Es importante, puesto que si las mujeres son tratadas como menos aptas en un aspecto (incluso en uno que implica horribles atrocidades) también puede extrapolarse a otros contextos.
Las criminales de guerra acaban libres
Los tribunales internacionales, los juicios militares y los sistemas nacionales de justicia penal suelen ignorar o restar importancia a los actos de violencia perpetrados por mujeres.
Por ejemplo, en los Juicios de Núremberg, el conjunto de procesos juridiscionales militares mediante los que se juzgaron los crímenes de guerra nazis, muchas nazis escaparon de los juicios y de los castigos por su colaboración en el Holocausto porque los fiscales se centraron en los líderes nazis de alto nivel, eximiendo a las personas que desempeñaron papeles comúnmente ejercidos por mujeres, como el de secretarias.
Décadas más tarde, los tribunales internacionales de las Naciones Unidas que investigaron las atrocidades cometidas en Ruanda y en Yugoslavia durante la década de los 90 solamente llevaron, en cada caso, a una sola mujer ante la justicia.
Los tribunales internacionales pasaban por alto las acciones de las mujeres a pesar de su colaboración en los actos violentos porque rara vez se encontraban en posiciones de mando. No obstante, las mujeres ruandesas participaron en el asesinato de adultos y niños, revelaron los escondites a los escuadrones de la muerte y se negaron a alimentar a los refugiados. Algunas de las miles de mujeres que sirvieron en unidades militares por toda Yugoslavia participaron en la limpieza étnica cometiendo asesinatos extrajudiciales y actos de tortura.
Ese mismo doble rasero sigue vigente en pleno siglo XXI. La única mujer que ha sido acusada en los 20 años de historia de la Corte Penal Internacional es Simone Gbagbo, la ex primera dama de Costa de Marfil.

Simone Gbagbo
Gbagdo fue acusada en 2012 de cuatro cargos por crímenes contra la humanidad, violencia sexual y persecución por su papel en los actos violentos cuando su marido perdió las elecciones de 2011. En 2015, fue declarada culpable de atentar contra la seguridad del estado y condenada a 20 años de prisión por un tribunal de Costa de Marfil. Posteriormente, fue absuelta de los crímenes contra la humanidad y en 2018 recibió un indulto presidencial. Finalmente, nunca fue llevada ante la Corte Penal Internacional.
Estrategias para eludir la culpabilidad
Cuando las mujeres son llevadas ante los tribunales, algunas utilizan su género a modo de estrategia para asegurarse recibir un tratamiento favorable.
Algunas, por ejemplo, defienden que los hombres las obligaron. A pesar de su rango político, Biljana Plavšić, antigua copresidenta de la República Srpska, defendió durante su juicio que fue manipulada por hombres en posiciones de liderazgo similares.
Mujeres menos conocidas han utilizado argumentos similares.
Samantha Elhassani, una estadounidense condenada a 6 años y medio de prisión por ser cómplice del Estado Islámico, vio su pena reducida al argumentar que su marido, quien había muerto luchando por el grupo, la había engañado y abusado de ella.
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