Los estudios Warner: un recorrido por la historia del cine …

Brainstompin.com(D.Pantarújez)/MeGustaL.A. — Warner Bros Pictures, más conocida como Warner Bros o WB, fue uno de los denominados ocho grandes estudios de Hollywood. Fundada en 1923 y con sede en la cercana ciudad de Burbank, la empresa propiedad hoy de AT&T sigue siendo uno de los principales estudios de cine a nivel mundial, con operaciones en cine, televisión, cómics y videojuegos.
La empresa es miembro de la Motion Picture Association of America (MPAA) e incluye varias empresas subsidiarias como Warner Bros. Animation, New Line Cinema, Castle Rock Entertainment, Turner Entertainment, Dark Castle Entertainment, Warner Bros. Records, Warner Music Group, DC Comics, los remanentes de Hanna-Barbera Productions, Cartoon Network Studios, Williams Street, entre otras.
Los orígenes de WB empiezan en el siglo XIX, El nombre de los estudios se debe a los cuatro fundadores: los hermanos Warner, Harry Warner (1881-1958), Albert Warner (1883-1967), Sam Warner (1887-1927) y Jack Warner (1892-1978). Los comienzos fueron muy sencillos; en 1903, Harry Warner, el hermano mayor, incursionó en el negocio del cine con una pequeña sala de proyección para exhibir las películas en los pueblos mineros de Pensilvania y Ohio.
Y es que después de años desventuras empresariales, Albert y Sam Warner (judíos polacos que tuvieron que cambiarse el nombre porque si no los americanos no les tomaban en serio en esto de los negocios) deciden comprarse un kinetoscopio y empezar a proyectar por las ferias la película de Edison «The Great Train Robbery» (1903).
El kinetoscopio era un aparato bastante grande con una mirilla a traves de la cual se proyectaba la película, con lo que el espectador tenía que poner el ojo en el visor mientras un proyeccionista (Sam) iba moviendo la película.
El trasto fue todo un éxito, por lo que los dos hermanos convencieron a su hermano Harry para que vendiera su tienda de reparación de bicicletas que tenía y alquilara un local que transformaron en un cine al que bautizaron como The Cascade. El éxito fue tan fulgurante que pronto fundaron otro, el Bijou, y empezaron a crear una red de distribución cinematográfica a lo largo de todo el país hasta que en 1908 Thomas Edison tuvo la mala sombra de crear un trust cinematográfico que provocó que ningún minorista pudiera comprar una película, solo alquilársela directamente a los grandes productores, con lo que las pequeñas distribuidoras como la de los Warner fueron prácticamente borradas del mapa.
Paralelamente a todo esto, uno de los hermanos pequeños de Harry, Albert y Sam, Jack, había empezado a hacer sus pinitos en la farándula como cantante y bailarín.
Cansados que no tuviera futuro, sus hermanos lo metieron en el negocio familiar poco antes de venderlo y meterse de lleno en el negocio de la producción cinematográfica; y es que aunque en un principio se centraron en colaborar con la red de distribución independiente de Carl Laemmle -futuro fundador de Universal- los Warner aprovecharon que éste era productor para aprender sobre el negocio de hacer películas y poder ponerse a trabajar en un futuro en lo que años después sería My Four Years In Germany, película basada en el libro autobiográfico del embajador de EEUU en Alemania James W Gerard durante los años 1913 y 1917.
Huelga decir que la película, estrenada en 1918 y ya con EEUU metida de lleno en la Primera Guerra Mundial, hablaba sobre lo mal que se habían portado los alemanes durante la guerra y las atrocidades que cometían, con lo que se convirtió en uno de los mayores filmes de publicidad bélica a este lado del Lusitania de Windsor McKay.
El éxito fulgurante de la película debió dejar tan encantado al bueno de James W Gerard que tuvo a bien darle un préstamo a la recién nacida Warner Features para la construcción de su primer estudio cinematográfico en Sunset Boulevard, Hollywood.
En 1918, los hermanos Warner ya empezaron con la producción de películas, fundando su propio estudio en Sunset Boulevard en Hollywood. Sam y Jack Warner producían las películas, mientras que Harry y Albert Warner gestionan las finanzas y la distribución en Nueva York. En 1923, se convierten formalmente en Warner Bros Pictures.
Sin embargo, el éxito de la nueva productora no fue precisamente fulgurante, y en su primera década de vida sobrevivió a golpe de seriales, películas algo picantonas y sobre todo un perro, Rin Tin Tin, que se convirtió en la verdadera estrella del estudio.
Después de algunos proyectos la Warner Bros ya iba obteniendo experiencia en el campo del cine, pero lo que realmente puso a Warner Bros. en el mapa de Hollywood fue un perro, Rin Tin Tin, traído desde Francia tras la Primera Guerra Mundial por un soldado estadounidense. El animal fue tan popular que llegó a ser la estrella de nada menos que 26 películas, comenzando con The Man from Hell’s River en 1924. El estudio siguió prosperand y Warner se sumó a la competición por comprar y construir cines.
Nombres como el del guionista Darryl F Zanuck, el director Ernst Lubitsch o el actor John Barrymore se unieron al chucho como estrellas de la nueva productora, que poco a poco fue cogiendo nombre hasta que en 1925 reunió la suficiente fuerza como para atreverse a enfrentarse a Universal, First National y Paramount, las conocidas en aquella época como las «Big Three», para lo cual procedieron a comprar cines en Nueva York y una cadena de radio en la que preparar la gran revolución que llevarían a cabo en 1927: el cine sonoro.
Curiosamente, esa revolución se llevó a cabo gracias a la colaboración de Sam Warner con Western Electric, compañía de ingeniería electrónica propiedad de AT&T que experimentaría con la sincronización del film con sonido en distintos cortometrajes musicales producidos por Warner en los Vitagraph Studios, comprados por la Warner unos pocos años antes.
Los cortometrajes, que contaron con bastantes estrellas futuras de Hollywood -que también tenían que comer- cristalizaron en la primera película con banda sonora incorporada de la historia, Don Juan (1926) que no precisaba de pianista porque ya llevaba su propia música de serie. Así, un año más tarde y apretadísimos por una situación económica desastrosa, Warner Brothers estrenaba la primera película sonora de la historia, The Jazz Singer.
En 1927, el estudio estrenó El cantante de jazz (The Jazz Singer), la primera película sonora, la cual fue un éxito. Los hermanos Warner, curiosamente, no pudieron asistir al estreno, ya que Sam falleció un día antes, y los demás hermanos se encontraban en su funeral. A pesar de esto, los hermanos siguieron expandiendo el negocio con la compra del estudio First National Pictures y las 250 salas de cine de la Stanley Company gracias a las ganancias de la película. Warner Bros poco después se trasladó a los terrenos de la First National en Burbank.
El éxito del film fue tan instantaneo y pilló a las grandes tan por sorpresa, que para 1928 Warner ya estaba haciendo 12 películas sonoras que proyectaban en sus propios (y escasos) cines, que se llenaban a rebosar mientras los de la competencia se quedaban vacios.
Sin embargo, el creador de esta revolución, Sam Warner, que cerró el trato con Western Electric y empujó a sus hermanos a apostar por el sonoro, no vería este éxito porque moriría poco antes del estreno de la misma; dicen las malas lenguas que asesinado por sus propios hermanos porque estaba a punto de vender la tecnología del sonoro a Paramount.
En aquel momento el presidente de Warner era Harry mientras Jack se dedicaba exclusivamente a la producción cinematográfica en los estudios Warner en Burbank, los cual dirigía tiránicamente.
La relación entre ambos hermanos no era especialmente buena y se había deteriorado tras la muerte de Sam, que quieras que no había servido de correa de transmisión entre los dos; Jack era especialmente agarrado y creía que Harry estaba llevando la empresa a la ruina, y que solo el milagro del cine sonoro (al que, según algunas versiones, Harry se opuso hasta el último momento) les había salvado, idea que se reafirmaría años después cuando, después de que el código Hays prácticamente se cargó el cine de gangsters, los grandes musicales de Harry Warner empezaron a estrellarse y a Warner solo la pudo salvar una estrella recién descubierta por Jack Warner: Errol Flynn.
Tampoco ayudó a mejorar la relación entre ambos hermanos el que Zanuck, gran colaborador de Jack, hubiera salido de Warner por la puerta de atrás tras una disputa con Harry, dando lugar a que el propio Zanuck fundara su propia productora, Century, que poco después se juntaría con Fox para formar la 20th Century Fox
Sin embargo, Harry no era precisamente un tipo poco espabilado ni sus inversiones habían sido ruinosas; con el chorro de dinero que les había entrado por el cine sonoro corrió a hacerse con la propiedad de varios sellos discográficos y crear Warner Music -que con los años iría creciendo con nuevas adquisiciones convirtiéndose en una de las discográficas más importantes del mundo, si no la que más- y hacerse poco a poco con el control de una de las majors que hasta hacía bien poco le había hecho la vida imposible, First National.
Así, los estudios de First National de Burbank acabarían cayendo en la esfera de poder de Jack Warner, en los que procedería a llevar a cabo esa serie de películas salvadoras y más modestas que exploraban generos «menores» como las aventuras, comedias y thrillers de gangsters en los que participaron actores como el ya mencionado Errol Flynn, Edward G Robinson, Jean Harlow, James Cagney o Bette Davis, las estrellas del nuevo tipo de cine, el sonoro; pronto los únicos estudios de Warner serían los de Burbank, y todas las películas pasarían por la supervisión de Jack mientras Abe se dedicaba a la tesorería y Harry a absolutamente todo lo demás.

Y cuando todo parecía encarrilado y los hermanos conseguían superar las consecuencias del crack del 29 o la llegada del Código Hays -que, al igual que el Comics Code de veinte años más tarde, parecía creado ex profeso para acabar con una productora en concreto, la Warner y su cine de gangsters- a medida que fue avanzando la década de los años treinta una sombra empezó a alargarse por Europa y gran parte del resto del mundo: Adolf Hitler y su gentuza fascista empezaron a liarla y a ponerle ojos golosones a Polonia, el país de procedencia de los Warner.
Conscientes de la que se les podía venir encima y sabedores de lo bien que les había ido con aquel film bélico que prácticamente fundó su productora, los Warner se aplicaron a boicotear todos los intereses fascistas, próhibiendo la distribución de sus películas en dichos países y tratando de alimentar la nazifobia del público mediante la producción de películas como el El Halcón del Mar (The Sea Hawk, 1940) en la que Errol Flynn defiende las islas británicas de una flota de la Armada Invencible en la que no se cortan en hacer paralelismos con la blitzkrieg alemana y otros filmes.
Sin embargo, la obra cumbre antinazi llegaría un par de años más tarde y les daría uno de los mayores éxitos de su historia; esa película es, por supuesto, Casablanca (1942) otra de las películas «baratas» del estudio cuyo éxito llegó a alcanzar tales cotas que acabó encumbrando a un secundario habitual de las películas de Cagney, Humphrey Bogart, como una de las mayores estrellas de la historia del cine.
En 1929 se estrenó Gold Diggers de Broadway, que resultó ser la película más popular de ese año. El éxito de estas dos películas supuso una revolución para las películas en color, y la Warner Brothers estrenó un gran número de películas en Technicolor entre 1929 y 1931.
En 1931, el país estaba algo cansado de los musicales, por lo que la Warner Brothers se vio obligada a reducir el número de muchas de sus producciones. El público había comenzado a asociar el nombre de Warner con musicales en color y comenzaron a dar la espalda a las películas del estudio. Warner Brothers tenía un contrato con Technicolor para producir dos películas más con esta tecnología. Como resultado, las primeras películas de misterio en color fueron producidas y estrenadas por el estudio: Doctor X (1932) y Misterio en el Museo de Cera (1933). No obstante, en 1933 Warner Bros produjo una película musical que salvó a la empresa de la quiebra, La calle 42.
Con el colapso del mercado de los musicales, la Warner Bros dedicó la siguiente década a las películas de gangsters y de aventuras como Las aventuras de Robin Hood (1938), al tiempo que diversificaban su portafolio con la adquisición de la discográfica Brunswick Records, que posteriormente se denominó Warner Records. En 1942, produce el clásico del cine por excelencia: Casablanca.
Tras la Segunda Guerra Mundial, Harry Warner y sobre todo Albert «Abe» Warner empezaron a pensar en su jubilación. Ambos contaban con más de sesenta años y se compraron residencias lejos de Hollywood para su retiro dorado, mientras Jack Warner cada vez parecía más adicto a producir películas, a pesar de que con mucha diferencia era el hermano más odiado por sus propios trabajadores; y es que para 1947 y tras varias negativas de cumplir las exigencias salariales del sindicato de actores, éstos se declararon en huelga.
Pero para Jack Warner el enemigo verdadero no venía de la Unión Soviética ni leía a Marx y Engels, no, porque su gran enemigo era la caja tonta, la televisión, que apartaba los culos de los espectadores de los asientos de los cines para dejarlos en el cómodo sofá de sus casas.
Para contrarrestar tamaña amenaza, Jack se apuntó a todas las modas locas del Hollywood de aquella época como el 3D, los formatos de imagen enormes, experimentos con el color… Y casi todo fracasó, con lo que a pesar de que los hermanos espabilaron y empezaron a vender contenidos para televisión, para 1956 todavía no habían recuperado la sensación de haberse recuperado del golpe.
Lo que es peor, los hermanos -o más bien, Abe Warner- habían seguido con la idea de retirarse y vender la empresa, decidiendo sacarla a bolsa y con aquellos números ni de broma les iban a dar todo el dinero que creían que valía.
Estaba claro que había que hacer algo para maquillar esos números, con lo que a Jack Warner no se le ocurrió mejor idea que liarse a vender su fondo editorial: todas las películas de Warner anteriores a 1950 fueron vendidas a la Associated Artist Productions (distribuidora para televisión que acabaría formando parte de United Artists y años más tarde le pasaría dicho fondo a Ted Turner, que tras fundar TCM y jugar una temporada a los coloreables con medio Hollywood clásico, acabaría cediéndole dicho fondo a Time, que a su vez se compraría Warner y… Bueno, que todas esas películas volverían a casa unos cuarenta años después).
Pero volviendo a los cincuenta la salida a bolsa de la Warner Brothers se realizó en 1956 a pesar de que los tres hermanos Warner habían decidido jubilarse todos a una, Jack no estaba en absoluto por la labor, y esto Harry lo sabía.
El hermano mayor, que se había pasado todos aquellos años peleando contra él, a pesar de sus 75 años no estaba dispuesto a jubilarse si eso dejaba la empresa en manos de Jack, con lo que tras muchas presiones de Abe (que sí se moría por jubilarse) decidió aceptar la oferta de un fondo representado por un tal Serge Semenenko por el 90% de las acciones de la empresa.
Tanto Harry como Abe quedaron satisfechos con la venta porque jubilaba también a Jack, pero Harry tuvo literalmente un infarto cuando poco después descubrió que detrás de Semenenko estaba Jack, que había acordado desde un principio con Semenenko recomprarse parte de esas acciones y quedar como presidente de la nueva Warner.
Huelga decir que su familia jamás volvió a dirigirle la palabra, ni siquiera cuando un año más tarde se presentó en persona durante la celebración de las bodas de oro de Harry y tuvo que largarse por donde vino.
Debió de aprender la lección, porque un año más tarde y tras la muerte de Harry (-«Jack lo mató», según su esposa-) Jack Warner pasó de ir al funeral y prefirió seguir jugando al bacará en un casino de Cannes.

El nuevo presidente de Warner trabajó rápido y con poco romanticismo respecto al viejo orden; una de sus primeras medidas fue vender el edificio de Nueva York que la familia había comprado en sus inicios y construir otro en el número 666 de la Quinta Avenida (sí, ése edificio en el que estuvó alojada DC Comics una buena temporada) para el fondo de Semenenko.
Los grandes musicales volvieron rápidamente a ser el centro de la producción de Warner y My Fair Lady consiguió el Oscar a mejor película casi dos décadas después de Casablanca, pero a Jack Warner empezaban a pesarle los años.
Sus grandes enemigos, sus propios hermanos y los grandes magnates de Hollywood, habían muerto o ya se habían retirado, y la única oposición que tenía eran mesas de consejos de administración sin ningún tipo de interés para él.
Escribió su autobiografía, se pegó contra sus inversores y terminó vendiendo sus acciones a Seven Arts Productions en 1966. Perdía la presidencia pero se quedaba con la parte divertida, hacer películas, y se volcó en, un musical llamado Camelot! que fracasaría estrepitósamente, haciendo que Warner se tambaleara y terminando con gran parte de la paciencia de los nuevos propietarios.
Curiosamente otra de sus producciones sobre «gangsters», Bonnie & Clyde, maquillando los números de la Warner, a pesar de que el propio Jack la rechazó en un primer momento porque «no veía bien eso de las chicas disparando».
Fuera como fuese, los dueños de la nueva sociedad no soportaban a Jack -nunca le gustó recibir órdenes, de ahí lo mal que se llevaba con Harry- ni acababan de entender que fuera normal el tener un negocio que caminaba sobre la cuerda floja, por lo que en 1968 decidieron vender Warner a un tal Steven J Ross, propietario de la Kinney National Company, un conglomerado especializado en aparcamientos y funerarias que a su vez acababa de comprar poco antes una pequeña editorial llamada National Periodical Publications, más conocida ya en aquellos tiempos como DC Comics.
La nueva Warner Bros. Inc no iba a contar en absoluto con Jack Warner, que tras un breve periodo como productor independiente se retiró en 1973 para acabar falleciendo en 1978. Hollywood ya era solo cosa de ejecutivos.

La Warner «de los ejecutivos» iba a batallar durante todos los 70 a golpe de estrellas, de los nombres de grandes actores y directores, pero la intención de Kinney iba más allá de las películas y por eso renombraron todo el grupo como Warner Communications, imitando el modelo de Disney con la adquisición de parques temáticos y abriendo el negocio a nuevos medios como los videojuegos con la compra de Atari en 1976 (que luego quebraran la compañía ocho años más tarde tanto da, no veas la de billetes que generó durante todos esos años).
En 1978 algo marcará la historia de la Warner Bros cinematográfica; y es que tras haberse pasado buena parte de la década ignorando a los personajes de DC y limitándose a explotarlos en series de televisión como Superfriends, los productores Alexander e Illya Salkind le ofrecen a Warner la posibilidad de llevar a cabo una película de una de las licencias más potentes de la editorial, Superman.
Ésta película no solo es importante, si no porque sale un año después de la Star Wars de George Lucas y su modelo de explotación es completamente deudor de ella: El cine ya es algo secundario, lo importante es la sinergia de marketing entre los cómics, los juguetes, los videojuegos de Atari, las futuras series de dibujos animados, camisetas, posters y todo lo que haga falta.
Es la primera película Warner de la era de los blockbusters, el negocio ya es transmedia, llega a todas partes y a donde sea.

En 1989 e hinchada en precio por la batmanía creada por el estreno del Batman de Tim Burton, Warner es vendida a Time Inc y de ahí se crea Time Warner (y con ello viene HBO), se fundan canales de televisión como The WB (la actual CW), la desastrosa compra de AOL…
Sí, poco tenía que ver ya esta Warner con la de los susodichos hermanos, porque se había convertido en otra corporación sin alma que tanto compraba como vendía empresas, destripándolas en el proceso a la espera de encontrar una que la hiciera más rica todavía.
A finales de la década de 1990, Warner obtuvo los derechos de las novelas de J.K.Rowling sobre Harry Potter, y en 2001 se estrenó la adaptación de la primera novela en 2001 (Harry Potter y la piedra filosofal), a la que siguió Harry Potter y la cámara secreta en 2002, Harry Potter y el prisionero de Azkaban en 2004, Harry Potter y el cáliz de fuego en 2005, Harry Potter y la Orden del Fénix en 2006, Harry Potter y el misterio del príncipe en 2009, y finalmente, la adaptación de la séptima novela, que se dividió en dos partes: Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: parte 1 (2010) y Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: parte 2 (2011).
La historia creativa de Warner ha estado marcada por intentar repetir aquellos años 70 en los que el pelotazo de Superman se complementaba con el cine de «estrellas» y grandes directores, a pesar de que ya no eran los tiempos en los que Jack Warner se creía que podía tener amarrada a Olivia DeHavilland a perpetuidad.
A lo largo de los años, la Warner Bros. ha tenido la cooperación (distribución y/o coproducción) de un número de pequeñas empresas. Estas alianzas incluyen a Amblin Entertainment, Morgan Creek Productions; Regency Enterprises; Village Roadshow Pictures; Legendary Pictures; Silver Pictures, la cual incluye a la productora Dark Castle Entertainment; The Ladd Company, The Geffen Film Company y Castle Rock Entertainment. En junio de 2018, la empresa matriz de Warner Bros. Time Warner fue adquirida por la compañía de telecomunicaciones de Estados Unidos AT&T, pasándose a llamar WarnerMedia.
Un final nada romántico para la empresa que fundaron los hermanos Warner, pero un final que Harry Warner se veía venir cuando firmaba la venta de sus acciones y decía aquello de que «nunca pensé que viviría para ver Warner en manos de una corporación».
El nombre de Warner va indisolublemente ligado a la historia del cine. En 2013 Warner Bros Pictures se convirtió, al rebasar la cifra de 5000 millones de dólares, en el estudio cinematográfico que más ha recaudado. Alguno de los mayores éxitos de taquilla del estudio han sido, además de la mencionada saga de Harry Potter, Batman, Superman, la serie de Arma Letal, la trilogía de Matrix, la trilogía del Hobbit, la trilogía del Caballero Oscuro o Joker.
nuestras charlas nocturnas.
Deja un comentario