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¿Por qué lloramos cuando estamos tristes y también cuando estamos alegres?


Por qué lloramos cuando estamos tristes y también cuando estamos alegres?

The conversation(A.Carmona) — ¿Alguna vez has notado que, tanto en los momentos más tristes como en los más felices, las lágrimas humedecen tus ojos?

Es curioso cómo nuestro cuerpo responde de la misma manera ante emociones tan diferentes.

Vamos a descubrir juntos por qué ocurre esto y, de paso, entender un poco más sobre la naturaleza y función de las lágrimas.

– Solo para tus ojos

Las lágrimas son mucho más que agua salada.

Producidas por las glándulas lagrimales, que se ubican justo encima de cada ojo, cumplen una función tan importante como la lubricación que mantiene la superficie ocular húmeda, algo vital para que experimentemos una visión clara y cómoda.

Y por si eso fuera poco, también eliminan partículas de polvo, suciedad y microorganismos que pueden dañarnos los ojos y proporcionan oxígeno y nutrientes a la córnea, la capa transparente frontal de nuestro órgano de visión.

Por qué lloramos cuando estamos tristes y también cuando estamos alegres?

Aparentemente, todas parecen iguales, pero existen tres tipos principales:

  • Lágrimas basales: Son las que producen constantemente nuestras glándulas para mantener los ojos lubricados y protegidos.
  • Lágrimas reflejas: Se producen en respuesta a irritantes externos, como el humo, el viento o cuando cortamos cebolla. Su objetivo es eliminar esas sustancias molestas del ojo.
  • Lágrimas emocionales: Son las que aparecen cuando experimentamos intensamente tristeza, alegría, miedo o incluso frustración. Aunque algunos animales también producen lágrimas para lubricar sus ojos, no está claro que las derramen cuando se emocionan.

– ¿Por qué lloramos al emocionarnos?

Llorar es una respuesta humana universal.

Desde que somos bebés, usamos el llanto como una forma de comunicación. Pero ¿qué sucede en nuestro cuerpo que nos hace derramar lágrimas cuando sentimos emociones fuertes?

Un bebé ‘comunicándose’ 

Al experimentar un sentimiento intenso, nuestro cerebro entra en acción.

La amígdala, una pequeña estructura del cerebro encargada de procesar las emociones, envía señales al hipotálamo, que a su vez activa el sistema nervioso autónomo.

Este sistema controla las respuestas involuntarias de nuestro cuerpo, como el ritmo cardíaco, la respiración y, por supuesto, la producción de lágrimas.

El resultado es que las glándulas lagrimales reciben la señal de generar lágrimas y comenzamos a llorar.

La tristeza es una emoción poderosa. Cuando nos sentimos tristes, nuestro cuerpo libera hormonas y neurotransmisores asociados al estrés, como el cortisol. Llorar puede ser una forma de liberar parte de ese estrés acumulado.

Algunos estudios sugieren que las lágrimas emocionales contienen niveles más altos de ciertas proteínas y hormonas relacionadas precisamente con el estrés. Con el llanto estamos eliminando físicamente estas sustancias de nuestro cuerpo, lo que puede ayudarnos a sentirnos mejor después.

Y entonces, ¿por qué lloramos de felicidad? Parece contradictorio, ¿verdad? Cuando experimentamos una dicha abrumadora, como reencontrarnos con un ser querido o recibir una buenísima noticia, nuestro cuerpo también experimenta un torrente de emociones y cambios químicos.

La intensidad del sentimiento, aunque positivo, puede ser tan fuerte que desencadene la misma respuesta física que la tristeza.

Llorar de alegría nos ayudaría entonces a gestionar y procesar sentimientos poderosos, evitando que nos sobrecarguen.

– Comunicación sin palabras

Además de las funciones físicas, las lágrimas tienen un papel importante en la comunicación humana. Son una señal visible de que estamos experimentando una emoción intensa. Esto permite que las personas a nuestro alrededor entiendan cómo nos sentimos, incluso sin palabras.

También nos ayudan a fortalecer los vínculos con la gente que nos rodea: al mostrar vulnerabilidad a través del llanto, podemos acercarnos más a los demás. Nuestros congéneres suelen responder con empatía y apoyo, lo que fortalece las relaciones sociales.

Es esencial recordar que llorar es una respuesta natural y saludable. No hay nada de malo en mostrar nuestras emociones.

Con el llanto expresamos a los demás que lo estamos pasando mal. 

En resumidas cuentas, lloramos cuando estamos tristes y cuando estamos alegres porque nuestras lágrimas son una respuesta física a emociones intensas, sean negativas o positivas. Las lágrimas nos ayudan a procesar esas emociones, aliviar el estrés y comunicar cómo nos sentimos a los demás.

Cuando sientas que las lágrimas asoman en tus ojos, ya sea por una película triste o porque has recibido una gran noticia, recuerda que es una parte natural y saludable de ser humano. Es una forma en que nuestro cuerpo y mente trabajan juntos para mantenernos equilibrados y conectados con quienes nos rodean.

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La sinfonía del mal olor…


Fotografía: toddeemel (CC)

JotDown(S.Parra) — Nuestro cuerpo es una sinfonía de olores. Horrísona y también armónica, según el lugar donde hundamos nuestra nariz (o el tiempo que haga de nuestro paso por la ducha). Por ello, la cultura popular, que tiene mucho callo a la hora de resaltar lo peor de la condición humana, repite aquello de «canta la Traviata» o «son tus perjúmenes mujer los que me sulibellan» cuando se enfrenta al mal olor corporal.

O «te ha abandonado el desodorante». O, entrando en jerga más ramplona, «aquí huele a leonera» o «a choto» o «apesta a sobaca mora». La lista es tan larga y creativa como descacharrante.

Porque, a pesar de que tratemos de enmascararlo con sustancias aromáticas, el cuerpo hiede, y a veces hiede tanto que apetece ponerse una pinza de la ropa en la nariz. Y es que la sinfonía odorífera del cuerpo humano daría para una ópera de tres horas donde todo el mundo grita y llora mucho, así que vamos a centrarnos en las notas volátiles de los aromas más evidentes. Preparen, ustedes, sus fosas nasales.

  • La boca

Algunos poetas han asociado la boca humana a una cloaca, no solo porque de ella puedan brotar muchos sapos y culebras, sino porque una boca que huele mal es capaz de ahuyentar a cualquier interlocutor con una mano en la nariz y respirando cavernosamente a lo Darth Vader.

Y es que la saliva produce uno de los olores más nauseabundos del mundo, como bien sabe la doctora Erika Silletti, que ha escrito libros enteros dedicados a ella y dispone de su propio laboratorio de saliva en la ciudad holandesa de Wageningen. Para Silleti no cabe duda de que la saliva incubada puede llegar a desprender un tufo mucho más repugnante que el olor a pies sucios o a pescado poco fresco.

Con todo, hay dos tipos de saliva. La estimulada (como la que segregamos al ver un plato suculento) y la no estimulada (la que segregamos todo el tiempo). Tal y como explica Mary Roach en su libro Glup: aventuras en el canal alimentario, la saliva estimulada «conforma entre el 70 y el 90% de entre litro y litro y medio de saliva que generamos cada uno diariamente».

El 99% de la saliva estimulada es agua, así que su aspecto, sabor y textura no difiere demasiado del líquido elemento. Con todo, las diversas variaciones de proteínas y minerales de la saliva permiten verter la siguiente afirmación de todo punto cochina: si hiciéramos una cata de salivas, cada saliva nos sabría distinta.

La saliva no estimulada es mucho más viscosa que la estimulada. Es la saliva que fluye continuamente por nuestra boca. Es tan viscosa debido a las mucinas, largas cadenas de aminoácidos que forman redes. Las mucinas son nuestras amigas porque atrapan las bacterias que llegan a nuestra boca desde el exterior y nos permite tragarlas y destruirlas con los ácidos del estómago.

A pesar de ello, en una boca normal pueden proliferar más de seis millones de bacterias, algunas beneficiosas, otras no tanto. Hay más de seiscientos tipos diferentes de bacterias bucales, y tener unas u otras depende del lugar donde vivamos e incluso de lo que indique la balanza de nuestro baño.

El mal aliento puede deberse a muchos factores, pero si se cronifica, entonces se denomina halitosis. Probablemente sea uno de los olores para los que nuestro propio cuerpo se protege mejor: es infrecuente que una persona con halitosis advierta que su boca huele mal. Pero la halitosis es un grave problema si mantenemos relaciones sociales.

Ya en el Talmud, la recopilación de antiguas leyes hebreas, se consideraba que el mal aliento era causa suficiente de divorcio. Actualmente, el mal aliento es tan ubicuo y preocupante que mueve millones de euros en productos para eliminarlo. Por ejemplo, en 1921, Listerine no tenía demasiado éxito vendiendo líquido antiséptico.

Hasta que popularizó el término «halitosis» y lanzó una campaña publicitaria que reconvirtió el antiséptico en enjuague bucal. Las ventas anuales pasaron de los cien mil dólares hasta más de cuatro millones en solo seis años.

El elemento clave de la halitosis es un sulfuro orgánico denominado dimetil sulfuro, que también se encuentra en los excremento humanos. Curiosamente también hace acto de presencia al tostar el grano de café verde, originando un hedor muy desagradable.

Uno de los mayores expertos mundiales en halitosis es el microbiólogo Mel Rosenberg, de la Universidad de Tel Aviv, que se describe a sí mismo como un odorólogo. Gracias a él disponemos de una prueba clínica para testear el mal aliento llamada Halímetro, así como una prueba con tornasol llamada test del OK-2-Kiss, que mide la presencia de bacterias en la boca.

  • Los genitales

Flat Earth Theatre presents "The Underpants" by Steve Martin April 1-9, 2011. Featuring Maggie Carr, Justus Perry, Kathy Berenson, Mike Handelman, Nick Bennett-ZendzianBill Conley, and Michael Wayne Smith. Directed by Sarah Kimball. The Arlington Center for the Arts, Arlington
The Underpants, 2011.

El tufo hacia el que mostramos mayor pudibundez es el que emana de nuestros genitales, tanto masculinos como femeninos. «¿A qué huelen las nubes?», entonaba un anuncio kitsch de compresas para referirse eufemísticamente a la neutralización del olor a menstruación.

Pero la falta de olor no siempre es un buen indicativo de la salubridad de la vagina. Para muchos lectores, una vagina que hieda es una vagina sucia, un corte mucilaginoso relleno de miasmas. Pero nada más lejos de la realidad. Hay vaginas que apenas desprenden olor y otras que huelen más, pero eso depende exclusivamente del tipo de flora vaginal que ha prosperado en ellas.

Como demostró el Proyecto Microbioma Humano en 2012, hay floras vaginales ácidas y otras menos ácidas. Las primeras provocan olor, las segundas, no. Pero ambas muestran equilibradas comunidades de bacterias imprescindibles para protegerse de microorganismos patógenos.

Una vagina totalmente limpia y aséptica, pues, puede ser mucho más sucia que una vagina olorosa. Como apunta irónicamente Natalie Angier en su libro Mujer, una geografía íntima, una vagina sana debe cantar un poco, tener su propio bouquet.

Y es que la vagina es una suerte de ecosistema que cambia según las circunstancias y cuyo equilibrio resulta crucial, y que además está habitado por cinco categorías de floras microbianas, tal y como ha señalado Jacques Ravel, de la Universidad de Maryland, uno de los mayores expertos en el estudio del microbioma de la vagina. En otras palabras, existen cinco tipos de cosmos vaginales.

Y lo más llamativo es que tales categorías parecen relacionarse con etnias específicas, un poco como sucede con las bacterias de la boca. Las vaginas tipo IV son más habituales entre las estadounidenses de origen afroamericano que entre las caucásicas. Otras categorías de vaginas son más proclives a hacer una transición a otra categoría.

Las tipo II, por ejemplo, no suelen cambiar nunca. Las más olorosas no son peores ni mejores, sencillamente son de un tipo en el que se permite el crecimiento de bacterias productoras de compuestos amínicos.

En el caso del pene, los olores no revisten tal grado de tabú, pero son también una fuente de preocupación para algunos hombres. Al igual que las vaginas, existen dos clases de penes en función del tipo de microorganismos que allí prosperan: los penes circuncidados y los penes no circuncidados.

En el caso del pene circuncidado, el glande está expuesto al oxígeno del ambiente, lo que favorece la proliferación de bacterias aeróbicas. Por el contrario, el glande cubierto por el prepucio favorece a los microorganismos que prefieren la falta de oxígeno, los anaeróbicos.

También como en el caso de la vagina, un pene demasiado higienizado es contraproducente. Los penes tienen su propio olor. Y, de hecho, en una relación monógama, los microorganismos de ambos genitales acaban siendo muy similares entre sí, en una suerte de sincronía odorífera.

En el caso de que mantengamos relaciones casuales sin preservativo, entonces las mezclas de microorganismos podrían producir olores inesperados. En estas circunstancias sería más apropiada la unión de una vagina con un pene no circuncidado, pues este alberga bacterias anaeróbicas similares a las que se producen en el ambiente cerrado de la vagina.

Un pene circuncidado, sin embargo, mostrará mayor probabilidad de alterar la flora vaginal, tal y como explica Pere Estupinyà en su libro S=EX2: «especialmente cuando hay eyaculación y el semen aumenta el pH vaginal de 3,5 a 7 dejando a la flora bacteriana por momentos indefensa ante invasores que puedan empezar a crecer sin freno».

Corolario: en caso de que nos preocupe el olor, es recomendable el sexo con profilácticos o, al menos, sexo con penes no circuncidados. No obstante, dado que la circuncisión parece proteger mejor a los hombres del contagio del VIH, gracias a dos familias de la microbiota anaeróbica (Clostridiales y Prevotellaceae), el aroma de la promiscuidad sin preservativo podría constituir un mal menor.

  • Axilas

Fotografía: Dominik Golenia (CC)

El sudor, en sí mismo, es inodoro. Básicamente está compuesto de agua en un 99%, y el 1% restante contiene pequeñas cantidades de sal, amoníaco, calcio y otros minerales. Y además resulta imprescindible para nuestra supervivencia, pues se encarga de regular la temperatura corporal.

Por ello todo nuestro cuerpo suda, a excepción de los labios, el lecho de las uñas y algunas partes de la vagina y el pene, que carecen de glándulas ecrinas. Una simple gota de sudor es capaz de reducir la temperatura de un litro de sangre en un poco más de medio grado centígrado.

De modo que sudar no debería tener tan mala prensa. E incluso lo de sudar como un cerdo, para añadirle una connotación peyorativa, es solo un mito, porque los cerdos son incapaces de sudar (lo que, por otra parte, les obliga a rebozarse en fresco barro del suelo para refrigerarse: es decir, que lo correcto sería afirmar que no sudas como un cerdo).

En ese sentido, las personas que sufren de hipohidrosis o anhidrosis (sudor escaso o incapacidad de sudar, respectivamente), tienen mayor probabilidad de morir a causa de un golpe de calor.

Cuando el sudor se mezcla con las bacterias de nuestro cuerpo, que abundan particularmente en las zonas del cuerpo cubiertas por pelo o que no son aireadas a menudo a causa de la ropa o los pliegues de la piel, se empieza a desprender el efluvio típico de gimnasio.

En el caso de las axilas se cumplen ambas condiciones para generar bacterias: vello y pliegue de piel cubierto de ropa. Por eso las axilas son los primeros árbitros que anuncian nuestra falta de higiene. A través de la axila producimos solo el 1% del sudor del cuerpo pero parece que la quintaesencia de la pestilencia a sudor se concentre justamente ahí.

Tampoco los sudores huelen igual. Según un estudio llevado a cabo en Austria, todos tenemos una huella odorífera tan representativa como la huella dactilar. Seguro que en algún episodio de CSI acabamos viendo cómo atrapan al asesino husmeándole la ropa sucia: ya en tiempos pretéritos, los médicos olían a sus pacientes para diagnosticar determinadas enfermedades.

Por ejemplo, Samuel Cooper, miembro de la Royal Society, escribía en su Diccionario de cirugía práctica (1823) que el pus se diferencia del moco por su «dulzón almibarado». Otro estudio suizo liderado por Christian Starkenmann apunta a que las axilas de las mujeres despiden un aroma a cebollas y uvas, mientras que la de los hombres se asemeja al olor acre del queso.

Entre otros factores, como los genes, el olor del sudor viene influido por lo que se come. Quienes toman mucho ajo o cebolla, o condimentan la comida con curry y otras especias, pueden llegar a oler como la olla de la cocina. Es decir, que el anterior estudio suizo probablemente arrojaría resultados diferentes si se hubiera realizado fuera de la frontera helvética.

Una dieta rica en proteínas puede generar sudor con olor a amoníaco, pero también puede ser síntoma de infección de la Helicobacter pylori, la bacteria responsable de algunos tipos de úlcera.

El olor del sudor también puede cambiar debido a determinados medicamentos, como la penicilina o algunos antidepresivos. Alguien que tiene sudor con olor a pescado puede que esté tomando suplementos vitamínicos que le proporcionan un exceso de colina, un tipo de vitamina B.

En el caso de que el sudor (y el aliento) huela siempre a pescado, entonces hay dos alternativas: o estamos ante un pescadero o alguien que padece síndrome del olor a pescado, también conocido como trimetilaminuria, un trastorno que no permite metabolizar la trimetilamina, una sustancia que hallamos en alimentos ricos en colina, como los huevos, el hígado o la carne de vaca.

  • Pies

El cuerpo humano está equipado con tres o cuatro millones de glándulas ecrinas, las encargadas de producir el sudor. Pero su distribución no es equitativa. La mayoría de ellas se concentran en las manos y los pies: unas quinientas por centímetro cuadrado. El sudor de nuestras manos no suele desprender olor, pero no ocurre así con los pinreles.

Si entramos en el dormitorio de un adolescente y huele a pies probablemente están llegando hasta nosotros los efluvios de distintos compuestos, como el ácido isovalérico, el ácido propiónico, el ácido acético o el amoníaco. Todos ellos originados por bacterias que, en ocasiones, también intervienen en la elaboración de algunos tipos de queso de fuerte olor, como el Limburger o el Bel Paese.

Para demostrarlo, la microbióloga Christina Agapakis incluso ha elaborado quesos empleando cepas bacterianas de pies humanos.

Los calcetines acostumbran a constituir piezas casi radiactivas. Nadie quiere estar cerca de uno (sobre todo si está usado). Sin embargo, en el Museo Naigai, en Japón, les rinden culto con una colección de veinte mil pares, la más gigantesca del mundo.

Además, en algunos casos, el mal olor a pies puede ser nuestra salvación: en África, donde miles de personas mueren de malaria al año debido a la picada del mosquito Anopheles, prolifera una araña que siente atracción por el olor a pies. La ventaja radica en que esta araña, la Evarcha culicivora, se alimenta del mosquito Anopheles. Un caso evidente de win-win.

  • Olores que no existen realmente

Fotografía: christine kaelin (CC)

Pero también hay miasmas que solo existen en nuestra mente. Olores que, por muy desagradables que nos parezcan, solo captamos nosotros y nadie más. Como quien está sufriendo un espejismo en mitad del desierto.

Es el caso de quienes tienen una lesión del nervio olfativo debido a una infección o un traumatismo en la cabeza y padecen la llamada fantosmia. Aquellos a los que todo les huele mal tienen una vida tan difícil que, en muchos casos, incluso valoran la posibilidad del suicidio. 

Joan Liebermann-Smith, en Escucha tu cuerpo, explica lo que ocurre cuando sufrimos fantosmia u olores fantasma: «A diferencia de las visiones fantasma, en las que a menudo se ven animales muy bonitos o escenas agradables, los olores fantasma normalmente son muy desagradables».

En el caso de quienes sufren hiperosmia, existe una hipersensibilidad olfativa que les permite detectar la fragancia del perfume de una mujer mucho después de que haya abandonado la habitación, al estilo del protagonista de El perfume, de Patrick Süskind.

Así puede llegar a sonar la grandilocuente sinfonía del olor del cuerpo humano. Y si viviéramos en un mundo de dibujos animados, todos nosotros emanaríamos ese vapor oleaginoso que representa el alcance de un aroma determinado. Como bombas fétidas andantes.

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15 curiosidades científicas que quizá no conozcas…


Cuatro innovaciones científicas que quizá no conocías

Instituto español de formadores en salud(A.romeral) — ¿Sabías que cada vez que levantamos un pie utilizamos 200 músculos? ¿Sabías que el ADN humano es idéntico al ADN de un plátano al 50%? En este artículo contestamos a estas y otras preguntas curiosas sobre la ciencia que tal vez nunca hayas escuchado.

Hablemos de curiosidades. Desde la Edad Media hasta nuestros días, el cuerpo humano ha sido y es una estructura que esconde multitud de secretos, y gracias a los estudios que realiza la ciencia desde hace siglos, podemos conocer cada vez más nuestro organismo, aunque aún estamos lejos de conocerlo del todo. A continuación, te contamos 15 curiosidades.

  • El cuerpo de un humano adulto se compone de 206 huesos, de los cuales 54 se encuentran en las manos.

  • Dentro del ombligo humano hay miles de bacterias que forman un ecosistema equivalente al tamaño de la selva Amazonas.
  • Los huesos humanos son igual de fuertes que una piedra granito, pueden soportar hasta 9 toneladas de peso.

  • El intestino delgado de una persona que está viva mide, aproximadamente, tres metros. Al morir, este se expande y puede alcanzar hasta los siete u ocho metros de largo.

  • Los riñones tardan tan solo cinco minutos en filtrar toda la sangre de nuestro cuerpo.

  • El ADN de un humano es idéntico al ADN de un plátano al 50%, esto se debe a que hay genes que son funcionales tanto en animales como en plantas. 

  • El dedo pulgar de cualquier mano mide lo mismo que la nariz de ese mismo cuerpo.

  • La canción “Staying Alive” de Bee Gees puede salvar vidas, esto se debe a que el ritmo de la canción es adecuado para presionar el pecho y realizar la RCP.
  • En la Edad Media se utilizaba polvo de momia porque se consideraba curativo.
  • Los arándanos son una fruta que ayuda a retrasar los síntomas de enfermedades como el alzhéimer y el párkinson.

  • El silicio que contiene la cerveza tiene un efecto saludable puesto que puede combatir el alzhéimer.

  • La tomografía axial computarizada o TAC se inventó gracias al grupo The Beatles.
  • Las pestañas tienen una duración en nuestro cuerpo de 150 días.

  • Nuestra boca produce al día una media de 1 o 2 litros de saliva.

  • Antiguamente, el gin-tonic era una bebida que se vendía en farmacias debido a que se utilizaba para combatir la malaria.

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Despertar una hora más temprano puede ayudar a combatir la depresión


La Mente es maravillosa — Dormir bien es fundamental para mantener una buena salud física y mental.

Ahora una nueva investigación ha revelado que la buena salud también depende de los horarios de sueño.

Se comprobó que despertar una hora más temprano, en general, es una rutina que ayuda a prevenir o combatir la depresión mayor.

El estudio fue realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Colorado en 2021.

En este se estableció que despertar una hora más temprano, en las personas que suelen hacerlo más bien tarde, ayuda a tener un mejor estado de ánimo.

A juicio de los expertos, reduce hasta en un 23 % el riesgo de desarrollar depresión mayor.

Esta investigación se suma a otras similares en las que se había establecido que las personas madrugadoras tienden a ser más saludables, tanto física como mentalmente.

Al mismo tiempo, quienes prologan el día son más propensos a desarrollar trastornos del estado de ánimo. En buena medida, el hecho de que despertar una hora antes mejore nuestro humor está asociado con disfrutar de más horas de sol.

– El estudio de la Universidad de Colorado

En el estudio se analizaron los datos de 85 000 personas. Dispusieron de muestras genéticas de todos ellos, gracias a la compañía de pruebas de ADN 23andMe y a la base de datos biomédica UK Biobank. De esa muestra, cerca de una tercera parte se identificó como madrugadores. Alrededor del 9 % eran noctámbulos, mientras que los demás parecían encontrarse en un punto medio.

Tomando como base las muestras genéticas obtenidas, unidas al historial médico de los participantes y a algunos cuestionarios, se trataron de obtener algunas conclusiones. Lo que se plantearon fue si las personas que tienen variantes genéticas que favorecen la costumbre de madrugar también tienen menor tendencia a sufrir de depresión. Encontraron que sus datos apuntaban a favor de una respuesta afirmativa.

El estudio partió de la idea de que si una persona se acuesta una hora antes, también va a despertar una hora más temprano. Con base en esta premisa, llegaron a la conclusión de que si una persona que, por ejemplo, se acuesta a las 3 a.m., decide acostarse a la 2 a.m., reduce en un 23 % el riesgo de sufrir depresión. Si se acuesta a la 1 a.m., la reducción del riesgo podría ser de un 40 %.

– ¿Por qué despertar una hora más temprano?

Aunque el estudio presenta datos muy detallados, lo cierto es que los expertos no lograron entender del todo las razones por las que despertar una hora más temprano es tan beneficioso para prevenir o reducir la depresión. En principio, asumen que esto se debe a que la luz del día genera una cascada de impactos hormonales que inciden en el estado de ánimo.

Sin embargo, los expertos no descartan la idea de que las personas no madrugadoras tienen cierto desajuste con el ritmo social. Vivimos en una sociedad que privilegia las actividades diurnas y, por lo tanto, no funcionar en esa frecuencia puede provocar cierto sentimiento de inadecuación. De hecho, ser noctámbulo implica renunciar a una “vida normal”.

Sin embargo, el estudio indica que todo esto son conjeturas y que ninguna de ellas puede considerarse concluyente. Instan a realizar nuevas y amplias investigaciones para seguir desentrañando las razones por las cuales despertar una hora más temprano puede incidir tanto en la inclinación a no deprimirse.

– Cómo despertar una hora más temprano

Las personas que se conocen como “alondras” rara vez tienen problemas para despertar temprano. En cambio, los “búhos”, y los medio “búhos” sí tienen ciertas dificultades para adoptar un horario que coincida más con el ciclo solar.

¿Cómo superar ese obstáculo? Quizás el problema no está tanto en despertar a determinada hora, sino en vencer a la tentación de estirar el día, de acostarnos tarde. Lograrlo puede ser difícil al comienzo; por la mañana nos notamos adormilados, mientras que a la hora de irnos a la cama sentimos que estamos mucho más activos.

Lo que podemos hacer es preparar la hora del sueño dos horas antes de acostarnos. ¿Cómo? Reduciendo paulatinamente la actividad, en todos los sentidos.

Comer menos, beber menos y, en general, hacer menos. Podemos optar por realizar ejercicios de relajación una hora antes de ir a dormir. De la misma forma, podemos plantearnos la posibilidad de realizar algún tipo de ejercicio físico al principio del día que despierte a nuestro cuerpo.

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La rebelión de las lolitas y la involución sexual


rebelión de las lolitas
Axe Lolita.

JotDown(C.Frabetti) — Tras ver un preocupante reportaje sobre los «herbívoros» japoneses (soshoku danshi), me acordé de un chiste que me contó un amigo gallego y de una concentración de lolitas.

Un encuestador le pregunta a un campesino de la Galicia profunda:

—¿Qué prefieres, masturbarte o follar? 

Eu… prefiero follar —contesta el campesino tras unos instantes de vacilación.

¿Por qué?

Se conoce gente…

Hasta aquí el chiste, que en el Japón actual podría ser toda una declaración de principios. En cuanto a la concentración, tuvo lugar hace unos años en Colonia.

La expresión soshoku danshi fue utilizada por primera vez en 2006 por la escritora japonesa Maki Fukusawa para referirse, en contraposición a los hombres «carnívoros», es decir, depredadores sexuales, a los que adoptan una actitud elusiva, incluso temerosa, frente a las mujeres y declaran abiertamente que, pese a ser heterosexuales, no están interesados en relacionarse con ellas.

Según algunas estimaciones, más de la mitad de los hombres japoneses de entre veinte y cuarenta años son soshoku danshi, lo que ha contribuido de forma significativa a provocar un serio problema de descenso de la natalidad.

Estaba yo disfrutando de un sobrecogedor contrapicado de las dos torres de la catedral, que durante siglos fueron las más altas del mundo, cuando de pronto la plaza empezó a llenarse de lolitas japonesas —y de otras nacionalidades— en sus distintas variantes: góticas, clásicas, punkis, piratas, ciberlolitas…

No sé si la decisión de reunirse frente a aquellos enormes falos de piedra respondía a un propósito consciente de vindicación y réplica; en cualquier caso, para mí aquella explosión de femineidad oriental insumisa representó la segunda caída de las torres gemelas.

Las lolitas aparecieron en Japón en los años setenta del siglo pasado como expresión estética de una juventud femenina que quería desmarcarse de la ultraconservadora sociedad japonesa tradicional, en la que la mujer quedaba relegada al papel de abnegada esposa, material y mentalmente sometida al marido.

Y aunque empezó siendo un movimiento juvenil, en la actualidad es frecuente ver a mujeres de cuarenta o cincuenta años ataviadas como lolitas.

A primera vista, la Lolita fashion podría parecer una forma de huida hacia delante, en la medida en que potencia la imagen de la mujer florero (por no hablar de sus connotaciones fetichistas y pedófilas); pero su misma extremosidad convierte la propuesta estética —y erótica— de las lolitas en una impugnación de lo establecido; su extremosidad irónica y su desenfadado narcisismo, que no busca la aprobación de la mirada masculina.

La dimensión contestataria de un movimiento en apariencia tan «cuqui» (kawaii en japonés) fue captada rápidamente por el manga y el anime, que incorporaron a algunas lolitas guerreras a su elenco de heroínas.  

No es casual que el repliegue sexual de los varones japoneses haya coincidido con la eclosión de las lolitas y otras formas de autoafirmación femenina; paradójicamente, la impropiamente denominada «revolución sexual» de los años setenta provocó en el Japón hiperpatriarcal una intensa —y extensa— reacción involutiva.

Me viene a la memoria, a este respecto, un interesante artículo sobre la anomia de la sociedad japonesa actual en el que Santiago Alba Rico hablaba de la relación entre la sexualidad y la pereza (esa pereza que no es la madre de todos los vicios porque les brinde el tiempo necesario para su desarrollo, como creen quienes confunden el esfuerzo con la virtud, sino porque constituye su materia prima); pero habría que hablar también de la compleja relación entre sexo y miedo (las pulsiones más básicas, junto con el hambre).

El campesino del chiste prefiere follar porque se conoce gente; por la misma razón, el soshoku danshi prefiere masturbarse, pues no quiere conocer gente: concretamente, no quiere «conocer» (y no deja de ser significativo el doble sentido del término) a una nueva generación de japonesas que no han sido modeladas por y para el deseo masculino.

En el fondo (y también en la forma), el «herbívoro» tiene miedo de unas mujeres que, en la medida en que se sustraen a su rol tradicional, lo obligan a cuestionarse su masculinidad; no es un misógino, como podría parecer a primera vista, sino un ginófobo.

  • Amantes de silicona e ídolos de carne y hueso

Hacia la misma época que las lolitas, irrumpieron en el escenario sociocultural nipón las «idols», cantantes adolescentes de aspecto aniñado que catalizan las fantasías de un público eminentemente masculino que ve en ellas la personificación de una femineidad dulce e inofensiva, el objeto ideal —en el doble sentido del término— de una sexualidad drásticamente reprimida por el miedo a las mujeres adultas y empoderadas.

Algunos han visto en las idols japonesas (también las hay chinas y coreanas, aunque no son equiparables) una versión pop de las geishas, en la medida en que encarnan un estilizado paradigma de belleza y de dulzura femeninas; pero las diferencias son mayores que las semejanzas, pues, mientras que las geishas representan la anacrónica pervivencia de la tradición más rancia y la estereotipación de los roles de género, las idols, al igual que las lolitas, escenifican (nunca mejor dicho) la disolución de la imagen —y la función— de la mujer impuesta por una de las culturas más machistas del mundo.

Las geishas son cortesanas, mientras que las idols son princesas: las primeras agasajan a sus clientes; las segundas son agasajadas por sus admiradores.

Por si no fuera suficiente el mero hecho de llamarlas «idols» para manifestar que son objeto de veneración, sus fans —los wota— a menudo se organizan en grupos de apoyo que las acompañan en sus actuaciones y las jalean mediante movimientos y gritos ritualizados —denominados ouendan— que son auténticas coreografías, comparables a las de las animadoras de los equipos deportivos.

rebelión de las lolitas
Carátula del videojuego Osu! Ttatakae! Ouendan

Al igual que el «herbívoro» solitario que se encierra en una cabina de masturbación o se compra una amante de silicona, el fan gregario que acude a los templos de la música para participar en un rito colectivo de adoración de niñas-fetiche, huye de la mujer adulta y autónoma que problematiza su virilidad por el mero hecho de tenderle un espejo.

La máxima objetualización de la muñeca sexual y la idealización extrema de la idol adolescente (la desublimación represiva, que diría Marcuse, y la sublimación alienante) parten del mismo miedo y conducen al mismo vacío.

Porque, en última instancia, tanto el soshoku danshi como el wota tienen miedo a la libertad; sobre todo a la libertad de las mujeres, pero también a la propia, que solo se puede ejercer realmente en el encuentro igualitario con los —y las— demás.

Un miedo a la libertad que, como señaló Erich Fromm, es el heraldo negro del fascismo. Y en el caso de Japón, huelga decirlo, una recaída podría ser fatal.

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¿Estás soltero? Un estudio analizó las mejores y peores ciudades para tener citas…


Infobae(A.Villalobos) — Un reciente estudio de WalletHub analiza cuáles son las mejores y peores ciudades de los Estados Unidos para quienes buscan el amor, evaluando su “dating friendliness” o facilidad para citas.

Este análisis se basó en 182 ciudades, incluyendo las 150 más pobladas del país y, al menos, dos de las ciudades más grandes de cada estado, ofreciendo así un panorama detallado sobre cómo los factores urbanos pueden influir en las experiencias de citas.

El estudio utilizó 35 métricas divididas en tres categorías principales: economía, diversión y recreación, y oportunidades de citas. Cada una de estas categorías se analizó para entender de qué manera las características económicas, demográficas y sociales de una ciudad pueden facilitar o dificultar la posibilidad de encontrar pareja.

Entre los resultados más destacados, ciudades como Atlanta, Georgia, y Las Vegas, Nevada, encabezaron el ranking por sus atractivas oportunidades para solteros, mientras que otras como Pearl City, Hawái, se ubicaron en los últimos puestos debido a limitaciones económicas y demográficas.

– Metodología: Cómo WalletHub clasificó las ciudades

El análisis de WalletHub se construyó a partir de tres factores principales, cada uno con un peso específico en la puntuación total:

  • Economía: el impacto de la asequibilidad en las citas

El componente económico representó el 25% del puntaje total. Según WalletHub, las ciudades más asequibles tienden a ofrecer más posibilidades para citas al reducir las barreras financieras. Entre las métricas evaluadas en esta categoría se incluyen:

  • Los costos promedio de una salida, como cenas en restaurantes.
  • La asequibilidad de la vivienda.
  • Los ingresos anuales medianos de los hogares.

Ciudades con altos ingresos y costos de vida razonables destacaron en este aspecto, ya que las dinámicas de citas suelen ser más accesibles cuando los recursos financieros no son un obstáculo importante.

  • Diversión y recreación: el ambiente social como clave

La segunda categoría, también con un peso del 25%, evaluó qué tan dinámico y atractivo es el entorno social de cada ciudad. Aquí se analizaron factores como:

  • La cantidad y calidad de opciones de vida nocturna.
  • La seguridad y facilidad para desplazarse caminando.
  • La variedad y calidad de restaurantes.

Este aspecto fue crucial para identificar ciudades que ofrecen múltiples actividades recreativas y sociales, mejorando así las posibilidades de conocer a alguien en ambientes estimulantes y seguros.

  • Oportunidades de citas: el poder del potencial demográfico

La categoría con mayor peso (50%) estuvo centrada en las oportunidades reales para encontrar pareja, analizando factores demográficos y tecnológicos como:

  • La proporción de personas solteras en la población.
  • El uso de aplicaciones y servicios de citas en línea.
  • La relación de género entre los solteros, con un enfoque particular en preferencias heterosexuales.

Ciudades con una alta concentración de personas solteras y una infraestructura moderna para citas en línea sobresalieron en esta categoría.

– Las mejores ciudades para quienes buscan el amor

Atlanta, Georgia, ocupa el primer lugar en el ranking, destacándose por su vibrante vida social. WalletHub resalta que más del 69% de la población de Atlanta está soltera, lo que incrementa significativamente las probabilidades de encontrar pareja. Además, la ciudad cuenta con una abundancia de actividades nocturnas, centros comerciales y clubes sociales, lo que la convierte en un lugar ideal para solteros.

En el segundo lugar se encuentra Las Vegas, Nevada, conocida como la “capital del matrimonio”. Su economía favorable, con costos más accesibles en actividades recreativas como cortes de cabello y membresías de gimnasio, fue clave para su alta calificación.

Por su parte, Seattle, Washington, ocupa el tercer puesto gracias a su ingreso medio anual de más de 80 mil dólares, lo que facilita la asequibilidad de las citas. Esta combinación de estabilidad económica y un entorno atractivo posiciona a Seattle como una excelente opción para quienes buscan una relación.

– Ciudades que presentan mayores desafíos para las citas

En el otro extremo del ranking se encuentra Pearl City, Hawái, que ocupa el último lugar en el estudio. WalletHub señala que esta pequeña localidad, con una población de aproximadamente 50 mil habitantes, enfrenta limitaciones demográficas significativas. La baja proporción de solteros y la falta de opciones recreativas también influyeron en su puntuación.

Sin embargo, los solteros de Pearl City tienen una alternativa cercana: Honolulu, ubicada en la posición 22, ofrece mejores perspectivas gracias a su vibrante ambiente de playa y una población más numerosa.

Otras ciudades con bajas calificaciones incluyen localidades pequeñas o con costos de vida elevados que dificultan las dinámicas sociales, aunque estas limitaciones pueden variar dependiendo de los recursos disponibles y las preferencias personales.

– Reflexiones finales: el entorno urbano y las posibilidades de encontrar el amor

El estudio de WalletHub subraya la importancia de factores económicos, sociales y demográficos en las experiencias de citas. Ciudades como Atlanta y Las Vegas destacan por combinar asequibilidad y entretenimiento, lo que crea un ambiente propicio para conocer personas. Por otro lado, localidades más pequeñas como Pearl City enfrentan desafíos estructurales que limitan las oportunidades para los solteros.

En última instancia, este análisis invita a reflexionar sobre el papel que juega el entorno urbano en las dinámicas románticas. Para quienes buscan mejorar sus posibilidades de encontrar pareja, mudarse a una ciudad que combine factores favorables podría ser un paso importante hacia una vida romántica más prometedora.

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Heridas Emocionales: las principales razones que nos llevan al psicólogo…


Heridas emocionales: las principales razones que nos llevan al psicólogo

Psicología y Mente(Psicotools) — A lo largo de la vida, todas las personas enfrentamos momentos difíciles que dejan huellas en nuestra mente y corazón.

Estas experiencias, conocidas como heridas emocionales, pueden surgir de eventos como el rechazo, la pérdida de un ser querido, traumas infantiles o conflictos en nuestras relaciones.

Aunque no invisibles, su impacto puede ser tan profundo como el de una herida física, afectando nuestra autoestima, nuestras decisiones y la manera en que nos relacionamos con los demás.

Con frecuencia, intentamos lidiar con estas heridas por nuestra cuenta, pero muchas veces su peso nos supera. En esos momentos, acudir a un psicólogo puede marcar una gran diferencia.

Los profesionales de la salud mental ofrecen un espacio seguro para explorar estas heridas, entender su origen y aprender a manejarlas de manera efectiva.

Veamos qué son las heridas emocionales, cuáles son los principales razones que nos llevan a buscar ayuda psicológica y por qué es tan importante atenderlas. Al comprender más sobre este tema, fomentamos la desestigmatización de la búsqueda de apoyo y reconocemos que sanar es un proceso que requiere cuidado, empatía y, a veces, acompañamiento profesional.

– ¿Qué son las heridas emocionales?

Las heridas emocionales son traumas psicológicos que afectan nuestra salud mental y bienestar emocional a largo plazo. Estas heridas suelen originarse en experiencias dolorosas y estresantes, como abusos, traiciones, rechazos o pérdidas importantes.

A diferencia de las lesiones físicas, las heridas emocionales no son visibles, pero su impacto es profundo y puede influir en nuestras relaciones, nuestra autoestima y nuestra capacidad para enfrentar las dificultades cotidianas.

Las heridas emocionales pueden manifestarse en forma de ansiedad, tristeza, rabia o miedo, y, a menudo, se repiten a lo largo de la vida si no se abordan adecuadamente. En muchos casos, las personas que surgen de estas heridas no son conscientes de su origen ni de su gravedad, lo que puede hacer más difícil la búsqueda de ayuda.

Sin embargo, al comprender estas heridas, se abre la posibilidad de sanación y crecimiento personal mediante el acompañamiento psicológico.

Heridas emocionales: ¿qué son y cómo nos afectan?

– Las principales razones por las que las personas van al psicólogo

Las heridas emocionales afectan a cada persona de una manera única, pero existen razones comunes que motivan a la búsqueda de ayuda profesional. Identificar estos motivos y buscar apoyo psicológico es un acto de valentía que permite el afrontamiento de las heridas emocionales, la sanación y la recuperación del equilibrio emocional. Algunas de las más frecuentes son las siguientes:

1. Trauma o abuso

La vivencia de experiencias traumáticas, como abusos físicos, emocionales o sexuales, generalmente por parte de una persona cercana o incluso del entorno familiar, dejan heridas y cicatrices emocionales muy profundas. Estas heridas pueden manifestarse en forma de flashbacks, miedos intensos, dificultad para confiar en los demás o problemas relacionados con la regulación emocional.

2. Baja autoestima

Muchas personas acuden al psicólogo debido a problemas relacionados con una autopercepción negativa arraigada en experiencias pasadas. La crítica constante, el rechazo o las comparaciones desfavorables pueden llevar a una confianza en uno mismo que dificulta el desarrollo personal y profesional.

3. Estrés y ansiedad

El ritmo de vida actual y la acumulación de responsabilidades pueden generar altos niveles de estrés y ansiedad. Estos pueden manifestarse mediante el insomnio, los pensamientos obsesivos o problemas para mantener la concentración, pudiendo afectar el desempeño en el trabajo y el desarrollo de las relaciones interpersonales.

4. Depresión y tristeza prolongada

Cuando la tristeza se convierte en una constante, se pierde el interés en actividades que antes resultaban placenteras y aparece una sensación de vacío, es común buscar ayuda profesional psicológica. La depresión es una de las razones principales para acudir al psicólogo, ya que afecta profundamente la calidad de vida.

5. Relaciones tóxicas y rupturas

Las dinámicas destructivas desarrolladas en relaciones de pareja, familiares o laborales generan heridas emocionales que dificultan el establecimiento de vínculos saludables. Las rupturas, los conflictos constantes o el abuso emocional suelen motivar a las personas a trabajar en su bienestar emocional.

Heridas Emocionales: las principales razones que nos llevan al psicólogo

– La importancia de ir al psicólogo

Buscar ayuda psicológica es un paso esencial para sanar las heridas emocionales y recuperar el bienestar. Estas heridas, aunque invisibles, afectan la manera en la que pensamos, sentimos y nos relacionamos con los demás. Ignorarlas puede llevar a problemas emocionales más profundos, como trastornos de ansiedad, depresión o incluso enfermedades psicosomáticas.

El psicólogo ofrece un espacio seguro y libre de juicio en el que las personas pueden explorar sus emociones y experiencias dolorosas. A través de técnicas especializadas, ayuda a identificar el origen de las heridas emocionales y a comprender cómo estas influyen en los comportamientos y patrones de pensamiento actuales.

Este proceso de autoconocimiento es fundamental para desarrollar herramientas que permiten la gestión de las emociones de una forma más saludable.

Además, la terapia no solo alivia el sufrimiento emocional, sino que también fomenta el crecimiento personal. Permite mejorar la autoestima, establecer relaciones más saludables y enfrentar los desafíos de la vida con mayor resiliencia.

Acudir al psicólogo no es un signo de debilidad, sino de valentía y compromiso con uno mismo. Reconocer que se necesita ayuda y tomar acción es el primer paso hacia la sanación, mostrando que las heridas emocionales, aunque profundas, pueden cicatrizar con el apoyo adecuado.

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Publico, ergo sum…


La biblioteca de Babel de Borges” de Erik Desmazieres publico
La biblioteca de Babel de Borges, de Erik Desmazieres.

JotDown(E.Bruner) — La escritura, aunque sea un hito reconocido en la historia de la evolución humana, sigue siendo probablemente un elemento infravalorado a nivel de evolución cognitiva. En primer lugar, aumentó hasta un tamaño indefinible y abrumador nuestra capacidad mnemónica, ya que representa el invento del disco duro externo de la mente humana.

En segundo lugar, proporcionó un medio de transmisión y comunicación en el tiempo y en el espacio sin precedentes. En tercer lugar, generó una nueva y poderosa forma de pensar, donde conceptos e ideas se pueden literalmente visualizar, organizar, distribuir, y exportar fuera de nuestra cabeza.

Todo esto en soportes bastante duraderos si los valoramos dentro de la escala de los tiempos históricos, donde los frágiles pendrives pierden de fiabilidad si se comparan con el papiro o con la misma piedra. Scripta, como siempre, manent

Pero, a pesar del poder increíble de la escritura, y de su rol totalmente fundamental en casi todas las sociedades del planeta, tampoco ha tenido el éxito esperado: incluso entre los que han pasado por un proceso de escolarización, los que leemos y escribimos de una forma cotidiana y consistente hemos sido, en todas épocas, una minoría.

En general, la escritura se suele usar más bien para fines prácticos o administrativos, y la mayoría de las veces su potencial se extingue en una lista de la compra, en la redacción de una multa, o en anuncio de alquileres, más que como crisol mental de un ensayo o de un poema. Pero eso es, lo escrito se queda, y es la única forma de compartir un conocimiento en los almacenes de la consciencia colectiva.

No es de extrañar entonces que la ciencia también haya optado por este tipo de soporte, a la hora de tener que construir y transmitir un corpus de contenidos y de datos reconocidos y compartidos por la comunidad de estudiosos e investigadores, un corpus que es la base del conocimiento corriente público, así como de las discrepancias que (se supone) serán el motor de su propia evolución.

Tanto para almacenar ideas como para ponerlas en discusión y propiciar su desarrollo, necesitamos una mesa común, donde poder recopilar y comparar el material disponible en un preciso momento, así como todos los elementos de su historia, o sea, del proceso que lo ha llevado hasta su forma actual.

Fue así como, desde los albores de la investigación, la publicación se volvió el repositorio del saber y de la información científica global.

El método científico, empírico y experimental, necesita un documento publicado para avalar lo que se ha hecho, y lo que no. Un experimento no puede solo ser efectivo o elegante: si no se ha publicado en un medio reconocido y oficial, no existe para el saber colectivo. Y esto, como es de esperar para una especie conflictiva e incoherente como la nuestra, ha generado problemas desde el principio.

La publicación requiere una criba, y esta criba puede estar sujeta a factores que no son científicos, sino que están asociados a jerarquías, políticas, estado económico, clase social o influencias institucionales. Para unos el acceso a la publicación es más sencillo que para otros, lo cual crea un amplio margen para injusticias sociales y abusos de todo tipo.

Para los que piensan que este es un problema reciente, recomiendo leer las Reglas y consejos sobre la investigación científica, donde ya en 1899 Santiago Ramón y Cajal se quejaba de los mismos chanchullos que bien conocemos hoy en día. O Cazadores de dinosaurios, de Deborah Cadbury, donde se ve cómo desde sus orígenes la paleontología y la geología ya estaban manchadas por juegos de poder y de acceso institucional que dependían de rangos académicos y de recursos privados.

Pero, al fin y al cabo, entrando en los detalles, descubrimos que nada de esto es algo exclusivo del mundo de la investigación, sino parte de un paquete de miserias y de fragilidades propio del género humano, que arrastra por todos sus caminos e inquietudes, como sello de la casa.

Así que, si por un lado tenemos que comprometernos para mejorar esta situación (o, por lo menos, para no empeorarla), al mismo tiempo no podemos pretender resolver el problema eliminando de cuajo la publicación científica como herramienta de valoración y de conocimiento.

Sería como intentar arreglar la corrupción de nuestras democracias restaurando las dictaduras, o solucionar la mala gestión de los hospitales eliminando el servicio de salud pública. Juzgar a los científicos (o a la misma ciencia) por sus publicaciones no es un método perfecto de evaluación, pero sigue siendo el único que tenemos, con lo cual más vale cuidarlo, y hacer lo posible para minimizar el impacto de los abusos propios de la raza humana.

En realidad, digamos que, en este preciso momento, la cosa no está saliendo muy bien. Por un lado, la edición científica se está concentrando en las manos de unas pocas multinacionales. Al mismo tiempo, se está generando un mercado descarado, donde el investigador tiene que pagar por ver publicado su trabajo.

No hablamos de calderilla, sino de cientos o miles de euros por cada artículo, que no paga el investigador mismo sino su institución, con el dinero que el investigador le ha aportado trabajando como un comercial que va buscando financiación año tras año. El investigador entonces ya no es autor de la revista, sino un cliente, y el cliente, como sabemos, siempre tiene la razón.

Rechazar un artículo por parte de la multinacional quiere decir perder dinero. Mucho dinero. Y entonces cabe la duda de si el sistema de valoración de estas publicaciones no estará profundamente sesgado por factores de ganancia, que pueden pasar por alto la calidad del trabajo a la hora de decidir si publicarlo o no.

Publico, ergo sum. Cueste lo cueste – Yorokobu

En este nuevo negocio internacional, por un lado, tenemos nuevas empresas bien estructuradas, que tiran de un maquillaje social bien diseñado, y que han generado colosos económicos presentando este negocio como una innovación guay para compartir el saber con todo el mundo: la empresa cobra sus gastos a los autores, y «regala» la publicación a todo el mundo. ¡Todo sea por el bien del planeta!

Por supuesto, la publicación es solamente online, con lo cual estos gastos no parecen justificar los preciosos absurdos de los artículos. Luego, tenemos una cantidad asombrosa de pequeñas empresas improvisadas que aparecen de la nada y que se sujetan en redes pocos trazables de misteriosos proveedores cibernéticos, generalmente orientales. En este caso no se mantiene ni siquiera la decencia editorial, y los «artículos» son casi documentos de texto editados de aquella manera con un portátil y colgados en la red.

Finalmente, tenemos a grandes revistas históricas que, visto el banquete, no han querido renunciar a su cacho de tarta, y han montado revistas paralelas donde desvían, previo pago, todos los artículos que rechazan por el canal formal de aceptación de los trabajos. En todo este convite de carroñeros están los investigadores, o por lo menos una gran mayoría de ellos, que primero se quejan y luego pagan, porque al final más vale subir al carro que quedarse a pie y fuera de la fiesta.

Evidentemente, la única que sale perdiendo es la ciencia, porque la calidad de las publicaciones cae en picado, ahogada en un mercado capitalista que estruja el sistema en nombre del conocimiento. Y la cosa aún ha empeorado recientemente, cuando alguien ha tenido la brillante idea de empezar a vender incluso los artículos ya aceptados y en publicación: si me das un par de miles de euros, pongo tu nombre en un trabajo que está a punto de salir en una revista de impacto y ¡hala, a fardar en Twitter!

Afortunadamente, muchas revistas siguen utilizando el método de publicación tradicional, donde el artículo lo paga la institución que se subscribe al periódico, y no el autor. Es un método que evidentemente no está libre de defectos, pero desde luego tiene muchas más garantías de control y de calidad. En realidad, la mayoría de las revistas ofrecen un método híbrido, donde el autor decide si pagar y dejar que su artículo sea descargable para cualquiera, o seguir el método tradicional.

Como hemos dicho, se defiende el primer método, de «acceso abierto» (open access), diciendo que así el conocimiento será un bien colectivo. Pero basta un poco de sentido común para entender que es una ética postiza, que prospera gracias a las nuevas tendencias de vender abusos en el falso nombre del derecho social.

Son artículos que solo tienen interés para los especialistas, o sea, investigadores que trabajan para alguna institución. Así que el dinero viene de la misma fuente, con una diferencia: en el caso de un acceso abierto, el precio es exorbitante, la pasta la tiene que buscar el autor y, como ya se ha dicho, su nueva posición de cliente expone el sistema a todos los fallos mencionados arriba. 

El número de revistas de pago está aumentando vertiginosamente, así como el número de artículos publicados con estos postulados. Esta burbuja editorial ya huele mal desde hace tiempo, y empieza a ser difícil esconder todo este barro debajo de la alfombra.

Ahora bien, en lugar de apuntar el dedo contra las editoriales, las instituciones y los investigadores que fomentan este tipo de proceso, en muchas situaciones el hipócrita Homo sapiens llora diciendo que es inocente, y que toda la culpa es del cruel sistema de evaluación, que valora a los científicos por su número de publicaciones y los obliga a publicar para seguir adelante con su carrera.

Es el «publish or perish», mecanismo infernal que obliga al bueno y sabio investigador a corromperse para ganarse el salario.

Publico, ergo sum. Cueste lo cueste – Yorokobu

Ante tal planteamiento, si estuviéramos en un sistema racional y sensato, deberíamos considerar dos cuestiones. La primera: ¿es realmente así? ¿Hay una correlación entre producción científica y carrera laboral? Aquí habría que echar cuentas de una forma u otra, pero por lo menos en mi experiencia personal apostaría a que no.

En veinticinco años de profesión no me ha parecido que esta correlación, si es que existe, sea determinante. Para acceder a la docencia universitaria se pide una cantidad de publicaciones bastante escasa, porque prima la enseñanza. Para una gran mayoría de centros de investigación, hoy en día cuenta muchísimo más la habilidad empresarial y el dinero asociado a los proyectos financiados, que la cantidad de artículos.

Y por lo que atañe a estas mismas subvenciones, me puedo equivocar, pero he visto demasiadas veces entregar mucha pasta a proyectos con un escaso y pobre bagaje de publicaciones, o rechazar propuestas avaladas por una larga serie de artículos publicados.

Así que, aparentemente, la publicación de artículos no tiene una gran relevancia a la hora de establecer quién sigue y quién no, elección que, por justa o inicua que sea, suele sufrir el efecto de muchos factores distintos. Es decir, si es que hay una correlación entre número de publicaciones y logros laborales, tiene que ser de todas formas bastante débil. 

La segunda cuestión es menos subjetiva y más lógica: ¿qué hay de malo en valorar a un científico por su producción científica? El «publish or perish» se menciona como una medida injusta y atroz (publica o… ¡muere!), que quita a los que no tienen una producción científica suficiente la posibilidad de llevarse a casa una plaza en una universidad o una subvención millonaria.

¿Y? ¿Es esto injusto? ¿Habría que entregar plazas de investigadores o proyectos financiados a quien no ha logrado aportar resultados científicos a la comunidad? Evidentemente, quien critica la publicación de artículos como parámetro de evaluación no suele proponer alternativas.

Entonces, en el momento en que las multinacionales empiezan a tratar a los científicos como clientes, haciéndoles pagar precios inaceptables para publicar sus trabajos, en el momento en que los investigadores aceptan este sistema, y en el momento que, viéndose desenmascarados, ponen ojitos de cachorro diciendo que se han visto obligados por el malvado sistema de evaluación profesional que exige que produzcan ciencia, algo va tremendamente mal.

Y, siendo este un sistema que hoy en día cuenta con el apoyo sustancial de todas las partes implicadas (una gran mayoría de editores, instituciones e investigadores), tampoco es saludable para uno meterse en una cruzada, y sería más recomendable quedarse al margen, dejando que la historia y la sociedad recoja el fruto de sus propias decisiones democráticas. Eso sí, como decía al principio, si no se puede mejorar la cosa, por lo menos hay que intentar no empeorarlas, e intentar dar ejemplos alternativos.

Publico, ergo sum. Cueste lo cueste – Yorokobu

Tengo la sensación que los que hablamos abiertamente de estos problemas, que denunciamos estas dinámicas, y que intentamos transitar y promocionar, en la medida de lo posible, caminos alternativos, no somos muchos.

Curiosamente, yo ya he hablado de muchos de estos temas en otros artículos, y en particular en tres publicaciones que delataban por un lado los abusos de las editoriales científicas, y al mismo tiempo la complicidad de una buena mayoría de instituciones científicas y de investigadores, que están fomentando el valor de la capacidad económica (mover dinero) a expensas de la capacidad científica.

Los artículos se publicaron en la página web de la revista Investigación y Ciencia, que desde hace casi medio siglo representaba la principal revista de divulgación científica en español. Fatalmente, mira tú por dónde, la revista fue adquirida por la multinacional Springer Nature que, en un año, la cerró.

Acto seguido, borró casi cincuenta años de archivos, cancelando todo el material que se había publicado tanto en papel como en digital. Lo cual, en nuestra época, corresponde a una verdadera quema de libros. La misma multinacional controla quizás la loncha principal del mercado, y en sus fabulosas redes sociales farda de hermosos compromisos con el saber y con la promoción de la investigación.

Valga para la ciencia, como para todo, el famoso y sencillo lema del sabio: «Si quieres entender a las personas, no tienes que escuchar lo que dicen, sino mirar lo que hacen».

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Descubren nueva especie humana que desafía teorías sobre evolución y reescribe la historia de nuestra especie…


Esquire(D.Orf) — Aunque en la actualidad sólo existe una especie de homínido (una tribu de la subfamilia Homininae) en el planeta -el bueno del Homo sapiens-, la familia humana, a lo largo de la historia geológicamente más reciente de la Tierra, estuvo compuesta por un complejo cuadro de miembros. Y a lo largo de los años, los científicos han intentado hacerse una idea más clara de esa historia prehistórica excavando antiguos yacimientos humanos por todo el mundo.

Ahora, antropólogos de la Academia China de Ciencias y de la Universidad de Hawai ilustran un capítulo hasta ahora desconocido -o, mejor dicho, sin categoría- de esa historia con la introducción de una nueva especie humana, H. juluensis. Los investigadores publicaron los detalles de esta nueva especie en las revistas Nature Communications y PaleoAnthropology.

H. juluensis -cuyo nombre significa “cabeza grande”- prosperó en Asia oriental desde hace 300.000 años hasta hace unos 50.000, cuando la especie se extinguió. Según los investigadores, este grupo probablemente cazaba caballos salvajes, fabricaba herramientas de piedra e incluso procesaba pieles de animales para sobrevivir a los frígidos inviernos. Christopher J. Bae, de la Universidad de Hawai, explicó que el descubrimiento de esta posible nueva especie se produjo cuando él y su equipo estaban ideando un nuevo sistema para organizar las pruebas fósiles.

“Aunque comenzamos este proyecto hace varios años, no esperábamos ser capaces de proponer una nueva especie de homínido (antepasado humano) y luego ser capaces de organizar los fósiles de homínidos de Asia en diferentes grupos”, dijo Bae en un comunicado de prensa. “Este estudio aclara un registro fósil de homínidos que ha tendido a incluir todo lo que no puede asignarse fácilmente a Homo erectus, Homo neanderthalensis u Homo sapiens”.

Un posible miembro de la nueva especie H. juluensis no es ni mucho menos un recién llegado a la ciencia. Los denisovianos -identificados por primera vez en 2010 a través del ADN extraído del hueso del dedo de una niña encontrada en Siberia- nunca han recibido una clasificación de especie, pero Bae cree que podrían pertenecer a esta nueva especie.

Parental y mandíbula de la nueva especie encontrada
Parental y mandíbula de la nueva especie encontrada 

H. juluensis también podría resolver otro misterio de los fósiles de homínidos de Xujiayao, que durante mucho tiempo han dejado perplejos a los investigadores, ya que los restos muestran una mezcla de rasgos de H. erectus y H. sapiens.

Según un estudio de los científicos en la revista PaleoAnthropology, estos restos se han confundido con diversas representaciones taxonómicas, pero señalan que las diferencias en el cráneo (spoiler: es grande), los dientes y mandíbulas, y algunos otros rasgos denotan una nueva especie representada en restos fósiles como Penghu 1 (mandíbula), Xiahe (mandíbula), Xuchang (cráneo parcial) y diversos fósiles de Denisova.

Aunque se trata de un argumento convincente de que estos especímenes concretos pertenecen a una especie humana desconocida hasta ahora, se necesitarán más investigaciones antes de que los antropólogos saquen a relucir las pancartas de “Bienvenidos a la familia”. Pero como estos fósiles siguen desafiando la clasificación de las especies, es probable que sólo sea cuestión de tiempo que la tribu de los homínidos aumente en uno (o más).

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¿Nos hacen felices las luces de Navidad? Esto dice la ciencia…


Las mejores luces navideñas están aquí

“La luz en las vidrieras celestiales tenía la fragancia de las rosas, y mi alma fue toda en aquella gracia como en un huerto sagrado… Amé la luz como la esencia de mí mismo”.

The Conversation(A.M.P.García) — Así describía don Ramón del Valle-Inclán en La lámpara maravillosa la experiencia casi mística que vivió una tarde en la catedral de León. Y aunque no sepamos explicarla de manera tan sublime, puede que todos hayamos percibido alguna vez una “imagen o sensación subjetiva, propia de un sentido, determinada por otra sensación que afecta a un sentido diferente”. Es decir, una sinestesia.

La cuestión es: ¿huele siempre la luz como las rosas? ¿Podría oler también a Navidad y a recuerdos de tiempos felices? Consciente o inconscientemente, alcaldes y alcaldesas de todo el mundo creen que sí.

– La carrera por el alumbrado navideño: todo lo que quiero es… luz

Recientemente leíamos que Puente Genil (Córdoba) ha encendido su alumbrado navideño el 14 de noviembre. Pero la marca ha ido justa, pues solo dos días después, Vigo hacía lo propio encendiendo la friolera de 11 millones de LED. Y es que su alcalde, Abel Caballero, es conocido dentro y fuera de España por lo fastuoso de su alumbrado y su apuesta decidida por convertirlo en atractivo turístico y económico.

– ¿Qué dice la ciencia?

La ciencia dice varias cosas al respecto. Una de ellas es obvia: el gasto energético es considerable, hecho que afortunadamente se ha aliviado en los últimos años con el reemplazo de las clásicas bombillitas incandescentes de colores por luces LED, cuyo consumo es mucho menor. Para hacernos una idea, la potencia del alumbrado navideño de la ciudad de Granada es de 193 kW, equivalente a unos 200 microondas funcionando al máximo.

También sabemos que la atmósfera esparce la luz en todas direcciones. Y lo hace de manera mucho más acusada con las luces azules que con las cálidas, dando lugar a ese azul del cielo que tanto nos alegra el alma.

Pero parte de esa luz que sale despedida cual bola de pinball escapa hacia arriba. Y luz que no llega a los ojos es luz que no ilumina y, por tanto, energía desperdiciada.

Si además esa luz altera los ritmos fisiológicos de plantas y animales y afecta a las observaciones astronómicas de telescopios y aficionados, el perjuicio es patente. Es lo que llamamos contaminación lumínica y, aunque la legislación española la combate, muchas leyes autonómicas excluyen de las limitaciones al alumbrado festivo.

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– El estrés posible

¿Qué más nos dice la ciencia sobre un alumbrado navideño (o de cualquier otro alumbrado) excesivamente intenso y estridente? Que puede estresar a las personas interrumpiendo la secreción de la melatonina y aumentando la de cortisol durante la noche. Y eso no es buena idea porque la melatonina nos relaja antes de dormir y el cortisol nos activa al despertarnos.

Cuando los afectados son los paseantes, las consecuencias son menos serias, ya que en la calle debemos tener siempre cierto nivel de alerta para evitar accidentes e interactuar con el medio. Sin embargo, cuando un alumbrado navideño estridente penetra en nuestros hogares por las ventanas y rendijas de las persianas, la interrupción de ritmos circadianos tan importantes como el sueño-vigilia puede ser realmente negativa.

Llegados a este punto, parece que ciencia y alumbrado navideño son difícilmente conciliables. Pero la Navidad es tiempo de reconciliación donde todo es posible.

– ¿Algún argumento científico favorable?

Pese al mayor consumo energético, la contaminación lumínica, coste inicial de todos esos LED, mantenimiento, futuro reciclado, etc., hay un hecho innegable: aunque cada uno sea un mundo, un ambiente iluminado alegra a muchas más personas de las que entristece. Al ser humano le gusta la luz. Y los políticos que compiten por el alumbrado más espectacular lo saben. Y los comerciantes y publicistas, también.

Esto no debería causar sorpresa si tenemos en cuenta que nuestra estrella y fuente de vida nos mantiene vivos dándonos luz y calor. Podemos cambiar de dieta, pero una ligera variación en la radiación que nos llega del Sol acabaría con la vida de un plumazo. Puede afirmarse con rotundidad que la luz y sus radiaciones hermanas (infrarrojo y ultravioleta) constituyen nuestro alimento primordial.

Una mañana soleada coronada por un cielo azul eleva el espíritu mucho más que un día nublado y plomizo. ¿Vendrían tantos ciudadanos del centro y norte de Europa a pasar el resto de sus vidas en España tras jubilarse si no tuviéramos la luz que tenemos?

Por tanto, parece claro que el alumbrado navideño hace sentir mejor y más feliz a muchísimas personas que viven como un verdadero acontecimiento el encendido cada año. Conscientes de ello, en ciudades como Madrid se las han ingeniado para que nadie deje de disfrutarlo.

Pero pese a la influencia beneficiosa de la luz sobre nuestro estado de ánimo, no sabemos cuánta necesitamos para sentirnos más seguros ni más felices.

Nos hacen felices las luces de Navidad? Esto dice la ciencia

De hecho, cuantificarla constituye el Santo Grial de la luminotecnia y la iluminación. Conocemos relativamente bien la relación entre luz y melatonina, somnolencia, temperatura corporal, atención, etc. Pero seguimos dando palos de ciego al elucubrar, por ejemplo, sobre cómo influye la luz en la amígdala, una parte de nuestro cerebro relacionada con emociones y recuerdos positivos.

Al preguntarnos por los alumbrados navideños en España, me atrevo a decir que nos hacen más felices pero, en general, hay que moderarlos en intensidad y estridencia por su impacto nada despreciable y por un uso responsable de los recursos.

Seguiremos investigando cuánta luz es necesaria para que huela a Navidad.

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Las 10 familias más ricas del mundo en 2024…


Infobae(D.Martignoni) — En un mundo donde el poder económico se concentra en manos de unas pocas dinastías, las familias más adineradas no solo acumulan vastas fortunas, sino que también moldean industrias enteras y ejercen una influencia significativa en la economía global. Según el informe anual de Bloomberg sobre las mayores fortunas familiares, el 2024 ha sido un año excepcionalmente lucrativo para estas élites.

1. Familia Walton

  • Patrimonio estimado: USD 432.400 millones
  • Origen de la riqueza: Walmart

Su historia es un ejemplo de cómo la riqueza puede trascender el tiempo y las generaciones, manteniendo su expansión intacta gracias a una combinación de decisiones inteligentes, unidad familiar y visión a largo plazo.

Hoy, más de seis décadas después de la apertura de la primera tienda Walmart, los descendientes de Sam Walton, el fundador de Walmart Inc., son los más ricos del planeta, con una fortuna que alcanza los 432.400 mil millones de dólares, según informa Bloomberg en su listado de las 10 familias más ricas del planeta.

A través de Walton Enterprises, la empresa que gestiona el patrimonio familiar, han logrado consolidarse como una de las dinastías más poderosas del mundo. Aunque el modesto edificio que alberga la sede de la empresa en Bentonville, Arkansas, no lo indique a simple vista, detrás de esas paredes se esconde la riqueza de una de las familias más influyentes de la historia económica.

El secreto detrás del impresionante aumento de la fortuna de los Walton no radica solo en una visión empresarial acertada, sino también en la capacidad de aprovechar al máximo las acciones de Walmart.

De hecho, el incremento de un 80% en el valor de sus acciones durante 2023 fue fundamental para que la familia aumentara su riqueza en 172.700 millones de dólares en solo 12 meses.

Este crecimiento ha sido tan vertiginoso que la familia sumó 473 millones de dólares al día o 328.577 dólares por minuto, desbancando a otras familias millonarias, como los jeques emiratíes, que ocuparon el primer lugar en el ranking de Bloomberg en 2023.

El principio que subyace a este éxito es claro: la riqueza genera más riqueza. Walmart, bajo la dirección de la familia Walton, ha sido el motor de este crecimiento sostenido. Desde la muerte de Sam Walton en 1992, los herederos han mantenido la cohesión familiar, lo que ha asegurado que la fortuna de la familia continúe creciendo gracias a la propiedad controlada colectivamente.

La familia Walton recuperó el primer puesto del ranking global

Sam Walton, al ser consciente de que el control familiar era esencial para mantener la unidad y el crecimiento de su imperio, implementó una estrategia clara desde el principio: dividir su fortuna entre sus hijos para que pudieran trabajar juntos y mantener la riqueza unificada. Este modelo de propiedad compartida ha sido fundamental para la prosperidad de la familia Walton y se ha convertido en un ejemplo para otras dinastías millonarias.

A través de la gestión de Walton Enterprises, la familia ha logrado preservar la mayoría de su participación en Walmart, lo que les ha permitido seguir siendo los principales accionistas de la empresa que fundó Sam Walton. Este modelo de gobernanza familiar ha sido un pilar en el éxito a largo plazo de la familia, pues ha permitido a los miembros mantener el control sobre sus activos y fortalecer la relación entre ellos, a pesar de las diferencias o intereses individuales.

Aunque Walmart sigue siendo el pilar principal de la fortuna Walton, la familia ha sabido diversificar sus inversiones a lo largo de los años. Un ejemplo destacado de esta diversificación fue la compra en 2022 de los Denver Broncos de la NFL, por un monto récord de 4.650 millones de dólares. Este movimiento no solo ha aumentado su riqueza, sino que también ha establecido a los Walton como una familia de gran influencia en el mundo deportivo.

A nivel cultural, Alice Walton, hija de Sam, ha transformado la ciudad de Bentonville en un destino cultural a través de la creación de un museo de arte de renombre internacional. Este proyecto es solo una muestra del interés de los Walton por invertir en proyectos fuera del ámbito de la venta al por menor.

Además, Lukas Walton, nieto de Sam, ha dedicado parte de su fortuna a Builders Vision, una plataforma multidisciplinaria que abarca inversiones, filantropía y la lucha contra la crisis climática, lo que refleja cómo la familia ha comenzado a alejarse del comercio tradicional para involucrarse en iniciativas que podrían tener un impacto global positivo.

2. Familia Al Nahyan

  • Patrimonio estimado: USD 323.900 millones
  • Origen de la riqueza: Petróleo y fondos soberanos

Al Nahyan de Emiratos Árabes Unidos continúa dominando la economía petrolera y fondos soberanos

Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos y hogar de la mayoría de sus vastas reservas de petróleo, ha sido liderado durante décadas por la familia Al Nahyan, incluso antes de que la explotación petrolera transformara la economía local y la riqueza de la realeza.

Actualmente, el jeque Mohamed bin Zayed Al Nahyan ejerce como gobernante de Abu Dabi y presidente del país. Otros integrantes de la familia ocupan puestos clave en el gobierno y en empresas privadas.

3. Familia Al Thani

  • Patrimonio estimado: USD 172.900 millones
  • Origen de la riqueza: Gas natural y petróleo

La dinastía Qatarí Al Thani diversifica sus inversiones globalmente

El legado de los Al Thani, gobernantes de Qatar, se remonta a mediados del siglo XIX. La explotación de los vastos campos de gas offshore del país ha sido la base de su ascenso económico.

Más allá del sector energético, los Al Thani poseen activos internacionales en bienes raíces como propiedades en Londres, moda y deportes ecuestres, consolidando su presencia en diversas áreas de la economía global.

4. Familia Hermès

  • Patrimonio estimado: USD 170.600 millones
  • Origen de la riqueza: Moda de lujo

Desde 1837, Hermès ha pasado de una pequeña casa de moda a un icono mundial de lujo, manteniendo una estructura cohesiva para asegurar su prestigio y éxito continuo

Desde sus inicios en 1837, la casa Hermès ha pasado por seis generaciones, transformándose en un emblema de lujo y sofisticación.

Con productos icónicos como los bolsos Birkin, y los pañuelos de seda, la familia ha mantenido una estructura unificada, creando una oficina centralizada en 2022 para gestionar sus diversas inversiones y garantizar su cohesión empresarial.

5. Familia Koch

  • Patrimonio estimado: USD 148.500 millones
  • Origen de la riqueza: Conglomerado industrial

Koch Industries combina conglomerado industrial en energía, químicos y bienes de consumo

Los Koch han convertido su empresa familiar en un imperio industrial con ingresos anuales cercanos a los 125 mil millones de dólares.

Desde su base en Wichita, Kansas, se han expandido a diversas áreas, incluyendo energía, productos químicos, gas natural, plásticos y bienes de consumo. 

A través de su oficina familiar, 1888 Management, la familia asegura el manejo estratégico de sus vastos recursos.

6. Familia Al Saud

  • Patrimonio estimado: USD 140.000 millones
  • Origen de la riqueza: Petróleo y pagos reales

La familia Al Saud de Arabia Saudita producen su fortuna principalmente a través de la industria petrolera

La monarquía saudita, con 92 años de historia, debe su inmensa fortuna a las vastas reservas de petróleo del país. 

Su patrimonio neto estimado proviene principalmente de los pagos acumulados que los miembros de la familia real han recibido durante las últimas cinco décadas del Royal Diwan, la oficina ejecutiva del rey.

Muchos de los miembros de la realeza incrementaron su fortuna mediante la intermediación de contratos gubernamentales, transacciones de tierras y la creación de empresas que proveen servicios a compañías estatales como Saudi Aramco.

7. Familia Mars

  • Patrimonio estimado: USD 133.800 millones
  • Origen de la riqueza: Confitería y cuidado de mascotas

Frank Mars comenzó a vender caramelos de melaza en 1902, a los 19 años, y fundó un negocio ahora conocido por productos como M&M’s, Milky Way y Snickers.

Hoy en día, los productos para el cuidado de mascotas representan más de la mitad de los ingresos de la empresa. 

Este año, Mars adquirió por 36.000 millones, incluida la deuda, el fabricante de snacks Kellanova, conocido por sus productos Cheez-Its y Pringles.

8. Familia Ambani

  • Patrimonio estimado: USD 99.600 millones
  • Origen de la riqueza: Reliance Industries

A través del conglomerado Reliance Industries, la familia Ambani lidera sectores químicos y telecomunicaciones

Mukesh Ambani lidera este conglomerado indio que opera el complejo de refinación de petróleo más grande del mundo. 

Desde su sede en Mumbai, Reliance Industries durante el trascurso de los años se ha diversificado en el área de telecomunicaciones, en la industria química, comercio minorista y energía renovable, consolidándose como un pilar de la economía india.

9. Familia Wertheimer

  • Patrimonio estimado: USD 88 mil millones
  • Origen de la riqueza: Chanel

Alain y Gérard Wertheimer lideran Chanel, la célebre casa de moda fundada en los años 20 tras la visión empresarial de su abuelo, quien apostó por el talento de Coco Chanel en París.

Bajo su dirección, la marca se ha consolidado como un símbolo de la alta costura, destacando con piezas icónicas como el “Little Black Dress” y logrando ingresos de casi 20.000 millones de dólares en 2023. 

Además de su éxito en el mundo de la moda, la familia ha diversificado su fortuna con inversiones en viñedos y carreras de caballos.

10. Familia Thomson

  • Patrimonio estimado: USD 87.100 millones
  • Origen de la riqueza: Medios de comunicación

De la radio al imperio mediático: la transformación de un modesto origen en Ontario a un gigante en los servicios financieros en Toronto muestra la expansión estratégica de la familia Thomson

La fortuna de la familia más acaudalada de Canadá se remonta a los años 30, cuando Roy Thomson inauguró una estación de radio en Ontario, marcando el inicio de un imperio mediático.

Posteriormente, expandió su influencia al sector de la prensa, consolidándose como el principal propietario de medios en el país.

Actualmente, la familia controla cerca del 70% de Thomson Reuters, líder en datos y servicios financieros, a través de su firma de inversiones Woodbridge. Con sede en Toronto, la compañía registró ingresos de 6,800 millones de dólares en 2023.

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¿Han arruinado los móviles la salud mental de los jóvenes? La ciencia busca explicaciones a un problema universal…


El Diario(A.M.Ron) — El 9 de enero de 2007, cuando Steve Jobs presentó el primer iPhone y anunció que iba a “reinventar el teléfono”, el mundo de las comunicaciones cambió para siempre. Pero aquel día, según el psicólogo estadounidense Jonathan Haidt, se produjo otro cambio siniestro e inesperado: fue el pistoletazo de salida de la gran crisis de salud mental que atenaza hoy a jóvenes y adolescentes, con tasas de ansiedad y de depresión nunca vistos.

Esta es la atrevida tesis de su nuevo libro, La generación ansiosa, que se publicará en español a finales de mayo y en el que pone el foco en el supuesto “recableado mental” que ha experimentado la llamada generación Z por culpa de las nuevas tecnologías y el botón de “me gusta”. “Sostengo que esta gran reconfiguración de la infancia es la principal razón del maremoto de enfermedades mentales en los adolescentes que comenzó a principios de la década de 2010”, escribe Haidt. 

El autor también defiende que los padres de estos niños cometimos el error de sobreprotegerlos en el mundo real, mientras los dejábamos indefensos en el mundo virtual cuyos peligros se desconocían, como si los hubiésemos enviado al planeta Marte sin conocer previamente las condiciones. “Estas son las razones principales por las que los niños nacidos después de 1995 se convirtieron en la generación ansiosa”, resume.

“No está respaldado por la ciencia”

El libro ya ha tenido respuesta de conocidos científicos que estudian la cuestión. La psicóloga Candice L. Odgers, de la Universidad de California en Irvine, rebatió los argumentos de Haidt en la revista Nature y le acusó de establecer una falsa relación causal entre dos factores que coinciden en el tiempo. También anticipa que el libro va a vender muchos ejemplares por su enfoque amarillista “que muchos padres están dispuestos a creer”, aunque su tesis central “no está respaldada por la ciencia”. 

“Un análisis realizado en 72 países no muestra asociaciones consistentes o medibles entre el bienestar y el despliegue de las redes sociales a nivel mundial”, escribió la experta. “Además, los hallazgos del estudio Adolescent Brain Cognitive Development, el mayor estudio a largo plazo sobre el desarrollo del cerebro adolescente en los Estados Unidos, no han encontrado evidencia de cambios drásticos asociados con el uso de la tecnología digital”.

Haidt se ha defendido con una gran profusión de datos en su popular newsletter, en la que admite que este miedo a que los jóvenes se estén “pervirtiendo” es un tic generacional que se repite desde la antigüedad. “Hasta ahora, los escépticos han tenido razón la mayoría de las veces, y cuando tienen razón, se ganan el derecho de llamar alarmistas a los que han fomentado un pánico moral infundado”, escribe.

Pero, como pasó antes con el tabaco, el alcohol o la violencia en televisión, los escépticos no siempre tienen razón, advierte. Como en el cuento de Pedro y el lobo, sugiere, “la pregunta que tenemos que hacernos es la siguiente: ¿tienen razón los escépticos… o realmente el lobo llegó alrededor de 2012 y desde entonces ha estado atacando a los jóvenes a través de sus teléfonos inteligentes y cuentas de redes sociales?”.

Han arruinado los móviles la salud mental de los jóvenes? La ciencia busca  explicaciones a un problema universal

Separar el trigo de la paja

Para tener una visión fundamentada y completa del problema, conviene reconocer primero los hechos que recoge Haidt que son incontestables. A lo largo de su libro, el psicólogo muestra las tablas con la evolución de las tasas de depresión y ansiedad en Estados Unidos y en otros países, y en todos se repite la misma tónica.

A partir de 2010, en las sociedades occidentales se disparan los problemas de salud mental en todos los tramos de edad, pero entre adolescentes y jóvenes se observan aumentos de hasta el 134% en ansiedad y del 104% en depresión, con especial incidencia en las mujeres. Si acudimos a los datos de España observamos lo mismo: las cifras se disparan en los dos grupos de edad, de 15 a 19 años y de 20 a 24.

“Lo que postula Haidt es que ya tenemos estudios que hablan de causalidad y no solo de correlación”, explica Gregorio Montero, médico psiquiatra infantil y juvenil, experto en TDAH y problemas con las nuevas tecnologías.

“Y desde el otro lado, donde yo me incluyo, se le critica que efectivamente no tenemos estudios longitudinales con una población muy amplia que demuestren claramente una relación causal, porque para eso necesitamos ensayos clínicos aleatorizados, y es muy difícil hacerlos, sobre todo con grandes poblaciones”.

La sensación entre la comunidad científica, resume, es que Haidt se está dejando llevar por el sensacionalismo y que su libro está plagado de afirmaciones que no son del todo ciertas a nivel científico, aunque el problema sobre el que pone el foco sea grave y muchas de sus recetas, válidas.

“Mamá, ¡mírame a los ojos!”

“A esta generación le ha pasado mucho más que el iPhone”, asegura Sara Toledano, psicóloga de la Fundación Manantial. “A estos jóvenes también les ha pasado tener unos padres que están igual de estresados que ellos, dedicando toda la energía al trabajo y que están usando muchas veces las redes para desconectar”, apunta. Y recuerda el caso de una paciente que sufrió un shock cuando su hija le dijo: “Mamá, ¡mírame a los ojos!”.

Un estudio confirma que los smartphones están afectando a la salud mental  de los niños

“Lo que yo veo en consulta es que padres y madres trabajan cada vez más horas y los chavales están cada vez más solos”, recalca Montero. “Si un chaval está solo porque sus padres no llegan a final de mes y no tienen más remedio que trabajar todo el día, y al mismo tiempo otros chavales están como él, tenemos el cóctel perfecto”, asegura.

Así que, en general, no es solo el hecho de usar el móvil y las redes, hay que entender el contexto, lo mismo que sucede con el alcohol y otras drogas. “Es muy diferente tomar cerveza que tomar tequila, y tomarte un vino porque ha ganado tu equipo el sábado, que tomarte un tequila por las noches, que es lo que hacen [metafóricamente] los adolescentes”.

“Por mi experiencia y mi conocimiento —insiste Toledano—, te puedo decir que en el campo de la salud mental no podemos establecer causas directas de ningún problema, no funciona la causalidad lineal”. 

Ella y su equipo lideraron recientemente el informe #Rayadas en el que se abordaba con profundidad este asunto y se mostraba su especial incidencia en las mujeres más jóvenes. En este estudio trataron de entender qué ocurre a nivel emocional con la población entre 16 y 24 años y la conclusión es que la causa es multifactorial, aunque las pantallas lo hayan empeorado. 

“En el estudio preguntábamos a estos 2.000 chicos cuáles eran las preocupaciones que asociaban a su salud mental, y colocaban la crisis climática, el desempleo y la ausencia de expectativas como tres factores muy importantes que condicionaban su bienestar o malestar emocional”, recuerda.

“Lo que sí creo es que las redes sociales han supuesto un cambio en el comportamiento, en la manera de ser y de percibir el mundo y, por tanto, en el bienestar o malestar emocional de estos jóvenes, pero que impacta igual que el resto del contexto social”, asegura.

“Creo que es multifactorial, pero está claro que estamos ante un experimento en tiempo real en todo el mundo”, afirma Gabriel Rubio, catedrático de la Universidad Complutense (UCM) y jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Doce de Octubre.

“Lo que sí que vemos en las consultas es que cuanto más grave es el cuadro clínico que tiene el joven, mayor es el enganche que tiene con el móvil y las redes sociales”. Hace un año, en la facultad de Medicina de la UCM, en la que él trabaja, hicieron una encuesta anónima en la que participaron 657 estudiantes, casi el 70% de los matriculados.

“Y nos encontramos que una de las conductas que claramente estaba más sobrerrepresentada era la de uso abusivo de las tecnologías, la adicción al móvil”, asegura. “¡Y esto en estudiantes de Medicina!”. 

Arruinaron los celulares la salud mental de los jóvenes? La ciencia busca  explicaciones a un problema

Adolescencia vulnerable 

Un posible argumento contra la tesis de Haidt es que este aumento de los problemas de salud mental está presente en todos los tramos de edad, como si la causa fuera el gran cambio en los modos de vida, en las formas de relacionarse y de informarse.

“Pero no hay que olvidar que es mucho más fácil condicionar los rasgos de personalidad de un crío que de una persona de 35 años”, matiza el doctor Rubio. “Cuando un chaval está conectado en redes sociales desde los 11 años, acostumbrado a que le respondan, a que se le acepte, a los likes, le estás condicionado su forma de ser, seguramente para mal”.

“El motivo por el que nos preocupa más la adolescencia es por el desarrollo cerebral”, afirma Rubén Baler, especialista en salud del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de EEUU (NIDA). “La adolescencia es un periodo de vulnerabilidad y las autoridades de salud pública tienen una responsabilidad mayor de enfatizar el mensaje e intervenir de forma temprana para poner a esos individuos en una trayectoria más saludable”.

Para Baler, de visita en España por el Congreso Mundial de Patología Dual de Mallorca para hablar de este tema, aunque el mensaje de Haidt sea simplificador y no del todo correcto científicamente, es mejor pasarse de alarmista que reaccionar tarde.

“No cuesta tanto hacer algo preventivo”, sostiene. “Yo creo que los responsables deberían al menos tomarlo con cautela, para que los adolescentes no sufran los efectos más contundentes y nocivos que, sospechamos, pueden tener”. Y recuerda que hay ejemplos en la historia en los que, a pesar de que no había una prueba contundente de estudios longitudinales, resultó que se debía a intereses de la industria, como pasó con el tabaco, o la culpabilización de las grasas de los problemas cardiovasculares, cuando lo que estaba detrás era sobre todo el azúcar. 

“En medicina y psicología conviene aplicar el principio de prudencia”, coincide Montero. “Que la ciencia no haya demostrado al 100% que la epidemia de trastornos mentales en adolescentes y adultos sea por las redes sociales o los smartphones, no significa que no debamos hacer nada al respecto ni tomar medidas”.

Aunque los argumentos de Haidt son muchas veces inconsistentes, las recomendaciones que hace en su libro le parecen válidas: retrasar la compra del smartphone y el acceso a las redes sociales, evitar el uso de dispositivos digitales en los centros escolares y la supervisión por parte de los padres para enseñar a los jóvenes a usarlos.

“Hay que enseñarles a conducir y ponerse al volante del móvil, pero para circular con responsabilidad y madurez”, concluye.

“Nos han puesto en un experimento global de magnitudes épicas, en el cual millones de ciudadanos en el mundo somos conejillos de Indias”, asegura Baler. “Lo que hay que conseguir es una alfabetización, el primer paso es educarnos, porque la gran mayoría están viviendo como sonámbulos sin darse cuenta de lo que está pasando”.

“A los chavales hay que ayudarles desde la escuela y la familia a que tomen cierta distancia crítica de los mensajes que escuchan, que puedan tener experiencias presenciales, relacionales, y no solo a través de las redes sociales”, recomienda Toledano. “Hay que volver a hacer interesante el mundo real”. 

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Siempre quiero tener la razón: ¿qué puedo hacer?…


Siempre quiero tener la razón: ¿qué puedo hacer?

Psicología y Mente(L.Gómez) — Gracias a la democracia, todo el mundo tiene derecho a opinar.

Sin embargo, esto puede ser también un cultivo de conflictos, porque a todos nos gusta llevar la razón.

Cuando nos dan la razón, nos suben la autoestima y nos ayuda a reafirmar nuestras creencias.

Esto no quita que sea importante para mantener las relaciones el respetar las opiniones de los demás y el ser capaces de apreciar su punto de vista.

Querer tener siempre la razón puede conducir a relaciones desiguales, convivencias hostiles o al aislamiento, además de suponer mucha energía, tiempo, sufrimiento e incluso problemas de salud.

A nadie nos gusta discutir (aunque a veces parezca lo contrario). Es por eso por lo que imagino que estás aquí, en este artículo. Sigue leyendo y te cuento por qué y qué hacer si siempre quieres tener la razón.

– ¿Por qué siempre quiero tener la razón?

Cuando nos empeñamos por querer tener siempre la razón, estamos subestimando la opinión de los demás y mostrándonos poco empáticos. Por eso es difícil entender por qué nos ocurre esto.

Pues depende de diversos hábitos y características estables en el tiempo comunes entre todas las personas. ¿Y cómo es que no todo el mundo quiere tener siempre la razón? La diferencia está en que, dependiendo de cada uno/a, podemos mostrar las características y hábitos en mayor o menor medida.

1. Inflexibilidad cognitiva

El primer rasgo que puede determinar el querer llevar la razón es la inflexibilidad cognitiva. Cuando somos inflexibles cognitivamente, nuestros esquemas mentales están estructurados de manera que están muy bien instaurados y confirmados.

Estos esquemas mentales se van formando gracias a las experiencias y aprendizajes a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, puede ocurrir que no tengamos la mente abierta como para aprender información contradictoria a nuestros esquemas mentales, tan bien asentados.

De esta manera, preferimos discutir para intentar cambiar la perspectiva del otro y tener nosotros la razón, en vez de intentar integrar lo que está diciendo la otra persona en nuestros esquemas.

2. Miedo a equivocarnos

Como he mencionado, querer tener la razón es también algo compartido entre todas las personas, pero puede llegar a ser un problema cuando queremos que siempre sea así, incluso en las veces en las que sepamos que somos nosotros los que nos equivocamos.

Y es que realmente nos da miedo cometer un error, y por tal de no aceptarlo o que lo descubran los demás, preferimos seguir defendiendo nuestro punto de vista. Es una manera de evitar sentirnos juzgados, lo cual nos preocupa porque posiblemente, en algún momento de nuestras vidas, nos regañaban por cometer errores. Sin embargo, querer tener siempre la razón no hace más que empeorar nuestra relación con los que nos rodean.

3. Querer el control de la situación

Obsesión por querer tener la razón | Activital Psicólogos

La incertidumbre es una de las causas más frecuentes del malestar psicológico.

La falta de información segura y predecible ante una situación nos crea ansiedad y miedo.

Esto es debido a que el cuerpo, cuando no sabe lo que va a pasar, se prepara ante un posible problema.

Cuando no tenemos el control de la situación, hay muchas personas que sienten incertidumbre, porque no dependen de ellas lo que va a ocurrir y no son capaces de predecirlo de otra manera, o no les gusta lo que va a pasar.

Conseguir tener siempre la razón asegura que se haga lo que nosotros decimos, y no dependemos de la opinión impredecible de los demás.

4. Defender nuestra autoestima

En el momento en el que alguien está opinando distinto a nuestros esquemas cognitivos, puede ocurrir lo que se llama una disonancia cognitiva: una discrepancia entre nuestros esquemas cognitivos y lo que está ocurriendo. Si tenemos una disonancia cognitiva, es posible que sea porque nuestros esquemas están equivocados.

Asumir que nuestros esquemas son erróneos puede ser un duro golpe a nuestra autoestima. Supondría de nuevo admitir que nos hemos equivocado, pero posiblemente desde hace años, porque esos esquemas mentales los teníamos desde hace tiempo.

Por eso, cuando alguien nos lleva la contraria, podemos sentirnos atacados, porque están intentando cambiar algo muy nuestro desde hace tiempo, que es parte ya de nosotros y de nuestra personalidad. Es más, por eso podemos incluso reaccionar agresivamente, y preferimos despreciar la opinión de los otros antes de que nos desprecien a nosotros. Que nos den la razón siempre, en cierta manera, nos da más prestigio.

– ¿Qué hago si siempre quiero tener la razón?

Entender por qué queremos siempre tener la razón no justifica el intentarlo siempre. Este hábito puede tener consecuencias graves en cualquier relación, e incluso nos supone a nosotros mismos un estrés y desgaste innecesarios. ¿Qué puedes hacer entonces por cambiar?

1. Toma la decisión de cambiar

Para ello, primero tienes que haberte dado cuenta de que tienes esta mala costumbre, y de las consecuencias que tiene el querer tener siempre la razón (para lo cual, espero que te haya ayudado el artículo). Una vez dado este paso, lo más importante es que seas tú quién de verdad quiera cambiar, porque los demás necesitan constancia y un esfuerzo consciente por ser y comportarte de manera distinta.

2. Afronta tu miedo a equivocarte

El siguiente paso que puedes dar es afrontar el miedo a cometer errores. Puedes ir asumiendo este riesgo con situaciones en las que no sea relevante tener la razón o no, pero en las que normalmente te empeñes en ello. Ve poco a poco y siendo consciente de que es mejor equivocarse a veces, que hacer daño a otras personas.

3. Delega el control de la situación

Otro miedo que puedes afrontar es el de la incertidumbre, cediendo el control de la situación a otras personas. Para ello, hazlo igual que en el caso anterior, ve poco a poco, empezando con situaciones en las que consideres que hay menos riesgos. Intenta confiar más en el criterio de los demás; aunque no seas tú quien tenga el control de la situación, no tiene por qué ir mal.

Como actuar con las personas que siempre quieren llevar la razón -  Psicología Mens Sana

4. Permite cambiar a tus esquemas mentales

Intenta ir con la mente abierta, escucha las opiniones de los demás activamente y plantéate con juicio crítico si llevas tú razón o no. No pasa nada si nos damos cuenta de que nuestro esquema no se ajusta a la realidad. A lo largo de la vida podemos seguir cambiándolos y ajustándolos. Tómate estas situaciones como oportunidades para aprender y mejorar.

5. Mostrarnos más empáticos

A veces nos basta con todo lo anterior, y es que hay muchas ocasiones en las que no hay respuestas correctas o incorrectas, de manera que ninguno de los dos puede equivocarse. ¿Y entonces, por qué generan disputas igualmente? Porque el mundo no es blanco o negro, casi todo es gris.

En estos casos, lo mejor que puedes hacer es simplemente ser empático/a. Intenta ponerte en la posición de la otra persona para entender su punto de vista y sus motivos, e intenta aceptarlos. Como dicen en un muy buen libro, «Cuando puedas elegir entre tener razón o ser amable, elige ser amable».

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Opinión: Inteligencia y evolución, a la sombra de la mente…


Imagen NBC. La sombra de la mente inteligencia y evolución

JotDown(E.Bruner) — A pesar de llevar un par de siglos de debate, aún no queda claro si, para que luzca el intelecto, la clave evolutiva está en el tamaño cerebral absoluto (las dimensiones del cerebro) o bien en su proporción (su valor relativo al tamaño del cuerpo).

Probablemente ambos factores aumentan la complejidad cognitiva, aunque luego en cada grupo zoológico influirán otros parámetros añadidos, específicos de su propia historia natural. Desde luego el tamaño importa, pero tampoco hay que olvidar todo el resto.

En el caso del cerebro, las conexiones, las proporciones internas, los neurotransmisores o el metabolismo también tienen un peso crucial a la hora de establecer las habilidades mentales de una especie o de un individuo.

Y si los pájaros fardan de su destreza voladora y los peces de su pericia acuática, los primates fardamos de nuestra inteligencia, presentándonos como acróbatas del pensamiento y maestros de la cordura.

Desde luego un alarde merecido, fruto de decenas de millones de años de evolución, que parece haber alcanzado una cumbre de expresión y de grado en nuestra propia especie. Pero tampoco hay que cebar demasiado nuestro ego filogenético, porque lo que nos parece una gloria, a los ojos de la evolución, puede que no sea nada más que una especialización más entre el montón.

Al fin y al cabo, a la evolución le interesa solo la capacidad reproductiva y la difusión de la especie (lo que en biología se llama fitness), de modo que nuestra suma inteligencia no compite con el éxito incontestable de cucarachas y medusas, lombrices y moscas, los verdaderos triunfadores de este planeta.

Y si incluimos bacterias o plantas, nuestras medallas parecen todavía menos merecidas. Así pues, por lo menos a nivel evolutivo, antes de fardar de habilidades cognitivas hay que preguntarse en qué medida estas pueden proporcionar un aumento del éxito reproductivo, que en plata no es nada más que el número de hijos.

Y solo con esto ya es suficiente para plantear dudas sobre la incierta relación entre inteligencia y evolución, porque sabemos que para tener muchos hijos tampoco hay que ser muy listo.

Hace unos años, la película Idiocracy polemizaba precisamente sobre este aspecto, recordando que, a menudo, en la sociedad humana, los que tienen más capacidad de discernimiento son los que se reproducen menos, y los que sin embargo no razonan demasiado son los que acaban sembrando genes por doquier.

Tal vez la clave de esta paradoja esté en la cultura y en el grupo social: un puñado de iluminados (que se reproducirán poco) sirven para proporcionar a los demás (que se reproducirán mucho) aquellos recursos complejos (tecnología y organización) que necesitan para aumentar su éxito genético.

Para optimizar su fitness, el grupo necesita mantener un cierto número de individuos innovadores que carguen con la responsabilidad de un mundo mejor, y los otros aprovechan el tirón. Generalmente, además, son los segundos los que linchan a los primeros, para luego, eventualmente, celebrar su ingenio unos siglos más tarde.

De hecho, la inteligencia a veces se halaga más de cara a la galería que en la realidad cotidiana, donde puede chocar violentamente con las múltiples hipocresías y absurdeces que estructuran profundamente nuestra sociedad.

Curiosamente, insistimos en que lo que nos hace humanos es la inteligencia, pero al mismo tiempo a esta cualidad le tenemos cierto miedo y recelo y, cuando alguien es «demasiado» inteligente (en el sentido de que es perspicaz, analítico, crítico, racional y coherente, lo cual a menudo requiere una buena dosis de distancia y objetividad), lo miramos con cierta desconfianza, tachándolo de… ¡poco humano!

En resumen, la correlación entre habilidades cognitivas y éxito, ya sea evolutivo o individual, queda poco clara.

Tal vez el problema principal sea que, a pesar de todas las atenciones que hemos dedicado al estudio del intelecto, en realidad todavía no tenemos un criterio que pueda, de forma común y cuantificable, proporcionar una definición redonda y consistente para contestar a la pregunta número cero: ¿qué es la inteligencia?

En muchos ámbitos de la psicología y de las ciencias cognitivas hay muchos especialistas que aseguran que se trata de una habilidad cognitiva general, superior y todopoderosa, que depende de genes y de factores biológicos y que se puede medir con una apropiada estadística.

Este factor nos pone a todos en una escala que va de menos a más, en cuyo extremo positivo hay «inteligentes» que lo hacen todo bien, y exceden en todas las habilidades mentales. En una versión más suave de esta perspectiva, algunos sugieren que la inteligencia no es más que la capacidad de integrar entre sí las otras habilidades mentales, más específicas.

De hecho, no sirve de mucho tener una gran habilidad mnemónica, lingüística, espacial o de cálculo, si luego no se sabe cómo coordinarlas adecuadamente. Otros piensan que no existe esta jerarquía, y que lo que llamamos «inteligencia» es solamente una de aquellas habilidades más específicas, que destaca sobre las otras (por ejemplo la atención, la velocidad mental, o la memoria de trabajo).

Finalmente, hay quien opina que no existe ningún factor general que se llame «inteligencia», que las tendencias generales son artefactos de la estadística, que la susodicha inteligencia es un algo borroso que depende de la biología pero también del contexto, y que hay muchas formas, a veces opuestas, de ser inteligentes.

Desde luego, el contexto no se puede obviar y, de hecho, probablemente tiene más sentido hablar de «comportamientos» inteligentes que de «personas» inteligentes, precisamente porque sabemos que de individuos con excelentes habilidades mentales que han hecho desastres está repleta nuestra historia, tanto la personal como la colectiva.

Para ser sincero, después de haber tanteado este tema a lo largo de los últimos veintipico años, confieso que yo, por lo menos, no he llegado a ninguna conclusión, a ninguna certeza. Primero, porque las respuestas concluyentes y tajantes son incompatibles con los principios de la ciencia, y siempre desconfío cuando oigo soltar certezas a alguien que se autoproclama «científico».

Pero además, en este caso, me parece que todas las hipótesis tienen sus evidencias, aunque siempre parciales y, muchas veces, inevitablemente sesgadas.

Me atrae la idea de una «habilidad» que integre y coordine todas las otras, y soy un forofo declarado de la atención como principal factor limitante de todos los otros recursos mentales, pero es verdad que entiendo que etiquetar de «inteligente» a una persona o un comportamiento depende del contexto, del criterio y, sobre todo, de los objetivos.

Cabe mencionar una quinta forma de explicar qué es la inteligencia, una perspectiva más reciente, que da la vuelta a la tortilla de una forma elegante y sensata, y que la interpreta no como un factor que está por encima de los otros y causa una mejoría en todas las performances cognitivas, sino como un factor emergente que es consecuencia de la interacción entre todo el resto, es decir el fruto de un encaje entre habilidades y contexto.

Aunque la diferencia puede parecer sutil, esta interpretación es totalmente opuesta a la tradicional, porque explica el comportamiento inteligente como el resultado de una sinergia de elementos cognitivos, y no como la fuente que determina lo que viene después.

Es una lectura que funciona tanto en los modelos psicométricos (los que se basan en las correlaciones numéricas de los tests sin entrar en el mecanismo que hay detrás) como en los modelos cognitivos (los que se basan en una representación del mecanismo, buscando aval en los resultados experimentales).

Si la inteligencia es un factor emergente (que surge como consecuencia) y no un factor latente (que subyace a lo que pasa), sigue teniendo sentido medirla de alguna forma, aunque el significado cambia radicalmente: cuantifica nuestra habilidad general para resolver problemas, pero solo como índice global y promedio, resultado de factores y mecanismos que pueden ser muy distintos. Tiene sentido. 

Sin embargo, al no tener una definición común y al no aclarar los objetivos, queda patente que es muy arriesgado medir, cuantificar, testar. La ciencia de la inteligencia se basa sustancialmente en la psicometría, los tests y las pruebas que miden nuestra habilidad para resolver un problema, ya sea numérico, mnemónico, espacial, verbal o analítico.

Son tests diseñados (y, dentro de lo posible, validados) para medir algo en concreto, y efectivamente pueden transformar una habilidad para ejecutar ciertas tareas en una puntuación, que acaba siendo el ladrillo de una futura estadística. Las habilidades más generales luego se infieren acoplando e integrando baterías de tests, e intentando revelar una posible estructura de fondo que delate tendencias y patrones. Es una herramienta increíblemente útil, pero que no hay que tomar demasiado al pie de la letra.

Los tests acaban utilizándose para medir una habilidad concreta, pero en realidad son quimeras difíciles de manejar: de la habilidad que dicen medir probablemente requieren solo una parte muy específica y, al mismo tiempo, requieren también el uso de otras habilidades complementarias.

Por ejemplo, para puntuar alto en un test que mide una determinada habilidad de cálculo podrían ser necesarios a la vez también recursos mnemónicos y una cierta velocidad mental. Además, está visto que un mismo problema se puede resolver con habilidades diferentes, e incluso con estrategias diferentes, lo cual genera aún más trampas a la hora de tener que interpretar los resultados.

Por ejemplo, un test que supuestamente mide la memoria se podría resolver en parte utilizando recursos espaciales. Finalmente, las habilidades generales, obtenidas mezclando tests diferentes, son síntesis obtenidas por inferencia estadística, algoritmos y mucha cábala numérica, con lo cual hay que saber emplear cierta cautela cuando estos números se transforman luego en conclusiones.

Todas estas incertidumbres, cuando analizas unos resultados, generan una variación muy marcada, lo cual nos recuerda que, más allá de tendencias y patrones comunes (que desde luego existen e influyen parcialmente en nuestra estructura mental), cada uno somos al final el fruto de una combinación muy particular de factores y contingencias individuales.

Y claro, en esta variación numérica habrá un poco de diferencias verdaderas (somos todos bastante únicos, quien más y quien menos), y un poco de ruido producido por la imprecisión del método. A pesar de esta diversidad, a menudo la psicometría se alegra de encontrar correlaciones que delatan un trasfondo biológico, y esto es fundamental en biología.

Pero la verdad es que estas correlaciones, cuando las hay, son tan blandas que dicen poco o nada acerca de los individuos. Un ejemplo clásico es la correlación entre tamaño cerebral e «inteligencia»: sí que la hay (con lo cual tiene que haber un factor biológico detrás) pero es tan blanda que es imposible predecir, en un individuo, un valor a partir del otro. 

La psicología suele además separar una inteligencia digamos natural, más asociada a la biología de un individuo y a su capacidad de resolver problemas abstractos (inteligencia fluida) de una inteligencia más bien asociada al aprendizaje, a la cultura, y a la capacidad de emplear nuestros conocimientos en determinadas tareas (inteligencia cristalizada).

La primera suele aumentar hasta los treinta años, para luego caer, desgraciadamente, en picado. La segunda aumenta lentamente hasta los cuarenta y pico, y luego se estanca. El resultado de nuestra habilidad general será entonces un promedio de estas dos inteligencias. Y aquí hay que rematar tres puntos fundamentales.

Primero, la inteligencia cristalizada se estanca porque a menudo las personas, después de los cuarenta años, ya pasan de aprender, de meterse en nuevos retos, de renovarse y de crecer. Queda claro que es una elección personal, y evidentemente depende en gran parte de la propia voluntad.

Segundo, el bajón tremendo de la inteligencia fluida después de los treinta tiene un fundamento biológico ineludible, que incluye una reducción de los tejidos cerebrales, un deterioro del sistema vascular y una larga serie de atascos metabólicos asociados al envejecimiento.

Dicho esto, tampoco hay que rendirse sin más, porque esa decadencia depende en parte de un reloj interno, pero en parte de nuestros hábitos (dieta, ejercicio físico, sueño, estrés, etc.). Es decir, la caída no se puede evitar, pero sí ralentizar, y desde luego no procede machacarse para acelerarla.

Con lo cual, incluso en este caso la voluntad puede marcar la diferencia entre una habilidad mental eficiente y una deteriorada, y la responsabilidad personal sigue teniendo un peso importante. Tercero, la estadística se suele hacer promediando, y la variabilidad individual es, como siempre, desconcertante. Así que, dada la receta, que cada uno la adecue a su horno. 

Pero al fin y al cabo aún queda pendiente la pregunta: ¿quién es inteligente? Carlo Cipolla sugirió que inteligente es quien se hace bien a sí mismo haciendo el bien a los demás. Lo cual me parece sencillamente genial, aunque solo rebota la pregunta a un nivel más sutil: ¿cuál es el bien de uno, o, más difícil aún, qué es lo que hace bien a los demás?

Mi abuelo era categórico al respecto, y repetía (obsesivamente, casi reprochándoselo a sí mismo) que el hombre inteligente es el que vive bien. Pero esto tampoco nos ayuda, porque lo que llamamos «vivir bien» puede tener colores de lo más variados, y sobre todo terriblemente confusos.

Una gran mayoría de personas malviven una existencia donde sus prioridades son cruelmente manipuladas por la economía, la religión o la política, moldeadas por pulsiones atávicas e instintos primordiales, o distorsionadas por nefastas presiones sociales. Vivir bien, en todos estos casos, se puede malinterpretar precisamente como cebar las falsas necesidades que los tienen atados a reglas absurdas y nocivas, que degradan cada día más su calidad de vida y su autonomía mental.

A los monos capuchinos les chifla el mascarpone más que su comida natural y, si se les deja la posibilidad de decidir, se ponen tibios de queso grasiento hasta enfermar a los pocos días. Así que concretar qué quiere decir «hacer el bien» no es nada fácil para quien carece de una consciencia atenta y reflexiva, y es adicto a recompensas tóxicas manipuladas por intereses ajenos.

Me temo que al final, si uno rasca, como índice de «vivir bien» solo queda lo más sencillo, lo más íntimo y lo más natural: ser libre, y ser realmente feliz. Una libertad y un bienestar que van más allá de las contingencias, y que radican en un sentido de plenitud, de gratificación y de equilibrio.

Algo que no casa necesariamente con nuestra idea más popular de inteligencia, anclada al éxito más que al bienestar, al resolver problemas más que al saber evitarlos, al saber cómo ganar más que al saber cómo compartir.

Y el debate se embarra actualmente aún más cuando el término «inteligencia» se usa también para definir algoritmos que, sin saber o poder pensar, afinan reglas de asociación que proporcionan soluciones automáticas. Lo cual, paradójicamente, es el opuesto de una verdadera habilidad mental, y exalta la confusión entre inteligencia y capacidad de cálculo.

De hecho, si es difícil definir la inteligencia, a lo mejor es más fácil detectar su ausencia. En el caso de los algoritmos mágicos, hay mucha preocupación sobre las consecuencias de añadir procesos informáticos a nuestro sistema cognitivo, olvidando que aquí el verdadero problema no es la tecnología, sino los intereses inmorales y deshonestos de quien la produce, y la incompetencia irresponsable de quien la compra y la consume. 

Tal vez aquí sí nos valgan las categorías de Carlo Cipolla, donde el necio es quien se hace daño a sí mismo dañando a la vez a los demás.

Como suele decir mi mujer, es curioso cómo a todo el mundo le preocupa hoy en día la inteligencia artificial, cuando el único verdadero peligro sigue siendo, desde siempre, la estupidez natural. 

nuestras charlas nocturnas.


No, las personas pelirrojas no se están extinguiendo…


QUO(B.Pérez) — Ya sea rojizo, cobrizo o anaranjado, el cabello rojo seguirá formando parte de nuestra diversidad genética, aseguran los genetistas

En la pantalla y en las calles, las personas con cabello rojo siempre llaman la atención. Esto se debe, en parte, a que es un rasgo poco común, presente en solo una o dos de cada 100 personas. Aunque las variantes genéticas que generan este color de cabello son raras, no hay evidencia científica que respalde la idea de que los pelirrojos desaparecerán.

– ¿Por qué existen los pelirrojos?

Para entender por qué los pelirrojos no desaparecerán, primero debemos comprender por qué existen. Este rasgo no solo fascina a los medios, sino también a los científicos. Las investigaciones sobre el color del cabello humano muestran que el cabello rojo no está disminuyendo ni se volverá más raro en el futuro cercano.

Este rasgo tiene raíces muy antiguas. Análisis de ADN de hace 50,000 años revelaron que algunos neandertales eran pelirrojos de piel clara. En China, se descubrió una momia de 3,800 años conocida como la Belleza de Loulan, con cabello rojizo bien conservado. Incluso en la mitología, el rey Reso, de los antiguos tracios, fue representado en cerámica griega con cabello y barba de color zanahoria.

– La genética detrás del cabello rojo

Las variantes genéticas que producen el cabello rojo son recesivas. Esto significa que una persona necesita dos copias del gen, una de cada progenitor, para heredar este rasgo. Si ambos padres son pelirrojos, es casi seguro que su hijo tendrá cabello rojo.

El gen más importante asociado con este rasgo, conocido como MC1R, fue identificado en 1995 por un equipo liderado por Ian Jackson, de la Universidad de Edimburgo, en Escocia. Este gen regula la producción de melanina, el pigmento que determina el color del cabello, los ojos y la piel. La feomelanina genera cabello rojo o rubio, piel clara y pecas.

En los pelirrojos, una variante del gen MC1R impide que las células de la piel cambien de pigmento protector marrón/negro al exponerse a la luz ultravioleta, lo que explica por qué las personas pelirrojas se queman fácilmente con el sol.

– Ventajas evolutivas del cabello rojo

La pigmentación clara ofreció ventajas a las poblaciones que migraron al norte de Europa, donde los días de invierno son cortos y la luz solar es limitada. La piel clara absorbe más radiación ultravioleta, lo que favorece la producción de vitamina D. Esta vitamina es esencial para fortalecer los huesos y reducir la inflamación, lo que aumentó las probabilidades de supervivencia de las mujeres durante el embarazo.

Por estas razones, los genes para el cabello rojizo y la piel clara prosperaron en regiones como Irlanda y el Reino Unido, donde hasta el 10 % de la población tiene cabello rojo.

– ¿Por qué los pelirrojos siguen siendo raros?

Aunque los genes recesivos como el MC1R son poco comunes, no desaparecen a menos que las personas que los portan dejen de tener hijos, algo que claramente no está ocurriendo. Además, investigaciones recientes han identificado otros ocho genes que también influyen en el cabello rojo, lo que confirma que no depende únicamente de una sola variante.

– Pelirrojos en todo el mundo

Aunque son más comunes en Europa del Norte, los pelirrojos no son exclusivos de los celtas o de los caucásicos. También hay pelirrojos en Marruecos, Jamaica y otras regiones, lo que demuestra cómo los genes viajan y se mezclan entre diferentes poblaciones.

En todo el mundo, los pelirrojos celebran su singularidad en eventos como los “Días del Pelirrojo” en los Países Bajos, donde miles de personas con cabello rojo se reúnen cada año.

– ¿De dónde viene el mito de su extinción?

El mito de que los pelirrojos están desapareciendo ha circulado por décadas, muchas veces como estrategia de marketing. Por ejemplo, una antigua predicción decía que los pelirrojos se extinguirían en 2100 debido a la desaparición de los genes recesivos, pero esta afirmación provenía de una fundación financiada por una empresa de tintes para cabello.

A pesar de los titulares alarmistas, los pelirrojos no están en peligro de extinción. Más bien, su existencia es un recordatorio de la complejidad de la genética y de la diversidad humana que continúa enriqueciendo nuestro mundo.

nuestras charlas nocturnas.


Cobrar en especies, y otros lados turbios de la nomenclatura zoológica…


Cobrar en especies, y otros lados turbios de la nomenclatura zoológica
Página de los cuadernos de Darwin alrededor de julio de 1837, que muestra su primer boceto de un árbol evolutivo, con las palabras «Creo» en la parte superior.

Presta atención a tus pensamientos, porque se convierten en palabras.

Presta atención a tus palabras, porque se convierten en acciones.

Presta atención a tus acciones, porque se convierten en hábitos.

Presta atención a tus hábitos, porque se convierten en tu carácter.

Presta atención a tu carácter, porque se convierte en tu destino.

(Talmud)

JotDown(E.Brunner) — Los humanos somos los reyes del mambo cuando se trata de razonar por conceptos, categorías y símbolos, y esto nos ha dado el poder de triunfar en la historia de la evolución, por el simple motivo (sesgado por un sospechoso conflicto de interés) de que somos los únicos capaces de contar esta historia.

La historia la cuentan los vencedores o, en su ausencia, los que saben escribirla. Pero claro, una de las consecuencias que trae esta gran capacidad de nuestra especie de razonar por conceptos, categorías y símbolos, es la limitación de tener necesariamente que reducir o transformar todo en conceptos, categorías y símbolos.

Sin conceptos, categorías y símbolos, nuestra máquina pensante no funciona muy bien. Lo cual no es necesariamente un problema, siempre y cuando uno no se olvide de que está trabajando con conceptos, categorías y símbolos, y se crea ingenuamente que está manejando la mismísima realidad.

Ya sea para hablar de Dios o de neutrinos, conceptos, categorías y símbolos son estrictamente necesarios no solo para entender, sino, también, para comunicar a los demás lo que creemos haber entendido.

Se usan estos elementos para generar modelos, y luego estos modelos se comparan con lo que observamos ahí fuera, para saber si funcionan bien o no y, sobre todo, si nos sirven para mejorar nuestra vida. Aparte de satisfacer alguna que otra inquietud existencial. 

Hace un par de siglos empezamos a transformar el conocimiento en lo que hoy llamamos «ciencia», y sembramos así las bases conceptuales, categóricas y simbólicas de una parte importante de nuestra mente individual y colectiva. Y, en ciencias naturales, los iconos de esta transformación han sido, entre otros, dos Carlos.

 Linneo empezó a llamar las cosas por sus nombres o, mejor dicho, por los nombres que él iba decidiendo darles. Empieza así la contienda lexical de la nomenclatura binomial y de la taxonomía, las cuales pretenden poner un poco de orden en el batiburrillo de plantas y animales de este planeta, con reglas y estructuras sistemáticas que sirven para cuadricular la diversidad y sus escurridizas variantes.

Poco después, Darwin empieza a encajar aquellas reglas formales en un proceso, donde los nombres y sus categorías entran en esquemas que ya no describen una foto del paisaje, sino sus cambios a lo largo de un tiempo profundo llamado evolución.

Ambos Carlos necesitaban un ladrillo, y lo encuentran en «la especie» o, más bien, lo que viene a ser su concepto. Una unidad evolutiva que al mismo tiempo delata un modelo funcional (un cierto «tipo» de organismo, para Linneo) y una unidad de cambio (para Darwin).

No cabe duda de que el concepto de especie sigue siendo todavía, después de un par de siglos, el ladrillo conceptual de nuestra visión de la diversidad, y de las interpretaciones que proporcionamos a la hora de estudiarla y gestionarla. Y esto ocurre porque, sencillamente, el concepto de especie funciona, tanto a nivel taxonómico (la nomenclatura) como sistemático (las relaciones entre los grupos) y ecológico (el papel que un organismo ocupa dentro de la red energética de un ecosistema).

Pero, como toda herramienta, funciona solo a una determinada escala, generalmente bastante burda. Si uno entra en los detalles filosóficos, en las definiciones, o sencillamente sale al campo a recoger bichos, ya se topa con muchas de sus obvias limitaciones. De hecho, la verdad es que, en dos siglos y pico, todavía no disponemos de una consistente definición acerca de qué es una especie.

O, mejor dicho, definiciones tenemos muchas, a lo mejor demasiadas, todas tan útiles como imperfectas, y a veces abiertamente en conflicto. 

Ilustración del aspecto que tendría el ‘Corythoraptor jacobsi’, dinosaurio descubierto en China

La definición más general y conocida es la que reduce la especie a una unidad reproductiva, es decir al conjunto de todos aquellos individuos que se pueden reproducir entre sí, y que no se pueden reproducir con otro conjunto. Como definición no está mal, sobre todo porque es bastante intuitiva, hasta que uno descubre que las excepciones son tantas y tan importantes que merman la utilidad de la regla, y la confianza que uno le otorga.

Otras definiciones, sin embargo, dan más importancia a cierta continuidad filogenética, es decir al proceso evolutivo. Y otras se limitan a considerar parámetros estadísticos de la filogenia, a añadir la geografía y la ecología, o a considerar algún otro parámetro que, mira tú por donde, suele estar estrictamente vinculado a la labor de investigación de quien lo propone.

Si eres un martillo, todo te parece un clavo, así que definiciones de especies hay tantas como científicos se han propuesto proporcionar una más completa que las de los demás. Todos han aportado al debate, y nadie ha logrado zanjarlo.

El barullo (y las discusiones animosas) que todo ello ha generado se debe, como siempre, a un error de fondo muy común en nuestra especie: confundir la herramienta con el objetivo, confundir las palabras con la realidad, confundir los conceptos con los procesos que pretenden representar.

La necesidad de formalizar, de categorizar, de cuadricular es algo nuestro, de nuestro sistema cognitivo, modelos que nosotros generamos para entender, para analizar, y para comunicar. La naturaleza no sabe de eso, no lo necesita, y no le importa. Agrupamos las especies en géneros, los géneros en familias, las familias en superfamilias, y estas en órdenes y clases, y cada nivel está intercalado por niveles más sutiles.

Y nos olvidamos de que este es un esquema nuestro, de nuestra mente, una representación útil, una herramienta conceptual que pretende describir la organización de la naturaleza, pero no por ello podemos pretender que la naturaleza de verdad se conforme con nuestros esquemas, rígidos, abstractos, teóricos, y continuamente cambiantes. 

Recientemente, unos investigadores de Cambridge han identificado seis puntos que, tanto en la literatura científica como en la divulgativa, han generado mitos y sesgos sobre la especie y el proceso de especiación, malentendidos superficiales que hacen un flaco favor a las ciencias naturales.

El primero es pensar que las especies son unidades genéticamente aisladas, cuando ya desde hace mucho tiempo hemos visto que animales y plantas muy distintos siguen manteniendo, en un ambiente natural, la posibilidad de hibridarse y de generar quimeras que, además de ser viables, tienen su propio éxito reproductivo.

La segunda es creer que si un grupo ancestral genera muchas especies quiere decir que funciona bien, y que su modelo es muy exitoso. La tercera es suponer que si un grupo presenta pocas especies tiene entonces que ser muy primitivo.

La cuarta es dar demasiada importancia a esta iconografía que representa la evolución con «árboles», donde cada rama es una historia totalmente separada. Sin embargo, ya desde hace muchas décadas queda bastante patente que la evolución tira mucho de hibridación, es decir, de genes que se mueven de una rama a otra.

La quinta es dar por hecho que si un rasgo es importante para la evolución, tiene que presentar muchas diferencias en un amplio abanico de especies. La sexta es dar por hecho que si un rasgo es muy diferente entre especies distintas, tiene que haber sido clave para su separación evolutiva.

Los autores del artículo se esmeran con mucho detalle en desarrollar cada uno de estos puntos y, más allá de la teoría, presentan muchos casos reales, muchos ejemplos concretos, y una serie de recomendaciones para evitar caer en esta serie de malentendidos que siguen pululando en las perspectivas de la biología evolutiva.

Y muchas veces la única recomendación para no transmitir una idea imprecisa o incorrecta es usar un lenguaje más apropiado, un fraseo más cuidadoso, que no sea superficial o ambiguo. Porque, según ellos, aquí el fallo es prevalentemente lingüístico: por falta de habilidad comunicadora o de paciencia, los científicos simplifican y acortan, contribuyendo, sin darse cuenta, al sesgo, al bulo o al malentendido.

Porque, a su entender, cualquier biólogo, evolucionista o paleontólogo reconoce de sobra la sensatez de los seis puntos mencionados arriba. 

Yo, que probablemente soy menos diplomático que ellos, hurgaría un poco más porque, en mi experiencia personal, a la hora de hablar del concepto de especie, me he topado con superficialidad y sesgos demasiadas veces. Me atrevo a decir que son casi la norma, y entonces no estoy muy seguro de que tal falta de precisión se pueda explicar siempre con una carencia de oratoria. 

Puedo imaginar, de hecho, por lo menos tres casos distintos. El primero, muy fácil de entender, es que sencillamente la persona, por muy científico o divulgador que sea, no es competente. No ha indagado mucho sobre el concepto de especie, o tal vez ni siquiera trabaje con ello, se ha leído un par de libros, o literatura genérica, o se da suficientemente por enterado al haberse graduado hace años con libros de texto de las décadas anteriores.

Y con esto le basta, o por lo menos es suficiente, para enseñar, escribir, sentenciar o llegar a conclusiones sobre qué es una especie y cómo funciona. En este caso, como ocurre con frecuencia en todo tipo de actividad humana, la persona no es competente pero no lo sabe, y cree serlo. Habla y decreta sobre algo que, en realidad, no conoce. Y de ahí la repetición infinita del sesgo, del vicio, que se convierte en regla. Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. 

El segundo caso es algo más malicioso, porque involucra un cierto grado de intencionalidad: el científico o el divulgador de turno simplifica excesivamente (o incluso inventa) porque, hablando en plata, hacerlo bien costaría mucho más. Más tiempo, más esfuerzo, más competencia.

También en ciencia, como en cualquier otro entorno humano, resuena a menudo la fatídica frase «¡qué más da!», que arregla cualquiera chapuza, y justifica cualquiera decisión. Es decir: ya que explicarle a un estudiante o al público cómo están las cosas sería demasiado complicado y no le va a cambiar la vida, redondeamos un poco y lo damos por hecho. Y redondeando redondeando pasamos de un Ecce Homo a una caricatura grotesca, que trasforma la ciencia en entretenimiento mundano. 

La biblioteca de Babel de Borges, de Erik Desmazieres. 

El tercer caso es aún más maligno: la simplificación excesiva y simplona se lleva a cabo con alevosía, porque, sencillamente, es lo que la gente quiere escuchar, lo que refuerza sus supuestos conocimientos y que, por ende, vende más.

Puede sonar raro asociar ciertas dinámicas mezquinas a la ciencia, pero considerando que hoy en día la investigación es un negocio como otro cualquiera, no hay que tomárselo a la ligera. Si necesitas público, financiaciones o clientes, tendrás que proporcionar al mercado lo que el mercado quiere.

A bote pronto, ninguna de estas tres posibilidades es noble. Y, por supuesto, las tres posibilidades no son excluyentes. Al revés, maridan muy bien: si hacerlo más fácil requiere menos conocimientos y vende más, pues ¡a por ello! Son todo beneficios, menos para la ciencia y el conocimiento que, como ocurre a menudo, se quedan entre bambalinas, fuera del alcance de los aplausos. 

En realidad hay un cuarto caso posible: que un investigador, aun siendo un especialista muy documentado en la materia, promueva aquellas visiones (aparentemente sesgadas) porque, por sus propias razones, lógicas y argumentadas, está convencido de que son ciertas o sensatas.

En este caso, poco hay que decir, el debate y el desacuerdo son el motor del saber, y bienvenida sea la discrepancia. Pero, en mi experiencia personal, esta última posibilidad no es, digamos, muy frecuente, y desde luego no es la que ha generado la necesidad de escribir un artículo para denunciar un exceso de superficialidad en el sector.

Ahora bien, en este caso estamos hablando del concepto de especie, pero está claro que el mismo tipo de análisis y las mismas categorías seguro que las podemos aplicar a todo el espectro del conocimiento humano, ya sea humanístico, político, administrativo o económico.

Pero no está mal recordar que lo mismo pasa también en los ambientes científicos y académicos, que demasiadas veces se presentan como sectores más puros y distinguidos, a raíz de la supuesta aura motivacional que suele honrar los campos del saber.

Hay que decir que los debates sobre el concepto de especie se dan más trabajando en zoología, con animales, porque en botánica o en microbiología la situación es tan complicada que a nadie se le ocurriría poner límites tan firmes o abanderar conclusiones tajantes sobre qué es y qué no es una especie.

Y, hablando de animales, un caso desde luego excepcional en este sentido lo encontramos en paleontología humana y antropología, campos donde el concepto de especie está batuqueado, además, por una serie de factores que añaden aspectos sociales, éticos, o propagandísticos. Los homínidos son un grupo zoológico con un abanico de especies muy pobre, lo cual limita bastante la posibilidad de comparación.

Sin considerar que, en paleontología, para hablar de diversidad hay que tirar de fragmentos de huesos, que poco pueden decir sobre el nivel taxonómico de un organismo. Además, en paleontología humana, determinar o nombrar una especie es a menudo una cuestión de prestigio, cuando no incluso de dinero o de éxito académico.

El hecho de que muchos antropólogos no tengan ni siquiera una formación en zoología o biología evolutiva tampoco ayuda. Con estas premisas, no es de extrañar que en paleoantropología las perspectivas cambien cada dos por tres, tanto a nivel de taxonomía (los nombres que aparecen y desaparecen en los muchos árboles filogenéticos que se ven en museos y publicaciones) como a nivel de teorías globales.

Hasta los años ochenta del siglo pasado, por ejemplo, era común la teoría multiregional, que interpretaba la evolución humana como un proceso gradual que implicaba a todas las poblaciones del planeta, que se iban moldeando poco a poco desde una forma más primitiva hacia una más evolucionada.

Luego, desde los noventa, empezó a triunfar su opuesto, la teoría del reemplazo: nuevas especies evolucionan, generalmente en África, y van a suplantar a las otras, más primitivas, en los otros continentes. En las décadas siguientes, ser multiregionalista quería decir ser carca y viejuno, incluso conservador e intolerante, mientras que apoyar la teoría del reemplazo era guay e innovador.

Luego las cosas se empezaron a embarrar más, se generó un cierto cotilleo sobre la posibilidad de hibridación, y se sacó mucho partido (portadas, artículos, libros, financiaciones, sensacionalismo, etc.) a una visión intermedia, donde las especies se sustituyen la una a la otra, pero no antes de haberse acoplado al menos un poco con los foráneos.

Hoy en día, ser hibridista es trendy, reconocer el cruce es pro, y los popes del sector invitan a subir al carro de la nueva perspectiva que, dicho sea de paso, es más tolerante con la diversidad y menos tajante con las diferencias.

Ahora bien, muchas de estas peleas y de estas posiciones inflexibles probablemente sobraban, porque cualquier primatólogo sabe de sobra desde hace medio siglo que simios y monos del mismo género (o incluso de géneros distintos) pueden hibridarse y suelen hacerlo, así que no hay razón para pensar que la especie humana pueda haber sido la única excepción.

Tal vez, podríamos habernos ahorrado decenas de años de desacuerdos en paleontología humana sencillamente estudiando un poco mejor la biología y la taxonomía de los otros primates o, en todo caso, habiendo previamente preguntado a un zoólogo. 

La exaltación del cruce, desde luego, no merma en absoluto el concepto de especie, que sigue siendo una herramienta extremadamente útil (y necesaria) en biología evolutiva. Las herramientas son herramientas, ni buenas ni malas. Su uso, desde luego, puede ser bueno o malo, o como mínimo útil o dañino.

No está mal creer en las cosas que no se pueden ver, ya sea Dios, los neutrinos o las especies, siempre y cuando esto sea realmente ventajoso, y mejore nuestras vidas. Ahora bien, tampoco hay que asumir verdades solo porque alguien nos pida (o exija) creérnoslas, o porque nos las venda como tales.

Y el hábito tal vez más saludable, en este sentido, puede que sea empezar por seleccionar las palabras adecuadas, las frases adecuadas. El lenguaje es un arma increíblemente poderosa y, si se emplea con superficialidad, incompetencia o picardía, puede llegar a transformar una pequeña herida en una lesión profunda.

La alternativa, es decir, adoptar una actitud comprometida, competente y sincera, es mucho más difícil, pero es la que transforma el saber en bienestar. Y, de paso, ¡es muchísimo más apasionante!

nuestras charlas nocturnas.


Estas son las 6 asombrosas cosas de nuestro mundo que la ciencia todavía no puede explicar…


Univisión Noticias — Así es: a pesar de lo mucho que hace que lo habitamos, nuestro mundo todavía encierra muchas sorpresas para nosotros.

Mira, estas son las realidades que todavía siguen desafiando a la ciencia, que todavía no les ha podido encontrar una explicación…

#6 Las vacas siempre están orientadas hacia el norte o hacia el sur cuando pastan

Probablemente nunca le prestaste atención a la posición de las vacas mientras pastaban, pero lo cierto es que mientras un grupo de científicos observaba cientos de imágenes satelitales de Google Earth, descubrieron un detalle que había pasado desapercibido durante milenios.

Las vacas se colocan de acuerdo a los polos magnéticos de la Tierra, mirando hacia el norte o hacia el sur cuando pastan o descansan. El patrón permaneció constante sin importar el viento u otros factores.

Si bien se sabe que algunos animales tienen una brújula interna esto no sucede con los mamíferos. Y sin embargo, el fenómeno se puede observar en todos los continentes.

#5 Los animales que pueden vivir sin oxígeno

Casi todos los organismos de la tierra viven con la ayuda del oxígeno, ya sea consumiéndolo o produciéndolo. Es por ello que los científicos quedaron shockeados cuando hallaron animales que pueden vivir sin oxígeno en las profundidades del Mar Mediterráneo.

Si bien se sabía que algunas bacterias y otros organismos simples pueden prescindir de este elemento, el fenómeno era desconocido entre los animales multicelulares complejos. Estos pertenecen al género phylum Loricifera, que antiguamente necesitaban del oxígeno pero que luego se adaptaron a su nuevo entorno.

Los científicos no tienen idea acerca de su historia evolutiva ya que no existen registros de organismos complejos que hayan podido sobrevivir de esta forma.

#4 La biodiversidad aumenta cuando nos acercamos al Ecuador

Si viajas de las zonas más frías del planeta hacia el Ecuador encontrarás que la vida se torna más diversa. Tanto la vida natural como la cultura humana se vuelve más vibrante y variada y lo mismo sucede con las enfermedades.

A este último respecto, cuando escuchas sobre los brotes de enfermedades que aparecen constantemente en África o en América del Sur, no solo es debido a la mala atención de salud en los países pobres y subdesarrollados, también se debe a que los virus y las bacterias que causan estas enfermedades son simplemente mucho más activas y diversas en los países del sur en comparación con los del norte.

Tal vez piensas que se conoce con certeza el motivo de este fenómeno, pero hay docenas de teorías que tratan de responder esta pregunta y resulta imposible conciliar todas las hipótesis en una sola conclusión.

#3 Las bolas de fuego de Naga

Cada año, cientos de bolas de fuego estallan espontáneamente en el río Mekong en Tailandia. Este fenómeno, conocido como las bolas de fuego de Naga, ha sucedido desde que se tiene memoria y aún no tiene una explicación científica, aunque se cree que se trata de acumulaciones de gas metano que emergen del río.

Los lugareños, por su parte, creen que estas provienen del aliento de Naga, una serpiente mítica que acecha el lago.

#2 La aparición de extrañas luces antes de los terremotos

Si bien había reportes acerca de destellos blancos o azulados que precedían a los terremotos, no fue hasta 1960, cuando las personas pudieron fotografiar este fenómeno durante los terremotos ocurridos en Japón (Matushiro), que los científicos comenzaron a tomarlo en serio.

Desde entonces, han surgido innumerables teorías acerca de la aparición de esas luces: desde el calentamiento por fricción, a las emisiones de gas fosfina y la electrocinética, pero aún no se ha hallado una explicación única para este extraño evento.

#1 La presencia de alcaloides en algunas plantas

Los alcaloides son sustancias de origen natural que se producen en las plantas y en los animales -una de las más populares es la morfina-.

Si bien se han podido identificar cerca de 7 mil tipos de alcaloides diferentes en las plantas, la pregunta que subsiste es por qué están allí. Estas sustancias provocan respuestas diferentes cuando son ingeridas por los animales y es por ello que los científicos creen que su objetivo es  mantener alejados a los predadores.

Pero en el caso de la amapola, la morfina, una sustancia que es capaz de reducir el dolor, no se ajusta a esta teoría y es por ello que su presencia genera muchas interrogantes.

Si bien el conocimiento científico avanza de forma constante, la naturaleza continúa dejándonos boquiabiertos con este tipo de realidades a las que todavía no se les ha podido dar una explicación.

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Una máquina del tiempo genética podría ser la responsable de que los chimpancés evolucionen como los humanos…


Esquirre(D.Orf) — La cultura es un concepto que a menudo se asocia con el Gran Simio más inteligente de todos (nosotros, los humanos), pero esta idea no es exclusiva de los ocho mil millones de miembros de la especie. Muchos otros animales, incluidos los primates, presentan diversas culturas dentro de sus distintas poblaciones.

En el caso de los chimpancés, el primo más cercano de la humanidad junto con los bonobos, esta cultura se manifiesta en las múltiples formas en que estos simios manipulan las herramientas.

Algunas de estas herramientas son relativamente sencillas, como utilizar hojas para absorber el agua de un agujero en un árbol, mientras que otras se basan en todo un conjunto de herramientas para realizar tareas complicadas. Gracias a la capacidad de la humanidad para acumular conocimientos a lo largo del tiempo, nuestra especie ha desarrollado culturas inmensamente diversas, pero los estudios sobre chimpancés en libertad demuestran que esta increíble habilidad no es exclusiva de los humanos.

Un nuevo estudio de científicos de la Universidad de Zúrich (UZH) ha analizado marcadores de similitud genética, así como hábitos de alimentación, en 35 lugares distintos de estudio de chimpancés. Utilizando lo que denominan una «máquina genética del tiempo» que enlaza poblaciones de chimpancés a lo largo de miles de años, descubrieron que el uso de herramientas complejas podía encontrarse incluso en poblaciones distantes. Los resultados del estudio se publicaron en la revista Science.

«Como ejemplo de este conjunto de herramientas, los chimpancés de la región del Congo utilizan primero un palo fuerte para cavar un túnel profundo a través de un suelo duro para llegar a un nido subterráneo de termitas», explicó en un comunicado Cassandra Gunasekaram, de la UZH y autora principal del estudio.

«A continuación, fabrican una sonda de ‘pesca’ tirando de un largo tallo de planta a través de sus dientes para formar una punta parecida a un cepillo, presionándola en forma de punta y enhebrándola hábilmente por el túnel que han hecho. Luego lo sacan y mordisquean a las termitas defensoras que lo hayan mordido».

Una máquina del tiempo genética podría ser la responsable de que los chimpancés  evolucionen como los humanos

Gunasekaram y su equipo organizaron los comportamientos en tres grupos: sin herramientas, herramientas sencillas y herramientas complejas como la sonda de pesca. En las comunidades de chimpancés, las hembras sexualmente maduras abandonan sus grupos sociales para buscar otra comunidad, un rasgo evolutivo que ayuda a evitar la endogamia.

Además de añadir genes diversos a una nueva comunidad, el estudio descubrió que las hembras de chimpancé también aportaban avances en la cultura cuando llegaban a sus nuevas comunidades.

«Hemos hecho el sorprendente descubrimiento de que son las tecnologías más complejas de los chimpancés -el uso de ‘conjuntos de herramientas’ completos- las que están más fuertemente vinculadas entre poblaciones ahora distantes», dijo en un comunicado de prensa el antropólogo evolutivo de la UZH Andrea Migliano, coautor del estudio.

«Esto es exactamente lo que se predeciría si estas tecnologías más avanzadas fueran raramente inventadas y aún menos propensas a ser reinventadas, y por lo tanto más propensas a haber sido transmitidas entre grupos».

Los investigadores sugieren que el desarrollo de esta complejidad cultural probablemente tuvo lugar por etapas, primero con la transmisión entre poblaciones a través de migraciones femeninas y luego implementando cambios incrementales hasta reutilizar las tecnologías por completo.

Dado que este tipo de cultura acumulativa es una característica de los homínidos en general, la investigación de este fenómeno en el contexto de uno de los parientes vivos más cercanos de la humanidad podría aportar información sobre la vida de los antepasados humanos del pasado, así como de nuestros primos actuales.

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Químicos logran crear el «espagueti» más fino de la historia…


El equipo de la UCL logró crear los espaguetis más finos del mundo, de solo 372 nanómetros de diámetro.

DW(EFE, University College de Londres, Nanoscale Advances) — Un equipo de químicos ha creado los espaguetis, dicen, más finos del mundo, unas 200 veces más finos que un cabello humano; estas nanofibras no pretenden ser un nuevo alimento, sino ofrecer un «amplio abanico» de usos para la medicina. 

Los responsables son investigadores de la University College de Londres (UCL), que demuestran que es posible una forma más sencilla de fabricar nanofibras utilizando harina. 

Las nanofibras de almidón –producido por la mayoría de las plantas verdes para almacenar el exceso de glucosa– son especialmente prometedoras y podrían utilizarse en vendajes para ayudar a cicatrizar heridas, como andamiaje para la regeneración ósea y para la administración de fármacos. 

Sin embargo, dependen de la extracción y purificación del almidón de las células vegetales, un proceso que requiere mucha energía y agua, señala un comunicado de la UCL.

Según los investigadores, un método más respetuoso con el medioambiente es crear nanofibras directamente a partir de un ingrediente rico en almidón, como la harina, que es la base de la pasta.

Una imagen de microscopio electrónico de barrido que revela la textura de las nanofibras de espagueti.

El diminuto tamaño de estas fibras supuso un desafío técnico sin precedentes para su observación. Según aseguró la UCL a DW en un correo electrónico, la tecnología convencional resultó insuficiente, ya que ninguna cámara o microscopio de luz visible podía captar con claridad las hebras individuales.

Para superar este obstáculo, los investigadores recurrieron a un microscopio electrónico de barrido, que escanea la muestra con un haz concentrado de electrones y construye una imagen a partir del patrón que generan estos al desviarse o impactar contra el material.

– «Son literalmente espaguetis»

En un nuevo artículo publicado en la revista científica Nanoscale Advances, el equipo describe la fabricación de espaguetis de solo 372 nanómetros de diámetro mediante una técnica llamada ‘electrospinning’, en la que una carga eléctrica arrastra hilos de harina y líquido a través de la punta de una aguja. 

«Para hacer espaguetis, se empuja una mezcla de agua y harina a través de unos agujeros metálicos. En nuestro estudio, hicimos lo mismo, pero empujamos la mezcla de harina con una carga eléctrica; son literalmente espaguetis, pero mucho más pequeños», explica Adam Clancy.

Para el investigador, el almidón es un material prometedor, pero purificarlo requiere mucho procesamiento. 

«Hemos demostrado que es posible una forma más sencilla de fabricar nanofibras utilizando harina. El siguiente paso sería investigar las propiedades de este producto: querríamos saber, por ejemplo, con qué rapidez se desintegra, cómo interactúa con las células y si se puede producir a escala», añade. 

La alfombra de nanofibras de almidón, de apenas 2 centímetros de diámetro, representa un avance clave en la investigación médica de materiales regenerativos.

– Futuro en medicina regenerativa

Gareth Williams, otro de los autores, detalla que las nanofibras, como las de almidón, pueden utilizarse en apósitos para heridas, ya que son muy porosas. Además, se está estudiando su uso como andamiaje para regenerar tejidos, ya que imitan la matriz extracelular, una red de proteínas y otras moléculas que las células construyen para sostenerse. 

La nueva ‘nanopasta’ forma una alfombra de nanofibras de unos 2 centímetros de diámetro, por lo que es visible, pero cada hebra individual es demasiado estrecha para ser captada con claridad por cualquier tipo de cámara de luz visible o microscopio, por lo que su anchura se midió con un microscopio electrónico de barrido. 

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15 señales de demencia que no debes ignorar…


AARP(R.Nania) — Un conocido te saluda en el supermercado. No te acuerdas de su nombre.

Los momentos de olvido pueden ocurrir a cualquier edad, y según el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA), pueden ser más frecuentes a medida que envejeces. Aun así, los lapsos de memoria pueden provocar ansiedad en los adultos mayores que a menudo se preguntan si es algo normal o si es una señal de algo más serio.

«Es importante que las personas no se preocupen demasiado por cada pequeño cambio cognitivo», dice el Dr. John Dickson, un neurólogo en el Hospital General de Massachusetts en Boston.

Pero la investigación sugiere que muchas lo hacen. Los resultados de una Encuesta Nacional sobre el Envejecimiento Saludable del 2019 encontraron que a casi la mitad de los encuestados de 50 a 64 años les preocupa padecer demencia.

De manera similar, una encuesta de AARP del 2021 halló que casi la mitad de los adultos de 40 años o más creen que es probable que padezcan demencia. En realidad, alrededor de 1 de cada 9 personas de 65 años o más en Estados Unidos tiene demencia, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Aunque la demencia no es inevitable, es importante conocer las señales de advertencia para que tú o un ser querido puedan ser evaluados si hay preocupaciones, dice Dickson. 

Debes prestar atención a lo siguiente.

– ¿Qué es la demencia?

La demencia es un término general para una disminución en la capacidad mental que interfiere con la vida diaria. Puede disminuir la concentración, la atención, las habilidades del lenguaje, la resolución de problemas y la percepción visual. La demencia también puede dificultar que una persona controle sus emociones e incluso puede llevar a cambios de personalidad.

Más de 55 millones de personas en todo el mundo tienen demencia, según la Organización Mundial de la Salud.

– 15 señales de advertencia de demencia

1. Pérdida de memoria a corto plazo. Es una cosa olvidar el nombre del actor que protagonizó la película que viste ayer con tus amigos. Es otra cosa olvidar que fuiste a ver una película ayer con tus amigos. «Esos lapsos más significativos» —especialmente cuando se trata de eventos recientes— son preocupantes, dice la Dra. Judith Heidebrink, una neuróloga y profesora clínica en University of Michigan Health. 

La pérdida de memoria a corto plazo puede ser un síntoma común de la enfermedad de Alzheimer, el tipo más común de demencia, dice Dickson. «Eso es porque el centro de formación de memoria a corto plazo del cerebro, llamado el hipocampo, se ve afectado temprano en el proceso de la enfermedad».

2. Pérdida de palabras. Todos hemos experimentado una o dos veces cuando el cerebro no puede encontrar la palabra correcta, aunque está en la punta de la lengua. Eso puede ser normal, dice la Dra. Heather Whitson, profesora de Medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke y directora del Duke Center for the Study of Aging and Human Development. Pero si está sucediendo mucho y te das cuenta de que una persona está sustituyendo palabras que no encajan en la conversación, eso es preocupante.

Por ejemplo, Whitson dice, una persona podría querer preguntar, «¿Has visto mi chaqueta?». Pero cuando no puede encontrar la palabra para chaqueta, pregunta, «¿Has visto mi camisa?».

Otra señal de advertencia es tener dificultades para unir, seguir o completar conversaciones. «Esos tipos de habilidades de comunicación pueden ser un síntoma temprano», dice Heidebrink.

3. Dificultad para hacer varias cosas a la vez. Si eres alguien que siempre ha preparado una cena de Acción de Gracias sin problemas, y de repente descubres que faltan platos de acompañamiento esenciales en la mesa, los panecillos están quemados y la cena se retrasa dos horas, eso podría indicar que algo más serio está sucediendo. «Si simplemente no parece que algo está bien hecho, o si requiere mucho más esfuerzo, eso sería una señal de que hay problemas con la función ejecutiva», dice Whitson.

4. Repetición. «Si a una persona su familia o amigos le dicen que está repitiendo preguntas o repitiendo historias y declaraciones en un corto período de tiempo, sin parecer darse cuenta de que acaba de decir lo mismo, o que acaba de hacer esa misma pregunta y fue respondida, eso es una señal de alerta», dice Whitson.  

5. Cambios de personalidad. Una pérdida repentina y rutinaria de interés en la familia, amigos, trabajo y eventos sociales puede ser una señal de advertencia de demencia. «Las personas pueden sentirse menos cómodas en situaciones sociales —sosteniendo una conversación, recordando la conversación—, por lo que pueden comenzar a retirarse de las situaciones sociales», dice Heidebrink.

Un estudio del 2023 publicado en Journal of Alzheimer’s Disease encontró que la apatía puede ser una señal (en inglés) de que alguien está progresando de un deterioro cognitivo leve (MCI) —síntomas de pérdida de memoria o problemas de pensamiento que no son tan graves como la demencia— a la enfermedad de Alzheimer. Actuar cada vez más ansioso, confundido, temeroso o sospechoso también puede ser una señal de demencia, según la Alzheimer’s Association.  

6. Nuevos comportamientos de sueño. Aunque Whitson dice que los problemas de sueño pueden ser «muy comunes» entre los adultos mayores, algunos comportamientos de sueño, como el sonambulismo, no son una parte normal del envejecimiento. «Es importante saber que hay algunos tipos de demencia que están asociados con cambios en el comportamiento del sueño —como actuar sueños o hablar dormido, cuando eso no era algo que la persona solía hacer—», dice Whitson.  

7. Empeoramiento del sentido de la orientación. Los cambios en el sentido de la orientación también pueden ocurrir con la demencia, dice Dickson, y esto puede manifestarse en cosas como dificultades para conducir o perderse en entornos familiares.

«A veces simplemente es una pérdida de confianza», agrega Heidebrink. «Las personas comienzan a limitar su conducción solo a destinos muy familiares y cercanos, como en situaciones de poco tráfico y baja velocidad, o solo si hay buen tiempo».

8. Depresión. Un inicio nuevo y repentino de depresión más adelante en la vida puede ser una señal de advertencia de demencia, dice Dickson. Según la Alzheimer’s Association, hasta el 40% de las personas con enfermedad de Alzheimer sufren de depresión considerable.

La depresión puede no ser solo un síntoma de demencia, sino también un posible precursor. Un estudio del 2023 publicado en JAMA Neurology halló que el riesgo de demencia aumentó más del doble que para adultos previamente diagnosticados con depresión. 

9. Confusión sobre el tiempo y el lugar. Si alguien olvida dónde está, o no puede recordar cómo llegó allí, eso es una señal de alarma. Otro signo preocupante es la desorientación respecto del tiempo; por ejemplo, olvidar habitualmente qué día de la semana es, dice el Dr. Jason Karlawish, neurólogo y profesor de Medicina en la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania y codirector del Penn Memory Center. 

10. Dificultad con tareas visuales o perceptivas. Tropezar con algo porque no reconoces que está en el camino, o no poder entender la hora en un reloj podrían ser señales de advertencia de demencia, dice Heidebrink. Dificultad con el equilibrio, problemas para leer y problemas para juzgar la distancia o distinguir el color y el contraste también pueden ser indicadores tempranos, dice la Alzheimer’s Association.

11. Errores financieros. Los problemas de dinero pueden ser uno de los primeros signos notables de la enfermedad de Alzheimer y demencias relacionadas, según la NIA.

«Las tareas financieras requieren mucho razonamiento y memoria, y por lo tanto [los errores en la gestión del dinero] ciertamente pueden ser una forma temprana en que las personas experimentan cambios», dice Heidebrink.

Según la NIA, los signos de problemas de dinero pueden incluir dificultades con lo siguiente:

  • Contar monedas
  • Pagar por una compra
  • Calcular una propina
  • Realizar el balance de una chequera
  • Entender un estado de cuenta bancario

12. Cambios en el juicio. Es posible que las personas con demencia experimenten cambios en el juicio y la toma de decisiones que pueden afectar todo, desde su apariencia hasta su bienestar financiero, dice la Alzheimer’s Association.

Un estudio reciente dirigido por investigadores de la Universidad del Sur de California examinó imágenes cerebrales de 97 adultos mayores de 50 años y descubrió que aquellos que tenían cambios cerebrales asociados con las primeras etapas de Alzheimer eran más vulnerables a las estafas financieras. Aunque no es un indicador definitivo, «evaluar la vulnerabilidad financiera en los adultos mayores podría ayudar a identificar a aquellos que están en las primeras etapas de deterioro cognitivo leve o demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer», dijo el investigador Duke Han en un comunicado de prensa.  

13. Extraviar cosas. A todos se nos pierden las llaves, los anteojos para leer, cartas importantes. Pero poner cosas en lugares inusuales, o extraviar algo y no poder recrear tus pasos, puede ser una señal de advertencia temprana de demencia, según la Alzheimer’s Association.

Es fácil perder la cuenta de las cosas, especialmente cuando te estás adaptando a una nueva rutina, como la jubilación, dice Whitson. Lo que es más preocupante es si encuentras lo que estás buscando, pero no recuerdas haberlo puesto allí en primer lugar.

«Si a menudo te das cuenta de que simplemente no recuerdas haber estado en esa habitación con ese [objeto perdido], para mí, eso es más alarmante, porque sugiere que algo con la memoria a corto plazo no está registrando», dice Whitson.  

14. Uso incorrecto de los artículos. Otro síntoma sutil «es no usar las cosas para su propósito correcto e intencionado», dice Whitson. Por ejemplo, comer con una cuchara cuando normalmente elegirías un tenedor, o verter vino en un vaso de cerveza.

15. Alucinaciones. Las delusiones o alucinaciones pueden ser un síntoma de demencia, «particularmente alucinaciones visuales, como ver personas o animales que no están allí», dice Dickson.

– Los tipos de demencia más comunes

Estas enfermedades son las principales causas de demencia. Las personas también pueden sufrir de demencia mixta, una mezcla de dos tipos o más, como la combinación de la enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular. 

La enfermedad de Alzheimer. El Alzheimer se caracteriza por placas amiloides y fibras enredadas en el cerebro y por una pérdida de conexiones entre las células nerviosas. El daño aparece inicialmente en el hipocampo, una zona del cerebro relacionada con la formación de recuerdos, y se extiende gradualmente desde ahí. Casi 7 millones de personas de 65 años o más en el país están viviendo con la enfermedad de Alzheimer, según las estadísticas del 2024 de la Alzheimer’s Association.

Demencia vascular. El segundo tipo más común de demencia resulta del daño a los vasos que suministran sangre al cerebro. Tiende a afectar la concentración, la organización, la capacidad de resolver problemas y la rapidez del pensamiento más de lo que parece afectar la memoria. Se estima que del 5 al 10% de las personas con demencia tienen demencia vascular. 

Demencia con cuerpos de Lewy. Depósitos de proteínas anormales en el cerebro, llamados cuerpos de Lewy, interfieren con la química del cerebro y provocan problemas con el comportamiento, el estado de ánimo, el movimiento y el pensamiento. Más de un millón de personas en EE.UU. han sido diagnosticadas con demencia con cuerpos de Lewy, según las estadísticas federales.

Trastornos frontotemporales. El daño degenerativo a los lóbulos frontales y temporales del cerebro es la causa más común de demencia en personas de 65 años o menos. Los síntomas pueden incluir apatía; dificultad al comunicarse, caminar o trabajar; cambios emocionales; y comportamiento impulsivo o inapropiado. Según UCSF Health, la demencia frontotemporal afecta a aproximadamente 1 de cada 5,000 a 10,000 personas. 

– Qué hacer si notas síntomas

Si has notado cambios o tienes alguna preocupación relacionada con tu pensamiento y memoria, o los de un ser querido, es importante llamar a un médico lo más pronto posible, dicen los expertos en salud.

Una gran razón: «Hay muchas posibles causas de estos cambios», dice Heidebrink. «Por ejemplo, no todos los casos en los que alguien experimenta estos cambios son automáticamente la enfermedad de Alzheimer. Podría haber otras causas: un efecto secundario del medicamento, un desequilibrio hormonal metabólico o algo más que podría ser tratable».

Si los cambios se deben a la demencia, un diagnóstico temprano tiene beneficios. Por ejemplo, hay medicamentos recién aprobados que pueden ralentizar la progresión de la enfermedad de Alzheimer, y las investigaciones sugieren que los medicamentos funcionan mejor en las etapas iniciales de la enfermedad. Además, un diagnóstico temprano hace que las personas reúnan los requisitos para una variedad más amplia de ensayos clínicos, señala la Alzheimer’s Association.

Puedes comenzar con tu proveedor de cuidados primario, quien puede referirte a un especialista, como un neurólogo o psiquiatra geriátrico, para una evaluación más exhaustiva y un diagnóstico definitivo.

– ¿Cómo se diagnostica la demencia?

Algunos métodos que los médicos utilizan para ayudar a diagnosticar la demencia:

  • Las pruebas cognitivas y neurológicas evalúan el lenguaje, las matemáticas, la memoria, la resolución de problemas y otros tipos de funciones mentales.
  • Las pruebas de sangre, aunque son relativamente nuevas y aún no están ampliamente disponibles, pueden medir los niveles de beta-amiloide y p-tau217, características distintivas de la enfermedad de Alzheimer.
  • Los escaneos cerebrales, como la resonancia magnética o las imágenes PET, pueden detectar cambios en la estructura y función del cerebro. Estas pruebas también pueden identificar derrames, tumores y otros problemas que pueden provocar demencia.
  • Las evaluaciones de salud mental pueden determinar si un problema de salud mental está causando o afectando los síntomas.
  • Las pruebas genéticas pueden ser útiles si los síntomas aparecen antes de los 60 años. El Alzheimer de inicio temprano está fuertemente vinculado a la genética, según Mayo Clinic. Habla con un asesor genético antes y después de hacer las pruebas.

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J.J. Benítez: «Los indígenas hacían el amor con los extraterrestres. Hay grabados de nativas dando a luz a seres no humanos»…


juan jose benitez retrato

Esquire(A.Trasobare) — ¿Por qué nos creemos los únicos? ¿Qué nos hace pensar que en este universo cuajado de estrellas e incógnitas solo los humanos tenemos capacidades mentales para aprender, crear, dibujar, construir, filosofar, escribir o pensar en abstracto? ¿Somos solo lo que sabemos como especie de nuestra especie y sus alrededores? ¿O el entorno conocido y sus pilares no son más que la puerta a otros mundos que están más allá y aún por descubrir?

Hace 200.000 ó 300.000 años que, según los científicos, el homo sapiens –revisa aquí el libro que lleva una década cambiando la visión de la Humanidad– transita por la Tierra.

La historia y la ciencia cada vez aportan más certezas sobre nuestros primeros pasos, pero de vez en cuando aparecen restos de civilizaciones antiguas, restos repletos de sorpresas y enigmas, que nos hacen repensar lo que en verdad o no fuimos y somos. Esta es una de las inquietudes que provoca el nuevo libro de J.J. Benítez (Pamplona, 1946) La cara oculta de México. Un hallazgo que debería cambiar la Historia (Ed. Luciérnaga).

Un título –el número 48 de una bibliografía repleta de best-sellers– que despierta la imaginación para cavilar, entre otras cosas, sobre la posible hibridación de humanos y extraterrestres. ¿Serías capaz de asumir que en tu árbol genealógico anda suelto un alienígena?

A mí, la verdad, me costaría, pero el veterano periodista, investigador y divulgador especializado en ufología y grandes enigmas construye con tal veracidad sus relatos –cargados de datos, muestras, fotografías, informes certificados, estudios y testimonios– que al cerrar el libro reconozco que durante un rato pude decir: “Yo también creo”.

La última vez que le entrevisté fue durante el confinamiento, con motivo de la publicación de su libro La gran catástrofe amarilla (Ed. Planeta) –revisa aquí las jugosas declaraciones que nos concedió–. Entonces me encontré al otro lado del teléfono a un hombre extremadamente sereno, seguro de sus palabras, decepcionado con la especie y consciente de que sus declaraciones no siempre son tomadas en serio.

Ha cambiado poco, la verdad. Y lo entiendo, sobre todo cuando pienso que este navarro lleva más de nueve millones de ejemplares vendidos en el mundo. ¿Qué ocurre entonces?, ¿se le cree o no se le cree? Para nosotros, esa no es la cuestión.

Aquí lo que nos importa es lo mucho que nos hace pensar y disfrutar con sus trabajos de campo, sus hallazgos inquietantes, sus teorías sobre otros mundos y sus declaraciones turbadoras. Advertencia para los que sigan leyendo: no nos hacemos responsables de tu posible conversión.

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  • En La cara oculta de México relatas el hallazgo de unos yacimientos diseminados por el Estado mexicano de Guanajuato con más de 60.000 piezas, entre ellas figuras de barro cocido, hachas y lajas grabadas que representan imágenes inquietantes (dinosaurios desconocidos montados por humanos, criaturas bicéfalas, extraños seres con manos y pies palmeados y lenguas bífidas, extraterrestres, naves espaciales). ¿Cuál es la singularidad de estos objetos? ¿Qué crees que representan?


Sí, calculo que hay unas 60.000 piezas, entre piedras grabadas, figuras de barro y otros objetos. Lo más llamativo de estas piezas grabadas es que representan figuras de seres no humanos y una serie de objetos no identificados, en concreto naves, junto a habitantes indígenas.

También hay figuras de dinosaurios, algo que tampoco se puede explicar. Esto no se ha visto nunca, salvo en otro caso que se produjo en Ica (Perú), donde se hallaron unas piedras grabadas similares cuya procedencia también se desconoce. La primera vez que vi este tesoro mexicano pensé que era una falsificación.

Las piezas —las hay de mármol, cuarzo, florita, ónix y jade— presentan sirenas junto a seres de grandes cráneos y ojos almendrados que son claramente extraterrestres. En otras lajas negras se ven naves en pleno vuelo, urnas en forma de ovni con tripulantes de enormes cabezas en su interior.

Muchas tienen bellísimas incrustaciones de madreperla y un asombroso acabado espejo. También hay espadas, lanzas y hachas con los mangos delicadamente grabados. Son piezas tan espectaculares y bien hechas que al principio pensé que eran modernas. Pero según fui investigando y me confirmaron las dataciones, me di cuenta de que no era así.

De hecho, hay piedras que tienen 8.000 años de antigüedad, otras tiene 3.590, otras son del siglo III, otras del siglo XV. Todo aquello es auténtico.

  • Relatas en el libro que no todos los laboratorios y universidades a los que recurriste (Fundación Amerindia de Arizona, Departamento de Zoología de la Universidad de Harvard, Universidad de Nueva York, Universidad Autónoma de Madrid) certificaron el mismo resultado. ¿Por qué entonces estás convencido de su autenticidad?


Porque es una colección muy amplia de objetos que pertenecen a distintas épocas de la Historia. Por ejemplo, de la pieza titulada La pareja extrajimos una piedra del cuello que enviamos a los laboratorios de la Universidad Autónoma de Madrid. Ellos la sometieron a pruebas de termoluminiscencia y confirmaron que tenía 1.700 años de antigüedad.

Esa estatua tiene una altura de 1,80 metros, pesa casi una tonelada y es de mármol blanco. No les contamos el origen, solo les pedimos que fecharan esa pequeña pieza del cuello. Si ellos dijeron que es del siglo III, obviamente les creemos, es una universidad de prestigio. Ahora, con la publicación de este libro, se estarán enterando de dónde viene esta piedra.

  • El Dr. Jiménez del Oso fue quien te mostró por primera vez este hallazgo en 1989. ¿Cuántas veces has viajado hasta el pueblo de Acámbaro para documentarte? ¿Por qué publicas ahora este estudio y no antes?


He viajado hasta allí unas cinco veces, pero la primera vez que vi todo aquello fue efectivamente junto a Fernando Jiménez del Oso para hacer un programa para TVE. Estuvimos en un pueblo que se llama Acámbaro y en una especie de sótano de un edificio había miles de figuras de barro envueltas en papel de periódico y abandonadas.

Aquello nos llamó muchísimo la atención porque eran figurillas de barro cocido que representan dinosaurios de especies desconocidas y otras figuras que no tienen explicación lógica. En 2018, me enteré de que en el Estado de Michoacán, mientras abrían una nueva carretera, habían encontrado una serie de lajas de piedra grabada como las que vi entonces.

Decían que la gente se las estaba llevando, incluso con helicópteros. Y volví a retomar mi trabajo de investigación con el que he podido confirmar que esos grabados súper nítidos de seres no humanos que aparecen junto a los nativos y a naves sobrevolando son verdaderamente auténticos.

  • ¿En ningún momento has dudado de la veracidad de estos objetos?

Bueno, al principio claro que tuve mis dudas, pero después de los resultados de las pruebas del carbono 14 y la termoluminiscencia no me ha quedado otra que rectificar y pensar que todo esto ha sido obra de alguien que estuvo por aquí hace 8.000 años, hace 3.590 años o en el siglo III.

jj benítez, sosteniendo un hacha con grabados de extraterrestres
J.J. Benítez, sosteniendo un hacha con grabados de alienígenas.

  • Dices también que todos estos hallazgos tienen otra singularidad y es que ninguno presenta huellas de herramientas. ¿Qué quieres decir con ello? ¿Quién crees que las hizo y cómo?

La observación de que no hay señales de herramientas es bastante sencilla. Basta con estudiarlas a través de una lupa para comprobar que no hay rayaduras. Además, el pulido y la perfección de las grabaciones son extraordinarios. La hipótesis a la que se llega es que esas piedras no son obra humana, sino obra de esos mismos seres no humanos que se representan ahí y depositadas en ese Estado de Michoacán a lo largo de la Historia.

  • ¿Qué explicación se le puede dar a este hallazgo que, según tu investigación, está formado por piezas que pertenecen a periodos tan distintos de la Historia?

Yo entiendo que puede ser un testimonio y que confirma la presencia de varias civilizaciones no humanas, en este caso en México. Estos hallazgos son la prueba de que estos seres no humanos han fabricado las piezas, las han depositado y luego las hemos encontrado. E

s un testimonio clarísimo de que civilizaciones no humanas nos han visitado a lo largo de la Historia, y no solo en México. Hay muchos testimonios de estas civilizaciones en otras partes del mundo que conocemos a través de pinturas rupestres, de la mitología, de leyendas…

  • Aunque nos cueste creer lo contrario, ¿por qué los humanos vamos a ser la única civilización del universo?

Es que no somos los únicos, eso está claro.

  • Hablemos de humanos y dinosaurios, dos especies que no coincidieron en el tiempo. ¿Cómo explicas las figuras de humanos montados en dinosaurios como si fueran caballos? ¿Podrían ser fruto de la imaginación, tras encontrar, por ejemplo, restos de dinosaurios en la zona?

La verdad es que no tiene explicación, salvo que admitas la hipótesis de que a lo largo de la Historia y de los primeros tiempos de la humanidad aquí, en la Tierra, ha habido civilizaciones que han sabido de esos dinosaurios y los han representado en barro. En una de esas colecciones de figurillas de Acámbaro nos llamó mucho la atención una representación de un elefante asiático.

Pero, claro, los elefantes asiáticos nunca han estado en América. ¿Cómo sabían de la existencia de los elefantes asiáticos los que hicieron esa escultura? Lógicamente porque lo han visto y lo han visto en Asia.

Una de las hipótesis de este trabajo es que esas civilizaciones conocían la totalidad del mundo, dejaron en esa zona de México esas figuras no sabemos muy bien por qué y con ello están dando testimonio de unos dinosaurios que existieron hace 66 millones de años.

  • ¿Y no cabe la posibilidad de que fuera una expresión artística fruto de la creatividad?

No, los restos de dinosaurios que se han encontrado en esa zona de México son los conocidos. Pero dinosaurios desconocidos hay más de doscientos fabricados y representados en estas figuritas de barro.

Es difícil de explicar, es cierto. Lo que está claro es que esas piedras grabadas que también forman parte de este descubrimiento se pueden tocar y se pueden analizar y se puede saber su antigüedad. Hay investigadores que dicen que estas figuras proceden de la mítica Atlántida que se hundió y que, antes de hundirse, las trasladaron a México. Podría ser.

tesoro de acámbaro figura de extraterrestre
Otra de las piezas del tesoro de Acámbaro recogidas en el nuevo libro del escritor navarro.

  • Hay lajas de piedra y hachas que muestran figuras grabadas en relieve con piedras semipreciosas que representan alienígenas y naves espaciales que parecen salidos del cine, junto a indígenas, conviviendo en aparente paz y armonía. ¿Es este el mensaje de estos objetos o hay otros?

El mensaje fundamental es que no estamos solos. Si eso es real, y lo es, estas civilizaciones han bajado a nuestro mundo hace 8.000 años, hace 3.590 años, etc.

  • Si hubo relación entre terrícolas y extraterrestres como representan muchos de estos objetos, ¿por qué crees que se rompió y por qué no se han producido más encuentros, por lo menos que sepamos?

Claro que se están dando encuentros. En todo el mundo se están produciendo apariciones de estas naves no identificadas, de contactos con sus tripulantes. Lo que pasa es que son contactos y muy fugaces. No es como se nos presenta en este tesoro, donde parece ser que los indios y las indias nativos hacían el amor con estos seres.

También vemos nativos y seres no humanos que practican una apertura en el pecho para extraer el corazón. Hay una serie de elementos que te dicen que había una relación larga y duradera. Probablemente esos seres pudieron enseñar cosas a los humanos: matemáticas, agricultura, metalurgia…

Eso explicaría por qué los aztecas, y sobre todo los mayas, tenían conocimiento del tiempo que tardaba la Tierra en dar una vuelta sobre sí misma. ¿Cómo sabían también que el año de Venus dura 584 días? Pues muy seguramente porque alguna de estas civilizaciones se lo enseñaron.

  • Una investigación del CSIC propuso hace unos años que la mayor similitud del ADN de sapiens y neandertales, en comparación con los denisovanos, podría deberse a una hibridación entre ambos. ¿Crees posible que hubo también una hibridación entre humanos y extraterrestres, a juzgar por las imágenes presentes en las piezas de este tesoro?

Hay varios grabados que lo confirman, yo solo he mostrado uno. Pero hay otros grabados donde aparecen indias nativas dando a luz a seres no humanos, lógicamente porque ha habido una hibridación. Esa mezcla no me extrañaría nada. Pudo ser para mejorar la raza o simplemente porque se sentían atraídos. Eso ya está en la biblia.

indígena dando a luz a un extraterrestre
Una laja grabada muestra a una indígena dando a luz a un ser no humano.

  • ¿Quiere decir con ello que el homo sapiens es descendiente de los extraterrestres?

Puede resultar extraño porque la mayor parte de la gente no acepta la existencia de civilizaciones no humanas. Pero si aceptas la existencia de otras civilizaciones fuera de la Tierra, tienes que estar de acuerdo, sobre todo si esta civilización te lleva una ventaja de miles de años.

Y en algún momento, han podido fijarse en un grupo de primates, por ejemplo, y hacerles una intervención genética. ¿Para qué?, para que con esa intervención genética se pueda desarrollar la inteligencia actual del ser humano. Lo que ocurre es que la gente lo ve desde el punto de vista religioso y entonces se acabó el debate.

La frase “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” no tiene sentido que la dijera Dios porque es en plural, pero sí que la dijeran unas civilizaciones superiores a las de los primates que había entonces por aquí.

  • Algunos científicos dicen que la humanidad desaparecerá en tres o cuatro generaciones, si no revertimos el daño que estamos infligiendo al planeta. ¿Hacia dónde crees tú que va nuestra civilización?

Nuestra civilización va hacia el desastre, no creo que dure tantas generaciones. Por lo que está pasando y por lo que vemos, el futuro de la humanidad no es muy halagüeño. No se puede entender que el pueblo judío esté masacrando a los palestinos y que los rusos invadan Ucrania.

No tiene ningún sentido. Creo que la gente ha perdido el Norte. No tengo ninguna esperanza en el ser humano, la verdad.

  • Dicen que el hombre siempre ha sido un mono asesino, ¿estás de acuerdo?

Hay varias teorías, pero la que más me convence, aunque no la comprendo del todo, es esa que dice que la Tierra es un mundo experimental. En la Creación, parece ser que hay mundos laboratorio de vez en cuando, donde se experimenta todo: lo bueno y lo malo.

Y la Tierra sería un mundo experimental donde cabe Hitler y la madre Teresa de Calcuta. Si esto es así, no me extrañaría que la humanidad acabara fatal. Hay una segunda parte de esta hipótesis, la que no comprendo, que es cuando el Padre Azul en el que yo creo permite que haya mundos donde existe el mal. No lo entiendo. Se lo voy preguntar.

  • ¿Cuándo se lo vas a preguntar?

Cuando pase al otro lado, claro.

  • Precisamente eso te quería preguntar: ¿piensas mucho en la muerte?, ¿le tienes miedo?

Yo pienso en la muerte todos los días. No me da miedo morir, pero sí me da cierto miedo la forma de morir. No es lo mismo que te mueras en la cama de un infarto y no te enteras, a que tengas que sufrir un cáncer durante varios años. Pero la muerte en sí misma, por lo que yo he investigado, es apagar la luz y abrir los ojos en otro sitio con un cuerpo físico mucho mejor que este.

Así es como se inicia un nuevo camino donde no hay tiempo, un camino hacia el lugar donde habita El Padre Azul que es el paraíso verdadero.

  • Todo eso suena muy bonito, pero no todos tenemos esa fe o no la tenemos siempre.

Más que una cuestión de fe es una cuestión de información. Yo he podido interrogar a más de mil personas que han tenido este tipo de experiencias cercanas a la muerte o que han visto personas muertas, amigos, familiares, y que incluso han llegado a hablar con ellos y los han tocado.

Que un señor de Perú me cuente lo mismo que otro señor de Afganistán, de Estados Unidos o de España, sin conocerse, es porque cuentan la verdad.

  • ¿Y por qué en Occidente cada vez se cree menos en la otra vida?

Porque la educación recibida a lo largo de la historia, sobre todo por parte de las religiones, nos ha obligado a pensar que hay que ser bueno o malo para ir al cielo o al infierno. Pero la posible realidad es muy diferente. Tú no vas a ser condenada por nada, aunque fueras la asesina más salvaje de la faz de la Tierra.

Existe lo que se llama una ley del contrato, donde tú decides, antes de nacer, lo que quieres hacer en este mundo de la imperfección y de la materia. Y cuando naces, se te borra esa información para no descafeinar la experiencia. Hagas lo que hagas, pienses lo que pienses, cuando mueras, vas a seguir vivo, serás inmortal.

Y todo esto que digo no le interesa a las religiones, porque lo que le interesa a las religiones es dominar tu voluntad, esclavizarte moralmente. Esa es la razón fundamental por la que vino Jesús de Nazaret. Él no vino a salvarnos ni a redimirnos. Vino a decirnos: “Cuando tú mueras, seguirás vivo”.

  • Esa es la idea que vertebra tu obra magna, la serie de doce libros Caballo de Troya donde relatas, a través de un viajero del tiempo, la otra vida de Jesús de Nazaret. ¿Reanudarás la saga?

No lo sé, quizá.

Me gustaría entonces que nos hablaras de la visión remota, una práctica que practicas y que relatas en algunos capítulos de tu nuevo libro. ¿En qué consiste y qué es lo más alucinante que has visto a través de ella?

Es un sistema de viaje, entre comillas, de la mente. Hay muchos procedimientos, pero yo siempre he seguido uno que se llama el método Silva. Lo haces a través de una relajación muy profunda, de una meditación muy honda con la que se baja al estado alfa, mientras mentalmente proyectas la mente al lugar y al tiempo donde tú quieres ir.

Es lo que he hecho para La cara oculta de México. Me he proyectado a 8.000 años atrás, a 3.590 años atrás, para ver cómo llegaron allí todos esos objetos.

pieza del tesoro de acámbaro con indígena y extraterrestre

  • ¿Y qué vistes?

Vi unas naves que descendían hasta el techo de una choza y de esa nave descendían muy lentamente unas piedras grabadas que se posaban en el suelo. Luego los indígenas salían de la choza y se las llevaban.

  • O sea, quieres decir que las 60.000 piezas que forman este tesoro mexicano fueron fabricadas, transportadas y depositadas por alienígenas.

Sí.

  • ¿Qué les dirías a todos esos científicos y lectores descreídos que desconfían de tus métodos y teorías?

Que lean, que se informen, que mediten y que se escuchen un poco más a sí mismos.

El libro se subtitula Un hallazgo que debería cambiar la Historia, ¿qué crees que va a cambiar?

Este libro no va a cambiar nada, pero sí va a provocar muchas reacciones negativas, eso seguro. Los arqueólogos, por lo menos con los que yo he hablado, no aceptan el fenómeno ovni ni el fenómeno extraterrestre, por lo tanto todo lo que cuento y documento para ellos es falso.

Incluso escuché a alguien en televisión diciendo que todas estas figurillas no son más que souvenirs para los turistas.

  • ¿Tampoco aceptan la antigüedad que certifican las universidades y laboratorios de prestigio, cuyos informes aportas en el libro?

Durante mis reuniones con algunos de ellos fue lo primero que argumenté, pero se cierran en banda diciendo que es falso. Entiendo que si aceptaran el fenómeno ovni perderían su prestigio dentro de la comunidad científica y tendrían problemas.

Tú, sin embargo, no has tenido problemas como periodista y divulgador del más allá. Es más, te ha ido muy bien. ¿Siempre creíste que había otros mundo más allá del nuestro?, ¿Qué señal o sentimiento te confirmó esa certeza?

Fue nada más empezar a trabajar como periodista en La Gaceta del Norte, en el año 1972. Me mandaron a hacer una información a un pueblico donde había aparecido un ovni.

Hasta ese momento nunca me había interesado el tema, salvo una vez en El Heraldo de Aragón de Zaragoza que tuve que hacer una entrevista a un abogado que le gustaba el tema ovni y en esa entrevista me habló mucho de ello. Pero yo no había investigado nada.

Entonces, en ese año 72, voy al pueblecito ese, hablo con la gente, con los testigos, y me empiezan a contar que han visto como una especia de cigarro puro con mucha luminosidad que se colocó encima de una escuelita. Lo había visto casi todo el pueblo y pensé: “Un avión no es, un helicóptero tampoco, un globo sonda menos todavía… ¿Qué es esto?”

Ahí es cuando empecé a investigar, pero por pura curiosidad. Luego fue abriendo nuevos frentes, me fui interesando por otros muchos temas y así hasta hoy.

  • Imagino que estará contento con su trayectoria, ¿no?

A veces sí y a veces no, porque la humanidad está ciega y, salvo una minoría, al resto ni le interesa ni le preocupa.

  • Quizá nos cuesta creer lo que no vemos. ¿Qué es lo más sorprende que has visto tú en estos años de investigación?

Lo más espectacular que he visto y que me ha ocurrido ha sido encontrarme con la información de los Caballos de Troya. Me cambió la forma de ver a Jesús de Nazaret, me cambió su mensaje, me cambió la vida.

  • ¿Y qué es la vida para ti?

Una aventura. Todos nosotros procedemos de un lugar donde no hay materia. Alguien, en un momento determinado, nos cuenta que sí hay otros mundos que son materiales, donde existe el tiempo, donde existe la enfermedad, la alegría, el amor, y decidimos bajar a experimentar todas esas emociones y sensaciones, bajamos a vivir esa aventura.

Y decido cómo quiero ser en ese mundo, o sea, en este: quiero ser hombre, quiero ser mujer, dedicarme a esto, que me pase lo otro…

¿Se puede volver más de una vez a la Tierra para vivir nuevas aventuras?

Con una es suficiente para saber qué es la materia, qué es la imperfección. Puede haber seres de naturaleza diferente a los que se les encomienda misiones concretas en lugares físicos, pero eso no es lo habitual.

  • Entonces tú no crees en la reencarnación.

No creo en la reencarnación porque no es necesaria. El argumento fundamental de los que creen en la reencarnación es que necesitas aprender tantas cosas que tienes que volver a nacer una y otra vez. Yo digo que aunque vivieras mil millones de vidas no aprenderías ni la décima parte de lo que te rodea en el universo.

Por tanto, la razón de la reencarnación, que sería aprender, es falsa. Aquí se viene a experimentar, que es mucho más interesante: experimentar el tiempo, la materia, la amistad, experimentar el amor, el amor físico, el dolor, la muerte.

A lo largo de tu vida has avistado cuatro fenómenos ovni. Si se produjera un quinto y fuera lo bastante cercano o íntimo para establecer comunicación, ¿Qué te gustaría preguntar o decir a los extraterrestres?, ¿sería capaz de embarcar en su nave o te daría miedo?

Seguramente me quedaría mudo mirándoles. Después, les preguntaría lo que me dijo un astrofísico del observatorio de Calar Alto de Almería, al que le hice la misma pregunta.

Pensó un rato y contestó: “Si el número Pi tiene el mismo valor para ellos que para nosotros, puesto que no hay forma de encontrarle el final”. No sé, la verdad, creo que me quedaría mirando como un idiota y ya está. ¿Y subirme a su nave? Si hay billete de vuelta, sí [risas].

nuestras charlas nocturnas.


¿Hay animales supersticiosos?…


Paloma

Muy Interesante(A.Bayón) — Evitar cruzarse con un gato negro, pasar por debajo de una escalera, echar sal por encima del hombro, consultar el horóscopo a diario, los espíritus, las energías cósmicas con las que curar dolencias mediante el reiki, el mal de ojo, la quiromancia, la astrología, el feng shui… la lista de supersticiones de las que los seres humanos somos víctima es tan larga como irracional.

En general, una superstición es una creencia según la cual se establece algún tipo de relación de causa y efecto entre fenómenos que, en realidad, no presentan relación causal.

El estudiante que emplea un bolígrafo para hacer un examen y saca muy buena nota, y desde entonces decide usar ese mismo bolígrafo porque le trae suerte; la persona que siempre compra el décimo de lotería en la misma administración porque allí siempre se reparte un premio importante; o quien decide santiguarse antes de que el avión despegue porque, de ese modo, se siente protegido por un poder superior. Todos ellos son ejemplos cotidianos de comportamientos supersticiosos.

En realidad, el bolígrafo del estudiante no cambiará el resultado del examen, sino lo bien preparado que lleve el temario. En realidad, todos los décimos tienen la misma probabilidad de tocar, y si esa administración de lotería siempre reparte premios importantes es porque vende muchos más números.

Y en realidad, los gestos que haga con la mano un pasajero no influirán favorablemente en el vuelo, sino el buen tiempo atmosférico, el correcto funcionamiento del avión, el buen estado de la pista, la buena coordinación entre aparatos y la habilidad del piloto.

Pero el ser humano no es el único animal supersticioso. Asumir causas y efectos como ciertos en eventos que no están relacionados es algo que llevan a cabo muchas especies. Y entre todos los experimentos, uno de los que más llama la atención es el de Skinner y sus palomas.

Las palomas supersticiosas

El condicionamiento operante es una forma de estimular conductas deseables y evitar o eliminar aquellas indeseables. A diferencia del condicionamiento clásico pavloviano, que asocia un estímulo con una conducta, el condicionamiento operante trabaja asociando la conducta con sus consecuencias.

Pero en ocasiones, las consecuencias percibidas no siempre son consecuencias reales. Y es precisamente lo que Burrhus F. Skinner descubrió en 1947 en uno de sus experimentos con palomas.

Los animales eran preparados —se les dejaba cierto tiempo sin comer— e introducidos en jaulas experimentales donde no se realizaba ningún tipo de condicionamiento. Tan solo un temporizador de cinco segundos proporcionaba una pequeña cantidad de comida al animal.

Sin embargo, con el paso del tiempo, los animales adquirieron un comportamiento específico que no había sido inducido por ningún agente externo.

En su estudio, Skinner expone que una de las palomas daba dos o tres vueltas alrededor de la jaula, siempre en sentido contrario de las agujas del reloj, antes de obtener la comida. Otra metía la cabeza obsesiva y repetidamente en una de las esquinas superiores de la jaula a hasta que veía caer la comida.

Otra picoteaba hacia el suelo pero sin llegar a tocarlo, y levantaba de nuevo la cabeza para comprobar si había llegado ya el alimento. Comportamientos distintos en animales diferentes, ninguno de ellos predominantes, pero todos sorprendentes.

El proceso de acondicionamiento sucedía porque cuando la comida llegaba, el animal estaba realizando alguna acción, la que fuera. Y como el estudiante que se aferra a su bolígrafo, la paloma se aferraba a ese comportamiento como si fuese lo que le diera de comer.

Asumieron una relación de causa y efecto entre el comportamiento y recibir comida, sin saber que el premio caía igualmente llevasen a cabo su acción o no.

Y seguían repitiéndolo incluso cuando no funcionaba, cuando no recibían nada. En algunos casos, el animal llegó a repetir hasta diez mil veces el comportamiento antes de comprender que había dejado de funcionar lo que en realidad nunca había funcionado.

Y bastaba que de nuevo cayera la comida una o dos veces para que un nuevo comportamiento supersticioso sustituyera al anterior.

Pero si bien el de las palomas es el primer ejemplo riguroso de un comportamiento de superstición animal, hay otro experimento también muy llamativo.

El (falso) experimento de los monos y la escalera

Si hay un ejemplo de experimento ampliamente conocido en el que se analiza la superstición de los animales es el famoso experimento de los monos, la escalera, los plátanos y la manguera.

En una búsqueda rápida de Google con las palabras «monos escalera plátanos» encontramos casi medio millón de resultados. En ellos se explica un experimento que unos científicos, supuestamente, llevaron a cabo con unos cuantos monos. Las versiones varían según quien lo cuente, pero todas las historias tienen el mismo trasfondo.

Un grupo de investigadores puso a cinco monos en una jaula con una escalera. Sobre la escalera colocaron unos plátanos. Cuando uno de los monos subió la escalera para coger el alimento, el resto de los monos recibieron un chorro de agua fría.

La respuesta de los monos fue agresiva contra el intrépido que se había atrevido a subir la escalera. Cada vez que alguno trataba de alcanzar los plátanos, los demás reaccionaban violentamente para evitar que alcanzase su objetivo, evitando con ello el agua fría. Después de un tiempo, ningún mono intentaba coger los plátanos, a pesar de la tentación.

Entonces, uno de los monos es sustituido por otro que nunca había sufrido las desagradables consecuencias. Pero cada vez que el novato, desconocedor del problema de la manguera, trataba de alcanzar los plátanos, el resto de animales se abalanzaba sobre él para impedírselo.

Uno a uno todos los monos fueron sustituidos, hasta que en el grupo resultante no quedaba ningún animal que hubiese recibido el agua fría. Sin embargo, todos perpetuaron el comportamiento violento cuando el mono más reciente de la jaula trataba de subir la escalera para alcanzar los plátanos.

Por supuesto, como buena historia, tiene su moraleja: si pudiésemos preguntar a esos monos cuál es el motivo del ataque violento contra el que quiere alcanzar la comida, ninguno sabría que se trata de una trampa y que los demás recibirían una descarga de agua, implemente pensarían que es lo que se debe hacer, porque siempre ha sido así.

Afortunadamente, el experimento nunca sucedió. En realidad, el origen de la historia está en un blog ya extinto del experto en marketing Michael Michalko. Él dijo que se había basado en un experimento llevado a cabo por Gordon R. Stephenson sobre la adquisición cultural de una respuesta aprendida específica entre macacos.

Sin embargo, el trabajo publicado por Stephenson no se corresponde en absoluto con las condiciones experimentales explicadas en la historia de Michalko.

De hecho, es muy poco probable que se llegara siquiera a plantear un experimento de esta naturaleza; es dudoso que algún comité de bioética permitiese que se administrara ese sufrimiento innecesario a los animales. Aunque sí es cierto que los monos, como los humanos, pueden adquirir comportamientos supersticiosos.

Sin embargo, hay una reflexión que se puede obtener de esta historia, más allá de la evidente.

Cuando la moraleja se convierte en paradoja

El falso experimento de los monos y la escalera es usado como ejemplo con frecuencia. Además de estar tan difundido por internet, en algunas universidades lo enseñan como experimento real.

Lo peor de este falso experimento y su divulgación no es el papel de villano en que deja a los científicos, que someten a tortura a los pobres primates sin motivo, y sin responder a ningún tipo de pregunta científica.

Quienes reproducen la historia sin contrastar sus fuentes o su veracidad están, paradógicamente, cayendo en el mismo error que los primates del relato, repiten un comportamiento por inercia, sin plantearse si realmente es cierto. Pues ese relato se sigue contando, y siempre ha sido así.

El ser humano no deja de ser un animal profundamente supersticioso. De vez en cuando deberíamos pararnos a pensar en esos pobres y metafóricos monos, y aprender de su hipotético e irreal sacrificio.

nuestras charlas nocturnas.


Nunca te fíes de las apariencias…


diversidad apariencias

Igluu(A.López) — Aunque a veces parezca que la norma quiere imponerse, en realidad el mundo es como un gran mix de frutos secos repleto de cacahuetes, pasas, anacardos, avellanas y algún que otro garbanzo. Una fiesta en la que el disfraz ya no es necesario: la diversidad es hoy una revolución estética donde las diferencias se celebran cada vez más en todas las disciplinas.

Todos queremos encajar y, quien diga lo contrario, miente. Desde pequeños, nos esforzamos por demostrarle a los demás que tenemos gustos parecidos, desde nuestras aficiones hasta las zapatillas que nos compramos –imposible no acordarse de aquellas que se iluminaban al caminar–.

Como seres sociales, vivimos en permanente equilibrio: queremos ser auténticos y destacar, pero siempre al calor del grupo. La estética juega un papel esencial en ello: salirse de lo comúnmente establecido puede ser un desafío, pero también un éxito.

Aunque pensemos que vivimos en una sociedad muy abierta, no podemos negar que a menudo llevar una imagen rompedora o fuera de lo habitual es una diana para los prejuicios. Tampoco que, en un momento de gris homogeneidad, si se usa bien, es una poderosa arma para destacar.

Eso es algo que conocen bien comunicadores, influencers y divulgadores que intentan hacerse un hueco en Instagram, TikTok o Twitter –ahora X, para que no se enfade Elon Musk–. Ya sea por su mensaje o por su estética, los que han conseguido escapar al canon han logrado ser disruptivos y, al mismo tiempo, han contribuido a crear un mundo más vanguardista y abierto demostrando, una vez más, que las apariencias engañan.

Mikel Herrán (@PutoMikel), Daniela Granados (@ddanielagc) e Iván Solar (@KillerQueen) son tres ejemplos de ello. Son, respectivamente, un historiador, una socióloga y un médico. Tres profesiones que, sobre el papel, parecen muy alejadas de la estética que muestran en redes.

Tres muestras de que, frente al estereotipo, hay una oportunidad para ser uno mismo e invitar al resto a que lo sea, se dedique a lo que se dedique.

Detrás de esta dicotomía que cambia lo tradicional por el gusto por ser como uno es, hay todo un relato que trasciende incluso a estos divulgadores. Diana Rubio, experta en protocolo e imagen, confirma que esto viene de largo: la disrupción tiene más años que un bosque, no ha comenzado ahora ni con estos divulgadores.

«Gaudí o Leonardo da Vinci son casos paradigmáticos que triunfaron teniendo una imagen diferente a la que cabría esperar de personas que alcanzaron tal nivel de reconocimiento en sus respectivos campos», sostiene.

La asesora de imagen asume, eso sí, que estas nuevas formas de comunicar permiten que los que son ahora disruptivos puedan ser «más visibles y estar más presentes para todo». La imagen, al fin y al cabo, siempre ha tenido el poder de captar la atención y una vez lograda, consigue emitir un mensaje o demostrar su talento con más fuerza que nunca.

«Ser disruptivo actualmente ayuda a diferenciarse y conseguir seguidores. Salirse de la norma vende», zanja Rubio. En esa valiosa diferencia, emergen comunicadores capaces de crear una tendencia que, en opinión de la experta, «debería formar parte de estudios sociológicos».

«Demuestran que quien es diferente llega a más personas que quienes siguen el canon». O, dicho de otra forma, lo que hasta ayer era ser extravagante hoy es un valor cada vez más demandado.

– Sociología a lo Bad Gyal

Daniela Granados (@ddanielagce) es una socióloga que está haciendo a muchos aprender el término raxeta, que básicamente es el sinónimo moderno para referirse a la estética antes conocida como choni. Esas chavalas de barrio que mezclan bolsos de imitación con camisetas animal print y unos aros en los que cabe toda la obra de los autores clásicos. 

Una bibliografía que, pese a lo que muchas mentes prejuiciosas pudieran pensar al verla, Daniela, conoce a la perfección. Y lo deja claro en cada vídeo.

«Empecé a grabarlos después de una clase de la universidad sobre la masculinidad. Me parecía que más gente tenía que saberlo, quería ser útil y distinta de la superficialidad de las redes sociales», cuenta sobre sus comienzos. Daniela sigue estudiando, por lo que divulga casi a la par que va desarrollando su carrera académica. 

Una de las claves está en la sencillez con la que afronta que cada vez tenga más seguidores, que ya superan los 60.000 en TikTok. «Mi estilo no es premeditado y va cambiando según mi estado de ánimo. Es inevitable tener miedo a los errores, pero confío en mí misma y en lo que hago».

Con la naturalidad de quien vive una realidad que para muchos es vanguardista, Daniela lamenta el machismo que aún sigue instalado en las redes sociales, aunque, del otro lado, agradece la posibilidad de llegar hasta los sitios más insospechados.

«Es cierto que te tienes que esforzar el triple por ser mujer para que te hagan caso, pero también me han escrito niñas diciéndome que han decidido estudiar sociología por mí. Eso a mí me tiene flipando».

No descarta seguir divulgando así de cara al futuro, pero también piensa derribar prejuicios en cuanto a la forma de comunicar en su campo. Quiere que todo vuelva a ser más natural. «Ojalá pueda dedicarme más a hacer lo que hago en persona y menos por una pantalla».

– Darle una vuelta a la historia

Como apunta la experta Diana Rubio, la disrupción entre lo que uno muestra y lo que los cánones tradicionales establecen no es algo que esté sucediendo ahora, sino que ha sido una constante a lo largo de la historia. Y ese es precisamente el campo de Mikel Herrán (@PutoMikel). 

Un divulgador que relata acontecimientos que marcaron el devenir de nuestro tiempo a la vez que se empapa de una sociedad contemporánea en la que los tópicos relacionados con el género están cada vez más diluidos.

Aparece en muchos de sus vídeos como lo haría en su vida normal: maquillado. Vivió un tiempo en Catar, un país que no acepta a personas del colectivo LGTBIQ+ al que él pertenece, y al llegar a España sintió la pulsión de comunicar de la manera en que lo hace. «Me parecía importante utilizar este tipo de lenguaje visual.

Es muy importante romper los estereotipos: me aburren los convencionalismos de lo que puede y no puede hacer un hombre».

En sus redes –cuenta con más de 100.000 seguidores en Instagram y muchos de sus vídeos en YouTube superan el medio millón de visitas– reivindica la pluma mientras divulga sobre historia y antropología. Entre su público hay gente atraída por su manera de comunicar estas disciplinas, pero también académicos de estética clásica.

«He sentido alguna mirada sospechosa, como de asumir que, por mi estética, hay falta de seriedad en lo que hago», reconoce. Por fortuna, cada vez son menos.

Tanto en sus vídeos como en sus libros –La historia no es la que es, es la que te cuentan y Sodomitas, vagas y maleantes: historia de la España desviada de Atapuerca a Chueca, editados por Planeta–, Mikel confirma que el mensaje y su envoltorio pueden ayudar a romper con lo establecido.

El historiador recuerda cómo un día una niña y su abuelo se le acercaron para saludarle, y fue la nieta la que contó que le había conocido por su abuelo. «Justo al revés de lo que puedes esperar».

– Una drag en Urgencias

Desde hace unos años, el fenómeno drag arrasa en España, con formatos como Drag Race (Atresmedia) y espectáculos musicales que se suceden en distintas ciudades temporada tras temporada. Quizá una de las más conocidas de nuestro país sea Killer Queen. Lo que no todo el mundo conoce es que es una drag que también es médico de urgencias en la Comunidad de Madrid.

«Lo que más valor aporta de mi imagen es romper con el hecho de pertenecer a la élite social a la que pertenecen los médicos. Parece que tenemos que ser personas rectas y que yo esté con peluca y tacones haciendo el mamarracho nos acerca a la normalidad», dice Killer Queen, que es Iván Solar cuando sus pacientes acuden a verle.

Muchos de ellos ya le conocen como drag y se muestran más cómodos con él que con ningún otro compañero. «Me llegan, en general, muchos jóvenes y probablemente pertenecientes o conocedores del colectivo LGTBIQ+ que saben quién soy y se sienten en un lugar seguro».

Su imagen no es un mensaje en sí mismo, pero su vida sí lo es: Killer Queen es el alter ego que mejor entiende a Iván Solar y viceversa. «He llegado a un momento bastante pacífico con mis dos yoes. Creo que vivimos en un momento de bastante armonía». Es algo que intenta transmitir cada vez que habla de su profesión en sus redes, y también a través del activismo.

«Intento desde mi posición demostrar que hay intención de cambio en el mundo en general y en el de la medicina. Siempre digo lo mismo a los pacientes:

“Yo le tengo que tratar bien; cómo vaya vestido, da igual. Lo que a usted le interesa es que yo sea un buen médico y profesional. Mientras le atienda bien, usted no tiene que preocuparse de lo que yo haga en mi vida privada, si me pongo una peluca o no. Como si un día quiero ir con peluca a la consulta”».

Preocupados por un mundo que va a una velocidad trepidante, estos tres perfiles son ejemplo de un presente que camina hacia un futuro en el que la diversidad es norma y fuente de riqueza.

«Me gustaría pensar que el normativismo va a ser lo raro y que la gente no va a saber lo que es una profesión normativa. Ojalá ser referente para que estas generaciones rompan definitivamente con los prejuicios y que, en un futuro no sea raro que un médico, un juez, un abogado, o yo qué sé, un presidente del gobierno, puedan ser drag», concluye Soler.

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Qué hay que desayunar para llegar a vivir 100 años según los expertos en nutrición…


Este es el desayuno para vivir 100 años según experto

Esquire(A.Galisteo) — No es que el desayuno sea la comida más importante del día, no es solo un hábito saludable, sino que desayunar bien es una de las claves para alcanzar una vida larga y plena. ¿Cómo te quedas? No, no hablamos de un desayuno ni una vida cualquiera, sino de algo que te acercará al “club de los centenarios”.

Si te preguntas qué debes poner en tu mesa cada mañana para sumar años a tu vida (y vida a tus años), aquí vas a leer muchas y muy buenas recomendaciones expertas.

Quizá no lo sabías, pero hay una ciencia emergente detrás de la longevidad, que ha sido estudiada en las “zonas azules”: regiones del mundo donde la esperanza de vida es notablemente alta. Lugares como Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia) o Nicoya (Costa Rica) son famosos por tener una proporción excepcional de centenarios, y no es solo cuestión de genética.

Los estudios que enseguida te desarrollamos han identificado factores clave que contribuyen a esta longevidad, como la dieta, el ejercicio, las relaciones sociales y la gestión del estrés. Y sí, un gran peso lo tiene el desayuno y lo que tomas en él.

Comencemos con uno de los clásicos que nunca pasa de moda pero es tan real como la (larga) vida misma: la avena. Este cereal está lleno de fibra soluble, que ayuda a reducir el colesterol malo y regula el azúcar en sangre, dos factores clave para prevenir enfermedades cardiovasculares, una de las principales causas de muerte prematura.

Además, la avena tiene un bajo índice glucémico, lo que significa que te proporciona energía de forma sostenida durante la mañana sin picos de insulina.

Un estudio publicado en The American Journal of Clinical Nutrition certificó esto, que el consumo regular de avena puede reducir el riesgo de enfermedades del corazón y promover una mejor salud metabólica. En otras palabras, no solo te mantienes lleno por más tiempo, sino que estás cuidando tu corazón, un órgano esencial para una vida larga.

– Frutos secos: pequeñas bombas de salud

Si quieres vivir más, ¡frutos secos comerás (guiño guiño) Almendras, nueces, avellanas… son fuentes concentradas de ácidos grasos omega-3, proteínas, fibra y antioxidantes. Estas grasas saludables no solo contribuyen a mejorar tu perfil lipídico, sino que también protegen tu cerebro.

De hecho, un estudio publicado en The American Journal of Clinical Nutrition mostró que las personas que consumen una cantidad adecuada de frutos secos tienen un riesgo significativamente menor de desarrollar enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer.

El Nogal Frutos Secos

Los antioxidantes presentes en los frutos secos, como la vitamina E, también son potentes aliados contra el envejecimiento celular. Así que, para un desayuno longevo, añade un puñado de almendras o nueces a tu avena o a tu yogur (enseguida vamos con él), o disfrútalos con una manzana.

– Yogur griego: el secreto de la microbiota intestinal

La salud intestinal juega, cada vez más, un papel fundamental en la longevidad, y uno de los alimentos que más contribuyen a mantenerla en óptimas condiciones es el yogur griego. Este tipo de yogur contiene probióticos, bacterias beneficiosas que ayudan al equilibrio, mejorando la digestión, la absorción de nutrientes y fortaleciendo el sistema inmunológico.

Fermento de Yogur Griego

Hasta en Harvard no se cansan de repetir los efectos positivos de los probióticos sobre la salud cardiovascular y la reducción de la inflamación, lo que a su vez disminuye el riesgo de enfermedades crónicas. Además, el yogur griego es rico en proteínas y calcio, lo que contribuye a mantener los huesos fuertes a medida que envejecemos.

– Frutas y verduras: antioxidantes a raudales

No hagas caso a las teorías que lo niegan. Las frutas y verduras frescas deben ser una base fundamental de tu desayuno. Los antioxidantes contenidos en alimentos como los arándanos, las fresas, las espinacas y el aguacate son esenciales para proteger el cuerpo del daño celular y la inflamación, dos procesos que aceleran el envejecimiento.

Así lo garantiza el estudio que publica la National Library of Medicine y que encontró que una dieta rica en frutas y verduras, especialmente aquellas con colores vibrantes, se asocia con una mayor esperanza de vida. La vitamina C, el betacaroteno y otros fitoquímicos tienen propiedades antiinflamatorias y antioxidantes que protegen tus células del envejecimiento prematuro.

El aguacate es una excelente opción para tu desayuno, ya que no solo queda bien en tu Instagram y aporta antioxidantes, sino también grasas monoinsaturadas que promueven la salud cardiovascular. Puedes incorporarlo a un batido, untarlo en tostadas integrales o añadirlo a tu ensalada matutina.

– Té verde: la bebida de la longevidad

Si en tu desayuno eres más de bebida caliente, deja el café: el té verde es tu nuevo favorito. Este té es famoso por su alto contenido en catequinas, un tipo de antioxidante que combate los radicales libres y mejora la función cerebral.

De hecho, una investigación publicada de nuevo en The American Journal of Clinical Nutrition encontró que el consumo regular de té verde está asociado con una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares y con un envejecimiento más lento.

VAHDAM, Matcha De Vainilla Té Verde

El té verde también tiene propiedades antiinflamatorias, lo que contribuye a reducir el riesgo de enfermedades crónicas y a mejorar la salud metabólica. Una taza de té verde por la mañana puede ser el toque final perfecto para tu desayuno longevo.

– Pan integral o de centeno: carbohidratos de calidad

¿Sigues teniendo dudas con el pan? ¡Despéjalas! Por mucho que los carbohidratos a menudo sean vistos con sospecha, no todos son iguales. Si estás buscando un desayuno que te ayude a llegar a los 100 años, opta por pan integral o de centeno, que son ricos en fibra y nutrientes.

Estos panes, a diferencia de los refinados, tienen un bajo índice glucémico y te ayudarán a mantener estable el azúcar en sangre, algo fundamental para prevenir enfermedades como la diabetes tipo 2.

Además, los granos integrales contienen antioxidantes y minerales como el magnesio, que tienen propiedades protectoras contra las enfermedades cardíacas y la hipertensión. 

En The Lancet se publicó otra prueba global que demostró que el consumo regular de granos enteros se asocia con una vida más larga y saludable así que si quieres buscar la piedra filosofal, el secreto de una más o menos eterna juventud, ¡enhorabuena!

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