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Leona Helmsley, la Reina del mal …


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marcianosmc.com/20minutos  —  La simpática dama de la fotografía nació un 4 de julio de 1920 en la localidad de Marbletown, Nueva York. Lena Rosenthal tenía un solo objetivo en la vida: no ser miserable como su padre, un humilde sombrerero.

Era una de esas personas que nacen en la miseria y se sienten traicionadas por el destino, según ella, una mujer de su porte debería moverse en las esferas más altas de la sociedad y no en el lugar de donde vino.

Y para alcanzar ese lugar que creía merecer, Lena trabajó bastante, pero bastante. En 1972, con 52 años de edad, era la más grande corredora de bienes raíces en Nueva York, con un patrimonio estimado de 1 millón de dólares, algo fantástico si se toman en cuenta sus humildes orígenes.

Ese mismo año decidió fusionar el dinero y el placer: se casó (por tercera ocasión) con el multimillonario Harry Helmsley y se convirtió en Leona Helmsley. La mujer asumió la dirección del imperio de Harry que consistía en 27 hoteles y varios edificios, entre ellos el Empire State Building. Había llegado a donde siempre quiso estar.

Perfeccionista hasta el tuétano, la mujer introdujo el concepto de hotel perfecto. Narcisista hasta los dientes, estaba convencida de que sus hoteles debían llevar su rostro, es decir, ser perfectos. La “estrategia” funcionó bastante bien y los Hoteles Helmsley se convirtieron en un fetiche para los millonarios.

Aparecía en las portadas de revistas y en todos los rincones de los Estados Unidos, ya fuera en espectaculares al aire libre o en propaganda al interior de los aeropuertos.

Se hizo famosa por extorsionar con dinero y servicios a empleados y proveedores comerciales, bajo amenaza de perder sus empleos o posiciones como clientes de los hoteles Helmsley. Los empleados llevaban la peor parte. ¿Cómo vivirá un subordinado de una mujer que se cree Dios? Con miedo, por supuesto. Los empleados de sus hoteles la apodaban la “acosadora”.

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20 de septiembre de 1982, Leona Helmsley en compañía del jeque de Arabia Saudita Mohammed Al Fassi y su esposa Sheikha Ibtissm.

Su comportamiento narcisista y totalmente desfasado de la realidad podía ser apreciado cuando practicaba natación. Todos los días, de las 6:30 A.M a las 7:30 A.M, la mujer practicaba natación en el techo de uno de sus hoteles.

Los empleados encargados de la piscina tenían que mantener un plato de frutos del mar frescos en cada extremo de la piscina, y cuando completaba un recorrido tenían que poner un camarón en la boca, después ella gritaba “¡alimenten a los peces!”.

En el mes de marzo de 1982, Jay, uno de sus hijos (de un matrimonio anterior) murió súbitamente de un paro cardíaco. Trastornada por la tragedia, Leona buscó a alguien sobre quien descargar la culpa. Descargar sus frustraciones en los demás era la única forma que tenía de sentir alivio.

En una reunión familiar previa al funeral, lanzó su coraje contra su propio nieto, el hijo de Jay. Frente a todos los presentes, lo acusó de haber asesinado a su propio padre. Cuando la madre del niño y exesposa de Jay salió a defender a su hijo, Leona tuvo a alguien más para destruir.

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La pareja Helmsley durante una celebración en uno de los hoteles en 1987

Dos meses después del entierro de Jay, Leona se las arregló para que su ex nuera y su nieto fueran desalojados de la casa donde vivían. Jay trabajaba como empleado de la cadena hotelera, y había cedido la casa para que su exesposa viviera con su hijo; sin embargo, la casa estaba a nombre de grupo Helmsley.

Leona también logró confiscar el automóvil de su ex nuera afirmando que había sido adquirido con dinero de la empresa. En total, la ex esposa de Jay tuvo que enfrentar más de 6 demandas iniciadas por Leona. Al final de todo, madre e hijo quedaron en la miseria.

Muchos se horrorizaron por las acciones de Leona contra su ex nuera y el propio nieto. Pero, además de eso, todos se preguntaban cómo su esposo, Harry Hemlsey, permitía una injusticia tan grande. La respuesta era muy sencilla: él era tan insensible como la mujer.

Y parece que insensibilidad es una emoción que acompaña a muchas personas ricas. John Paul Getty III no me dejará mentir.

La casa de la “Reina del mal” (como le apodó la prensa) empezó a desmoronarse en 1983. Ese año, la pareja de millonarios adquirió una propiedad valuada en 11 millones de dólares en Greenwich, Connecticut.

Decidieron reformar toda la propiedad y, lo crean o no, mandaron por un tubo a todos los trabajadores involucrados en la reforma: pintores, jardineros, decoradores, paisajistas… Sí, se negaron a pagarles. Algunos acudieron a la justicia y otros decidieron ir un poco más lejos. Algunas empresas contratadas por la pareja dijeron que se les instruyó para usar recibos falsos.

En 1985, varios contratados enviaron una pila de documentos a The New York Post denunciando el esquema de evasión de impuestos. El FBI se involucró en el caso y tres años después la pareja fue acusada de 188 crímenes de fraude fiscal.

Si los hubieran condenado por los crímenes hubieran tenido que pagar más de 100 años en prisión. Y no faltaban las personas que querían verlos tras las rejas. En 1989, cinco médicos evaluaron a Harry Helmsley y determinaron que no era apto para ser juzgado.

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Leona y su abogado Alan Dershowitz.

Ya había sufrido un ataque cardíaco y un derrame cerebral. Tras incontables pruebas, Harry Helmsley fue considerado incapaz y su mujer se enfrentó sola al jurado. Después de todo, la fiscalía no tuvo mucho reparo afirmando que quien comandaba la mayoría de negocios fraudulentos de la pareja era Leona.

El 30 de agosto de 1989, Leona Helmsley fue condenada por conspiración, evasión de impuestos, fraude y declaraciones incorrectas para fines de restitución de impuestos. Y para horror de la Madame, la sentenciaron a 16 años de prisión y tuvo que pagar siete millones de dólares en impuestos al gobierno de los Estados Unidos.

Lloró cuando escuchó el veredicto. Apeló la sentencia, y tras una fortuna invertida en abogados logró que la condena fuera reducida a cuatro años.

Ni siquiera en prisión abandonó su personaje de Leona. Contrató internas para que arreglaran su cama y convirtió a una de ellas en su secretaria particular. Se comportó como una verdadera Reina dentro de la prisión. Cumplió 19 meses en la cárcel y más de dos años en arresto domiciliario.

Una vez que cumplió su condena, Leona hizo un gran esfuerzo para que su vida regresara a la normalidad. Volvió a controlar los hoteles Helmsley con mano dura y a cuidar de su esposo Harry, que ya estaba en las últimas etapas de su vida.

El 4 de enero de 1997, el “Rey de los bienes raíces” murió a los 87 años. Le dejó toda su fortuna, estimada en 1.7 mil millones de dólares, a Leona, convirtiéndola en una de las personas más ricas de los Estados Unidos.

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Pero la simpática señora siguió teniendo problemas con la ley. A finales del 2002, un exempleado de Leona, Charles Bell, la demandó alegando que lo había despedido por ser homosexual. Y una vez más la Reina del Mal sería condenada en los tribunales.

El juez estableció una indemnización de 11 millones de dólares para el empleado, monto que fue reducido a poco más de medio millón de dólares tras la apelación.

Leona Helmsley murió el 20 de agosto de 2007, a los 87 años, aún bajo su estilo de vida de Reina, con un caniche blanco en los brazos y maldiciendo a Donald Trump, otro multimillonario neoyorquino con el que había reñido por la gestión del Empire State Building. Su fortuna estaba valuada en 8 mil millones de dólares.

Apenas se confirmó su muerte, los periódicos estadounidenses se dedicaron a volverla noticia, no hablaron sobre su carrera en el ramo inmobiliario, sino sobre su insensible y cruel comportamiento. El Entertainment Tonight publicó un artículo informando que el alcalde de Nueva York en la época, Ed Koch, la apodaba “La bruja malvada del oeste”.

Donald Trump disfrutaba llamándola “la mujer más malvada de la historia”. Cindy Adams del New York Post fue más fuerte en sus críticas sobre Leona y sacó a colación el episodio en que expulsó de casa a su propia madre, ya anciana y en una silla de ruedas, por tener a homosexuales entre sus cuidadores.

En 2010, Tim Burton lanzó su versión cinematográfica de Alicia en el país de las maravillas. Según él, la Reina Roja se basó parcialmente en Leona.

¡Ah!, sí, heredó su fortuna a su pequeño perro, Trouble, que murió en 2011.

La perrita Trouble, a la que la multimillonaria neoyorquina Leona Helmsley dejó una herencia de doce millones de dólares, ha muerto a los doce años de edad y ha sido incinerada, según confirmó este jueves un portavoz del fideicomiso que gestiona el legado de la magnate inmobiliaria.

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Esta perrita maltesa blanca se convirtió en una rica heredera cuando Helmsley, conocida como la ‘Cruella de Vil’ de Nueva York, murió en 2007 a los 87 años. Poco después, Trouble se retiró a Florida, como hacen muchos estadounidenses, donde residió en el hotel Helmsley Sandcastle, de la localidad de Sarasota, bajo los cuidados del director general del establecimiento, Carl Lekic.

Al parecer, la que seguramente era una de las perritas más ricas del mundo murió en diciembre del 2010, ciega y muy enferma, aunque la noticia no ha salido a la luz en junio de 2011. Según detalla  el diario neoyorquino Daily News, el primero en hacerse eco de su muerte, a Trouble en ningún momento le faltaron cuidados, ya que Lekic gastaba en ella 100.000 dólares al año: 8.000 dólares en aseo y cuidados, 1.200 en comida y el resto en seguridad durante las 24 horas del día.

Helmsley quería que su perrita fuera enterrada en el mausoleo familiar de Sleepy Hollow, en Nueva York, pero finalmente ha sido incinerada, ya que no se permiten mascotas en ese cementerio. Al redactar el testamento la rica hostelera ordenó que el grueso de su dinero se invirtiera en ayuda a indigentes y cuidado de perros, pero un año después enmendó el texto y eliminó la primera prioridad.

Amenazas de muerte

Poco después de su muerte, se supo que la multimillonaria había desheredado a dos de sus cuatro nietos, mientras que mantuvo que Trouble (problema, en inglés) heredara doce millones de dólares, decisión que, además de ocupar las portadas neoyorquinas durante días, motivó que la perrita recibiera multitud de amenazas de muerte.

Sin embargo, un juez de Nueva York decidió retirar diez de los doce millones legados a la perra y repartirlos entre los dos nietos desheredados por la ‘Reina de la Maldad’, al considerar que la multimillonaria no estaba en plenas facultades cuando redactó sus últimas voluntades.

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