Giulia Tofana, la cosmetóloga del siglo XVII que ayudó a cientos de mujeres a librarse de sus abusivos esposos… «para siempre» …

El cuadro ‘The love potion’ (1903), de Evelyn Morgan, representa a una bruja con una de sus pociones.
BBC News/Mujeres a seguir(C.Navarro) — En 1791, Wolfang Amadeus Mozart yacía en su lecho de enfermo convencido de que lo habían envenenado y seguro de saber con qué sustancia.
«Alguien me dio acqua tofana y calculó el momento preciso de mi muerte«.
Acqua o Aqua Tofana era un veneno legendario e ideal para llevar a cabo crímenes perfectos.
Era insípido, inodoro y transparente, así que pasaba desapercibido. Su efecto podía ser regulado por quien lo administraba, permitiéndole calcular el momento de la muerte a una semana, un mes y hasta un año vista, y no dejaba trazos en el cuerpo de la víctima.
La historia del misterioso líquido que atemorizaba a Europa en la época del genial compositor se remontaba un siglo atrás, y contaba que más de 600 hombres habían muerto bajo sus efectos en manos de sus esposas antes de que el secreto fuera revelado.
Los detalles de lo que ocurrió, no obstante, son tan oscuros como los de las mejores leyendas.
G.T.
La versión más conocida asegura que Aqua Tofana era la creación de una noble italiana llamada Giulia Tofana que vivió durante la primera mitad del siglo XVII.
Se dedicaba a producir cosméticos hechos a mano, entre ellos ese producto para mujeres que tenían un problema más serio que imperfecciones en sus rostros.
Según sus contemporáneos, el Aqua Tofana se vendía disfrazada de «Maná de San Nicolás de Bari», un aceite curativo que supuestamente goteaba milagrosamente de los huesos del santo, y que no era raro encontrar en las casas de la época.

Poco después de que los restos del santo fueran enterrados en el siglo XI en Bari, botellas de maná viajaron por todo el mundo cristiano, y eran un artículo doméstico popular cuando surgió el escándalo de Aqua Tofana.
Como relató la revista «Chambers’s Journal» en 1890, unas pocas gotas bastaban para terminar con la vida del más fuerte de los hombres.
«Administrado en vino o té o algún otro líquido por el traidor halagador, [producía] un efecto apenas perceptible; el marido se ponía un poco de mal humor, se sentía débil y lánguido, tan poco indispuesto que apenas llamaría a un médico. Después de la segunda dosis de veneno, esta debilidad y languidez se hacían más pronunciadas.
«La hermosa Medea que expresaba tanta ansiedad por la indisposición de su marido, apenas sería objeto de sospecha, y tal vez prepararía la comida de su marido, según lo prescrito por el médico, con sus propias manos hermosas. De esta manera se administraría la tercera gota y postraría incluso al hombre más vigoroso.
«El médico se quedaría completamente perplejo al ver que la dolencia aparentemente simple no se rendía a sus medicinas, y mientras aún no sabía cuál era su naturaleza, se le daban otras dosis, hasta que finalmente la muerte reclamaba a la víctima«.
¿Por qué tantas?
Cuenta la historia que Giulia Tofana les suministró esa venenosa sustancia a cientos de mujeres italianas hasta que una de ellas se acobardó antes de darle un plato de sopa envenenada a su marido y terminó revelando todo lo que tantas habían callado.
Si te preguntas por qué había tantas mujeres dispuestas a cometer tal crimen en esa época, recuerda que aquello de casarse por amor es una costumbre nueva: los matrimonios, incluso de mujeres relativamente poderosas, eran arreglados sin tener en cuenta cómo sería el futuro de los involucrados.
Y dado que el orden social condenaba a las mujeres a estar siempre por debajo, no sorprende que muchas terminaran en callejones sin salida en los que -si se trataba de un marido agresivo- hasta sus propias vidas podían peligrar.
Aunque a veces las razones eran otras, como en un caso que encontró el historiador Mike Dash.
Por amor
A Maria Aldobrandini, miembro de uno de los clanes nobles más poderosos e influyentes de Roma, la habían casado, cuando tenía 13 años de edad con el duque Francesco Cesi, vástago de una familia muy distinguida (su padre había sido un científico destacado e íntimo de Galileo, y él mismo era sobrino del futuro Papa Inocencio XI), quien era al menos 30 años mayor que ella.

Unas pocas gotas bastaban.
El duque de Ceri murió repentinamente 9 años más tarde, en 1657, y se convirtió en el más rico y poderoso de los involucrados en el escándalo de envenenamiento con Aqua Tofana.
Según el relato de Alessandro Ademollo (1826-1891), quien publicó los resultados de sus investigaciones basadas en antiguos registros judiciales del Archivio di Stato di Roma, Giovanna de Grandis -quien trabajaba para Tofana- confesó que Aldobrandini se había enamorado perdidamente de otro conde, Francesco Maria Santinelli, y eso la impulsó a querer deshacerse de su marido, quien ya estaba enfermo.
Recurrió al sacerdote que era quien le suministraba arsénico a las mujeres del grupo de Tofana, el padre Girolamo de Sant’Agnese en Agone, una iglesia en el centro de Roma.
El sacerdote le consiguió Aqua Tofana y unos días más tarde, el conde de Cesi yacía en su ataúd.
La condesa, sin embargo, no logró lo que su corazón esperaba: su propia familia la encerró para evitar un segundo matrimonio escandaloso y desigual con su amante Santinelli.
Y unos años después, cuando se destapó la verdad sobre los envenenamientos, fue sospechosa de la muerte de su marido.
Pero para evitar el escándalo, nunca fue acusada.
Lo confuso
El problema con la historia son los detalles. Algunas versiones aseguran que Giulia Tofana operaba en Sicilia en la década de 1630; otras sitúan la historia mucho después o en otros lugares: en Palermo, Nápoles y Roma.
Giulia Tofana fue una de las asesinas más prolíficas de todos los tiempos. O más bien facilitadora de crímenes, porque realmente no era ella quien los ejecutaba. Tofana creó un veneno indetectable (compuesto básicamente por arsénico, plomo y belladona) llamado Aqua Tofana y se lo vendía a mujeres que querían deshacerse de sus maridos.
Tofana vivió en Palermo en un siglo, el XVII, en el que el divorcio era totalmente impensable. Cuando una mujer contraía matrimonio era para toda la vida. Muchas de esas uniones eran de conveniencia y era habitual que no resultaran matrimonios precisamente felices. En la mayoría de los casos, la única solución para quedar libres del yugo marital era enviudar. Y ahí es donde entraba Giulia Tofana. Las mujeres solo tenían que añadir unas gotas de su veneno en la comida o bebida de los maridos para que estos enfermaran y finalmente murieran.

‘The Last Hours of Mozart’, by Henry Nelson O’Neil
Según algunas versiones, es posible que la receta de Aqua Tofana fuese realmente de su madre, Thofania d’Adamo, que murió ejecutada acusada de haber asesinado a su esposo precisamente envenenándolo. Giulia también instruyó a su hija para que la ayudase con el negocio familiar. Juntas se mudaron a Roma, donde reclutaron a más mujeres para fabricar y comercializar el veneno. Para no levantar sospechas, lo distribuían en recipientes de maquillaje o frascos para almacenar agua bendita, que además decoraban con la imagen de algún santo, generalmente San Nicolás.
La noticia del remedio para acabar con maridos indeseables corrió como la pólvora y eran bastantes las mujeres que recomendaron el Aqua Tofana a sus amigas. El negocio fue todo un éxito durante cerca de veinte años. Hasta que fue descubierta. Se dice que la descubrió una de sus clientas, que cuando estaba a punto de servirle un plato de sopa envenenada a su marido se arrepintió y lo confesó todo. Incluida la identidad de Tofana.
Descubiertas y perseguidas por las autoridades, Tofana y su hija intentaron refugiarse en una iglesia. Pero, ante el revuelo generado, pronto fueron entregadas a las autoridades papales, que las torturaron hasta obtener una confesión. Giulia Tofana reconoció haber provocado la muerte de unos 600 hombres solo en Roma entre 1633 y 1651, aunque es posible que el número fuera mayor. Ella fue acusada de brujería y envenenamiento, y ejecutada en julio de 1659 en el Campo de Fiori de Roma junto a su hija y tres de sus trabajadoras. Tras su muerte, el cuerpo fue arrojado sobre el muro de la iglesia que la había acogido. Algunas de sus clientas corrieron su misma suerte y fueron ejecutadas, otras fueron encarceladas. La cifra concreta de maridos con los que acabó el veneno será para siempre un misterio.
«Otra fuente dice que murió de causas naturales en 1651, otra que encontró refugio en un convento y vivió allí durante muchos años, sin dejar de hacer su veneno y dispensarlo a través de una red de monjas y clérigos.
«En un relato especialmente detallado, Tofana fue sacada de su santuario y estrangulada, tras lo cual ‘su cuerpo fue arrojado por la noche a la zona del convento de donde la habían sacado‘».

Campo di Fori, lugar de la ejecución de Giulia Tofana, como se veia en 1740.
¿Y Mozart?
Mozart efectivamente nunca se levantó de su lecho de muerte.
Murió el 5 de diciembre de 1791 a los 35 años de edad.
Casi 230 años y decenas de estudios después no sabemos cuál fue la causa.
Pero aunque pudo haber sido veneno, ya nadie menciona la Aqua Tofana.
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