Expertos recomiendan prohibir pantallas a menores de 3 años…

marcianosz.com — En una medida revolucionaria que busca proteger el bienestar y desarrollo psicológico de los pequeños, un grupo de expertos publicó nuevas recomendaciones sobre el uso de dispositivos electrónicos por parte de los menores. Estas directrices son una respuesta directa a un encargo que realizó en enero pasado el presidente francés Emmanuel Macron.
El objetivo principal es mitigar los impactos negativos de la hiperconectividad entre los más jóvenes.
La comisión francesa, compuesta por diez miembros entre los que figuran neurólogos y neurofisiólogos, presentó un informe que sacudió a la comunidad educativa y tecnológica. En el documento, los expertos expresan su consternación por la mercantilización de la infancia.
Enfatizando la forma en que las empresas tecnológicas diseñan estrategias específicas para capturar y monetizar la atención de los niños.
Este fenómeno, denominado “economía de captura”, implica usar prejuicios cognitivos para mantener a los niños enganchados a los dispositivos, anulando otras actividades enriquecedoras en sus vidas diarias.
– Celular hasta los 11 años.
La comisión de expertos recomendó prohibir totalmente el uso de cualquier tipo de pantallas a niños menores de tres años. Advirtieron que una exposición temprana y continua a estos dispositivos puede tener efectos adversos significativos. Por ejemplo, el deterioro de la salud ocular, como un aumento en el riesgo de padecer miopía y serios trastornos del sueño.
Estos, a su vez, pueden afectar negativamente la capacidad de los niños para aprender y aumentar su susceptibilidad a enfermedades cardiovasculares y psiquiátricas.
Para niños entre los tres y seis años, los especialistas sugieren una interacción muy limitada con las pantallas. Siempre bajo supervisión, priorizando contenidos de alto valor educativo. Hablando de niños en edad escolar, entre 6 y 11 años, la recomendación es aún más estricta.
Con el objetivo de preservar su desarrollo cognitivo y garantizar que su formación educativa no se vea perjudicada, la comisión propone que el uso de dispositivos móviles esté completamente prohibido durante esta crucial etapa.
. Acceso a Internet después de los 13 años.
Esto incluye tanto tablets como teléfonos inteligentes, con la idea de promover actividades físicas y de aprendizaje que no impliquen pantallas. Entre las recomendaciones más notables, destaca la sugerencia de que los dispositivos móviles sólo se permitan a partir de los 11 años, y sin acceso a Internet hasta los 13 años.
Esta precaución se toma para proteger a los adolescentes de los potenciales peligros de las redes sociales.
Que incluyen desde la exposición a contenido inapropiado hasta el riesgo de desarrollar problemas psicológicos como la ansiedad y la depresión, especialmente entre los que tienen vulnerabilidades preexistentes. En un esfuerzo por proteger aún más a los adolescentes, se aconseja limitar el acceso a redes sociales hasta que cumplan los 15 años, implementando un uso tecnológico moderado y consciente.
– Los padres como mediadores tecnológicos.

El informe también enfatiza la importancia de involucrar a los padres en el proceso de mediación tecnológica.
Señalan que los padres deben jugar un papel activo en la supervisión del uso de la tecnología por parte de sus hijos, estableciendo normas claras y coherentes que fomenten un uso saludable de la misma.
En las instituciones educativas, la comisión propone prohibir el uso de computadoras y televisores en las aulas de educación infantil y primaria, asegurando que el foco de la educación esté en el aprendizaje interactivo y físico.
Este enfoque no solo busca reducir la dependencia de las tecnologías digitales en los primeros años de formación, sino también fortalecer las habilidades sociales y de comunicación entre los estudiantes.
El futuro.
Dichas recomendaciones surgen de la creciente preocupación por cómo la tecnología puede alterar el desarrollo cognitivo y social de los niños. Los expertos denuncian que las actividades en pantalla, que son predominantemente sedentarias, no solo predisponen a los niños a problemas de salud física.
También los vuelven vulnerables a contenidos inapropiados, incluyendo material pornográfico y violento, lo cual es alarmantemente accesible en el entorno digital actual.
Esta serie de recomendaciones radicales, aunque podrían parecer extremas, están diseñadas con el fin de proteger y fortalecer el desarrollo integral de los niños frente a una era dominada por la tecnología.
Los expertos en la materia advierten que, sin una acción urgente y decisiva, las generaciones futuras podrían enfrentarse a desafíos significativos que afectarían no solo su salud individual, sino el bienestar general de la sociedad.
La implementación de estas medidas, sugieren, podría marcar una diferencia crucial en la configuración del futuro no solo de Francia, sino del mundo entero.
nuestras charlas nocturnas.
Los 10 tipos de creencias más comunes que moldean nuestra forma de ser…

La mente es maravillosa(P.A.R.Ramírez) — Ya sean religiosas, familiares o políticas, las creencias que tenemos sobre ciertos temas están relacionadas con nuestras experiencias e historia de vida.
Las creencias son una parte fundamental del ser humano y sus diferentes tipos se desarrollan a lo largo de la vida, influyendo en nuestras decisiones y forma de ser. Desde la fe en un paraíso después de la muerte hasta la convicción de que el esfuerzo siempre trae recompensas, estas convicciones forjan la manera en que pensamos, sentimos e interactuamos con el mundo.
Nos referimos a esas ideas que consideramos verdaderas, así no contemos con la completa seguridad para demostrarlo. Dichas verdades subjetivas son el resultado de múltiples factores, como la educación y la cultura. Te compartimos las más comunes y cómo inciden en la vida cotidiana.
1. Limitantes
Las creencias limitantes son esos juicios injustificados que hacemos de nosotros y que nos cohíben de dar nuestro máximo potencial. Cuando no tenemos confianza en nosotros mismos, es común que los pensamientos negativos nos nublen la mente y nos impidan tomar acción. Algunos ejemplos frecuentes son los siguientes:
- «No tengo suficiente tiempo/dinero».
- «No tengo un cuerpo ni rostro atractivo».
- «Nunca voy a tener estabilidad económica».
- «Nunca tendré éxito en la vida o en el amor».
- «No soy lo suficientemente bueno/a en esto».
Este tipo de ideas pueden controlarnos la vida y cambiar nuestra visión del mundo. En cambio, cuando dejamos atrás las creencias limitantes y confiamos en que tenemos todo lo necesario para alcanzar el éxito, es posible perseverar ante las adversidades, asumir la responsabilidad de nuestros fracasos y comprometernos con nuestros objetivos.
2. Potenciadoras
Entre los diferentes tipos de creencias están las potenciadoras, esas que nos motivan a luchar por nuestros objetivos y que fomentan el desarrollo personal. Hablamos de convicciones que nos dan el extra de confianza que necesitamos para enfrentar las dificultades que se puedan presentar, así como activar nuestra resiliencia y mentalidad positiva. Estas son algunas creencias que nos potencian:
- «El trabajo o la persona de mis sueños espera por mí».
- «No importa las veces que falle, seguiré intentándolo».
- «Mis metas pueden parecer lejanas, pero voy a lograrlas».
- «Aprendiendo de mis errores puedo mejorar mis finanzas».
- «Con esfuerzo y dedicación puedo alcanzar mis objetivos».
Acorde con un estudio publicado en la Revista Educación en Valores, lo que creemos tiene el poder de construir o destruir nuestra autoestima y confianza. Por ende, al trabajar en creencias potenciadoras todos los días fomentamos nuestras capacidades y desarrollo personal.
3. Familiares
Cada familia es un universo de creencias y valores que se comparten entre sus integrantes de generación en generación. Estas ideas están influidas en gran medida por la educación, la cultura y el modo en que se enfrentan los desafíos.
No todas las creencias familiares son positivas o potenciadoras. Algunas promueven el crecimiento y la resiliencia, por ejemplo la idea de que «el trabajo honesto siempre da frutos». Sin embargo, otras pueden ser limitantes, perjudiciales y llenas de prejuicios, como: «Mostrar los sentimientos es una señal de debilidad».
Es importante cuestionarnos las creencias familiares que nos limitan y adoptar otras perspectivas más acordes a nuestros valores.
4. Culturales
El lugar y la época en que crecemos tiene un gran impacto en nosotros. Las creencias culturales son las ideas y valores que damos por sentado al ser parte de la sociedad a la que pertenecemos. Algunas impulsan la igualdad, la solidaridad y el bienestar; otras pueden perpetuar prejuicios, desigualdades o violencia.
Las creencias culturales incluyen las normas sobre cómo se supone que debería comportarse un hombre o una mujer, cuáles son las expectativas del éxito personal y familiar, o qué es lo que se espera de una relación amorosa. También, condicionan otros aspectos como nuestra posición política y cómo percibimos nuestros derechos y los de los demás. Estas ideas pueden variar según la cultura y es válido cuestionarnos si restringen nuestra felicidad.

5. Religiosas
Sea cual sea la religión que profesemos, nuestra fe viene de una serie de creencias que nos ayudan a «guiarnos» para alcanzar el propósito de vida que tengamos, acorde a nuestra espiritualidad, moral y valores. Estas se transmiten a través de textos sagrados, rituales y tradiciones, y cambian ampliamente entre diferentes religiones y culturas.
Creer que «Dios recompensa las buenas acciones» o que «ayudar a los demás es nuestra misión de vida» nos permite mejorar como personas y fomentar valores como la empatía, la solidaridad y la compasión.
No obstante, hay creencias religiosas que no tienen un impacto favorable en la sociedad, porque solo generan discursos de odio y violencia alimentados por el fanatismo. Por ejemplo, planteamientos como «los homosexuales son pecadores» o «quienes no siguen mi religión están equivocados».
6. Morales o normativas
Se trata de aquellas ideas que nos dicen qué está bien y qué está mal con base en nuestros valores como persona. Por ejemplo, desde la infancia los papás les inculcan a sus hijos reglas como «no mentir», «no robar» o «tratar a todos con respeto», que ayudan a guiar a los pequeños a tomar buenas decisiones todos los días.
Estas creencias están muy influenciadas por la religión, la educación y la cultura de cada persona; además, se modifican con el tiempo. Lo que hasta hace solo algunas décadas se consideraba moralmente inaceptable, como el matrimonio igualitario o el aborto inducido, ahora no es visto bajo la misma lupa normativa y conservadora.
7. Inculcadas por la educación
Las creencias que adquirimos en la escuela y luego en la universidad, pueden influir en nuestra mentalidad, autoestima y aspiraciones, e incluso hacernos conscientes de problemáticas sociales.
Estas son tan útiles como limitantes. Si un maestro le dice a su alumno que es bueno en álgebra puede motivarlo mejorar. No obstante, ideas erróneas como «el éxito solo se logra con buenas calificaciones» o «las matemáticas son más valiosas que el arte» pueden acompañar a las personas hasta su vida adulta.
8. Limitadas por la experiencia
Dice un antiguo refrán español que «más sabe el diablo por viejo que por diablo». Y es que la experiencia es una gran maestra de vida y puede hacer que generalicemos una situación del pasado y la convirtamos en una regla.
Una mujer que ha vivido varias infidelidades en su vida amorosa puede hacerse a la idea de que todos los hombres son iguales. O una persona que intentó emprender y fracasó, quizás piense que no sirve para los negocios.
9. Científicas
Estas son de los tipos de creencias basadas en estudios, evidencias y pruebas verificables que nos permiten explicar y darles sentido a ciertos fenómenos. Así las cosas, las creencias científicas incluyen el impacto del cambio climático, la efectividad de las vacunas y los medicamentos o la evolución de las especies.
A pesar de que a estas las respaldan datos contundentes, hay personas que pueden cuestionarlas debido a sus convicciones culturales. Por ejemplo, los terraplanistas creen firmemente que la Tierra es plana y los antivacunas aseguran que las vacunas no son seguras.
10. Populares
Esta clase de creencias son el extremo opuesto de las científicas, ya que están basadas en su mayoría por supersticiones o por la tradición oral que se transmite de generación en generación. Aunque suelen ser inofensivas, muchas personas pueden tomarse estas ideas muy a pecho.
Algunas de estas abarcan supersticiones populares como: creer que pasar por debajo de una escalera o romper un espejo trae siete años de mala fortuna, tocar madera puede atraer la buena suerte y llevar consigo amuletos evita el mal de ojo.
– Los tipos de creencias moldean nuestra forma de ver la vida
Desde las creencias limitantes y potenciadoras, hasta las culturales y religiosas, las ideas que damos por hecho nos permiten tomar decisiones que vayan acorde a nuestros valores y experiencia.
Ten muy presente que las creencias pueden provocar distorsiones de nuestro pensamiento, las cuales llegan a perjudicar la autoimagen y las emociones.
Con el tiempo se perciben como verdades absolutas que afectan nuestras elecciones y bienestar.
Por ello, recuerda que es importante cuestionar tus convicciones, para que no te limiten ni afecten a las demás personas.
nuestras charlas nocturnas.
La ciudad y su Logos…

Si quieres ser conocido y no conocer, entiérrate en un pueblo; si quieres conocer y no ser conocido, vive en una ciudad.
(Charles Caleb Colton)
Meer(H.Ramirez) — Definir una ciudad es complejo porque ellas existen en la complejidad. Y son complejas porque en una ciudad se intercomplican las complejidades de los individuos, cuyas complejidades son dinámicas, interminables y donde diferentes complejidades vuelven a entrelazar mentes infinitamente complejas.
Todo va y vuelve en un revoltijo de causas y efectos intercambiables a lo que se le suma lo impredecible en las líneas de acción de cada individuo… y cualquier descripción que intentemos no puede seguir el ritmo de la evolución sabiamente desnortada de estos complejos sociales.
Es que en una ciudad, la descripción misma no sólo es incapaz de ir más allá del instante en que opera sino que, encima, viene a iniciar una línea de causas y efectos nueva que se irá mezclando con las anteriores, siguiendo ignotas leyes. Pero no cambia para el observador sino que cambia con y en el observador.
En consecuencia, la observación cambia sin que el observador se percate de que al realizar una observación propia, al mismo tiempo es condicionado y condicionante del conjunto. Así es la vida de un sistema.
De modo que en una ciudad, pasado, presente y futuro conviven con entera naturalidad: barriadas tranquilas, adoquinados antiguos, edificios modernos, avenidas lujosas con multitudes que trabajan, descansan o visitan, compran, venden o se venden. Memorias y proyectos. Mañana, tarde y noche: la ciudad no puede descansar en el tiempo porque, en gran medida, es el tiempo.
Nos referimos, claro está, a las ciudades verdaderas y no a esos pueblos grandes que están lejos de ser ciudades. Cierto es que se suele poner como referente “objetivo” la cantidad de habitantes por unidad de área para definir si una población es una ciudad, pero el salto cualitativo de pueblo grande a ciudad no es consecuencia de la cantidad de habitantes, sino de las propiedades emergentes de esas aglomeraciones de edificios y almas.
Las propiedades emergentes refieren a aquellos aspectos que aparecen en la esfera de los acontecimientos espirituales de la ciudad sin poder ser previstas por ningún cálculo de base: la ciudad sorprende.
Una ciudad es aquella aglomeración de personas y construcciones que tiene un espíritu acabado y universal que subsume en él a todas las individualidades en una individualidad enteramente diferente, única y original. Un fantasma gigantesco, inabarcable al que rinden sus vidas y realidades todos sus habitantes.

Arte, humor y lenguajes propios son sus características principales.
Las ciudades desarrollan un folklore privativo de la ciudad, una identidad. Son diferentes.
La diferencia respecto del mundo y sus pueblos es lo que destaca a una ciudad: se convierten ellas mismas en mundos… y cada mundo, y tal como es de prever, desarrolla sus clases especiales de gente.
Las clasificaciones pueden ser muchas, por supuesto, y dependerán de los observadores que las confeccionen.
Sin embargo, todos saben que existe una categoría de personas que vive muy apegada a los mecanismos más íntimos de la ciudad.
Gentes que surgen de sus componentes más entrañables. Son los sobrevivientes.
Los que conocen al dedillo cada rincón de la maquinaria mutable de la ciudad y se ajustan a cada cambio del entorno, lo que les permite ver a la ciudad íntima -secreta, vedada al turista y al Hombre medio-, como mucho más estable y previsible.
Mientras el turista o el Hombre común pueden estabilizar el entorno a través de reconocer horarios de trenes, subterráneos o restaurantes, el sobreviviente estabiliza su mundo urbano, medular y a la vez marginal, sabiendo cómo viajar gratis en subterráneos y en trenes o dónde conseguir comida, baños o albergue para pasar la noche.
Siempre tienen amigos, mujeres o algún lugar querible a donde poder ir a emborracharse… Parafraseando a Sartre: su libertad es su condena, y su condena los libera.
– Geometría urbana
La construcción de las ciudades, según la tradición judeocristiana, fue atribuida a Caín (Génesis 4: 17). Es un síntoma de sedentarización entre pueblos nómadas, y por tanto de una verdadera cristalización de procesos circulares: la procronía: su vida cotidiana se predice a sí misma cada día.
Pero cuando comienzan a emanar identidad, materia cultural sólida y comienzan a tender a ser cuadradas, como símbolo de estabilidad, la iteración novedosa -valga el oxímoron- será su fortaleza.
Los redondos campamentos nómades abandonan el símbolo de la rueda y de la impermanencia y empieza a formarse una ciudad.
Mientras lo cuadrado es lo material, lo circular sigue deambulando como primordio del espíritu de una ciudad que puede llegar a serlo algún día: quizás una preñez y un parto, quizás la fractura de un hueso, quizás un valle con buena caza… cualquiera de estos elementos puede desencadenar sedentarismo.
La antropóloga Margaret Mead enseñaba que el hueso quebrado y cuidado en un esqueleto antiguo, puede ser señal de civilización. Y donde hay civilización, hay ciudades.
Es bajo este esquema conceptual que el paraíso terrenal es circular y manifiesta un simbolismo errante y animal (la ofrenda de Abel), mientras que la Jerusalén Celeste, que cierra el ciclo, es cuadrada y mineral.
El Hombre madura: nace, vive y muere y aparece la necrópolis: la ciudad sin emigrantes: la ofrenda de Caín, la ofrenda de cultivos y trabajo, la ciudad cuadrada, la cristalización del cuerpo… la maldición adámica de haber iniciado el camino hacia Dios.
Las ciudades verdaderas se establecían como centro de algún mundo propio que quiere volver a Dios o como eje trayendo lo celestial a lo terrestre. Por esta causa es que tienden a ser centros espirituales y por lo que tótems, obeliscos, menhires, túmulos o catedrales se hallan en la “zona céntrica”.
Las llamadas “ciudades babilónicas” tenían una referencia religiosa central -un zigurat, por ejemplo- que reaparece como pirámide en el modelo de Tenochtitlán, en Mesoamérica.
El modelo de la “ciudad griega” -con un espacio central vacío- es el que predomina en el mundo hoy. Por su lado, la llajta (o ciudad) incaica tenía una organización mixta entre babilónica -con un sitio sagrado central donde se efectuaban sacrificios y ceremonias religiosas-, y griega, ya que se trataba de una plaza pública, existiendo, políticamente, el ayllu que era una comunidad de parentesco real y/o totémico, como cementación social de los habitantes.

En la Heliópolis o “ciudad del sol” egipcia (Iunu en egipcio y On copto), cerca de El Cairo, teníamos un centro cultural de primer orden, donde estudiaron, entre otros, Solón, Platón y Pitágoras y lugar de residencia del Jefe de los Observadores, nuestros actuales “episcopos” (los que miran por encima) u obispos, que vigilaban la aparición de Sothis -Sirio- justo antes de la salida del sol, anunciando la crecida del Nilo.
Es también el caso de Salem o Shalem, “la ciudad de la paz”.
Dicho nombre deriva de un antiguo dios ugarítico que refiere al “labio inferior” del ocaso y la paz, mientras que su hermano, Sahar es la “estrella de la mañana” (el amanecer o “labio superior”).
*Shalem aparecía en el nombre, por ejemplo, de Jerusalén o en el de Salomón.
También es el caso de la misteriosa Ciudad de la Luz y la inmortalidad, que refiere al almendro: Shaked en hebreo o “el despertar” (por florecer en primavera) y que luego Jacob llamaría Beth-El o “Casa de Dios”, encerrando diferentes simbolismos semíticos de la almendra: la misteriosa Ciudad de Luz, en tanto que ciudad de la inmortalidad, a la que se accedía desde la base de un almendro, relaciona a la dureza exterior de la almendra -lo material y mortal- y el blando alimento que encierra: lo inmortal.
Heliópolis, por su parte, reflejaba una estructura zodiacal, así como la Jerusalén Celeste: una ciudad de doce puertas (tres por punto cardinal), que se corresponden a los doce signos zodiacales, y a las doce tribus de Israel.
Esta división duodecimal era también practicada en las ciudades romanas e hindúes. De hecho, la importancia de la astrología en la construcción de las ciudades necesitaban de la observación del sol, sus movimientos, y cuyo plano coincide a menudo con las posiciones de diferentes estrellas y constelaciones, especialmente la Osa Menor y su estrella Polaris.
En Roma, como en gran parte de Asia -Angkor, India, China-, la ciudad se termina planificando según aquellos aspectos que se consideran dominantes: vientos costeros, aguas subterráneas o superficiales, camino de la luz solar en el día o, incluso, corrientes telúricas.
La cuadratura de una ciudad, en tanto que concebidas para asentarse definitivamente y ser un centro de poder se ajustan a una orientación determinada. En la India, por ejemplo, los lados de la ciudad responden al número de castas.
En Roma, como en Angkor o en Pekín y otras ciudades de influencia china, se trazan dos vías principales (en Roma, el Cardus maximus de norte a sur y el Decumanus maximus de este a oeste) uniendo las cuatro puertas cardinales y haciendo que el plano de la ciudad se asemeje al mandala cuaternario simple de Shiva, donde los cuatro lados de la ciudad refieren a las cuatro castas, apareciendo como la cruz del mandala.
Del mismo modo, un mandala de 64 espacios resulta en el plano de Ayodhyā la ciudad de los dioses, a orillas del río sagrado Arayu y una de las siete ciudades santas (Sapta Puri) del hinduismo. En tanto que mandala, la ciudad que entrampa al cuaternario modela al mundo y no sólo se convierte en una suerte de capital espiritual sino que también sintetiza el alma del imperio que representa.
Es interesante ver que, así como el yogui (el “macizo”) que contempla el mandala mental le resultan indiferentes las sendas de “entrar” o “salir” de él, la ciudad mandálica oscila entre lo macro y lo microcósmico indiferenciados.
Esta disposición hace de la capital el centro y el resumen del eventual imperio: las seis direcciones del espacio (Norte, Sur, Este, Oeste, Cenit y Nadir) emanan de ella y allí confluyen. En todas las direcciones espaciales se irradia la virtud regia y, por principio político-religioso, el resto del mundo y sus ciudades “orbitan” a su alrededor.
Mientras tanto, por las puertas llegan los reconocimientos del vasallaje y se expulsan las malas influencias y se llevan a cabo, en muchos casos, las ejecuciones.
Según Platón, la capital de los atlantes, Atlantis nêsos o “Isla de Atlas” estaba dispuesta en círculos concéntricos: un anillo interior como residencia de la élite de Guardia Real; otro más exterior de agua; luego el Hipódromo, con jardines, santuarios y campos de entrenamiento; un subsiguiente anillo de agua con puerto y, finalmente, la metrópolis amurallada.
Todo atravesado por un canal con agua del mar que unía los tres anillos de agua. Si bien se dice que representa la perfección celeste, resultaba en una eventual materialización de aquella, en un ideario político: un régimen que hoy llamaríamos tiránico y que expresaba la contraparte ideal de Atenas en la mentalidad cuasi fascista de Platón (Karl Popper).

En el centro de la ciudad Ayodhyā, sobre el monte Meru, está la estancia de Brahma o Brahmapura: en sánscrito: “ciudad de Brahma” la estancia de Brahma también llamada Brahmāloka, es el sitial que comparte con la diosa Saraswati.
También se lo conoce como Satyaloka (satya: verdad, loka: mundo, o sea: “mundo verdadero”) o como Satya bagecha (bagecha significa “jardín”) en los Puranas: es la ciudad verdadera en cuyo centro está el palacio/mundo Brahmapura.
Brahmaloka es un jardín lleno de flores y es la ciudad planeta más gozosa a la que se puede llegar: el mundo de los más piadosos seres humanos que reencarnan con cuatro caras como Brahma.
Satyaloka, cubierta con flores de loto gigantes -de las que fluye “energía divina”- tiene por encima el final del universo material y el comienzo de los planetas: Vaikuntha, o morada de Vishnú.
Tomado el conjunto como una ciudad-mandala, en el centro encontramos el Brahmānanda, donde Ananda es “felicidad”, o sea: “aquel cuya felicidad es Brahman”, donde Brahman es, podríamos decir, “lo Brahma de Brahma” o el “non plus ultra” de la felicidad eterna que implica Brahma.
En chino, la palabra ching designa la ciudad capital china que desarrolló un acentuado simbolismo de eje.
Del mismo modo, en las ciudades angkorianas se establece la montaña como imagen del monte Meru, a su vez centro y eje del mundo.
Las murallas exteriores de la ciudad son, macrocósmicamente, las cadenas montañosas que rodean al Universo… y así: ciudad y Universo se identifican. Este templo-montaña contiene el lingam real, el arquetipo del cuerpo grueso y visible inmortal: el lingam, significando “signo”, se utiliza en el Shvetashvatara Upanishad, cuando dice “Shiva, el Señor Supremo, no tiene liūga”.
Liūga significa que el lingam de la ciudad es trascendental, más allá de cualquier característica. El lingam es el “símbolo exterior de la Realidad sin forma”, la fusión de la “materia primordial o Prakṛti con la “conciencia pura” o Púrusha en el contexto trascendental del emperador como centro de su ciudad capital, eje del imperio.
Por su lado, la ciudad de Pataliputra fue construida en el sitio del monte Meru como ciudad capital de Magadha, en la dinastía Maurya, el primer imperio indio con el gobernante más famoso: Ashoka. Por su parte, Kash, la ciudad-luz, es la antepasada mítica de Benarés y es homóloga a la parte más alta de la cabeza, por donde el Hombre contacta al cielo.
La ciudad divina Brahmapura es también el nombre del corazón: centro del Hombre y donde reside Purusha. Y no es un simbolismo muy diferente el que usa el patriarca zen Huei-neng cuando dice que la ciudad es el cuerpo, las puertas sus sentidos y el rey que allí vive es el sing o la “naturaleza propia” de la ciudad-mundo.
– El Logos

En el Medioevo, el hombre era un viajero entre dos ciudades: su vida era pasar de la ciudad de abajo a la de arriba: vivir es peregrinar por sus calles hasta ascender a la ciudad de los santos.
Hoy se concibe a la ciudad como símbolo de la madre: protección y contención, con su doble aspecto de defensa, desarrollo y límite: la ciudad posee a sus habitantes e hijos y por eso muchas coronas femeninas se representaban como muros.
En el Antiguo Testamento las ciudades son personas: Gálatas 4:26: “la Jerusalén de arriba es libre: ella es nuestra madre; pues está escrito: regocijate, estéril, que no das a luz; estalla en gritos de júbilo tú que no tienes dolores de parto”.
La ciudad alta engendra espiritualmente.
La inferior, por la carne, pero ambas son mujer y madre.
La ciudad mujer del Apocalipsis es “Babilonia la Grande” como símbolo de Roma entendida como la “anticiudad” de la Jerusalén celeste: “Sobre su frente estaba inscrito un nombre -¡un misterio!-, Babilonia la Grande, la madre de las prostitutas y de las abominaciones de la tierra…”.
Roma era la dueña de las siete colinas sobre la que se asentaba la iglesia prostituida, como madre corrupta de muerte y maldición…
Estos son sólo acercamientos, vuelos rasantes a ciudades famosas que edificaron el Logos de la ciudad moderna. Una ciudad es un espacio de expansión del significado humano: un laberinto por el que buscamos el amor que nos rescate.
Escribí:
En el café
…
“Y de repente entraron tus ojos
de chispa,
de cristal.Y me buscaste
entre las mesas,
con el alfanje de tu sonrisa
entre las curvas del humo.Por la puerta que invita a entrar
a los muertos del frío,
el viento entró al café…
el viento, el invierno
y la noche dura,
y la llovizna negra y sin nombre
y sin bordes que se come a las almas…Pero entraste,
y sonreías
y me buscabas…
Todos te vieron entrar
como a un sueño que regresa
y que vuelve para dejarse llorar.(NOTA: yo era, en aquella mesa,
junto al mojado ventanal,
el que no era…
el que te esperaba en el café”.)
La ciudad no es un simple hormiguero, es, según Saussure: “la lengua”, el signo. Sus habitantes, “el habla”, palabras dichas por instantes mágicos y simbólicos y su poder reside en sus palabras que son emergentes de los procesos incognoscibles que surgen y se disuelven en el tejido de las vidas de las personas.
Wittgenstein asoció la ciudad al lenguaje: “nuestro lenguaje es como una ciudad vieja: una maraña de callejas y plazas, de casas antiguas y nuevas…”. Para Víctor Hugo, la ciudad era un libro. Para García Lorca, el libro es el pueblo y la ciudad un periódico mentiroso. Y para Borges, un poema indecible…
Como sea, la palabra -el Logos- anima la interfaz entre la urbis -la materia- y la civitas -el ciudadano-. Está en el edificio, en las noticias, grafitis, basuras, películas, mugre, lujo, pordioseros, prostitutas y potentados… la Humanidad misma en un absurdo soliloquio de diálogos que esconde el sentido final de lo humano: la ciudad como metáfora de una compartida soledad en la triste vastedad de un Universo que nos ignora.
Hace más de veinte años que he dejado la ciudad de Buenos Aires y ahora vivo en el campo, junto a una de las más opuestas figuras a la ciudad, que es el mar. ¿Si extraño algo? Sí: el anonimato de Charles Colton, en una mesa de café, de madrugada y siempre esperando… como en un tango.
nuestras charlas nocturnas.
Elon Musk es el hombre más rico del mundo. ¿Por qué duerme en una oficina?…

The New York Times(E.Baker) — Elon Musk odia el fin de semana. Durante más de una década, el hombre más rico del mundo ha proclamado la necesidad de trabajar al menos 80 horas a la semana —“llegando a veces a más de 100″, como dijo en 2018— para “cambiar el mundo”.
Ahora él y sus subordinados del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental trabajan supuestamente hasta 120 horas semanales, razón por la cual, en opinión de Musk, sus “oponentes burocráticos” no tienen ninguna posibilidad. “¡Es como si el equipo contrario abandonara el campo durante dos días!”, comentó Musk recientemente. “Trabajar el fin de semana es un superpoder”.
Esta asociación entre el trabajo incesante y el éxito en el emprendimiento está omnipresente en la cultura de negocios estadounidense actual. Jeff Bezos cuenta que trabajaba 12 horas todos los días de la semana en los primeros años de Amazon. El director ejecutivo de Apple, Tim Cook, es famoso por enviar correos electrónicos a las 4:30 a. m.
El aparente jefe de Musk, a pesar de su conocida afición a los informativos de televisión y las redes sociales, también insiste en que “ningún presidente ha trabajado más que yo”.
Estos alardes, plausibles o no, revelan algo importante sobre la valorización estadounidense del trabajo, y ayudan a explicar por qué esta clase de multimillonarios supuestamente ocupados ha llegado a creerse con derecho a dominar nuestra vida nacional. Para Musk y sus socios, un entusiasmo hercúleo por el trabajo no es simplemente una forma de hacer las cosas; también es una marca de superioridad innata, un “superpoder” que confiere el derecho a imponer su visión al mundo.
Las décadas que Musk lleva en las más altas esferas de la industria tecnológica, rodeado de otros ejecutivos que justificaban su señorío sobre sus imperios privados pregonando su inagotable ética del trabajo, le han enseñado que si trabajas más que los demás, deberías ser recompensado con un control incuestionable sobre tus dominios. Ahora pretende extender esta lógica a nuestro gobierno, transformándolo, como una de sus empresas, en otro feudo personal.
Aunque el ámbito del proyecto de Musk puede ser nuevo, el arquetipo que encarna tiene una larga historia. El economista de origen austriaco Joseph Schumpeter, que enseñó en Harvard desde 1932 hasta su muerte en 1950, contribuyó a popularizar la idea de que los empresarios poseían un conjunto especial de rasgos de personalidad que los diferenciaban de los hombres de negocios y directivos de menor categoría. El espíritu empresarial, según Schumpeter, rompía las rutinas económicas.
Eso requería “voluntad y personalidad”. Los verdaderos empresarios generaban “vendavales de destrucción creativa”, según su célebre frase, una noción que adaptó del economista alemán Werner Sombart, quien sostenía en 1909 que los empresarios eran “hombres (¡no mujeres!) dotados para todo de una vitalidad extraordinaria, de la que brota un impulso inusitado para actuar, una alegría apasionada por el trabajo y un deseo irreprimible de poder”. Eran superhéroes.

Los líderes empresariales estadounidenses no tardaron en adoptar esta forma de pensar. Les permitió racionalizar su éxito como el resultado natural de su propia productividad, y considerar las cargas de trabajo más pesadas como una forma de potenciar a los empleados en lugar de machacarlos.
Cuando en 1960 preguntaron a Georges Doriot, cofundador de una de las primeras grandes empresas estadounidenses de capital riesgo, si tenía previsto contratar a nuevos empleados para mantener el rápido crecimiento de su empresa, él respondió: “No, simplemente trabajaremos todos hasta más tarde por la noche”.
Esta mentalidad se extendió a las empresas tecnológicas en las que Doriot invirtió, y conformó la visión del mundo de los ejecutivos de Silicon Valley. A principios de la década de 1980, los empleados que trabajaban a las órdenes de Steve Jobs en la división Macintosh de Apple se hacían camisetas en las que se podía leer “¡90 horas a la semana y me encanta!”.
En las últimas décadas, dos tendencias de la vida estadounidense han sobrealimentado la difusión de esta ética del trabajo empresarial, ayudando a empujar a los multimillonarios ocupados al centro de nuestra política. En primer lugar, cada vez más estadounidenses de a pie aprendieron a considerar el trabajo como algo escaso.
A medida que la desindustrialización asolaba amplias franjas del país y la sindicalización disminuía, se acostumbraron a los ciclos de despidos y a la necesidad de incorporarse en nuevas ocupaciones o nuevas industrias.
Ahora, en una época en la que más del 70 por ciento de los estadounidenses se preocupan por la disponibilidad de buenos empleos bien remunerados, los jefes de la cúspide de nuestra pirámide de clases perciben correctamente cómo esos empleos se han convertido en un símbolo de estatus: si los ricos de la Edad Dorada tenían un consumo visible, alardeando de ser libres del trabajo, los ricos de nuestra nueva Edad Dorada tienen un trabajo visible.
Los vemos trabajar constantemente mientras nosotros buscamos turnos extra o luchamos por encadenar trabajos a tiempo parcial, y nos maravillamos de lo especiales que deben de ser.
Luego está la amenaza inminente de un avance tecnológico de enormes proporciones. Hoy, muchos líderes tecnológicos creen que el desarrollo de la inteligencia artificial está a punto de automatizar la mayoría de los trabajos hasta dejarlos en el olvido.
Empresas tecnológicas como Google, Dropbox y Meta ya han recurrido a señalar los avances de la inteligencia artificial para justificar despidos recientes, y más del 40 por ciento de las empresas de todo el mundo prevén seguir su ejemplo en los próximos cinco años, según una encuesta del Foro Económico Mundial.
Para quienes impulsan el auge de la IA, esta es una perspectiva esperanzadora.
En el mundo automatizado que se avecina, los multimillonarios parecen esperar ser algunos de los últimos trabajadores en pie, encargados de gran parte del único trabajo que imaginan que les quedará por hacer a los humanos: dar órdenes a todos los demás.
Para Musk, seleccionar a los trabajadores de las empresas que adquiere parece ser una forma de acercarse a ese futuro.
Tras hacerse cargo de Twitter, despidió a la mitad de sus empleados e informó a quienes se quedaron de que impondría un estilo de gestión “extremadamente duro”; muchos de ellos aceptaron su oferta de dimitir a cambio de tres meses de indemnización.
Ahora Musk está aplicando el mismo manual de jugadas al gobierno federal, tratando de sustituir a los funcionarios de carrera por soldados de choque del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE por su sigla en inglés) y algoritmos de aprendizaje automático.
“Todo lo que pueda automatizarse mecánicamente, se automatizará”, declaró recientemente a The Washington Post un funcionario que observaba el bombardeo de Musk. “Y los tecnócratas sustituirán a los burócratas”.
El sentido común parecería sugerir obstáculos a esta visión. Como Musk está demostrando ante nuestros ojos, trabajar 120 horas semanales no es lo mismo que hacer un buen trabajo.
Musk y sus secuaces del DOGE están cometiendo el tipo de errores descuidados que cabría esperar de personas que trabajan sin descanso, subsistiendo, como supuestamente hacen, con “un flujo constante de pizzas a domicilio, Red Bull y Doritos” y descansando solo de forma intermitente en las “cápsulas de sueño” de la oficina.
Crearon un sitio web para intentar documentar sus ahorros de costos, que estaba plagado de errores contables evidentes. Despidieron a cientos de trabajadores responsables de la seguridad de las armas nucleares, y luego se apresuraron a volver a contratarlos.
Musk sabe hasta qué punto un ejecutivo puede salirse con la suya cuando se cree que posee poderes productivos extraordinarios. Hizo de Twitter una empresa peor y menos valiosa, desmantelando sus sistemas de verificación y moderación y suprimiendo los enlaces a otros sitios web, y aun así pudo lucrar convirtiéndola en un megáfono de la política MAGA.
Sus coches se incendian y, sin embargo, siguen saliendo de la cadena de montaje de sus fábricas hiperautomatizadas, con el atractivo que su base de seguidores de culto les confiere. Y ahora, al parecer, si algo detiene alguna vez la bola de demolición de DOGE, serán los tribunales, o quizá los celos del presidente, no el descubrimiento de que Musk y su equipo no saben lo que hacen.
Como Peter Thiel observó una vez, “una empresa emergente está estructurada básicamente como una monarquía”. Y como en una monarquía, el objetivo principal de muchas es halagar el ego de sus líderes en lugar de mejorar la vida de la gente común y corriente. Si Estados Unidos se siente cada vez más como un país gobernado por dos reyes petulantes, quizá sea porque el gobierno se está gestionando por fin como una empresa.
nuestras charlas nocturnas.
Así es como tu cerebro te hace querer comer dulces aunque no tengas hambre…

Psicología y Mente(J.Soriano) — ¿Alguna vez te has preguntado por qué, después de una comida abundante, aún tienes espacio para el postre?
Este fenómeno, conocido coloquialmente como el “estómago para postres”, ha intrigado a científicos y golosos por igual durante años. Ahora, un estudio revolucionario del Instituto Max Planck para la Biología del Envejecimiento ha arrojado luz sobre este misterio culinario.
Contrario a la creencia popular, el deseo de dulces después de estar lleno no se origina en el estómago, sino en el cerebro. Esta investigación revela cómo nuestro cerebro nos hace anhelar azúcar incluso cuando no tenemos hambre, desafiando nuestra comprensión tradicional del apetito y la saciedad.
– El descubrimiento del “estómago para postres”
Un equipo de investigadores del Instituto Max Planck para la Biología del Envejecimiento ha desentrañado el misterio del llamado “estómago para postres”, ese fenómeno que nos hace desear dulces incluso después de una comida abundante. El estudio, realizado principalmente con ratones, ha revelado que este antojo tiene su origen en el cerebro y no en el estómago, como se creía anteriormente.
Los científicos observaron que los ratones completamente saciados aún consumían alimentos dulces cuando se les ofrecía. Intrigados por este comportamiento, centraron su atención en el cerebro de los roedores. Allí descubrieron que un grupo específico de células nerviosas, conocidas como neuronas POMC, juegan un papel crucial en este proceso.
Estas neuronas POMC resultaron tener una doble función fascinante. Por un lado, se activan para señalar la sensación de saciedad después de una comida, indicándonos que estamos llenos. Sin embargo, al mismo tiempo, estas mismas neuronas se vuelven activas cuando los ratones tienen acceso al azúcar, facilitando su apetito por los dulces.
Este hallazgo revoluciona la comprensión en torno a la forma en la que el cerebro regula el apetito y los antojos. Las neuronas POMC, que tradicionalmente se consideraban solo como “supresoras del apetito”, se revelan a partir de este estudio como actores clave en la estimulación del deseo por los dulces. Esta dualidad explica por qué podemos sentirnos llenos y, sin embargo, encontrar espacio para el postre, un fenómeno que muchas personas experimentan pero que hasta ahora carecía de una explicación científica sólida.

– El mecanismo cerebral detrás del antojo de dulces
El hallazgo más sorprendente del estudio realizado por el Instituto Max Planck fue descubrir cómo las neuronas POMC, responsables de la sensación de saciedad, también juegan un papel crucial en el deseo de consumir azúcar. Este proceso ocurre a través de un mecanismo cerebral que involucra la liberación de una sustancia química llamada β-endorfina, un opiáceo natural producido por el cuerpo.
Cuando los ratones saciados consumían azúcar, las neuronas POMC no solo enviaban señales de saciedad, sino que también liberaban β-endorfina. Esta sustancia actúa sobre otras neuronas que poseen receptores opiáceos en el cerebro, desencadenando una sensación de recompensa y placer.
Este efecto placentero es tan poderoso que lleva a los ratones a seguir comiendo azúcar incluso cuando ya no tienen hambre. En otras palabras, el cerebro activa un circuito de recompensa específico para el azúcar, lo que explica por qué este tipo de alimentos puede ser tan irresistible.
Curiosamente, este mecanismo no se activa con otro tipo de alimentos, como los grasos o los normales. Es decir, el cerebro parece estar programado para responder específicamente de esta manera al azúcar.
Además, los investigadores descubrieron que al bloquear esta vía opioide en el cerebro, los ratones dejaban de consumir azúcar adicional, pero solo si estaban saciados. En ratones hambrientos, la inhibición de la β-endorfina no tuvo ningún efecto en su consumo.
Este fenómeno sugiere que el deseo por los dulces no está relacionado únicamente con la necesidad energética del cuerpo, sino con una respuesta cerebral específica al azúcar.
Además, los investigadores observaron que este mecanismo se activa incluso antes de consumir azúcar: basta con percibirlo para que las neuronas POMC comiencen a liberar β-endorfina. Este hallazgo subraya cómo el cerebro puede anticipar y amplificar el placer vinculado al consumo de dulces.
– La anticipación y percepción del azúcar
Un aspecto muy interesante del estudio es la forma en que el mecanismo cerebral del “estómago para postres” se activa incluso antes de que el azúcar toque nuestras papilas gustativas. Los investigadores descubrieron que la mera percepción visual o el aroma del azúcar son suficientes para desencadenar la liberación de β-endorfina en el cerebro de los ratones.
Este fenómeno de anticipación sugiere que nuestro cerebro está programado para responder al azúcar de manera casi instantánea, preparando nuestro organismo para recibir esta fuente rápida de energía. Es como si nuestro cerebro tuviere un “radar para dulces” constantemente activo.
Sorprendentemente, este mecanismo también se observó en ratones que nunca antes habían probado el azúcar. En cuanto la primera gota de solución azucarada tocaba sus bocas, se liberaba β-endorfina en la región del “estómago para postres” en sus cerebros. Esta respuesta se intensificó con el consumo adicional de azúcar.
Estos hallazgos indican que la atracción por los dulces no es simplemente un hábito adquirido, sino una respuesta innata profundamente arraigada en nuestro cerebro. Explica por qué incluso las personas que no están acostumbradas a comer muchos dulces pueden sentirse atraídas por ellos, especialmente en situaciones en las que el azúcar es visible o su aroma es perceptible.

¿Cómo se relaciona todo esto con la teoría de la evolución?
Desde una perspectiva evolutiva, la existencia de este mecanismo cerebral dedicado al azúcar tiene mucho sentido. Como explica Henning Fenselau, líder del grupo de investigación en el Instituto Max Planck para la Investigación del Metabolismo, “el azúcar es raro en la naturaleza, pero proporciona energía rápida. El cerebro está programado para controlar la ingesta de azúcar siempre que esté disponible”.
En el entorno de nuestros ancestros, las fuentes de azúcar eran escasas y preciadas. Las frutas maduras y la miel, por ejemplo, eran recursos valiosos pero no siempre accesibles. Cuando se encontraban, era ventajoso consumir tanto como fuera posible, ya que proporcionaba una rápida fuente de energía que podía almacenarse en forma de grasa para tiempos de escasez.
Este “estómago para postres” podría haber sido una adaptación crucial para la supervivencia, permitiendo a nuestros antepasados aprovechar al máximo estas raras oportunidades de consumir azúcar. El cerebro, al generar un fuerte deseo de consumir dulces incluso después de estar saciado, aseguraba que no se desperdiciara ninguna oportunidad de obtener esta valiosa fuente de calorías.
Sin embargo, en nuestro mundo moderno, en el que el azúcar es abundante y fácilmente accesible, este mismo mecanismo puede llevarnos a un consumo excesivo, contribuyendo a problemas de salud como la obesidad y la diabetes.
– Paralelismos en humanos
Para investigar si este mecanismo cerebral también está presente en humanos, los científicos realizaron estudios de imagen por resonancia magnética funcional en voluntarios. Los participantes recibieron una solución azucarada a través de un tubo mientras se escaneaban sus cerebros.
Los resultados revelaron que la misma región cerebral que reaccionaba al azúcar en los ratones también lo hacía en los humanos. Específicamente, se observó una disminución de la actividad en el tálamo paraventricular en respuesta al consumo de azúcar. Esta región contiene numerosos receptores opioides cerca de las neuronas de saciedad, de manera similar a lo observado en ratones.
Estos hallazgos sugieren que el mecanismo del “estómago para postres” podría estar conservado entre especies, indicando que los humanos y los ratones comparten procesos cerebrales similares en relación con el deseo de dulces después de las comidas. Esta similitud refuerza la relevancia de los descubrimientos en ratones para nuestra comprensión del comportamiento alimentario humano.

– Las aplicaciones de este descubrimiento en el tratamiento de la obesidad
Los hallazgos del estudio sobre el “estómago para postres” podrían tener implicaciones importantes en el posible desarrollo de tratamientos para la obesidad. El Dr. Henning Fenselau, líder de la investigación, sugiere que esta nueva comprensión del mecanismo cerebral detrás del deseo de dulces podría abrir nuevas vías terapéuticas.
Actualmente, existen medicamentos que bloquean los receptores opioides en el cerebro, pero su eficacia para la pérdida de peso es limitada. Fenselau propone que combinar estos fármacos con otras terapias, como los inyectables supresores del apetito, podría resultar muy útil.
Sin embargo, el investigador enfatiza que se necesitan más estudios para explorar estas posibilidades. El objetivo sería desarrollar tratamientos más efectivos que aborden tanto los aspectos fisiológicos como psicológicos de la obesidad, ayudando a las personas a controlar mejor sus antojos de azúcar y lograr una pérdida de peso sostenible.
– Conclusiones
El descubrimiento del mecanismo cerebral detrás del “estómago para postres” nos ofrece una nueva perspectiva sobre nuestros antojos de dulces. Entender cómo nuestro cerebro nos impulsa a consumir azúcar, incluso cuando estamos saciados, puede ayudarnos a desarrollar estrategias más efectivas para controlar estos impulsos. Aunque este mecanismo fue crucial para nuestra supervivencia evolutiva, en el mundo moderno, ser conscientes de él puede ser clave para mantener una alimentación equilibrada y una mejor salud.
nuestras charlas nocturnas.
Te amaré cuando no estés

JotDown(A.Vieitez) — Nadie tiene ni puta idea de lo que es el amor. Quizá sea por eso que casi todo el mundo lo persigue a ciegas, chocándose contra las paredes del mundo. De toda la vorágine de constructos sociales que nos envuelven, que nos revisten como si fuésemos cuerpos desnudos ávidos de ser cubiertos por cualquier cosa, no hay ninguno tan complejo, tan inaccesible, tan sórdido como el amor.
Se trata de una cuestión impermeable a las generaciones, a las vidas y las muertes. Es el mástil, el epicentro de todos los temas que existen. La cumbre de la conversación, el pensamiento último.
El amor, esa cosa invisible, es la columna vertebral del arte. Se extiende a través de él como una mano enorme, una mano de dimensiones desproporcionadas. Uno puede pensar que una obra escapa a su yugo, para encontrarse entonces con el perfil desdibujado de su sombra eterna, por el vértice carcomido de sus restos, de las huellas que deja en la espalda de cualquier creación.
Alrededor de él han pivotado movimientos completos tanto en el campo de las artes plásticas como en el de la literatura
. Es algo común a todos los creadores del mundo, a lo largo de todo el tiempo y el espacio: hacer lo que decía Lennon en el arranque de «Julia» (half of what I say is meaningless, but I say it just to reach you, «la mitad de lo que digo no significa nada, pero lo digo solo para llegar a ti»). Todos han escrito, han pintado, han compuesto a ese ente inconquistable, esa cima imposible de coronar.
Las derivaciones temáticas del amor son infinitas. De sus raíces surgen todas las ramas posibles; de ellas brotan la pérdida, la memoria y la identidad. De ellas nace la muerte. Nadie ha enfrentado jamás la muerte como una cuestión ajena al amor. Como línea de creación se la vincula, de hecho, con el romanticismo.
Morir es un desgarro, la culminación eterna de los amores extraviados. El adiós es el último adversario del amor, o su consecuencia. Trabajan ambos siempre en consonancia, indisolubles. Escribió García Márquez en El amor en los tiempos del cólera que lo único que le dolería de morir es que no fuese de amor.
Ahí, en esa frase, se recoge todo lo que se ha escrito sombre ambos temas; de ella se deduce que el amor es una vía lícita (de hecho, la única) para alcanzar la muerte. Morir nunca estaría justificado de otro modo, sería algo banal, estúpido.
Florentino Ariza, protagonista de la novela, pasa medio siglo esperando al amor conocido, el único amor. Gabriel García Márquez construye su romanticismo en una historia de ausencias, de imaginar. Nadie podría imaginar que su vínculo, el de Ariza con Fermina Daza, pudiese haber llegado a ser lo mismo, a contar con ese vigor invencible, de haberse consumado su relación tras su primer encuentro, al pie de los almendros.
Sería absurdo plantear la posibilidad de que ambos, ya sobrepasados los setenta años, viviesen empapados en pasión noches y noches al borde de un barco de haber sumado medio siglo en común. Es lo malo del tiempo: es incompatible con el amor. Uno avanza y el otro retrocede, y se tiene la sensación de que una persona solo puede amar más a otra en caso de perderla, de crearla y recrearla en su mente todos los días, con el esmero y la dedicación con que uno vuelve siempre a las cosas que no querría perder.
Se ha extendido a nivel social la idea de que el amor perdido es algo a superar, una especie de valla que habría que saltar. Está todo por correr tras esa valla, nadie podría atravesar su mundo futuro sin sobrepasarla. Esa idea, sin embargo, todo ese pragmatismo, colisiona de forma frontal con las grandes historias de amor que componen nuestro imaginario cultural, con la concepción que cualquiera de nosotros puede llegar a tener de la idea de amar.
Desde luego, García Márquez lo tuvo claro al contar el viaje de Florentino Ariza a través de las décadas, con su amor primigenio atado a las vísceras para siempre. Para el nobel colombiano, todo se reducía a eso; a esperar cada día, durante toda la vida, a una única persona, aun con la consciencia hábil de que ese momento pudiese no llegar jamás.
El amor se desvirtúa conceptualmente cuando se entiende de forma múltiple. En Alta Fidelidad, Nick Hornby realiza un repaso de todas las relaciones románticas de su atormentado protagonista para acabar reduciéndolas todas a la misma: la única que importa, la corona de todas las demás. Multiplicar al objeto amado hacer perder fuerza romántica al concepto.
Lo hace porque implica suponer dos vías diferentes, ambas igualmente traídas a lo terrenal. La primera, que el amor tiene fecha de caducidad. Si pudo morir una vez, podrá hacerlo de nuevo, y así sucesivamente. De lo contrario, la segunda: que el amor ha de ser repartido entre su reciente receptor y todos aquellos que lo precedieron, como si de una reubicación se tratase. Como si hubiese lugar para las matemáticas en la habitación.

Las historias que conmueven son las historias de amor perdido, amor eternamente no correspondido, no asimilado, no traído a la rutina. El día a día es territorio vedado al enamoramiento, es el hogar del desamor.
Ahí se mueve Blue Valentine, esa película de Derek Cianfrance en la que se nos explica por qué dos personas que pretendan encerrar la intensidad intacta de la primera pasión entre cuatro paredes están destinadas a destrozarse, a matar al amor, a asesinarlo a cuchillazos y empapar el papel pintado con su sangre.
La sangre visceral del amor que no quiere morir pero tiene que hacerlo. García Márquez y Florentino Ariza habrían querido que los dos protagonistas de Blue Valentine muriesen intentándolo, que no se rindiesen nunca en su propósito de sostener en los cielos ese sentimiento de pertenencia, esa cosa inmortal que todo lo justifica.
Cianfrance, sin embargo, evita la tragedia y mata al amor para salvar a sus personajes, para cubrirlos de lógica, de ese pragmatismo adquirido que, de haber nacido previamente en sus conciencias, les habría evitado la ridícula idea de siquiera conocerse.
El amor solo vive en la ausencia. En la esperanza. En el dolor. Se puede utilizar la breve pero contundente discografía de Damien Rice, compuesta por tres únicos álbumes, para comprenderlo. En el primero de ellos, O, el músico irlandés canta a lo que nace. En él, el amor crece como una enredadera que escala por su voz.
En «The Blower’s Daughter» repite la frase I can’t take my eyes off you («no puedo apartar mis ojos de ti») tantas veces que uno acaba creyéndoselo, acaba imaginándose a Rice mirando a Lisa Hannigan sin parar, con sus ojos ahí parados, inamovibles, fijados por un soporte atornillado al suelo.
Es lo mismo de lo que habla García Márquez al comienzo de El amor en los tiempos del cólera, cuando Florentino Ariza se desvive por arrancarse música de los adentros, música que llegue al corazón de Fermina Daza, el único destino que podría jamás anhelar.
En su segundo disco, 9, Damien Rice habla de la muerte por contacto. Pasa lo mismo que en Blue Valentine: las cosas explotan por los aires. Del I can’t take my eyes off you se pasa al Fuck you, it’s hell when you’re around («que te jodan, el infierno es estar cerca de ti») de «Rootless Tree».
Precisamente «Rootless Tree» fue una de las últimas canciones a las cuales Lisa Hannigan puso los coros. Aunque ella no lo hubiese explicado en repetidas ocasiones, podríamos hacernos una idea bastante nítida del motivo.
Si uno escucha Odetenidamente, parece imposible pensar que esa misma persona llegaría a escribir, cuatro años después, una canción tan dolorosa, tan rota como «The Animals Were Gone». También resulta ridículo colocarla en el mismo plano que «Rootless Tree», pese a que pertenezcan al mismo disco. Desde luego, no es difícil imaginar el orden en el que fueron compuestas.
«The Animals Were Gone» es, precisamente, un preludio anticipado a su tercer álbum, publicado ocho años después que 9 y llamado My Favourite Faded Fantasy. En él, la figura amada está más idealizada de lo que podía haber llegado a estarlo en cualquier otro plano de posibilidades.
Desde luego, lo está más que en O, a pesar de que aquel disco describía un amor palpable y este no habla más que de memoria, de recuerdos, de papel mojado. Pero, una vez más, el amor vive y arde en la ausencia, y muere cuando llega, cuando se convierte en parte material de la realidad.
My Favourite Faded Fantasy es un álbum de fácil vinculación con Blood on the Tracks, el disco que Bob Dylan vomitó tras su separación con Sara Lownds y uno de los trabajos de un romanticismo más desaforado de la historia de la música.
No existe un amor más vivo que el de «If You See Her, Say Hello» o «You’re Gonna Make Me Lonesome When You Go», y lo paradójico es que ambas canciones hablan de un amor ya muerto, de un amor que no existe más allá de la mente del creador, de la mente de un músico roto por el dolor que sucede a su pérdida.
Con la definición del término en la mano, podríamos decir que Bob Dylan nunca estuvo más enamorado de Sara Lownds que cuando acabó por separarse de ella. Su amor, igual que el de Damien Rice, volvió a nacer nada más morir.
La única vía sostenible para la permanencia de un sentimiento vivo a lo largo de un vínculo real la ofreció Charlie Kaufman en Olvídate de mí, esa parábola sobre el amor dirigida por Michel Gondry y protagonizada por Jim Carrey y Kate Winslet que lo deconstruye absolutamente todo acerca de una relación real entre dos personas.
El problema está en su conclusión; en que esa solución es inverosímil, inviable, puesto que uno no puede, en ningún caso, eliminar a una persona de su cerebro, extraerla como si fuese un virus del que despojarse.
Kaufman presenta ese mundo ideal en el que dos personas se encuentran y se enamoran para adivinar, a posteriori, que ya lo han estado antes, y que ese amor que ahora les resulta atractivo, seductor como ningún otro que hayan conocido antes, es un amor que ya han vivido. Uno que ya han roto y lanzado al desagüe con pavor, ambos derruidos por su efecto.

En el momento álgido de su conexión, en su punto máximo de felicidad, el personaje interpretado por Carrey dice todo aquello que se podría decir sobre el amor. Recostado sobre la nieve, dejando la marca de su silueta sobre la misma y con su amada incipiente (el personaje de Kate Winslet, entiéndase), dice: «Podría morir ahora mismo, Clem».
Podría morir. Esa sentencia, tan aparentemente banal, tan repetida por cualquiera de nosotros de forma inconsciente, es un continente universal. Contiene la idea de que ya no quedan peldaños en la escalera; se está arriba, tan arriba como se podría estar. Se ocupan unas alturas a las que uno solo podría volver en soledad, en retrospectiva, como Dylan cuando dice eso de she might think I have forgotten her, don’t tell her it isn’t so («ella podría pensar que la he olvidado, no le digas lo contrario»).
Así que se abraza esa idea de la muerte como perpetuadora del estado de enamoramiento, se le proporciona a ella la posibilidad de extender en el tiempo algo que la vida, a buen seguro, acabará por asesinar a sangre fría. La muerte es el único candado posible para el amor, el único paraguas que existe.
La única forma de que este sobreviva es que el individuo muera enamorado. Charlie Kaufman, en Olvídate de mí, otorga a su personaje principal el anhelo de elegir ese momento, casi como quien se entrega a un acto de exacerbada heroicidad.
Esa misma heroicidad es la que se entrega a la muerte de Gatsby, el personaje central de la literatura de Fitzgerald y uno de los símbolos más expresivos de la idea del amor en la ausencia. Gatsby, al igual que Florentino Ariza, sostiene su voraz sentimiento en los hombros de la esperanza durante años, y convierte la conscecución de un amor que él mismo sabe improbable en su redifinido sueño americano.
Se trata de un personaje, como canta Springsteen, nacido para correr, para hacerlo eternamente en busca de esa luz verde que siempre está a una bahía de distancia, por mucho que uno crea acercarse, por mucho que la sensación de proximidad engañe.
Daisy Buchanan, el anhelo de Jay Gatbsy, es un personaje de mayor cinismo que Fermina Daza, quizá porque ambas habitan contextos diferentes, y porque las circunstancias de la primera la obligan a someterse a ciertas reglas sociales que la segunda puede permitirse ignorar.
Sin embargo, ambas comparten ese pragmatismo absurdo, ajeno al deseo y la voluntad propia. Es curioso que García Márquez y Fitzgerald construyesen seres amados tan similares, tan lejanos, tan inaccesibles, curioso aunque comprensible, ya que es el único modo mediante el cual el enamorado puede sostenerse en la ausencia, sin llegar nunca a conseguir su objetivo.
Tanto para Gatsby como para Florentino Ariza, todo se reduce a una cuestión de expectativas. Ambos generan su propio universo mental de futuras posibilidades, los dos se aproximan ligeramente a la idea de lo que querrían conseguir.
Tanto uno como el otro someten su éxito profesional a la romántica idea de que el amor que nunca muere pueda llegar a justificarlo en alguna ocasión, y de hecho lo hace en ambos casos; lo hace en el barco que navega por el Caribe, lo hace en ese encuentro definitivo con Daisy en el salón de estar de Nick Carraway.
A priori, parece obvio que la resolución de El amor en los tiempos del cólera es más optimista y vitalista que la de El Gran Gatsby. La primera termina con los amantes, septuagenarios, inmersos en la idea de viajar para toda la vida entre puertos, sin pisar nunca la tierra firme, ese lugar que siempre los mantuvo separados, sin llegar a tomar nunca consciencia de un mundo real en el que las cosas mueren, en el que las cosas terminan.
La segunda, por su parte, lo hace con Gatsby muriendo solo, abandonado por el amor que fue combustible de su vida. Sin embargo, leyendo los últimos pensamientos que cruzaron su mente, en su última conversación con Carraway, uno entiende que Gatsby murió realmente esperanzado, convencido de que aquello por lo que había esperado durante años, el sueño americano de su propia vida, estaba finalmente al alcance de su mano.
Para Florentino Ariza el amor era el olor de las almendras, mientras que para Jay Gatsby lo era la luz verde. Al final, el amor acabó siendo para ambos una cuestión de ausencias, un constructo solitario, una batalla personal por la supervivencia de un sentimiento frente a todo lo demás.
Nadie en su sano juicio habría luchado tanto por una persona presente, por alguien que sí está, como ellos lo hacen por quien solo habita, aunque inmensamente, las habitaciones de la memoria. Quizá el amor no sea eso, quizá no implique lucha ni sacrificio y deba ser algo sencillo, hogareño, que no duela.
Es posible que no sea más que la justificación más romántica que se ha podido dar al hecho de morir, también al de vivir. La vida sin amor sería menos vida, la gente sin amar perdería determinación, se disiparía la fuerza de voluntad. O quizá no. Quién sabe. Al fin y al cabo, todo el mundo habla de amor, pero nadie tiene ni puta idea de lo que es.
nuestras charlas nocturnas.
¿Por qué ya no vamos a la taberna sino a la vinoteca? El rico vocabulario del vino y la vid…

The Conversation(M.R.Gómez/M.V.G.Camacho) — El mundo del vino ocupa una parte importante de nuestro patrimonio cultural inmaterial.
Más allá de su valor económico y gastronómico, el vino está presente en nuestro idioma.
Desde refranes –“Con pan y vino se anda el camino” o “Vino con queso sabe a beso”– a canciones como la que popularizó Manolo Escobar que decía: “Viva el vino y las mujeres”.
Rafael Farina cantaba al “vino amargo el que bebo, (…) vino amargo que no da alegría” y Estopa “soy como un vino tinto, que si me tomas en frío engaño, y con los años me hago más listo”.
El vino está presente en la mayoría de eventos (institucionales, familiares o sociales) y en la religión cristiana la sangre derramada por Jesucristo es representada por esta bebida. Es decir: en el colectivo popular está presente la cultura vitivinícola de una u otra forma.
– El vino y su mundo en nuestro idioma
Como no podía ser de otra manera, el mundo del vino está muy presente en nuestra lengua. Estudiar, recuperar, analizar y enseñar la gran variedad de léxico existente consecuencia de la presencia de viñas por todo el territorio nacional es lo que hacen los expertos detrás del Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía (ALEA), por ejemplo, que en 2023 cumplió 50 años de existencia.
En este medio siglo las transformaciones socioeconómicas, el desarrollo tecnológico o el de las comunicaciones han influido e influyen en la aparición y desaparición de términos. En el ALEA podemos observar todos estos cambios y cómo algunos términos desaparecen o sufren modificaciones en función del área geográfica en que se usan. Esto es lo que hemos investigado en un reciente trabajo de campo.
– Usos locales de palabras
Pese a la ubicuidad del vino y del mundo entorno al cultivo de la uva, es curioso comprobar que existen términos específicos que son locales. Por ejemplo, la palabra “mayetos” se usa en el municipio onubense de La Palma del Condado (cuya producción vinícola pertenece a la denominación de origen de Condado de Huelva) para referirse al grupo de jornaleros que vendimian una propiedad.
Sin embargo, ese término es desconocido en el territorio zamorano y salmantino que abarca la denominación Arribes del Duero.
Por el contrario, el término “corvillo” (instrumento con forma de hoz pequeña para cortar los racimos de uvas) se usa en las tierras que ocupan las denominaciones de origen de Arribes, pero en la localidad onubense no es conocido.
También existen palabras que se emplean en todas las zonas pero con significados diferentes. La palabra “capachos” se refiere en La Palma del Condado a un tipo de cesta de esparto empleada en la recogida de la uva. Sin embargo, en Fermoselle (municipio zamorano con la denominación de origen de Arribes del Duero) designa un apero redondo de esparto para la elaboración de aceite.

El término “yema”, para referirse a los brotes de la vid, se usa por igual en todas las zonas.
– Comemos los ‘babos’ y dejamos el ‘escobajo’
Los caprichos dialectológicos hacen que los “granos de uva” o “uvas” se conozcan en Fermoselle como “babos”. Entre las definiciones encontradas en la RAE para este término, ninguna se relaciona con el contexto vitivinícola, aunque sí aparece en el Diccionario de las Hablas Leonesas y se asocia a la zona del Bierzo (León) y a Salamanca, pero no a regiones zamoranas.
¿Se han parado alguna vez a pensar si existe una manera de referirse a lo que queda de un racimo de uvas cuando nos las hemos comido todas? En el ALEA tenemos “escobajo”, mientras que en el municipio onubense aparece “gabado”. Por su parte, la forma usada en Fermoselle es “cascabujo”, término que no consta en los diccionarios.
La forma más similar encontrada es “cascabullo” que está asociado al cascabillo de la bellota. No obstante, tanto “babo” como “cascabujo” muestran vitalidad en la localidad zamorana, ya que son ampliamente conocidos por los habitantes del municipio.
– ¿Se acabaron las tabernas?
Algo que hemos podido comprobar en nuestra investigación es que el término “taberna” comienza un proceso de mortandad en ambas zonas, en favor del vocablo “vinoteca”, término que resulta más moderno y chic para nuestra sociedad, a pesar de las diferencias connotativas de los dos términos.
Otra palabra que está cayendo en desuso es “zarcillo”, que es esa parte fina y alargada, en forma de tirabuzón, que las plantas desarrollan en sus extremos para agarrarse: en La Palma del Condado es desconocida y, en su lugar, aparece “tijereta”. Por su parte, en Fermoselle los habitantes se muestran dubitativos ante ese término reflejado en el ALEA.

Partiendo del ALEA, otros términos que también han desaparecido o están en proceso de mortandad en estas dos zonas son “postura” o “vid nueva”, que están dando paso al vocablo “majuelo” para hacer referencia a una vid o a una viña nueva; “granillo/a” para referirse a las uvas no maduras en un racimo que ya ha madurado; o “espita” en La Palma del Condado y “canilla” en Fermoselle, dos términos que se refieren al grifo de madera del que disponen los toneles o cubas.
– Cambios vertiginosos
Comprobar la velocidad a la que el léxico dialectal del ALEA se actualiza nos demuestra el impacto del mundo globalizado en el que vivimos, el constante movimiento de personas y los avances tecnológicos. Todo esto tiene el efecto inevitable en la lengua de perder singularidades de vocabulario y volverse más estandarizada.
También que se introduzcan términos nuevos constantemente mientras otros muchos caigan en desuso, y por tanto, en el olvido.
Como escribía Alfonsina Storni en su poema Adiós: “Las cosas que mueren jamás resucitan / las cosas que mueren no tornan jamás (…)”. El objetivo de artículos como este es que, de alguna manera, esos términos tan particulares de las zonas no caigan en el olvido y desaparezcan para siempre, porque eso quiere decir que perdemos parte de ese patrimonio cultural inmaterial que nos caracteriza y enriquece.
Aquí quedan escritos: ojalá esto ayude a que perduren un poquito más en el tiempo. ¡A su salud!
nuestras charlas nocturnas.
Gusano congelado vuelve a la vida tras 46 mil años, desafiando los límites de la biología…

Infobae(A.Reyna) — Un hallazgo sin precedentes ha causado un gran impacto en la comunidad científica: un gusano que estuvo congelado durante aproximadamente 46 mil años en el permafrost siberiano ha sido revivido con éxito.
Este descubrimiento fue realizado por un grupo de investigadores encabezado por el Dr. Philipp Schiffer, del Instituto de Zoología de la Universidad de Colonia. Más allá de evidenciar la increíble capacidad de ciertos organismos para resistir condiciones extremas, el caso plantea nuevas incógnitas sobre los límites de la vida y los mecanismos de supervivencia en entornos hostiles.
El organismo en cuestión, identificado como Panagrolaimus kolymaensis, fue recuperado a 37 metros de profundidad en el suelo permanentemente congelado de Siberia, una región caracterizada por su vasta extensión de permafrost. Este tipo de suelo, que se mantiene helado durante al menos dos años consecutivos, actúa como una cápsula del tiempo natural, conservando material orgánico durante miles de años.
Según los científicos, la combinación de temperaturas extremadamente bajas y la estabilidad del hielo permitió que este gusano permaneciera en un estado de animación suspendida a lo largo de milenios, desafiando así las expectativas sobre la resistencia biológica en condiciones extremas.
– El fenómeno de la criptobiosis: cómo la vida se pone en pausa

El gusano pertenece a un género conocido por su capacidad de entrar en criptobiosis, un estado biológico en el que los procesos vitales se detienen casi por completo en respuesta a condiciones ambientales extremas, como temperaturas extremadamente bajas o sequías severas, según informó Earth.com, sitio dedicado a la difusión de noticias sobre el medio ambiente.
En este estado, no se produce actividad metabólica significativa, lo que permite a los organismos sobrevivir en circunstancias que normalmente serían letales.
La criptobiosis no es exclusiva de los nematodos. Otros organismos, como los tardígrados (también llamados osos de agua) y ciertos tipos de camarones de salmuera, han demostrado habilidades similares. Estos seres suspenden sus funciones corporales hasta que las condiciones ambientales mejoran, momento en el cual reanudan su actividad normal.
Sin embargo, lo que hace único al caso de Panagrolaimus kolymaensises la duración de su estado de suspensión: 46 mil años, un período que supera con creces las expectativas previas de los científicos sobre cuánto tiempo puede mantenerse la vida en pausa.
. Un hallazgo que desafía las expectativas científicas
El análisis genético del gusano reveló que esta especie no había sido descrita previamente en la literatura científica. Según los investigadores, su capacidad para sobrevivir durante tanto tiempo podría estar relacionada con moléculas especiales que estabilizan sus células, protegiéndolas de los daños causados por la deshidratación o las fluctuaciones extremas de temperatura.
Estas moléculas, similares a las encontradas en otros organismos resistentes, podrían ser clave para entender cómo algunos seres vivos logran resistir condiciones extremas.
El Dr. Philipp Schiffer expresó su asombro ante este descubrimiento, afirmando: “Nadie había pensado que este proceso pudiera durar milenios, 40 mil años o incluso más. Es simplemente increíble que la vida pueda comenzar de nuevo después de tanto tiempo, en ese estado entre la vida y la muerte”.
El gusano revivido no sólo retomó su actividad normal en el laboratorio, sino que también logró reproducirse, lo que permitió a los científicos estudiar a su descendencia en condiciones controladas.
Este avance abre la puerta a nuevas investigaciones sobre los mecanismos genéticos y moleculares que permiten la criptobiosis, así como sus posibles aplicaciones en campos como la biomedicina y la conservación.
. El papel del permafrost como cápsula del tiempo natural
El permafrost siberiano ha sido un recurso invaluable para los científicos, ya que conserva restos orgánicos en un estado notablemente intacto.
Este suelo congelado, que en algunas regiones puede extenderse cientos de metros bajo la superficie, actúa como un archivo natural que guarda información sobre la vida en la Tierra hace miles de años.
Las condiciones extremas de estas regiones, aunque inhóspitas para los humanos, son ideales para preservar organismos y materiales biológicos. Según los investigadores, el grosor del hielo y las bajas temperaturas constantes protegen a los organismos atrapados en el permafrost, manteniéndolos en un estado de conservación que permite su estudio incluso después de decenas de miles de años.
– Implicaciones para la ciencia y la exploración espacial

El descubrimiento de este gusano plantea preguntas fascinantes sobre la posibilidad de vida en otros planetas o lunas con condiciones extremas.
Según los expertos, los mecanismos de supervivencia observados en Panagrolaimus kolymaensis podrían tener paralelismos con las estrategias que hipotéticamente podrían emplear organismos en entornos como Marte o las lunas heladas de Saturno.
Además, el estudio de la criptobiosis tiene aplicaciones potenciales en la Tierra. Si los científicos logran aislar los genes o moléculas responsables de la resistencia al frío y la deshidratación, podrían desarrollar nuevas tecnologías para preservar tejidos humanos, órganos para trasplantes o incluso alimentos.
Este tipo de avances podría revolucionar la biomedicina y la industria alimentaria, minimizando los daños asociados con el almacenamiento en frío.
Aunque el espécimen original ha muerto, sus descendientes continúan vivos en el laboratorio, proporcionando una oportunidad única para realizar más experimentos. Los investigadores planean estudiar cómo estos nematodos responden a cambios en la temperatura, la rehidratación y otros factores ambientales, con el objetivo de comprender mejor los límites de la criptobiosis.
Además, los científicos están interesados en explorar muestras de permafrost aún más antiguas en busca de otros organismos que puedan haber sobrevivido en condiciones similares. Estos estudios podrían arrojar luz sobre cómo la vida en la Tierra ha evolucionado para adaptarse a entornos extremos y cómo podría hacerlo en el futuro.
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No, una infancia difícil no hace madurar antes a los niños…

Psicología y Mente(N.Moreno) — Durante mucho tiempo se ha creído que las adversidades en la infancia ayudaban a los niños y niñas a madurar. De hecho, todavía hoy son innumerables las personas que defienden esta postura. Sin embargo, las investigaciones más recientes señalan lo contrario.
A lo largo de este artículo exponemos los diferentes hallazgos, basados en evidencia científica, que desmontan esta creencia tan extendida. Además, hablaremos sobre el verdadero impacto que tiene vivir una infancia difícil. En definitiva, desmontamos esta idea popular mediante argumentos basados en neurociencia.
– La falsa creencia sobre la «madurez forzada»
Es probable que, en más de una ocasión, hayas escuchado afirmaciones que hacen referencia al hecho de haber tenido que madurar antes de lo esperado por las circunstancias vividas durante la infancia. Lejos de plantearlo como algo a lamentar, a nivel popular se suele plantear como un hecho prácticamente elogiable.
De hecho, esta idea se extiende y arraiga en el pensamiento colectivo mediante historias, películas y cualquier tipo de narrativa en las que se acaba romantizando el hecho de haber tenido una infancia difícil. Parece que se premia tener niños y niñas maduros en lugar de permitir que simplemente sean infantes y crezcan a su propio ritmo.
Sin embargo, lo que no saben la mayor parte de las personas que defienden este tipo de creencias es que las adversidades vividas dejan huella. Parece que, como sociedad, a veces se nos olvida lo sensible e importante que es la primera etapa de nuestra vida. Todo lo que vivimos durante la infancia, sea positivo o negativo, puede generar un fuerte impacto en nuestro desarrollo.
– Descubriendo los impactos reales de las experiencias adversas en la infancia
Afortunadamente, cada vez son más los estudios que demuestran el verdadero impacto de haber vivido todas estas experiencias adversas durante la infancia.
Las consecuencias acompañan a estas personas a lo largo de su vida puesto que marcan su desarrollo y esto acaba produciendo cambios en su organismo.
Un estudio publicado recientemente en la revista Developmental Cognitive Neuroscience muestra cómo determinadas experiencias adversas en la infancia afectan al desarrollo del cerebro.
En esta investigación se habla de factores como la crianza dura o severa, los conflictos familiares y los vecindarios inseguros entre otros aspectos.
Si bien es cierto que cada una de las experiencias vividas puede tener impactos diferentes en cada persona, se ha demostrado que estas no fortalecen el cerebro. De hecho, se puede afirmar que lo debilitan.
Esto sucede así debido a que los cerebros de los niños deben adaptarse a las circunstancias que están viviendo y, para ello, su desarrollo habitual se ve entorpecido.
Así pues, encontramos dificultades significativas en los adultos que vivieron experiencias adversas durante su infancia. Incluso ya de niños se pueden apreciar estas dificultades para regular las propias emociones. Además, suelen tener dificultades conductuales, académicas y una baja autoestima. Por si fuera poco, también tienen más problemas en el ámbito relacional.
– Hemos confundido madurez con supervivencia
Es cierto que ante determinadas experiencias vitales, los infantes acaban desarrollando comportamientos que habitualmente desempeñan los adultos. Socialmente esto se ha descrito como madurar y, como decíamos antes, se ha llegado incluso a ver como algo positivo y deseable.
Sin embargo, lo que está sucediendo realmente es que ese cerebro no ha tenido más remedio que adaptarse a esa realidad. Esto sucede puesto que nuestro organismo es plástico y está programado para adaptarse e incluso poder sobrevivir en un entorno desfavorable.
Esto se traduce en que los infantes acaban adoptando conductas que no les corresponden y que suelen estar desatendiendo las necesidades reales que tienen por su momento evolutivo.
Por ejemplo, los niños que habitualmente se etiquetan como muy independientes están intentando suplir el hecho de que no disponen de una persona adulta que les garantice la seguridad que necesitan.
En este sentido, es necesario comprender que lo que habitualmente se ve como un desarrollo precoz y más madurez es en realidad un intento del cerebro para adaptarse a un entorno hostil. Por supuesto, estos niveles elevados de estrés, junto con la carencia de sostén por parte de los cuidadores tiene consecuencias a corto, medio y largo plazo tanto a nivel emocional como cognitivo.
En definitiva, debemos interiorizar que la madurez de un cerebro solo puede darse cuando los infantes crecen en entornos seguros. Debemos respetar los tiempos y las necesidades de cada etapa del crecimiento para poder garantizar un desarrollo óptimo.
– Desmontando creencias erróneas gracias a la neurociencia
Gracias a la neurociencia hoy en día podemos desmontar este tipo de creencias erróneas pero arraigadas fuertemente en la cultura popular.
Los estudios más actuales han permitido saber con profundidad el funcionamiento óptimo del cerebro y cómo se alteran las diferentes áreas al vivir determinadas experiencias.
Además, los estudios que se apoyan en la neuroimagen permiten saber que los cambios producidos en las áreas cerebrales afectadas se mantienen a medio y largo plazo.
Asi pues, la ciencia nos permite insistir en la necesidad de ofrecer entornos seguros y cálidos para los más pequeños.
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El Pacífico no es pacífico…

JotDown(Y.Santos) — Un escalón. Es lo primero que se siente en el Pacífico, sea en playa rectilínea, sea en bahía. Un desnivel que desconcierta, que hace perder pie enseguida, que da la impresión de una densidad desconocida. Luego está la fuerza de las aguas, incluso en la orilla, capaz de romper tobillos.
Aunque no haya oleaje, el mar se adentra en la arena y rodea los cuerpos con que se topa con avidez, arrastrándolos hacia sí como una garra, como una liana, como una pitón. Cuando hay oleaje, su furia traicionera forma un muro inexpugnable. El Pacífico no es confiable.
A la vuelta del verano de 2007 no se hablaba de otra cosa en la Ciudad de México que de la muerte, a los treinta años, de la escritora Aura Estrada. La mató una ola que le rompió el cuello en Mazunte (Oaxaca). Nada hacía presagiar, se lee en la crónica atravesada por el dolor de su viudo, Frank Goldman, para The New Yorker, que la asesina llevara saña mortal.
«Mantenga la calma, no nade contra la corriente, haga señales de auxilio, intente nadar en paralelo a la orilla». Son frecuentes estos consejos en las costas del Pacífico, donde, si el bañista logra traspasar la pared de olas, no ha de sentirse seguro: puede toparse con una corriente de resaca. Los nadadores locales son expertos en cabalgarlas (y salvar a cientos de personas al año).
«No hay que ponerse nervioso, es mejor dejarse llevar por la corriente porque ella misma vuelve hacia fuera», suelen advertir al viajero.
Muchos, miles al año, no lo cuentan. Como el poeta Manuel Ulacia, nieto de Manuel Altolaguirre, ahogado en una playa del norte de Guerrero en 2001. Los amigos que lo vieron cuentan que parecía que los saludaba de lejos, jovial, antes de desaparecérseles de la vista.
El lecho del Pacífico es traicionero también. En las costas, en uno y otro continente, confluyen placas tectónicas que rugen y llevan la muerte en ondas sísmicas, esas olas terrestres. «En caso de tsunami, aléjese de la costa, suba a un lugar alto».
¿El ser humano piensa en las instrucciones para ponerse la mascarilla en el avión en caso de despresurización de la cabina? ¿Sabe leer la señal quien observa al océano retirarse metros y metros como un Judas Iscariote que besa a Jesús?
Nada tienen que ver, eso sí, las rocas que conforman el fondo marino y sus límites con las corrientes y los oleajes, aclara Víctor Manuel Cruz Atienza, uno de los mayores especialistas en la llamada brecha de Guerrero, de donde predicen vendrá «the big one», el gran terremoto que mañana —dentro de diez años, de cincuenta, de cien— asolará la capital de México.
«Lo que rige las mareas tiene que ver con la interacción de los fluidos entre los océanos, la capa de agua de la Tierra y la atmósfera, y con la gravedad inducida principalmente sobre la Tierra por la Luna», explica el científico, paciente, a la ignorante.
¿Qué sabemos de los océanos los profanos? ¿Qué, del Pacífico, un tercio de la superficie del planeta, donde podrían caber todos los continentes? Las palabras esdrújulas nos parecen nombres de encantamiento y estas, en concreto, llevan la carga de titanes y conquistadores.
Consuela que siga siendo así incluso para los expertos. Lo acredita Santiago Olay García, marino mercante —¿la profesión venerable más antigua del mundo?—, que navega en las redes como Santiago el Marino.
«El Atlántico es como estar en casa y el Pacífico es la promesa de lo exótico —dice—. Cuando ya el Atlántico americano, incluido el Caribe, estaban civilizados, a principios del siglo XIX, el Pacífico suponía aún la vida en la frontera. Y para mí sigue siendo un poco así hoy en día».
Santiago lo compara con explorar la Luna o Marte hace solamente dos siglos, pero los científicos lo siguen considerando así, en cierto sentido. Se sabe más del espacio exterior que de los océanos.
Desde la orilla, sin embargo, todos los mares se parecen. Por eso nos confunden. Núñez de Balboa, el primer occidental que contempló el Pacífico, en 1513, lo hizo desde las costas del istmo de Panamá y por eso lo llamó mar del Sur.
Su nombre definitivo se lo puso Fernando de Magallanes, tras pasar el infierno de la Tierra del Fuego, en 1520. ¿Cómo llamar, si no, a esa balsa azul, después de sufrir en glaciares y angosturas? Cómo predecir, en aquel momento, que de todos los topónimos equivocados, el del océano Pacífico es el más grande de todos.
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¿Es lo mismo ser inteligente que tener altas capacidades?…

The Conversation(J.R.Castillo) — Que pensamos con la cabeza puede parecer una obviedad, pero no siempre estuvo claro.
Fue en los siglos IV y III a. e. c. cuando en Grecia Herófilo diseccionó científicamente a humanos; que sepamos, fue la primera persona en hacerlo y en señalar que la cabeza es la sede de la inteligencia (Aristóteles, por su parte, proponía que el cerebro servía para enfriar la sangre).
Hubo que esperar mucho más hasta que comenzara a hacerse un registro sistemático de tareas consideradas “inteligentes”. Ocurrió a finales del siglo XIX gracias al británico Francis Galton, pero usó los resultados de estas mediciones para justificar sesgadamente teorías innatistas y eugenésicas.
Desde entonces, las propuestas ofrecidas para explicar qué significa ser inteligente pueden agruparse en dos tipos:
- Los modelos factoriales, que utilizan las matemáticas (análisis factoriales) para buscar puntos en común (factores) entre variables (puntuaciones en los test).
- Los modelos no factoriales, que no usan test, sino que parten de observaciones y comparaciones entre casos.
Debido a que las altas capacidades se relacionan con las puntuaciones en los test de inteligencia, podría pensarse que se ciñen exclusivamente al cociente intelectual, pero no es así. O, al menos, no debería. La idiosincrasia humana es más compleja que un simple número. Por consiguiente, para desentrañar este corpus, como hizo Herófilo, vamos por partes.
– ¿Sabemos medir la inteligencia?
En Francia nació la que está considerada como la primera prueba de inteligencia: el test de Binet-Simon (1905). Se creó para detectar deficiencias cognitivas en niños y niñas en edad escolar e implementar una educación especial (aquí apareció por primera vez el cociente intelectual).
Al diseñar el test, su autor principal insistió en señalar que no servía para medir fielmente la inteligencia, sino que solo desarrolló una herramienta para resolver una necesidad específica en un contexto determinado.
Sin embargo, esta nueva corriente basada en medir inteligencia con tareas exclusivamente académicas (excluyendo creatividad, música, habilidades sociales, emocionales…) fue aumentando y han ido surgiendo otras pruebas. Las más conocidas son las escalas Weschler (WAIS-IV, WISC-V y WPPSI-IV). Otra menos conocida es la batería de actividades mentales diferenciales y generales.

Estas y otras pruebas conceden mayor importancia a establecer rankings de cociente intelectual que a explicar la estructura de algo llamado inteligencia.
– ¿Qué es el factor ‘g’?
Con los resultados en estos tipos de test, los análisis factoriales han demostrado que las habilidades cognitivas están influidas por una capacidad común llamada factor “g” (general). Pero el factor “g” no se considera sinónimo de inteligencia. Además, el cociente intelectual es un número que se obtiene como resultado de aplicar la inteligencia, y tampoco sirve para definirla.
El principal autor que defiende un modelo no factorial, Howard Gardner (que acuñó el concepto de “inteligencias múltiples”), no niega la utilidad del análisis factorial para agrupar variables y formar categorías abstractas (como “g”). Pero sí pone objeciones a que la concepción de lo que llamamos inteligencia se vea reducida a un filtro estadístico.
También Robert Sternberg, autor de la teoría triárquica (analítica, práctica y creativa), critica que la inteligencia se limite exclusivamente a la habilidad para responder a problemas académicos.
Parece, pues, que no existe consenso sobre cómo “desmembrar” la inteligencia. Incluso ha llegado a cuestionarse si existe algo a lo que llamar así. A pesar de ello, los test de cociente intelectual son la principal herramienta para comenzar a examinar las altas capacidades.
– ¿Qué son las altas capacidades?
El concepto altas capacidades se utiliza a modo de paraguas para englobar a aquellas personas que destacan por encima de la media en test de cociente intelectual y que, además, muestran otras particularidades. Bajo este paraguas se incluyen los siguientes términos:

- Superdotación: se diagnostica al obtener una puntuación de cociente intelectual superior a 130 (percentil 98). Sin embargo, Joseph Renzulli (apoyado por Lewis Terman) critica sólidamente esta separación “a bisturí” y propone el modelo de enriquecimiento triádico. Según este modelo, la superdotación debería identificarse valorando la interacción entre tres elementos: un cociente intelectual superior a la media, alto compromiso con la tarea y alta creatividad. Renzulli argumenta que las personas más creativas y productivas se encuentran por debajo del percentil 95 (cociente intelectual de 125), y con un punto de corte tan alto se deja fuera a quienes tienen el mayor potencial para alcanzar altos niveles de logro.
- Talento: capacidad de dominar excepcionalmente una o varias competencias, cuya adquisición puede explicarse con el modelo integral de desarrollo del talento de Françoys Gagné. Se ha propuesto diagnosticar un talento con puntuaciones superiores a 125 en áreas específicas de una prueba citada previamente, la batería de actividades mentales diferenciales y generales, resultando en talento lógico, verbal, numérico o visoespacial.Además, como los test de cociente intelectual excluyen la creatividad, se ha propuesto usar el test de Torrance de pensamiento creativo para valorar este talento. Una combinación de estos cinco talentos resultaría en talentos múltiples, complejos o conglomerados.
- Prodigio: se consideran niñas o niños prodigio a quienes han sido capaces de producir trabajos admirables comparándolos con los de una persona adulta –aunque a menudo limitado a una única área (música, matemáticas…)– y sin haber cumplido los 10 años. Suelen tener un cociente intelectual destacable, aunque no extraordinario.
- Genio/a: persona que se encuentra en el extremo más alto de las altas capacidades (con un cociente intelectual mayor de 145) y ha realizado alguna contribución muy notable en un área determinada.
Conviene citar la precocidad, un término evolutivo referido a manifestar habilidades antes de lo característico para la edad cronológica habitual (especialmente, lenguaje fluido). Y la eminencia, referida a quien ha añadido a la sociedad grandes aportaciones, pero como fruto de la oportunidad o la suerte, sin que los factores intelectuales han sido determinantes.
– ¿Hay inteligencia más allá del cociente intelectual?
Un estudio reciente que ha aplicado análisis factorial a test que valoran las llamadas “inteligencias centradas en las personas” (social, emocional y personal) ha revelado que también dependen del factor “g”. Y éstas no se exploran en los test de inteligencia tradicionales, es decir, que no participan en el cociente intelectual.
Esos resultados tienen importantes consecuencias, ya que demuestran lo que numerosas teorías han estado criticando: que la inteligencia no puede limitarse al cociente intelectual actual.
Como crítica añadida a los test de cociente intelectual, la música no está considerada psicométricamente como un talento. Y la creatividad, como componente a valorar durante el diagnóstico de las altas capacidades, tampoco es registrada por este tipo de test, como ya se ha mencionado.
Los estudios empíricos de la creatividad han mostrado solo una ligera correlación con el cociente intelectual. Esto implica que el cociente intelectual es una condición necesaria a valorar, pero ciertamente no es suficiente.
En definitiva, la inteligencia y las altas capacidades no son lo mismo. Ser inteligente se asocia a velocidad de procesamiento, memoria, fluidez verbal… es decir, a las tareas que rastrean los test de “inteligencia”, que resultan deficientes para detectar todas las capacidades humanas.
Y tener altas capacidades significa poseer un cociente intelectual superior como requisito imprescindible, pero se requieren otros elementos, como motivación, creatividad o haber producido trabajos prodigiosos y geniales.
Y así, tras “abrir en canal” a estos conceptos, coincidimos con Herófilo en que los análisis profundos son más reveladores que las observaciones de corte superficial.
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Cómo un pequeño «punto azul» en nuestro cerebro controla el sueño y genera un enorme interés entre los científicos…

BBC News Mundo(D.Robson) — Cualquiera que padezca insomnio conoce la impaciencia y la frustración que aparece mientras se lucha por apagar la cabeza y silenciar las voces interiores.
Desearías tener un botón que pueda apagar instantáneamente toda esa actividad mental.
La idea de un regulador de intensidad mental no es tan descabellada como podría parecer. La mayoría de los neurocientíficos coinciden en que nuestro estado de vigilia existe en una especie de continuo.
Está coordinado por una red compleja de regiones cerebrales, en cuyo centro se encuentra un pequeño conjunto de neuronas conocido como «locus coeruleus», que en latín significa «punto azul».
Se trata de una descripción literal: las neuronas del locus coeruleus están teñidas del color del zafiro debido a un neurotransmisor en particular, la noradrenalina. Esto también nos da una pista sobre la función del punto azul, ya que la noradrenalina controla nuestra activación fisiológica y psicológica.
Durante mucho tiempo, los científicos asumieron que el locus coeruleus permanecía inactivo durante el sueño, pero cada vez está más claro que esto no ocurre y que presenta niveles bajos de actividad intermitente que pueden regular la profundidad de nuestro sueño.
Una mejor comprensión de este proceso podría ayudar a tratar las alteraciones del sueño asociadas a trastornos como la ansiedad.
– El sistema de engranajes del cerebro
El locus coeruleus se encuentra en el tronco encefálico, justo encima de la nuca, y contiene alrededor de 50.000 células, una pequeña porción de los 86.000 millones de neuronas que hay en el sistema nervioso central promedio.
El médico de María Antonieta, Félix Vicq d’Azyr, fue el primero en notar su existencia a fines del siglo XVIII, pero durante mucho tiempo no logró atraer más atención.
Esto empezó a cambiar en el siglo XX, cuando se hizo evidente que el pigmento azul del locus coeruleus desempeñaba un papel clave en la señalización cerebral.
La norepinefrina (también conocida como noradrenalina) aumenta la probabilidad de que una neurona se active con una corriente eléctrica.
Cuando se activan, las células del locus coeruleus pasan haces de este neurotransmisor a lo largo de sus proyecciones a otras regiones del cerebro, mejorando la comunicación entre las neuronas de esa zona.
Este proceso tiene matices. Dependiendo de los tipos de receptores que tengan, algunas neuronas son más sensibles a cantidades más pequeñas de noradrenalina, mientras que otras solo responden a umbrales más altos.
Esto significa que, a medida que aumenta la actividad del locus coeruleus, comenzará a afectar a algunas áreas del cerebro más que a otras, lo que puede tener efectos dramáticos en aspectos como el enfoque, la concentración y la creatividad.

En su libro ‘Hyperefficient: Optimize Your Brain to Transform the Way You Work’ (Hipereficiente: Optimice su cerebro para transformar su manera de trabajar), la investigadora en neurociencia y escritora Mithu Storoni describe el locus coeruleus y su control sobre la señalización de la noradrenalina como la caja de cambios del cerebro, con diferentes modos que se adaptan mejor a determinados tipos de actividades.
Marcha 1 : actividad muy suave en el punto azul. Los bajos niveles de noradrenalina hacen que nuestra atención sea difusa y que nuestra mente divague de un pensamiento a otro.
Marcha 2 : activación moderada en el punto azul, acompañada de picos ocasionales en respuesta a los estímulos más relevantes. La corteza prefrontal, que está involucrada en el autocontrol y el pensamiento abstracto, es más sensible a esta concentración de noradrenalina.
En este estado cerebral, es posible que nos resulte más fácil mantener la concentración en tareas intelectuales.
Marcha 3: activación constante y alta del punto azul, que libera altos niveles de noradrenalina. Esto comienza a desencadenar la actividad en las regiones cerebrales asociadas con la «respuesta de lucha o huida», mientras que la corteza prefrontal comienza a apagarse.
Gracias a la mayor comunicación entre neuronas, eres extremadamente sensible a tu entorno, pero puede resultar difícil separar la señal del ruido. Se vuelve más difícil concentrarse y puedes comenzar a sentirte abrumado.

Muchos factores diferentes determinan en qué marcha nos encontramos, incluida la hora del día, ya que la actividad del punto azul cambia con nuestro ritmo circadiano.
Suele ser baja cuando nos despertamos, aumenta durante el día y disminuye por la noche.
– Vigilancia nocturna
Teniendo en cuenta el papel que desempeña el punto azul en la excitación, tiene sentido que esté más silencioso durante la noche, durante el sueño. Sin embargo, no es totalmente silencioso, sino que se activa esporádicamente.
Una investigación reciente de Anita Lüthi en la Universidad de Lausana (Suiza) sugiere que esta actividad puede determinar la calidad de nuestro sueño.
A lo largo de la noche, alternamos entre diferentes etapas del sueño. Existe el sueño de la fase REM «movimientos oculares rápidos», que como sugiere su nombre, se caracteriza por el parpadeo de nuestros globos oculares.
Se asocia con sueños vívidos y se cree que es crucial para procesar y consolidar recuerdos. Sin embargo, gran parte de nuestro descanso transcurre en el sueño no REM (NREM), durante el cual el cerebro puede realizar una limpieza profunda, eliminando los desechos celulares que pueden provocar disfunción neuronal si se permite que se acumulen.
Al medir la actividad cerebral de ratones que dormitaban, Lüthi descubrió que el sueño NREM se asociaba con ráfagas temporales de actividad del locus coeruleus cada 50 segundos.
Esto parecía galvanizar los tálamos, un par de regiones con forma de huevo que se encuentran en el medio del cerebro y están involucradas en el procesamiento sensorial. Como resultado, el animal era más sensible a estímulos externos, como ruidos, sin llegar a despertarse del todo.
«Se genera un estado de mayor vigilancia», afirma Lüthi. «Realmente te da la idea de que la vigilia se puede graduar en el cerebro».

Lüthi sugiere que estos períodos regulares de mayor vigilancia ante posibles amenazas serían esenciales para la supervivencia en la naturaleza.
«El sueño es muy importante, pero debe complementarse con un mecanismo que permita un cierto grado de vigilia», afirma.
«Es necesario seguir reaccionando al entorno».
El inicio del sueño REM se asocia casi siempre a una baja actividad del locus coeruleus, lo que sugiere que también desempeña un papel central en la transición a este estado de sueño pleno.
«Esa transición al sueño REM tiene que estar muy bien controlada», dice Lüthi, «porque en el sueño REM tenemos atonía». Es decir, la parálisis temporal de nuestro cuerpo que nos impide representar físicamente nuestros sueños. «Estamos completamente desconectados del entorno».
Lüthi enfatiza que sus experimentos se llevaron a cabo en roedores, por lo que aún necesitamos confirmar que el punto azul juega un papel similar en el sueño humano.
Si es así, sospecha que la actividad alterada del locus coeruleus podría estar implicada en condiciones como la ansiedad que pueden contribuir al sueño desordenado.
Descubrió que exponer a sus ratones de laboratorio a fuentes de estrés leves, como golpes en su jaula, aumentó la actividad del punto azul y aumentó su vigilancia durante la noche, lo que resultó en un sueño fragmentado.
– Encontrar la calma mental
Un creciente conocimiento de esta vía neuronal está llevando a algunos científicos a investigar si diferentes tipos de estimulación cerebral pueden calmar el punto azul para mejorar el sueño.
Un equipo de Corea del Sur, por ejemplo, ha probado recientemente un auricular que hace pasar una pequeña corriente eléctrica por uno de los nervios de la frente que está conectado al punto azul para amortiguar temporalmente su actividad, aunque todavía no se sabe si esto reduce el insomnio.
Por ahora, podemos intentar pensar un poco más detenidamente en nuestro comportamiento por la noche y evitar la sobreestimulación justo antes de irnos a dormir.
«Si nos obligamos a seguir adelante cuando estamos cansados, nuestro cerebro responde acelerando su marcha para proporcionar la máxima potencia a su maquinaria en apuros, hasta el punto de que casi se ‘queda atascado’ en un nivel alto», escribe Storoni en Hyperefficient.
El simple hecho de dejar que nuestra mente se relaje antes de acostarse, sin televisión, teléfonos ni ningún tipo de pantalla, se ha considerado durante mucho tiempo una buena «higiene del sueño».

También podemos aprovechar el tráfico bidireccional entre el locus coeruleus y el cuerpo.
El punto azul forma parte del sistema nervioso autónomo, que controla funciones fisiológicas inconscientes como la respiración, la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
Este se divide en dos brazos: el sistema nervioso simpático, encargado de desencadenar una respuesta de estrés, y el sistema nervioso parasimpático, que prepara el cuerpo para el descanso y la relajación. Y parece que podemos activar selectivamente cada brazo con diferentes actividades físicas.
Es probable que el ejercicio moderado a intenso (caminar, correr, remar, andar en bicicleta o boxear) active el brazo simpático, acelerando la actividad del punto azul y aumentando nuestra activación mental.
Es una gran noticia si te sientes aturdido por la mañana y necesitas despertarte, pero menos útil cuando intentas calmar tu mente después de un duro día de trabajo. Puede que pienses que el esfuerzo físico te cansará, pero si ya tienes problemas para dormir, las visitas al gimnasio a altas horas de la noche son una mala idea.
Por otro lado, los estiramientos suaves pueden promover una respuesta de relajación en el sistema nervioso parasimpático que, al mismo tiempo, calma nuestros pensamientos y sentimientos.
Los ejercicios de respiración controlada, como el pranayama (una antigua técnica de respiración que proviene de las prácticas yóguicas), parecen tener el mismo efecto, ya que los ritmos respiratorios más lentos reducen la excitación general .
Podemos aprovechar esto para relajarnos por la noche. Diversos estudios sugieren que la meditación y los movimientos conscientes pueden reducir el tiempo que lleva conciliar el sueño y mejorar la calidad general del mismo, más allá de los tratamientos estándar para el insomnio.
No tenemos un interruptor físico que pueda reducir nuestra actividad mental a voluntad. Sin embargo, si gestionamos nuestra rutina diaria y aprovechamos la conexión mente-cuerpo, tendremos muchas más posibilidades de conseguir el descanso profundo que necesitamos.
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Ensayo: ¿Qué puede pasarme si duermo con los ojos abiertos?…

The Conversation(H.D.F.Angel) — Al empezar a escribir sobre este tema vino a mi mente mi infancia y los momentos en los que veía dormir a mis hermanos.
Alguno de ellos, no recuerdo cuál, lo hacía con los ojos abiertos, por así decirlo.
Ahora sé que realmente es solo una parte del ojo la que no se cierra durante el descanso nocturno.
Esta imagen es más común de lo que imaginamos; incluso se presenta sin que exista alguna enfermedad ocular.
La gran mayoría de las veces lo nota una tercera persona, pero el individuo afectado por esa circunstancia no se da cuenta, ni duerme mal, ni se aplica gotas. Sin embargo, algunos estudios sugieren que hasta 1 de cada 5 personas podría experimentarlo, como señala la Fundación Nacional del Sueño estadounidense.
– De molestias leves a úlceras en la córnea
El problema surge en el momento en que dormir con los ojos abiertos (que recibe el nombre médico de lagoftalmos nocturno) pasa de ser anecdótico a producir molestias como sensación de cuerpo extraño, ojos rojos, visión borrosa, fotofobia o algo tan simple como no lograr dormir bien.
En algunas ocasiones puede ir más allá de esas manifestaciones leves y generar el trastorno llamado ojo seco, que puede desembocar, entre otras dolencias, en queratitis (inflamación de la córnea) o algo más grave (ocurre muy rararamente) como úlceras en la córnea.
Hay una prueba que cualquier persona puede realizar en casa para determinar la gravedad del lagoftalmos: cerrar completamente los ojos y que alguien intente abrirlos con algo de fuerza. Comúnmente, el resultado es que los órganos de la visión se mueven hacia arriba, lo que es buena señal.
Se denomina fenómeno de Bell y es la manera natural que tiene la córnea para protegerse de la sequedad si los ojos están abiertos (o entreabiertos) mientras dormimos.
– Causas y posibles remedios
Existen algunas causas de lagoftalmos a las que hay que estar atentos para adelantarnos a las consecuencias:
- Sufrir parálisis de Bell, un trastorno del nervio que controla los movimientos de la cara y es muy común.
- Nacer con alguna alteración de los párpados que impidan que cierren bien.
- Traumas (incluidas cirugías estéticas como una blefaroplastia, la extirpación de exceso de grasa en los párpados), infecciones o cualquier lesión muscular del párpado.
- Parálisis del nervio facial por un accidente cerebrovascular o por un tumor.
Después de identificar el origen de los problemas oculares, solo queda intentar por cualquier medio cerrar los ojos al dormir. Existen varios métodos, como:
- Cintas médicas que unan los párpados sin lastimar la piel.
- Gotas, gel o ungüentos oftálmicos formulados con o sin cinta que ayuden a mantener los ojos lubricados.
- Cirugías para cerrar los ojos que el oftalmólogo puede sugerir según la severidad de las patologías primaria y secundaria.

– La importancia de identificarlo
Ahora quizá se está preguntando: ¿será que duermo con los ojos abiertos y no me he dado cuenta y por eso me molestan tanto al despertar? Siempre es necesario considerarlo cuando cuente a su oftalmólogo el motivo de la consulta. Esto ayuda a efectuar un mejor diagnóstico y, por lo tanto, una mejor manera de tratar las molestias.
O incluso, si es más grave, encontrar la forma de abordar la existencia de alguna patología derivada del lagoftalmos nocturno.
De hecho, los oftalmólogos casi no tenemos en cuenta esta causa de ojo seco en el momento de una consulta y, sin duda, esa nota nos ayudará a recordarla. Precisamente, tengo una paciente joven que no puede someterse a una cirugía refractiva con láser porque sufre de ojo seco leve, sin presentar ningún antecedente que lo ocasione. Esta podría ser la causa; ya les contaré.
Solo espero que le digamos a nuestros amigos, pareja, hermanos o padres que se fijen si tenemos los ojos abiertos al dormir y nosotros, a su vez, estemos pendientes de nuestros seres queridos.
nuestras charlas nocturnas.
La generación Z está más harta que nunca del trabajo…

Business Insider(A.Ito) — ¿Te entusiasma tu trabajo estos días? Si estás bastante desanimado, coincides con la mayoría de tus colegas.
Cada año, Gallup encuesta a decenas de miles de estadounidenses sobre sus trabajos, y los últimos resultados revelan una mano de obra excepcionalmente desanimada. El año pasado, solo el 31% de los encuestados estaban comprometidos con su trabajo, el porcentaje más bajo de los últimos diez años.
Esto por sí solo es preocupante para los empresarios, que necesitan que sus ejércitos estén motivados. Pero hay un detalle aún más alarmante en el informe: el desplome se debe a una profunda desilusión entre los empleados jóvenes. Es un dato sorprendente, dado que los novatos suelen estar mucho más entusiasmados con su trabajo que los veteranos.
De hecho, la moral de los menores de 35 años se ha hundido tanto que ahora están menos comprometidos que sus colegas de más edad, una tendencia que no se producía desde 2007.
La cuestión es por qué. Hace dos años, cuando la brecha de compromiso empezó a reducirse, sostuve que el principal factor era probablemente el repentino aumento del teletrabajo. Podría pensarse que la generación Z es la más proclive al trabajo a distancia, pero un estudio tras otro demuestra que los veinteañeros son los que menos prefieren trabajar desde casa cinco días a la semana.
Recién salidos de la universidad, son más propensos a recurrir a la oficina para hacer amigos. También son los que más asesoramiento necesitan, algo que no ocurre tanto con Zoom. Llegué a la conclusión de que, si se les deja solos, su trabajo les entusiasma menos.
Desde mi reportaje original, sin embargo, he empezado a preguntarme si hay otros factores que influyen. Para empezar, el lugar de trabajo es cada vez más caótico y hostil.
Las empresas han iniciado despidos masivos, han ordenado a los trabajadores remotos que vuelvan a la oficina y han eliminado los programas de integración laboral diseñados para que el trabajo resulte más equitativo e inclusivo. El varapalo ha sembrado la confusión: en la encuesta de Gallup, solo el 40% de los menores de 35 años afirma saber lo que se espera de ellos en el trabajo.
A la incertidumbre se añade el auge de la inteligencia artificial (IA). En otra encuesta publicada este mes, Gallup descubrió que el 78% de los adultos menores de 30 años creen que la IA tendrá un impacto negativo en las oportunidades laborales, frente a solo el 45% de los mayores de 65 años. Si crees que los chatbots van a usurpar tu trabajo, ¿para qué esforzarte en mejorarlo?
Pero sospecho que el principal factor que alimenta la caída del compromiso de la generación Z es algo más profundo que toda la agitación de los últimos años. ¿Y si los jóvenes simplemente tienen más claro que las generaciones mayores lo que pueden esperar de sus trabajos y lo que el trabajo no puede proporcionarles?
Quizá no es que sean vagos. Tal vez simplemente no estén dispuestos a soportar todas las cosas malas que conlleva un trabajo a cambio de una escurridiza recompensa durante décadas.

Por supuesto, el trabajo siempre ha sido una lata: difícil, aburrido y exigente. Por eso lo llaman trabajo. Pero para las generaciones anteriores, había alicientes que hacían que el trabajo diario pareciera merecer la pena. Para los boomers, el premio era una vida de seguridad laboral. Para la generación X, el prestigio de tener un despacho.
Para los millennials, era desarrollar su verdadero potencial y hacer del mundo un lugar mejor. Fueran cuales fueran sus sueños, cada generación trabajó durante años antes de descubrir que las recompensas que les habían prometido a cambio de su esfuerzo a menudo resultaban ser un espejismo.
La generación Z, en cambio, parece haber comprendido la naturaleza transaccional del trabajo desde el principio. No tienen las expectativas ingenuas sobre el empleo que yo tenía cuando a su edad. Han visto a sus padres trabajar durante años en empleos que les mataban el alma para acabar sin lo suficiente para jubilarse.
Saben que la cultura del ajetreo es un billete de ida al agotamiento. Y saben que, por mucho que aguanten en el trabajo, no les protegerán de ser despedidos. Se desvinculan del trabajo porque no confían en que se les recompense por trabajar.
Por eso, muchos miembros de la generación Z se centran en proyectos paralelos: están tan hartos de sus empleadores que prefieren ser sus propios jefes. También explica por qué están cautivados por FIRE, el movimiento viral que es la abreviatura en inglés de independencia financiera y jubilación anticipada. A los pocos años de empezar sus carreras, ya sueñan con el día en que se liberen de ellas.
Entonces, ¿qué deben hacer los empresarios ante el sorprendente nivel de desvinculación de la generación Z? En primer lugar, no los manden a todos a la oficina. Como escribí hace dos años, los estudios demuestran que los requerimientos de volver a la oficina solo desmoralizan aún más a todo el mundo.
En lugar de eso, los empresarios tienen que ser más intencionados a la hora de diseñar los puestos de trabajo para satisfacer las necesidades de su personal más joven. No pueden dejar al azar cosas como la mentoría y el networking, como hacían cuando la oficina obligaba a todo el mundo a estar cerca.
También tienen que ofrecer a los empleados más previsibilidad y estabilidad, en lugar de oscilar de un extremo a otro como han estado haciendo con el trabajo a distancia y las iniciativas de diversidad. Y, para aliviar la ansiedad de sus jóvenes empleados ante la IA, las empresas deberían centrarse en implantar tecnología que ayude a su personal, en lugar de sustituirlo por completo.
Sin remordimientos: el sigiloso auge de los viernes en los que no se trabaja
Todas estas medidas serían útiles. Pero, para implicar de verdad a sus trabajadores más jóvenes, las empresas tienen que darles una razón concreta para que les entusiasme su trabajo. Pueden adaptar las tareas a los intereses y objetivos de cada empleado en la medida de lo posible, así como variar las tareas dentro de cada función, de modo que un empleado no esté atascado haciendo lo mismo una y otra vez.
Pueden acabar con los jefes tóxicos y ofrecer a los empleados un poco más de libertad para elegir cómo hacer su trabajo. Y pueden cultivar una cultura corporativa que anime incluso a los empleados con menos experiencia a aportar ideas y dar su opinión, algo que solo ocurrirá si los directivos escuchan realmente las opiniones de todos.

No se trata de satisfacer los caprichos de la generación Z.
Estos son los métodos probados y comprobados, respaldados por décadas de investigación rigurosa, para crear trabajos más atractivos para todos, independientemente de la edad.
Hacer que los trabajos sean más interesantes motivará a toda la plantilla.
Y no hay nada superficial en hacer felices a los empleados: una plantilla poco comprometida está relacionada con todo tipo de factores que perjudican a las empresas, como una mayor rotación, menores beneficios e incluso insatisfacción de los clientes.
El año pasado, Gallup calculó que el bajo nivel de compromiso ya está costando a las empresas 9 billones de dólares (8,6 billones de euros) al año en pérdida de productividad en todo el mundo.
Si las empresas no hacen algo pronto para abordar la crisis de falta de motivación que se está gestando, esa cifra acabará pareciendo calderilla.
nuestras charlas nocturnas.
Los abrazos, ¿por qué nos reconfortan?…

La Mente es maravillosa(L.R.Mitjana) — Seguro que, en algún momento de angustia, estrés o dolor, un abrazo te ha reconfortado. Pero, ¿por qué un gesto aparentemente tan sencillo puede reportarnos tanto alivio? ¿Por qué los abrazos nos reconfortan?
Lo cierto es que un abrazo es mucho más que un abrazo; es una muestra de amor y cariño, un “aquí estoy”, donde las palabras no son necesarias. Y eso (el calor humano, el contacto con el otro…), nos hace sentir bien. Analizamos algunas de las razones que explican por qué nos hacen sentir tan bien este tipo de lenguaje no verbal, según la ciencia.
“Si encuentras a una persona así, alguien a quien puedas abrazar y con la que puedas cerrar los ojos a todo lo demás, puedes considerarte muy afortunado. Aunque solo dure un minuto, o un día”.
-Patrick Rothfuss-
– Por qué los abrazos nos hacen sentir bien
Dice un antiguo proverbio que “un beso sin un abrazo es como una flor sin la fragancia”. Y es que, en un abrazo, se dicen muchas cosas sin hablar, es la esencia de una emoción que queremos transmitir, como la fragancia de esa flor. Pero, ¿qué tienen los abrazos que nos gustan tanto?
1. Ayudan a superar los conflictos
Según un estudio del 2018 llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos), publicado en la revista PLOS One, los abrazos serían uno de los gestos sociales que más nos reconfortarían frente a las emociones negativas.
Para su estudio, los investigadores entrevistaron a 404 personas adultas (218 hombres y 186 mujeres), durante 14 días. Los resultados mostraron que cuando una persona entra en conflicto con otra, si ese mismo día ha recibido un abrazo, su estado emocional no empeora tanto como en el caso de no recibir ninguno.
Lo que hace ese abrazo es no aumentar los sentimientos negativos y no disminuir tanto los positivos. Y estos resultados se observaron tanto en hombre como en mujeres (aunque las mujeres declararon haber sido abrazadas más días que los hombres).
2. Transmiten calma
Otra razón de por qué los abrazos nos reconfortan es porque nos transmiten calma y sosiego. Se trata de una forma no verbal de comunicación muy potente; y en ese abrazo podemos sentir el calor humano, el contacto físico, el vínculo con el otro materializándose. Todo esto nos ayuda a sentirnos seguros y en calma.
3. Producen placer
En un estudio realizado en 2021 por investigadores de la Universidad de Londres y publicado en la revista Acta Psychologica, se encontró que los participantes experimentaban placer después de recibir un abrazo. Además, los autores sugirieron que los abrazos podían influir en la excitación durante un período corto de tiempo.

4. Favorecen la regulación de la presión arterial
Por otro lado, cuando nos abrazamos con alguien y sentimos realmente ese abrazo, liberamos oxitocina, esa hormona encargada de hacernos sentir placer, entre otras funciones. La oxitocina hace que la presión arterial se regule. Por lo que los abrazos nos reconfortan emocionalmente, pero también nos regulan a nivel físico (lo que a su vez tiene un impacto en nuestro bienestar).
5. Ayudan a estrechar vínculos
Otra de las explicaciones a por qué los abrazos nos reconfortan es porque son una forma de estrechar vínculos, de potenciar la confianza entre dos personas. Al sentir este efecto, es lógico que nos sintamos bien.
Al final, somos seres sociables; buscamos y necesitamos a los demás. Y si encontramos esa correspondencia, esa presencia en el otro, esto nos reporta bienestar y calidez humana.
6. Hacen que nos sintamos más seguros
Finalmente, cuando nos abrazan (o abrazamos), además de estrechar ese vínculo emocional con el otro, también lo estrechamos a nivel físico. Es decir, nos sentimos protegidos, seguros, acogidos, en el cuerpo del otro (y más si nos lo damos con alguien físicamente más grande que nosotros).
Esta sensación de refugio surge, inevitablemente, del contacto con otro cuerpo; y la sensación se potencia si el abrazo nos lo da alguien que nos cuida y nos quiere, que es importante para nosotros.

– El abrazo perfecto, según la ciencia
Como curiosidad, el estudio citado de la Universidad de Londres también intentó caracterizar el abrazo perfecto. Los participantes del estudio calificaron los abrazos de menos de 1 segundo como “menos placenteros”; en cambio, los “mejores” abrazos eran los que duraban entre 5 y 10 segundos, según ellos. A estos últimos los definieron como “abrazos más agradables que los abrazos de 1 segundo”.
Otros factores, como la cercanía y la altura, no fueron relevantes para los participantes y no condicionaron su idea sobre un mejor o peor abrazo. Eso sí, los participantes tenían una estatura similar, y por ello los investigadores supusieron que el abrazo estilo “cuello-cintura” podría ser el más común cuando las alturas son diferentes.
Sea como sea, seguramente lo que importa en los abrazos es cómo nos hacen sentir, qué nos transmiten.
nuestras charlas nocturnas.
La autoestima y su reverso tenebroso

JotDown(E.A.R.Nieto) — Uno de los conceptos centrales en la era del yo es el de la autoestima.
Como muchos términos científicos del ámbito psico, experimentó una gran difusión en la cultura popular.
Por todos lados parece que se apuesta a favor de nuestra autoestima.
Aunque uno se lo proponga, resulta muy difícil esquivar los mensajes que nos empujan a querernos más y mejor.
¿Y cómo quejarse de eso sin parecer un amargado o un rencoroso? ¿Quién puede estar en contra de reforzar la autoestima de los demás?
Estos enunciados hiper-positivos esconden una trampa, como cualquier proposición que no admita réplica por ser totalmente positiva.
Durante mi residencia de psiquiatría una de mis maestras me dio un consejo que no pude apreciar completamente en su momento, pero que cada vez me ha parecido más sensato. Ante mis ansias polemistas y guerreras a nivel teórico, me aconsejó «intentar encontrar siempre la intención positiva del concepto, incluso rechazándolo».
Desde entonces, siempre que mi mente repudia categóricamente algo, intento ponerme en el lugar de las personas que lo pensaron. Ningún concepto o teoría es un completo despropósito sino que generalmente surgen con una cierta intención de mejora y progreso.
Pero, claro, por múltiples motivos algunos conceptos o constructos se convierten en auténticos agujeros negros de consecuencias no previstas, muchas de ellas negativas.
Algo de esto ha sucedido con la autoestima. Nació con una pretensión de otorgar un estatus científico al amor propio, pero se ha convertido en un gigantesco coladero con el que poder justificar ante los demás actitudes de aprobación incondicional o bien de independencia extrema.
La AE ha evolucionado —en gran medida contra las pretensiones iniciales de quienes la definieron— como un pretexto para no sentirnos mal rechazando al otro. Ha ido soltando el lastre de cualquier limitación o negatividad para convertirse en una agrupación de cualidades positivas que permitan una alta competencia social.
Parte de esta evolución es debida a la propia estructura del término. Se suele decir que la AE es el componente valorativo del autoconcepto. Este último es definido en el ámbito de la psicología cognitiva como el conocimiento y las creencias que el sujeto tiene de sí mismo en todas las dimensiones y aspectos que lo configuran como persona.
Se trataría de este modo de una descripción supuestamente objetiva de la persona sobre sí misma —mentira, ya que todos hacemos trampas al solitario— que daría lugar posteriormente a una valoración emocional o etiqueta evaluativa, la AE.
Entrar en las razones por las cuales la AE colonizó todo Occidente nos llevaría demasiado lejos. Sí que es importante observar cómo en la historia de las ideas psicológicas tenemos que dar la razón a Marx cuando decía a quien quisiera escuchar que los grandes sucesos históricos aparecían primero como tragedias y después como farsas.
El psicoanálisis freudiano es profundamente trágico, hijo de una época en la que el imperialismo de la razón daba sus últimos coletazos. Definió un sujeto-héroe clásico rehén de un destino inconsciente. A caballo entre Edipo y Narciso. Freud nunca pretendió otra cosa que ser un científico natural, aunque a veces pueda parecer lo contrario.
La tragedia fue iluminar los aspectos inconscientes de la mente y la resistencia feroz que ello generó en cuanto que supuestamente devaluaba la ratio y al ser humano. Hubo enfrentamientos teóricos fabulosos, traiciones, herejías. Pero la polémica acabó amainando y la sociedad hizo un pacto de silencio con los descubrimientos psicoanalíticos.

Se pasó del rechazo furibundo de lo reprimido inconsciente a asumir que el nuevo sujeto occidental debía ser un sujeto liberado, emancipado, empoderado.
He aquí la farsa, no en el sentido de engaño sino en el de comedia.
Este proceso de conversión fue fantásticamente descrito por Adam Curtis en su documental El siglo del Yo.
De alguna manera en la sociedad se convirtió la tragedia íntima de la represión psicosexual en la comedia de la liberación.
El sujeto tenía que estar liberado de todo tipo de cadenas, pudores, vergüenzas y limitaciones.
Estaba naciendo el sujeto total, que únicamente goza. Es verdad que ciertas corrientes del psicoanálisis —generalmente norteamericanas— contribuyeron alegremente a este proceso, mientras que otras lo combatieron de forma activa.
Pero la sociedad aceptó en gran medida lo inconsciente al precio de convertir el proyecto psicoanalítico de liberación en una farsa.
Y en esas estamos cuando hoy en día aparecen imágenes en TV de una pareja haciendo el amor en el metro a la vista de todos y dicha acción es considerada por cierta izquierda como un acto de liberación, como una respuesta a la opresión. Pero, al mismo tiempo, se ha producido una privatización a la fuerza del espacio y la mirada pública, un avasallamiento del otro.
¿Cómo denunciar ciertos actos profundamente agresivos y realizados en nombre de la autonomía y el empoderamiento sin caer en un ánimo represor? He ahí el problema en el que cae frecuentemente el ciudadano que se pretende ilustrado. Y, por cierto, he ahí una de las trampas de la socialdemocracia.
Falta en la sociedad andamiaje teórico que sostenga la importancia del vínculo con los demás. El sujeto político de las democracias liberales ha caducado. Desgraciadamente, están siendo los partidos políticos populistas quienes lo han recuperado a su manera disparatada.
En este tipo de escenas se produce la pinza perfecta entre represores y liberados, en tanto ambos vienen a evacuar cualquier consideración hacia los otros. Los primeros, en nombre de la ley y las tradiciones; los segundos, en nombre del sujeto y el progreso.
El problema es que la libertad, como sostiene Byung-Chul Han, es una palabra relacional; uno se siente libre en una relación lograda, en una coexistencia satisfactoria.
Todo lo anterior no es más que uno de los factores que dan cuenta de esta transformación del sujeto, de la represión a la liberación prácticamente sin solución de continuidad. Maslow y su simplista jerarquización de las necesidades humanas dio el espaldarazo definitivo a la autoestima.
La situó del lado de la autorrealización y siempre por encima de la necesidad de aceptación social, de seguridad y de las necesidades fisiológicas. A día de hoy ya se ha rechazado esta visión teocrática y cartesiana de las necesidades humanas, pero no es menos cierto que sigue marcando la mentalidad actual.
Maslow y Rogers comenzaron a difundir la aceptación incondicional del cliente-paciente. Se asumía que los problemas psicológicos se derivaban del sentimiento de autodesprecio e indignidad, lo cual habría que erradicar mediante respeto, estimación y amor hacia el cliente. Imposible oponerse a esto, ¿verdad?

De este modo se sentaron las bases para la explosión de la autoestima, que tuvo lugar en los años ochenta. De forma muy progresiva, los otros significativos en la vida de cada uno fueron desalojados. Mejor dicho, podían permanecer mientras fueran meros espectadores que estuvieran de acuerdo con la valoración que el sujeto hacía de sí mismo.
Si la valoración de los otros significativos no encajaba con la del sujeto, dichas personas eran expulsadas porque entorpecían el desarrollo de una alta autoestima. Se dejó atrás un ideal de salud en el que la persona se acepta tal y como es, la verdadera autoestima.
Y se evolucionó a un ideal de persona-compendio de cualidades positivas, que excluía cualquier negatividad o limitación. El empresario de sí mismo. Es por esto que Han comenta que hoy mucha gente ya no busca en sí mismo pecados sino pensamientos negativos.
La valoración de sí mismo perdió todo rigor para convertirse en un cajón de sastre donde meter todo aquello que supuestamente impulsa al sujeto. Nada de autoaceptación, ¿qué tienen que ver mis relaciones con si yo me quiero o no? Había que jugar a la ruleta.
O tienes una alta autoestima o eres un perdedor. Uno de los personajes que mejor ha encarnado esta lógica endiablada es el de Jake Gyllenhaal en Nightcrawler, quien navegaba continuamente entre esos dos extremos, pero siempre desde el rechazo frontal al otro-competidor-enemigo.
Sin pretenderlo seguramente, la autoestima se ha convertido en una ruta que muchas veces acaba en el aislamiento. Parte del desastre se debe a la extirpación académica de lo inconsciente y la erogeneidad, lo que nunca va a encajar del todo en nuestra vida. Afortunadamente, las últimas teorías científicas y disciplinas como el neuropsicoanálisis lo han recuperado para el debate.
Cuando se equipara vida psíquica a conciencia y voluntad, se tensionan las relaciones de forma insoportable. De este modo, o uno se ata a las valoraciones que hacen los demás de nosotros o impone sus propias valoraciones de sí mismo a los demás. Cara o cruz, actividad o pasividad.
La autoestima como lucha supone una reactualización moderna de la parábola hegeliana del amo y el esclavo. Ambos luchan a muerte por ver quién somete a quién. Como se diría hoy, quién tiene baja y alta autoestima.
No hay mejor ejemplo de ello que un anuncio en TV de estos días de una conocida marca de automóviles, según el cual la gente se divide solamente —para qué otras consideraciones— en «dos clases de personas, los pilotos y los copilotos, los que llevan las riendas y los que no». Amo y esclavo en toda su crudeza, para que luego digan que la filosofía no sirve de referente.
El inconsciente no es una oculta caja de mierda —crítica pertinente al psicoanálisis clásico que se le ha hecho en otras épocas— sino precisamente aquello que no encaja, aquello que nos vincula con otros sin saber muy bien por qué, aquello que se resiste a ser atrapado por el yo.
El psicoanálisis moderno ha pasado de entender lo inconsciente como lo malo debajo de la alfombra a algo más vivo, algo que nos une a los otros o al pasado de forma autónoma, algo que ya no está solamente en la mente de uno.
La autoestima llevaba en sí misma el potencial desarrollo negativo que aquí tratamos.
Es uno de los constructos que más ha contribuido al surgimiento del individuo que se explota a sí mismo, en aras de la positividad total. En los manuales de educación se considera en gran medida que la identidad se basa en el autoconocimiento.
Sin ánimo de querer cargar excesivamente contra ellos, es fácil comprender que eso es falso a todas luces. La identidad es un proceso que tiene lugar tras la incorporación de otras personas significativas, que actúan como modelos identificatorios, muchas veces de forma inesperada para el sujeto.
¿En serio alguien fanático del Barça cree que su identidad tiene que ver con un autoconocimiento total de las razones por las que se siente culé? De ninguna manera, es algo que sale de las tripas, de lo afectivo-inconsciente, de experiencias interpersonales tempranas que le marcaron.
Evidentemente hay una intención positiva en tales manuales y pautas pedagógicas.
Pero esa forma de ver la realidad puede llegar a suponer una auténtica cárcel mental en tanto que «la respuesta que una persona da en las diferentes situaciones de su vida depende de lo que piense de sí misma […] nuestra manera de relacionarnos, el modo en que nos enfrentamos a las nuevas situaciones y estímulos, incluso nuestra apariencia externa… todo llevará el sello de ese juicio». ¡Vaya presión hacia el sujeto!
Tú eres el responsable de tu suerte, porque tú eres el responsable de tu autoestima y si te va mal en la vida, es que tú no te quieres lo suficiente. Mensaje repetido de forma compulsiva en los últimos años como todo el mundo sabe, especialmente en los manuales de autoayuda más chuscos.
He ahí los efectos de extirpar el vínculo inconsciente con los otros y asimilar sujeto=conciencia. En otro manual para educadores se considera que «la autoestima es una experiencia íntima que habita en mi interior: es lo que yo pienso y siento respecto a mí mismo, no lo que otra persona siente y piensa respecto a mí».
De ahí a la consideración del otro como enemigo y amenaza a mi autoestima hay solamente un paso. Para ser honesto, en estos manuales se intenta siempre considerar la dignidad de las personas, pero no es menos cierto que se abusa de fomentar la adquisición de identidad a toda costa, lo cual siempre tiene lugar por exclusión de los demás.
No hay nunca definición e identidad sin descarte de otros elementos. ¿Por qué hay que tener tan claro quién es uno? ¿Alguien me puede decir qué aporta eso?
De este modo se dio vía libre al refuerzo de la autoestima, que saltó desde la psicología a la pedagogía y de ahí a la calle. Si hay problemas, son de falta de amor propio y demasiada sumisión a la valoración de los demás. Independencia a toda costa. O el vínculo con los amigos y demás familiares ayuda a construir una alta autoestima o debe ser erradicado porque lastra al niño.
¿Y dónde encaja el humor en todo eso? O el humor es solamente positivo o también sobra. Todos los compañeros del colegio nos poníamos motes, nos reíamos un poco del profesor que se atoraba con la informática, calentábamos la punta del boli Bic rayándolo a saco contra la mesa para después quemar al compañero de al lado, dibujábamos barbaridades sexuales en el libro del compañero que se tenía que levantar a escribir en la pizarra…
Yo no sé si eso fomentaba mi autoestima… pero desde luego me hacía sentirme vivo y conectado, amén de descojonarme. «La autoestima es de nosotros, reside en nosotros y se refiere a nosotros». ¡Toma ya! Básicamente los demás no pintan nada, excepto para ver el espectáculo. El lazo con los demás se convierte en irrelevante porque nunca es utilitarista, si es genuino.
El puro placer de sentirte conectado con otra persona, de conversar por conversar, de reírte con y de alguien, de hacer el payaso, de soltar una maldad, de disfrutar haciendo el amor, de lograr quedarte en silencio con un amigo sin comerte la cabeza, de olvidarte de ti un rato cuando se está en grupo… todo se puede llegar a convertir en amenazas a la autoestima. ¿Por qué?
Porque son actividades que nos vinculan, que nos amarran al otro en el buen sentido y que… nos ponen a su merced. Alta autoestima ha sido convertido en sinónimo de no estar a merced de nadie. A esto se refería Houellebecq con la Ampliación del campo de batalla.
Bajo el paraguas del refuerzo de la autoestima se han legitimado socialmente relaciones tremendamente asfixiantes. ¿Si estoy reforzando el amor propio del niño… por qué debería tener algún límite? Pensamiento que, por cierto, hace muy complicado frustrarle, no vaya a ser que se lesione su autoestima.
Se ha exacerbado la expresión de los sentimientos amorosos hasta la náusea, hasta convertir el amor en muchos casos en una auténtica parodia. En psicoanálisis es bien sabido que una de las rebeliones más exitosas no es la lucha sino precisamente la parodia, la farsa, lo grotesco.
Ahí tenemos a los rebeldes idiotas de la película de Lars Von Trier como uno de los ejemplos más bellos. No hay más que pensar en un conocido programa de radio que se ha convertido en una auténtica fábrica de psicopatología, de sufrimiento futuro tapizado con emocionalidad pornográfica.
En dicho programa, el locutor —que pasó de instigar frikis a la ñoñería más ordinaria, no es casualidad— llama por ejemplo a una niña pequeña y le pasa el mensaje de su padre, quien le dice entre llantos e hipos a la niña cosas del pelaje de no sé qué haría en mi vida sin ti, eres el centro de mi vida, me levanto todos los días por ti, me has salvado la vida, etc.
Esto supone una crueldad extrema en toda regla y un acto de egoísmo salvaje en tanto extirpa a los niños uno de sus derechos más fundamentales, el de vivir despreocupados de las cosas de los adultos.
Como haríamos todos, la pobre niña se creerá que efectivamente es el centro de la vida de su padre y otras patrañas semejantes, llenando su pequeña vida de prematuras angustias, tristezas y tensiones. ¡Todo sea por el amor! ¡No puede haber nada malo en el afecto!

Hay que prestar especial atención al hecho de que los teóricos de la autoestima la consideran una respuesta afectiva a los pensamientos relacionados con el autoconcepto. Nuevamente una falacia científica —la idea falsa de que la corteza cerebral controla arriba-abajo los afectos y los procesos corporales— que ha sido refutada hace tiempo desde diferentes disciplinas.
O sea, los afectos de la persona son producto y nada más de los pensamientos que ella tenga de sí misma. Pero la verdad es bastante diferente, de modo que los afectos están muy relacionados con las expectativas y las pretensiones que tenemos hacia alguien. Pero nuevamente esto no ha llegado a los reforzadores de la autoestima… si el niño está triste, es que no se quiere lo suficiente, ergo hay que insistir en la autoestima y apartar relaciones tóxicas que perturben este proceso.
Volviendo a la carga negativa de la AE, es fácil ver los efectos destructivos que está teniendo en las familias. Como decíamos antes, se ha convertido en uno de los principales legitimadores de las relaciones de exclusividad total. Se puede dar la matraca al niño o niña sin freno porque lo hacemos por su autoestima, ahora los padres pueden presentarse ante los hijos como todo amor.
Contra lo que se pueda pensar y los diagnósticos apocalípticos tertuliano-cuñadistas, la familia nunca ha tenido antes el poder casi ilimitado del que goza hoy en día. En otras épocas los padres se veían obligados a compartir la crianza con otras instituciones: club social, otros padres, ateneo, iglesia, bar del pueblo, club deportivo, etc.
Esto no quiere decir que en aquellos lugares todas las opiniones fueran acertadas, pero implicaban de facto un elemento más con derecho a opinión. Un freno ante el atosigamiento familiar. De igual manera que una pareja a veces se desangra en discusiones infinitas precisamente porque falta un tercer elemento que pueda hacer de mediador y freno.
Siempre nos cortamos un poco cuando hay otro ojo mirando. Gran parte de las cansinas polémicas educativas tienen que ver con que precisamente no se acepta la influencia emocional que puede tener un profesor, al que se trata de reducir a un paria suministrador de pura información cognitiva.
Aceptar que el niño desarrolla un vínculo afectivo con él implica la idea de compartir crianza y tolerar la no exclusividad, tolerar la presencia de un tercer foco. Hoy en día esto se acepta… malamente. La AE ha propagado la idea de que nuestros hijos deben ser extensiones nuestras, y punto. No deben tener otras identidades, nadie más debe influir.
El hecho de que el poder de la familia actual prácticamente sea ilimitado en ese sentido —líbreme Dios de decir algo en contra del sacrosanto derecho de las familias a la crianza completa— es uno de los factores que más daño está haciendo en los vínculos familiares. No hay paradoja aquí. La asfixia —la sobreprotección no existe, como me dijo otro maestro— es de tal calibre a veces que ello dinamita los sanos vínculos familiares.
Además de la familia, la explosión de la AE ha dado lugar a relaciones infumables, o tóxicas según se dice ahora. Esta es una de las razones por las que el humor —lo negativo homeopático— se proscribe y por las cuales la indignación generalizada llega a ser estomagante. El amor propio acaba siendo tan exagerado que cualquier maldad, chorrada, tontería se convierte en blanco de la ira.
O el humor me hace quererme más y mejor, o debe ser acallado. Pero lo malo es que muchas veces nos reímos de aquello que va claramente en contra de nuestra moralidad, de nuestras convicciones o de nuestra tan preciada identidad. No se trata de tener la piel fina sino de la resistencia fanática a asumir cierta carga de negatividad inconsciente en uno.

Ello equivaldría a tener baja autoestima.
¡No puede ser!
En la explanada de lapidación virtual en que se ha convertido Twitter todo ello se lleva al paroxismo, a la épica.
Aparecen como setas sujetos que se dedican laboriosamente a buscar causas para indignarse.
Cuando uno se identifica con el amor, con lo bueno, lo positivo o con la gente, se da vía libre a crucificar al otro.
Lo que implica que todo lo negativo está fuera, claro. Ningún trol tuitero piensa en sí mismo como indigno, equivocado o fanático. Y los efectos de esto se pueden ver en la calle, en los trabajos, en las amistades, etc.
Los vínculos humanos se resisten a ser clasificados como únicamente positivos, pero lo cierto es que, como animales sociales, necesitamos vínculos. Fomentar el ideal del sujeto charltonhestoniano que solo confía en sí mismo, que ve todo vínculo como sospechoso, que cree no necesitar nada de nadie es una barbarie, además de ser anticientífico.
Denigrar los vínculos humanos no es aislar al sujeto, es amputar al sujeto. Que no nos extrañe entonces cuando el sujeto amputado, alienado, desvinculado, escoja opciones políticas extremas. Son las únicas desgraciadamente que han puesto la cuestión del vínculo en primer plano. De hecho, es la pura esencia del proyecto populista.
Como ya dijo Freud, se trata del hombre fuerte que dará amor a toda su gente por igual,el que nos permitirá sentirnos hermanos otra vez. ¿Nos suena de algo últimamente? Por supuesto son patrañas. Pero, como estamos viendo por la fuerza de los hechos, las fantasías no dejan de tener fuerza.
El resto de opciones políticas, desde la socialdemocracia clásica hasta el liberalismo contemporáneo, han dejado desierto este campo de juego, han escamoteado el debate convirtiendo al sujeto político en una pura abstracción, un ente etéreo —perdón por la cacofonía— que sobrevuela las relaciones humanas sin mojarse con nadie.
No existen cerebros ni mentes aislados, ni en la infancia ni en la edad adulta. Las perturbaciones graves de los vínculos de apego en la infancia pueden llegar a alterar el desarrollo estructural del cerebro.
Hasta ese punto llega la importancia del vínculo. Es fácil reconocer la motivación positiva que albergaban los teóricos de la AE, pero lo cierto es que el omnipresente refuerzo de la AE ha degenerado en una parodia de alta autoestima, capacitación y positividad.
El desarrollo de una alta autoestima —de un individuo que lo va a petar— se ha convertido en un fabuloso pretexto para dar carta blanca a relaciones irrespirables en las que un tercero externo se convierte sistemáticamente en el que viene a joder.
¿Cómo destacar la importancia del vínculo, cómo salir de la dictadura de la positividad sin caer en el cinismo?
nuestras charlas nocturnas.
Cómo un perro se convirtió en el héroe de Nueva Orleans…

The New York Times(R.Rojas) — Evadió la muerte en un refugio que necesitaba espacio para más perros. Le dispararon: un veterinario le sacó trozos de munición del cuerpo. Esquivó un tren, atravesó una autopista interestatal corriendo y sobrevivió comiendo alimento que la gente dejaba para los gatos callejeros.
Tiene unos 3 años, pesa casi 8 kilos y tiene el pelaje áspero y desaliñado. Durante varios meses, gran parte de Nueva Orleans lo estuvo buscando. Con cada captura frustrada o fuga inverosímil, su fama crecía, al igual que su reputación. Se convirtió en una figura casi mítica, demasiado astuto y veloz para poder contenerlo.
Su saga ha inspirado tatuajes, murales y carrozas de Mardi Gras. Algunos lo consideran un renegado que elige la libertad frente a las comodidades de la vida doméstica. Scrim, como lo llamó alguien en el camino, es también una encarnación viva y jadeante del espíritu de Nueva Orleans: él, como la ciudad, ha seguido adelante a pesar de todo.

Pero para el pequeño grupo de voluntarios que se unieron durante meses para buscarlo, Scrim es simplemente un perrito que ha pasado por muchos traumas en su corta vida.
“Podía ocurrir una de dos cosas”, comentó David Brown, periodista de Nueva Orleans que dedicó todo su tiempo libre a la búsqueda.
Las probabilidades de un resultado positivo se debilitaban cada día que pasaba sin rastro de Scrim, dijo Brown.
En noviembre de 2023, un refugio sobrepoblado de un condado cercano envió a Michelle Cheramie una lista de perros a los que pensaba aplicar la eutanasia.
En esa lista estaba Scrim, que parecía una mezcla de “west highland” terrier blanco con otras razas.
Hace casi 20 años, en los brutales meses posteriores al huracán Katrina, la pasión por los animales llevó a Cheramie a fundar Zeus’ Place, llamado así en honor a su querido perro. Su plan era ofrecer servicios de peluquería, alojamiento y guardería que ayudaran a financiar operaciones de rescate.
Cuando Cheramie acogió a Scrim, Zeus’ Place estaba ayudando a frenar una crisis de otro tipo: los perros que habían sido adoptados durante la pandemia estaban volviendo a los refugios de por sí saturados.
Scrim llegó aterrorizado, cargando con los traumas de su antigua vida. Cheramie solo sabía que había sido golpeado y nunca lo habían cuidado bien.

Estuvo un tiempo recuperándose con voluntarios. En abril, alguien quiso adoptarlo y se lo llevó a casa una semana de prueba, como lo requiere Zeus’ Place.
Huyó la primera noche.
Las horas se convirtieron en días de búsqueda de Scrim; los días, en meses.
Se pusieron carteles y se pidió ayuda en las redes sociales. Supuestamente se veía a Scrim por todas partes; algunos mensajes eran más creíbles que otros.
Un grupo de voluntarios unió fuerzas con Cheramie. Brown se unió tras informar de un avistamiento que resultó no ser Scrim. Bonnie Goodson empezó a recorrer su barrio en bicicleta por las noches para buscarlo. Tammy Murray y Barbara Burger fueron reclutadas fácilmente.
“Con una vez que me llamen”, dijo Burger, periodista judicial y conocida de Cheramie, “ya estoy en la misión”.
El equipo recorrió el entramado de calles del barrio de Mid-City como si fueran patrulleros, dijo Brown. Se arrastraron por debajo de una infinidad de casas. Se apresuraron a revisar los informes de perros muertos con la esperanza de que ninguno fuera Scrim.
El perro seguía corriendo, quedando siempre fuera de su alcance por muy poco.
Cheramie colocó en su patio trasero una diana que hizo con una imagen de un perro muy parecido a Scrim que rescataron. Practicó y practicó con una pistola de dardos.
El 23 de octubre, un informante dijo haberlo visto en los alrededores de un sitio donde una empresa de limusinas estaciona sus vehículos.

Cheramie llegó al lugar, posicionó la pistola de dardos y disparó.
“Fue un tiro perfecto”, dijo.
Scrim corrió durante siete minutos antes de empezar a tambalearse en círculos. Cheramie y Goodson se abalanzaron sobre él.
“Estás a salvo”, le dijo Cheramie.
Tenía dientes rotos. Le faltaba un trozo de oreja. Le habían disparado con una escopeta de perdigones.
Tras salir del hospital de animales, fue a lo que se suponía que sería su nuevo hogar, donde se instaló unas semanas. Cuando su nueva cuidadora tuvo que ausentarse unos días, Cheramie lo acogió temporalmente.
El 15 de noviembre, mientras estaba fuera, Scrim subió al dormitorio de su hija, donde sus gatos descansan en camas orientadas hacia la luz del sol. La ventana estaba abierta, pero tenía un mosquitero. Masticó y arañó la malla. Saltó al tejado del porche y desapareció.
Ese salto no hizo sino intensificar la leyenda.
Esta vez, Scrim cubrió mucho más territorio. Pasó por el Superdome. Lo vieron merodeando entre las jirafas del Zoológico de Audubon. De algún modo, llegó hasta Harahan, un suburbio alejado. Un mapa de colaboración masiva en línea se llenó de avistamientos.
Para el equipo de búsqueda, la segunda huida de Scrim significó más pistas que comprobar y más casas bajo las cuales arrastrarse. Scrim ignoró las trampas que le tendieron con carne de res y pollo frito de Popeyes.
Las largas noches en rincones aleatorios de la ciudad les recordaron que Scrim no era la única criatura perdida en Nueva Orleans. El equipo rescató a decenas de otros perros y gatos. También visitaron y ofrecieron ayuda a personas en apuros que estaban viviendo en la calle.
“Me abrió los ojos”, dijo Burger.
Cuanto más se prolongaba la búsqueda, más parecía que la posibilidad de encontrarlo con vida sería un milagro.
Scrim seguía fugitivo durante la erupción de fuegos artificiales de Nochevieja, y la atención se desvió de su caso después de que un atentado mortal en la calle Bourbon el primer día del año hundió a la ciudad en el dolor y el miedo. También estuvo solo durante la conmoción que supuso la celebración del Supertazón y una tormenta de nieve que cerró la ciudad, ya que cayó más nieve de la que Nueva Orleans había visto en décadas.
La semana pasada, Cheramie recibió un mensaje de texto con una foto. Scrim estaba metido en una trampa que se había colocado para gatos callejeros.

Dos días después, allí estaba, relajándose en una camita en casa de Cheramie.
Estaba perfectamente tranquilo, aun cuando la gente pasaba para poder dar fe.
Era como un recién nacido al que todos querían ver y tomar en brazos.
Aceptó que lo rascaran, los juguetes y algunas de las golosinas que le trajeron los visitantes.
El perro de Cheramie, casi 41 kilos de curiosidad y mimos que llevan por nombre Scooby-Doo, se enfurruñó como un hermano mayor hambriento de atención.
Las trampas fueron desmanteladas. Cheramie no veía la hora de por fin desconectar el segundo teléfono móvil que llevaba para responder a las pistas. Cuando el equipo de búsqueda se reunió en su casa el jueves por la noche, fue para comer pizza y compartir historias.
Cheramie seguía revisando obsesivamente las puertas, ventanas y rejas. Burger dijo que quiere creer que Scrim está listo para llevar una vida diferente. Quizá lo esté. Pero también podría estar planeando, esperando la oportunidad perfecta para huir.
nuestras charlas nocturnas.
¿Cuál es la mejor canción de despecho de la historia de la música?

JotDown(D.Cuevas) — Si el lector no ha vivido en una cueva horadada en el centro del planeta durante los últimos días, se habrá enterado del tremendo tumulto creado alrededor de la tiraera facturada por Shakira junto a Bizarrap en honor a la expareja de la colombiana.
Un tema que amaneció en YouTube de improviso y a la semana ya cultivaba más de ciento cincuenta millones de reproducciones de usuarios atraídos por la esperanza de ver sangre. Tres minutos y medio de canción que han resonado en las noticias de la prensa musical, en los campos de la prensa deportiva, en los callejones insalubres de la prensa del corazón y en los streamings de influencers.
El noble arte de atacar entonando, la ofensiva armoniosa, la puñalada con estribillo pegadizo. Algo tan viejo como la propia música, un medio que, al igual que el idioma francés, ha sido concebido para que incluso la barrabasada más soez suene melodiosa si se entona con estilo.
Ante este panorama, la encuesta que planteamos esta semana está inspirada por esos resentimientos postruptura que los artistas musicales han plasmado en sus versos a lo largo de nuestra historia reciente. Un sondeo cargado de corazones rotos, sexualidades altaneras y rencores rimados que tiene como objetivo tratar de responder a esta pregunta: ¿cuál es la mejor canción de despecho de la historia de la música?
A continuación, ofrecemos una posible lista de cantinelas candidatas a ocupar el trono. Recordamos a los despistados que la caja para votar por su favorita se encuentra al final del texto, que los comentarios están abiertos y que nosotros estamos ansiosos por leer en ellos todas aquellas canciones afiladas que merecerían formar parte de la lista pero se nos han pasado por alto.
- Shakira y Bizarrap ‑ «Shakira: Bzrp Music Sessions, Vol. 53»
Ha ocurrido lo que profetizaba nuestro Randy Meeks: la prensa del corazón se ha visto obligada a asomarse por el canal de Bizarrap para observar los disparos. Porque lo que otrora eran exclusivas para portadas de revistuchas, hoy en día ha mutado en una sesión en forma de diss track grabada en la habitación de un chaval con pinta de bebé bakala.
La gracia de «Shakira: Bzrp Music Sessions, Vol. 53» está en el trasfondo, la separación de la loba de Barranquilla y Gerard Piqué, por culpa del noviazgo del segundo con Clara Chía.
Porque el tema de la colombiana, escrito a medias con el letrista Keityn, es un rosario de hostias hacía el exmarido-exfutbolista y su nueva pareja:
«Una loba como yo no está pa novato / una loba como yo no está pa tipos como tú», «A ti te quedé grande / y por eso estás con una igualita que tú», «Me dejaste de vecina a la suegra / con la prensa en la puerta y la deuda en Hacienda», «Vas acelerao, dale despacio / Ah, mucho gimnasio / pero trabaja el cerebro un poquito también» y esos versos con espíritu de campaña publicitaria que rezan «No sé ni qué es lo que te pasó / Tas tan raro que ni te distingo / Yo valgo por dos de veintidós / Cambiaste un Ferrari por un Twingo / cambiaste un Rolex por un Casio».
A modo de remate, un puñado de estrofas que, por si quedaba alguna duda, deslizaban entre juegos de palabras los nombres de los aludidos, con la discreción de unas señales de neón:
«Entendí que no es culpa mía que te critiquen / Yo solo hago música / Perdón que te sal -Piqué» o «Tiene nombre de persona buena / Clara-mente, no es como suena».
El asuntillo de que la gente se dividiese entre los que criticaban a Shakira por las embestidas o los que increpaban a Chía por haber ligado mientras, por otro lado, Piqué cultivaba rositas es un tema que también da que pensar.
- Los Planetas ‑ «Pesadilla en el parque de atracciones»
La discografía de Los Planetas sería muchísimo más breve de no estar alimentada por los desamores de sus componentes. Y «Pesadilla en el parque de atracciones» no solo es un clasicazo del pop indie patrio, sino también el corte de su repertorio que mejor refleja los rencores planeteros tras las rupturas.
Dos minutos y veinte segundos que contienen la esencia del odio:
«Y quiero que sepas que espero que acabes / colgando de un pino / cuando veas lo imbécil que has sido / cuando veas que lo has hecho fatal / Y que quiero que sepas / que ha sido un infierno estando contigo / El infierno es lo más parecido / Te pareces un poco a Satán […] Quiero que sepas que me he acostumbrado / a tus putas escenas de «ahora me largo» / Lárgate ya de verdad que sería una suerte / si no vuelvo a verte en los próximos años […] Así que ya sabes / que espero que acabes pegándote un tiro / cuando veas lo imbécil que has sido / cuando veas que los has hecho fatal».
El videoclip, por algún motivo, es una carrera de karts filmada por un mono.
- Amparanoia ‑ «Que te den»
Amparo Sánchez, pionera durante mediados de los noventa del rollito de la fusión musical por estos lares al comandar Amparanoia. O la mujer que con «Que te den» comenzó narrando el desamparo (je) ante una separación y terminó convirtiendo el arte de mandar a tomar por el culo en una farra con aires mexicanos.
- Paquita la del Barrio ‑ «Rata de dos patas»
En 1991, tras pelearse con sus colegas de N.W.A. y abandonar la pandilla, el rapero Ice Cube lanzó un tema titulado «No Vaseline» en el que le daba varias capas de cera a cada uno de los miembros de su antigua formación (Dr. Dre, Eazy-E, MC Ren, DJ Yella) y al mánager del grupo, Jerry Heller.
La canción era tan delicada como un rodillazo en la garganta e incluía, como uno puede imaginar por el título, unas muy poco refinadas alusiones a la introducción de diversos tipo de elementos, animados e inanimados, por la vía rectal. En aquellas rimas, Cube también aconsejaba colgar de un árbol a uno de su excolegas y meterle un tiro en la cabeza a su exmánager.
La publicación de «No Vaseline» fue recibida entre aplausos con la boca abierta por la sobrada que suponía, y el tema está considerado como una de las mejores diss tracks (esas canciones que se defecan muy fuerte en un enemigo) de la historia musical.
Pues bien, en el escenario de una hipotética batalla de gallos, O’Shea Jackson Sr. a.k.a. Ice Cube no aguantaría ni medio cuarto de asalto frente a Francisca Viveros Barradas a.k.a. Paquita la del Barrio. Porque no hay nada que un rapero negro de la calle pueda hacer ante la furia de una mexicana ranchera hasta el coño de todo.
Y aquí tenemos «Rata de dos patas» para confirmarlo, la canción que Paquita entonaba para homenajear a un marido infiel:
«Rata inmunda / Animal rastrero / Escoria de la vida / Adefesio mal hecho / Infrahumano / Espectro del infierno / Maldita sabandija / Cuánto daño me has hecho / Alimaña / Culebra ponzoñosa / Deshecho de la vida / Te odio y te desprecio». Paquita dedicaba «Rata de dos patas» a su exesposo Alfonso Martínez, aunque lo cierto es que el tema había sido escrito por Manuel Eduardo Toscano inspirándose en otro tipo de ex, Carlos Salinas de Gortari, expresidente de México. Pero esto último es un detalle que vamos a ignorar para no restarle magia al asunto.
- Adele – «Rolling in the Deep»
El día posterior a una dolorosa ruptura, Adele acudió a la reunión que tenía concertada con el letrista y productor Paul Epworth para fabricar una canción a cuatro manos.
La cita había sido sugerida por el mánager de la cantante, pero aquella no lo veía claro porque Epworth tenía tablas colaborando junto a formaciones que se le antojaban más indies, gente como Sonic Youth, Florence + the Machine o Kate Nash.
«Me dije “esto no va a funcionar”», reconocía la cantante, «pero pensé que podría ir a emborracharme con él, así que quedamos en un pub».
Al final, ambos se cayeron bien, y lo más importante es que planearon una empresa conjunta: «Nunca me enfado, pero en aquel momento tenía ganas de matar a alguien. Me presenté llorando y dije: “Escribamos una balada”.
Y él me dijo: “De ninguna manera. Quiero escribir una canción con rabia”». Y así se gestó «Rollling in the Deep», un tema que para Adele era la respuesta a «alguien que me dijo que mi vida iba a ser aburrida, solitaria y miserable.
Que sería una persona débil si no permanecía en esa relación. Me sentí muy insultada y le escribí eso como una especie de “Que te jodan”». ¿El resultado de encaminar toda esa furia y desencanto? Número uno en medio mundo.
- Putochinomaricón ‑ «Ojalá (te murieras)»
A ver, no vamos a pedirle sutilezas a alguien que tiene Putochinomaricón como nombre artístico.
Y tampoco las vamos a encontrar aquí, porque en las cuatro primeras líneas de «Ojalá (te murieras)» el caballero ya rezuma maldad en su forma más pura:
«Y sí, sí me jode mucho ver tu puta cara en Lavapiés / Aquí habla mi remordimiento / Y sí, ojalá te dieras con el dedo pequeño del pie / y que el dolor te dure así eternamente». En el fondo, es hermoso contemplar un arranque tan honesto de sinceridad. En la forma, su estribillo lo mola todo y es absurdamente pegadizo: «Desearía que supieras / que ojalá te murieras / y que desaparecieras / para no verte nunca más». Mirad, es un temarral.
- Justin Timberlake ‑ «Cry Me a River»
Ruptura pop: el chaval de McDonald’s y Britney Spears lo dejan. Y el primero saca una canción, sisando el título de otro tema famoso, en donde se dedica a poner a caldo a Spears aireando que le encasquetó una bonita cornamenta:
«You don’t have to say, what you did / I already know, I found out from him». Bonus points por colocar en el videoclip oficial a una versión Hacendado de Spears y darle una simbólica patada (minuto 2:16) a la foto enmarcada de la doppelganger.
- María Jiménez ‑ «Se acabó»
Natural del barrio de Triana, María Jiménez Gallego se presentó en 1978 ante el gran público subiéndose al escenario con las formas de un huracán:
«Todo lo que yo te haga, antes ya tú me lo hiciste / y ahora, ¿qué quieres conmigo? Si tú para mí no existes». En una época donde el empoderamiento femenino no era algo que se viese tan a menudo, su «Se acabó» se convirtió en éxito y al mismo tiempo reivindicación de la mujer independiente.
A día de hoy, es imposible leer la frase «Se acabó porque yo me lo propuse» sin escuchar la voz de la sevillana haciendo la paradita dramática después de la segunda palabra.
- Pink ‑ «So What»
Seis meses después de separarse del motociclista Carey Hart, la cantante P!nk publicó «So What» para comunicarle al hombre que mira, que muy bien, pero que ella se lo pasaba todo por el papo:
«I guess I just lost my husband / I don’t know where he went [… ] So, so what? / I’m still a rock star / I got my rock moves / And I don’t need you / and guess what / I’m having more fun / And now that we’re done / I’m gonna show you tonight».
En el video oficial hasta aparecía el propio Hart, quien, según la artista, llegó al rodaje del clip sin haber escuchado previamente la canción.
La pareja acabó reconciliándose y Pink reconoció que encontraba realmente gracioso cantar el tema sobre el escenario cuando su marido estaba entre el público. Especialmente, cuando la audiencia coreaba aquel «You are a tool» que había escrito pensando en honor al esposo.
- Enrique Bunbury ‑ «Puta desagradecida»
Joder, Bunbury, relaja un poco, eh.
- Taylor Swift ‑ «We Are Never Ever Getting Back Together»
Si ya es terrible de entrada que la Swift te diga que ni te acerques, muchísimo peor, y más sádico y cruel, es que lo haga cantando, en pijama y rodeada de a una banda musical de pega compuesta por furros sobreactuados.
Supuestamente, el tema estaba dedicado a Jake Gyllenhaal, y lo cierto es que esta mujer es muy de saldar cuentas de todo tipo con los exes a través de la música: lo hizo con John Mayer en «Dear John», con Joe Jonas en «Better Than Revenge», con Stephen Liles en «Hey Stephen», con Taylor Lautner en «Back to December», con Harry Styles en «Style», e incluso los amoríos de su instituto le inspiraron pistas como «Should’ve Said No» o «Tim McGraw». En general, Swift no tiene novios, sino futuras canciones en potencia.
- Rocío Jurado ‑ «Ese hombre»
La Jurado como una ola:
«Ese hombre que tu ves ahi / que aparenta ser divino / tan afable y efusivo / solo sabe hacer sufrir / Es un gran necio / un estupido engreido / egoísta y caprichoso / un payaso vanidoso / inconsciente y presumido / falso, enano, rencoroso / que no tiene corazón».
La letra era cosa de Ana Magdalena y Manuel Alejandro, pero la inspiración para la misma estaba clara: Pedro Carrasco era la diana de todas las caricias.
- Novedades Carminha ‑ «Te vas con cualquiera»
Los compostelanos Novedades Carminha antes de resonar junto a Alba Galocha, metiéndose con otros miembros ilustres de esta lista al cantar ese «Aunque te gusten Los Planetas / como a todos los puretas», eran un poquito más cafres.
Pero solo un poquito. Lo justo como para, allá por el lejano 2009, dedicarle a una querida de vida alegre una cantinela que rezaba «Me dices que me quieres / pero que puta eres / te vas con cualquiera / te vas con cualquiera».
Tanta repudia por las alegres actitudes casquivanas nos rechina un poco hoy en día, en la época del poliamor, aunque lo cierto es que el tema se redimía al desembocar en la posibilidad de una escapada playera a la costa alicantina: «Molas mogollón / promiscua del copón / Molas mogollón / llevame a Benidorm».
- Alanis Morissette – «You Oughta Know»
La encarnación física de dios según Kevin Smith, la cantante de «Bragas sucias» según los creadores de South Park.
La canadiense que al tercer disco conquistó el mundo con «You Oughta Know» en 1995. Hitazo mastodóntico, sí, pero ojo a su letra: «And I’m here, to remind you / of the mess you left when you went away / It’s not fair, to deny me / of the cross I bear that you gave to me».
Empieza muy sentida, con aquellas metáforas de cruces al hombro, pero según se desmelena el tema la cosa acaba en modo berserker: «How quickly I was replaced / And are you thinking of me when you fuck her?».
A pesar de la insistencia de los periodistas con sed de salsa de sangre, Morrisette nunca ha revelado a cuál de sus exes estaba lanzando el machetazo. Eso sí, el actor Dave Coulier (el graciosete cansino de la marioneta en Padres forzosos) aseguró que durante ese año a él le pitaron mucho los oídos.
- Fleetwood Mac – «Go Your Own Way»
¿Existe algo peor que el hecho de que el querido te dedique una canción de «Vete por ahí»? Sí, que dicho querido sea miembro de tu grupo de música, que escriba el temita como parte del repertorio oficial y que tú tengas que interpretarla en cada bolo de la gira.
En 1976, la relación entre Lindsay Buckingham y Stevie Nicks se limitaba a gritarse mutuamente y, tras poner fin a su noviazgo, el primero decidió honrar a la segunda pariendo una «Go Your Own Way» que a ella, evidentemente, le ponía de los nervios:
«Odié cómo él se dedicó a decirle al mundo, a través de la letra, que liarme con diferentes hombres era lo único que me interesaba. Él sabía que eso no era verdad. Y cada vez que aquellas palabras surgían sobre el escenario yo solo pensaba en matarlo. Él era consciente, así que me forzaba a pasar por ello. Era su forma de decir «Te voy a hacer sufrir por haberme dejado».
Y yo sufrí», explicaría Nicks mucho más adelante.
Pimpinela ‑ «Vete y pega la vuelta»
El dúo argentino de hermanos, interpretando papeles de amantes, que en lugar de canción presentaba una perfomance para que las parejitas coordinadas se luciesen bajo los focos del karaoke:
«—¿Quién es? —Soy yo. —¿Qué vienes a buscar? —A ti. —Ya es tarde. —¿Por qué? —Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti. / Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa / Y pega la vuelta. —Jamás te pude comprender. —Vete, olvida mis ojos, mis manos, mis labios / que no te desean. —Estás mintiendo, ya lo sé. —Vete, olvida que existo, que me conociste / Y no te sorprendas, olvÍdate todo que tú para eso / tienes experiencia».
- Muchachito Bombo Infierno ‑ «Siempre que quiera»
Muchachito y su tropa padecen de mal de amores pero, al contrario que los otros miembros de esta lista, ellos son bastante más elegantes, y fiesteros, y deciden no afilar los cuchillos para matar. Porque el rumbero estribillo «Ojalá no te hubiera conocido nunca», tan popular y pegadizo que muchos creen que se trata del título del tema, está dedicado a un amorío, sí, pero la letra de la canción en realidad versa sobre un sueño húmedo.
- Rosalía ‑ «Despechá»
Hay gente que se dedican a lanzarle caca a paladas a la expareja, y luego está nuestra Motomami del Baix Llobregat tomándose la ruptura de la mejor, y más inusual en el mundo musical, manera posible: con alegría y una escapada a la playa: «Baby, no me llame / que yo estoy ocupá olvidando tus male».
Arena, crema solar, duchas públicas, pistolas de agua, patatas fritas bajo la sombrilla y una montaña de bolsas de hielo a modo de toalla en un clip que tiene el alma alocada de los vídeos noventeros caseros de skate (pero sin monopatín alguno a la vista) y huele a plástico de colchoneta de playa comprada en una tienda para guiris de Mallorca.
Hit del verano 2022 y más elegancia de la que se aprecia a primera vista por saber destrozar sin insultos, con tan solo una demanda al Altísimo: «Hoy salgo con mi baby de la disco coroná / y ando despechá, alocá / Que Dios me libre de volver a tu lao».
- Axolotes Mexicanos ‑ «Que te pires»
La banda asturiano-madrileña bautizada con el nombre de esos anfibios que tienen cara de ser buena gente abordó su «Que te pires» con Olaya Pedrayes entrando a machete a la hora de mandar a paseo al ex:
«Hace tanto tiempo que no sé nada de ti / Y estoy tan contenta que ni siquiera quepo en mí / Se me había olvidado lo que era ser feliz / Pensé que nunca llegaría a volver a estar así». Entre guitarreros en el salón de casa y autotune acelerado la cosa no tarda en desmadrarse en el estribillo, «Que te vayas, que te pires, no pienso volver ahí / Que te mueras, que me olvides, como te he olvidado a ti», para finalmente dejar las sutilezas abandonadas en el rellano:
«Casi pierdo a mis amigos y mis ganas de vivir / No me dejas hacer nada solo me quería morir / Y tú con tus putas mierdas / Eras tan insoportable / No me llames, no me escribas, no esperes que te hable […] Me cago en toda tu vida / Que casi arruinas la mía / Me cago en todos tus muertos / Que te vaya bien, pero quédate muy lejos». Otra cosa no, pero el mensaje quedaba claro.
nuestras charlas nocturnas.
Así es como los ricos eligen a qué candidato votar según su aspecto…

Psicología y Mente(J.Soriano) — En política, las decisiones de voto no solo dependen de las propuestas o ideologías de los candidatos, sino también de factores psicológicos y sociales que influyen en cómo los votantes perciben a los políticos. Uno de estos factores es la apariencia, especialmente la percepción de competencia que los candidatos proyectan mediante su imagen facial y corporal.
Aunque este fenómeno ha sido ampliamente estudiado, un aspecto que ha ganado relevancia reciente es cómo las clases sociales afectan cómo se valora esta competencia.
Investigaciones recientes han demostrado que los votantes de clases altas tienden a darle mayor importancia a la competencia visual, ya que asocian este rasgo con su propia identidad y valores. Esta tendencia puede impactar cómo los políticos diseñan sus campañas, seleccionan a sus candidatos y los resultados electorales obtenidos.
– La influencia del aspecto físico en la política
La apariencia de los políticos juega un papel clave en la toma de decisiones electorales. Numerosos estudios han demostrado que los votantes suelen favorecer a los candidatos que proyectan competencia, incluso cuando no cuentan con información adicional sobre ellos. Este efecto es especialmente relevante en elecciones en las que los votantes deben decidir rápidamente entre varias opciones sin conocer en profundidad sus propuestas.
Uno de los rasgos más influyentes es la “apariencia de competencia”, es decir, la impresión de que una persona es capaz y seguro de sí misma solo por su expresión facial. Se ha observado que los candidatos con rasgos como una mandíbula marcada, cejas pobladas y una mirada desidia tienden a ser percibidos como más competentes.
Esta percepción tiene consecuencias reales: estudios han encontrado que los políticos con apariencia de competencia tienen mayores probabilidades de ganar elecciones, incluso cuando su historial político no es el más sólido.
Casos históricos refuerzan este fenómeno. En el famoso debate televisado de 1960 entre John F. Kennedy y Richard Nixon, la imagen jugó un papel crucial. Kennedy, joven y con un porte seguro, fue considerado el vencedor por quienes vieron el debate en televisión, mientras que Nixon, con un aspecto más descuidado, fue mejor valorado por quienes solo lo escucharon en radio.
Estos hallazgos sugieren que, aunque el contenido de los discursos y las propuestas son esenciales, la apariencia sigue siendo un factor determinante en la política. Sin embargo, no todos los votantes se ven influenciados de la misma manera. Mientras que algunos priorizan la cercanía o la ideología, las clases más altas tienden a fijarse más en la competencia, y en muchas ocasiones, la juzgan con base en el rostro y apariencia física del candidato.
– Cómo las clases altas valoran la apariencia de los políticos
Un reciente estudio realizado en Alemania ha revelado que los votantes de clase alta tienden a valorar más la competencia en los políticos, y su percepción de esta se basa en gran medida en la apariencia facial y física.
La investigación, publicada en Personality & Social Psychology Bulletin, encontró que las personas con un estatus socioeconómico alto (SES) priorizan a los candidatos que tienen una apariencia competente, incluso cuando no tienen información adicional sobre ellos.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron cómo los votantes evaluaban la importancia de distinguir rasgos en los políticos, incluyendo competencia, calidez, asertividad y confianza.
Los participantes con mayor SES no solo consideraban la competencia como el rasgo más relevante, sino que además tendían a percibirse a sí mismos como más competentes. Esto sugiere que las personas de clase alta buscan en los líderes una cualidad que ellos mismos valoran en sí mismos.
Los experimentos también analizaron cómo los votantes reaccionaban ante imágenes de políticos desconocidos. Se pidió a los participantes que evaluaran su disposición a votar por ciertos candidatos basándose únicamente en su foto.
Los resultados mostraron que, aunque todos los votantes tendían a favorecer a los políticos con apariencia competente, este efecto era mucho más fuerte entre aquellos con un SES alto.
Además, se comparó el SES objetivo (ingresos y nivel educativo) con el SES subjetivo (la percepción personal del estatus social). Mientras que el SES objetivo influyó directamente en la preferencia por políticos con apariencia de competencia, el SES subjetivo no tuvo un impacto tan claro.
Esto indica que la influencia de la clase social en la toma de decisiones políticas es más estructural que meramente psicológica, y que las clases altas realmente confían en la imagen de competencia para la elección de sus líderes.
– ¿Por qué las clases altas valoran tanto la competencia?
La preferencia de las clases altas por políticos que parecen competentes no es casualidad, sino el reflejo de su propia identidad y valores. Diversos estudios han señalado que las personas con un estatus socioeconómico alto tienden a verse a sí mismas como más competentes y autosuficientes.
Esta autoimagen influye en la forma en que evalúan a los demás, favoreciendo a líderes que consideran capaces y eficaces.
En sociedades en las que el éxito se vincula con el esfuerzo individual, las clases altas suelen atribuir su posición a sus habilidades y méritos personales. Por ello, buscan en los políticos esos mismos rasgos que consideran esenciales para el liderazgo.
Desde su perspectiva, un líder debe demostrar seguridad, capacidad de gestión y determinación, cualidades que suelen relacionar con la competencia percibida en el rostro y la presencia física.
Además, su contexto social y profesional refuerza esta visión. En el ámbito empresarial y académico, en el que muchas personas de clase alta desarrollan sus carreras, la competencia es un valor clave. Las decisiones que toman en estos entornos suelen basarse en la eficiencia y el desempeño, y trasladan estos criterios al ámbito político.
Un candidato que proyecte competencia, aunque solo sea a nivel visual, tendrá más probabilidades de recibir su apoyo.
Sin embargo, esta priorización de la competencia tiene un sesgo importante. No siempre los políticos que parecen competentes lo son en la realidad, y centrarse en la apariencia puede llevar a sobrevalorar a candidatos con buena imagen pero sin experiencia o preparación suficiente.
Mientras que otros votantes pueden considerar factores como la empatía o la cercanía, las clases altas confían en una impresión visual que, aunque efectiva en algunos casos, no siempre garantiza un liderazgo sólido.
– ¿Cómo influye esta tendencia en la política?

El hecho de que las clases altas prioricen la apariencia de competencia en los políticos tiene importantes repercusiones en el panorama político general.
1. Diseño de campañas
En primer lugar, influye significativamente en la forma en la que los candidatos diseñan sus campañas. Sabiendo que los votantes con mayor poder económico y educativo valoran la competencia visual, muchos aspirantes a cargos públicos se esfuerzan por proyectar esta imagen a través de su vestimenta, lenguaje corporal y expresiones faciales.
2. Selección de candidatos
Esta tendencia también puede afectar a la selección de candidatos dentro de los propios partidos. Aquellos que buscan el apoyo de votantes de clase alta pueden verse presionados a elegir representantes con una apariencia más competente, incluso por encima de sus habilidades reales.
De este modo, el atractivo visual se convierte en un criterio clave en la política, lo que puede llevar a la sobrevaloración de ciertos candidatos en detrimento de otros con propuestas más sólidas pero una imagen menos impactante.
3. Desconexión entre líderes y sociedad
Otra consecuencia importante es la posible desconexión entre los líderes elegidos y las necesidades reales de la sociedad. Como la clase alta tiene una influencia significativa en la política y la economía, su preferencia por líderes que aparentan competencia puede hacer que se descuiden otros rasgos cruciales, como la empatía o la capacidad de generar confianza en sectores más vulnerables.
4. Representación desigual
Por último, este sesgo hacia la apariencia podría reforzar la desigualdad en la representación política. Los candidatos que no encajan con la imagen tradicional de competencia podrían tener más dificultades para ganar elecciones, incluso si cuentan con propuestas más inclusivas y eficaces.
Así, el poder de la imagen sigue moldeando las decisiones políticas, a veces con consecuencia que van más allá de la simple percepción visual.
– Los ricos no se salvan de las decisiones irracionales
Así pues, la apariencia de competencia juega un papel clave en la forma en la que las clases altas eligen a quién votar políticamente. Su autoimagen como individuos competentes y exitosos les lleva a priorizar este mismo rasgo en los políticos, influyendo en sus decisiones electorales más que en otros sectores sociales.
Esta preferencia tiene efectos profundos en la política, desde la manera en que los candidatos construyen su imagen hasta la selección de líderes dentro de los propios partidos. Aunque proyectar competencia puede ser útil, depender demasiado de la apariencia puede llevar a sobrevalorar a ciertos políticos sin evaluar sus capacidades reales.
En última instancia, este sesgo visual puede reforzar desigualdades en la representación política y favorecer estilos de liderazgo más técnicos que empáticos. Comprender estos mecanismos es clave para promover elecciones más informadas y menos influenciadas por la apariencia.
nuestras charlas nocturnas.
Muerte al amor romántico

JotDown(B.Ayuso) — No le conozco, pero sé algo sobre usted: no cree que exista tal cosa como el «amor verdadero». A estas alturas del partido, ya habrá naufragado en un par de relaciones tóxicas, quizá aún se lama las llagas de una ruptura y a buen seguro acumula en su haber algún episodio humillante.
Incluso aunque paladee las mieles de la placidez romanticosa, los desengaños, desencantos y esporádicos coqueteos con la tragedia están ahí para recordarle que lo único que realmente es para siempre son las cicatrices.
Y los amores imposibles, pero en ese jaleo que se meta otro. En cualquier caso, ahora, en este punto concreto de su existencia ya ha asimilado que el amor dura lo que dura, y no es eternamente. Torres más altas han caído, ¿no?
Ya. No me arriesgo si también creo saber otra cosa: en el fondo, debajo de todo ese nihilista escozor con el que se ha alicatado el interior, sí que cree en el amor verdadero. Nadie nos oye, puede asentir. Jamás se atrevería a confesarlo en público —a no ser que sea afecto al autoescarnio— ni mucho menos hilar una argumentación que lo sostenga, pero está ahí.
Como una utopía inocua, pequeñita, irracional y clandestina que se resiste a entregar las armas. Puede asumir que ya no será nunca el explorador, escritor, tirano o concertista que fantaseó, pero hay algo dentro de nosotros que se aferra a la posibilidad de esa isla. De ese amor pulcro, definitivo, maravilloso y bastante rosáceo que, por qué no, aún puede aparecer.
El que encajará a la perfección con todos sus recovecos, cauterizará todas sus heridas y, en definitiva, acertará en todo aquello que hasta ahora ha fracasado. Esa persona que le hará sentirse pleno y que se ubica en las coordenadas del «amor romántico» en el que afirma no creer. El mundo está lleno de ovejas que se niegan a ser ovejas y, aun así, pacen.
Pero no se preocupe. No es grave: es un huevo.
Lo decía la voz en off de Woody Allen en Annie Hall, justo después de la despedida: «Y me acordé de aquel viejo chiste, ya saben, el del tipo que va a ver al psiquiatra y le dice: “Doctor, mi hermano se ha vuelto loco. Se cree que es una gallina”. Y el médico le contesta: “Bueno, ¿y por qué no hace que lo encierren?”.
Y el tipo le replica: “Lo haría, pero es que necesito los huevos”. Eso expresa muy bien lo que siento acerca de las relaciones entre las personas, ¿saben? Son completamente irracionales, disparatadas, absurdas… Pero creo que las seguimos manteniendo porque la mayor parte de nosotros necesitamos los huevos».
Sucede que los huevos tienen una cáscara finísima, que se resquebraja a la menor fricción. O ficción.
- La epidemia del amor romántico
Como persona docta, leída, y entregada a los placeres intelectuales más elevados, recordará cientos de artículos que abiertamente o de soslayo, afirman que el amor romántico es ya producto de otra era.
Un constructo creado en herencia del amor burgués, cortés y victoriano que imperó durante siglos en nuestra cultura pero que ha ido quedando en desuso por diferentes causas, cediendo terreno a relaciones de otra clase.
Lo que aún queda solo es una rémora de cuando todo era más ingenuo y más sepia, porque hoy el mundo está poblado de seres horrorosamente independientes, acomplejados e insatisfechos que saltan de relación en relación, exprimiendo lo efímero con egoísmo y sed de novedad.
Algo de verdad hay en ello, pero también tiene un problema capital: que no. El amor romántico no es un mito ni un producto del pasado. Es algo tan real, tan presente y espeluznante que sigue entre nosotros como una insidiosa y desestabilizante enfermedad mental.
Para comprobarlo, nada tan sencillo como echar un vistazo a su alrededor. Especialmente si usted nos lee desde París y tiene a mano el Pont des Arts donde la tontería supina y el sentimentalismo más chusco se han dado la mano para alumbrar el mayor monumento a la memez colectiva jamás erigido: decenas de miles de candados, colocados sobre las barandillas del puente para, pretendidamente, celebrar el amor.
Perversa simbología, por cierto. Tórtolos de todo el globo han acudido allí para sellar su romance depositando el objeto de marras como juramento de la plenitud y (esto es lo escalofriante) la inmortalidad de su amor, lanzando la llave al Sena y perpetrando un atentado estético que además ha tenido un efecto multiplicador en otras ciudades y latitudes.
Paradójicamente, el peso estuvo a punto de derrumbar el puente, por lo que el Ayuntamiento de la ciudad retiró y destruyó todos los candados, instalando una valla metálica para disuadir a los flechados. En vano. Unos meses después, el ansia pastelosa se ha mudado hasta el vecino Pont Neuf, para alfombrarlo de nuevo de pequeños candados con iniciales y corazones.
La mayor parte de rotativos del mundo titularon aquello como un «triunfo de los enamorados perseverantes» o giros sinónimos provocadores de ardores intestinales y «puajs» con muchas jotas de sonrojo.
Aquello no solo es un atentado estético en nombre de la cursilería. Tampoco la infantil desmesura de prepúberes con las hormonas de verbena, porque en el paisaje de los perpetradores se cuentan canas y acné por igual.
Es solo un ejemplo al azar de la epidemia de gazmoñería que nos rodea, visible sin necesidad de enfocar demasiado: los Federico Moccia, Nicholas Sparks y sus secuaces, los cantautores que riman «cama vacía» y «almohada fría», los programas de televisión en busca de la pareja ideal en formato granjero, mediopensionista o señor de Murcia, los dramas sociales por rupturas que «nadie se esperaba», los líricos que serigrafían pasos de cebra con nocturnidad y almíbar, las genuflexiones con cada reposición de Pretty Woman, los suplementos que iluminan el camino para dilucidar si estáis «hechos el uno para el otro»… O cualquier otro ejemplo igual de extraordinariamente rentable.

Por supuesto, esto empezó hace mucho. Ya Platón, en El banquete, nos inoculó la idea venenosa de que sin otro estamos incompletos y, en consecuencia, infelices.
Y no es un otro cualquiera: es uno en particular, no vaya a quedarnos demasiado simplón el galimatías. Júpiter, acalorado con la raza humana por haber escalado el cielo para combatir contra los dioses, decidió castigarnos de la forma más cruel posible: separándonos en mitades.
Nacía con ello el mito de la media naranja, esa búsqueda incansable y tortuosa por encontrar la pieza que falta, el santo grial de nuestra existencia. Una vez hallados, nada les separaría. Na-da. Ni la rutina, los cuernos, la apatía, la distancia, el desgaste, las faltas de respeto o los exabruptos, el alcohol o las mandarinas de cultivos más ecológicos.
La primigenia maldición de Júpiter fue cruel, pero los que llegaron detrás a apuntalar las bases del mito tampoco se quedaron atrás. El amor romántico, basado en la fusión exclusiva y suficiente de los dos amantes como un único ser, incorporó toda la tragedia para la que ya estaba preconfigurado. Cupido, Paris y Helena, Romeo y Julieta, Tristán e Isolda….
Un niño con alas de cinco años lanzando flechas bañadas en alucinógenos, una troyana más que probablemente violada por un narcisista, unos adolescentes fruto de un entorno enojado y enajenado… Un suma y sigue que complementan y amplían los románticos necrófilos, que, sin inventar nada, recrean la concepción del amor vinculado al sufrimiento y la muerte; llenando, como decía Larra, los cementerios de muertos de amor y pasión más de lo que lo hicieron los médicos o los necios.
La religión también ha hecho lo suyo por pescar en este escenario, en el que las relaciones no nacen y se mantienen por la satisfacción mutua, porque eso implicaría la posibilidad de la disolución. El amor romántico hacia esa (la tuya, deja en paz a la del vecino) persona es absoluto, leal, eterno, muy parecido a la relación de un creyente con su divinidad.
Hollywood no tiene toda la culpa, pero se lleva un buen pedazo del pastel culposo. Aunque, en el fondo, el cine (ese cine) no ha hecho más que democratizar la ilusión colectiva, añadiéndole crescendo de violines y lluvia a las historias trágicas y almibaradas de siempre, convirtiendo lo extraordinario en la norma.
Y en la aspiración. Quizás sea una perogrullada subrayarlo, pero sí: el amor romántico es una fantasía. Una ficción. Como especie, es la mayor pérdida de tiempo que se nos ha ocurrido nunca —dejando de lado la invención del cielo y las reuniones de vecinos— pero no es una fantasía inocua.
Combatirla tampoco es sencillo. La alta y baja cultura, todos a una, se han confabulado durante centurias para grabarnos el mensaje a fuego: busca incesante a tu media naranja. No desfallezcas. Te hará sufrir, probablemente te destrozará hasta niveles inimaginables, pero ¿eh?, estarás completo. Enamorado. Y, de alguna extraña y pasivo-agresiva manera, feliz.
Pues no. Rompamos ese huevo de una vez por todas.
- El amor no es eso

Houellebecq opina que recurrir con asiduidad a la pornografía distorsiona la realidad, pero pocos parecen preocupados por los estragos que el consumo constante de películas, música («Sin ti no soy nada / mi alma, mi cuerpo, mi voz, no sirven de nada / porque yo sin ti no soy nada») y literatura defensoras del amor romántico provocan en los sentimientos, deseos y aspiraciones de la gente, haciéndolos cada vez más inalcanzables.
Obviamos la decepción casi segura que produce enfrentarse a la realidad —mucho más prosaica— armado con esas actitudes, porque, al fin y al cabo, cada uno es muy libre de frustrarse como le venga en gana.
Y el amor romántico es, simple y llanamente eso: la materia prima con la que fabricamos más frustración de la que podemos segregar de forma natural.
Las «pequeñas magias inútiles», que diría Borges.
Pero la frustración no es el fruto más amargo. Lo peor es la perpetuación de los valores intrínsecos del amor romántico, que van más allá de la mera ensoñación. No se trata de que usted o yo, más o menos adultos, conservemos esa vana y patética esperanza de dar con «la persona adecuada». Ni de que confundamos sentimientos con sentimentalismo, o romance con romanticismo.
No es una cuestión de grandilocuencia o de exposición pública de los afectos. Se trata de que esas falacias del amor romántico, que tan caducas podrían parecer, tienen un arraigo pernicioso. Eche mano de cualquier estudio o investigación sobre cómo los adolescentes socializan hoy en día. Contenga el pasmo.
Un aperitivo: la mayoría sostiene que el amor «verdadero» lo perdona y aguanta todo. Creen que el amor es posesión y exclusividad. Que el amor verdadero está predestinado. Que supone entrega total. El amor requiere sacrificios.
Y, ahora, imagine el impacto que esto tiene en aspectos nada inocuos como la violencia de género. Aventure las consecuencias de identificar los celos, la posesión o la exclusividad con el «amor ideal». Desde esta perspectiva, el amor romántico, vigente y válido aún hoy que tan inocuo parece se parece más al uróboros, la serpiente mítica que engulle su propia cola toda la eternidad.
El amor romántico merece morir. Porque no es amor, es dependencia, miedo a la soledad, masoquismo, una utopía colectiva y una mamarrachada peligrosa. No hace falta tener claro lo que es, para saber lo que no es.
No, el amor no lo puede todo, da igual lo que le diga Paulo Coelho.
No, no es normal sufrir por amor. Y mucho menos necesario. Nuestra visión de las relaciones sigue tan idealizada y es tan sentimental que la perspectiva de alguien que pone límites a su capacidad de amar y entregar parece obscena. Pero es algo sano y necesario.
No, el amor no lo aguanta y lo puede todo, no está hecho de acero valyrio. Se rompe, se esfuma y se pasa.
«Sin ti no soy nada», no. Sin ti soy exactamente lo mismo que contigo: alguien completo.
No, el amor no es lo que sostienen las dos primeras acepciones del término en el DRAE: ni el ser humano es insuficiente en soltería, ni el amor nos completa.
No, los celos no demuestran amor. Son una patología.
No existen las medias naranjas. Punto.
No, la felicidad no depende de encontrar o no una pareja.
No, quien bien te quiere no te hará llorar.
El amor no es eterno. En el momento en que la satisfacción no sea mutua, finita la comedia.
La caducidad no es una maldición del amor, es un incentivo.
Y, sobre todo: no es tuyo, ni tuya.
nuestras charlas nocturnas.
La ciencia revela: ¿eres víctima social o narcisista herido?…

DW(F.E.Wang con información de la Asociación Americana de Psicología, Journal of Personality and Social Psychology, The Washington Post, Discover y Study Finds) — En el panorama complejo de la psicología social moderna, un nuevo estudio revela una paradoja intrigante sobre el narcisismo. Las personas que más buscan atención y admiración son, irónicamente, los más propensos a sentirse y estar socialmente excluidos.
En concreto, la investigación, publicada en el Journal of Personality and Social Psychology y liderada por la Dra. Christiane Büttner de la Universidad de Basilea, descubrió un patrón circular perturbador: los individuos con rasgos narcisistas no solo perciben más rechazo social, sino que efectivamente experimentan más exclusión, lo que a su vez intensifica sus tendencias narcisistas.
«Sentirse excluido es una experiencia subjetiva basada en la percepción de señales sociales por parte del individuo», explica Büttner en un comunicado de la Asociación Americana de Psicología. «Algunos pueden ser condenados al ostracismo intencionadamente, mientras que otros pueden simplemente creer que están siendo excluidos cuando no es así».
Sin embargo, los datos muestran que, en el caso de los narcisistas, ambas cosas ocurren al mismo tiempo, según Büttner.
– Amplio estudio sobre narcisismo y exclusión social
La magnitud del estudio es notable. El equipo analizó datos de más de 77.000 participantes a través de siete estudios diferentes, comenzando con una muestra inicial de 1.592 personas del Panel Socioeconómico de Alemania.
El estudio se centró específicamente en el «narcisismo grandioso», un rasgo caracterizado por un sentido exagerado de importancia personal y una necesidad constante de admiración, evaluado mediante el Cuestionario de Admiración y Rivalidad Narcisista, que incluía afirmaciones reveladoras como «Merezco ser visto como una gran personalidad» y «La mayoría de las personas son de alguna manera perdedores».

– Tipos de comportamiento narcisista y sus consecuencias
La investigación identificó dos tipos principales de comportamiento narcisista. El primero busca constantemente la admiración, como ese conocido que inunda las redes sociales con fotos cuidadosamente elaboradas de su vida perfecta.
El segundo muestra comportamientos más competitivos y antagónicos, menospreciando a los demás y reaccionando agresivamente cuando otros reciben atención.
En un experimento innovador, 323 participantes utilizaron una aplicación móvil durante dos semanas para registrar momentos de exclusión social, desde situaciones obvias como no ser invitados a una fiesta hasta sutilezas como sentirse ignorados durante una conversación. Los resultados revelaron tres factores cruciales que vinculan el narcisismo con el ostracismo:
Primero, estos individuos muestran una sensibilidad extrema a las señales sociales ambiguas: una respuesta tardía a un mensaje o no ser consultados en un asunto menor puede percibirse como un desaire deliberado. Segundo, generan un rechazo activo: en experimentos con más de 2.500 participantes, se observó que la gente tiende a evitar a quienes muestran rasgos narcisistas.
Tercero, el proceso se retroalimenta: cuando perciben la exclusión (real o imaginaria), responden defensiva o agresivamente, lo que empeora la situación.

– El círculo vicioso entre narcisismo y ostracismo
Esto quedó demostrado en un análisis de 14 años de datos en Nueva Zelanda, que incluyó a más de 72.000 personas. Este estudio longitudinal demostró que el aumento en comportamientos narcisistas predecía mayor exclusión social al año siguiente, y esta exclusión, a su vez, intensificaba los rasgos narcisistas, creando un círculo vicioso.
«Muchas personas piensan en el narcisismo en términos de privilegio y arrogancia», explicó Büttner a The Washington Post, «pero nuestra investigación destaca que los narcisistas también experimentan frecuentemente dolor social», agrega.
Las implicaciones de este estudio son particularmente relevantes para los lugares de trabajo y grupos sociales. La tendencia natural puede ser excluir a las personas difíciles, pero la investigación sugiere que esto podría empeorar su comportamiento con el tiempo, creando mayores problemas para todos.
Los investigadores advierten que el narcisismo puede ser un factor de riesgo para problemas de salud mental más serios, incluyendo depresión, ansiedad y tendencias suicidas.
La solución, sugieren, no está en el aislamiento sino en encontrar formas más estructuradas de manejar estas dinámicas, ya sea en el trabajo, en terapia o en las interacciones sociales cotidianas, para evitar que la exclusión se convierta en un motor de mayor narcisismo y la situación no desemboque en un desgaste permanente para todos los involucrados.
nuestras charlas nocturnas.
Adopción: 4 reflexiones a tener en cuenta…

La Mente es maravillosa(M.Prieto) — La adopción supone una gran oportunidad para las personas que no pueden tener hijos de forma biológica.
Constituye un modo diferente de acceder a la maternidad y paternidad, creando un lazo tan consistente de filiación como el que parte de la paternidad biológica.
Por otro lado, el proceso de adopción parte de la decisión de los padres de comenzar un largo camino, con algunos obstáculos que merece la pena analizar antes de comenzar a avanzar.
Los padres adoptivos no sólo ejercen el papel de cuidadores, su generosidad y el deseo de transmitir amor supone una oportunidad para dejar huella de su paso por la vida.
Adoptar significa reconocer como un hijo a aquel que biológicamente no lo es con la finalidad de formar una familia.
Es normal que existan dudas y temores fundados desde el primer momento de este complejo proceso. La inseguridad de los padres adoptivos les llevan a formularse preguntas y a tener sentimientos encontrados: “¿Sabré ser un buen padre o madre?” “¿Conseguiré que me quiera?” “¿Terminaremos siendo de verdad una familia?”.
Uno de los temores más compartidos por los padres adoptivos es el de que su hijo no se sienta querido como si fuese un hijo biológico; por el contrario, es probable que el niño sienta igualmente los mismos miedos y por eso, necesita de unos adultos, de unos padres, que estén seguros de lo que hacen, de sus sentimientos y de las decisiones que toman para que el niño se sienta realmente protegido.
En este sentido, no necesita de unos padres que no tengan dudas, sino de que aguanten ese momento de duda con serenidad.
– Adopción: 4 reflexiones a tener en cuenta
Según la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del niño, la adopción no es una herramienta para solucionar un problema de fertilidad o una voluntad de paternidad, sino que es una medida de protección de la infancia abandonada, de su derecho a tener una familia y la obligación de las administraciones por proveer de esa familia al menor.
. Adoptar no es decisión que deba tomarse a la ligera

La primera pregunta a la que deben responder los padres que han tomado la decisión de adoptar es tan sencilla como profunda:
¿Por qué quieres adoptar un hijo?
Cuáles son las razones o motivos que sustentan su decisión.
A partir de este momento comienza un duro camino de burocracia, con distintas evaluaciones en las que los padres tienen que demostrar que son los candidatos idóneos para acoger a ese hijo.
Sus vidas serán analizadas de forma minuciosa con la única intención de encontrar la mejor familia para el niño o niña, dejando en un segundo plano, la ansiedad o estrés que esto puede generar en los futuros padres.
Una premisa que se debe tener en cuenta es que la adopción es un proceso largo y, en muchas ocasiones, difícil de afrontar. Los profesionales que se encargan de tramitar este procedimiento deben profundizar en temas diversos como el trabajo, las amistades o la forma de ser de los futuros padres adoptivos.
A los solicitantes, muchas veces les resultan excesivas las preguntas, entrevistas o indagaciones sobre sus vidas (algo que no hace la naturaleza cuando decidimos tener un hijo). En este punto es importante tirar de paciencia y no perder de vista el objetivo último, la adopción.
Por otro lado, los entrevistadores que se encargan de este cometido deben tener la sensibilidad suficiente para identificar aquellos obstáculos insalvables de aquellos que se pueden sortear por actitud, inteligencia y determinados recursos que en un momento dado se pueden incorporar.
. Prepararse para las entrevistas previas
El deseo tan intenso de los padres de tener a su hijo cuanto antes hace que el proceso de adopción les resulte excesivamente largo. En última instancia, los criterios que se buscan en los adoptantes, por muy injustos y subjetivos que puedan parecer, se acogen a leyes establecidas por convenios internacionales, que si se miran en su conjunto tienen su lógica dentro del marco de incertidumbre que rodea el problema de la adopción y la infancia.
En las entrevistas previas se pregunta por las motivaciones que llevan al solicitante a adoptar, se investiga sobre las relaciones de pareja, la estructura de su personalidad, su estado físico y su capacidad de consolidar y desarrollar la relación adoptiva.
. La adopción no es una obra de caridad

¡Por supuesto que la adopción no es una obra de caridad!
Tanto los padres como los hijos adoptivos han pasado por estados emocionales complicados hasta que se han encontrado.
Se trata de un proyecto junto, no de un gran favor.
De una ilusión, por encima de la carga que pueda representar en un determinado momento un hijo.
El deseo de los padres se cumple desde el momento en el que tienen a su pequeño en casa.
Este punto intermedio -nunca final, porque todavía queda mucho trabajo por hacer- tan importante, llega después de haber superado ya algunos obstáculos.
Por ejemplo, el que antes señalábamos: soportar con una buena actitud que un desconocido haga preguntas muy directas e íntimas.
Por otro lado, señalar que el interés de la adopción debe ser visto siempre desde la perspectiva del menor. Los padres importan, por supuesto. Y mucho, pero antes está el menor: porque cuenta con menos recursos, porque está más desprotegido. Es él en el fondo el que tiene derecho a tener unos padres, una familia; no al revés.
. Afrontando una nueva vida
Es difícil predecir cómo el niño adoptado se adaptará a su nueva familia y su actual hogar. El concepto de adaptación es aún más complicado cuando hablamos de niños que proceden de otros países, con historias y experiencias previas que pueden influir en la adecuación de éstos a su nuevo entorno.
Contrariamente a lo que pueda creerse en un primer momento, los niños y niñas adoptados parecen tener una buena adaptación a nivel general, es decir, no muestran más dificultades a nivel personal, a nivel social, a nivel familiar ni a nivel escolar, que sus iguales no adoptados.
En cuanto a los nuevos padres, una buena opción para poder resolver todas sus dudas es vincularse con familias que ya hayan adoptado y buscar apoyo en asociaciones de padres adoptivos. Es necesario no tener ideas preconcebidas sobre el período de ajuste familiar tras la llegada del niño o la niña.
Es una etapa pasajera en la que se establece (si se tiene que establecer, si se hacen las cosas bien y a fuego muy lento), un vínculo de apego basado en el amor, el respeto y la confianza mutua.
“No es la carne ni la sangre, sino el corazón lo que nos hace padres e hijos”.
-J. Schiller-
nuestras charlas nocturnas.
Subir arriba y bajar abajo…

JotDown(Y.Gándara) — La RAE tiene en su página web una sección que se llama «Dudas rápidas», esta denominación no parece referirse a la velocidad con la que las dudas atraviesan nuestra mente ni a la celeridad con la que las responde la institución, sino a que allí se resuelven «de forma concisa algunas de las dudas más frecuentes planteadas por los hispanohablantes», según se explica someramente en la bienvenida de esta utilidad de la Academia.
Así pues, las dudas que se tratan en ese redil lo que son es frecuentes y las que son rápidas, por concisas, son las respuestas. Aclarado este punto, vemos que una duda frecuente que les ronda la cabeza a los hispanohablantes —las hispanohablantes deben de estar a otras cosas—, y así se lo hacen saber plateándoselo con frecuencia a la Academia, es si es correcto el uso de subir arriba. La Academia por su parte responde de forma rápida y concisa:
Sí, se considera válido. A pesar de que construcciones como «subir arriba», «bajar abajo», «entrar dentro» o «salir fuera» pueden resultar redundantes, la información que aportan los adverbios suele ser necesaria, por lo que en el contexto adecuado se pueden considerar construcciones válidas: «Cuando subas arriba, llévate la almohada».
Respuesta concisa y contradictoria, como veremos, porque ese ambiguo e impersonal «pueden resultar redundantes», por lo que sea, esconde siglos de prescripción de la propia institución que se ha encargado de indicar que estas construcciones son redundantes, lo que seguramente ha contribuido a que estas construcciones puedan resultar redundantes.
Y no solo lo ha hecho en épocas más reaccionarias, lingüísticamente hablando, sino que en la actual Nueva gramática de la lengua, de marcado carácter descriptivo, dice que ese tipo de expresiones, perdón por la redundancia, son redundantes:
30.5u Son redundantes expresiones como «salir afuera» o «subir arriba» , donde los adverbios subrayados expresan destino, no dirección. Estas combinaciones ya se documentan en la lengua clásica:
Las salidas de los mutilos o çapatas salgan afuera tanto como la quarta parte de la altura (Urrea, M., Arquitectura); ¿Sobisteis arriba los barriles, los presutos y quesos? (Delicado, Lozana).
Es mayor el grado de redundancia cuando se indica dirección, como en «subir hacia arriba» . Los adverbios «afuera» y «adentro» han dado lugar a dos sustantivos plurales, uno femenino (las afueras) y el otro masculino (los adentros), el último usado más frecuentemente con posesivos: «Mascullaba para sus adentros, avergonzado» (Allende, Retrato).
Nueva gramática de la lengua española [en línea],
Aunque hay que reconocer que la docta academia ha rebajado el tono, la condescendencia y la retranca gastados en otros tiempos a la hora de señalar el vicio de cometer pleonasmo, como en esta edición de 1870 de la Gramática de la lengua castellana de la Academia española:

Este fenómeno de la redundancia ya era censurado desde la época de la retórica clásica y ha llenado páginas del bien escribir y bien hablar, intentando establecer una especie de peso exacto de las palabras para que sean consideradas correctas.
En esa búsqueda del precio justo de las palabras por parte de los estudiosos se suele considerar el concepto de pleonasmo como figura expresiva, por tanto podría estar bien considerado, y el de redundancia referido al uso de palabras innecesarias y, por tanto, al «mal uso de la lengua».
Así, se suelen señalar una serie de casos tópicos como redundancias de las malas entre las que se encuentra subir arriba y sus compañeros de fatiga bajar abajo, meter adentro, sacar afuera y análogas acciones de movimientos que en teoría llevan ya toda la información necesaria para ser entendidas sin añadir nada más sin caer en el vicio.
Todo mal, porque si ya es cuestionable establecer reglas de corrección —o validez— en aspectos gramaticales, más lo es en casos en los que, como bien indica la RAE en su respuesta concisa, juega un papel importante el contexto, además de otros elementos que veremos.
Es evidente que en Jot Down no somos especialmente competentes en economía lingüística —ni en economía en general—, «mientras haya sitio» se podría considerar una medida respecto a la extensión de nuestras necesidades expresivas y, por tanto, no es de esperar que vayamos a defender aquí cómo rebañar frases, echar agua al bote de los pronombres, guardar adverbios bajo el colchón y otras formas de ahorrar palabras sin otro motivo que perseguir un presunto minimalismo inalcanzable.
Si nos parásemos a hacer una criba consciente, nos sorprendería la cantidad de palabras redundantes que pronunciamos en castellano, una lengua con un sistema pronominal nada económico. En esta casa y en este caso simplemente vamos a extendernos de forma redundante sobre la respuesta concisa de la Academia y preguntarnos qué ha hecho por nosotros la RAE.
Veíamos en el extracto de la Nueva gramática de la lengua española un apunte sobre un aspecto a tener en cuenta respecto al caso subir arriba: la diferencia entre dirección y destino.
En el caso de la dirección parece evidente que es redundante indicar que subimos hacia arriba (una escalera, por ejemplo), pero en el caso del destino el adverbio que añadimos (arriba, abajo, etc.) funciona como complemento de lugar y añade información.
Así, en el ejemplo utilizado por la RAE en su respuesta concisa (Cuando subas arriba, llévate la almohada) arriba no indica la dirección, sino que señala un destino que, en un determinado contexto, hace referencia a un lugar conocido por los interlocutores.
En el ejemplo usado el referente puede ser la planta alta de una casa y, en otros casos, una cima (Vamos preparadas para subir arriba), un sótano (Baja todos los trastos abajo), una población que se considera arriba o abajo respecto al punto en el que se habla sin que necesariamente lo esté por altitud sobre el mar, sino porque así lo han convenido tácitamente los interlocutores, un comercio en la misma manzana de una vivienda, un punto más alto o más bajo de un trayecto ya iniciado (Ya que hemos llegado aquí, subimos arriba), etc.

¿Se podrían entender estas frases sin utilizar el adverbio? Quizás, pero desde luego es más expresivo y natural hacerlo y en algunos casos necesario. Como vemos, hay una gradación del nivel de redundancia y, en cualquier caso, sería inapropiado calificar como incorrectas o no válidas este tipo de construcciones.
La Nueva gramática considera redundantes tanto los casos de destino, que acabamos de ver, como los de dirección, aunque a estos últimos les puntúa con «un mayor grado de redundancia», pero incluso en estos últimos es cuestionable el daño que puede hacer una palabra de más:
«Con estos pensamientos y deseos, subieron una cuesta arriba*, desde la cual descubrieron su aldea, la cual vista de Sancho, se hincó de rodillas y dijo:
—Abre los ojos deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza tu hijo (…). Abre los brazos y recibe también tu hijo don Quijote, que, si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo, que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede»
(Don Quijote de la Mancha, Parte II, cap. LXXII Miguel de Cervantes)
(*Cuesta arriba es un grupo adverbial en el que el primer elemento designa un trayecto y el segundo una dirección).
Una vez utilizado el argumento de autoridad con el ejemplo anterior, queda todo dicho.
Incluso en el caso de ser absolutamente innecesario el uso de alguna palabra sería incorrecto calificarlo de incorrecto, valga la redundancia.
Se trataría más bien de hacer una valoración de estilo que corresponde en todo caso a niveles de lenguaje específicos, es decir, tal vez sería más adecuado juzgar los excesos del lenguaje elaborado que los del uso espontáneo; en sentido contrario al establecido, que considera el pleonasmo una licencia estética literaria y la redundancia un vicio del lenguaje común.
«En un contexto adecuado», como bien dice la RAE, toda expresión puede tener su validez y razón de ser para las personas humanas, porque, aunque hayamos oído mil veces que todas las personas son humanas, sabemos que las hay deshumanizadas o que se caracterizan por mostrar rasgos inhumanos y esta expresión, en un determinado contexto, puede servirnos para definir a aquellas que conservan su integridad y naturaleza.
El problema de las respuestas de la RAE, tanto en «Dudas rápidas» como en la Nueva gramática de la lengua española, es la propia concisión.
El espacio dedicado es reducido por lógica, aunque los académicos responsables tienen estudios más extensos sobre el tema del pleonasmo y la redundancia que arrojan respuestas más lentas, por reflexivas, y menos contundentes que las que exigen las personas que dirigen sus preguntas a la Academia.
nuestras charlas nocturnas.
El problema sobre superbacterias que tomó años para ser resuelto por los científicos y que la IA solucionó en dos días…

BBC News Mundo(T.Gerken) — Un problema complejo que los microbiólogos tardaron una década en resolver se ha resuelto en tan solo dos días gracias a una nueva herramienta de inteligencia artificial (IA).
El profesor José R. Penadés y su equipo del Imperial College de Londres han pasado años trabajando y demostrando por qué algunas superbacterias son inmunes a los antibióticos.
Ahora, Penadés le dio a «cocientífico» -un sistema de inteligencia artificial creado por Google- una breve pregunta sobre el problema central que había estado investigando y la herramienta llegó a la misma conclusión en 48 horas.
El científico le contó a la BBC su sorpresa cuando descubrió lo que había hecho, dado que su investigación no se había publicado, por lo que el sistema de IA no podría haberla encontrado en el dominio público.
«Estaba de compras con alguien y le dije: ‘Por favor, déjame solo una hora, necesito digerir esto'», dijo al programa Today, de la BBC Radio 4.
«Escribí un correo electrónico a Google para decirle: ‘Tienes acceso a mi computadora, ¿no es así?'», agregó.
El gigante tecnológico negó tener ese acceso.
La década completa que los científicos emplearon también incluye el tiempo que les llevó validar la investigación, que fue de varios años.
Pero dicen que si hubieran tenido la hipótesis al comienzo del proyecto, se habrían ahorrado años de trabajo.
El profesor Penadés afirmó que la herramienta había hecho más que reproducir con éxito su investigación.
«No es solo que la hipótesis principal que ofrece fuera la correcta», afirmó.
«Es que ofrece otras cuatro y todas tenían sentido.
«Y en el caso de una de ellas, nunca habíamos pensado en ella, y ahora estamos trabajando en ella», apuntó.
– Plagado de super-bacterias

Los investigadores han estado tratando de averiguar cómo se crean algunas superbacterias (gérmenes peligrosos que son resistentes a los antibióticos).
Su hipótesis es que las superbacterias pueden formar una cola a partir de diferentes virus que les permite propagarse entre especies.
El profesor Penadés lo ilustró asegurando que es como si las superbacterias tuvieran una «llave» que les permitiera moverse de casa en casa, o de una especie huésped a otra.
Fundamentalmente, esta hipótesis era exclusiva del equipo de investigación y no se había publicado en ningún otro lugar. Ningún miembro del equipo había compartido sus hallazgos.
Así que Penadés estaba feliz de aprovechar esto para probar la nueva herramienta de inteligencia artificial de Google.
Solo dos días después, la inteligencia artificial devolvió algunas hipótesis, y su primer pensamiento, la respuesta principal proporcionada, sugirió que las superbacterias podrían formar colas exactamente de la manera descrita en su investigación.
– «Esto cambiará la ciencia»
Hay mucho debate por el impacto de la IA.
Sus defensores dicen que permitirá avances científicos, mientras que otros temen que elimine puestos de trabajo.
El profesor Penadés dijo que entendía por qué los temores sobre el impacto en puestos de trabajo como el suyo eran la «primera reacción» de la gente, pero añadió que «cuando se piensa en ello, es más bien que se tiene una herramienta extremadamente poderosa».
Dijo que los investigadores del proyecto estaban convencidos de que resultaría muy útil en el futuro.
«Creo que esto cambiará la ciencia, sin duda», dijo Penadés.
«Estoy ante algo espectacular y estoy muy contento de ser parte de eso.
«Es como tener la oportunidad de jugar un gran partido; siento que finalmente estoy jugando un partido de la Liga de Campeones con esta cosa», afirmó.
