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La historia del fascinante descubrimiento del «Tutankamón británico» …


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El casco de Sutton Hoo fue uno de los tesoros encontrados que se conservan en el Museo Británico de Londres.

BBC News(N.Armstrong)/vadebarcos.net(J.A.Olivera)  —  Comenzaron con las primeras luces del día. Los más fuertes de la guardia del rey, con los músculos tensos y las ásperas cuerdas rozándoles, arrastraron el pesado barco de roble desde el río hasta la orilla.

Y luego, con el sol naciente quemando lentamente la fría niebla de la mañana, levantaron la embarcación sobre la llanura, hasta el pie de la colina.

La multitud que se encontraba en la ladera observó en silencio cómo se acercaban a la cima y de ahí al cementerio reservado a los descendientes reales del dios tuerto.

Cuando se introdujo el navío en la zanja preparada para tal fin, depositaron el ajuar funerario en la cámara sepulcral.

Luego se alzó un montículo sobre él. Y allí quedó el barco, anclado en la tierra de la Anglia Oriental, pero viajando a través del tiempo hasta que, trece siglos después, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, un hombre llamado Basil Brown lo descubrió.

El increíble hallazgo del apodado «el Tutankamón británico», es el tema de «La excavación«, la nueva película de Netflix que adapta la novela homónima de John Preston.

Sus estrellas, Ralph Fiennes y Carey Mulligan, interpretan respectivamente al arqueólogo autodidacta Brown y a Edith Pretty, la terrateniente que lo contrató para excavar los misteriosos túmulos [montículos funerarios] en su finca de Sutton Hoo, con vistas al río Deben, en Suffolk.

Pretty, una viuda interesada en el espiritismo, tenía un presentimiento sobre esos montículos. Se creía que eran de origen vikingo.

Un huésped había visto una vez una figura fantasmal entre ellos, y existían viejas leyendas locales sobre tesoros enterrados.

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Excavaciones en Sutton Hoo

Un inconformista de la arqueología

Brown era un hombre de Suffolk que había dejado la escuela a los 12 años. Había sido trabajador agrícola y agente de seguros, pero también había aprendido por su cuenta varios idiomas, astronomía y arqueología.

Ello lo llevó a ser contratado como arqueólogo por el Museo de Ipswich, que a su vez recomendó a Pretty para que lo contratara.

Brown combinó sus trabajos a tiempo parcial de agente voluntario de policía y agente de seguros con su afición por la arqueología y otro trabajo a tiempo parcial en el museo de Ipswich, lo que le llevó a encontrar ocho construcciones medievales y diferentes asentamientos romanos, incluyendo una villa romana excavada entre 1936 y 1938, momento en que recibió el encargo de dirigirse a Sutton Hoo para algo que no solo cambiaría su vida, sino también todo el conocimiento sobre el periodo de historia inglesa comprendido entre la caída del Imperio Romano y las invasiones vikingas.

En junio de 1938 Brown comenzó las excavaciones, y sus temores de que los túmulos hubieran sido expoliados parecían confirmarse: los túmulos dos y tres contenían unos pocos objetos y había evidencias de anteriores excavaciones. Tras el verano, los trabajos pararon, y no se retomaron hasta el verano siguiente. A la vuelta, Brown decidió centrarse en el túmulo 1, el más grande de los 18 de la finca, en donde, para su sorpresa, aparecieron clavos de hierro como los usados en la construcción de embarcaciones colocados a intervalos regulares. A pesar de que la acidez del suelo había hecho desaparecer todo rastro de madera, podría verse claramente como si fuera un molde la forma de un barco de 27 metros de largo. “Es el descubrimiento de mi vida”, escribiría Brown en su diario. Se habían encontrado otros barcos funerarios en Europa, pero ninguno de este tamaño.

Él comenzó en junio de 1938 a trabajar en algunos de los montículos más pequeños, y encontró pruebas de que habían sido asaltados por ladrones de tumbas, pero también halló un disco de bronce que sugería que podían ser anteriores a la época vikinga.

Cuando empezó a trabajar en el más grande, en el verano de 1939, mientras se acercaban los nubarrones de la guerra, enseguida encontró fragmentos de hierro que identificó como remaches de barco.

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Y entonces lo encontró: un asombroso barco de 90 pies (27,4 metros), lo suficientemente grande como para acomodar hasta 20 remeros a cada lado.

La propia madera se había disuelto en el suelo junto con los restos humanos que había, pero quedaba una huella clara: un barco fantasma de más de un milenio de antigüedad.

Se habían hallado otros enterramientos de barcos, pero ninguno de este tamaño.

Antes de este, el barco más grande descubierto era una embarcación vikinga de 78 pies (23,8 m), hallada en Noruega en 1880.

Debido a hallazgos anteriores en otros lugares, Brown sabía que podía haber un cargamento de objetos en honor a los muertos, y el 14 de junio encontró lo que creía que podía ser la cámara funeraria: una estructura de madera parecida a una cabaña, ahora desintegrada, que se había construido en el centro del barco.

Pero los responsables del Museo Británico y de la Universidad de Cambridge ya se habían enterado de su gran hallazgo y, apenas unos días después, se entrometieron.

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Antes de que pudiera seguir explorando, fue marginado y relegado a labores básicas.

Los profesionales no podían permitir que un hombre local, un simple aficionado, se dedicara a esa tarea.

¿Por qué habrían de dejarle? ¡El tipo ni siquiera tenía un título!

Trajeron entonces un equipo de arqueólogos y fue uno de ellos, Peggy Piggott, quien, el 21 de julio, apenas dos días después de su llegada, encontró la primera pieza de oro.

Luego encontró otra. Y en poco tiempo habían descubierto un brillante botín de más de 250 objetos para los que la expresión «tesoro escondido» se quedaba corta.

Había vasijas para banquetes y cuernos para beber. Elaboradas joyas. Una lira y un cetro, una espada, piedras originarias de Asia, platería de Bizancio y monedas de Francia (que ayudaron a datar el tesoro).

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Había una hebilla de oro grabada con serpientes y bestias entrelazadas, una pieza tan extraordinaria que el conservador de las antigüedades medievales del Museo Británico casi se desmayó al verla.

Había broches y cinturones de joyas, un maravilloso casco ornamentado y con una máscara completa: el inquietante rostro de algún antiguo héroe que parece observar a través de los siglos.

El nombre de Brown no se mencionó en la exposición permanente del Museo Británico sobre los tesoros de Sutton Hoo hasta hace relativamente poco tiempo.

Pero aunque ahora se reconoce su crucial contribución, hay muchas cosas que siguen generando dudas sobre el entierro del barco.

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Una representación de cómo pudo de ser el funeral del rey anglo sajón en el barco que después se enterró.

Lo que significó el descubrimiento

El hallazgo de Brown hizo que se reescribieran, literalmente, los libros de historia.

El barco y su contenido pertenecían a la Edad Media, y el descubrimiento iluminó esos cuatro siglos entre la partida de los romanos y la llegada de los vikingos, un periodo del que se sabía muy poco.

Los anglosajones que gobernaban los distintos reinos de Inglaterra durante esta época habían sido considerados un pueblo rudo y atrasado -casi primitivo-, pero allí había objetos de gran belleza y exquisita factura.

Se trataba de una sociedad que valoraba la pericia, la artesanía y el arte; y que comerciaba con Europa y más allá.

Y estas reliquias de una civilización sofisticada y perdida aparecieron justo cuando la nuestra estaba amenazada de desaparición por los nazis.

El líder de los arqueólogos dio un discurso a los visitantes del lugar, y tuvo que gritar para que se le oyera por encima del rugido de un Spitfire [un avión de guerra].

Cuando el escritor y periodista John Preston descubrió que Piggott, su tía, había participado en la excavación, investigó la historia y reconoció inmediatamente el valioso filón que suponía para un novelista.

The Dig (La excavación)se publicó con gran éxito en 2007.

Robert Harris la calificó de «verdadero tesoro literario» e Ian McEwan la definió como «muy fina, absorbente, exquisitamente original».

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Edith May Pretty (1883 – 1942) era la hija de Robert Dempster, un acaudalado magnate de la industria del gas. Los negocios de su padre llevaron a su familia a visitar diferentes países durante su niñez, como Egipto, Grecia, el Imperio Austro-Hungaro o los Estados Unidos de América, lo que despertó su interés por la cultura, en especial por la arqueología. Tras la muerte de su padre en 1925, Edith y su hermana recibieron una herencia valorada en más de 500.000 libras de la época, unos 18 millones de euros de hoy en día.

Provenía de una familia acomodada, formada por empresarios dedicados a la extraccion de gas natural.

Esto provocó que desde pequeña Edith recorriera países como Egipto, Grecia y Austria-Hungría, lo que despertó su interés en la arqueología y las civilizaciones antiguas.

Durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, se mudó a francia, donde sirvió como voluntaria en un hospital de la Cruz Roja. Su madre murió solo dos años después.

En 1926 Edith contrajo matrimonio con el coronel Frank Pretty. En realidad, ellos se habían comprometido desde que Edith cumplió 18 años, pero luego estalló la guerra y su relación se mantuvo solo por correspondencia.

Ya casados, la pareja se mudó a la propiedad de Sutton Hoo, en el condado de Suffolk y en 1930 recibirían a su primer y único hijo: el pequeño Robert Dempster Pretty.

Lamentablemente, Frank Pretty fallecería en 1935, con 56 años de edad, a causa de un cáncer de estómago que le fue diagnosticado meses antes.

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Después de la muerte de su esposo, Edith Pretty se interesó en el espiritismo y en los montículos mortuorios de la propiedad de Sutton Hoo.

Su curiosidad la llevó hasta Vincent Redstone, un historiador local que escribía para el museo de Ipswich y la contactó con el curador.

Fue así que el museo asignó a Basil Brown como el excavador dedicado a explorar qué había en esos montículos funerarios que había por toda la propiedad de los Pretty.

Tal como muestra la película de Netflix, Edith dio alojamiento y contrató asistentes para que ayudara a Basil Brown. La tarea era bastante extensa, pues en el terreno había un total de 18 montículos.

Los artefactos encontrados revelaron que las tumbas era de origen anglosajón y no vikingo como se había creído hasta entonces.

Poco después se dio el gran descubrimiento: en el montículo más grande había un barco con una cámara mortuoria probablemente de un rey o de un reconocido guerrero anglosajón.

Pero el tesoro plantearía un nuevo dilema: el de quién tenía derecho a reclamarlo como suyo. En un juicio que llamó la atención de todo el pueblo, se determinó que Edith era la dueña de todo el tesoro de Sutton Hoo.

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Edith Pretty

El “molde” del barco medía 27 metros de eslora por 4,4 metros de manga máxima en el medio de la eslora, y 1,5 metros de puntal. Colocado en una zanja excavada previamente, solo sobresalían por encima del nivel del terreno la proa y la popa. Nueve planchas de madera a cada costado se elevaban superponiéndose desde la quilla hasta la borda, unidas con clavos de hierro. Treinta y seis cuadernas daban forma al casco de la embarcación. Antes de llevarlo hasta su emplazamiento ceremonial cerca del río, se le habían eliminado la quilla, la cubierta, los bancos y el mástil.

La llegada de la guerra paralizó los trabajos en Sutton Hoo. Todos los hallazgos fueron donados por Edith al British Museum de Londres. El solar fue utilizado por el ejército británico como zona de entrenamiento militar, y no fue hasta acabada la guerra que los objetos hallados empezaron por fin a estudiarse en profundidad, permitiendo a los investigadores y eruditos ampliar su conocimiento sobre la época comprendida tras la caída del Imperio Romano y la llegada de los vikingos, periodo muy poco documentado hasta el hallazgo de Sutton Hoo. Además, la visión preconcebida de una sociedad ruda y atrasada cambió gracias a la sofistificación, riqueza y variedad de objetos encontrados y la diferente procedencia de los mismos, desde la actual Francia hasta el Mediterráneo bizantino o la lejana Asia, lo que da muestra de una red de comercio muy importante.

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Plano del barco creado por la Sutton Hoo Ship Company

Pero, ¿quién estaba enterrado en ese barco? Al igual que la madera, los restos humanos habían desaparecido por el efecto de la acidez del suelo. La principal teoría defiende que la tumba pertenece a Redvaldo de Estanglia, Rey de los Anglos del Este desde el 600 hasta el año de su muerte en el 624, fechas que coinciden con la datación de las monedas merovingias halladas en la tumba. Aunque existen otros candidatos a ser la persona enterrada en Sutton Hoo, la riqueza del enterramiento y los contactos con otras culturas apuntan a Redvaldo, el gobernante más poderoso de su época.

Raedwald, hijo de Tytila, fue Rey de los Ángulos de Este desde los 600 hasta el año de su muerte en el año 624. Aproximadamente a partir de los 616, se convirtió en el gobernante de inglés más poderoso al sur del río Humber, mediante la colocación a través de la acción militar que a una persona de su confianza en el trono de Northumbria. Él fue el primer gobernante de Estanglia a recibir una educación cristiana y el bautismo, asegurar su supervivencia durante la apostasía de Essex y Kent. Al final del siglo IX, en Las Crónicas, Anglo-saxon es designado como el Bretwalda.

La primera y más completa fuente de información sobre Raedwald es Beda en su Historia ecclesiastica gentis anglorum, que coloca su reinado entre la llegada en Kent de la misión agustina y el matrimonio y la conversión de Edwin de Northumbria 625-26. Una serie de anales pertenecientes a las compilaciones posteriores, grabaron dos veces de su muerte: en el 599 y 624. De todos modos, es probable que la anal, que se refiere al año 599, indicado por la muerte de su padre Tytila y la ascensión al trono de Raedwald.

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No se puede probar que el monumento funerario en la forma de un barco de Sutton Hoo fue en honor de Raedwald. Sin embargo, Raedwald es el candidato más probable, aunque otros han sugerido.

Las pruebas realizadas demuestran que el personaje que está enterrado allí, vivió en el tiempo de Raedwald. El equipo del cuerpo de color dorado y granate, que fue producido por un orfebre con una técnica igual o mejor a cualquier utilizados en Europa, y fue diseñado para proyectar una imagen de poder imperial. La plata de los objetos encontrados en la tumba son únicas para este período en Europa y la inclusión de tazones y cucharas de que han sido interpretados como regalos de bautismo, no están en conflicto con la historia de la conversión de Raedwald.

El propio ritual funerario en la forma de un barco y las fuertes conexiones de la armadura con objetos similares de la era de Vendel, sugieren conexiones genealógicas del tipo descrito en el poema Beowulf. Beda nos cuenta cómo, después de haber pasado treinta años desde el funeral, Sutton Hoo, y, en particular, de Rendlesham, fue el tema del patrocinio por parte de familiares y herederos de Raedwald.

La interpretación de el reino y la autoridad de Raedwald a través de los objetos y el funeral, requiere de una opinión personal que no debe ser dado a todos. Aún así, la asamblea refleja más allá de cualquier duda la espectacular riqueza, los contactos, y la cultura del carácter de East Anglia y por lo tanto más poderoso de su tiempo. En este período, y en el contexto inglés hay testimonio comparables.

Desde 2016 la organización Sutton Hoo Ship lleva a cabo un proyecto para construir una réplica del barco de Sutton Hoo con los medios y materiales de la época del barco original y ponerlo a prueba en navegación para comprobar cuál debió ser el uso original de la embarcación y en dónde podría haber navegado. La organización espera que la recién estrenada película de Netflix La excavación, dirigida por Simon Stone y protagonizada por Carey Mulligan y Ralph Fiennes en los papeles de Edith Pretty y Basil Brown respectivamente dé un empujón a su proyecto.

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