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Anécdotas y curiosidades de la Segunda Guerra Mundial (6)…


Oscar, el gato insumergible

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Oscar el gato insumergible

Oskar era un gato de color blanco y negro que empezó su andadura en la IIGM a bordo del archiconocido por todos acorazado Bismarck; como sabéis este acorazado se hundió el 27 de mayo del 41, salvándose únicamente 115 personas y EL GATO.

Uno de los barcos que recogía supervivientes era el destructor británico HMS Cossack y entre los muchos supervivientes que subió a bordo, ¿a qué no sabéis a quién recogieron? si, AL GATO Oskar, lo descubrieron encima de un madero a la deriva asustado y congelado, la tripulación del destructor decidió adoptarlo y, aunque llevaba un collar con su nombre, decidieron cambiárselo por el de Sam que sonaba más británico.

Esta nueva amistad no duró demasiado tiempo puesto que en octubre de ese año, seis meses después de la adopción, el destructor fue alcanzado por un torpedo del submarino alemán U-563. Sam pudo aferrarse a un bote salvavidas y fue recogido, con toda la tripulación (del bote), y subido al portaaviones Ark Royal, que participó en el hundimiento de su primer barco el Bismarck.

En este punto fue cuando le pusieron el apodo de «el insumergible», pero ahí no acababa la cosa pues una vez que el portaaviones recaló en Gibraltar y dejaron salir a pasear al gato por tierra, el capitán del Ark Royal ordenó que, antes de zarpar, subiesen a Sam ya que creía que era su talismán, más a su pesar lo que ocurrió fue todo lo contrario de lo que pensaba puesto que el 14 de noviembre un submarino alemán U-81 lograba blanco hundiendo al portaaviones.

¿Qué creéis qué fue de nuestro gato? creéis que falleció con los tripulantes de este barco, pues no, logró sobrevivir aunque esta vez lo dejaron en tierra una vez que quedó demostrada que era lo que realmente deseaba este animal.

Sam (Oskar) fue licenciado y enviado a Irlanda donde acabó sus días plácidamente como mascota de un hogar de marineros retirados en Belfast.

Pérdidos en Shangri-La

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EL PRINCIPIO

Un domingo tranquilo, el de 13 de mayo de 1945, no iba a presagiar lo que sucedería más adelante. La guerra en Europa había terminado oficialmente hace casi una semana, pero en el Pacífico proseguía en toda su crudeza.

En la isla de Nueva Guinea Holandesa, en Hollandia, (hoy, las provincias indonesias Papúa y Papúa Occidental, en la isla que queda al norte de Australia), los soldados estadounidenses no tenían muchas tareas en su rutinaria actividad, así que de vez en cuando se organizaban unos «paseos» recreativos y de incentivo, que premiaban al personal en avión para ver Shangri-La, un valle verde, misterioso y profundo en el centro de la isla, donde los mapas militares sólo indicaban que había montañas.

Es el valle de Baliem, que tiene unos 80 km de longitud por 20 km de ancho, se encuentra a una altitud de entre 1.600 y 1.700 m, rodeado de montañas y en aquel entonces estaba habitado por unos miles de indígenas que vivían todavía prácticamente en la Edad de Piedra.

Cuando dos corresponsales de guerra sobrevolaron el valle un año antes, lo llamaron Shangri-La, un nombre tomado del paraíso perdido tibetano que en 1933 James Hilton había descrito en su novela «Horizontes perdidos».

Todo el mundo quería ir, pero nadie podía llegar: no se podía aterrizar, ni era fácil ir a pie, pues estaba rodeado de montañas. Así que todos querían tomar uno de estos vuelos, para poder mirarlo desde las ventanas del avión.

Poco se sabía del lugar, y particularmente, de sus habitantes. Un biólogo, Richard Archbold, había estado aquí en 1938, pero él no estaba interesado en la gente, no realizó ningún estudio antropológico, sino en la flora y fauna.

Como suele ocurrir, la falta de conocimiento engendró mitos. Se decía que medían más de dos metros, que practicaban sacrificios humanos…

Ninguno de estos rumores resultó cierto.

EL PASEO

De todas formas, nadie iba a comprobar estas teorías, sólo era disfrutar de un placentero viaje en avión y ver las estupendas vistas desde las ventanas. El día arriba señalado, despegó del campo de aviación (liberado de los japoneses en abril de 1944) de Sentai Drome, 24 militares (entre ellos 9 miembros del WAC [Cuerpo Ejército de la Mujer]) y cinco tripulantes, se embarcaron para tres cuartos de hora para llegar al valle, en el avión C-47 Skytrain «The Gremlin Special» (El gremlin especial), un nombre que resultó desafortunadamente acertado.

Relación de los ocupantes del avión

Piloto coronel Peter Prossen, O-22803 (KIA) San Antonio, TX
Co-piloto mayor George H. Nicholson, O-298227 (KIA) Medford, MA
Ingeniero sgto. Hilliard Norris, 14072653 (KIA) Waynesville, Carolina del Norte
Ingeniero asistente, soldado Melvin A. Mollberg, 17035891 (KIA) Baudette, MN
Radio operador George R. Newcomer, 32273013 (KIA) Middletown, Nueva York
Sargento Kenneth Decker, 19005776 (rescatado) Kelso, Washington
Cabo Margaret J. Hastings, A-218021 (rescatada) Owego, Nueva York
1er teniente John S. McCollom, O-467272 (rescatado) Tranton, MS
1er teniente Robert E. McCollom, O-468926 (KIA) EM
Herman F. Antonini, O-351875 (KIA) Danville, IL
Cabo Charles R. Miller, 36181551 (KIA) San José, MI
Capitán Louis E. Freyman, O-392996 (KIA)
Soldado Marian C. Gillis, A-901668 (KIA) Hollywood, CA
1er teniente Lawrence F. Holding, O-535205 (KIA) Raleigh, Carolina del Norte
Mayor Phillip J. Dattilo, O-336086 (KIA) Louisville, KY
Capitán Herbert F. Bueno, O-262232 (KIA) Dayton, OH
Soldado Mary M. Landau, A-207742 (KIA) Brooklyn, NY
Sargento Belle G. Naimer, A-116702 (KIA) Nueva York, NY
Cabo Melvyn A. Weber, 19180552 (KIA) Compton, CA
Soldado Alethia M. Feria, A-920130 (KIA) CA
Sargento Helen G. Kent, A-902290 (KIA) Taft, CA
Marion W. McMonagle, A-311096 (KIA) Philadelphia, PA
Soldado Eleanor Hanna, A-311558 (murió el 14 de mayo de 1945) Montoursville, PA
Sgto. Laura Besley, A-306040 (murió el 15 de mayo de 1945) Shippenville, PA

EL ACCIDENTE

No se saben las causas exactas de por qué se estrelló contra una montaña, incendiándose después, nubes bajas…volar a baja altura para ver más de cerca los cultivos, algún fallo de los instrumentos… sólo cinco fueron los supervivientes de la tragedia, aunque dos (Eleanor Hanna y la sargento Laura Besley) morirían al día siguiente por la noche.

La cabina se derrumbó hacia delante, hacia la cabina del piloto. Las paredes del fuselaje se derrumbó como si succionado hacia el interior, ambas alas arrancadas, la sección de cola quebraron como un juguete de madera. Las pequeñas explosiones sonaron como disparos, el humo negro sofocó la luz. el aire se hizo más amargo con el hedor de la quema de metal, cuero quemado, goma quemada, cables que se queman, se quema el pelo, carne quemada….

Eran Margaret Hasting, bella cabo del Ejército, con quemaduras en las piernas, el segundo es el sargento Kenneth Decker, quien sufrió una herida terrible en la cabeza y quedó amnésico (no recordaba nada del accidente aéreo), y el tercero, teniente John McCollom, el cual no tenía muchas heridas físicas, pero sufrió lo que sólo se puede describir como una herida existencial. Su inseparable hermano gemelo Robert iba en el avión pero murió calcinado, así que cuando salió a la selva, se encontró solo por primera vez en la vida.

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El teniente McCollom, como era el oficial de más rango, decidió que la única forma de sobrevivir era bajar al valle, confiando en que los nativos se mostraran amistosos, se curaron las heridas como pudieron, recogieron todo el líquido que pudieran llevar y unos dulces (la cabo Margaret Hastings tuvo que improvisar los vendajes con su ropa interior) y se adentraron penosamente en la espesura. Al cabo de tres días, el 16 de mayo, un avión B-17 de los veinticuatro que participaban en la búsqueda, los ve en un claro gracias a la lona amarilla de balsa de rescate que despliegan.

Esa misma tarde, se encuentran con los nativos de Uwambo. Estos nunca habían visto a un hombre blanco… ¡y mucho menos a una mujer!, afortunadamente se rompe la tensión con unas sonrisas y dándose las manos, los estupefactos nativos se hacen cargo de ellos, alimentándoles, dándoles cobijo y curando sus heridas con los primitivos medios de que disponían, a pesar de que practicaban el canibalismo, y el ritual era que si mataban a un guerrero, se comían su carne.

Según el ritual, si mataban a un enemigo, era común comerse su carne. Varios querían matarlos pero Wimayuk Wandik, el líder de la tribu, les recordó de una leyenda que profetizaba que un día, espíritus o fantasmas de piel clara bajarían del cielo. Así que, en vez de comérselos, decidieron que tenían que ayudarlos y protegerlos.

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C-47 en Hollandia

EL RESCATE

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Los hombres de Earl Walters

Entre tanto, el Ejército estadounidense no sabía bien qué hacer: habían visto a los supervivientes pero no había forma de rescatarlos. No se podía aterrizar. No se conocían cuántos habían sobrevivido ni en qué estado, la tarea era abismal… un rescate por tierra suponía una caminata de 150 kilómetros a través de la selva, con indígenas y soldados japoneses que se negaban a rendirse… lo único que podían hacer era enviar a más soldados, con medicinas, una radio y provisiones para ayudarlos pero, ¿a quién se le podía pedir que fuera a un lugar desconocido habitado por tribus salvajes, sin esperanza de volver?.

Alguien se acuerda de que se está formando una unidad especial, liderada por C. Earl Walter jr., un estadounidense que creció en Filipinas. Capitaneaba una unidad de paracaidistas filipinos, el batallón de reconocimiento 5217a, que habían sido entrenados para llevar a cabo misiones detrás del frente enemigo.

Como no habían sido llamados a la acción, estaban a la espera cuando les llegó una llamada preguntándoles si querían ser los voluntarios de esta misión.

El lema de la compañía era «cueste lo que cueste». Y que cuando le dijo a sus soldados ‘hay miles de enemigos por cada uno de nosotros, no hay forma de escapar, tendremos que marchar por kilómetros sin casi ninguna provisión y nadie nos puede ayudar… ¿alguien quiere venir?». Y todos se levantaron y dijeron «cueste lo que cueste'».

Al final, se llega a la conclusión de que la única forma de salir de allí es por medio de un planeador Waco CG 4 remolcado por un C-47: se prepara una pista adecuada y se deja caer un planeador en el valle, allí se preparan unos postes elevados de los que se cuelga el cable de remolque, un C-47 en vuelo rasante lo enlaza y saca al planeador, es lo que se conoce como técnica del snatch, pocas veces realizada anteriormente, pero nunca se había intentado a esta altitud, ni rodeados de montañas, en la mitad de la selva… nunca en nada parecido a estas circunstancias, nunca en condiciones tan adversas. De hecho, este tipo particular de planeador tenía un apodo durante la II Guerra Mundial: lo llamaban ‘el ataúd volador'».

Mientras, la noticia del accidente y de los supervivientes ha llegado a la prensa. Un público harto de batallas y muertes, lee con avidez las noticias sobre la bella cabo voluntaria Margaret Hastings perdida en una tierra de salvajes, la opinión pública necesita ilusionarse con una historia de valor y esperanza y la prensa se la va a dar, la cabo del WAC se convierte en una figura pública con un halo de heroína, tanto es así, que, envalentonado por unas copas, el documentalista Alexander McCann se lanzó en paracaídas al valle para documentar todo el proceso de rescate.

Seis días después de accidente, Walter y 8 de sus mejores hombres se lanzaron en paracaídas sobre Shangri-La (un día antes, se lanzaron un médico y un sanitario).

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Waco CG-4

Cuando tocaron tierra, y aunque iban fuertemente armados, se vieron rodeados por tantos nativos, unos 200, que les gritaban y amenazaban, no tuvieron más remedio que disparar unas salvas al aire, con el efecto inmediato de que cambian de actitud, dándose cuenta que no había peligro. Se vieron en esta confrontación en la que Earl no sabía qué hacer pero resultó ser uno de los malentendidos más cómicos de la guerra, en el que Earl y sus hombres terminaron desnudos…

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Los sanitarios Benjamin Bulatao y Camilo Ramírez y la cabo Hasting, tras auxiliarla

El 22 de mayo, parte junto a cuatro hombres más en busca de los supervivientes y los dos médicos. Tras desorientarse y tener que abrirse camino por la jungla llegan hasta el grupo al cabo de cuatro días de marcha. Los médicos informan que debido al estado de los heridos es aconsejable esperar unas tres semanas para realizar la evacuación, por lo que plantan tiendas de campaña y acondicionan la zona para la espera. Casi a diario un avión les suministraba lo necesario para su supervivencia, comida, agua, e incluso ropa, aunque con un pequeño contratiempo: Decker y McCollom necesitaban ropa de recambio, pero toda la que llegaba era para la sargento Margaret Hasting. Incluso llegó un cargamento con 3 docenas de sujetadores que provocaron las correspondientes burlas entre los hombres.

Para iniciar la salida, se construyen un par de postes en los que se instala un cable del que quedará atado el planeador. El resto es sencillo: utilizando la técnica del snatch, el avión realizará un vuelo rasante y enlazará con un gancho el cable sujeto al remolcador, tirando del mismo y sacando del valle a sus ocupantes. Es una técnica arriesgada que se ha utilizado pocas veces, pero que creen puede resultar. Así pues, el 2 de julio todo está listo para el vuelo que ha de llevar de vuelta a casa a los supervivientes y a sus rescatadores. Como el planeador tiene que elevarse rápidamente, se decide hacer varios viajes en los que sólo irán 4 o 5 personas dentro. Los supervivientes viajan en el primer planeador, y los hombres son divididos entre el segundo y el tercer viaje. Earl Walter jr. y sus tres suboficiales cerraron los vuelos en el tercer viaje.

En el momento en que fueron rescatados, un guerrero llamado Yali Logo conspiraba con miembros de la tribu para matar a los supervivientes y los paracaidistas.

EL REGRESO

Con los heridos ya repuestos y tras cuarenta días en el valle, los supervivientes son felizmente sacados de allí y en otros dos vuelos sucesivos, ya que el primer planeador sufrió daños en las alas durante el aterrizaje, el resto de los paracaidistas y el documentalista fueron rescatados.

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Miembros de la tribu ayudan a empujar el planeador para su posición de despegue

Nada más regresar, Margaret se convierte en una estrella de la noche a la mañana. Realiza numerosas entrevistas y se aprovecha su tirón mediático para organizar una campaña de venta de bonos de guerra, una revista titulada «Calling All Girls», publica un cómic con su historia e incluso es recibida por Eisenhower.

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El comic publicado por la revista «Calling All Girls», en 1945

Sin lugar a dudas, el rescate de Shangri-La fue una de las operaciones más extraordinarias de la contienda, tanto por su naturaleza exótica como por su complejidad y resultado.

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Los supervivientes con el equipo de rescate

Los fallecidos, fueron enterrados en el Cementerio Militar de Jefferson, en el año 1959

La excitante historia quedó en el olvido durante más de seis décadas, pero el libro «Perdidos en Shangri-La», la recupera.

Si no fuera porque el escritor y profesor de periodismo Mitchell Zuckoff encontró tanta evidencia de que ocurrió como él lo cuenta, el relato parecería tan inventado como las leyendas que existían sobre el lugar donde pasó.

Pero así todo hubiera sido ficción, valdría la pena, pues tiene todos los elementos y el encanto de lo mejor de Indiana Jones. Incluso una heroína que físicamente tenía poco que envidiarle a Grace Kelly.

Y fue precisamente gracias a ella que la prensa de la época reportó el incidente. «Cuando los reporteros vieron su foto, empezaron a cubrir la historia pues era como si una joven estrella de Hollywood se hubiera caído en la mitad de la selva: era como salido de una película de Tarzán», comenta Zuckoff.

Y, gracias a que su belleza cautivó a los periodistas, Zuckoff se topó con la historia en el archivo del «Chicago Tribune», cuando estaba investigando otro tema.

«¡Ahí estaba! bajo el título «Rescate en Shangri-La, ¡era como fantasía!», le cuenta el autor a BBC Mundo.

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Margaret, enseñando a sus mando el lugar del accidente

En 2010, Mitchell Zuckoff visitó el valle, incluyendo el sitio donde 21 de 24 pasajeros en el «Gremlin Especial» murieron durante el 13 de mayo de 1945, para la investigación sobre su libro, «Lost in Shangri-La: Una historia real de la supervivencia, la aventura y la misión de rescate más increíble de la Segunda Guerra Mundial

He sido reportero durante mucho tiempo, y yo no soy de tacto suave,» dijo. «Yo no creo en la falsa emoción. Pero después de haber pasado tanto tiempo investigando a estas personas, podría marcar la casilla correspondiente a cada uno de los nombres de la memoria y cada una de sus historias. Estar allí, cavando a través de ese lodo y venir a través de una pieza con restos humanos, es difícil de describir, nada es comparable a las emociones que sentí allí».

La esvástica en el Ejército de EEUU

Poco antes de que EE.UU. entrara en la Segunda Guerra Mundial, su ejército se vio obligado a cambiar la insignia que la 45ª División de Infantería. Considerando la situación mundial y previendo a qué les avocaba la situación y la evolución de la política internacional.

Esta unidad tenía en su insignia una combinación de los colores tradicionales de España, por su origen en Nuevo México, y de un símbolo tomado de los nativos americanos.

El origen de esta inesperada alteración sería la contradictoria existencia de una insignia militar en el Ejército norteamericano, en la que se mostraba una esvástica. La 45ª División de Infantería , constituida en 1920 por la Guardia Nacional de varios estados del suroeste del país –Oklahoma, Colorado, Arizona y Nuevo México.

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Insignia que la 45ª División de Infantería

Este símbolo era similar al que usaban los alemanes allá en Europa. Es decir, una unidad del ejército norteamericano tenía una esvástica. Era de color dorado y el fondo era rojo, de ahí los colores españoles de los que hablaba antes. Fue modificada para que desapareciera el parecido con la esvástica nazi. En su lugar pusieron una figura de un pájaro (thunderbird).

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Nueva insignia de la 45ª División de Infantería

Si en un primer momento los indios soportaron con desagrado la sustitución de su símbolo ancestral, el desarrollo de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial vino a demostrar que la decisión de eliminar la esvástica había sido una medida adecuada.

El hecho de que una División estadounidense luciese la esvástica durante el período de entreguerras no deja de ser una anécdota. Sin embargo, para los coleccionistas de insignias, la de la 45ª División de Infantería se ha convertido en un objeto de deseo. Por una de ella se pagan grandes sumas de dinero, siendo así la insignia más valorada de todo el Ejército norteamericano.

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