaba la misión de la ONU y de EEUU. El libro de Mark Bowden, ‘Blackhawk Derribado’ (llevado al cine por Riddley Scott), reproduce minuto a minuto aquella operación fallida.

A diferencia de la película, que muestra un Mogadiscio en tonos ocres, lo que queda hoy de la ciudad destruida brilla con una claridad blanquecina y agujereada por millones de balas y obuses.

Hasta allí acudieron varios equipos de Rangers y Delta para capturar a los comandantes del señor de la guerra. Ya sobre el edificio, se encontraron en una ratonera frente a una potencia de fuego que no esperaban.

Armados hasta los dientes, los estadounidenses fueron acosados por miles de milicianos armados envalentonados por el kat, la droga local, que a esa hora de la tarde ya les hacía el efecto deseado.

Desde los tejados, disparaban a los Blackhawk y quemaban neumáticos para perjudicar la visibilidad de los artilleros. Dos granadas impactaron en dos helicópteros. Ahí comenzó el infierno.

Los estadounidenses estaban en el punto que Aidid deseaba: aislados en medio de su territorio, a merced de sus hombres. Todo lo que puede hacer un hombre con un AK47 ya se hizo aquel día.

Una historia que se repite

Un gran cactus, casas agujereadas a ambos lados, como en todo el barrio, tanquetas de la ONU reventadas hace muchas primaveras y un paso angosto por el que a penas cabe una persona.

Ahí está, entre la maleza y la basura, un trozo oxidado del rotor de cola, hélices que sobresalen, hierros torturados por el impacto y el tiempo. Son los restos del segundo helicóptero estadounidense caído en Mogadiscio el 3 de octubre de 1993.

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El sargento Cleveland.

«Fue años más tarde cuando me di cuenta de la magnitud de la participación de Al Qaeda en la Batalla de Mogadiscio. Aquella victoria les envalentonó y les mostró el camino», recuerda Watson.

«Los hombres de Bin Laden proporcionaron asesoramiento militar crucial a la facción de Aidid, que le permitió derrotar a los americanos», dice Watson. Los Rangers, que llamaban ‘Mogadisney’ a la ciudad por la facilidad que esperaban encontrarse en el combate, comenzaron a sumar bajas mientras caía la noche.

Un gran convoy de fuerzas paquistaníes, malasias y estadounidenses entró a la mañana siguiente a sangre y fuego en el mercado y rescató lo que quedaba de aquellos soldados en la ratonera.

Para Estados Unidos aún quedaba lo peor, que el cuerpo del sargento Cleveland, arrastrado muerto por las calles de Mogadiscio, abriera los informativos de todo el mundo.

El autor de aquella fotografía recuerda el momento: «Fue muy peligroso, Llevaba tiempo en Somalia y fue bastante fácil que la gente me reconociera, porque tengo una sola mano y en Mogadiscio me apodaban ‘Gamay’, que significa ‘manco’ en somalí.

Cuando buscamos el cadáver aquella mañana, mi contacto le dijo a la gente que ‘Gamay’ quería hacer unas fotos. Algunos reconocieron el apodo y me dejaron hacer varias fotos», afirma Watson, premio Pulitzer por aquellas imágenes. «No me arrepiento de fotografiar el cadáver del sargento Cleveland, pero ese momento me ha perseguido hasta hoy».

Esta misma semana, y en esa misma tradición sangrienta, los milicianos de Al Shabab, herederos de Aidid, han publicado la imagen de uno de los dos militares franceses muertos en una operación de rescate del espía Denis Allex.

Este agente, secuestrado hace tres años a pocos metros del hotel en el que ahora se alojan los pocos blancos de vienen a Mogadiscio, también ha sido ejecutado. Fue en el kilómetro 4, la rotonda de entrada a la ciudad. Francia ya tiene su ‘Blackhawk derribado’ y hasta las fotos de la tragedia.

Bill Clinton ordenó la vuelta a casa poco después y la comunidad internacional dejó Somalia a su suerte otros 20 años de guerra en los que el país se ha desangrado entre el integrismo, la piratería y los señores de la guerra.

Aquella derrota provocó que el Pentágono no moviera un dedo en el genocidio de Ruanda un año después, temeroso de que, de nuevo, soldados estadounidenses fueran vejados ante las cámaras. Las cicatrices de aquella batalla aún sangran en los muros de Bakara.

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Denis Allex con sus captores.

La batalla de Mogadiscio fue interpretada por al-Qaeda como una victoria y la prueba fehaciente de la vulnerabilidad de los Estados Unidos.

El propio Bin Laden en la fatwā de 1996 titulada “Declaración de yihad contra los americanos ocupantes de la tierra de los dos santos lugares”, hace escarnio dirigiéndose a los norteamericanos y señalando que “dejasteis la región cargando con decepción, humillación, derrota y con vuestros muertos”; para posteriormente añadir que “el alcance de vuestra impotencia y de vuestra debilidad se ha hecho patente.

Fue un placer para el corazón de cada musulmán ver vuestra derrota en la ciudad islámica de Mogadiscio”. Un año más tarde, en 1997, Bin Laden concedió una entrevista al periodista de la CNN Peter Bergen.

En su libro, “Guerra Santa S.A.”, recuerda que Bin Laden afirmó durante ese encuentro en las montañas de Tora Bora que los musulmanes en Somalia cooperaron con guerreros santos árabes que habían combatido en Afganistán, y que juntos mataron a un número significativo de tropas invasoras americanas.

Una vez más, se hace referencia a que Bin Laden estaba especialmente orgulloso puesto que la retirada norteamericana de Somalia probaba su fragilidad.

A pesar de que para la inmensa mayoría de los ciudadanos estadounidenses al-Qaeda y Bin Laden fueran unos grandes desconocidos, antes de los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos ya había sido objeto de ataques como el del World Trade Center en 1993, el de las embajadas de Tanzania y Kenia en 1998 o el USS Cole en el año 2000, por citar algunos conocidos y realizados.

A estos habría que añadir los frustrados como la trama terrorista que al-Qaeda había desarrollado en torno a las celebraciones de entrada en el nuevo milenio, pretendiendo atentar contra el aeropuerto de Los Ángeles o contra el USS The Sullivans entre otros objetivos.

Teniendo en cuenta la definición que hace Fernando Reinares del terrorismo en la que afirma que “es un conjunto de acciones violentas que generan, en un determinado agregado de población, efectos psíquicos desproporcionados respecto a sus consecuencias materiales y que tiene como fin condicionar las actitudes de dicho colectivo social y orientar sus comportamientos en una determinada dirección”, resulta evidente que la organización terrorista pretendió provocar una reacción hostil en la opinión pública estadounidense hacia la decisión de la administración Clinton de desplegar tropas en Somalia.

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La tolerancia de las sociedades occidentales hacia las bajas de sus militares en conflicto es una baza con la que tratan de influir los grupos terroristas y la búsqueda de replicar el “efecto Mogadiscio” en otros escenarios bélicos con presencia de grupos yihadistas ha sido algo frecuente.

No obstante, esa arrogancia que mostraba Bin Laden llevó a la organización a un fallo de cálculo estratégico a largo plazo puesto que minusvaloró y no juzgó de manera correcta la reacción norteamericana a los ataques del 11 de septiembre.

Veinticinco años después, al-Qaeda sigue existiendo aunque ahora opera de manera descentralizada y principalmente a través de sus ramas territoriales y franquicias, las cuales suelen focalizar sus actividades en una agenda más localista que global.

El yihadismo es hoy en día un fenómeno más extendido de lo que era hace un cuarto de siglo y los grupos terroristas que profesan esa ideología son más numerosos.

A pesar de la aparición de Dáesh (escisión iraquí de al-Qaeda) en el panorama yihadista, al-Qaeda ha exhibido una gran resiliencia a lo largo de los años, consiguiendo recuperarse de las continuas pérdidas humanas y sabiéndose adaptar a los diferentes entornos haciendo primar un enfoque estratégico.

Las diferentes franquicias del grupo (al-Qaeda en la Península Arábiga, al-Qaeda en el Magreb Islámico o al-Qaeda en el Subcontinente Indio) siguen actuando y a su vez la organización central ha mantenido y potenciado las alianzas y asociaciones con numerosos grupos yihadistas (al-Shabaab o Therik e Taliban Pakistan TTP entre otras).

Por lo que no es de esperar que a corto plazo la amenaza que representa al-Qaeda vaya a disminuir; se ha convertido en un grupo terrorista más complejo que antes y sigue suponiendo una amenaza a nivel local y global, pudiendo en cualquier momento retomar el enfoque prioritario de ejecutar acciones coordinadas en Occidente.

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