Infobae(F.M.Marquis) — El cofundador de Microsoft, Bill Gates, expresó en una serie de entrevistas recientes, su preocupación por los riesgos que enfrenta la humanidad en las próximas décadas.
En diálogo con Patrick Collison, del Museo de Historia de la Computación, y en declaraciones a PBS, Gates señaló que, mientras en su juventud su mayor temor era la guerra nuclear, actualmente existen cuatro amenazas principales: cambio climático, bioterrorismo/pandemias, inteligencia artificial descontrolada y polarización social.
– Las preocupaciones de Gates a lo largo del tiempo
Gates recordó que creció en la década de 1950, en plena Guerra Fría, cuando el mayor miedo global era la posibilidad de un conflicto nuclear.
“La única que realmente entendí y me preocupó mucho cuando era joven fue la guerra nuclear”, explicó en su conversación con Collison, de acuerdo con Business Insider.
Sin embargo, en la actualidad, el panorama cambió. Gates sostuvo que los riesgos para la humanidad se diversificaron y que la generación más joven enfrenta desafíos que van más allá de los conflictos bélicos tradicionales.
– Las cuatro grandes amenazas
El magnate estadounidense identificó cuatro problemas que considera críticos para el futuro de la humanidad. “La generación más joven debe tener mucho miedo de esas cosas”, afirmó. Estas son:
1- Cambio climático
El calentamiento global y sus consecuencias, como el aumento del nivel del mar, fenómenos meteorológicos extremos y crisis alimentarias, son una de las principales amenazas para el planeta. Gates insistió en que se requieren acciones urgentes para frenar el impacto ambiental.
2- Bioterrorismo y pandemias
Gates advirtió durante años sobre la posibilidad de que un virus altamente contagioso cause una pandemia devastadora.
En su entrevista, reiteró que la sociedad aún no está lo suficientemente preparada para responder a este tipo de crisis y que la amenaza del bioterrorismo es un riesgo real.
3- Inteligencia artificial
Aunque algunos ven la IA como una herramienta con potencial catastrófico, Gates sostuvo que, bien utilizada, podría resolver la escasez de expertos en sectores clave como la medicina y la educación.
“Tenemos escasez de inteligencia… la IA con el tiempo (y la gente puede discutir sobre los plazos) hará que la inteligencia sea esencialmente gratuita”, afirmó de acuerdo con Business Insider. Sin embargo, advirtió sobre los riesgos si la tecnología no se desarrolla con regulaciones adecuadas.
4- Polarización social
Gates señaló que la creciente división política y social está afectando la capacidad de los gobiernos para tomar decisiones efectivas. La desinformación, las tensiones ideológicas y la falta de consenso pueden dificultar la solución de problemas globales.
Gates, también cofundador de la actual Fundación Gates, señaló que, a medida que estos problemas adquieren mayor relevancia en la agenda pública, existe el riesgo de que se exagere su impacto para impulsar medidas concretas.
“En realidad, hasta cierto punto, exagerarán la probabilidad y el impacto de algunas de esas cosas para activar a la gente y asegurarse de que nos mantengamos alejados de ellas”, aseveró según Fortune.
– El papel de la inteligencia artificial en el futuro
A pesar de sus advertencias, Gates ve la inteligencia artificial como una herramienta poderosa para mejorar la vida de las personas. Incluso, podría ayudar a resolver alguna de las cuatro amenazas que reconoció.
Explicó que la IA podría hacer accesible el conocimiento en áreas donde actualmente hay escasez de especialistas. “No tenemos suficientes médicos, profesores o expertos, y usamos el mercado para asignar la inteligencia. La IA puede cambiar esto”, argumentó.
– Crítica a la suspensión de la ayuda de USAID
Gates también se refirió a una crisis más inmediata: la congelación de fondos de USAID, la agencia estadounidense de cooperación internacional. En una entrevista con PBS, advirtió que esta medida podría provocar millones de muertes en países en desarrollo.
“Definitivamente se trata de millones de vidas en riesgo”, afirmó según Fortune. Destacó el caso del programa PEPFAR, que financió con más de 110 mil millones de dólares la lucha contra el VIH/SIDA en los últimos 20 años.
Según Gates, este programa: “Mantuvo con vida a más de 20 millones de personas con medicamentos contra el VIH, iniciado por el presidente Bush y continuado de manera bipartidista literalmente hasta el día en que Elon decidió que no era una buena organización”.
“Conozco a muchos de esos trabajadores, conozco ese trabajo. Un porcentaje muy, muy alto de ese esfuerzo es algo de lo que cualquier contribuyente estaría orgulloso”, cerró.
La Mente es maravillosa(V.Sabater) — La culpa es una emoción que te impulsa a actuar y a resolver algo. Si bien existen diferentes clases, la más dolorosa es la que otros proyectan en ti, a través de falsas narrativas, para hacerte daño o dominarte.
La culpabilidad es esa emoción que evolucionó en el ser humano junto a la autoconciencia social. Es el pinchazo interno que te alerta cuando no actúas según tus valores. Es también ese resorte que te permite analizar tu conducta para saber cómo afectan tus actos a los demás. Y es interesante saber que existen diferentes tipos de culpa identificados por la psicología y que algunos de estos actúan de manera disfuncional.
Esto lo vemos con frecuencia entre quienes han sufrido algún trauma y cargan sobre sí responsabilidades que no les pertenecen. Profundicemos un poco más en las clases de culpabilidad.
1. Culpa funcional
La culpa a veces actúa como un indefinible peso en el estómago. Es más, como bien señalan en Cognitive, Affective & Behavioral Neuroscience, se trata de una experiencia muy física y visceral. Y que sea así, no es casualidad, porque esta emoción lo que quiere de ti es que actúes, que emitas alguna conducta de reparación.
De hecho, la culpabilidad cumple con un papel funcional y adaptativo trascendente, pues el cerebro busca que cuides de la convivencia social. Por ello, cuando se vive de manera equilibrada, la culpanos permite aprender de nuestros errores para facilitar cambios que promuevan la cohesión social a través de la empatía.
Ejemplo: Emilio ha olvidado entregar un informe importante y su equipo sufre las consecuencias. Al darse cuenta, siente culpa, se disculpa con sus compañeros y busca soluciones para evitar que algo así vuelva a ocurrir. En este caso, la culpa cumple su función correctiva y fomenta la responsabilidad.
2. Culpa neurótica o desadaptativa
¿Alguna vez has sentido tanta culpa por algo que has derivado en un estado paralizante? En ocasiones, esta emoción puede estar reforzada por un neuroticismo tan extremo que nos sentimos responsables de situaciones que, en realidad, no nos competen. Son realidades vinculadas a la baja autoestima, el perfeccionismo extremo, la ansiedad, etc.
Ten en cuenta que la culpabilidad puede arrastrarnos por terrenos depresivos y persecutorios, debido a creencias irracionales. En estos casos, antes de empezar a acusarnos de cometer hechos de lo más sancionables, es bueno someter nuestras ideas a la «prueba de la realidad». Puede ayudar preguntarte algo como: «Esto que pienso… ¿Es verdad? ¿Es útil?».
Ejemplo:Andrea se siente culpable por no cumplir con los estudios y profesión que sus padres querían para ella. Aunque sabe que su decisión fue la correcta, no hay día que no sienta remordimientos por no seguir ese mandato familiar.
3. Culpa del superviviente
La culpa del superviviente surge cuando una persona supera una situación adversa mientras otros no lo hacen. La sensación de injusticia y autorreproche es muy devastadora. Sentirse culpable despierta el impulso de emitir conductas de compensación y reparación, pero cuando esto no puede hacerse, el dolor es más intenso.
Esta experiencia es común en quienes pasaron por accidentes, desastres naturales, guerras o enfermedades graves. La persona puede sentir que no merece seguir viviendo, hasta el punto de bordear el abismo de la depresión y caer en conductas autodestructivas. Es algo peligroso en caso de no regularse.
Ejemplo:Marcos perdió hace un año a su pareja en el descarrilamiento de un tren. Siente una intensa culpa y no hay día que no se pregunte por qué él sobrevivió y ella no. A pesar de no haber tenido control sobre lo sucedido, su mente lo atormenta con pensamientos como «no hice nada para salvarla» o «no merezco estar vivo».
4. Culpa anticipatoria
Entre los tipos de culpa que identifica la psicología, este se da cuando una persona se siente mal ante la posibilidad de tomar una decisión que podría afectar a otros. Aunque parezca algo enrevesado, se trata de una vivencia frecuente. Siempre hay actos que debemos llevar a cabo que, de un modo u otro, pueden hacer daño a terceras figuras. Y esto, sin duda, nos angustia.
El cerebro siempre imagina qué efectos y consecuencias tendrán nuestras acciones. No es raro, por tanto, que derive en procesos de culpa, malestar y tristeza, cuando ciertas resoluciones pueden tener un efecto negativo en nuestro entorno. La culpa casi siempre estará presente en muchas de nuestras ecuaciones vitales.
Ejemplo:Rebecca recibe una propuesta laboral muy interesante en Londres. Esto significaría mudarse lejos de su familia. Antes siquiera de aceptar, comienza a sentirse culpable por dejar a sus padres solos, imaginando que su ausencia les causará tristeza. Este sentimiento hace que dude o incluso rechace la oportunidad, aunque sea algo que desea.
5. Culpa existencial
Es muy posible que, entre las distintas clases de culpabilidad, esta sea la más llamativa. La culpa existencial nace de la conciencia de nuestras elecciones, la finitud de la vida y la responsabilidad sobre nuestro propio destino. Para entenderlo mejor, piensa que el ser humano experimenta esta emoción no solo por acciones concretas, sino también por cuestiones más abstractas.
Hechos como no haber aprovechado la vida como deberíamos o tomar decisiones erróneas, ocasionan siempre un notable malestar. También es común sentir culpa cuando no actuamos ante una injusticia o no respondimos en algún momento según nuestros valores e ideales.
Ejemplo:Manuel acaba de jubilarse. Ahora, echa su mirada atrás y se siente culpable por malgastar sus años en un trabajo insatisfactorio que no le hizo feliz y que, además, no sirvió para ayudar a los demás o dejar un impacto positivo en el mundo.
6. Culpa inducida o manipulada
Como describen en European Journal of Psychotraumatology, la culpa y la vergüenza son dos emociones que suelen aparecer después de un trauma. Esto es algo recurrente que se aprecia cuando estas personas van a terapia. Lo que vemos es que se trata de un tipo de culpabilidad inducida por familiares o parejas tóxicas.
Lo que hacen estas figuras es manipular a sus víctimas haciéndoles sentir esta emoción para tener control sobre ellas. Ese malestar psicológico destruye la autoestima, debilita la identidad y limita la propia capacidad de decisión.
Ejemplo:Una madre le dice a su hijo adulto: «Si te vas a vivir solo, me dejarás abandonada y me moriré de pena». Aunque el deseo de independencia del hijo es legítimo, el mensaje de su madre lo hace sentirse egoísta y culpable, llevándolo a postergar su autonomía por miedo a que esa figura materna sufra.
– La culpa, una emoción persistente
Después de analizar los diferentes tipos de culpa que identifica la psicología, hay una realidad latente que vale la pena destacar. La culpabilidad es una emoción que tiende a cronificarse en nuestro universo interno. Las personas solemos pensar mucho en lo que debimos hacer y no hicimos, en las oportunidades perdidas y errores cometidos.
Si es tu caso, si lidias ahora mismo con esta experiencia, ten en cuenta un detalle. Podremos desinfectar y afrontar este sentimiento actuando, explorando mecanismos de reparación y sanando heridas, tanto ajenas como propias. Siempre que nos desenvolvamos en sintonía con los estándares y valores de la sociedad, restaremos espacios a esta realidad interna que, con frecuencia, nos instala en el territorio del malestar.
BBC News Mundo(J.F.Skelly — Una de las indiscutibles realidades de la vida es que es particularmente difícil cocinar el huevo hervido perfecto.
Frecuentemente, los desayunos suelen ser una decepción cuando, luego de romper el cascarón y sumir tu tostada en lo que esperas que sea una delicia culinaria, encuentras a cambio que la yema está seca y grumosa o, lo que es peor, una clara babosa y desastrosamente aguada.
El problema es que la yema y la clara (la parte albuminosa del huevo) se cuecen a dos temperaturas diferentes. La yema requiere una temperatura de sólo 65 °C para su cocción, mientras que la clara necesita un poco más de calor, 85 °C.
Así que los métodos convencionales para cocinar huevos representan hacer una concesión entre dos verdades aparentemente incompatibles.
Al hervir un huevo duro a 100 °C, la clara quedará rápidamente tierna y perfecta. La yema, sin embargo, quedará completamente firme, que está bien si es así como te gusta, pero no es satisfactorio si lo que buscas es una yema suave y cremosa.
Otro método de cocinar un huevo, conocida como sous vide, implica colocar el huevo en un baño de agua a temperaturas entre 60 y 70 °C durante una hora. Eso resulta en una yema deliciosamente líquida, pero la clara puede quedar viscosa y aguada.
Pero, no hay por qué preocuparse, pues los investigadores han descubierto el método perfecto para hervir un huevo. Es más, no sólo han demostrado que el resultado sabe mejor, sino que es mejor para ti.
La clara y la yema logran su consistencia ideal a diferentes temperaturas.
En un nuevo artículo especializado, investigadores liderados por Pellegrino Musto, un científico del Consejo Nacional de Investigación en Pozzuoli, Italia, primero hicieron un simulacro del proceso de cocción de un huevo usando la fluidodinámica computacional (CDF, por sus siglas en inglés).
CDF es la ciencia que usa computadoras para predecir cómo líquidos y gases fluyen según las leyes físicas que los gobiernan, como la conservación de la masa, el momento y la energía.
Los simulacros sugirieron un nuevo método -uno que probablemente es completamente desconocido para la mayoría de los chefs y aficionados a la gastronomía- que podría tener mejores resultados.
– Cocción periódica y perfecta
La estrategia, que los autores llaman cocción periódica, implica alternar entre cocinar el huevo en una olla de agua hirviendo a 100 °C y luego pasarlo a un tazón de agua tibia a 30 °C.
Para obtener los mejores resultados, el huevo debe ser transferido entre ambas temperaturas cada dos minutos durante un período total de 32 minutos. Esta podría no ser la mejor manera para los cocineros caseros que prefieren entrar y salir de la cocina sin supervisar sus huevos.
No obstante, si te apetece hacer el esfuerzo, la recompensa será grande. Cuando los científicos ensayaron el nuevo método en condiciones reales, el huevo cocido que obtuvieron fue excepcional.
Los investigadores confirmaron su superioridad analizando la textura, cualidades sensoriales y estructura química de su huevo perfectamente cocido usando Resonancia Magnética Nuclear y Espectrometría de Masas en Alta Resolución.
El desayuno exquisito: un huevo con la yema cremosa y la clara firme.
Lograron demostrar que los huevos cocidos con este sistema de periodicidad tenían una yema suave similar a la de un huevo cocido a la sous vide.
Hasta ahí, todo bien.
Pero, al contrario que los huevos sous vide, la albuminosa clara no estaba viscosa ni cruda, sino que tenía la consistencia de un huevo hervido tradicionalmente.
Según los autores de artículo científico, probablemente se debe a que, mientras las temperaturas de un huevo periódicamente hervido fluctuaban entre 35 °C y 100 °C durante la cocción, la yema mantenía una temperatura consistente de 67 °C todo el tiempo.
– Efectos saludables
Tal vez lo más interesante sea que el análisis químico reveló que la yema de los huevos cocidos periódicamente contenían más polifenoles -un grupo de micronutrientes encontrados en las plantas y promocionados por sus beneficios a la salud- que los huevos cocidos con otros métodos.
Esta clase de compuestos es conocida por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
Las plantas los producen como una defensa contra las condiciones ambientales estresantes como la radiación UV, la sequía o depredación de insectos. Pero los estudios están demostrando que también pueden beneficiar a los humanos.
Por ejemplo, los estudios epidemiológicos señalan que una alta ingestión de polifenoles está asociada con la reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular, de tipos específicos de cáncer y de enfermedades neurodegenerativas.
Esas son más razones para ensayar hervir los huevos con el método de cocción periódica la próxima vez que quieras deleitarte hundiendo tus tostadas en una yema cremosa en el desayuno.
The Objective(B.Alonso) — Cada pontífice ha desempeñado un papel clave en la evolución de la Iglesia como la convocatoria de concilios
Alo largo de los siglos XX y XXI, la Iglesia Católica ha sido guiada por una serie de Papas cuyas decisiones han afianzado y expandido la fe católica en el mundo. Estos Papas han guiado a la Iglesia Católica a través de tiempos de cambio. Puesto que, a lo largo de la historia, la Iglesia Católica ha estado bajo la guía de Papas cuyas decisiones han influido profundamente en la vida de millones de fieles.
Desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, los pontífices han enfrentado desafíos como guerras mundiales, cambios sociales, avances tecnológicos y crisis de fe. Cada uno ha dejado un legado gracias a la promulgación de encíclicas fundamentales, la convocatoria de concilios y la promoción del diálogo entre las diferentes religiones.
– Últimos Papas del siglo XX y XXI
1. León XIII (1878-1903)
El Papa León XIII
Su nombre original era Vincenzo Gioacchino Pecci, aunque adoptó el de León XIII cuando fue elegido Papa. Este Papa era italiano, puesto que nace el dos de marzo de 1810 en Carpineto, Italia. Su papado dio comienzo el 20 de febrero de 1878. Y se prolongó hasta su muerte a los 93 años, el 20 de julio de 1903.
Su pontificado se destacó por la encíclica Rerum Novarum, en 1891, que abordó la cuestión social y los derechos de los trabajadores, sentando las bases de la Doctrina Social de la Iglesia. Este Papa también fomentó el estudio de Santo Tomás de Aquino y promovió el diálogo en la ciencia y la religión.
2. San Pío X (1903-1914)
Giuseppe Melchiorre Sarto nació el 2 de junio de 1835 en Riese, Italia. Fue elegido Papa el cuatro de agosto de 1903, hasta su muerte el 20 de agosto de 1914. Adoptó el nombre de San Pío X durante su papado.
Es recordado por sus reformas litúrgicas y por promover la comunión frecuente entre los fieles. San Pío X también combatió el modernismo, considerado una síntesis de todas las herejías, y alentó la codificación del Derecho Canónico.
3. Benedicto XV (1914-1922)
En 2 de febrero de 1916, el pontífice Benedicto XV, mediante la Bula “Quae Rei Sacre” funda la Arquidiócesis de Tegucigalpa con jurisdicción sobre las nuevas diócesis creadas para ello, como la de San Pedro Sula, como Vicariato apostólico.
Quedando el anterior templo pequeño, acto que dio paso, a que la gente solicitara una catedral más amplia, para ello y siendo párroco el cura Rafael Oseguera, se fundó en 1936 una Organización pro iglesia catedral de San Pedro.
Giacomo della Chiesa nació el 21 de noviembre de 1854 en Génova, Italia. Su pontificado coincidió con la Primera Guerra Mundial, durante la cual abogó por la paz y ofreció mediación entre las naciones en conflicto. En 1917, promulgó el nuevo Código de Derecho Canónico y trabajó para aliviar el sufrimiento causado por la guerra.
4. Pío XI (1922-1939)
El Papa Pío XI
Nacido como Achille Ratti el 31 de mayo de 1857 en Desio, Italia, Pío XI fue elegido Papa en 1922. Firmó los Pactos de Letrán en 1929, estableciendo la Ciudad del Vaticano como un estado soberano. Pío XI condenó el fascismo, el nazismo y el comunismo en diversas encíclicas y promovió las misiones católicas en todo el mundo.
5. Pío XII (1939-1958)
El Papa Pío XII
Eugenio Pacelli nació el 2 de marzo de 1876 en Roma, Italia. Durante la Segunda Guerra Mundial, Pío XII mantuvo una postura de neutralidad, aunque trabajó discretamente para ayudar a las víctimas del conflicto. Después de la guerra, se opuso firmemente al comunismo y proclamó el dogma de la Asunción de María en 1950.
6. Juan XXIII (1958-1963)
Angelo Giuseppe Roncalli nació el 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte, Italia. Conocido como el Papa Bueno, Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II en 1962, buscando renovar la Iglesia y promover el ecumenismo. Su encíclica Pacem in Terris (1963), abogó por la paz mundial y los derechos humanos.
7. Pablo VI (1963-1978)
San Pablo VI
Giovanni Battista Montini nació el 26 de septiembre de 1897 en Concesio, Italia. Continuó y concluyó el Concilio Vaticano II, implementando sus reformas. En su encíclica Humanae Vitae (1968), reafirmó la posición de la Iglesia sobre la regulación de la natalidad. Pablo VI también fomentó el diálogo interreligioso y viajó extensamente, siendo el primer Papa en visitar los cinco continentes.
8. Juan Pablo I (1978)
El Papa Juan Pablo I
Albino Luciani nació el 17 de octubre de 1912 en Forno di Canale, Italia. Su pontificado fue uno de los más breves, durando solo 33 días. A pesar de su corta duración, Juan Pablo I dejó huella en la comunidad católica por su humildad y calidez, ganándose el apodo de el Papa de la sonrisa.
9. San Juan Pablo II (1978-2005)
Karol Józef Wojtyła nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, Polonia. Fue el primer Papa no italiano en más de cuatro siglos. Durante su largo pontificado, jugó un papel crucial en la caída del comunismo en Europa del Este, promovió la Teología del Cuerpo y fue un defensor incansable de la dignidad humana y los derechos de la familia. Canonizó a numerosos santos y estableció la Jornada Mundial de la Juventud.
10. Benedicto XVI (2005-2013)
Joseph Ratzinger nació el 16 de abril de 1927 en Marktl, Alemania. Antes de su elección, fue un destacado teólogo y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Su pontificado, bajo el nombre de Benedicto XVI se centró en revitalizar la fe en una Europa secularizada y abordar los desafíos contemporáneos de la Iglesia. En 2013, renunció al papado, siendo el primer Papa en hacerlo en casi seis siglos.
11. Francisco (2013-presente)
El Papa Francisco
Jorge Mario Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires, Argentina. Es el primer Papa latinoamericano y jesuita. El El Papa Francisco ha enfatizado la misericordia, la justicia social y el cuidado del medio ambiente, como se refleja en su encíclica Laudato si (2015). También ha trabajado por una Iglesia más inclusiva y ha abordado reformas en la Curia romana.
La Mente es maravillosa(V.Sabater) — Imagina que alguien te acaricia y sientes una incómoda rozadura en esa área de tu piel. Lejos de procesar este gesto afectivo como agradable, tu cerebro te hace reaccionar de forma sobredimensionada, transformando algo emocional y cotidiano en dolor. Si esta experiencia desconcertante resuena en ti, es posible que sufras hiperestesia.
Tal distorsión perceptiva dificulta la calidad de vida y, por lo general, siempre hay alguna causa médica subyacente, como por ejemplo neuropatías periféricas, fibromialgia, trastornos de ansiedad, etc.
– En qué consiste y cuáles son los tipos de hiperestesia
Tu sistema nervioso pasa gran parte de su tiempo procesando luces, sonidos, olores… Ahora bien, hay quienes viven con sufrimiento dichas interacciones. Esto es la hiperestesia, el síntoma de un trastorno neurológico caracterizado por la sensibilidad anormal a estímulos sensoriales inocuos.
Quienes la experimentan tienen problemas para desempeñar su trabajo o una vida socioafectiva normal. A ello se le añade otro factor y es el de la incomprensión. Al ser bastante desconocida, por lo general, es común que quien la padece sienta una gran soledad. Veamos su tipología y cómo suele manifestarse.
. Hiperestesia táctil: cuando la piel duele
Pocas experiencias resultan tan desgastantes como sentir dolor o molestia con el contacto físico. El roce de la ropa, la brisa en el rostro, el agua en la ducha, los abrazos, las caricias… La distorsión táctil cursa con una sensibilidad extrema de la piel y tiende a presentarse con ardor, hormigueo, sensación de pinchazos, etc.
Cabe señalar que esta característica es muy frecuente en personas con fibromialgia o con neuropatía periférica. De hecho, un trabajo divulgado en Perception describe tal fenómeno y cómo estos pacientes sufren esa sensación corporal dolorosa. Es más, se dispone de una herramienta para evaluar este tipo de sensibilidad extrema: el cuestionario sensorial de Glasgow.
. Hiperacusia: el dolor del sonido
Hay quien se ve en la necesidad de utilizar auriculares de cancelación del ruido en su día a día, porque los sonidos resultan insoportables. El zumbido de un refrigerador, la llamada de un móvil, el tráfico en la calle, la gente en el metro o una conversación en voz alta, causan un elevado estrés y malestar físico.
Un ejemplo de hiperacusia es el de alguien que, tras padecer un traumatismo craneoencefálico por un accidente de coche, ya no puede tolerar el sonido de la música en un volumen que antes le resultaba agradable. Otro caso es el de una persona con migrañas crónicas o los niños con TEA (trastorno de espectro autista).
. Hiperestesia visual: la luz que hace sufrir
Es evidente que la mayoría podemos sentir cierta molestia al exponernos a la luz intensa del sol o al pasar un tiempo excesivo ante una pantalla de móvil u ordenador. Los pacientes con hipersensibilidad visual experimentan dolor o fatiga ocular al exponerse a entornos iluminados.
Algo así es muy frecuente en quien padece migraña y se ve obligado a utilizar gafas de sol hasta en interiores. ¿La razón? La luz artificial intensifica aún más el dolor de cabeza. Un ejemplo es el de alguien que, tras una lesión cerebral traumática, sufre molestias severas al estar en un ambiente con luces fluorescentes.
. Hiperestesia olfativa: todo huele demasiado
Esta es una sensibilidad desmesurada a los olores, haciendo que aromas sutiles o agradables, se perciban como desagradables y muy intensos. Cabe señalar que este aumento exagerado de la sensibilidad podría vincularse, a veces, a la ansiedad, logrando que el olor a productos de limpieza, por ejemplo, provoque náuseas.
. Hiperestesia térmica: cuando la temperatura duele
Sufrir lo indecible al entrar en contacto con el agua fría. Lo mismo sucede al estar cerca de una fuente de calor: es como si esto abrasara a la persona.
Alguien con neuropatía diabética puede sentir un ardor insoportable en los pies al caminar descalzo sobre un suelo que, para otros, está tibio. Asimismo, los pacientes con esclerosis múltiple suelen padecer un aumento de los síntomas neurológicos con el calor, viéndose obligados a evitar ambientes cálidos para no empeorar su estado.
– Qué origina la hiperestesia
El aumento en la intensidad de las sensaciones no es una condición médica por sí misma: es el síntoma de una enfermedad subyacente. Inclusive, puede ser el efecto secundario de la quimioterapia o radioterapia. Y desde una perspectiva neuropsicológica, resulta de una alteración en el procesamiento sensorial del cerebro, como ahora pasamos a explicar.
. Disfunciones neurológicas y lesiones cerebrales
El tálamo, la corteza somatosensorial o el sistema límbico regulan la percepción de los estímulos y su intensidad, por lo que una disfunción en estas áreas haría que señales normales se interpreten como excesivas o dolorosas.
Por ejemplo, en personas que sufrieron un traumatismo craneoencefálico, el daño en estas regiones podría derivar en hipersensibilidad al tacto o a la luz.
Sucede lo mismo en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson. En tal sentido, la revista Parkinsonism & Related Disorders, describe esta mayor sensibilidad al dolor, debido a la disfunción en la dopamina y en la integración sensorial.
. Alteraciones en el sistema nervioso periférico
Este sistema es responsable de transmitir información sensorial desde la piel y otros órganos hacia el cerebro. Retomemos el caso de alguien con neuropatía diabética. Aquí, los nervios periféricos suelen estar dañados, hasta el punto de enviar señales erróneas y hacer que el simple contacto con una sábana se perciba como un dolor intenso.
Otro ejemplo destacable son las enfermedades autoinmunes como el síndrome de Guillain-Barré o incluso la neuralgia del trigémino. También en estas condiciones médicas se producen alteraciones en los nervios periféricos ya citados, logrando que buena parte de los estímulos se procesen de manera sobredimensionada.
. Trastornos psicológicos y sensibilidad sensorial
La ansiedad, los traumas y el estrés postraumático (TEPT) se traducen siempre en un sistema nervioso simpático hiperactivado. Un cerebro en estado de hipervigilancia procesa de manera disfuncional la información sensorial: la magnifica.
Partiendo de ello, una investigación realizada en la Universidad Texas describe cómo personas que vivieron experiencias de abuso, por ejemplo, presentan siempre una mayor sensibilidad al dolor.
Este trastorno también puede cursar con la depresión. Algunos pacientes experimentan una mayor sensibilidad a la luz, los ruidos o el tacto, debido a alteraciones en los neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, que regulan tanto el estado de ánimo como la percepción sensorial.
– ¿Cuál es el tratamiento?
Lo más importante es disponer de un buen diagnóstico clínico. Después, corresponde aplicar un abordaje multidisciplinario con neurólogos, psicólogos y terapeutas ocupacionales. En este sentido, las técnicas de respiración, el mindfulness y la terapia de integración sensorial, ayudan al paciente a gestionar mejor su respuesta ante los estímulos abrumadores.
Asimismo, y desde un enfoque más funcional, es útil modificar el entorno para reducir la sobrecarga sensorial: usar auriculares con cancelación de ruido, luces regulables o ropa con texturas cómodas. También es importante educar al paciente y su entorno sobre el tema, ya que entender y validar la experiencia siempre favorece.
– La sensibilidad sensorial extrema es controlable
A veces, el mundo duele. El roce de la lluvia al caer, el olor de la comida en un restaurante, la luz de una película en el cine… Hay quien sufre ante cada estímulo sensorial con el que se encuentra y puede pasarse meses o años buscando una explicación. De hecho, es frecuente pasar todo un periplo médico hasta dar con un diagnóstico adecuado.
Más tarde, llega el siguiente desafío: lograr un tratamiento que permita tener una buena calidad de vida. El proceso hasta conseguirlo puede ser largo, pero es posible alcanzar el bienestar y un mayor control de esta realidad. La hiperestesia es silenciosa en nuestra sociedad que, sin duda, merece mayor comprensión y visibilidad.
JotDown(F.C.Flores) — Babel no solo quiere decir «confusión», sino, más exactamente, el nombre de Dios como nombre del Padre. YHWH desciende para diseminar: este es el gesto de la desconstrucción, en el desplazamiento del Génesis bíblico a la escritura dif(i)erente derridiana, el acontecimiento del desmontaje. Dios rompe el linaje cuando, como leemos en el texto sagrado, «era la tierra toda de una sola lengua y de unas mismas palabras».
Tras la dispersión de los constructores de la torre que desafiaba al poder celeste, la traducción se convierte entonces en algo necesario e imposible como resultado de una lucha por la apropiación del nombre: necesidad y prohibición, como apunta Derrida en su fulgurante ensayo «Torres de Babel», en el intervalo entre dos nombres absolutamente propios. Babel destina a la traducción generando una ley paradójica: transparencia prohibida.
La traducción se convierte en ley, deber y deuda, pero esta deuda es insaldable. Derrida reconoce su incapacidad para dar una imagen del laberinto. El espacio atópico de la modernidad se sedimenta en la figura del laberinto, que no es tanto una solidez arquitectónica cuanto un proyecto mental, como en el caso (arquetípico) del creado por Dédalo: un dibujo para ser recorrido por una danza ritual.
El laberinto es una de las imágenes favoritas de Borges: sus ensayos generan el lujo de la desorientación, sus narraciones abren trayectos imprevistos, pero nunca azarosos, gobernados por una lógica implacable. La duplicidad borgiana, esa comprensión del libro y del mundo como reflejos infinitos, subraya que el espacio no es finito, es decir, cerrado, sino que su estructura es infinita, siendo por ello una prisión sin salida.
Esto supone que la pugna con los límites del lenguaje no arroja un sentido en el que edificar seguridad alguna. George Steiner se ha referido, en el monumental Después de Babel, a esa constelación de escritores modernos que se sitúan en el laberinto de la lengua contemporánea como cabalistas modernos: Benjamin, Kafka y Borges.
En la tarea del traductor benjaminiano se escucha la expansión del idioma nativo, la tensión hacia un lugar místico, «hacia el absoluto secreto de la significación».
La obra de Borges es una travesía de las lenguas, una incursión transversal en la historia de la literatura; explorando el tema del hombre perdido en un laberinto de un tiempo hecho de cambios que son repeticiones, circunvala la Torre de Babel para transformarla en una aventura de la inteligencia en vez de una tragedia existencial colectiva.
No hay una teoría que domine la performance babélica. Tal vez sea posible buscar refugio (precario) en la traducción del mencionado texto de «La tarea del traductor», de Benjamin, su extraño prólogo a la traducción de los «Tableaux parisiens», de Baudelaire.
El traductor está situado en un intercambio que establece una relación de don y deuda: una deuda en una escena genealógica. Derrida ha propuesto una noción de don que va más allá de las reglas del intercambio o la teoría antropológica sobre el gasto y el regalo; revisando a Marcel Mauss, ha sostenido que lo que hay que dar se denomina tiempo: el don es un deseo desmesurado, imposible, que no se puede hacer presente.
La deuda tiene que ver con la escritura, esto es, con la huella y el texto. «Allí donde hay huella y diseminación, si es que las hay, puede tener lugar un don, con ese olvido desbordante o ese desbordamiento olvidadizo que están radicalmente implicados en este.
La muerte de la instancia donadora (llamemos muerte, aquí, a la fatalidad que destina un don a no depender-ni-retornar a la instancia donadora) no es un accidente natural externo a la instancia donadora; no es pensable sino a partir del don».
En la filosofía y en la práctica de la traducción hay una nostalgia de un lenguaje reconciliado. La tarea oscila entre lo poético y lo sagrado, la relación con el texto no es representativa ni reproductiva. La traducción implica una transformación del original: «Esa transformación no puede ser sino literaria porque todas las traducciones son operaciones que se sirven de dos modos de expresión a los que, según Roman Jakobson, se reducen todos los procedimientos literarios: la metonimia y la metáfora.
El texto original jamás reaparece (sería imposible) en la otra lengua; no obstante, está presente siempre porque la traducción, sin decirlo, lo menciona constantemente o lo convierte en un objeto verbal que, aunque distinto, lo reproduce: metonimia y metáfora. Las dos, a diferencia de las traducciones explicativas y las paráfrasis, son formas rigurosas, y la segunda es una ecuación verbal».
La traducción no es ni una imagen ni una copia: es una forma que encuentra lo inolvidable, produciéndose una mutación y renovación de lo vivo.
El original es el primer deudor, el peticionario que implora la traducción de la que carece.
«Esta petición —apunta lúcidamente Derrida— no se da solo por parte de los constructores de la Torre que quieren hacerse un nombre y fundar una lengua que se traduzca a sí misma; obliga también al destructor de la Torre: al dar su nombre, Dios apela también a la traducción, no solo entre la lenguas, que se han vuelto múltiples y confusas de pronto, sino, en primer lugar, de su nombre, del nombre que ha clamado, dado y que debe traducirse por confusión para ser entendido, y así dar a entender que es difícil traducirlo y de este modo entenderlo».
Babel se vuelve intraducible y Dios se aflige por su nombre. Su texto es el más sagrado y también el más poético, el más originario, indigente en su poder absoluto, necesitado de (la imposible) traducción.
La deuda de la traducción no compromete a sujetos vivos, sino a nombres en el borde de la lengua. Lo sublime mismo es uno de los nombres de la traducción en el momento en el cual el sentimiento asume la miseria de la razón, ese ámbito de lo no-representable que conmociona. La traducción es una transposición poética que intenta tocar lo intangible: acercarse a una promesa.
La lengua tiene un tacto áspero (incluso se vuelve extraña, como apunta Hölderlin en su poema «Mnemosyne»), sus efectos de superficie son estriados; en último término, la lengua es un acontecimiento babélico, un repliegue desplegado. Derrida llega a hablar de un ser-lengua de las lenguas como un mestizaje de la traducción. Gracias a la traducción, a la suplementariedad lingüística, unas lenguas dan a las otras lo que les falta, es el «santo» crecimiento de las lenguas, ese mesianismo al que se refiere Benjamin.
El texto sagrado señala el límite, el modelo perfecto, aunque sea inaccesible, de la traducibilidad pura, el ideal a partir del cual podemos pensar, valorar y calibrar la traducción esencial, es decir, poética. La traducción custodia una lejanía, permite a la lejanía llegar como tal. Podemos decir que la traducción es la experiencia también de lo que se traduce o experimenta: la experiencia es traducción.
Paul de Man ha subrayado que la traducción se parece más a la crítica o a la teoría de la literatura que a la poesía misma. La filosofía, la crítica, la teoría literaria y la historia tienen la «tarea» de desarticular, desequilibrar y desmontar al original, revelan que el original estaba desde siempre ya desarticulado. La traducción implica el sufrimiento de la lengua original en la que se nos impone «una alienación espacial».
El movimiento del original es un errar, un vagabundeo, una especie de exilio permanente, como aquel dispersarse por la tierra al que fueron condenados los orgullosos constructores de la Torre de Babel.
Aunque tal vez tengamos que comprender que no hay realmente exilio, ya no hay patria, nada de lo que uno haya sido expulsado, cuando lo que hemos conseguido, por emplear términos de María Zambrano, ha sido una suerte de «felicidad del desarraigo». Ese desplazarse es la historia misma, esto es, el abrirse de la confusión: el horizonte del traductor no es mesiánico sino nihilista.
Somos los «herederos» de aquellos que terminaron por no entenderse los unos a los otros, «deudores» de aquellos que vinieron después del Diluvio, los que, confundidos por el nombre divino dejaron de construir la ciudad de Babel. Estamos condenados a una finalidad sin fin (propia del juicio reflexionante) y puede que tengamos una entrada privilegiada al laberinto del (sin)sentido en Finnegans Wake, un libro diseminado o monstruoso que pretende ser una imagen abreviada de la creación del mundo.
En cierta ocasión declaró Joyce: «Ulises lo hice con naderías. Work in progress lo hago con nada. Pero están los truenos». Jacques Mercanton recuerda un día en el que Joyce estaba en su dormitorio, tumbado en una chaise longue, releyendo un pasaje «que todavía no es bastante oscuro», lo que lo llevó a introducir palabras samoyedas, que consideraba «una lengua de perros». El laberinto de las lenguas confluye y se eleva.
En Ulises las alucinaciones están hechas con elementos del pasado que el lector reconoce si ha leído el libro muchas veces; en Finnegans reina lo desconocido. No hay pasado ni futuro: todo transcurre en un presente eterno. «Y en todas las lenguas —apunta Jacques Mercanton—, porque todavía no se han separado. Es la Torre de Babel.
De hecho, en los sueños, si alguien te habla en noruego, no te sorprende entenderlo. La historia de los pueblos es la historia de sus lenguas». La Torre ha sido levantada sin fin, renovadamente (again).
Tenemos, a la manera beckettiana, que fracasar mejor. O, por lo menos, asumir que la «confusión de las lenguas» no es una mera maldición. «Si la Torre de Babel se hubiera concluido —sugiere Derrida—, no existiría la arquitectura. Solo la imposibilidad de terminarla hizo posible que la arquitectura así como otros lenguajes tengan una historia».
Incluso en esa Torre «abandonada» encontró Hegel el aspecto de una fundación del vínculo estatal, en esa «obra desmesurada» encuentra el presagio del Estado ético. Volvemos, por tanto, a re-escribir el Génesis: en el principio fue la confusión.
No necesitamos el don de lenguas que recibieron los apóstoles en Pentecostés (sin que podamos determinar si se trataba de glosolalia o xenoglosia), no somos tanto los herederos-y-deudores de la divinidad que compromete su «confuso» nombre, sino más bien los espectadores del jeroglífico magrittiano de «Ceci n’est pas une pipe».
Sujetos meméticos (sic), propulsados y, al mismo tiempo, sedentarizados por el babelismo algorítmico, hemos llegado a disfrutar de la experiencia de estar lost in translation. No necesitamos las intrincadas clasificaciones de John Wilkins, convertido a la postre en un «personaje borgiano» que nos anima a descubrir animales (no) «incluidos» en la desconcertante enciclopedia china (para siempre marcada por los reflejos velazqueños de Las palabras y las cosas, de Foucault).
Todo se embrolla en el tejido textual de los giros (tours) de Babel. Nos hemos, valga la expresión, salido de madre por culpa de un Padre iracundo. Con estas palabras cierra Umberto Eco su libro La búsqueda de la lengua perfecta: «La lengua madre no era una lengua única, sino el conjunto de todas las lenguas.
Quizá Adán no tuvo ese don, tan solo se le había prometido, y el pecado original interrumpió su lento aprendizaje. Pero a sus hijos les queda la herencia de ganarse el pleno y armónico señorío de la Torre de Babel».
Señores, por tanto, de un fracaso «genésico» más que original. Placentera diseminación, terrenal deriva que nos obliga a entendernos en la diferencia, liberados en una confusión que acaso sutura el estigma del pecado cometido en el Paraíso por buscar el conocimiento.
Estamos en deuda con los traductores: no les pagaremos (con) nada porque sabemos que son (desde el principio) traidores.
Mendoza habla de sed y no de sequía, porque «cuando hablas de sequía parece que lo estás dejando todo en manos del cielo», dice.
BBC News Mundo(D.Massis) — «Para no morir de sed, los armenios expulsados del imperio otomano durante el genocidio de 1915 partían con una semilla de granada bajo la lengua».
«Un grano al día les había permitido sobrevivir en el desierto», cuenta Virginia Mendoza (Valdepeñas, 1987) en su libro «La sed, una historia antropológica (y personal) de la vida en tierras de agua escasa» y que la periodista aborda en el marco del Hay Festival Cartagena 2025.
Igual que el Quijote, la también antropóloga española, pasó sus primeros años de vida en La Mancha, que es parte de la España seca, aquella azotada por importantes sequías cíclicas.
De niña los baños eran compartidos en familia y por eso tiene fotos que inmortalizan las raras veces en que se duchaba sola. «Había que aprovechar y reutilizar hasta la última gota. Nos faltó exprimir el aire», explica.
Se ha dedicado a investigar sobre genocidios, personas abandonadas en pueblos vacíos y desplazados forzosos causados por la construcción de grandes presas. Esas historias, las de la España inundada, las publicó en su libro anterior, «Detendrán mi río».
En «La sed» va a los orígenes de la humanidad, desde la prehistoria hasta hoy, para relatar nuestra relación con el agua, uno de los motores de la evolución.
«La sed ha estado detrás de grandes adaptaciones anatómicas y metabólicas, de innovaciones, revoluciones y colapsos a lo largo de nuestra historia», dice Mendoza, agregando: «La enésima crisis climática no tendría por qué sorprendernos: somos hijos suyos».
Virginia Mendoza es licenciada en periodismo y en antropología social y cultural.
¿Por qué hablas de sed y no de sequía ?
Cuando hablas de sequía parece que lo estás dejando todo en manos del cielo.
Si te vas a la Edad Media, la sequía era un castigo divino, algo externo, y quería encontrar un término que me permitiese incluir factores que han coincidido para dar lugar a migraciones, hambrunas, a motines.
Entonces, la sed incluye al ser humano y a determinadas personas, sobre todo las que tienen el poder o la capacidad de acaparar, pues están detrás de un reparto injusto de los recursos.
Hay evidencias científicas de que, al igual que en invierno es más fácil deprimirse, en verano es más fácil sentir ansiedad.
No es casualidad que muchas guerras y revoluciones hayan estallado al final de la primavera o al principio del verano, porque en un pasado no tan lejano era el momento en que se estaba acabando la cosecha del año anterior, el grano escaseaba, el precio del pan empezaba a subir.
La gente ya estaba alterada, sobre todo si vivía en un contexto de sequía, de inundaciones o de epidemias.
Si no podían alimentar a sus hijos, tal vez tomaban la justicia por su mano, algo habitual en la Europa cerealista, en los siglos XVII y XVIII.
La sequía por sí sola, igual que la lluvia, nunca va a explicar un hecho histórico al completo: siempre va a haber algo más.
Tu historia también parte en un lugar de La Mancha y cuentas que en la novela de Cervantes solo llueve dos veces. ¿Cómo te marca haber crecido allí?
Terrinches, pero más concretamente la zona donde me crié, entre los olivos de la familia, siempre ha sido mi lugar en el mundo y cuando digo que acabaré viviendo en esa huerta, me dicen: «Tú estás loca, no puedes vivir allí, no hay agua.»
En los años 90 atravesamos una sequía grave en la que las restricciones fueron extremas. Llegamos a tener media hora de agua al día, una situación límite.
Precisamente la persona encargada de ir al depósito para abrir y cerrar la llave del agua era mi abuelo.
Cuando nos fuimos tenía 12 años y me arrancaron del pueblo a la fuerza; fue algo que me quedó clavado. La sed para mí tiene que ver con el arraigo, la infancia, los abuelos.
Al final somos desplazados climáticos.
Vista del embalse de Buendía, el 27 de abril de 2023 en Cuenca, Castilla-La Mancha, España.
¿Cómo te determinó eso en tu relación con el agua?
Ha sido fuerte, sobre todo con la escasez.
Viví un tiempo en Armenia y no sentía el choque cultural hasta que vi en zonas rurales que el grifo no se cerraba nunca.
No me lo podía creer.
No conseguía comprenderlo, me irritaba.
Pero claro, para ellos el agua corriendo tiene que ver con el fluir de la vida y con sus difuntos.
Igual que mi abuela ponía una vela cuando los echaba de menos, ellos hacían esto con el agua.
A raíz del libro Detendrán mi río, como conecté con personas de ribera, algo que me era tan lejano, ahora me siento incapaz de vivir lejos del agua, necesito estar cerca de un río.
En La sed escribes: «El término ‘agua’ viene de la raíz indoeuropea akwā. Si la pienso en otros idiomas, puedo escuchar el balbuceo de un bebé sediento. Water. Eau. Aigua. Auga. Apa. Acqua. Incluso la excepción armenia, jur, me lleva a ese protolenguaje de los bebés que suele consistir en agú y a gugu tata, que es universal y trasciende lo humano». ¿Es el agua el origen, lo primario, lo esencial?
Entre las primeras palabras de los bebés, «agua» es de las más frecuentes y antes de ella emiten «a gugu tata».
Estaba escribiendo un reportaje sobre el lenguaje de nuestros primos simios con los que, a lo largo del siglo XX, hicieron experimentos para que hablasen en nuestro lenguaje, que normalmente era el inglés.
Como no se conseguía, se intentó con el lenguaje de señas y se hicieron aberraciones increíbles porque sacaron a bebés chimpancés de su hábitat y los llevaron a convivir con niños.
Estuve revisando esos trabajos y muchos simios demostraron ser buenos, como el gorila Koko, con una alucinante capacidad de comunicarse con su cuidadora mediante el lenguaje de signos norteamericano.
Entre las primeras cosas que intentaban decir estaban «beber», «sorber», «taza», «agua». También hacían construcciones. Por ejemplo, al ver un pato, usaban las señas de pájaro y agua.
Investigaste también sobre las palabras más antiguas, entre las cuales están «tú», «yo», «nosotros», «vosotros/ustedes», «no», «eso», «esto», «quién», «qué», «macho», «madre», «fuego» y «fluir», que es llamativa en ese contexto.
Es una cuestión lógica y podríamos imaginar qué podía estar viendo nuestro antepasado hace decenas de miles de años, que le generara el concepto de fluir.
Aparte de la lluvia, seguramente era un río, pues se desplazaban siguiendo fuentes de agua, que garantizaban la vida, no solo por saciar la sed: era lo que te daba la comida.
La pesca y el marisqueo tenían un papel fundamental, pues para los cazadores recolectores no solo era la carne. También seguían los cursos de agua, para cazar a las presas que iban a beber.
La historia de la lluvia nace en las estrellas y sigue con los dioses mitológicos. Ha sido para arcadios y sumerios el semen divino de Anu y la leche de Antu, su consorte, hasta que llegamos a la meteorología satelital. ¿Con qué episodio te quedas de esta evolución?
Me parecía curiosa la relación que tenían distintas culturas con las estrellas hace decenas de miles de años. No solo las utilizaban para orientarse, sino también para hacerse una idea de qué podía pasar y qué podían necesitar.
Imagino que les inquietaba la llegada de la lluvia y la constelación de Tauro servía para saber cuándo ocurriría. El no verla se asociaba con la sequía y su aparición, con la lluvia, que era especialmente importante en los inicios de la agricultura, cuando no se disponía de la capacidad para irrigar la tierra.
Tauro tiene una presencia considerable, incluso en la epopeya de Gilgamesh: quitar al toro celeste del cielo (ante el diluvio) y que llegue la sequía.
Es también curioso que el santo al que mi abuela le pedía la lluvia siempre aparece representado con bueyes.
Según Mendoza, hubo quienes asociaban la constelación de Tauro con las lluvias.
Te refieres a San Isidro, uno de los tantos hacedores de lluvia que mencionas en el libro. ¿Cómo surge esta figura?
El hacedor de lluvia era la persona que conseguía invocar la lluvia, traerla en momentos de necesidad.
Antes de la noción del santo, ese papel lo habían ostentado reyes y antes seguramente los animales del cielo.
No creo que sea casual que previo a que los dioses tuvieran aspecto antropomorfo y fueran los hombres con barba que conocemos, hubiera dioses de la lluvia muy antiguos, mitad hombre mitad toro, o un hombre con cuernos.
De pequeña iba con mis abuelos a la romería de San Isidro y si bien nos hablaban de la danza de la lluvia de los cherokees, pensé que nosotros también tenemos nuestra danza de la lluvia.
Vas encontrando en distintos lugares la misma idea de San Isidro, que es el santo hacedor de lluvia. Por ejemplo, en Francia hay un homólogo, San Medardo, en Inglaterra está Saint Swithin y hay creencias relacionadas como si en su día de celebración llueve, habrá 40 días de lluvia.
En tu libro hablas de la popular canción: «Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva…». Pero en mi país, Chile, la cantamos diferente: «Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva, los pajaritos cantan, la vieja se levanta…».
¿En Chile decís que la vieja está en la cueva? Esto me lo tengo que apuntar.
Que tengamos la misma canción y que digáis que la vieja está en la cueva y nosotros la Virgen de la Cueva al final habla de lo mismo.
En América Latina es donde más se extendió la idea de que hay una divinidad que consigue enviar la lluvia y que vive en las cuevas altas, en zonas de montaña: allí se creaban las nubes e iban a otros sitios.
No es casual que la Virgen de la Cueva exista: es real, su santuario está en Asturias (España) y no deja de parecerme alucinante que hayáis llegado a algo tan parecido.
Los católicos reconocen a San Isidro como el patrono de los agricultores.
Entre los motines y reacciones que narras provocados por la sed, cuentas el extraño episodio del baile maníaco, en el siglo XVI, en el que la gente no podía parar de moverse, incluso hasta la muerte. ¿Qué causó ese delirio?
Comenzó con Frau Troffea, que un día de 1518 en Estrasburgo (Francia) empieza a bailar sin parar y nadie sabe por qué lo hace, pero mucha gente se empieza a sumar a esta «danza maníaca».
No paran ni para comer, ni para dormir, ni para beber agua.
Al mes había muchísima gente bailando que no podía parar, algunos ya muriendo incluso.
¿Qué pudo pasar para que esta gente se jugase la vida? Una de las explicaciones más convincentes es que fue un estallido de pánico colectivo, no solo climático.
Se acumulaban años de sequía, inundaciones, muy difíciles a todos los niveles. Ese estrés al que estaban sometidos les llevó a tener esa reacción de pánico colectivo.
¿Crees que estamos estresados en este momento?
No sé si a ese nivel, pero creo que muchas personas vivimos con un estrés crónico que hemos normalizado a tal punto que ni siquiera somos conscientes de cómo nos está afectando, incluso cuando no lo notamos.
Tiene que ver con que estemos tan localizados con lo que llevamos en el bolsillo, que es el móvil; unido a la soledad que impera cada vez más.
Alucino viendo a los gurús del aislamiento en redes sociales con mensajes que te hacen creer que el ser humano es fatal y que mejor enciérrate. Si tu amiga te ha enfadado, corta las relaciones.
La soledad provoca un estrés extremo que tiene repercusión a nivel cardiovascular y mental.
Tuve una época en la que iba muy acelerada y me empecé a poner mala de un montón de cosas: un día se te bloquea el cuello, otro día pillas una gripe y empiezas a estar cansada, irritable.
Tengo tantísima gente alrededor que te dice: «Estaba asustadísima, se me estaba volviendo loco el corazón y el médico dice que es estrés».
¿A eso podemos añadirle el estrés que produce la crisis climática?
Claro y tiene nombre: es la ecoansiedad o ansiedad climática. En una época en la que estamos especialmente ansiosos, era lo que nos faltaba.
La primera vez que escuché el término pensé: esto me pasa, tenía todas las papeletas de que me ocurriera.
En este último tiempo todo en mí estallaba y vi un detonante claro, que era estar consumiendo todo el día noticias sobre la DANA. Tenía gente cerca, estaba pendiente, asustada, ves que no termina, no sabes si se puede acercar más.
Hay quien niega el cambio climático y gente a la que no le importan las catástrofes, pero si consumo mucha información sobre ellas, llego a un punto de bloqueo considerable y recibo avisos de que está pasando algo con mi pulsación.
La DANA, el fenómeno meteorológico que provocó lluvias torrenciales en lugares como Valencia, es un ejemplo de clima extremo pero también de cooperación, según Mendoza.
«El clima nos llevó al borde de la extinción: somos los descendientes de los pocos (unos 1.300) humanos que sobrevivieron al frío y la aridez hace menos de doscientos mil años», escribes. La Tierra y la humanidad han pasado por distintos momentos climáticos, ¿en qué fase estamos?
Hay un término que no todo el mundo acepta y que han llamado Antropoceno.
Como su nombre lo indica, habla de que el ser humano habría alterado el clima.
Algunos marcan el inicio con la revolución industrial, pero hay quienes van al Neolítico, pues el modo de vida de gran parte de la humanidad cambia y nuestro impacto sobre el planeta también, porque se depende más de la agricultura, la ganadería.
Todo esto acarrea niveles de deforestación considerables y ya antes de la revolución industrial habría aumentado un grado y medio la temperatura.
En La Tierra transformada, Peter Frankopan cuenta que desde el 1700 había pensadores y políticos obsesionados con que la temperatura estuviese subiendo y que el ser humano tuviera un papel crucial.
Thomas Jefferson todos los días apuntaba la temperatura máxima porque estaba convencido de que el planeta se estaba calentando.
Dices en tu libro que un chatbot cuando responde diez preguntas bebe un litro ¿Cuál es la relación entre la inteligencia artificial (IA) y el agua?
A medida que normalicemos su uso, es posible que el consumo de agua se quintuplique, siendo optimistas.
Tengo una piscina de estas casi de juguete; pues este verano no la quise llenar porque no llovía. Además, estuve sin aire acondicionado. Pero luego leí sobre el consumo de agua en Aragón y me sentí tan tonta, porque qué son esos pocos litros en comparación con tener el centro de datos de Amazon al lado, que va a consumir lo que necesita toda la comunidad.
La IA tiene su parte positiva, pero me preocupa el consumo, no solamente por ella, sino por los centros de datos, que necesitan muchísima agua para mantenerse.
Cuando abrimos el grifo no somos conscientes de lo que ha perdido tantísima gente que se ha tenido que ir de su casa para que se puedan construir presas y que un embalse inundase sus pueblos.
Pero lo pienso también con otras cosas: en una videollamada consumimos agua, cuando utilizamos las redes sociales estamos consumiendo agua… es invisible.
Dices que, según la ONU, la sequía ha matado a 650.000 personas en los últimos 50 años. ¿Si hubiese una sequía extrema, sobreviviríamos?
Hemos estado al borde de la extinción, pero uno de los factores que nos ha permitido seguir aquí es precisamente la cohesión, el altruismo. Lo hemos visto con la DANA en Valencia: gente que estaba en su casa cogió sus palas y se fue a ayudar.
Evidentemente el daño estaba hecho, pero cuando ves esto entiendes: ¿cómo vas a perder la esperanza?
En 2024 tuvimos muchísimas razones para venirnos abajo y hay que mantener un optimismo razonable, porque las cosas no se van a arreglar solas, pero confío en la capacidad para adaptarnos.
Por esto estoy en guerra con los gurús del individualismo, creo que fomentan precisamente lo que menos necesitamos ahora mismo.
El ser humano como especie ha conseguido salir adelante en situaciones catastróficas, extremas, sobre todo cuando ha cooperado.
Psicología y Mente(J.Soriano) — El consumo de cannabis ha aumentado de forma significativa en muchas partes del mundo, impulsado en gran parte por su legalización en varios países y la percepción generalizada y errónea de que sus efectos son inofensivos.
Sin embargo, investigaciones recientes han comenzado a poner de relieve que, aunque pueda haber beneficios terapéuticos en ciertos contextos, un uso frecuente puede tener efectos adversos en el cerebro, especialmente en áreas relacionadas con la memoria y la cognición.
Un estudio reciente ha demostrado que el consumo de cannabis, tanto en el corto plazo como a lo largo de la vida, puede dañar un tipo específico de memoria: la memoria de trabajo. Esta memoria es fundamental para las tareas cotidianas, como seguir instrucciones, resolver problemas y tomar decisiones informadas.
– El impacto del cannabis en la memoria
El estudio sobre los efectos del cannabis en la memoria de trabajo surge a partir de una creciente preocupación por los impactos cognitivos que tiene esta sustancia, especialmente a medida que el consumo parece hacerse cada vez más accesible debido a su legalización o regulación en diferentes zonas del mundo.
Desde hace años, los científicos han investigado la forma en que el cannabis afecta el cerebro, particularmente en el contexto de sus compuestos psicoactivos, como el tetrahidrocannabinol (THC). Aunque estudios anteriores han sugerido que el cannabis puede tener efectos temporales sobre la memoria y la atención, este nuevo estudio ofrece una perspectiva más profunda y a largo plazo.
La memoria de trabajo es la que permite retener y manipular información en tiempo real, es esencial para realizar tareas cotidianas, como recordar instrucciones o resolver problemas. Sin embargo, las investigaciones previas no habían proporcionado una comprensión clara de cómo el consumo habitual de cannabis afectaba esta función cognitiva.
La investigación más relevante hasta la fecha, aunque pequeña en comparación con el estudio habitual, había señalado que los usuarios frecuentes de cannabis mostraron deficiencias en la memoria de trabajo, sin llegar a poder especificar el alcance de estos efectos perjudiciales.
El creciente uso del cannabis entre los jóvenes, particularmente en países en los que la planta ha sido legalizada para usos recreativos o medicinales, ha motivado una necesidad cada vez más urgente de estudios más amplios.
Esto ha generado una serie de debates sobre los potenciales riesgos vinculados con su consumo, no exclusivamente en términos de dependencia o adicción, sino también en relación a sus consecuencias en un nivel cognitivo.
La investigación presentada en este artículo, por tanto, se convierte en una contribución clave para comprender mejor cómo la droga impacta en las funciones cerebrales más complejas.
. Detalles del estudio
El estudio analizado a lo largo de este artículo, realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Colorado, es el más grande de su tipo hasta la fecha y proporciona una visión detallada sobre los efectos que tiene el cannabis en la memoria de trabajo.
Se centró en más de 1000 jóvenes adultos, de entre 22 y 36 años, que fueron clasificados en función de su nivel de consumo de cannabis: usuarios frecuentes, recientes y no usuarios. Los investigadores utilizaron tecnología de imágenes cerebrales por resonancia magnética para observar la actividad cerebral mientras los participantes realizaban tareas de estimulación cognitiva.
Una de las tareas clave que realizaron los participantes de este estudio fue una prueba relacionada con la memoria de trabajo, diseñada para evaluar su capacidad para retener y manipular información de una forma temporal, como seguir instrucciones o resolver problemas simples.
Los resultados mostraron que el 63% de los usuarios frecuentes de cannabis y el 68% de los usuarios recientes experimentaron una disminución en la actividad cerebral durante esta tarea, lo que indica una menor capacidad para ejecutar la función de memoria de trabajo.
Además, el estudio identificó las áreas cerebrales específicas que se vieron afectadas.
Los usuarios frecuentes y recientes mostraron una disminución significativa en la actividad en regiones clave del cerebro, como el córtex prefrontal dorsolateral, el córtex prefrontal dorsomedial y la ínsula anterior, áreas involucradas en funciones cognitivas fundamentales, como la toma de decisiones, la atención, la memoria y el procesamiento emocional.
A pesar de que la disminución en la actividad cerebral fue significativa durante las pruebas de memoria de trabajo, los investigadores encontraron que los otros tipos de tareas cognitivas (como el control motor, el lenguaje y la emoción) no mostraron impactos tan marcados. Esto sugiere que los efectos del cannabis sobre la cognición son más específicos y afectan principalmente la memoria de trabajo.
. Implicaciones para la salud de estos hallazgos
Los hallazgos de este estudio tienen importantes implicaciones para entender cómo el cannabis afecta las funciones cognitivas, particularmente la memoria de trabajo. La memoria de trabajo es esencial para llevar a cabo tareas diarias que requieren concentración, como seguir instrucciones, tomar decisiones rápidas o resolver problemas.
Esta capacidad resulta crucial no solo en el ámbito académico o laboral, sino también en actividades rutinarias y del día a día, como cocinar, conducir o interactuar socialmente.
Por lo tanto, una disminución en la eficiencia de la memoria de trabajo puede tener un impacto directo en la calidad de vida de los usuarios frecuentes de cannabis.
El estudio reveló que tanto los usuarios frecuentes como aquellos que se acababan de iniciar en el consumo de cannabis presentaron una actividad cerebral reducida en regiones concretas del cerebro estrechamente relacionadas con la memoria, la atención y la toma de decisiones, como el córtex prefrontal.
Esto sugiere que el consumo de cannabis podría llegar a interferir en la capacidad de los individuos para realizar múltiples tareas cognitivas a la vez, o mantener información importante en mente durante periodos prolongados.
Las personas afectadas por esta disminución en la actividad cerebral podrían tener dificultades para mantener la atención o recordar detalles importantes, lo cual puede generar frustración y afectar la eficiencia de la vida diaria.
Además, el hecho de que los efectos del cannabis en la memoria de trabajo fueran más pronunciados en los usuarios frecuentes y recientes plantea preguntas sobre la reversibilidad de estos efectos.
El estudio también sugiere que abstenerse de consumir cannabis antes de realizar tareas cognitivas podría mejorar el rendimiento, lo que abre la puerta a estrategias para mitigar estos efectos a corto plazo.
Sin embargo, también es necesario profundizar en estudios a largo plazo para determinar si el cannabis tiene efectos duraderos en la estructura cerebral o si el cerebro puede recuperarse con el tiempo.
– Consejos para usuarios de la marihuana
A pesar de los alarmantes hallazgos en torno a los efectos del cannabis en la memoria de trabajo, los investigadores enfatizan que se necesita más investigación para comprender completamente las implicaciones a largo plazo.
Este estudio, aunque amplio y riguroso, se centró únicamente en los efectos inmediatos del consumo de cannabis en la actividad cerebral durante el desempeño de tareas cognitivas.
Aunque los resultados indican una disminución en la actividad cerebral de áreas clave relacionadas con la memoria y la atención, los científicos aún no han podido determinar con precisión si estos efectos son permanentes o reversibles.
Uno de los puntos más destacados de este estudio es que la abstención del consumo de cannabis podría mejorar el rendimiento cognitivo en el largo plazo. Sin embargo, el impacto del consumo de una forma crónica a lo largo del tiempo es todavía incierto y requiere más investigación.
Los investigadores sugieren que se necesitan estudios longitudinales, es decir, investigaciones a largo plazo, para observar la forma en que el cannabis puede cambiar permanentemente las estructuras cerebrales involucradas en las funciones cognitivas. También deben tenerse en cuenta factores como la edad de inicio del consumo, la duración de su uso y la cantidad consumida.
Además, el estudio subraya la importancia de tomar conciencia de los propios hábitos de consumo. Si bien los efectos en la memoria de trabajo son preocupantes, el objetivo es proporcionar una base sólida para que los individuos tomen decisiones informadas sobre su consumo de cannabis, particularmente en jóvenes adultos, que son los más afectados.
Con más datos y análisis, se podrá establecer una imagen más clara de los riesgos y beneficios de esta sustancia en la salud mental y cognitiva.
JotDown(H.Goon) — Cuántas veces he alzado la vista de la novela que estaba leyendo para divagar y crear al mismo tiempo una historia paralela; una historia que podría protagonizar yo mismo. Es más, a la que podría hacer que podría cobrar vida a través de ese juego de rol que me mira con renovada esperanza desde la estantería en la que reposa junto a una decena más de manuales.
«Puede ser una epopeya grandiosa», elucubra mi cabeza.
En esos momentos esbozo algunos personajes, algunos giros e incluso alguna línea de diálogo. Me levanto del sofá y corro al escritorio para apuntar todas esas ideas en una libreta, pero pronto mi entusiasmo empieza a flaquear. Me doy cuenta de que quizá me lleve días o incluso semanas preparar esa partida que acaba de nacer en mi mente.
Su destino no es otro que quedar en el olvido encuadernada al lado del manual que adorna mi estantería junto a tantos otros.
Abro los ojos y al mirar alrededor me doy cuenta de que me he trasformado en un Tsundoku. En uno rolero. Una persona que acumula libros y más libros, la mayoría de ellos sin llegar a leerlos —o jugarlos, en este caso—. He recordado que no tengo una mesa estable para jugar a rol y que me es difícil poder encontrar alguna que otra de forma ocasional y esporádica.
La ilusión se repliega y regreso a la novela. Retomo la lectura justo en esa frase donde mi imaginación voló y vislumbró, una vez más, las maravillas de jugar a rol.
Entonces, ¿qué me lleva a seguir acumulando juegos de rol si no puedo sacarlos en ninguna mesa? Quizá sea lo mismo que mueve a quienes acumulan libros, comics, revistas, películas, música, videojuegos, complementos para el gimnasio…
Hay una parte de coleccionismo —formar parte de una comunidad con un interés de nicho concreto—; también un componente nostálgico —intentar regresar a aquellos momentos de la adolescencia cuando empezábamos a jugar a rol, escuchar grunge o a leer Watchmen; o lo que es lo mismo: la necesidad de atrapar el tiempo, de vencerlo o de que este no nos venza a nosotros—.
También, claro, está el virus del consumismo, del fear of missing out —¿para qué demonios podemos querer todos esos dichosos muñecos cabezones atrapapolvo en nuestras estanterías?—. Aún con todas las similitudes que pueda haber con otros hobbies, en el caso de los juegos de rol existe un motivo más importante aún, por lo menos en mi caso:
La promesa de la aventura
Las personas curiosas o con una imaginación poderosa queremos verlo todo, conocerlo todo. Somos puros aventureros.
«Quiero saber», como diría Irina Spalko (Cate Blanchett) a los extraterrestres que aparecen en la escena final de la película Indiana Jones y la calavera de cristal.
Para eso, para conocerlo todo, los juegos de rol son un medio inmejorable. Quizá sea por eso que también se utilizan cada vez más en entornos educativos.
Cada uno de los manuales de rol ofrece oportunidades infinitas: mundos y ambientaciones actuales o futuristas, fantásticas o históricas; personajes y arquetipos; clases y razas; magia y esoterismo… Hay de todo tipo y para todos los gustos.
Por eso, los curiosos no podemos evitar ir acumulando juegos y más juegos con la ilusión de explotar todas esas posibilidades de conocimiento.
Queremos tener un juego específico para cuando nos apetezca ir al espacio, otro para cuando deseemos luchar contra orcos y gigantes o para cuando queramos resolver un misterioso asesinato en una abadía abandonada del siglo XII.
También ese que nos transporte al Japón medieval, al oeste americano o ese otro que nos muestre un futuro distópico en el que debamos sobrevivir enfrentándonos a bandas sanguinarias. Todos se nos hacen indispensables porque cada uno tiene una particularidad que lo hace único: la promesa.
Debido a esto, las estanterías roleras siempre están repletas de manuales, de aventuras y de suplementos porque cada uno de ellos aporta conocimiento que hará más auténtica y diferente la experiencia de juego.
Desde la sola mención del conjunto de palabras «juego de rol» algo se mueve en el interior de la mente de quien ya ha experimentado aquello que sucede cuando se juega.
Una sonrisa ilumina nuestro rostro al tiempo que la adrenalina comienza a brotar por las venas anticipando una serie de viajes, de misterios y aventuras trepidantes en mundos maravillosos y desconocidos. Nuestra imaginación se dispara y hace predicciones acerca de los peligros y emociones que viviremos dentro del entorno seguro que proporciona el juego.
Da igual quién seas o de dónde vengas o a dónde vayas, porque en un juego de rol puedes ser quien desees. Es más, debes serlo para experimentar y compartir esa sensación inolvidable.
Abrir un manual, respirar el olor de las páginas y empezar a hojearlas es toda una liturgia donde se mezclan placer y emoción. Explorar las secciones donde se pueden ver los atributos y las habilidades con los que rellenar la ficha del PJ ya hace que en la imaginación se formen infinidad de posibilidades: personajes seductores, situaciones inquietantes…
Cuando era adolescente, las sesiones de creación de personajes eran memorables entre mi grupo de amigos. A veces, ni siquiera llegábamos a sacar esos PJ a mesa por diversas circunstancias que no recuerdo, pero solo el hecho de trasladar a la hoja todo aquello que habíamos creado en nuestra mente era motivo de horas de diversión.
Qué tipo de persona quería que fuese, en qué sería habilidoso, cuál sería su debilidad, qué ocultaría, qué equipo debía de llevar encima… Supongo que eso mismo es, más o menos, lo que seguimos experimentando los que acumulamos juegos y no podemos disfrutar de la afición todo lo que nos gustaría.
Mientras tanto, estoy seguro, seguimos llenando el escritorio de nuestro ordenador o los cajones de la mesa de estudio con semillas de aventuras, con aventuras ya completas u hojas de personajes detalladas. Fantasmas que susurran voces llamando a la aventura.
Cada manual es prácticamente un compendio mágico capaz de transformar tu vida anodina en una épica y maravillosa siempre y cuando lleves a cabo de forma apropiada cada uno de los pasos del ritual que requiere el conjuro. Para ello, lo principal y fundamental es reunir una mesa de juego; a ser posible estable y bajo la luna llena.
¿Dónde consigo una mesa estable?
Tranquilo.
Si no tienes un grupo con el que jugar no se trata de un problema de socialización o de que tus amigos de toda la vida te quieran más o menos.
En los tiempos que corren, la gran variedad de ocio existente provoca que tengamos unos gustos muy diferentes los unos de los otros.
Si ya es difícil coincidir con uno dentro de nuestro grupo de siempre, es prácticamente imposible coincidir con al menos tres o cuatro, que es lo que se requiere para poder organizar una partida de rol.
La variedad de ocio, la falta de tiempo, el cansancio acumulado de la semana, problemas personales —adulting lo llaman algunos—… No es algo por lo que nos debamos culpar. Es muy habitual entre aquellos a los que nos encanta el rol pero vivimos en ciudades tirando a pequeñas.
Madrid y Barcelona lo tienen más fácil a la hora de conectar hobbies y personas. Hay infinidad de clubes donde jugar. Además, se organizan de tanto en tanto jornadas varias que reúnen a muchísima gente. En el resto del país la situación es diferente.
Es cierto que siempre se encuentra algún club —cada vez más presentes—, que también se organizan alguna que otra jornada —incluso específica de rol, muy minoritarias—, pero sucede que para poder convocar a un número considerable de gente, estas jornadas —o clubes— han de concentrar todas las ramas de la afición en un concepto más generalista: clubes o jornadas en torno a los juegos de mesa, entre los que se incluyen los juegos de rol.
Aunque tengan muchas similitudes unos con los otros, los juegos de rol requieren de unas características y especificidades que los hacen muy particulares.
La dinámica, lo que se genera y lo que se necesita alrededor de un juego de rol es muy diferente con lo que propone, se necesita y se disfruta con un juego de mesa corriente. Por eso, desde mi experiencia, en los clubes o en las jornadas más generalistas, el rol tiene una presencia normalmente residual, precisamente por sus particularidades. Y los que están enfocados únicamente en el rol son contados.
El rol requiere de una preparación y disposición que no todo el mundo está dispuesto a hacer por el motivo que sea. No se puede organizar una partida que funcione al cien por cien si no se han preparado previamente los papeles a desempeñar de jugadores y máster.
El rol requiere de concentración, de tiempo, de compromiso, un mínimo de proactividad y de complicidad entre los miembros del grupo para que la experiencia sea completa y satisfactoria. Es verdad que en cuanto a la complicidad también funciona en sentido inverso, pues esta se genera a través de la interacción de los personajes durante la partida. Otra de las maravillas del rol.
Los juegos de rol no suelen funcionar bien en un aquí te pillo aquí te mato. Son juegos mucho más sosegados aunque luego, durante la partida, el ritmo llegue a ser trepidante. Pero eso, en estos tiempos —una vez más—, no se lleva mucho, especialmente entre los que ya tenemos una edad. El trabajo, la familia y los mil y un compromisos provocan que los ratos de ocio estén muy muy pensados para el disfrute inmediato.
En cualquier caso, desde su creación, el rol siempre ha sido minoritario y en eso precisamente reside parte de su encanto, pues lo hace misterioso. Pero ese es uno de sus hándicaps. Uno de los grandes.
Dentro de esa minoría, Dungeons & Dragons sea quizá una excepción. La compañía asegura que su comunidad de jugadores en todo el mundo es de más de cincuenta millones, y subiendo.
Las series de televisión Big Bang Theory, Stranger Things, Hora de Aventuras o Gravity Falls han dado un nuevo impulso a la franquicia y a los juegos de rol en general, recogiendo el testigo de películas como E.T., el extraterrestre. También video juegos como Baldur’s Gate 3.
Según la página web Rol de los 90, las campañas de financiación de crowdfunding para juegos de rol recaudaron en 2020 más de medio millón de euros. En cinco años, hasta el 2022, el total había alcanzado los casi dos millones de euros.
Mesa virtual (aunque no es lo mismo, tiene sus ventajas)
No todo es llanto, no todo es complicado en la actualidad para los jugadores de rol que vivimos en pequeñas ciudades de provincia.
Internet ha abierto un portal inter-dimensional en el que han comenzado a colisionar ideas, aventuras y jugadores de todo el mundo creando un nuevo cosmos cultural dentro de la afición.
Aún es pronto para hacer una predicción acerca de lo que puede salir de ahí, pero cuánto hubiésemos agradecido hace años las posibilidades que trae internet para los juegos de rol.
Sí, es verdad que no es lo mismo.
Una parte de la magia presencial se pierde.
No es lo mismo el contacto visual en directo, o las risas, o las interacciones sin miedo a interrumpir el ritmo de la partida, o las complicidades generadas por los cuchicheos entre jugadores y máster en una mesa que a través de la pantalla donde las posibilidades de distracción también son mucho mayores.
Pero, ¿y eso de que tu cama espere calentita justo al lado de la mesa del ordenador al terminar la partida?
Las dos son experiencias de juego diferentes, pero ambas muy placenteras.
Música y ambientación; imágenes; recursos creados por aficionados de acabado profesional; plataformas VTT (tableros virtuales) para preparar y organizar partidas como Roll20 o Foundry; la posibilidad de ver infinidad de partidas en streaming —como Critical Role— de cualquier tipo de juego en las que nos dan ideas y consejos de cómo llevar la dirección o qué tipo de personaje encarnar o, simplemente, para ponernos los dientes largos a aquellos que solo llenamos nuestras estanterías con juegos que no conseguimos sacar a mesa.
Pero sobre todo lo que aporta internet son personas; gente de cualquier rincón del mundo que quiere jugar o dirigir partidas… a desconocidos.
Antes, la aventura comenzaba justo en el momento en el que comprábamos el manual o en el momento en el que lo veíamos en el escaparate de nuestra tienda habitual y nuestra imaginación emprendía el vuelo. Ahora, lo difícil comienza un poco más allá, cuando ya tenemos todo preparado pero tenemos que enfrentarnos a ese primer encuentro con una serie de desconocidos al otro lado de la pantalla con los que estamos dispuestos a compartir unas horas de diversión.
Existen muchas iniciativas en páginas de Facebook, en plataformas o en clubes online —como Resistencia Lúdica o Academia Rolera en Discord— donde la gente se ofrece para jugar y dirigir partidas de rol de forma altruista para novatos y experimentados. También hay editoriales del mundillo que hacen lo mismo.
Shadowlands ofrece un canal en Telegram donde hay cientos —en realidad creo que miles— de personas creando y compartiendo partidas de rol a diario, y donde también tienes posibilidades de ofrecerte tú mismo como máster o como jugador.
Por vergüenza, desconfianza o desconocimiento puede parecer complicado encontrar online a ese grupo con el que conectar verdaderamente y disfrutar profundamente de lo que esperas y deseas que sea tu partida, tu experiencia rolera. Puede serlo, claro que sí. Pero esa es otra de las maravillas que tiene el rol.
Estos juegos son capaces de hacer que personas que acaban de conocerse recorran de la mano mundos desconocidos arriesgando sus Puntos de Golpe con tiradas de dados inverosímiles en pos de un objetivo en común: disfrutar imaginando.
De todas formas, si lo tuyo no es lo virtual y aun así prefieres seguir comprando manuales de rol por la simple promesa de la aventura —y porque te sobra hueco en la estantería—, recuerda: leer manuales ya es jugar a rol.
– ¿Jugaremos a rol cuando seamos ancianos? ¡Deberíamos!
En el caso de que alguno de los primeros jugadores de rol —los otrora primigenios, allá por los años 70 del siglo pasado— siga jugando a día de hoy lo hará con al menos cincuenta años en su haber. Aunque lo más probable es que no empezase a jugar partidas con cero años sino que lo haría rondando ya la veintena, quizá más.
Lo que significa entonces que ese jugador inicial promedio ha de tener, en el 2024, unos setenta años.
¿Te das cuenta? ¡El jugador de rol centenario no existe! ¡Aún está por llegar!
En cualquier caso, setenta años es una edad considerable. Sobrepasa la edad de jubilación en España. Pero, ¿se puede uno jubilar jugando al rol? O, lanzo otra pregunta, ¿se puede uno jubilar de jugar al rol?
Recuerdo vivamente las escapadas de mi abuelo todos los domingos, cuando íbamos a verle al pueblo. Se marchaba después de comer, justo tras el postre —que él no tomaba—. Se marchaba solo, cuando ya algunos dormitábamos en el sofá o veíamos el siguiente capítulo de la telenovela de moda. Ni siquiera se despedía.
Cogía su boina y su bastón y cerraba la puerta silenciosamente después de salir.
Una vez lo acompañé llevado por la curiosidad de saber a dónde iba. Su excursión no era muy lejana. Terminaba justo a la puerta del único bar del pueblo donde, una vez al entrar, se transformaba en el templo de recreo de los hombres de la comarca. Si en el pueblo había cien hombres censados, entonces allí estaban todos.
Repartidos de cuatro en cuatro por diferentes mesas, donde una pareja se enfrentaba a la otra en partidas de mus, dominó o remigio. Alrededor de esas personas sentadas estaban los streamers de la época, pues ya había otros cuantos hombres observándolos con atención y comentando las jugadas que se llevaban a cabo.
Me encantaba ver las manos fuertes, callosas algunas, huesudas otras y arrugadas todas agarrando con desparpajo las cartas o fichas de dominó. Era fascinante observar la velocidad con la que se sucedían las rondas, cómo disimulaban las señas, cómo hacían el recuento de puntos o cómo resolvían los conflictos después de algún malentendido o intento de trampa (poco común, eso sí).
Viajo en el tiempo cada vez que rememoro las imágenes que tengo grabadas en la cabeza de aquellos días. Las vivo como si fueran semillas de aventura de rol en la que mi PJ acabara de entrar en la escena para sentarse a jugar su propia partida.
No imagino a mi abuelo jugando a rol. Leer sabía, pero leer no leía ni el periódico. Tampoco veía mucho la televisión. Su carácter estaba mucho más conectado con la tierra, con el campo, la huerta… excepto cuando jugaba a las cartas. Ese era uno de sus momentos sagrados.
Siempre quise saber a qué seguiría jugando cuando tuviera la edad de mi abuelo. Cuál sería ese hobby que no dejaría de hacer nunca.
Desde niño, también quise jubilarme pronto para así tener todo el tiempo del mundo para jugar. Es verdad que también quería estar enfermo todo el día para quedarme en casa jugando, hasta que me di cuenta de que cuando lo estaba de verdad, no tenía fuerzas para hacerlo.
¿Con la jubilación será lo mismo? ¿Querré seguir jugando o me habré quedado sin fuerzas para entonces?
Al fin y al cabo, ahora, con casi treinta años todavía por delante para jubilarme, a veces me cuesta preparar una partida de rol. Me canso física y mentalmente. Aunque disfrute una barbaridad haciéndolo, hay días que son tortuosos. Eso hace que me plantee las posibilidades que tengo para que mi hobby de jubilación sea el rol.
Pero, ¿a quién pretendo engañar? ¿Puede uno escapar del rol?
Las ventajas y los inconvenientes de ser un viejo (sabio) del rol
No me acuerdo especialmente bien de los giros, ni las moralejas de los cuentos que me contaba mi abuela cuando yo era un niño pero los recuerdos de algunas escenas son muy claros. Tanto como si me lo estuviera contando una vez más en este mismo instante.
¿Llegaremos a contar historias como lo hacía mi abuela? Es posible que sí. Nunca he conocido a nadie que me haya contado un cuento de la misma forma que lo hacía mi abuela, pero lo que más se ha acercado son algunas de las mejores partidas de rol que he jugado, de las que tengo muy presentes algunas escenas imborrables.
Mi forma de jugar, como la de mis amigos y seguro que la de vosotros, ha ido cambiando a lo largo de los años. Las historias son cada vez más profundas y los personajes más complejos. Nos interesamos por la investigación y por la acción, pero las aventuras se alargan incesantemente únicamente por nuestro interés en el trasfondo y relaciones de y entre los personajes.
Con setenta años se supone que ya has tenido tiempo para vivir un montón de experiencias y un montón de situaciones de todo tipo. Lo que para un jugador de rol —ya sea como DM o PJ— es oro puro a la hora de generar una inmersión mucho más profunda en la historia que se esté contando, precisamente por la facilidad para comprender las historias de unos y otros.
Por otro lado, también habremos tenido tiempo para jugar a un montón de juegos y aventuras diferentes, para leer aún más manuales y expansiones y libros y cómics y habremos visto un montón de películas y documentales y… El nivel de aprendizaje y conocimiento de reglas y ambientaciones será amplísimo, lo que harán mucho más inmersivas y fluidas las partidas.
Con setenta años se supone que hemos podido hacerlo y probarlo todo, y que ya todo nos parecerá aburrido y repetitivo; pero nada más lejos de la realidad. Siempre querremos más.
No puedo afirmarlo por experiencia, pero sí creo que a los seres humanos nunca nos sobrarán conocimientos ni experiencias que queramos aprender. La curiosidad nunca se agota.
Es verdad que, quizá, con la edad de jubilación ya estemos un poco cansados de dragones y de mazmorras. No me parece mala idea interpretar a una hechicera de nivel 12 con setenta y pico años o a un elfo o a un dracónido, pero siempre aparecerán nuevos mundos que nos fascinen de la misma manera por su novedad o por su complejidad.
El mundo evoluciona y nuestra curiosidad y necesidad de comprenderlo cambia a la misma velocidad. Aunque es muy difícil seguir el ritmo, uno de los mecanismos para lograrlo es a través del juego, y uno de las mejores son los juegos de rol.
¿Pero cómo lo haremos si tendremos más años que D&D?
Lo primero que tendremos que hacer es utilizar una letra bien grande para las fichas y los manuales y también unos dados gigantes. Los problemas de vista no deben ser un obstáculo.
Fuera de bromas, si ya hoy por hoy existen mil recursos tecnológicos para jugar a rol, qué no habrá de aquí a dentro de treinta, cuarenta o cincuenta años. La tecnología es una ayuda tanto en cuanto nosotros queramos que lo sea. Los límites los ponemos nosotros. Los juegos de rol que existen estarán ahí para siempre.
Si hubiera algo de la tecnología que entorpeciera la experiencia de juego, lo clásico está ahí para dar un paso atrás y recurrir a ello en caso necesario.
Pero volviendo a la pregunta: ¿cómo lo haremos? Esperemos que la respuesta sea: con un buen grupo de amigos. El rol es una gran excusa perfecta para reunirse con más personas. Uno de los grandes males de nuestra sociedad, más entre las personas mayores, es la soledad. El rol puede ayudar a paliarla.
No sé si mi abuelo se hubiera sentido igual de bien si cuando acudía al bar del pueblo al mediodía solo hubieran estado los integrantes de su mesa. No lo creo.
Lo que hacía especial sus escapadas no solo era la rutina diaria de la partida; era el ruido, era el humo del tabaco flotando por el techo, era la tensión del resto de jugadores, la de los espectadores, era la luz que entraba desde los maizales que rodeaban el edificio, era el reto, la posibilidad de victoria o de derrota…
Era, en definitiva, el sentimiento de comunidad que se formaba. Mi abuelo estaba censado en el pueblo, pero eran esos ratos los que hacían que de verdad se sintiera parte de un todo. Que el pueblo fuera parte de él y él del pueblo.
Jugar a rol ya de por sí es un buen gancho para hacer comunidad a pesar de ser un nicho minoritario. Es precisamente eso lo que envuelve los juegos de un aura especial y enigmática con la que nos seducen de una manera tan profunda.
Hacer amigos se complica con el paso de los años. Nunca haremos amistades como las que se forjan en la infancia. Aunque la vida te lleve por otros caminos, las amistades reafirmadas en esos años son un ancla, la boya con la que conocer dónde queda la orilla. Aun así, la amistad que se crea después de unas cuantas partidas de rol también es especial.
Se tenga la edad que se tenga, cuando en una partida hay conexión y fluyen los diálogos y las acciones se establece una relación especial entre los jugadores.
Ya no es que compartáis imágenes, sino que habéis formado parte de hechos tan vívidos y reales como los de mi abuelo. Una partida de rol es un viaje, son emociones, son aventuras. Imposible olvidar a las personas con las que vives las mejores.
¿Cómo será la relación con las nuevas generaciones?
Han pasado cincuenta años desde la aparición del primer juego de rol.
Desde entonces los estilos de juego, la cultura en torno a ellos y las expectativas de los jugadores han cambiado.
La táctica, la estrategia y la densidad de los manuales de los primeros años han dado paso a la narrativa y ligereza de los sistemas de los manuales actuales, lo que ha hecho que surjan fricciones generacionales entre los veteranos y los novatos. Nada nuevo…
Pero es verdad que a nosotros nos puede pasar lo mismo —si no nos ha pasado ya—.
Llegado un cierto momento podríamos encontrar difícil adaptarnos a las preferencias de los jugadores más jóvenes o a las tendencias que están por llegar en torno al rol.
En todo caso, mi abuela me contaba cuentos maravillosos y mi abuelo me enseñó a jugar al mus y al dominó. ¿Qué les mostraremos nosotros a nuestros nietos?
A veces pienso en si seré capaz de transmitir a mis hijos lo que mi abuela logró hacer conmigo cuando me contaba cuentos de memoria, cambiando las voces para los diferentes personajes, componiendo muecas y gestos… Creo haber perdido, si alguna vez la tuve, su memoria y capacidad narradora.
Pero de repente, cuando estoy frente a la pantalla del DM, ese miedo desaparece. En ese momento veo con claridad lo que hacía mi abuela.
Me siento un narrador épico y pienso que quizá esa, el rol, sea mi forma de enseñarles a las nuevas generaciones, a mis hijos y nietos, a utilizar la imaginación como una herramienta poderosísima para dar forma a sus propios universos, con los que interpretar y aceptar este en el que les ha tocado vivir.
Aprenderán también que las mejores historias no se escriben solas; que se trata de un trabajo en equipo, donde cada jugador contribuye con su valor al éxito de la misión. Que no siempre hay una única respuesta correcta. Comprenderán a valorar y respetar la diversidad de experiencias y personalidades. Y que pensar por ellos mismos puede llevarles a soluciones sorprendentes.
Podremos transmitirles el valor de sentarse alrededor de una mesa (o a través de la pantalla del ordenador) para compartir una experiencia común fascinante. Y ante todo, que jugar, reírse junto a otros, crear momentos insospechados y disfrutar del tiempo compartido son las experiencias que como humanos más necesitamos.
marcianosz.com — El silfio, conocido también como laserpicio, representa una de las plantas más fascinantes y enigmáticas de la antigüedad. Este hinojo gigante alguna vez proliferó en las laderas secas de la costa mediterránea. Y llegó a convertirse en un símbolo de riqueza y poder para la ciudad de Cirene, en lo que hoy es Libia.
A través de su historia, al silfio no solo se le valoró por sus propiedades nutrimentales, sino también por sus usos medicinales. Sobre todo, por su capacidad anticonceptiva. En los siguientes párrafos exploraremos la historia, usos, valor y la eventual extinción de esta enigmática planta.
La historia del silfio inició aproximadamente 2,600 años en el pasado, cuando un grupo de colonos griegos dejó la isla de Thera, actualmente conocida como Santorini. A esta migración la impulsó una prolongada sequía y un aumento de la población en su isla natal.
Los colonos se establecieron en Cirene, donde encontraron un entorno propicio para la agricultura y la recolección de recursos naturales. Entre estos recursos, descubrieron el silfio, una planta autóctona que pronto se convertiría en un pilar de su economía.
Rápidamente, los Cireneos de percataron del valor del silfio. Esta planta, que crecía de forma silvestre y no requería cultivo, ofrecía una masa comestible que se utilizaba como guarnición en diversas comidas. Además, las flores amarillas del silfio se transformaban en esencias y perfumes, algo que aumentaba aún más su demanda.
Con el tiempo, la planta se convirtió en un símbolo de la riqueza de Cirene, llegando a aparecer en las monedas de oro y plata acuñadas en la ciudad.
– Propiedades y usos del Silfio.
Al silfio no solo se le apreciaba por su valor culinario, también le atribuían propiedades medicinales excepcionales. La resina extraída del tallo se destinaba a tratar una variedad de afecciones, desde tos y dolor de garganta hasta mordeduras de serpiente y epilepsia. Sin embargo, su uso más famoso y valorado era como anticonceptivo.
La resina y las semillas de la planta se convirtieron en métodos populares para prevenir embarazos, lo que llamó la atención de mujeres de diversas culturas en el mundo antiguo.
La efectividad del silfio como anticonceptivo se propagó rápidamente, convirtiéndose en un producto de gran demanda en Europa, África y Asia. Las mujeres de la antigua Grecia, Egipto, Roma e India comenzaron a utilizar sus semillas, que también se consideraban un potente afrodisíaco.
El poeta romano Catulo mencionó en sus escritos que el silfio podía facilitar el amor y la pasión, lo que aumentó aún más su popularidad.
– Relevancia económica del Silfio.
La demanda del silfio creció tanto que sus semillas llegaron a tener un valor equivalente a su peso en plata. Esta alza en los precios llevó a los Cireneos a establecer regulaciones para proteger la planta de la sobreexplotación.
Aunque algunos contrabandistas intentaron ingresar al mercado del silfio, la mayor parte de la producción y el comercio estuvieron bajo el control de la realeza de Cirene, que instauró un monopolio sobre este aprecia recurso natural.
La imagen del silfio se estampó en casi todas las monedas de Cirene, simbolizando no solo la riqueza de la ciudad, sino también la importancia de la planta en la vida cotidiana de sus habitantes. Este símbolo de la fertilidad se considera precursor del del corazón moderno, que representa el amor en la actualidad.
. La efectividad del Silfio en la medicina antigua.
Los médicos de la antigüedad, incluidos eruditos como Sorano de Éfeso, elogiaron la eficacia del silfio como método anticonceptivo. Sorano recomendaba a las mujeres beber extracto de silfio con agua una vez al mes, afirmando que no solo prevenía el embarazo, sino que también podía interrumpir uno ya existente. Además, se utilizaba un trozo de lana empapado en el extracto como un método alternativo.
Durante el apogeo del laserpicio, la tasa de natalidad en Roma disminuyó notablemente, lo que algunos historiadores interpretan como evidencia de la efectividad de la planta. Sin embargo, la ciencia moderna no ha podido confirmar la eficacia del silfio como anticonceptivo, lo que mantiene un aura de misterio alrededor de su uso.
– La trágica extinción del Silfio.
A pesar de su popularidad y valor, el silfio enfrentó un destino trágico. A finales del siglo I d.C., el historiador romano Plinio el Viejo documentó la extinción de la planta. El último tallo conocido de Silfio se envió al emperador Nerón como una curiosidad, marcando el final de su existencia en el mundo antiguo tras un descenso de cinco décadas en el número de plantas.
La causa de la extinción del laserpicio es un tema de amplio debate. La teoría más aceptada sugiere que la sobreexplotación y el pastoreo excesivo llevaron a la disminución de la población de silfio. A medida que Roma se expandía y absorbía Cirene como parte de su imperio, la gestión de la planta pasó a manos de gobernantes temporales que priorizaban beneficios inmediatos sobre la sostenibilidad.
Además, factores ambientales como la desertificación natural de la región también pudieron contribuir a la desaparición de la planta. Algunos botánicos sugieren que la planta nunca se extinguió por completo y que su pariente cercano, la Ferula tingitana, sería una descendencia directa del laserpicio. Sin embargo, esta teoría es poco probable, ya que el hábitat del silfio no se ha reproducido en áreas donde la Ferula tingitana crece.
. El legado de una planta.
Pese a su extinción, el legado de la planta perdura en la historia. El silfio se considera uno de los primeros ejemplos de error ambiental, donde la codicia y la falta de regulación llevaron a la pérdida de un recurso valioso. Si el laserpicio era más eficaz que las alternativas en el control de la natalidad de la época, entonces sin duda se merece su brillante reputación.
La evidencia sugiere que el mundo natural le permitió a la mujer de la antigüedad controlar su vida reproductiva sin la necesidad de abstinencia.
Pero a medida que la humanidad se acostumbró a los beneficios de este bien escaso, finalmente terminó cayendo en la codicia y la ceguera, sobrecargando un recurso renovable hasta erradicarlo para siempre. Actualmente, los científicos ya investigan otras plantas con propiedades anticonceptivas similares.
Algunas hierbas, como la Daucus carota y el poleo, mostraron cierto éxito en la prevención del embarazo en estudios con animales. Además, parientes del silfio, como la Ferula assafoetida y la Ferula jaeschkeana, han sido objeto de investigación, mostrando potencial en la anticoncepción.
Los científicos esperan que la combinación entre una potente máquina de rayos X e inteligencia artificial permita revelar antiguos manuscritos.
BBC News mundo(R.Morelle/A.Francis) — Un pergamino quemado en la ciudad romana de Herculano ha sido «desenrollado» digitalmente, lo que ofrece la primera mirada a su interior en 2.000 años.
El documento, que parece un trozo de carbón, quedó carbonizado por la erupción volcánica del Vesubio en el año 79 d. C. y es demasiado frágil para ser abierto físicamente.
Pero ahora los científicos han utilizado una combinación de imágenes de rayos X e inteligencia artificial para desplegarlo virtualmente, revelando filas y columnas de texto.
Se necesita más trabajo para que el manuscrito sea completamente legible y se pueda descifrar su contenido, pero el equipo detrás del proyecto asegura que los resultados son muy prometedores.
El manuscrito estudiado tenía décadas conservado en un almacén en una biblioteca de Oxford.
«Estamos seguros de que podremos leer prácticamente todo el pergamino en su totalidad, y es la primera vez que realmente podemos decirlo con gran seguridad», afirmó Stephen Parsons, líder del proyecto Vesuvius Challenge, una competencia internacional que intenta revelar el contenido de los pergaminos encontrados en Herculano.
Algunas letras ya son claramente visibles en el antiguo texto y el equipo cree que se trata de una obra filosófica.
Los estudios han permitido sacar a la luz algunas letras del alfabeto griego.
Cientos de pergaminos carbonizados fueron descubiertos en Herculano, que, al igual que su vecina Pompeya, quedó sepultada bajo metros de ceniza volcánica.
En el pasado, algunos de los documentos, que están hechos de un material grueso parecido al papel llamado papiro, se abrieron, pero terminaron desmenuzados.
La Biblioteca Bodleian de la Universidad inglesa de Oxford conserva varios de los pergaminos. Y como se pensaba que eran ilegibles habían permanecido intactos durante décadas.
«Nunca antes habíamos estado convencidos de que alguna de las técnicas fuera lo suficientemente segura o efectiva para obtener información de los pergaminos», explicó Nicole Gilroy, directora de conservación de libros de la institución británica.
Pero la promesa de una solución de alta tecnología impulsó al equipo a sacar uno de los preciosos pergaminos del almacén.
En el Diamond Light Source de Oxford hay una máquina llamada sincotrón que lanza potentes rayos X.
– La delicada operación
Los investigadores colocaron el texto en un estuche especialmente diseñado y lo llevaron a Diamond Light Source en Oxfordshire, a unos 100 kilómetros al noroeste de Londres.
En el interior de esta enorme máquina, llamada sincrotrón, se aceleran los electrones hasta casi la velocidad de la luz para producir un potente haz de rayos X que puede explorar el pergamino sin dañarlo.
«Puede ver cosas en la escala de unas pocas milésimas de milímetro», explicó Adrian Mancuso, director de ciencias físicas en Diamond.
El escaneo se utiliza para crear una reconstrucción en 3D, luego hay que identificar las capas dentro del pergamino (que contiene unos 10 milímetros de papiro).
«Tenemos que averiguar qué capa es diferente de la siguiente para poder desenrollarla digitalmente», apuntó Mancuso.
Después de eso, se utiliza inteligencia artificial para detectar la tinta. Es más fácil decirlo que hacerlo: tanto el papiro como la tinta están hechos de carbono y son casi indistinguibles entre sí.
Entonces, la inteligencia artificial busca los rastros más pequeños de la tinta, luego esta tinta se pinta digitalmente, sacando las letras a la luz.
El manejo de los antiguos manuscritos encontrados en Herculano y Pompeya es una tarea muy delicada.
«Podemos decir que todo el pergamino está lleno de texto», aseveró Stephen Parsons.
«Ahora podemos trabajar para que se vea más claramente. Vamos a pasar de un puñado de palabras a pasajes realmente sustanciales».
El año pasado, un equipo del Vesuvius Challenge logró leer aproximadamente el 5% de otro pergamino de Herculano.
El tema de este texto era la filosofía griega epicúrea, que enseña que la satisfacción se puede encontrar a través del placer de las cosas cotidianas.
Es probable que el pergamino de la Bodleiana trate del mismo tema, pero el equipo del Vesuvius está pidiendo más ingenio humano y computacional para ver si este es el caso.
Para Gilroy, el trabajo proporciona un vínculo con el pasado.
«Me encanta esa conexión con quien los recopiló, quien los escribió, quien enrolló esos pergaminos y los puso en los estantes. Hay un aspecto humano real en ello que creo que es realmente valioso», aseveró.
Durante mucho tiempo se consideró que el núcleo interno de la Tierra era completamente sólido, pero las investigaciones han demostrado que puede deformarse.
DW(efe, Nature) — El núcleo interno de la Tierra es menos sólido de lo que se pensaba y puede haber experimentado cambios estructurales en su forma durante las dos últimas décadas, que estarían localizados cerca de su superficie.
Lo más probable es que los cambios cerca del límite del núcleo interno sean el resultado de una deformación viscosa, cambiando su forma y desplazándose en el límite superficial del núcleo interno, indica un estudio que publica Nature Geoscience.
– Perturbación del núcleo interno
La causa más clara del cambio estructural es la interacción entre el núcleo interno y el externo, considera el equipo de investigación, según el autor principal de la investigación, John Vidale, de la Universidad del Sur de California (EE. UU.).
«Se sabe que el núcleo externo fundido es turbulento, pero no se había observado que su turbulencia perturbara a su vecino, el núcleo interno, en una escala de tiempo humana”, explicó Vidale.
El estudio muestra por primera vez que «probablemente” el núcleo externo perturba al interno, agregó el geólogo, y son unos cambios que pueden ayudar a mejorar la comprensión de sus propiedades y estructura.
El núcleo interno sólido de la Tierra se cree que desempeña un papel importante en el mantenimiento del campo magnético del planeta. Investigaciones anteriores han propuesto que el núcleo interno ha sufrido cambios de rotación o de forma a lo largo del tiempo, pero no ambos simultáneamente.
La Tierra está formada por varias capas: la corteza, el manto, el núcleo externo y el núcleo interno, este último situado 5.000 kilómetros por debajo de la superficie. Este núcleo interno está anclado por la gravedad dentro del núcleo externo líquido fundido y hasta ahora se pensaba que era una esfera sólida.
Capas geológicas del interior de la Tierra (imagen de referencia).
– Rotación desacelerada
Un estudio reciente demostró que el núcleo interno pasó de rotar más rápido a hacerlo más despacio que el resto de la Tierra en torno a 2010.
El nuevo estudio utilizó datos de ondas sísmicas -incluidos 121 terremotos repetidos de 42 lugares cercanos a las islas Sandwich del Sur de la Antártida ocurridos entre 1991 y 2024- para dar una idea de lo que ocurre en el núcleo interno.
Mientras que las propiedades de las ondas sísmicas generadas por los pares de terremotos que atravesaron el núcleo interno son coherentes, aquellas que solo lo rozaron son diferentes, lo que, según los autores, se explica mejor por los cambios temporales en la forma del núcleo interno.
Los autores sugieren que lo más probable es que este proceso sea el resultado de la atracción por anomalías de densidad en el manto inferior o del arrastre por flujo convectivo en el núcleo externo, pero señalan que es necesario seguir investigando para ofrecer una explicación más definitiva.
El descubrimiento abre una puerta a la revelación de dinámicas hasta ahora ocultas en las profundidades del núcleo terrestre, y puede conducir a una mejor comprensión del campo térmico y magnético de la Tierra, añadió Vidale.
Psicología y Mente(X.Molina) — ¿Quién no disfruta de un buen viaje a una ciudad en la que nunca había estado? Viajar es una gran motivación, además de una fuente de alegría, reflexión y autodescubrimiento. Viajar nos permite explorar nuevos climas y culturas, sumergirnos en ellos y estimular nuestra mente.
Obviamente, hay otras personas que prefieren la monotonía y estar cómodos en su hogar. Pero lo cierto es que la fiebre por los viajes ha ido en aumento en las últimas décadas. La televisión, el cine e internet nos han abierto una ventana a otras partes del mundo, lugares únicos que llaman nuestra atención.
También ha influido en este auge por viajar el hecho de que los precios hayan ido bajando, permitiendo a más gente moverse alrededor del globo.
-Beneficios psicológicos para los viajeros
Existe una extensa literatura científica en torno a los beneficios psicológicos y emocionales del buen hábito de viajar. Claro está que algunos de estos beneficios pueden ser bastante intuitivos, pero nunca viene mal que la ciencia investigue y descubra los pormenores que causan los viajes en nuestra psique.
. La ciencia ha hablado
Sin ir más lejos, un estudio que fue publicado en el Journal of Positive Psychology descubrió que el sentimiento de felicidad se encuentra en el registro de recuerdos y experiencias relevantes para nosotros, y cuya máxima expresión son los viajes.
Otras investigaciones señalan una clara correlación entre ser viajero y la longevidad. Aunque esto podría deberse a un factor socioeconómico (y por tanto sería una correlación espuria), también parece haberse detectado algo así como un gen viajero.
El hecho de viajar a distintos lugares del planeta no es por sí mismo un factor que explique una mayor longevidad, pero sí parecen claros los beneficios psicológicos que nos reportan las experiencias adquiridas durante los viajes. Estos sí pueden mejorar nuestra calidad de vida y, en última instancia, alargar la cantidad de días que vivimos.
– Todo tipo de viaje es positivo
Cuando los investigadores hablan sobre viajes, lo tienen muy claro: todo tipo de viaje es positivo para la salud psicológica de quien lo realiza. Desde los destinos próximos hasta los viajes a lugares recónditos y exóticos, todos los viajes pueden ser una gran fuente de bienestar emocional.
No es necesario ni irse muy lejos, ni gastar mucho dinero, ni practicar alguna actividad en concreto: todos los viajes “suman”.
Sin embargo, y como es lógico, hay viajes que nos reportan experiencias mucho más interesantes que otros. De todos modos, todas las experiencias que vivimos fuera de casa pueden ser muy positivas para estimular nuestra mente. Cada persona tiene unas preferencias en cuanto a las aventuras, y depende de muchos factores, como por ejemplo la personalidad, la edad y otras variables.
– Requisitos para que un viaje nos cambie la vida
Muchas personas se confiesa ante sus amigos, asegurándoles que un viaje que hicieron les cambió literalmente la vida. Es cierto, en ocasiones los viajes destruyen muchos de nuestras esquemas de pensamiento y nos hacen ver más allá, abriéndonos a nuevos mundos y posibilidades que antes ni siquiera contemplábamos.
Algunos de los requisitos para que un viaje sea una especie de ‘reseteado’ de nuestra mente, son los siguientes:
El viaje se realizó sin compañía o junto a un grupo de individuos desconocidos hasta ese momento.
El viaje representaba un desafío de índole espiritual.
La cultura del país o región que se visitó era sustancialmente diferente a la cultura propia del viajero.
Fueron viajes más bien largos, de más de 2 semanas.
Si has tenido en alguna ocasión una crisis existencial, te habrás dado cuenta de que en ocasiones necesitamos un cambio en nuestras dinámicas diarias. En este sentido, viajar puede ayudarnos a recuperar la fe en nosotros mismos e incluso a superar las malas épocas.
– Los 11 beneficios psicológicos de viajar
Seguramente hay muchos más que once, pero en el artículo de hoy enumeraremos los 11 beneficios más importantes del buen hábito de viajar y conocer mundo.
1. Reduce el estrés y la ansiedad
El estrés es la pandemia del siglo XIX en los países occidentales. Las exigencias laborales, las prisas y el ritmo de vida frenético nos causan un malestar latente que, tarde o temprano, se manifiesta a través de cuadros de estrés. No podemos parar de pensar en nuestras obligaciones, en las reuniones de mañana o en la incertidumbre laboral que nos acecha, y nos olvidamos de disfrutar del presente y de los pequeños placeres de la vida.
No obstante, cuando emprendemos un viaje, desconectamos de todas estas angustias diarias y nos enfocamos a vivir el presente, relajándonos en la piscina, visitando playas paradisíacas, conmoviéndonos con la belleza de los paisajes… Nos centramos en el momento y no estamos pendientes de ninguna reunión ni de cumplir con las rutinas laborales.
2. Potencia tu capacidad para resolver problemas
A lo largo de un viaje, nos obligamos a salir de nuestra zona de confort y debemos afrontar ciertas situaciones y contextos que requieren de una mayor implicación. Vivirás ciertas experiencias en que deberás tomar decisiones y resolver problemas.
Es probable que te pierdas por las calles que no conoces, que vayas con el tiempo justo a los sitios y que debas comunicarte con oriundos que no hablan tu idioma. En resumen, a lo largo de la odisea vas a tener que resolver varios problemas y situaciones complicadas que se te presentarán, y esto te ayudará a mejorar esta capacidad.
3. Aumenta tus habilidades comunicativas y sociales
Si siempre has querido conocer gente nueva y hacer amistades, debes tener en cuenta que viajar te brinda la mejor oportunidad para que conectes con otras personas. Estando en un lugar desconocido, es muy probable que te animes a hablar con gente y desarrolles así tus habilidades sociales.
No te preocupes si durante los primeros días te cuesta un poco dirigirte a personas que te encuentres en el camino. Una vez superado el medio escénico, seguro que vas a poder conocer a personas excepcionales que dotarán de sentido tu experiencia. Hasta puede que hagas amigos y vuelvas al cabo de un tiempo para visitarles, o les recibas en tu propia casa.
4. Abre tu mente y amplía tus horizontes
Viajar es la mejor solución para deshacerse de estereotipos y prejuicios. De hecho, se suele oír eso de “viajar es la mejor cura contra el racismo”. Los prejuicios nos hacen sentir recelo ante personas por motivos irracionales, y nos alejan de la posibilidad de conectar con gente nueva.
Cuando estamos de expedición a una nueva cultura, nos daremos cuenta de que algunos de estos pensamientos no estaban fundados. Descubriremos gentes y costumbres nuevas que merecen nuestro aprecio, ayudándonos a abrir nuestra mente y a relacionarnos de una forma más amable con todo tipo de personas.
5. Favorece el autodescubrimiento
Realizar un viaje emocionante es la mejor forma de conocerse a uno mismo. Abandonamos temporalmente nuestro contexto diario y visitamos un entorno totalmente distinto, lo que nos puede ayudar a tomar perspectiva sobre quiénes somos y qué queremos en la vida.
Además, viajar nos puede dar un nuevo enfoque vital, descubriendo cosas que no sabíamos que nos gustaban.
6. Te hace más feliz
Las experiencias que vivimos durante los viajes nos hacen segregar distintas hormonas de la felicidad, como por ejemplo las endorfinas. Cuando estamos fuera de casa olvidamos las preocupaciones y obligaciones laborales y familiares. Durante un viaje realizamos actividades que nos gustan y que promueven que nos relacionemos con otras personas.
Todo esto juega a favor de nuestro bienestar psicológico.
7. Te aleja del miedo y de las inseguridades
El miedo es una sensación que nos paraliza. Y, como afirman muchos expertos, la mejor forma de superar los miedos es enfrentándose a ellos. Una vez tomamos consciencia de que los miedos solo están en nuestra cabeza, poco a poco vamos relativizándolos y desterrándolos.
Seguramente, antes de emprender un viaje a un destino lejano y desconocido tengas miedos e inseguridades como por ejemplo: “¿Me voy a sentir solo?”. E incluso, dependiendo del destino que elijas, puedes sentir que te arriesgas a que te roben por la calle o a no poder entender a la gente si tienes cualquier problema.
La realidad es que exponernos a los miedos es la mejor forma de superarlos. Muchas personas han ido de viaje antes y solo a una minoría les ha pasado algo grave. Date la oportunidad de conocer una nueva cultura y superarás tus inseguridades.
8. Te hace replantear muchas cosas
Pasar tiempo fuera de casa puede ampliar tu forma de ver las cosas y la vida en general. Puede que se modifiquen tus prioridades, que en adelante le des menos importancia a las cosas materiales y valores más otras cosas que antes no valorabas.
9. Favorece que seas más empático
Cambiar de contexto y sumergirse en una nueva ciudad y en una cultura hasta ahora desconocida te ofrece la posibilidad de relativizar tus problemas cotidianos y ponerte en la piel de otras personas que, tal vez, tengan una vida mucho más complicada que la tuya.
Esto puede favorecer que seas más empático y que seas capaz de valorar que otras personas puedan tener sistemas de valores distintos.
10. Aprendes de forma constante
Vivir experiencias únicas en entornos distintos a los que estamos acostumbrados nos proporcionan aprendizajes y conocimientos que nos mejoran como personas. Nos da otra visión sobre las cosas, sobre las relaciones, sobre la religión, sobre la forma en que las distintas culturas afrontar la vida.
Además, el hábito de viajar nos proporciona las herramientas para que podamos cuestionarnos nuestro día a día, y nuestros valores más arraigados. Conocer cosas nuevas nos potencia habilidades y capacidades que teníamos latentes, y desarrolla nuestro espíritu crítico.
11. Desarrolla tu visión de las cosas y amplía horizontes
Viajar y conocer nuevos países y culturas amplía nuestra visión sobre la sociedad. Nos vuelve más respetuosos y flexibles, puesto que aprendemos a valorar las necesidades y esquemas de pensamiento de las personas que conocemos.
JotDown(E.Sastre) — Cuando el pensador Albert Camus reconoció en El mito de Sísifo, ensayo publicado en 1942, que al fútbol le debía las mayores certezas en torno a la moral y las obligaciones de los hombres, estaba asumiendo en este deporte la presencia de un cuerpo de doctrina que bien merece la pena tener en cuenta a la hora de las relaciones personales.
El fútbol, a través de sus propios códigos, pautas y preceptos, encierra toda una regulación de las conductas individual y colectiva que ha venido manifestándose durante décadas en el aficionado medio.
De esta proyección casi religiosa que hemos decidido asignarle al asunto futbolístico llama la atención un detalle: a lo largo del tiempo cambian las formas y los escenarios, pero no la necesidad de compartir emociones con nuestros semejantes a partir de un mismo equipo de fútbol.
Aunque el estadio funciona como el templo en el que discurre la acción y, por lo tanto, se convierte en el lugar predilecto para ver los partidos, esto no significa que la hinchada no pueda acceder a ellos desde otros espacios que también incluyen sus propios ritos y liturgias, su clima de intensidad, euforia y expectativa.
Es aquí donde entra la importancia que siempre ha tenido el bar, el bar como prolongación del graderío, como tribuna accesoria desde la que vivir frente a la pequeña pantalla toda la trama que se juega en el césped. Fue en 1959, todavía en los albores de la televisión pública española, cuando se emitió en este país el primer encuentro de fútbol, un Real Madrid-Barcelona.
Se calcula que en aquel entonces, tan sólo un año después, había en España unas sesenta mil viviendas con televisor, una cifra insignificante que en los días de partido promovía el éxodo de aficionados hacia aquellos locales de hostelería que sí contaban con un aparato receptor.
Entre el servicio ofrecido por este tipo de establecimientos y la predisposición de los aficionados que no podían permitirse asistir al campo, surgió de manera natural una costumbre que, con diferentes intensidades a lo largo del tiempo, ha logrado llegar hasta nuestros días: la ceremonia de ir al bar cada fin de semana a ver un partido de fútbol.
El hábito fue ensanchándose hasta hacer de estos espacios en hora punta un lugar de convivencia, de intercambio de emociones -tanto en la victoria como en la derrota-, de tertulia especializada en asuntos balompédicos y temas aledaños. Una atmósfera, en definitiva, capaz de generar vínculos afectivos entre iguales.
Para Jorge Alberto Meneses Cárdenas, sociólogo en la Universidad del Mar (México) y autor de El fútbol nos une: socialización, ritual e identidad en torno al fútbol, el consumo del deporte en estas coordenadas, partiendo además de un sentimiento de pertenencia a un club, funciona como un elemento que aúna todo tipo de imaginarios sociales.
Desde esta casilla de salida, no resulta extraño que la cultura de bar durante los días de partido fuera consolidándose en las dos décadas posteriores.
Si el aficionado continuó por esta senda en los años 70 y 80 no fue por la falta de televisores en los hogares —según el INE, superamos los doce millones al final de aquella época—, sino por la sensación de bienestar que se había construido a pie de barra.
Con la llegada de la televisión de pago a partir de 1990 la experiencia futbolística en estos locales vivió una nueva etapa de esplendor, a la que unos años más tarde se le sumó la popularización de internet, que regaló otras formas de encarar el fútbol, y estas ya no pasaban necesariamente por salir de casa.
El aficionado, que no dejó de ir al bar, encontró a través de esta tecnología un elemento que le permitió añadir a los partidos un punto extra de intensidad; a mediados de los noventa aterrizaron las primeras casas de apuestas en territorio online.
Algunas de ellas, que además proponían comparativas y análisis estadísticos de cada encuentro y que fueron precursoras de las que encontramos hoy en apuestasonline, propiciaron un horizonte de posibilidades que todavía estaba por descubrir.
Hasta ese momento, el entusiasmo y la adrenalina inherentes a la predicción de un resultado habían permanecido en manos de «La Quiniela», pero todo cambió en cuestión de meses. Los operadores que empezaron a funcionar en internet trajeron consigo un repertorio de pronósticos mucho más rico, proponiendo así una mayor jugabilidad a los apostantes y superando la hegemonía del clásico «1X2».
No sólo aumentó el número de variables sobre las que apostar (resultado, goles, número de córners, primer jugador en marcar, etcétera), sino que además se incluyeron ligas y competiciones de todos los países.
El avance de las nuevas tecnologías se encargó del resto, y es que a partir de los 2000 permitió sofisticar este tipo de plataformas y se dieron hitos tan reseñables como la aparición de las aplicaciones móviles de las casas de apuestas y la transmisión en directo de los eventos deportivos.
La consolidación de este modelo de entretenimiento lleva años sosteniendo el buen rumbo de un matrimonio que ya parece indisoluble, el que forman las apuestas online y la tertulia de bar frente a un buen partido de fútbol.
L.B.V.(A.García) — Desde tiempos inmemoriales, los megalitos han fascinado a arqueólogos, historiadores y viajeros por igual. Estas enormes estructuras de piedra, erigidas por culturas prehistóricas, han desafiado el paso del tiempo y siguen despertando preguntas: ¿Cómo fueron construidos? ¿Qué propósito tenían? Y, sobre todo, ¿qué significado tenían para quienes los levantaron?
Existen muchos tipos de megalitos—dólmenes, menhires, cromlechs y alineamientos son los más conocidos—, pero ¿qué son cada uno de ellos y en qué se diferencian?.
El término megalito proviene del griego mega (grande) y lithos (piedra), y se usa para describir cualquier estructura prehistórica construida con grandes bloques de piedra sin el uso de mortero o cemento. Estas construcciones pueden encontrarse en prácticamente todos los continentes, aunque las concentraciones más importantes se hallan en Europa, Asia y algunas regiones de África.
Se estima que la mayoría de los megalitos fueron construidos entre el Neolítico y la Edad del Bronce (aproximadamente entre el 5000 a.C. y 1500 a.C.), aunque algunas dataciones sugieren que ciertas estructuras podrían ser aún más antiguas.
– Menhires, las piedras solitarias
Los menhires son las formas más simples de megalitos: monolitos de piedra verticales, clavados en la tierra. Pueden encontrarse de manera aislada o formando alineamientos de cientos o incluso miles de piedras.
Son comunes en Europa Occidental (Francia, Reino Unido, España, Portugal e Irlanda) y algunas regiones de Asia y África.
Su propósito exacto es desconocido, pero se cree que podrían haber sido marcadores territoriales, símbolos religiosos o incluso instrumentos astronómicos alineados con eventos solares o lunares.
Las cuatro bloques del Menhir de Er Grah.
Un ejemplo de menhir es el Menhir Partido de Er Grah, situado a unos 12 kilómetros de Carnac en Locmariaquer (Francia). Se trata del monolito más alto de la prehistoria europea, que originalmente medía más de 20 metros y pesaba alrededor de 280 toneladas.
– Dólmenes, las tumbas de piedra
Los dólmenes son estructuras funerarias compuestas por grandes losas de piedra dispuestas en forma de cámara sepulcral, generalmente cubiertas con tierra para formar un túmulo. Están formados por dos o más piedras verticales que sostienen una gran losa horizontal como techo.
Se encuentran en Europa, Asia y el norte de África, siendo la península de Corea donde más dólmenes hay en el mundo.
Se cree que eran tumbas colectivas utilizadas por comunidades neolíticas para enterrar a sus muertos con ofrendas y objetos de valor.
Interior del dolmen de Menga en Antequera, España.
Uno de los más espectaculares es el Dolmen de Menga en el sur de España, cuya cámara funeraria mide casi 30 metros de largo y está alineada con el monte de La Peña de los Enamorados.
– Cromlechs, misteriosos círculos de piedra
Los cromlechs son conjuntos de piedras colocadas en forma circular u ovalada, y suelen estar asociados con ceremonias rituales o astronómicas.
Existen en toda Europa, con una gran concentración en las Islas Británicas y la Bretaña francesa. Se cree que los cromlechs pudieron haber servido como observatorios astronómicos, templos religiosos o centros de reunión para ceremonias de importancia comunitaria.
Stonehenge en Inglaterra es probablemente el más famoso de todos los megalitos, con sus imponentes bloques de arenisca y sus precisos alineamientos astronómicos.
Cromeleque dos Almendres.
En la Península Ibérica el cromlech más grande se encuentra en Portugal, el Cromleque dos Almendres
– Alineamientos, filas de piedra hacia el horizonte
Los alineamientos consisten en largas hileras de menhires que se extienden a lo largo de varios kilómetros. La mayor cantidad de ellos están en Europa Occidental, aunque también se han encontrado en África y Asia.
Se ha propuesto que los alineamientos podrían haber sido caminos ceremoniales, marcadores territoriales o estructuras relacionadas con el calendario astronómico.
Uno de los numerosos alineamientos de Carnac, en la Bretaña francesa.
Uno de los ejemplos más espectaculares es el de Carnac, en Francia, donde más de 3.000 piedras forman complejas alineaciones.
– Otros tipos
Existen otros tipos de megalitos como las Taulas, exclusivas de la isla de Menorca, que se refieren al elemento central de un recinto que consiste en dos grandes piedras colocadas una encima de la otra formando una T.
Los Cairns o montículos de piedras, túmulos compuestos de pequeñas piedras en forma cónica que se encuentran sobre todo en montañas o cerca de cursos de agua. Un ejemplo más elaborado son los Inuksuit de los Inuit.
Y por último los Barcos de Piedra nórdicos, monumentos realizados mediante el alineamiento de bloques de piedra que forman la silueta de un barco de tamaño real.
Inuksuks.
El mayor de todos es el Ales Stenar en Suecia, formado por 59 piedras (que pesan entre 0,5 y 1,8 toneladas) colocadas de manera que forman la figura de una embarcación de 67 metros de longitud por unos 18,5 metros de ancho.
Uno de los mayores misterios de los megalitos es cómo lograron erigir estas estructuras con herramientas rudimentarias. Se han propuesto varias teorías que incluyen el uso de rampas y palancas para mover las piedras, rodillos de madera y trineos para transportarlas grandes distancias, y trabajo comunitario organizado en grandes grupos.
En sitios como Stonehenge, donde algunas piedras provienen de más de 200 km de distancia, la logística de transporte sigue siendo un enigma. Los avances en arqueología y tecnología continúan revelando nuevos datos sobre estas estructuras, pero aún queda mucho por descubrir.
Ales Stenar.
Lo cierto es que, en cada menhir solitario, cada dolmen sepulcral y cada círculo de piedra, resuenan los ecos de un pasado que sigue cautivándonos. Los megalitos no solo son piedras; son testigos silenciosos de la historia humana, guardianes de secretos ancestrales que, poco a poco, seguimos desentrañando.
Lucinda Graham forma parte del movimiento «desinfluencer», el cual busca romper el ciclo del consumo excesivo.
BBC News Mundo(M.Lawton) — En 2019, Diana Wiebe estaba inmersa en las redes sociales cuando se encontró con una influencer que promocionaba unos rizadores sin calor.
«Eran rizadores con los que podías dormir toda la noche y la promesa era despertarte con unos rizos preciosos», le cuenta a la BBC.
Fue uno de los muchos productos que TikTok le influyó para comprar, pero al igual que muchos otros, incluidas cremas para la piel y exfoliantes faciales, rápidamente se dio cuenta de que no los necesitaba.
«Para ser sincera, los rizadores interrumpieron mi sueño y los usé una sola noche», dice, y agrega: «Mi cabello es naturalmente ondulado, así que creo que el rizador en realidad me dio demasiados rulos».
Avanzamos hasta 2025 y Wiebe, quien vive en Ohio, ahora es una influencer, pero hay una diferencia entre ella y muchas otras. Ella está tratando de «desinfluir» a sus seguidores para que no compren cosas que no necesitan.
En sus videos diarios de TikTok, la creadora de contenido, que tiene más de 200.000 seguidores en la aplicación, hace preguntas como «¿querías ese producto antes de que te lo ofrecieran?» y recuerda a sus seguidores que las compras de ropa semanales y mensuales no son normales.
La cultura del haul es un tipo específico de contenido de redes sociales que se originó en YouTube en el que alguien muestra sus últimas compras, generalmente de ropa, a sus seguidores.
Wiebe es parte de un movimiento que crece desde 2023 y que rechaza la cultura tradicional de los influencers. Ha explotado en TikTok con el hashtag #deinfluencing, acumulando más de 1.000 millones de visitas.
Junto con hashtags como «núcleo del subconsumo» y «consumidor consciente», comparten mensajes clave, como: «La moda rápida no te hará elegante» y «el subconsumo es el consumo normal».
– ¿Cambio cultural?
A medida que arranca el 2025, Wiebe cree que la corriente cultural está cambiando y que los influencers han alcanzado su cima de popularidad.
Algunos «desinfluencers» creen que los influencers empezarán a perder su atractivo.
«Algunos de los contenidos de los influencers son simplemente una provocación para causar ira», dice, haciendo referencia a la táctica de internet de publicar contenido para incitar el enojo y generar visitas.
TikTok se ha convertido en la plataforma por defecto para los influencers, pero, dado que la aplicación se enfrenta a un futuro incierto en Estados Unidos, Wiebe cree que es un momento de cambio.
«No sé cuál será el futuro de TikTok, pero el tipo de influencia que vemos allí no se da en otras aplicaciones», afirma, y menciona lo prolífico que se ha vuelto el contenido de compras en TikTok, en comparación con otras plataformas como Instagram.
Wiebe cree que este cambio se debe a una mayor conciencia de lo que realmente hacen los influencers.
– Como un amigo
«Cuando empecé a ver más anuncios en mi muro de TikTok, pensé en todo lo que había comprado en los últimos años gracias a las reseñas de los influencers», afirma. «De repente me di cuenta de que todo era publicidad, desde contenido promocional pagado hasta creadores que compartían sus compras».
«No es como ver la televisión, donde puedes reconocer un anuncio. Con los influencers te sientes como si estuvieras escuchando a un amigo o familiar porque vemos a nuestros TikTokers favoritos como personas que conocemos», señala.
La mayoría de las interacciones de Wiebe en línea son positivas, con comentarios como: «Necesitaba escuchar este consejo hoy». Sin embargo, otros se preguntan por qué siente la necesidad de entrometerse en los hábitos de compra de otras personas.
Wiebe insiste en que no está abogando por un estilo de vida de «no comprar». En cambio, se describe a sí misma como partidaria de «desacelerar y pensar bien las compras en vez de apresurarse».
Su consejo es opuesto al conocido eslogan de los influencers que animam a sus seguidores a «correr, no caminar» para comprar el último producto.
Diana Wiebe (izq) y Christina Mychaskiw son miembros de la cada vez más popular comunidad de «desinfluencers».
– Enfoque consciente
Esta misma mentalidad llevó a Christina Mychaskiw a adoptar un enfoque más consciente a la hora de gastar.
A través de sus publicaciones en YouTube, TikTok e Instagram, su objetivo es ayudar a otras personas a vivir una vida plena sin arruinarse.
Mychaskiw dice que sabe de primera mano lo poderosos que pueden ser los influencers.
«En 2019, tenía una deuda de 120.000 dólares canadienses (US$83.000) por préstamos estudiantiles y seguía comprando semana tras semana. Toqué fondo cuando compré un par de botas que costaban más que mi alquiler, aunque sabía que no podía pagarlas».
La creadora de contenidos, que vive en Toronto, dice que se sentía atrapada en un ciclo de «Instagram versus realidad», según le cuenta a la BBC. «Tenía una idea de cómo debería ser mi vida en función de mi carrera y de lo que hacían mis compañeros».
Mychaskiw suele hablar de este tema en su podcast, donde escucha a sus oyentes hablar de su lucha contra la presión constante de comprar y la decepción cuando los productos no cumplen con sus expectativas.
«La gente ya no ve el valor de lo que compra. La promesa de estos artículos simplemente no está a la altura de las expectativas. Parece que todo es cada vez más caro, pero de menor calidad y menos satisfactorio».
Mychaskiw no quiere que la gente cometa el mismo error que ella, que en un principio abandonó el consumo de golpe y llevó una vida minimalista, lo que, según ella, la hacía sentir miserable.
Desde entonces, ha llegado a un punto intermedio: se da un capricho de vez en cuando, pero se recuerda a sí misma que antes de ir de compras debe «revisar su armario».
La creadora de contenido ya ha cancelado su deuda estudiantil. ¿Su consejo para los demás? «Suelta el teléfono. Navegar y consumir contenido constantemente te hace más propenso a ceder a los mensajes subliminales», dice.
«Deja el teléfono, toca el césped, juega con tu vestuario y usa lo que ya tienes para crear looks divertidos. Tal vez te des cuenta de que lo que tienes es suficientemente bueno».
– Moda rápida
Según la estilista Lucinda Graham, consumir constantemente moda rápida no solo es malo para las finanzas y el medio ambiente, sino también para el estilo personal.
El movimiento «desinfluencer» anima a sus seguidores a comprar sólo lo que realmente necesitan.
«Piénsalo como si estuvieras cocinando», le dice a la BBC.
«Si preparas algo rápido, está bueno, pero no puede competir con un plato que se ha cocinado con cuidado y esfuerzo.
Lo mismo ocurre con la moda rápida en comparación con un vestuario que ha sido cuidadosamente elegido».
Graham aconseja a quienes estén buscando su propio estilo que sean pacientes.
«El estilo personal necesita tiempo para desarrollarse y experimentar con las mismas prendas.
También se trata, fundamentalmente, de comprar lo que te gusta, en lugar de lo que sigue la tendencia», afirma.
«Cuando los influencers nos convencen de que compremos ropa, compramos artículos que representan el estilo de vida de otra persona e intentamos emular su vida, pero eso no da como resultado un vestuario práctico».
El enfoque de Graham implica que es deliberada a la hora de comprar nuevas prendas y valora dejar que sus prendas «envejezcan» con el tiempo. «Tengo una chaqueta que tengo desde hace seis años y me encanta combinarla», explica.
«Es agradable ver cómo cambia la ropa. Ahora mismo, las chaquetas de carpintero usadas y los pantalones Carhartt desgastados están de moda, pero en lugar de comprarlos en una tienda vintage, ¿por qué no comprar un par y dejar que envejezcan con el tiempo?».
Ella dice que lo mismo se aplica a las tendencias: «La moda rápida nunca será auténtica. Si nos fijamos en el desaseo indie, por ejemplo, esos looks clásicos provienen de personas que realmente viven ese estilo de vida, no porque hayan comprado jeans rotos en línea».
«La clave para romper ese ciclo y descubrir qué te gusta es hacer compras más intencionales, eliminando las pequeñas e impulsivas».
– Industria global
Es difícil determinar si el movimiento de «desinfluencerización» está afectando a las marcas. Sabemos que gigantes en línea como Asos, Boohoo y Pretty Little Thing han luchado con la caída de la demanda y los cambios en los hábitos de los consumidores en los últimos años.
Sin embargo, no olvidemos que muchos muros todavía están inundados de influencers.
En 2023, se estimó que la industria global del marketing de influencers valía US$21.100 millones, más del doble de su tamaño en 2019.
En opinión de la estilista Aja Barber, dado que la creación de contenido todavía se considera una carrera a la que aspirar, aún no hemos alcanzado el «pico influencer».
Aja Barber se dio cuenta de la magnitud del consumo excesivo después de trabajar como voluntaria en una tienda benéfica y ver la cantidad de ropa que la gente donaba.
Barber es autora del libro «Consumido: sobre el colonialismo, el cambio climático, el consumismo y la necesidad de un cambio colectivo»; cree que el movimiento de desinfluencia es útil, pero opina que el tema debe instalarse fuera de internet para cambiar el modo de gastar de la gente.
La autora, que también es editora colaboradora de la revista Elle, dice que todos tenemos un papel que desempeñar.
«Desde los multimillonarios propietarios de empresas hasta los influencers y nosotros como consumidores», le dice a la BBC.
«En las redes sociales, un empleado de correos se puso en contacto conmigo y me dijo que había entregado un paquete del minorista de moda rápida en línea Shein en una casa 17 veces en un mes».
Algunas estimaciones sugieren que cada año se producen en todo el mundo más de 100.000 millones de prendas de vestir, y más de la mitad acaba en vertederos en un plazo de 12 meses.
A menudo, la ropa que no se usa se exporta a países africanos y asiáticos, donde se desecha hasta el 40% en lugar de revenderla, lo que, según las organizaciones benéficas, ha contribuido a la contaminación del agua, generando riesgos para la salud.
Ya ha pasado casi un siglo desde los años 30, cuando las mujeres poseían alrededor de 60 prendas de vestir y compraban cinco nuevas al año.
Al reflexionar sobre cómo han cambiado las cosas, Barber dice que «el objetivo es vender la mayor cantidad posible de productos. Tenemos que ser realistas respecto del daño que los individuos comunes están haciendo con la idea de que podemos simplemente consumir y consumir sin que esto tenga un impacto negativo. Eso no es cierto».
Psicología y Mente(E.Galacho) — La soledad es una experiencia subjetiva, una vivencia que puede sentirse tanto en aislamiento como en presencia de otros. Desde el psicoanálisis, Freud (1920) nos introduce a la idea de que el sujeto está estructurado en relación con el otro, con los lazos que lo constituyen.
Sin embargo, en la modernidad tardía, la soledad se ha convertido en un fenómeno social cada vez más extendido, en parte por el auge del individualismo promovido por el capitalismo tardío (Bauman, 2000).
– La soledad en el sujeto
Desde la teoría psicoanalítica, la soledad se vincula con la constitución subjetiva. Freud nos habla de la importancia de los vínculos tempranos en la estructuración del psiquismo y de cómo la falta de estos puede generar angustia y aislamiento. La soledad, en este sentido, no es solo ausencia de compañía, sino también un encuentro con la propia falta.
En la clínica psicoanalítica, muchas personas expresan una profunda sensación de vacío, aunque estén rodeadas de otros.
Pacientes que llegan a la consulta con quejas de soledad suelen describir una dificultad para sostener vínculos profundos, miedo al rechazo o la sensación de que los lazos afectivos son inestables e inciertos. Algunos relatan cómo, en su infancia, la falta de un sostén emocional seguro generó una tendencia a retraerse o a sobreadaptarse a los demás.
En otros casos, la sensación de soledad aparece como resultado de una idealización del vínculo perfecto que nunca se concreta, lo que genera frustración y aislamiento.
– El individualismo moderno y la crisis del lazo social
Por otro lado, desde la sociología, autores como Zygmunt Bauman (2000) han explorado cómo la modernidad líquida ha debilitado los vínculos sociales, promoviendo una identidad flexible pero también precaria.
La promoción del «yo autónomo» en el discurso neoliberal genera sujetos que valoran la independencia, pero que, al mismo tiempo, experimentan dificultades para sostener relaciones duraderas y significativas.
En la clínica, esto se traduce en relatos de pacientes que sienten que deben demostrar autosuficiencia en todo momento, evitando mostrarse vulnerables o dependientes de los demás.
Muchas veces, esto los lleva a evitar la intimidad por temor a ser rechazados o a no cumplir con un ideal de autonomía que la sociedad impone.
También se observan personas que, al no recibir respuestas inmediatas en sus interacciones digitales, experimentan angustia o una sensación de exclusión, lo que refuerza la idea de que las relaciones se han convertido en bienes de consumo.
En este sentido, la soledad moderna no es solo un estado emocional, sino una condición estructural del sujeto en sociedades cada vez más fragmentadas.
Eva Illouz (2019) señala que las relaciones interpersonales han sido colonizadas por lógicas de mercado, lo que genera un «capitalismo afectivo» en el que los vínculos se vuelven efímeros y sujetos a constante evaluación según criterios de utilidad.
Esto se evidencia en personas que narran cómo las aplicaciones de citas refuerzan una sensación de desechabilidad, o en aquellos que sienten que deben «venderse bien» para ser elegidos en los vínculos amorosos o laborales.
– La paradoja de la conexión digital
Si bien la digitalización ha permitido nuevas formas de comunicación, también ha generado una paradoja: nunca hemos estado tan conectados y, al mismo tiempo, tan solos. La hiperconectividad de las redes sociales ha creado una ilusión de cercanía que muchas veces no se traduce en vínculos reales y profundos.
Las relaciones virtuales pueden carecer de la profundidad emocional necesaria para combatir la soledad estructural de la modernidad.
En la práctica clínica, esto se observa en pacientes que dependen de la validación en redes sociales para sentirse acompañados, pero que, al mismo tiempo, temen la exposición y el juicio ajeno.
También se ven casos en los que el contacto constante con los demás a través de la tecnología no es suficiente para generar un sentimiento de pertenencia, lo que da lugar a un aislamiento subjetivo aún en la hiperconectividad.
– Reflexiones finales
La soledad, lejos de ser un problema exclusivamente individual, está imbricada en las estructuras sociales y económicas que configuran la subjetividad contemporánea. Desde el psicoanálisis, podemos pensarla como un encuentro con la propia falta, mientras que desde la sociología podemos analizar cómo el individualismo moderno refuerza esta experiencia.
Pensar la soledad implica, entonces, no solo una mirada clínica, sino también una reflexión sobre los efectos del sistema en la vida psíquica de las personas.
JotDown(C.Castro) — Cualquiera que alguna vez se haya fracturado un hueso de la mano, dedo o del brazo sabe que, cuando los amigos lo ven llegar a uno con el cabestrillo —elemento ridículo y humillante donde los haya—, solo hay dos preguntas posibles a las que enfrentarse: «Qué ha pasado» y «Cuál es la de las pajas». Y no siempre van en ese orden.
En mi caso, además, a alguien le dio por preguntarme que con cuál de las dos escribía. «Con la mala», dije. «Vaya, ¡entre todas las cosas!», respondió el otro. Y luego, como sacudidos por un rayo, nos quedamos los dos callados. Pensativos, pero sobre todo avergonzados. ¿Qué diablos tenía que ver, en pleno 2021, romperse una muñeca con el hecho de escribir?
Hace ya años, tal vez décadas, desde la última vez que alguien escribió a mano algo en un papel (probablemente fue cuando Carles Rexach pintarrajeó aquella servilleta para fichar a Messi). Lo que quiero decir es que el tecleo del ordenador, que es como hoy escribe todo hijo de vecino, no entiende de lateralidad.
No hay manos buenas ni manos malas. Tampoco hay esfuerzo físico: a nadie le han salido callos por teclear demasiado. A nivel formal, la técnica de nuestra escritura se parece más a tocar un pianillo que a empuñar un arma. Eliminado el papel, uno se aleja de sus propias palabras, ya no puede tocarlas, no las ve nacer de su mano, que es una forma de decir que podrían ser de cualquiera.
Y luego está el tema de la letra, claro. La tipografía unifica y despersonaliza: el mundo entero explicado en Times New Roman. La caligrafía, en otro tiempo virtud y signo de buena educación, hoy ya no le importa a nadie. Y a decir verdad doy gracias, pues algunos hemos tenido siempre una letra tan nefasta que los profesores apartaban la vista de nuestros deberes.
Es muy posible que a estas alturas, dada la impericia de la mano «mala» y la atrofia de la «buena», ya ni siquiera haya mucha diferencia entre ambas. No lo sé. Y es más: tampoco vamos a averiguarlo.
Con los años, los instrumentos envejecen, se oxidan, se vuelven obsoletos. Lo que ayer era nuevo hoy es una flamante antigualla. Le sucede a la tecnología igual que les sucede a nuestras costumbres o a nuestro lenguaje (Cortázar llamaba a los diccionarios cementerios, por la cantidad de palabras en desuso que contienen).
Es un mero principio de utilidad. Lo que no imaginaba, sin embargo, es que esa misma obsolescencia pudiera sobrevenir a nuestros cuerpos. Que a nuestras manos, de un día para otro, les pasara lo mismo que al walkman o los sombreros: que pasaran de moda.
Marshall McLuhan
Es aquí donde uno se topa con Marshall McLuhan. Y eso que, si algo he aprendido del cine, es que no hay que citar nunca a este tipo. El canadiense proclamó, a medidos del siglo pasado, que todos los medios de comunicación actúan como extensiones de una facultad humana, ya sea física o mental.
La rueda, por ejemplo, es una extensión del pie; la cámara, de la vista; la antena de radio es una extensión del oído. ¿Y los medios digitales? McLuhan diría que, en tanto que circuitos eléctricos, son extensiones de nuestro sistema nervioso.
Pero el profesor palmó hace ya más de cuarenta años y, pese a sus notables predicciones, no pudo adivinar que, ante todo, los medios digitales terminarían siendo justamente eso, una extensión de nuestros dedos.
Click, tap, scroll, pinch, swipe… Toda la nomenclatura de las interfaces digitales son gestos que realizamos con los dedos, como si quisiéramos tocar con ellos los mundos que imaginamos en la pantalla. El resto del cuerpo, como en una partida de piedra, papel o tijera, ha claudicado ya ante el poder supremo del dátil.
¿Recuerdan ustedes aquello de que en el futuro los humanos no tendremos meñiques en los pies? Bien, pues los humanos de hoy ya no tienen manos, ni muñecas ni codos. Solo dedos.
Protuberancias filiformes que se extienden desde el nacimiento del hombro y que se prolongan viscosas en todas las direcciones, babeando pantallas y dispositivos con sus pegajosas huellas tentaculares. En la era del homo dactylus, el paraíso es siempre táctil.
Progresivamente desaparecen los oficios manuales, las herramientas manuales, los coches manuales y, de un día para otro, uno se mira las mangas y descubre que le han desaparecido las manos mismas, y en su lugar no hay más que fideos.
En mitad de todo este embrollo, lo sorprendente es averiguar cómo demonios me las he arreglado para lastimarme algo que en realidad no existe, como es un hueso de la muñeca, pero eso es harina de otro costal.
McLuhan se pasó una vida entera tratando de explicar que las sociedades han sido moldeadas por la naturaleza de sus medios de comunicación, más que por los mensajes y contenidos de estas comunicaciones. Aquello que quedó tan brillantemente resumido (y tan a menudo malinterpretado) en el aforismo «El medio es el mensaje».
La mera aparición de la televisión es más importante, más decisiva, que los programas que en ella se emiten, que son una cosa más bien circunstancial. El fenómeno de las redes sociales prevalece por sí mismo, por encima de todas las noticias, mensajes, y memes que consumimos en ellas.
Y a quién le importa lo que uno vea o deje de ver en Netflix; al fin y al cabo lo sustancial es que seestá viendo Netflix.
¿Por qué? Pues porque los medios nos reprograman. La tele, como objeto, ha llegado a ser una parte central de nuestro mobiliario, hasta el punto de determinar cómo orientamos nuestros comedores. Las redes han influido de una forma capital en cómo nos relacionamos con nuestras amistades, cómo encontramos pareja o cómo nos informamos de la actualidad.
El consumo de contenido a la carta, eso que algunos horteras llaman la netflixación de los servicios, nos ha vuelto más exigentes e impacientes, dando como fruto patrones de consumo compulsivos como el binge-watching (lo que viene a ser un atracón en toda regla).
Y a eso se refería McLuhan al afirmar que los motores fundamentales del cambio social y cultural eran los medios, pues cada cual trae consigo una manera propia de relacionarnos con el mundo que nos rodea. De lo que se deduce, como veníamos diciendo, que, en efecto, cada nuevo medio aspira a presentarnos un nuevo modelo de ser humano.
Pero tampoco quiero hablar mucho más de McLuhan.
En parte porque, como digo, uno debe evitar citarlo en la medida de lo posible, incluso fuera de la cola del cine.
La otra razón es que he leído muy poco, tengo una ética muy pobre, y todo lo que aquí traigo no es más que un refrito de entradas de la Wikipedia y vídeos de YouTube, que es de donde yo saco de veras todas mis fuentes.
Por cierto, que no es verdad que en el futuro vayamos a perder el meñique del pie.
Lo que sí parece es que la escritura manual ya empieza a coger un brillo así como de relicario (¿podríamos llegar a olvidarla algún día?).
Y si los medios son extensiones de nuestros cuerpos, cabe suponer que, al envejecer, ambos habrán de hacerlo juntos. Las mismas manos que ayer se encargaban de cualquier labor artesanal —caso de la propia escritura, originalmente una ocupación tan intelectual como física—, hoy se enfrentan al desempleo y al olvido. Le dejo a otra persona el trabajo de hacer juicios morales.
La mano ha muerto cuando ya nadie miraba. O precisamente por eso. Qué sé yo. Tal vez ya llevaba tiempo moribunda. Sin ir más lejos, García Márquez aseguraba que él escribía con el culo. Cada mañana, decía, lo primero que hago es levantarme y poner el culo en mi silla. Luego, escribo.
En esta hipotética sociedad dactilar de la que hablamos, un tipo puede romperse un hueso de la muñeca y que a su jefe no le importe lo más mínimo. Y al día siguiente estar trabajando como si nada. El tipo hace bromas con los compañeros, baja a por el café, produce de la misma manera que la semana anterior y que todas las demás. Saluda al vecino.
Le preguntan con qué mano se hace las pajas. Incluso escribe artículos como este.
DW(F.Wang) — Han pasado cinco años desde que cambió el histórico consejo médico sobre tomar una pequeña dosis diaria de aspirina para prevenir infartos e ictus, una recomendación que ha quedado desfasada para gran parte de la población. Sin embargo, muchas personas aún desconocen esta actualización en las directrices sanitarias.
Por ejemplo, en Estados Unidos, casi la mitad de los adultos sigue creyendo, de forma equivocada, que tomar aspirina a diario es más beneficioso que arriesgado, una idea errónea que podría estar poniendo en peligro la salud de quienes la toman con regularidad.
En concreto, según una reciente encuesta realizada a 1.771 personas del Centro Annenberg de Políticas Públicas de la Universidad de Pensilvania, el 48 % de los adultos sigue creyendo erróneamente que los beneficios de tomar una dosis baja de aspirina diaria superan a los riesgos.
Más preocupante aún, otro 39 % de los encuestados se mostró inseguro sobre esta cuestión, y solo un 13 % está al tanto de las recomendaciones actuales.
– Un giro radical en las directrices médicas
Todo cambió en 2019, cuando el Colegio Americano de Cardiología y la Asociación Americana del Corazón publicaron nuevas directrices sobre el uso preventivo de la aspirina. La actualización fue significativa: ya no se recomienda el uso rutinario de aspirina en dosis bajas (75-100 mg) para adultos mayores de 70 años ni para cualquier persona con mayor riesgo de hemorragia.
Posteriormente, en 2022, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos fue más allá, desaconsejando el uso preventivo de aspirina a todas las personas de 60 años o más. Esta recomendación se basa en que los riesgos de hemorragia gastrointestinal superan los potenciales beneficios cardiovasculares en estos grupos de edad.
– Hábito difícil de cambiar
La persistencia de esta práctica es notable. Según un estudio de 2019 financiado por el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre, tan solo en Estados Unidos, aproximadamente 29 millones de personas mayores de 40 años sin cardiopatías toman aspirina de forma preventiva, y de ellas, 6,6 millones lo hacen sin recomendación médica.
Por su parte, la encuesta de Annenberg revela otro patrón preocupante: entre las personas sin antecedentes de cardiopatía, el 26 % de los mayores de 60 años toma aspirina al menos una vez al mes, en comparación con el 12 % de las personas entre 40 y 59 años y el 15 % de aquellos entre 18 y 39 años.
– ¿Por qué el cambio?
La aspirina, siendo un anticoagulante, puede ayudar a prevenir la obstrucción de las arterias y reducir el riesgo de ictus o infarto de miocardio. Sin embargo, este mismo mecanismo aumenta el riesgo de hemorragias internas graves, especialmente en el sistema digestivo, lo que puede causar inflamación y daños en el revestimiento del estómago.
– ¿Quién debería tomar aspirina?
Las nuevas directrices sobre el uso preventivo de la aspirina son claras y establecen diferentes recomendaciones según la edad y el perfil de riesgo de cada persona.
Para empezar, los adultos mayores de 70 años deben evitar su uso preventivo.
De igual manera, está desaconsejada para cualquier persona que presente un mayor riesgo de hemorragia, independientemente de su edad.
En cuanto a los adultos entre 40 y 70 años, el uso de aspirina podría considerarse únicamente si tienen un mayor riesgo de cardiopatía, pero no presentan riesgo de hemorragia.
Específicamente para el grupo de edad entre 40 y 59 años, la recomendación es aún más precisa: solo deberían considerar su uso si su riesgo cardiovascular a 10 años es igual o superior al 10 %.
– La importancia del consejo médico
Es fundamental destacar que estas recomendaciones se aplican específicamente a la prevención primaria en personas sanas, ya que para quienes han sufrido un infarto, un ictus o tienen diagnóstico de enfermedad cardiovascular, las indicaciones pueden ser diferentes.
Las normas globales sobre el uso preventivo de aspirina han cambiado porque la ciencia misma evoluciona, transformando lo que antes era una recomendación general en una sugerencia muy específica para ciertos grupos.
Como señala la Dra. Kathleen Hall Jamieson, directora del Centro Annenberg de Políticas Públicas, «los hábitos respaldados por la sabiduría convencional y los consejos pasados de los profesionales sanitarios son difíciles de romper».
Las nuevas directrices enfatizan así que «la forma más importante de prevenir la enfermedad vascular aterosclerótica, la insuficiencia cardiaca y la fibrilación auricular es promover un estilo de vida saludable durante toda la vida», y advierten que «la aspirina debe utilizarse con poca frecuencia en la prevención primaria rutinaria de la enfermedad cardiovascular aterosclerótica debido a la falta de beneficio neto».
Por ello, si usted lleva años tomando aspirina «por si acaso», puede que sea momento de replantear esta rutina. Pero, antes que nada, el consejo de los especialistas es claro: nadie debería iniciar o suspender un régimen de aspirina sin consultarlo antes con un profesional de la salud, ya que cada caso puede ser distinto y es necesario valorar los factores de riesgo individuales.
BBC News Mundo(A.de Cabo) — Un acto tan cotidiano como es comer una ensalada puede ser menos saludable de lo que pensamos.
Tras décadas de agricultura industrial, todo el mundo es consciente de que la comida en mayor o menor medida puede estar contaminada por pesticidas.
Y también del impacto medioambiental que supone consumir alimentos que vienen del otro lado del mundo.
Rafael Navarro de Castro, sociólogo y diplomado en Extensión y Desarrollo Rural, sabe lo complicado que es luchar contra ello, pero reclama que se indique al menos con carteles grandes de dónde provienen los alimentos que compramos y cuántos pesticidas contienen para saber qué nos llevamos a la boca y luego que cada cual decida.
En su opinión, el cultivo bajo plástico de los invernaderos es la metáfora perfecta de este mundo moderno.
La Tierra no tiene un plástico que la recubra, pero sí gases que hacen el mismo efecto: conservar el calor. De ahí el título de su segundo libro «Planeta invernadero», en el que el escritor introduce al lector en un viaje a lo largo de 2019 en el Poniente, una región costera española marcada por los invernaderos que configuran este peculiar mar de plásticos.
A través de su protagonista Sara, una ingeniera agrónoma madrileña, muestra el impacto de la industria agroquímica en el medio ambiente y en la salud humana, así como la migración y la explotación laboral en el sector agrícola.
Él, como su protagonista, decidió hacer un cambio de vida, en su caso hace 24 años.
Abandonó su pequeño apartamento en el centro de Madrid para irse a vivir a Monachil, un pueblo a los pies de Sierra Nevada, en el sur de España, donde sus vecinos pensaron que no duraría ni un año.
Pero se equivocaron. En esas más de dos décadas ha visto de primera mano el cambio climático: castaños milenarios que se mueren por falta de agua y una cuota de nieve que ha subido de los 2.000 a los 3.000 metros convirtiendo los ríos en verano en pequeños riachuelos.
BBC Mundo habló con él en el marco del Hay Festival de Cartagena 2025, el festival de literatura e ideas que cumple a fines de enero sus 20 años de celebración en esta ciudad del Caribe colombiano.
En tu novela «Planeta invernadero» haces un retrato de la sociedad en la que vivimos y de sus problemas, desde los medioambientales hasta los sociales. ¿Qué te impulsó a escribirla?
Tendríamos que remontarnos a la novela anterior. Mi primera novela se llamaba «La tierra desnuda» y cuenta la vida de los campesinos que yo conocí en la montaña en el año 2000, cuando llegué.
Cuenta más o menos la historia de mis vecinos. Es un elogio y un homenaje a esos hombres y mujeres y a esa forma de vida, que estaba desapareciendo delante de mis ojos. Era un elogio de la vida que han llevado estas familias, que eran autosuficientes y respetuosas con el medio ambiente.
Para el siguiente libro pensé en qué venía después de esa agricultura tradicional. Pues lo que vino es la agricultura intensiva industrial. Empecé a investigar y pensé en cuál es la expresión más extrema de la agricultura intensiva: el invernadero.
Hay varias regiones en Andalucía [sur de España] que están completamente cubiertas de plástico. Igual estamos hablando de 60.000 hectáreas cubiertas de plástico. Un mundo absolutamente impresionante.
Rafael Navarro dejó su vida en el centro de Madrid para irse a vivir a un pueblo en la falda de Sierra Nevada, en el sur de España.
Centras tu historia en un lugar en el que lo que no está cubierto de plástico está cubierto de hormigón y donde el color verde está desterrado a pesar de ser la huerta de Europa. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Por el capitalismo y el productivismo. En España y en Europa el proceso ha sido abandonar las zonas rurales, porque eran improductivas.
La gente tenía que irse a las ciudades a trabajar. Pero hubo regiones, como por ejemplo el Poniente Almeriense o la Corona Norte en Huelva, que se desarrollaron tecnológicamente porque tenían acuíferos subterráneos y buenas condiciones meteorológicas.
Esos territorios no se vaciaron porque encontraron una forma de rentabilizar sus cultivos. La forma era el invernadero.
Con los invernaderos consiguen producir durante todo el año. Multiplican las cosechas, multiplican la cantidad de producto. Pero todo esto tiene un coste medioambiental gigantesco, que fundamentalmente es la contaminación del suelo y del agua, la sobreexplotación de los acuíferos y una contribución al cambio climático impresionante porque todo esto se hace a base de energía y de química.
Estos lugares crecieron y siguen creciendo con el doble problema, primero de la explotación laboral y luego de la destrucción medioambiental.
Yo en el libro intento que se vea que esto no es un problema de la agricultura industrial. La industria textil se basa en los mismos principios.
A lo largo del libro llamas la atención sobre la carne medicada, los cereales transgénicos, el pescado repleto de microplásticos, pesticidas y alimentos insípidos como los tomates. ¿Cómo lograr que el consumidor gane conciencia de lo que come?
No es solo que los tomates no sepan nada, sino que encima están contaminados y contienen muchos productos químicos que nos hacen daño y esto más o menos lo sabe todo el mundo.
La pregunta es, si todos sabemos que están contaminados, ¿por qué seguimos comprándolos y por qué seguimos comiéndolos?
Desde el punto de vista colectivo se podrían hacer mil cosas sencillas como comer de temporada. Es decir, comer aguacates en la época en que son de España, no cuando vienen del Perú. Solo eso sería un avance para la civilización y no supone un esfuerzo económico grande.
¿Por qué la gente no cambia? Porque está metida en una inercia. No miras de dónde vienen las cosas. Yo no entiendo cómo no se exige.
Debería verse muy claro de dónde viene cada producto y qué productos químicos tiene una naranja, unas acelgas, una lechuga o un tomate y luego que cada cual decida si se lo come o no.
En opinión de Navarro de Castro, el cultivo bajo plástico es la métafora perfecta del mundo en que vivimos.
En ese contexto, la protagonista se formula preguntas como: ¿cuántos pesticidas contiene ese plato tan saludable como una ensalada?
Mi editorial y editora me dicen que no hable mucho de pesticidas, porque la gente prefiere no saber qué contiene la lechuga, el tomate o la fresa, porque si no, ya no comería.
Pero yo reivindico el derecho a saberlo y además la información está ahí y se sabe que los pesticidas son cancerígenos, que afectan al sistema hormonal, al sistema reproductivo, se sabe que hay muchos problemas como el hipotiroidismo, cánceres que están relacionados con la cantidad de pesticida.
Hasta el agua del grifo y la cerveza tienen pesticidas. Se sabe, pero el consumidor no reacciona y las instituciones menos.
En 2024 la Unión Europea aprobó una moratoria del glifosato de diez años más. Es el pesticida más vendido del mundo. Se sabe que es cancerígeno. En Estados Unidos ya hay sentencias que condenaron a Monsanto a pagar a agricultores que habían contraído cáncer después de utilizarlo.
Estoy seguro que antes o después se prohibirá. Pero entre tanto nos lo estamos comiendo. Está en prácticamente todos los alimentos.
¿Crees que veremos entonces, como escribes en tu libro, mensajes como los de las cajetillas de tabaco?
No lo sé. A mí me gustaría que por lo menos la gente lo supiese, pero la gente no lo quiere saber.
Deberían saber qué siete pesticidas tiene un kilo de fresas. Porque no tienen un pesticida ni dos ni tres, tienen siete diferentes. Esta es una problemática muy grave. Como hay límites a los pesticidas los agricultores diversifican la cantidad de pesticidas que usan.
Respecto al tabaco, Marie-Monique Robin, una francesa que ha escrito mucho sobre agricultura y pesticidas, dice que en un momento determinado, la industria agroquímica se puso de acuerdo para culpar al tabaco de todo y así no se va a hablar de la contaminación química de todos nuestros productos.
Yo no soy de los que dice: pesticidas cero. Creo que en determinadas circunstancias igual hay que usar pesticidas en una situación de plaga, pero es que ahora se fumigan las plantaciones de manera preventiva y la cantidad de pesticidas que nos comemos es horrible.
Pero no creo que lleguen a poner «estas lechuga pueden perjudicar seriamente su salud» (risas), pero por lo menos deberíamos exigir que ponga lo que tiene.
Hablas de fertilizantes, de pesticidas, del aumento del cáncer, de cómo los acuíferos españoles son esquilmados o contaminados. ¿Qué futuro nos espera?
Lo que yo propongo es hacer algo, tenemos que intentar algo, funcionará o no funcionará, pero si seguimos así vamos a tener serios problemas.
He estado en los invernaderos de Almería [sur de España] hablando con los agricultores, con los empresarios, inmigrantes y allí nadie se lleva a engaño. Ellos saben que esto es una cuestión de décadas, que en 10, 20, 30 o 40 años ahí ya no va a crecer nada.
El suelo está muerto a base de química, los acuíferos están sobreexplotados, contaminados y como baja el nivel del agua, se cuela el agua del mar, y también están salinizados.
Si seguimos por este camino, el desastre está garantizado. Tenemos que intentar algo. Como mínimo echar el freno. No seguir construyendo invernaderos. Pero cada vez que voy a Almería veo invernaderos nuevos por todos lados. Pero, ¡si no hay agua!
En tu libro hablas de Rachel Carson que publicó «Primavera Silenciosa» en 1962 y la activista alemana Petra Kelly, una de las fundadoras del partido de Los Verdes en 1980. Ambas fueron perseguidas por alertar de los peligros. ¿Cómo luchar contra un engranaje tan fuerte como el que mueve la industria alimentaria?
Cuando empecé a investigar sobre la agricultura industrial me acordé de Rachel Carson y de Petra Kelly, que las había leído hacía 30 años.
Después seguí investigando y vi que todas las voces que han hablado contra la agricultura industrial más en serio son mujeres. Y decidí que la protagonista fuera una ingeniera que trabaja en los invernaderos.
Después me fijé en que todas fueron insultadas, descalificadas, amenazadas, incluso agredidas y perseguidas. Entonces pensé que eso era lo que le iba a pasar a mi protagonista. Ella forma parte del sistema, pero lo va a criticar y como consecuencia la van a insultar y perseguir como hicieron con una mujer en Almería.
De hecho, yo también he recibido insultos y denuncias. La lucha de los activistas siempre va a estar en cuestión. Mira a Greta Thunberg si no ha recibido amenazas, yo creo que sigue viviendo medio escondida en algún lugar de Suecia.
A través de Sara conocemos todo lo que pasa debajo del mar de plástico de los invernaderos incluida la vida de los migrantes sin papeles que sufren una explotación laboral que roza la esclavitud.
Esta es la contradicción que gobierna el universo. Todos lo sabemos, pero no es solo el kilo de tomate, es el teléfono que tengo yo aquí en la mano y que tendrás tú por ahí también.
Estos productos están hechos a base de explotación, de explotación de niños en minas africanas, en unas condiciones de vida inimaginables y que todos sabemos. Ya nadie puede decir que no lo sabía.
Lo que intento es ponerle rostro a esa gente. Sin el abuso y la explotación de todos estos inmigrantes, estas industrias no seguirían ni una semana más. Tú quitas mañana a los inmigrantes y tienen que cerrar, literalmente.
Puse rostro a las cosas con la pequeña esperanza de que quizás alguien diga que esto no se puede consentir.
Dices que vivimos en un mundo de contradicciones donde, por ejemplo, llevamos bolsas de tela al supermercado pero luego volamos miles de kilómetros para tumbarnos al sol. ¿Qué problemas conlleva vivir en una contradicción constante?
Creo que esta contradicción es una fuente de frustraciones, de insatisfacciones, de ansiedad probablemente. Creo que la gente vive muy ansiosa y sobre todo la gente que hace cosas que sabe que están mal.
Pero es una contradicción que todo el mundo lleva dentro. Por eso quizás la gente prefiere no saber los detalles. No quieren saber mucho para no sentirse fatal. Vivimos con eso.
Hay gente que lo resuelve con pequeños lavados de conciencia, como por ejemplo la bolsa reutilizable en el supermercado. Hay gente que piensa que como recicla ya puede subirse a un avión para pasar el fin de semana en París o escaparse a las Maldivas.
En mayor o menor grado todos tenemos que convivir con la contradicción, porque hacerlo todo bien es casi imposible.
La conservacionista estadounidense Rachel Carson fue una fuente de inspiración para Rafael Navarro.
Tú, al igual que tu protagonista, decidiste abandonar en Madrid para irte a vivir a un pueblo a los pies de Sierra Nevada.
¿No corremos el riesgo de romantizar esa huida a la naturaleza?
A mí siempre me acusan de eso, de idealizar el campo y la vida en el pueblo. Sí es verdad que mi propuesta no es colectiva, yo no creo que todo el mundo se pueda ir a vivir a la naturaleza ni al campo.
La vida en la montaña es muy dura y tienes que renunciar a muchísimas cosas.
Ha sido la opción que yo he tomado en mi vida y ha sido la opción que le he dado a mi personaje, pero no es una propuesta colectiva, ni viable, porque no habría campo suficiente.
Para mí la vida en la naturaleza es más sana y más sostenible y menos contaminante que la vida en la ciudad. Estoy muy cansado también de esta visión contraria, que condena el pueblo.
Irte al pueblo puede ser horrible o puede ser maravilloso. Igual que irte a una ciudad puede ser horrible o puede ser maravilloso.
Leer el libro unos meses después de la DANA de Valencia hace que afirmaciones como que el cambio climático ha dejado de ser una amenaza para ser una emergencia estén más de actualidad que nunca. ¿Crees que este tipo de tragedias sirven para lograr una mayor concienciación sobre el clima?
Está visto que tenemos una memoria de pez, porque esto pasa todos los años. La DANA que yo cuento en la novela en 2019 no es inventada, sucedió realmente. Y los datos que yo doy son también reales.
No fue tan terrible como la del año pasado (en Valencia), pero es un fenómeno que se repite. Si ya lo sabemos, ¿por qué no tomamos medidas? Medidas, sobre todo, preventivas.
Yo creo que uno de los problemas del siglo XXI es la falta de memoria. Sigue habiendo políticos que siguen negando el cambio climático. Se sigue construyendo en zonas inundables.
Volvemos un poco a lo de antes también: no queremos saberlo o nos cuesta mucho o no queremos renunciar a nada o queremos seguir teniendo y disfrutando.
Psicología y Mente(J.Soriano) — La psicopatía es un trastorno de la personalidad caracterizado por rasgos como la falta de empatía, el egocentrismo y la manipulación, lo que lleva a las personas a priorizar su propio beneficio por encima del bienestar ajeno.
Aunque generalmente se vincula con comportamientos antisociales y la incapacidad para formar vínculos genuinos, surge una pregunta intrigante: ¿pueden los psicópatas formar “alianzas” entre ellos y protegerse mutuamente?
Este artículo explora este interrogante, basándose en estudios recientes que examinan la forma en la que los psicópatas interactúan, tanto en situaciones cotidianas como en contextos más controlados.
– ¿Qué son los rasgos psicopáticos?
La psicopatía se define como un trastorno de la personalidad caracterizado por un conjunto de rasgos que incluyen una falta de empatía, egocentrismo extremo, manipulación y un comportamiento antisocial. Estos rasgos afectan profundamente las interacciones sociales, ya que las personas con psicopatía tienden a utilizar a las demás para sus propios intereses y fines, sin considerar del todo el daño que puedan causar.
El Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R), una de las herramientas más utilizadas para medir la psicopatía, identifica dos dimensiones clave: la primera, relacionada con características interpersonales y emocionales, como el encanto superficial y la falta de remordimiento, y la segunda, que se centra en los comportamientos impulsivos y antisociales.
Las personas con rasgos psicopáticos suelen tener dificultades para establecer relaciones auténticas, debido a su incapacidad para experimentar emociones de una forma genuina. En su lugar, emplean una serie de tácticas manipulativas para obtener aquello que desean.
Esta falta de empatía y de conexión emocional les puede convertir en individuos altamente egocéntricos, cuyo interés por el bienestar de otras personas es prácticamente nulo.
Aunque los psicópatas pueden presentar un comportamiento socialmente exitoso, debido a su capacidad para manipular y adaptarse a diferentes contextos, las interacciones auténticas y cooperativas les resultan problemáticas. En situaciones de grupo, es común que busquen maximizar su propio beneficio, sin tener en cuenta el bien común.
Sin embargo, esta tendencia al egoísmo plantea una pregunta interesante: ¿puede llegar a existir algún tipo de dinámica cooperativa entre psicópatas, especialmente cuando sus intereses coinciden? Esto nos lleva a explorar cómo los psicópatas se relacionan entre sí, más allá de su comportamiento antisocial general.
¿Cómo se relacionan entre sí las personas con psicopatía?
Las interacciones entre psicópatas pueden ser complejas, ya que, a pesar de su naturaleza egoísta y manipuladora, existe la posibilidad de que formen alianzas estratégicas. Estas relaciones no están basadas en la empatía y los valores compartidos, sino en un interés mutuo por obtener beneficios personales.
Los psicópatas, al compartir características similares, pueden encontrar en otros individuos con rasgos psicopáticos a aliados útiles para alcanzar sus objetivos, ya que su comprensión mutua de la manipulación, la falta de remordimiento y la búsqueda del propio beneficio puede facilitar la cooperación.
El concepto de “protección mutua” entre psicópatas no se refiere a un apoyo genuino o altruista, sino a una colaboración pragmática en la que ambos individuos buscan maximizar sus ganancias.
En situaciones en las que su egoísmo puede verse reforzado al trabajar juntos, es probable que los psicópatas actúen de manera protectora hacia sus semejantes, especialmente si perciben que colaborar entre ellos puede llevar a un resultado favorable.
A pesar de esto, este tipo de cooperación no es estable a largo plazo, ya que los psicópatas no son conocidos por su lealtad inquebrantable. Su inclinación manipuladora significa que, en cualquier momento, un psicópata podría traicionar a otro si percibe una mayor recompensa personal por hacerlo.
La cooperación entre ellos es, por lo tanto, altamente transaccional y basada en la obtención de ganancias inmediatas.
En escenarios en los que sus intereses se alinean, como en el ámbito profesional o criminal, puede surgir una especie de “protección mutua”, pero siempre bajo la premisa de que los psicópatas actuarán en última instancia para maximizar sus propios beneficios, sin importar las consecuencias para los demás.
Esto plantea un panorama complejo de relaciones que, aunque aparentemente cooperativas, siempre están impregnadas de una gran desconfianza y falta de empatía genuina.
. Resultados del estudio y evidencia empírica
El estudio de Yang y su equipo proporciona una visión detallada sobre cómo los psicópatas responden a situaciones en las que se requiere castigar comportamientos no cooperativos. A través de una encuesta a gran escala y un experimento controlado, los investigadores examinaron si los psicópatas tienden a castigar menos a aquellos que actúan de una forma egoísta o injusta.
En el primer estudio, los resultados revelaron que los rasgos psicopáticos predicen una disminución general de la propensión a castigar, independientemente de la perspectiva del participante (si se veía a sí mismo como víctima o como observador) y del costo involucrado en la sanción.
Esto sugiere que, en general, los psicópatas tienen menos inclinación a imponer castigos sociales a comportamientos no cooperativos, lo cual podría interpretarse como un reflejo de su egoísmo y su falta de interés en promover el bien común.
Sin embargo, en el segundo estudio, realizado en un entorno experimental con juegos económicos, los psicópatas solo mostraron una menor disposición a castigar cuando existían costos salientes asociados a la sanción.
Esta diferencia sugiere que los psicópatas tienden a priorizar sus propios intereses, incluso en situaciones en las que otros se comportan de forma injusta, pero su respuesta puede cambiar si hay un costo directo para ellos.
Además, los psicópatas mostraron una mayor sensibilidad a la justicia orientada hacia su propio beneficio, lo que mediaba la relación entre sus rasgos psicopáticos y su propensión al castigo.
Estos hallazgos destacan cómo los psicópatas, aunque generalmente menos inclinados a castigar, pueden modificar su comportamiento dependiendo de la percepción del costo personal.
Su falta de interés en la justicia social se ve matizada por la conciencia de las consecuencias directas para sí mismos, lo que podría influir en sus interacciones con otros individuos, incluidos otros psicópatas.
– ¿Por qué los psicópatas podrían protegerse entre sí?
Las investigaciones sobre psicopatía sugieren que los individuos con rasgos psicopáticos tienen una visión del mundo altamente egocéntrica, en el que las interacciones sociales se valoran principalmente en función de los beneficios personales que puedan obtener.
Esto les lleva a adoptar una postura de desinterés o incluso indiferencia hacia las normas sociales que promueven la cooperación y el castigo de los comportamientos injustos. Sin embargo, cuando se observan las dinámicas entre psicópatas, emerge la posibilidad de que estos individuos cooperen entre sí, pero siempre con un fin utilitario.
Este comportamiento se entiende mejor a través de la idea de la justicia orientada hacia uno mismo, un concepto clave descubierto en los estudios mencionados. La justicia, en el contexto de los psicópatas, no se basa en principios éticos universales, sino en cómo las decisiones afectan directamente a sus propios intereses.
Así, aunque los psicópatas tienden a evitar sancionar a otros por comportamientos egoístas, podrían unirse para evitar consecuencias negativas si eso refuerza sus propios fines. De esta manera, se forma una especie de protección mutua entre psicópatas, aunque limitada y transaccional.
Este fenómeno plantea preguntas sobre cómo los psicópatas podrían actuar en entornos en los que sus intereses están alineados, como en el ámbito criminal o en situaciones de poder. Aunque pueden cooperar entre ellos, la lealtad es efímera y siempre estará condicionada por la búsqueda constante de su propio beneficio.
En este sentido, la relación entre psicópatas es más una alianza estratégica que una verdadera cooperación basada en confianza o empatía.
– Implicaciones para la intervención y educación
Esta investigación tiene implicaciones significativas para entender las dinámicas sociales de las personas con psicopatía. A pesar de su naturaleza egoísta y falta de empatía, los psicópatas pueden colaborar entre sí cuando sus intereses se alinean y cuando dicha cooperación les otorga beneficios personales.
Esto sugiere que, en contextos en los que se perciben beneficios mutuos, los psicópatas pueden formar una especie de protección entre ellos, basada más en la conveniencia que en la lealtad o el altruismo.
Estas dinámicas de cooperación limitada pueden tener importantes consecuencias en situaciones de poder o en contextos criminales, donde los psicópatas podrían formar redes o alianzas con otros que compartan sus intereses. Sin embargo, dado que su lealtad es volátil y su motivación está siempre dirigida por el beneficio personal, cualquier “protección mutua” entre ellos podría ser efímera.
Los hallazgos también sugieren que la falta de una respuesta de castigo hacia comportamientos injustos puede ser un reflejo del egoísmo psicopático, lo que plantea desafíos para el desarrollo de intervenciones efectivas. La comprensión de estas dinámicas puede ayudar a diseñar estrategias más eficaces para tratar a personas con rasgos psicopáticos, ya sea en entornos clínicos o en situaciones sociales más amplias.
JotDown(C.Nuñez) — El lanzamiento del Sputnik por la Unión Soviética en 1957 y el posterior envío del primer ser humano, Yuri Gagarin, al espacio en 1961, marcó el comienzo de la exploración espacial humana. Estos eventos históricos pusieron de relieve la necesidad de comprender y mitigar los efectos adversos del espacio, como la micro-gravedad y la radiación cósmica, en la salud y el rendimiento de los astronautas.
La micro-gravedad afecta casi todos los sistemas del cuerpo, desde la pérdida ósea y la degeneración muscular hasta los cambios en la circulación sanguínea y la función cardíaca. Además, la exposición a la radiación espacial puede aumentar el riesgo de enfermedades crónicas como el cáncer.
La medicina espacial, como especialidad médica, surge en respuesta directa a estos desafíos planteados por el entorno espacial al cuerpo humano, desarrollando estrategias preventivas y terapéuticas, incluidos rigurosos programas de entrenamiento físico para los astronautas, protocolos nutricionales y sistemas de protección contra la radiación.
Expedición: especialidad médica para los aventureros
Esta especialidad combina la práctica de la medicina con el amor por la aventura y la exploración en entornos remotos y abarca la preparación, prevención y tratamiento de problemas de salud en condiciones a menudo desafiantes, lejos de las instalaciones médicas convencionales.
La medicina de expedición atrae particularmente a los jóvenes aventureros y a aquellos con un espíritu inquebrantable de exploración, plantea desafíos únicos que van más allá de los confines tradicionales de un consultorio médico.
Esta especialidad no solo requiere una comprensión profunda de la medicina general, sino también la capacidad de adaptarse a entornos extremos y gestionar recursos limitados.
En este contexto, el seguro médico para jóvenes adquiere una nueva dimensión, destacando la importancia de la preparación y la protección en expediciones que pueden llevar a los participantes a las fronteras más remotas de la Tierra. Los médicos de expedición deben estar preparados para enfrentar una amplia gama de situaciones médicas con recursos limitados y, a menudo, sin acceso inmediato a atención médica especializada.
Especialidad médica para tratar trastornos del sueño
Otra especialidad destacable es la Medicina del Sueño que se ocupa de los trastornos del sueño, como la apnea del sueño, el insomnio y la narcolepsia. Dada la importancia del sueño para la salud general, esta especialidad desempeña un papel crucial en el diagnóstico y tratamiento de condiciones que pueden tener un impacto profundo en la calidad de vida de los pacientes.
Un caso curioso de narcolepsia es el de un hombre que sufría ataques de sueño cada vez que se reía. Este fenómeno, conocido como cataplexia, es un síntoma de la narcolepsia donde las emociones fuertes, como la risa, pueden provocar una pérdida repentina del tono muscular.
En este caso, las situaciones cotidianas que provocaran risa resultaban en que el individuo se quedara dormido de manera inmediata y sin previo aviso, lo que planteaba desafíos únicos en su vida diaria y social.
Gerontología
La gerontología, el estudio del envejecimiento y sus efectos, tiene un futuro prometedor debido al envejecimiento de la población mundial. Se espera que la demanda de conocimientos y servicios relacionados con la salud, el bienestar y la calidad de vida de las personas mayores aumente significativamente.
Los avances en la investigación gerontológica podrían conducir a mejoras en la atención médica, estrategias de prevención de enfermedades relacionadas con la edad y enfoques innovadores para la integración social y el mantenimiento de la independencia en la vejez.
Esta especialidad estudio las llamadas «Zonas azules» regiones del mundo donde la gente vive significativamente más tiempo que el promedio global. Estas incluyen lugares como Okinawa en Japón, Cerdeña en Italia, y Loma Linda en California.
Los estudios en estas áreas revelan factores comunes que pueden contribuir a la longevidad, como dietas basadas en plantas, actividad física regular, fuertes lazos sociales y un propósito de vida claro.
Las especialidades médicas son tan diversas como las enfermedades y condiciones que buscan tratar.
Dentro de este vasto campo, algunas especialidades se destacan no solo por su importancia sino también por su singularidad, abordando aspectos de la medicina que muchos podrían considerar inusuales o extremadamente especializados.
Belle Gibson aseguró que su dieta basada en frutas y verduras la había curado, pero en 2015 se reveló que nunca tuvo cáncer
BBC News Mundo(L.Martín) — En 2013, una notable historia de supervivencia contra todo pronóstico acaparó los titulares.
Era la historia de una joven que había lanzado una app de bienestar de enorme éxito de ventas con sus consejos de cómo había vencido el cáncer.
Apenas cuatro años antes, en 2009, a la bloguera australiana Belle Gibson, que entonces tenía 20 años, se le había diagnosticado, según sus propias palabras, un «cáncer cerebral maligno» y le habían dado «seis semanas, cuatro meses como máximo» de vida.
Sin embargo, afirmó que había optado por retirarse del tratamiento de quimioterapia y radioterapia y, en su lugar, se había embarcado en «una búsqueda para curarme de forma natural… a través de la nutrición, la paciencia, la determinación y el amor».
Tras reunir 200.000 seguidores en Instagram (que en aquel entonces estaba en sus inicios) que leían con entusiasmo su trayecto hacia la sanación, Gibson lanzó una aplicación de bienestar y nutrición que fue un éxito de ventas.
Después publicó un libro de cocina llamado The Whole Pantry («Toda la despensa»), en el que afirmaba que había sido su dieta la que la había llevado a la curación de su enfermedad terminal e inspiraba a otros a seguirla en su misión de «empoderarme para salvar mi propia vida».
La revista Elle Australia la calificó como «la mujer más inspiradora que has conocido este año», y en 2014, otra publicación, Cosmopolitan, le otorgó un premio por ser «una mujer divertida y valiente».
Pero todo era mentira.
A Gibson nunca le habían diagnosticado un cáncer cerebral, ni «cáncer en la sangre, el bazo, el cerebro, el útero y el hígado» que dijo, en una publicación de Instagram en 2014, que también le habían diagnosticado.
Entonces comenzaron a surgir rumores en los medios australianos de que podía ser una impostora.
Finalmente, en abril de 2015, admitió la verdad en una entrevista con la revista Women’s Weekly.
«No, nada de eso es verdad», declaró, pero se negó a asumir más responsabilidad y sólo agregó veladamente: «Sigo saltando entre lo que creo que sé y lo que es la realidad. Lo he vivido y todavía no he llegado allí».
La influencer fue multada con 410 mil dólares australianos por publicidad engañosa, pero hasta la fecha no ha cumplido con el pago
– Dramatizando su historia
Esta distorsión de la realidad y la gimnasia mental de las «explicaciones» de Gibson sobre sus acciones son la columna vertebral de Apple Cider Vinegar («Vinagre de manzana»), una sugerente miniserie de Netflix que dramatiza todo el escándalo.
Para contar la historia, la productora Samantha Strauss se apoya en la inestable relación de Gibson con la verdad.
Desde la caótica línea de tiempo, que salta entre personajes y eventos desde antes de 2009 hasta 2015, hasta la forma en que combina hechos reportados con secuencias ficticias, la miniserie hace que sea deliberadamente difícil poder comprender lo que realmente sucedió.
Por ejemplo, hay un montaje exagerado donde los personajes principales hacen playback al ritmo de Toxic de Britney Spears, y está la aparición de un personaje médico que Gibson afirma que la trató, pero cuya existencia nunca se ha demostrado.
Dicho esto, ¿cómo podría una serie basada en una mentirosa patológica ser interpretada de manera completamente honesta?
Cabe destacar que, tras las consecuencias de Baby Reindeer («Bebé reno») el año pasado (Netflix está siendo demandada por una mujer que afirma haber sido identificada por la serie que declaraba «Esta es una historia real» al comienzo de cada episodio), Apple Cider Vinegar introduce el drama con una advertencia ligeramente diferente en cada episodio.
Declara: «Esta es una historia verídica basada en una mentira» y «Lo que sigue está inspirado en una historia real. Algunos personajes y eventos han sido creados o son ficticios».
Por más que esta novelización pueda ser un juego con la verdad, sin duda da lugar a una historia convincente (e impactante).
Siguiendo los pasos trillados de otros dramas televisivos sobre estafadores, Apple Cider Vinegar se posiciona, tanto en estilo como en temática, junto a miniseries de Netflix como Inventing Anna, que se centraba en la «falsa heredera» Anna Delvey/Sorokin, condenada por intento de hurto mayor y hurto en segundo grado en 2019.
O como The Dropout (Hulu/Disney+), en la que Amanda Seyfried interpretó a Elizabeth Holmes, la estafadora de Silicon Valley que falsificó diagnósticos de análisis de sangre con su empresa de tecnología médica Theranos y en 2022 fue condenada por cuatro cargos de fraude. Holmes todavía está cumpliendo su condena de 11 años y tres meses.
Bella Johnston relató en TikTok cómo fue estafada por Belle Gibson, la influencer que aseguró haber vencido un cáncer terminal con dietas y terapias alternativas
Al igual que Sorokin y Holmes antes que ella, Gibson (interpretada con una encantadora y escalofriante duplicidad por Kaitlyn Dever de Dopesick) también es retratada como la encarnación del final de la «cultura del hustle«, donde «vive deprisa y sin descanso hasta que lo logres» termina convirtiéndose en una ideología peligrosa, en lugar de un mantra positivo de autoayuda.
Gibson fue una de las primeras de una nueva generación de estafadores que usaban las redes sociales y las aplicaciones para engañar a la gente (véase también a Simon Leviev, el estafador de Tinder, que estafaba a mujeres en aplicaciones de citas, o a Hargobind Tahilramani, la estafadora de Hollywood, que explotaba a gente que trabajaba en la meca del cine haciéndose pasar por actores y directores famosos).
Pero incluso comparado con estos escándalos de estafa posteriores, el fraude de Gibson sigue siendo un engaño asombrosamente cruel: fingía una enfermedad terminal en grupos de apoyo en línea para explotar a personas vulnerables de una manera que le otorgaba ganancias comerciales y fama.
«Lo que hay que entender es que Belle no tiene amigos, tiene anfitriones», dice el personaje de la representante de Gibson, Chanelle (Aisha Dee), que está basada en su examiga de la vida real Chanelle McAuliffe.
«Si, y solo si, te considera valiosa, encontrará una manera de unirse a tí».
El impacto dañino que tuvieron las mentiras de Gibson se destaca por las historias yuxtapuestas de otras dos mujeres en la serie.
Milla Blake (interpretada por Alycia Debnam-Carey) es una periodista de 22 años que descubre que tiene sarcoma epitelioide y escribe un blog sobre su enfermedad.
Está basada en la vida real de Jessica Ainscough, que saltó a la fama en internet al mismo tiempo que Gibson con su sitio web, Wellness Warrior, en el que documentó su lucha tras ser diagnosticada con el mismo cáncer.
Ainscough también promovió el uso de terapias alternativas controvertidas, como las que ofrece el Instituto Gerson en México, que ofrece un tratamiento que dice activar «la extraordinaria capacidad del cuerpo para curarse a sí mismo mediante una dieta orgánica basada en plantas, jugos crudos, enemas de café y suplementos naturales».
Pero Ainscough murió posteriormente de cáncer, a los 30 años.
Apple Cider Vinegar también debería ser una señal de alarma para cualquiera que siga ciegamente los consejos médicos de influencers sin cualificaciones médicas.
Jessica Ainscough (derecha) saltó a la fama en internet al mismo tiempo que Gibson con su sitio web, Wellness Warrior, en el que documentó su lucha tras ser diagnosticada con cáncer. Ainscough murió en 2015 a los 30 años.
En la serie, Gibson se obsesiona con Blake, primero convirtiéndose en parte de su comunidad en línea, luego apropiándose no solo de sus experiencias de cáncer, sino también de su tono de voz y frases, para crear su propia personalidad en las redes sociales.
Al igual que Blake, Gibson pretende ser una amiga confiable, amorosa y honesta para sus seguidores, dando consejos de vida y abogando firmemente por tratamientos alternativos para las enfermedades.
(Para los curiosos: el título Apple Cider Vinegar proviene de una anécdota que Gibson contó en la que bebió vinagre de sidra de manzana y afirmó haber eliminado una lombriz solitaria que tenía en la boca).
Ambas chicas se muestran compitiendo sombríamente para convertirse en la influencer favorita que lucha contra el cáncer en las redes sociales.
Un tercer personaje, Lucy (Tilda Cobham-Hervey), es ficticio, pero es una persona importante para incluir en la historia.
Ella representa a un número incuantificable de seguidores de Gibson a quienes se les diagnosticó cáncer y que pueden haber sido influenciados a dejar los tratamientos convencionales aprobados por la medicina para combatir su enfermedad con las sugerencias de la influencer.
Éstas incluían, entre otras cosas, comer vegetales orgánicos y probar la medicina ayurvédica, la oxigenoterapia y la terapia craneosacral.
Es fácil ver cómo el mundo de escenarios perfectos de jóvenes con coronas de flores en retiros de bienestar que se publica en las redes sociales puede percibirse como un espacio seguro, atractivo y reconfortante para quienes lo necesitan.
Pero la serie elimina estas imágenes cuidadosamente construidas para mostrar la enfermedad de la realidad subyacente.
Como se detalla en la serie, la denuncia de Gibson llegó con el trabajo de dos periodistas de investigación del periódico australiano The Age, Beau Donelly y Nick Toscano, quienes escribieron conjuntamente el libro de 2017, The Woman Who Fooled the World («La mujer que engañó al mundo»), en el que se basa la serie.
A principios de 2015 descubrieron que solo se habían pagado aproximadamente US$4.400 de los US$188.500 que Gibson declaró haber donado a varias organizaciones benéficas.
Una vez que se conocieron estas irregularidades financieras, surgieron sospechas sobre las historias contradictorias en torno a su salud y, después de su entrevista confesional en Women’s Weekly, participó en otra entrevista televisiva desconcertante en el programa 60 Minutes Australia en junio de 2015.
En ella una vez más admitió su engaño hasta cierto punto, pero también afirmó ser la víctima, diciendo que había sido «embaucada» y «estafada» por el ya mencionado médico charlatán, al que nunca se le ha visto, aparentemente llamado «Mark Johns» o, en otra ocasión, «Dr Phil».
En la exploración que hace el programa sobre la atracción que despiertan Gibson y otros gurús fraudulentos de la salud y la espiritualidad, el personaje de Hek (Phoenix Raei), el agente de relaciones públicas y gestión de crisis de Gibson, llega al meollo del asunto.
«¿No es eso un poco de magia?», pregunta. «Bebe un poco de esto y estarás limpio. Serás puro de nuevo. ¿No es eso esperanzador? Pagaría cualquier cosa solo para sentirme un poco mejor, un bálsamo para aliviar el malestar, una forma de aliviar esta… tragedia de ser humano».
Es probable que Apple Cider Vinegar acumule una gran audiencia en Netflix, pero también debería ser una señal de alarma para cualquiera que siga ciegamente los consejos médicos de influencers sin cualificaciones médicas pero con un gran número de seguidores en internet.
La industria mundial del bienestar valía US$6,3 billones de dólares en 2023, pero sigue conteniendo elementos oscuros, con casos de personas que manipulan y dañan a quienes buscan terapias holísticas.
En diciembre, Hongchi Xiao, un curandero alternativo, fue condenado por homicidio involuntario después de que una mujer diabética de 71 años dejara de tomar su insulina mientras estaba en un retiro que él dirigía.
Y en 2024, la influencer de bienestar brasileña Kat Torres fue declarada culpable de trata de personas y esclavitud.
Kat Torres, la influencer que pasó de ser ‘coach’ de bienestar a traficante de personas
– ¿Qué pasó después?
En otro desafío a la convención narrativa, Apple Cider Vinegar subvierte la posdata de «¿qué pasó después?» que normalmente aparece al final de una dramatización basada en hechos reales.
Cuando el texto comienza a desplazarse por la pantalla («En 2017, el Tribunal Federal de Australia declaró a Belle Gibson culpable de engaño y…»), Gibson, interpretada por Dever, interrumpe y les dice a los espectadores: «¿Saben qué? Pueden buscarlo en Google».
«Adelante», reta a la audiencia, «vayan a buscar su información en internet». Y, por supuesto, ¿no es precisamente ahí donde comenzó todo este problema?
Esto parece una especie de evasiva, que no permite examinar el alcance total de los crímenes de Gibson.
En marzo de 2017 Gibson fue declarada culpable de cinco violaciones de la ley del consumidor, y en septiembre de ese año, el tribunal federal de Melbourne le ordenó que devolviera US$257.400 al estado de Victoria por sus falsas promesas de beneficencia.
Sin embargo, el diario The Guardian informó en 2021 que su casa había sido allanada nuevamente, debido a las multas aún sin pagar, que se informó ascendían entonces a más de US$314.000.
Ni Apple Cider Vinegar ni sus dos entrevistas reveladoras anteriores llegan al fondo de por qué Gibson llevó a cabo su elaborada farsa.
¿Fue por una infancia problemática, como ella misma afirmó, por la que se escapó de casa a los 12 años? ¿Fue por fama y atención, o todo el engaño fue simplemente un plan para ganar dinero?
Algunos podrían atribuir las afirmaciones deliberadamente falsas de Gibson al síndrome de Munchausen (una afección también llamada trastorno facticio, y definida como personas que afirman estar enfermas para «recibir algún tipo de validación psicológica, como atención, simpatía o cuidado físico»).
En un artículo de 2015 para The Guardian, el neurólogo Jules Montague escribió: «Los trastornos facticios y la simulación pueden superponerse. Los incentivos externos pueden no impulsar el comportamiento inicial, pero pueden aparecer después. Es posible que Gibson haya disfrutado inicialmente interpretando el papel de enferma, pero no rechazó el dinero que fluyó después».
Belle Gibson
En cuanto a si es una fantasiosa o más bien una «maestra manipuladora de la verdad», como la llamó Tara Brown, la entrevistadora de 60 Minutes, siempre hay dudas sobre si las personas que muestran signos de síndrome de Munchausen son pacientes o perpetradores.
Feldman le dijo a The Guardian en 2015: «A veces son ambas cosas, pero en el caso de Gibson, la audacia de sus artimañas y la [supuesta] apropiación indebida de dinero pueden hacer que la palabra ‘perpetrador’ sea más apropiada».
La de Gibson es una historia inquietante. Es una tormenta perfecta que involucra a la cultura de internet en una época en la que todavía era relativamente ingenua respecto a los estafadores, una comunidad de salud y bienestar que busca encontrar lo bueno en todos y una estafadora que tal vez sufrió con sus propios delirios.
Después de todo, ¿cómo pudo haber creído que la verdad no saldría a la luz al final?
Netflix tiene gran interés en enfatizar que a Gibson no le han pagado por su historia y que aún no se sabe qué opina de todo esto.
De hecho, Gibson rara vez ha sido vista en público desde que estalló el escándalo.
En 2020, apareció en un vídeo en Melbourne en el que afirmaba ser parte de la comunidad Omoro, un grupo étnico etíope, y dijo que ahora se llamaba «Sabontu».
También afirmó que quería recaudar fondos para la comunidad. En febrero de 2024, un periodista de Channel 9 de Australia la confrontó en una gasolinera y le preguntó por qué aún no había pagado su multa.
«Ten un poco de humanidad», respondió ella. «No he pagado cosas porque no puedo permitírmelo».
Si bien Gibson sigue siendo una de las estafadoras del «bienestar» más notorias, no será la última.
Programas como Apple Cider Vinegar siguen siendo un recordatorio vital y necesario de que internet está lleno de personas con identidades cuidadosamente construidas, tanto reales como falsas, y que la única forma de actuar de forma realmente saludable es abordar todo esto con una dosis de escepticismo.
Psicología y Mente(J.Soriano) — La soledad es una experiencia emocional compleja que puede tener un impacto significativo en la salud mental y física de las personas mayores. A medida que envejecemos, la pérdida de seres queridos, problemas de salud o la jubilación pueden limitar las interacciones sociales, lo que incrementa el riesgo de sentirse solos. Pero, ¿es cierto que la soledad desgasta la mente y contribuye al deterioro cognitivo?
Estudios recientes sugieren que existe una relación entre la soledad y el declive en habilidades cognitivas como la memoria y el pensamiento. Además, esta relación parece variar según factores como la forma en que se mide la soledad y el origen étnico de las personas. Este artículo explorará cómo la soledad puede afectar la función cognitiva en los adultos mayores, qué factores influyen en esta relación y qué estrategias pueden ayudar a reducir el impacto negativo de la soledad.
– La soledad en la tercera edad: una visión general
La soledad en la tercera edad no implica únicamente estar físicamente solo: es una experiencia emocional que surge cuando las necesidades sociales no se ven satisfechas. Es común que las personas mayores enfrenten desafíos únicos que pueden aumentar esta sensación. La pérdida de seres queridos, enfermedades crónicas, la jubilación y la movilidad reducida son factores que pueden limitar las oportunidades de interacción social y provocar un sentimiento de aislamiento.
Sin embargo, la soledad no afecta a todas las personas mayores de la misma manera. Algunos pueden sentirse emocionalmente resilientes, encontrando satisfacción en relaciones más cercanas o actividades significativas. Otros, en cambio, pueden desarrollar sentimientos intensos de aislamiento que afectan negativamente su bienestar mental y físico.
Las investigaciones sugieren que la soledad crónica en adultos mayores puede activar respuestas prolongadas al estrés en el cuerpo. Esto eleva los niveles de hormonas del estrés, como el cortisol, que, a largo plazo, puede dañar las células cerebrales y afectar habilidades cognitivas como la memoria, la concentración y la resolución de problemas.
Además, factores sociales y culturales juegan un papel importante. La soledad puede tener diferentes significados y efectos según el trasfondo cultural de cada persona, lo que influye en cómo se experimenta y maneja. Dado el envejecimiento global de la población, es esencial comprender la soledad en la tercera edad para implementar medidas que promuevan el bienestar emocional y la salud cognitiva en esta etapa de la vida.
– Soledad y función cognitiva: ¿Cuál es la relación?
La relación entre la soledad y el deterioro cognitivo ha sido ampliamente estudiada, revelando una conexión significativa entre ambas.
Estudios recientes han puesto de manifiesto que la soledad puede ser un factor de riesgo para el deterioro de habilidades cognitivas en personas mayores, incluyendo la memoria, la orientación y la capacidad para resolver problemas.
El mecanismo detrás de esta relación no es completamente claro, pero se sugiere que la soledad crónica puede activar una respuesta al estrés prolongado en el cuerpo.
Este proceso aumenta los niveles de cortisol y otras hormonas del estrés, que con el tiempo pueden causar daño a las células cerebrales y contribuir al deterioro cognitivo.
Además, la falta de interacción social reduce la estimulación mental, limitando el ejercicio de funciones cognitivas importantes.
Sin embargo, no todos los estudios muestran una relación uniforme entre la soledad y la función cognitiva. Por ejemplo, la forma en que se mide la soledad es crucial. El estudio mencionado utilizó dos medidas distintas: una basada en la frecuencia de sentimientos de soledad y otra que evaluaba la falta de compañía y el aislamiento social. Curiosamente, solo la primera medida mostró una relación clara con el deterioro cognitivo.
También se observaron diferencias según el origen étnico. Mientras que en personas blancas y negras no se encontró una relación significativa con una de las medidas de soledad, en la población latina, la misma medida se asoció a un mejor desempeño cognitivo.
Este hallazgo sugiere que la experiencia de la soledad y su impacto en la mente puede variar ampliamente en función de factores culturales y sociales. Comprender esta relación es fundamental para diseñar estrategias que promuevan el bienestar cognitivo en la tercera edad.
– Factores culturales y étnicos en la percepción de la soledad
La experiencia de la soledad no es universal y puede variar considerablemente según factores culturales y étnicos. Diferentes comunidades perciben y manejan la soledad de maneras únicas, influenciadas por sus valores, tradiciones y estructuras sociales.
Por ejemplo, en algunas culturas latinoamericanas, los lazos familiares tienden a ser más estrechos y el apoyo intergeneracional es común. Esto puede proporcionar un entorno protector contra la soledad en la vejez. Sin embargo, si este apoyo falla o se percibe como insuficiente, la soledad puede sentirse de manera más intensa.
Curiosamente, un estudio reciente reveló que en la población latina, ciertos sentimientos de soledad se asociaron con una mejor función cognitiva, lo que podría deberse a una mayor introspección o resiliencia emocional desarrollada a lo largo del tiempo.
En comunidades afroamericanas, las experiencias de discriminación y desigualdad social pueden influir en cómo se percibe y experimenta la soledad. El aislamiento social puede sentirse agravado por barreras sociales, económicas o de acceso a la salud, afectando la salud mental y cognitiva de las personas mayores.
Por otro lado, las personas blancas mayores suelen experimentar la soledad como resultado del envejecimiento, la jubilación o la pérdida de amistades y seres queridos, factores que también afectan profundamente la salud cognitiva.
Estos hallazgos subrayan la importancia de considerar el contexto cultural al estudiar la relación entre soledad y función cognitiva. Diseñar intervenciones específicas y culturalmente sensibles es esencial para abordar la soledad de una forma eficaz y proteger la salud mental y cognitiva en la tercera edad.
– Limitaciones y complejidades en los estudios sobre soledad
Estudiar la relación entre la soledad y el deterioro cognitivo en personas mayores no es tarea sencilla, ya que existen múltiples factores que complican los resultados y su interpretación.
1. Transversalidad
Una de las principales limitaciones de muchos estudios, incluido el que se ha comentado, es su naturaleza transversal. Esto significa que los datos se recopilan en un único momento, lo que dificulta determinar si la soledad causa deterioro cognitivo o si, por el contrario, la pérdida de funciones cognitivas fomenta el aislamiento social.
2. Medición de la soledad
Otro desafío es la forma de medir la soledad. Existen diversas escalas para evaluar este fenómeno, pero no todas capturan la misma experiencia. Por ejemplo, la soledad percibida – la sensación subjetiva de falta de conexiones sociales – puede tener un impacto diferente al aislamiento social objetivo.
El estudio mencionado utilizó dos escalas diferentes, y los resultados fueron variables según la medida utilizada, lo que pone de relieve la complejidad del tema.
3. Tamaño y composición de muestras
Además, las diferencias en el tamaño y composición de las muestras pueden afectar los hallazgos. En el estudio reciente, los grupos de participantes afroamericanos y latinos eran más pequeños que el grupo blanco, lo que puede limitar la capacidad de detectar asociaciones significativas en estas poblaciones.
4. Salud mental
También deben considerarse factores como la salud mental, las condiciones crónicas y las experiencias de discriminación, que pueden influir en la percepción de la soledad y en la función cognitiva de manera compleja.
– Estrategias para combatir la soledad en adultos mayores
Existen diferentes estrategias para reducir la soledad en personas mayores, y muchas de ellas se centran en fomentar el sentido de conexión y pertenencia social. La implementación de estas medidas puede no solo mejorar el bienestar emocional, sino también proteger la función cognitiva.
1. Participación social
Organizar actividades sociales comunitarias, clubes o grupos de interés específicos puede ayudar a los adultos mayores a establecer nuevas conexiones sociales, o afianzar las existentes. Programas intergeneracionales que involucren a jóvenes y mayores son especialmente efectivos para crear vínculos significativos.
2. Apoyo emocional
La terapia o el asesoramiento psicológico puede ser una herramienta valiosa para quienes experimentan sentimientos profundos de soledad. La terapia cognitivo-conductual, por ejemplo, ayuda a cambiar patrones de pensamiento negativos con la soledad.
3. Uso de tecnología
Las herramientas digitales, como videollamadas o redes sociales adaptadas, pueden ser un puente para que los adultos mayores se mantengan conectados con familiares y amigos, especialmente si enfrentan barreras de movilidad. Programas de alfabetización digital pueden ser clave en este aspecto.
4. Creación de redes de apoyo
Los voluntariados y visitas regulares de servicios sociales o vecinos pueden brindar apoyo emocional y prevenir el aislamiento social y sus consecuencias negativas.
5. Promoción de la actividad física
Además, participar en actividades grupales como clases de baile, yoga o caminatas, ligadas a la actividad física, no solo benefician la salud fisiológica, sino que también fomentan la interacción social.