Los secretos de la mujer que enseña a fingir orgasmos y «tener sexo» a los actores en Hollywood
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Infobae/Vogue(P.Abad) — ¿Dónde estarán colocados los actores? ¿Qué áreas de sus cuerpos estarán tocando? ¿Cuánto durará el beso? ¿Cuántos besos habrá? ¿Cuánto durará el orgasmo y cómo será? . El ritmo de cada gemido de una escena sexual en el cine es coreografiado con precisión. Ese es el trabajo de Ita O’Brien. Y es que no es sencillo para un actor fingir un clímax frente a todo un equipo de filmación y con una compañera/o que, tal vez, conoció pocas horas antes. Por eso es tan necesario el trabajo de la coreógrafa de escenas de sexo.
La británica es una pionera en el poco conocido oficio de coordinadora de intimidad, que se centra en planificar la coreografía con exactitud de una escena sexual, incluyendo la desnudez de cualquier, una masturbación, o una relación de pareja en una cama. Enseña a los actores a sentirse cómodos y a ejecutar -de forma realista- estos momentos tan íntimos.
No existe un código de práctica formal en la industria para trabajar sexo simulado.«Esto puede hacer que los actores se sientan incómodos, abusados e incluso un poco violados», explicó O’Brien en una reciente entrevista con el sitio Bustle.
“Las pautas de intimidad para el espacio de trabajo que yo misma había desarrollado pasaron de no ser valoradas (por parecer innecesarias) a permitirme viajar por todo el mundo, en producciones reales, dando respuesta a cómo se debería trabajar con actores al crear contenido íntimo”.
A Ita O’Brien, acaso la coordinadora de intimidad y directora de movimiento más demandada de la ficción internacional, le cambió la vida la reivindicación hollywoodiense del #metoo, surgida tras la detención del productor cinematográfico Harvey Weinstein en 2017. “La industria entendió que la herida resultante de este tipo de comportamientos depredadores debía ser reconocida”, reflexiona la británica.
Supieron que un escándalo así no se podía volver a repetir y, para ello, encontraron especialmente útil su proyecto Intimacy On Set Guidelines, una suerte de hoja de ruta a la hora de abordar desnudos, escenas de sexo o intimidad en los rodajes que O’Brien llevaba elaborando desde 2014 gracias a su trabajo/investigación con escuelas de teatro británicas.
“Hasta aquel momento, en las producciones existía un coreógrafo para los bailes y las peleas, porque es cierto que muchos no sabemos cómo sujetar una espada o pegar un puñetazo de manera segura si no nos enseñan la técnica. Pero con el contenido íntimo siempre había sido diferente: todo el mundo practica sexo, por lo que nunca se había creído que hiciera falta un especialista que explicase cómo hacerlo en la ficción.
Es un baile corporal, como un tango o un vals, y (esto se ha verbalizado ya en muchas ocasiones) al llevarlo a cabo existe riesgo de lesiones”, cuenta la experta. “La herida que resulta de un puñetazo es muy evidente, pero la que surge tras recibir maltrato psicológico, o ser tocados de manera inadecuada, o coaccionados a hacer algo que no queremos hacer es emocional y, por tanto, invisible.
A pesar de que mucha gente había hablado de lo incómodo y difícil que es sentirse acosado o ser víctima de un abuso durante la filmación de una escena íntima, antes de Harvey Weinstein los productores nunca se habían enfrentado a las consecuencias de ese dolor”.
La labor de O’Brien ─que trabajó en la nueva serie de HBO, Gentleman Jack─ se ha vuelto crucial, especialmente ahora, que el movimiento #MeToo y el feminismo han cobrado tanta relevancia. Sacudidos por las denuncias de acoso y violación de hombres de poder, los estudios de cine y cadenas TV reclutan cada vez más consejeros para filmar escenas íntimas y al mismo tiempo prevenir cualquier tipo de abusos en los set.
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Las enseñanzas de la directora de movimientos e intimidad ayudan a que los participantes de la escena erótica se sientan cómodos, seguros de sus movimientos, y que exista el consentimiento de ambas partes en todo lo que sucede ante cámaras.
Cuando O’Brien fue contratada para ser parte del equipo de Sex Education, una serie que explora la sexualidad adolescente de una forma muy diferente y sin tabúes, dirigió un taller para todo el equipo. Parte de ese trabajo involucró a los actores observando e imitando los rituales de apareamiento de diferentes animales.
«Estás invitando al actor a probar diferentes ritmos, para que puedan tener diferentes expresiones físicas fuera de sus propios hábitos», explicó O’Brien. De esa manera, O’Brien dice que el actor puede aprender a distinguir su propia presencia física de la de su personaje, que es crucial cuando se trata de realizar escenas íntimas. Sencillamente quiere brindar a los actores herramientas que permitan que las escenas ficticias que realizan sigan siendo eso: ficción. Incluso cuando se trate del placer sexual. «Significa que puedan mantener su expresión real (al momento del sexo) de forma privada e íntima».
Cuando ella está en el set, ayuda a los actores a establecer cada punto de la escena, y cómo se desarrollará. Busca mejores prácticas que rodean las escenas íntimas en busca de mayor realismo y respeto de los límites del otro. Además se recurre a una amplia gama de accesorios para restarle intimidad a las escenas de sexo sin que sea perceptible para el espectador, por ejemplo pantalones rellenos de lana que no captan las cámaras pero que crean una barrera física entre los protagonistas de una escena de sexo simulada.
Esos recursos no evitan que algún actor pueda tener una erección durante la filmación. En ese caso, O’Brien tiene en claro cómo se debe accionar: «Es una reacción natural pero no adecuada si estás trabajando» ¿Qué recomienda? Si ocurre, el actor debe tener la libertad para poder parar la acción, tomarse un descanso y volver más tarde.
O’Brien trabajó a la par con el director Ben Taylor de Sex Education y le sugirió combinar ciertos artilugios con ángulos de cámara específicos para que los jóvenes actores de la serie pudieran sentirse cómodos. Cuando una de las actrices tuvo su periodo justo antes de un desnudo frontal, por ejemplo, O’Brien estaba allí para ayudarla.
Emma Mackey reveló que el director tenía un temporizador y les decía qué hacer durante cuánto tiempo, mientras que Aimee-Lou Wood detalló que solían ensayar las escenas mientras usaban ropa, antes de grabar la escena completamente desnudos. De esa manera, sabían exactamente qué hacer antes de que el director dijera «acción».
O’Brien, que tiene experiencia en musicales para teatro y en enseñanza de danza, trabajó recientemente con la actriz británica Suranne Jones, protagonista de Gentleman Jack.
La serie de HBO y BBC One trata sobre una terrateniente, Anne Lister, que sin duda adelantada a su tiempo, que se encargó de los negocios familiares, se enfrentó sin miedo a sus rivales empresariales, viajó sola por Europa y vivió una vida que en aquella época solo estaba destinada a los varones. Su historia es también una de amor. Como lesbiana a mediados del siglo XIX, Lister tuvo que vivir esa parte de su vida a puertas cerradas.
En una entrevista con Oprah Winfrey, Jones destacó la importancia de los consejos de O’Brien para afrontar las escenas más íntimas que tuvo que interpretar. «A mi personaje no le gusta que la penetren, siente que la están feminizando si la tocan el pecho…, Ita me ayudó a hacer mucha investigación sobre cómo afrontarlo«, explicó la actriz.
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A la luz de las denuncias surgidas con el movimiento #MeToo, se han conocido muchos casos de acoso y abusos en rodajes, pero el más escalofriante sigue siendo el de Maria Schneider. La historia de cómo el director Bernardo Bertolucci y el actor Marlon Brando conspiraron para filmar la escena de la violación El último Tango en París (1972) sin el conocimiento previo de la actriz es un ejemplo claro de un proceso creativo abusivo.
Tenía 19 años cuando grabó la tristemente célebre «escena de la mantequilla» en la que tanto el cineasta como su compañero abusaron de ella ante las cámaras. No le dijeron cómo iba a ser la escena para ver «su reacción como chica, no como actriz».
«Me sentí humillada y, para ser honesta, me sentí un poco violada, tanto por Marlon como por Bertolucci«, dijo Schneider años más tarde. Como consecuencia, sufrió una profunda depresión que la llevó a retirarse del cine hasta su muerte en 2011, mientras que Bertolucci afirmó, años más tarde, que no se arrepentía de nada.
Esto fue hace más de 30 años. Hoy, ya no sería aceptable. Es por eso que los estudios de cine y cadenas de televisión reclutan cada vez más consejeros para filmar escenas íntimas.
El año pasado, Nicole Kidman reveló que las escenas de sexo gráficas y violentas con Alexander Skarsgard, quien interpretó a su esposo abusivo en el drama televisiva Big Little Lies, no fueron ensayadas con el director Jean-Marc Vallée.»Me sentí muy expuesta y profundamente humillada a veces. Simplemente no me levantaba entre tomas (…)».
A O’Brien estos comentarios la sorprendieron y llamó a establecer parámetros y, si es necesario, una planificación de horas para unos pocos segundos en pantalla. «Aunque respeto el método de elección de todos, reconozco que este [incidente con Kidman] no tiene un lugar en la estructura donde el actor esté personalmente seguro».
En ocasiones, señala la experta, los directores sienten vergüenza de hablar con los actores sobre este tipo de escenas tan íntimas. «Por eso, en lugar de trabajarlas con ellos antes, les dicen que las resuelvas solos. Es una actitud completamente equivocada«. Al realizar escenas sexuales, «cuando no hay transparencia, cuando todos no están de acuerdo con lo que está pasando, es cuando los actores quedan vulnerables».
Pionera y referente en esta novísima profesión, O’Brien vaticina un próspero futuro para el rol de los coordinadores de intimidad y bienestar en las producciones audiovisuales, y reclama la diversidad (“Hasta el momento, lo hemos puesto en práctica mujeres, pero es necesario que haya gente de todos los géneros y etnias”.) como valor fundamental.
Ahora bien, no es fácil estar preparado para tomar las riendas de una escena de sexo: “Mucha gente se pone en contacto conmigo diciendo que trabajan en vestuario, por ejemplo, que lidian con actores, con sexo, y que por ello serían buenos coordinadores de intimidad.
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Pero, ¿saben como deconstruir un guion para así entender la visión del director y orientar a los actores en las escenas? ¿Saben cómo considerar cuáles son las intenciones y los obstáculos de cada personaje? ¿Cuál va a ser el aspecto de su cuerpo, las transformaciones físicas que sufra? ¿Cómo el actor se convierte en el personaje, y cómo este va a contar su historia? ¿Conocen el movimiento del cuerpo, la coreografía y la psicología de los gestos?
¿Son capaces de defender su opinión sin herir a productores, directores y actores? ¿Entienden qué hechos pueden ser traumáticos o despertar malas emociones? ¿Se dan cuenta de si a alguien le resulta molesta una forma de tocar? No somos psicólogos, pero es nuestra labor reconocer cuando algo desencadena una respuesta negativa y prevenirlo”.
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