Anécdotas y curiosidades de la Segunda Guerra Mundial (4) …

El ciudadano coreano Yang kyoungjong (3 marzo 1920, + 7 abril 1992), que había sido reclutado sucesivamente por el Ejército Imperial de Japón, el Ejército Rojo de la Unión Soviética y la Wehrmacht alemana, fue capturado por los americanos en Normandía en junio de 1944
Soldado reclutado por tres ejércitos de tres países durante la 2GM
En junio de 1944 un joven soldado asiático se rindió a un grupo de paracaidistas americanos durante la invasión aliada de Normandía. En un primer momento sus captores pensaron que era un japonés, pero en realidad se trataba de un coreano. Se llamaba Yang Kyoungjong.
En 1938, a los dieciocho años, había sido reclutado a la fuerza por los japoneses para integrarse en su Ejército de Kwantung, en Manchuria. Un año más tarde, fue hecho prisionero por el Ejército Rojo en la batalla de Khalkhin-Gol y enviado a un campo de trabajos forzados. Las autoridades militares soviéticas, durante un periodo de crisis de mano de obra y de soldados en 1942, le obligaron, junto con otros varios miles de prisioneros, a integrarse en sus fuerzas armadas.
Posteriormente, a comienzos de 1943, fue hecho prisionero durante la batalla de kharkov, en Ucrania, por las tropas nazis. En 1943, vistiendo uniforme alemán, fue enviado a Francia para servir en un batallón de prisioneros soviéticos, que supuestamente reforzaba el Muro Atlántico desde la península de Cotentin, en la zona del interior próxima a la playa de Utah. Fue hecho prisionero por paracaidistas norteamericanos, los cuales creían que era un japonés alistado en el Ejército alemán, ya que habían capturado a otros asiáticos, ya que no podían comunicarse con ellos. Tras pasar una temporada en un campo de prisioneros en Gran Bretaña, fue trasladado a los EEUU, donde no diría nada de su pasado. Después de finalizada la guerra, fue liberado y se estableció en este país. Falleció en Illinois en 1992.
José Sojo, un comunista en la División Azul

La vida del comunista sevillano parece un guion de Hollywood: se alistó en la División Azul para desertar y pasarse al Ejército Rojo, pero este lo tomó por espía y lo encarceló de por vida
José Sojo Castellano tuvo un destino trágico. Un destino marcado primero por la guerra, luego por el error y finalmente por el olvido. Ni siquiera ha quedado alguna imagen suya que permita poner cara y fisonomía al hombre dejó España persiguiendo unos ideales de los cuales sería víctima hasta su muerte, ocurrida medio siglo después. Solo un novelista con mucha imaginación podría haber ideado su vida y su destino: huyó de la España franquista por la más extravagante de las vías, alistándose a la División Azul con el secreto propósito, una vez llegado a Rusia, de desertar e incorporarse al Ejército Rojo. Con lo que no contaba el veterano comunista sevillano era con que los soviéticos jamás creyeron su historia: lo tomaron por un espía y se pasó la vida de cárcel en cárcel hasta que su rastro se pierde en un remoto manicomio de Georgia.
Sojo vivía junto a su mujer, Dolores Domingo, en el municipio sevillano de Casariche cuando estalló la Guerra Civil en el verano de 1936. “Ante la llegada de los golpistas de forma sangrienta al pueblo, José y su mujer deciden marcharse a zona republicana”, cuenta el historiador José María García Márquez, autor del libro ‘Las víctimas de la represión militar en la provincia de Sevilla’. En pocos meses, José consigue ascender de rango dentro del ejército republicano, llegando a ocupar el oficio de teniente, a lo que seguramente ayudó su militancia en el Partido Comunista.
DE CÁRCEL EN CÁRCEL
“Tras ser detenido al final de la guerra, pasará por varias cárceles de toda la geografía nacional”, apunta Márquez. El combatiente republicano estuvo internado en la prisión de Toledo-Lavadero, el campo de concentración de Sanlúcar la Mayor y las prisiones de Sevilla, Rota, Palencia y Madrid.
En 1941 José se encuentra de nuevo en libertad y decide volver a su lugar de origen, Casariche, pero solo unos días después se traslada hasta Granada, donde va a visitar a su hermano. La España de la posguerra irrita profundamente a Sojo, que es un hombre de fuertes convicciones izquierdistas, por lo cual decide seguir luchando, cueste lo que cueste. “José –relata el historiador– tiene la idea de alistarse en la División Azul, donde desertaría para pasarse a las filas de los soviéticos: su sueño era contribuir a la implantación del comunismo en España”.
Cabe recordar que entre 1941 y 1943 viajaron hasta la lejana Unión Soviética más de 50.000 soldados españoles para incorporarse al Ejército alemán que combatía a Stalin y en cumplimiento del compromiso de Franco con Hitler, cuya ayuda militar a los fascistas españoles había sido decisiva para el triunfo sobre los republicanos.
UN LARGUÍSIMO CAUTIVERIO
El destino le jugaría, sin embargo, a Sojo una mala pasada, ya en el sitio de Leningrado. “Los soviéticos no entendieron la maniobra de Sojo de pasarse al otro bando y lo tomaron como un espía, pasando un larguísimo cautiverio en los campos de concentración soviéticos”, explica Márquez. En los años 41 y 42 estuvo el campo número 99, de donde pasaría al primero campo numero 58, luego al 256, 270… En el año 1954 se pierde su pista, que no vuelve a reaparecer hasta los años 90.
Dolores Domingo, su mujer, se pone en contacto con el historiador García Márquez en los 90. Le cuenta que su marido continúa en la antigua Unión Soviética, concretamente en un sanatorio mental de Tiblisi (Georgia). Márquez conjetura que “aquellas terribles condiciones de vida y de reclusión pudieron conducir a José a verdaderos estados de ansiedad, provocándole episodios de locura”. Nunca lograron sacarlo con vida de aquella terrible reclusión. Ni a saber con precisión la fecha de su fallecimiento. De hecho, a día de hoy no se tiene certeza de que, tras su muerte, los familiares llegaran a reclamar los restos del infortunado José Sojo.
VIUDA DE GUERRA
“La mujer de José me escribió para pedirme ayuda para lograr la indemnización como viuda de guerra”, recuerda Márquez. Sin embargo, era imprescindible que el familiar hubiera pasado más de tres años en cárceles españolas y José no cumplía ese requisito. Dolores no pudo cobrar nunca aquella paga, y ello a pesar de que su marido pasó más de la mitad de su vida en los campos de concentración soviéticos.
No hay mucha más información sobre la vida y los orígenes de Sojo. En el propio Ayuntamiento de Casariche no han logrado recabar ningún tipo de documento sobre este vecino. Mucho menos la idea de recibir un reconocimiento. “El padrón –comentaba una funcionaria a Andalucesdiario.es– lo tenemos informatizado solo desde los años 90 y en la actualidad sería un verdadero trabajo de investigación encontrar la ficha de padrón de alguien que no se encontraba en el municipio desde 1936”. El último y definitivo golpe asestado por el cruel destino a José Sojo Castellano ha sido, pues, el olvido.
La abeja Maya y su origen nazi

Waldemar Bonsels
“En un país multicolor, nació una abeja bajo el sol, y fue famosa en el lugar por su alegría y su bondad”: así comienza la entrañable sintonía de “La abeja Maya”, una serie que se emitió a mediados de los años 70 y no ha dejado de reponerse, dando lugar a una película estrenada en 2014. Pero ojo, porque hay quien dice que la avispada abejita era nacionalsocialista y aria, entre otras cosas.
El creador del personaje no fue otro que el escritor alemán Waldemar Bonsels (Ahrensburg, 1880 – Ambach, 1952), gran seguidor de Adolf Hitler, que escribía libros místicos y románticos hasta que dio el campanazo con uno infantil titulado, sí, “La abeja Maya”. Pese a su inocente apariencia, el libro fue uno de los más leídos por los soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial y uno de los más vendidos durante el Tercer Reich.
A partir del libro de Bolsens, se creó la serie ‘Die abenteuer der biene Maja’ (en cristiano, ‘Las aventuras de la abeja Maya’), producida por las potencias del eje: Japón, Austria y Alemania. Como muchos de ustedes ya sabrán, la serie narra las peripecias de una abeja de carácter dicharachero y vivaracho que es enviada a buscar polen por la reina de su colmena. En sus andanzas conoce a simpáticos insectos como Willy el zángano, Flip el saltamontes, la señora Abejorro, el ratón Alejandro o la mosca Puck.
Según críticos y estudiosos, en la serie hay mensajes subliminales nazis por todas partes: se dice, por ejemplo, que, visto al microscopio, el polen que aparece cuando las abejitas van de flor en flor tiene forma de esvástica.
Además, las abejas de la serie son rubias y con los ojos azules, rasgos fisionómicos de la raza aria, mientras que la villana de la serie, la araña Tecla, es roja, narigona y toca el violín, tres características negativas que los nazis atribuían a los judíos. Por si fuera poco, aseguran que el orden imperante en la colmena es totalitario, pues la reina dirige a sus abejas en tono militarista contra las avispas enemigas, que serían los países aliados.
Sean paparruchas conspiranoicas o verdades como puños, lo que es cierto es que nunca volveremos a mirar a la abeja Maya con los mismos ojos.
De cómo derribó un «Zero» con una pistola

Owen J. Baggett
Owen J. Baggett se convirtió en leyenda después de ser la única persona que derribó un avión japonés con una pistola. Su «proeza» tuvo lugar mientras descendía en paracaídas, cuando disparó hacia el avión que se le acercaba con tal fortuna que una de sus balas dio al piloto japonés en la cabeza.
Owen John Baggett nació en 1920 en Graham, Texas (EE. UU.). En 1941, se graduó en la Universidad, estuvo trabajando en Wall Street, pero para el año siguiente, se alistó en el Cuerpo Aéreo del Ejército cuando Estados Unidos entró en la guerra.
Un hombre estudioso, se graduó de la formación de piloto en sólo cinco meses, fue enviado en 1942 a la India británica con el 9º escuadrón del 7º Grupo de Bombarderos, servía como miembro en un Liberator B-24.
El 31 de marzo de 1943, el subteniente Baggett y su Escuadrón fueron enviados para destruir un puente de importancia estratégica en Pyinmana, Birmania. En su camino, los B-24 fueron interceptados por los «Zeros» japoneses que golpearon duramente al Escuadrón. El bombardero de Baggett fue acribillado, hasta tal punto que la tripulación se vio obligada a saltar poco antes de que éste explotara.

Montaje de Baggett derribando al Zero
Durante el salto en paracaídas, un piloto japonés decidió que derribarlo no era suficiente. Dio un rodeo a velocidad de pérdida, abrió su carlinga para tener mejor visión y comenzó a disparar contra los miembros de la tripulación que descendían, matando a dos de los tripulantes, incluso Baggett fue alcanzado en un brazo. Viendo esto, hizo lo único que pudo, se hizo el muerto colgado de su arnés. No perdiendo tiempo, Baggett preparó su pistola Colt M1911 calibre 45, la sacó y disparó cuatro veces al piloto japonés, acertando con una bala justo en la cabeza.
Lo último que vio del «Zero» fue que bajaba en espiral hacia tierra. Cuando aterrizó, él y otros miembros de la tripulación fueron capturados por los birmanos y entregados a los japoneses, siendo enviados a un campo de prisioneros en Rangún, donde permanecieron dos años hasta el final de la guerra. No habló del incidente. Fueron liberados por agentes de la OSS, junto a otros 37 prisioneros.

Pistola con la que Baggett derribó al piloto nipón
Cuando el periodista John L. Frisbee se puso en contacto con él en 1996, se mostró reacio a hablar, pero reconoció que había disparado al piloto japonés, aunque era como algo circunstancial, no creía que le hubiera alcanzado y derribado. Frisbee investigó y publicó que unos pocos meses después de que Baggett fuera internado en el campo de prisioneros, el coronel Harry Melton, comandante del 311 Grupo de Caza había sido derribado y estuvo de paso por el campo de prisioneros y dijo a Baggett que un coronel japonés le contó que un piloto que correspondía con sus características y el momento del hecho, había disparado a un piloto de un «Zero» que posteriormente se estrelló y fue pasto de las llamas. El cuerpo del piloto fue encontrado muerto de un solo tiro en la cabeza. El coronel Melton quería hacer un informe oficial del incidente, pero perdió su vida cuando fue hundido el barco en el que estaba siendo trasladado a Japón.
Según el coronel Melton dos pruebas apoyan el derribo de Baggett:
Primero, no había cazas amigos en área que podrían haber derribado al piloto del «Zero», y segundo, el incidente ocurrió a una altitud de 4.000 a 5.000 pies. y el piloto podría haberse repuesto de una maniobra involuntaria. Además, durante la Primera Guerra Mundial los primeros combates aéreos se hacían a tiro de pistola o fusil, aunque no fueran muy eficaces y los aparatos de la época volaban a velocidades similares a la de pérdida del «Zero».
Si bien no hay evidencia directa de que el teniente Owen Baggett derribara un avión de combate japonés con un arma de fuego, muchos creen que es verdad y se le considera como la única persona que derribó un avión con una pistola durante la Segunda Guerra Mundial.

Su lápida dice: Ex-prisionero. Eres mi héroe. Te quiero papá
Baggett se retiró de la Fuerza Aérea como coronel y más tarde trabajó como contratista de Defensa, de las empresas Litton. Murió el 27 de julio del 2006 a la edad de 85 años, en New Braunfels, Comal County (Texas, EE.UU.).
La muerte de Leslie Howard

El día 1 de junio de 1943, un avión comercial de la compañía holandesa «KLM» parte desde Lisboa hacia la localidad inglesa de Whitchurch con un total de 17 personas (13 pasajeros y 4 tripulantes). El avión es un DC-3 de nombre «Ibis» y con matrícula G-AGBB, número de vuelo 777. Cuando están sobrepasando la costa española y a unas 200 millas de Galicia, el comandante Quirinus Tepas establece a las 10.54 h., la que sería la última conexión con la torre de control: «aquí G-AGBB, nos están atacando! nos persiguen aviones desconocidos!». Poco después, el Ibis es alcanzado por el fuego…
Poco antes, ocho bombarderos Junkers Ju-88 se topan con el Douglas DC «Ibis», donde iba Leslie Howard, fue el teniente Herbert Hinze el que avisó a los compañeros con las palabras «indios a las 11…A.A.», nada más avistarlo, dos bombarderos se separan de la formación y se colocan debajo y encima del DC-3, dispararon algunas ráfagas, pero inmediatamente se dan cuenta de que es un avión civil y no militar, inmediatamente cesan los tiros, pero desgraciadamente, ya es demasiado tarde: las balas alcanzan a uno de los motores que empezó a arder con una gran llamarada, la puerta lateral del aparato se abre y tres personas saltaron, pero a ninguna se le abre el paracaídas porque se habían quemado, inevitablemente el avión empezó a perder altura hasta que cae en picado estrellándose en el mar en mil pedazos. No hubo supervivientes, Howard perdió la vida a los 50 años.

Douglas DC-3 Ibis
Si por algo se hizo famoso el vuelo 777 fue por la muerte del actor, sin embargo, la teoría de la conspiración fue la que hizo correr ríos de tinta y el accidente se vió envuelto en la polémica.
Una de las razones que se esgrimió, es que el primer ministro británico, Winston Churchill, que se encontraba en Gibraltar después de una visita en el norte de África, planeaba regresar al Reino Unido a través de un avión civil en Lisboa. Según esta versión, el espionaje alemán confundió el vuelo 777 con el avión en que supuestamente viajaba Churchill y por eso Berlín ordenó derribarlo, teoría que cobró más fuerza porque curiosamente, el ayudante de Howard tenía gran parecido con el mandatario inglés, no obstante, curioso fue que tres días más tarde, el 4 de junio, Churchill sí viajó desde Gibraltar a Londres pasando por la misma ruta del vuelo 777, pero a bordo de un avión militar B-24 Liberator, pero sin incidentes.

Placa conmemorativa en A Capelada
La estancia de Leslie Howard en España, era que oficialmente es que iba a dar unas conferencias sobre Hamlet, pero parece ser que tenía una misión: reunirse con Franco para persuadirle de los peligros de unirse al bando alemán y presionar al dictador para que no lo hiciera, todo ello de forma extraoficial en nombre de los servicios secretos británicos, lo cual lo llevaba a viajar por todo el mundo sobre el peligro que conllevaba la ideología nazi de Hitler, incluso llegó a protagonizar varias películas de propaganda antinazi, con el objeto de elevar la moral de las tropas.
Leslie Howard Stainer, nació en Forest Hill, Londres, el 3 de abril de 1893- Golfo de Vizcaya, 1 junio 1943, actor inglés de teatro y cine, hizo más de veinte películas en los años treinta, siendo su interpretación más popular «Lo que el viento se llevó» (1939), «La Pimpinela Escarlata» (1934), «El bosque petrificado» (1936), «Pigmalión» (1938) e «Intermezzo»(1939).
Se casó con Ruth Evelyn Martin, y tuvo dos hijos: Leslie Ruth Howard y Ronald Howard, nacido en 1919, que más tarde sería actor reconocido por la serie de Sherlock Holmes (1954).
Las tres espadas samurais
El emperador de Japón, Hirohito, sabedor de la valía de determinados militares alemanes, otorgó tres espadas samuráis a sólo tres militares, en la Segunda Guerra Mundial.

Erwin Rommel
Bernhard Rogge
La segunda fue para este capitán de la Marina de Guerra, por su singladura al mando del buque corsario HSK Atlantis, se conserva en el Museo Naval de Hamburgo.

Espada japonesa enviada al capitán Bernhard Rogge

Herman Göring
Y la tercera, para el Mariscal del Reich, no hay fotografía de la misma ni de su entrega, se especula que pueda estar en algún museo estadounidense privado, tampoco se sabe el motivo de su concesión.
Disney Pins on Wings (Emblemas con Alas o Alfileres con Alas)

¿Sabías que durante la Segunda Guerra Mundial Walt Disney Productions, trabajó en más de 1.200 diseños para las Fuerzas Armadas Americanas y Aliadas? El estudio Disney trabajó en estos diseños sin cargo alguno, como una donación para elevar la moral de la tropa. Walt Disney comprendió el valor del humor en la situación anímica de la tropa. Es bueno anotar que a la edad de 16 años, el fue conductor de una ambulancia durante la WWI.
Los Estudios Disney crearon su primer trabajo artístico para un Escuadrón de la Reserva Naval en el año de 1933, estacionado en New York. Durante la movilización Americana entre 1940 y 1941, recibió cientos de solicitudes para trabajos artísticos en todas las ramas de las Fuerzas Armadas. Igualmente realizo cientos de horas de películas como propaganda, material de entrenamiento e información pública.
Hoy existe un reconocimiento a su trabajo en el Museo Nacional de la Fuerza Aérea en Dayton, Ohio


Diorama del joven Walt Disney trabajando en uno de sus diseños para la USAF durante la WWII – Museo de la Nacional de la USAF
The Lucky Bastard Club (El Club de los Bastardos Afortunados)

Este certificado fue expedido a nombre de James O. Burke, de la 8ª Fuerza Aérea de los EE.UU.
Cada unidad tenía sus propios certificados y por su puesto cada uno de ellos tenía su especial dedicatoria. Pero hablemos de los requisitos:
- Pertenecer al Cuerpo Aéreo del Ejército de los Estados Unidos en la WWII
- Volar más de 25 misiones de bombardeo sobre la Alemania nazi
- Ser tripulante de un B-17
Tenemos que tener en cuenta que durante la WWII las probabilidades de una tripulación de B-17 de sobrevivir solo eran del 29%. Pero nace una pregunta: ¿Y cómo nació este Club?.
Bueno, en un principio la regla era que la tripulación de un bombardero debía cumplir 20 misiones sobre Alemania antes de pasar a retiro, pero a medida que el espacio aéreo se fue haciendo más seguro y aumentó la necesidad de mantener a las tripulaciones con mayor experiencia en el frente, se subió este límite a 25, cosa que raramente se cumplió ya que en medio del fragor de la guerra y la adrenalina la cuenta se perdía y es así como tenemos tripulaciones con más de 30, 40 ó 50 misiones de bombardeo. Es así que cuando se creía que el tripulante había cumplido sus “25 misiones” se le entregaba este certificado que estaba lleno de humor negro y era dado por sus compañeros en reconocimiento a este deber cumplido.
Sobre este especial club se han escrito varios libros en los que sus tripulaciones cuentan cómo se hicieron merecedores de este gran certificado.
nuestras charlas nocturnas.
Deja un comentario