Astrología: Fundamentos y principios …
monografía.com(G.H.Pastorini – El planeta Tierra y quienes en el habitamos formamos parte de una espiral dinámicamente rotatoria llamada Sistema Solar.
La Astrología como disciplina es quien desde hace varios milenios se ha ocupado de estudiar los movimientos que dicho sistema astronómico implica.
Al ser observados desde el globo terráqueo, dichos movimientos parecen ubicarse a unos 8° a cada lado de la Eclíptica, lo que nos estaría dando una banda de 16°, dentro de la cual se encontrarían dispuestas las distintas órbitas planetarias.
Cabe destacar que la Astrología incluye dentro de las entidades planetarias al Sol y a nuestro satélite, la Luna. Esto ya nos conduce a la necesidad de realizar algunas definiciones primarias:
Ecuador Celeste: Si al Ecuador Terrestre lo elongaramos y proyectaramos hacia el espacio celeste, tendríamos lo que se denomina el Ecuador Celeste.
Eclíptica: Es el círculo máximo a través del cual el Sol realiza su movimiento de rotación alrededor de la Tierra (aunque astronómicamente sabemos que es a la inversa, es la Tierra la que gira alrededor del Sol, asumimos un punto de vista geocéntrico, en tanto que la Astrología tiene en cuenta entidades que se encuentran en nuestro planeta), el cual insume un año.
Zodíaco: Es la banda de 8° por encima y 8° por debajo de la Eclíptica, en la cual se desplazan los distintos planetas componentes del Sistema Solar (incluidos Sol y Luna).
El Zodíaco es por tanto una circunferencia de 360° y ya en la antigüedad se establecieron las 12 constelaciones principales (Aries, Tauro, Géminis, etc.), asignándosele a cada uno de ellos un sector de 30°, ya que el Sol permanece en cada signo aproximadamente un mes.
– Signos zodiacales
Entraremos a realizar una breve explicitación referente al significado de cada uno de los 12 signos zodiacales, en tanto que son de uso común y de público conocimiento en cuanto a su simbolismo básico.
Los signos zodiacales hacen a la cualidad de una experiencia, es decir, representan el cómo se expresa una energía, en nuestro caso, las energías planetarias. En una palabra, los signos son pautas que adoptaría una determinada energía arquetípica, o un prisma que reflejaría la luz de acuerdo al grado de inflexión de la misma.
Lo que cabe destacar aquí es que no existen seres de ningún signo zodiacal en particular, es decir, no hay hombres ni mujeres de un determinado signo (lo mismo es aplicable a cualquier otro tipo de entidad física o no).
¿Y ello porqué? Pues como afirmábamos, los signos son las pautas abstractas de una manifestación descriptiva de energías arquetípicas y por consiguiente no pueden ser encarnadas por ningún ser en particular, o sea, que la manifestación de un signo en particular excedería ad infinitum la posibilidad de su expresión por un ente en particular.
Así por ejemplo, un hombre o una mujer nacidos bajo el signo de Cáncer no necesariamente serán sensibles, afectos a la familia y el hogar y de carácter protector. Más bien podríamos decir que para ese ser, independientemente de su sexo, Cáncer (o para el caso cualquier signo zodiacal) daría cuenta de un mito particular del cual el nativo habría de tomar conciencia y buscar expresarlo en una forma creativa.
El signo sería así un símbolo de aquello que hemos de llegar a alcanzar para realizarnos en nuestro total plenitud.
Ahora si procederemos a una breve descripción de cada uno de los 12 signos zodiacales:
Aries: Marca el comienzo del año y el inicio del Zodíaco natural. Es la acción del ser. La impulsividad, el espíritu aventurero, el individualismo. Representa el «Yo soy«.
Tauro: Simboliza los recursos, las herramientas con que contamos, tanto a nivel material como inmaterial. Implica también el como devenimos valor y seguridad. Es el «Yo tengo o poseo«.
Géminis: Representa el aprendizaje mental. Es la apertura en el plano de las ideas, el lenguaje y la comunicación. Es el «Yo pienso«.
Cáncer: La acción sentimental. Implica un estado de receptividad, de nutrición y protección. Es el «Yo siento«.
Leo: Representa el «Quién soy» y el «Yo quiero«. Es la seguridad del ser. Es la autoexpresión lúdica del propio ser. Su esencia es expresarse tal cual es.
Virgo: El aprendizaje mental. Signo analítico y discriminativo, detallista y crítico. Representa la pureza como índice de separación de lo que se encuentra mezclado. Es el «Yo analizo«.
Libra: Es la acción del pensamiento y el signo más social. Se define en y por relación a. Es la búsqueda del equilibrio. Es como un espejo que refleja; es el aprendizaje a través del otro. «Yo armonizo» o «Yo equilibro«.
Escorpio: Es la seguridad emocional, el «Yo deseo«. Analítico, con una gran capacidad de concentración, de transformación y de regeneración. Es el Ave Fénix del Zodíaco. Buscadores de la verdad y sanadores innatos. Representa la verdad en tanto que enfrenta las cosas consigo mismas, cualquiera sea el costo.
Sagitario: Es el aprendizaje del ser. ¿Para qué soy y por qué soy?. Es la expansión, la libertad. La búsqueda de la verdad en y a través de un sistema de creencias. «Yo comprendo«.
Capricornio: La acción material. Es la ambición de lo material en forma planificada. Representa el poder y el estatus; la profesión. Es el «Yo ambiciono«.
Acuario: La seguridad a nivel mental. Es la convicción y la intuición mental. Representa la humanidad, el altruismo, la conciencia social. Acuario dice «Yo sé«.
Piscis: Simboliza el aprendizaje emocional, intuitivo, místico. Es el sacrificio en tanto que sagrado oficio. Es la entrega y el desapego emocional; el dejarse fluir hacia fuera, hacia lo desconocido en tanto representa el «Yo creo» en cuanto hace a la fe.
A partir de acá es sumamente importante la consideración de una serie de items mediante los cuales se pueden agrupar los distintos signos zodiacales, de acuerdo a tres secuencias básicas: a) la triplicidad o elementos; b) la cuadruplicidad o modalidad orientativa; y c) dualidad o polaridad energética.

– Elementos
Los elementos estarían dando cuenta de los componentes básicos de la naturaleza, que son el fuego, el aire, el agua y la tierra, como representantes de los diversos tipos de energía cósmica.
Representan también funciones de la conciencia y en este sentido, y de acuerdo con la tipología junguiana, se podría realizar un emparejamiento analógico de carácter aproximativo, donde el aire se relacionaría con la función pensante, el fuego con la función intuitiva, el agua con la sentimental y la tierra con la sensorial.
El fuego daría cuenta de iniciativa, de actividad, alegría. Sería el espíritu que contiene en sí mismo su propia razón de ser. Irreflexivo que no irracional, espontáneo, etc. Su forma de conocer sería mediante la intuición y su gran miedo sería el perder la libertad. (Aries, Leo, Sagitario)
El aire es la mente; cambiante, mutable y comunicativa. Es curiosa, movediza, desapegada, volátil. Su forma de conocer sería a través del pensamiento y su gran miedo radicaría en la posibilidad de perder la objetividad. (Géminis, Libra, Acuario)
El agua es el sentimiento, la imaginación, el misterio, lo desconocido, lo oculto, lo sutil, lo velado. Es un elemento «mudo». Conoce a través de los sentimientos y su principal miedo es que no hubiera algo que lo contenga. (Cáncer, Escorpio, Piscis)
La tierra representa la seguridad, el sostén, la productividad, el realismo, la confiabilidad, la fuerza, la abundancia, la tesonería. Su forma de conocer sería a través de lo concreto, lo real y su principal miedo radicaría en la falta de apoyatura, de seguridad, de algo tangible y visible. (Tauro, Virgo, Capricornio)
Hablamos en estos casos de triplicidad porque cada elemento incorpora en su interior a tres signos zodiacales.

– Modalidad (Cuadruplicidad)
La modalidad da cuenta de patrones orientativos de accionar. De esta manera los signos se agrupan en tres modalidades (cuatro signos por modalidad).
Cardinal: Es un movimiento centrífugo, dirigido hacia fuera, hacia un objetivo, con una direccionalidad. Representa la creación, el actuar, el impulso original. Es el impulso para iniciar y llevar a cabo algo.
Fijo: Es la protección, la fijeza de algo; implica el sostenimiento y mantenimiento de lo ya creado. Da cuenta de la estabilidad.
Mutable: Implica alteración, transformación, cambio. Es el futuro; lo que ha de venir. Es el aprendizaje en tanto que incorpora algo nuevo.
Cabe destacar que todos y cada uno de los elementos se expresan en una determinada modalidad.
– Polaridad (Dualidad)
Son las fuerzas del yin (negativo, femenino, pasivo, etc.) y el yang (positivo, masculino, activo, etc.). Son cualidades arquetípicas de la energía. Los elementos fuego y aire son yang y el agua y la tierra son yin.
| SIGNO | ELEMENTO | MODALIDAD | POLARIDAD |
| ARIES | FUEGO | CARDINAL | + |
| TAURO | TIERRA | FIJO | – |
| GEMINIS | AIRE | MUTABLE | + |
| CANCER | AGUA | CARDINAL | – |
| LEO | FUEGO | FIJO | + |
| VIRGO | TIERRA | MUTABLE | – |
| LIBRA | AIRE | CARDINAL | + |
| ESCORPIO | AGUA | FIJO | – |
| SAGITARIO | FUEGO | MUTABLE | + |
| CAPRICORNIO | TIERRA | CARDINAL | – |
| ACUARIO | AIRE | FIJO | + |
| PISCIS | AGUA | MUTABLE | – |
– Planetas
Los planetas son básicamente 10, y algunos astrólogos usan también un planetoide llamado Quirón.
Representan energías que pueden ser consideradas como verbos, en tanto que representan acciones. Por ejemplo, Marte afirma, Venus armoniza. Es decir, en tanto que son descriptivos de una determinada acción representan motivaciones e impulsos psicológicos.
Cada planeta podrá encontrarse en uno de los 12 signos ya comentados, los que darán cuenta de como y de que manera se expresarán. Así tenemos que por ejemplo Marte se afirmará de una manera ariana o canceriana según el signo zodiacal donde se encuentre, Mercurio se comunicará de manera capricorniana o acuariana, y así sucesivamente.
Además los planetas tienen diferentes correlaciones anátomo-fisiológicas. Por ejemplo, el Sol se relaciona con el corazón, Júpiter con el hígado, Saturno con los huesos, etc.
Una breve reseña del significado arquetípico de los planetas podría ser el siguiente:
. Sol:
Simboliza el deseo del individuo por y de llegar a ser él mismo. Es la necesidad de expresarnos y de llegar a manifestar y realizar lo que somos en esencia y lo que debemos cultivar para dejar al descubierto nuestro verdadero ser.
. Luna:
Representa nuestras necesidades básicas; como las brindamos y como las esperamos recibir; como nutrimos y esperamos ser nutridos, por y a los demás y nosotros mismos. Es nuestro niño y nuestra madre interiores.
. Mercurio:
Es la función vincular. Representa la comunicación, el llevar y traer, el movimiento, la información. Se relaciona con los brazos y con las manos y por ende con el entorno circundante y lo que podemos manipular.
. Venus:
Es la función hedonista por excelencia. Representa lo que uno quiere y desea y lo que a uno le gusta. Es el arquetipo de la belleza, la sensualidad (Tauro) y la estética (Libra). Es el amor tanto el sensual (Tauro) como el platónico (Libra). Es un arquetipo valorativo, en el sentido de lo que me gusta, lo que deseo, con lo que armonizo y soy afín.
. Marte:
Es el arquetipo de la voluntad y la autoafirmación. Es como nos dirigimos hacia lo que queremos; nuestro particular modus operandi. Es el agente del disfrute que desea Venus.
. Júpiter:
Representa la expansión, la incorporación. El aumentar, ampliar, agrandar. Júpiter dirá: «No estás solo. Lo que crees que es una personalidad aislada en verdad es un ser que no tiene límites». Es la confianza innata; es el «ahora no puedo, pero sé que en algún momento lo logaré». Es la esperanza, el donde encontramos fe y confianza; donde vemos oportunidades.
. Saturno:
Es el maestro de las limitaciones, de la mortalidad, el tiempo, las pruebas.
Son los límites, el conservadurismo, el miedo, la responsabilidad.
Saturno nos dice: «Estás seguro de encontrarte preparado para enfrentarte a…»
Es el miedo a fallar, pero también el preguntarse el porqué de una experiencia; lo que debemos aprender de ella.
En su aspecto positivo es el aprendizaje pragmático; el arquetipo del anciano sabio. Es el destino, la autoridad. Es la barrera que una vez atravesada, luego de variadas y arduas pruebas y obstáculos se convierte en un conocimiento que se hace carne en nosotros, que se transforma en un capital propio y único que nunca nos abandonará.
. Urano:
Es el primero de los tres planetas llamados «exteriores». Simboliza lo brusco, lo sorpresivo, lo inmediato. Implica la necesidad de estar abierto a lo que sea y un estar en permanente contacto con lo nuevo. Es la intuición mental, la capacidad de descubrimiento, de «insight».
Urano busca romper con lo viejo y estancado. Es lo nuevo, lo original, el progreso, la invención, la libertad por la libertad en sí.
. Neptuno:
Es el arquetipo de lo místico, de la trascendencia y/o la desintegración del ego. Es donde nos sentimos impotentes porque los límites de la realidad se difuminan, ya sea para bien o para mal. Es la inspiración y la aspiración a trascender y abandonar lo ilusorio, pero también representa la inercia y el dejarse llevar. Son los sueños, las drogas, la mística, en una palabra todo lo que nos ayude a hacer abandono del ego.
Neptuno dice: «Si soy infinito, ¿por qué vivir en un mundo de limitación?».
. Plutón:
Simboliza el poder y la energía subterráneas. Es la capacidad de transformación y de resurrección de las cenizas. No es una fuerza con la que uno pueda negociar ni transar. Es una fuerza implacable; no de medias tintas.
– Signo planeta, casa, aspecto
Existe en Plutón una necesidad de destruir para poder construir desde cero algo totalmente nuevo, de ahí su relación con las crisis.
Donde se encuentre emplazado en la carta astral es donde algo «viejo» de uno debe morir para que pueda nacer algo «nuevo». Muestra donde hay algo oculto que necesariamente debe emerger a la luz y que para arrancarlo de raíz hay que hacer fuerza, pues en tanto que acción radical nos transformará y nos purificará.
– Casas
Así como el Zodíaco se determina por el movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol (pero visto desde la Tierra), las casas astrológicas, que también son 12, surgen del movimiento del globo terráqueo alrededor de su propio eje en el lapso de aproximadamente 24 horas.
Las casas configuran la esfera de acción de las energías planetarias, son los ámbitos de la vida cotidiana en donde tendrán lugar los sucesos.
Existen diferentes sistemas para la división de la carta astral u horóscopo en casas.
El menos utilizado en la actualidad es el sistema de casas iguales, el cual adjudica a cada una 30° de arco. Después tenemos los sistemas espaciales que toman como punto de referencia a algún círculo de la esfera celeste (primera vertical, ecuador celeste, etc.) y los sistemas temporales que se basan en el tiempo requerido para que un determinado punto (por ejemplo, el Ascendente) recorra un arco de la esfera celeste.
Actualmente los sistemas más usados son los sistemas temporales y entre ellos Placidus, Koch, y Topocéntrico.
Generalmente se considera la división de la carta en ángulos. Así un observador situado en la Tierra, a cualquier hora del día, independientemente del lugar donde se encuentre apostado, verá que hay un signo que se eleva por el Este.
Al grado de ese signo se le llama Grado Ascendente y al signo zodiacal se le denomina Ascendente o Signo Ascendente. (En la figura es la flecha de la izquierda) Por oposición (a 180°) tenemos el punto opuesto al que denominamos Descendente.
De la misma manera, para dicho observador habrá un signo y un grado que se encuentran en la cúspide del meridiano superior, que es un punto situado al Sur y que se denomina Medio Cielo (MC) (en la figura es la flecha de la parte superior) y un punto inferior situado al Norte que es el Bajo Cielo (IC o Imum Coeli).
Estos puntos configuran dos hemisferios y cuatro cuadrantes y tanto para los sistemas espaciales como para los temporales mencionados, los cuatro ángulos se corresponden con las cúspides de las casas de acuerdo al siguiente ordenamiento: el Ascendente es la cúspide de la casa 1; el IC es la cúspide de la casa 4; el Descendente es la cúspide de la casa 7; y el MC es la cúspide de la casa 10. De acuerdo al sistema de división de casas que decidamos utilizar será el cómo habremos de calcular las 8 casas restantes.
A continuación procederemos a especificar suscintamente el significado de cada casa:
Casa 1 o Ascendente: Es el cómo nos enfrentamos a la vida; la máscara que usamos. Es la lente a través de la cual percibimos y por ende configuramos la experiencia y el mundo que nos rodea.
Casa 2: Es la casa de nuestros recursos y valores. Es lo que tenemos como propio y como nos relacionamos con ello. Es lo que valoramos porque nos hace sentir seguros (por ejemplo, el dinero).
Casa 3: Es el entorno circundante y lo que en él encontramos. Es nuestro medio ambiente y como nos relacionamos e interactuamos con él. Por ende es también el lenguaje y la comunicación. Los hermanos y vecinos.
Casa 4 o IC: Es el hogar, lo íntimo. Puede representar a la madre y/o al padre. Es nuestra base de operaciones, a partir de la cual se construye y se constituye el resto de la carta.
Casa 5: Es la autoexpresión. Es todo aquello que nos permita expresar el quienes somos; donde devenimos como alguien especial, donde nos sentimos el centro alrededor de lo cual todo gira. Se relaciona por ejemplo con los hijos, con los hobbies, etc.
Casa 6: Es donde entramos en contacto con los límites y a través del conocimiento de los mismos llegamos a una definición más clara de nosotros mismos. Es la correlación entre el mundo interno y el mundo externo. Se relaciona entre otras cosas con el trabajo y con la salud.
Casa 7 o Descendente: Es la casa de los otros, donde proyectamos rasgos positivos y/o negativos, que si bien nos pertenecen, somos inconscientes de ellos y los vivimos por intermedio de otros. En este sentido se relaciona con la pareja, con el matrimonio, con los enemigos manifiestos, con los socios, etc.
Casa 8: Es la casa de los recursos ajenos (por oposición a la casa 2). Es lo que se comparte; es como nos fundimos y nos entregamos a otros. Es la fusión con el otro y por ello se relaciona con la muerte, con el sexo, con lo oculto, etc.
Casa 9: Por opuesta a la 3 da cuenta de los grandes significados, de los porqué de la existencia. Es la casa de los viajes largos, la filosofía, la religión, etc.
Casa 10 o Medio Cielo: Es el como deseamos manifestarnos en el mundo, como deseamos devenir reconocimiento. Conjuntamente con la casa 4 configura el eje parental, pudiendo representar a la madre y/o al padre. Es también la casa de la fama, de la profesión, del estatus, etc.
Casa 11: Por oposición a la 5, el centro no estaría aquí en mi sino en el grupo del cual nos sentimos parte integrante. Por consiguiente se relaciona con los ideales, los amigos, las esperanzas. Es la casa de la conciencia social y ecológica.
Casa 12: Representa el anhelo de disolución y trascendencia del ego, de la pérdida de los límites (opuesta a la 6). Representa el ámbito del inconsciente, sobre todo del colectivo. Es lo reprimido, la sombra junguiana y por ello se dice que es la casa de los enemigos ocultos. En tanto es la entrega del ego a un poder superior, se relaciona con los sueños, las drogas y también con los hospitales y los centros de reclusión.
– Aspectos
Técnicamente los aspectos son la longitud medida en grados que configuran un arco.
Los aspectos muestran el potencial de cambio de una carta a través de la distribución de los planetas en la misma, o sea, implican un diálogo entre los planetas (también incluimos al Ascendente y al Medio Cielo) que se encuentran en relación angular.
Cuando hay aspectos queremos afirmar que existen relaciones entre energías distintas.
Son un experimentar algo y cabe recalcar que son más importantes los planetas que se encuentran en relación que el tipo de aspecto.
Los aspectos se dividen en mayores y menores en cuanto hace al grado de manifestación de los mismos en y a través de experiencias, manifiestas o no.
Los aspectos mayores y por ende más comúnmente utilizados son: la conjunción (aspecto del 1); la oposición (aspecto del 2, resultado de dividir 360°/2 = 180°); el trígono (aspecto del 3, o sea, 360°/3 = 120°); la cuadratura (90°); el sextil (60°); y el quincuncio o inconjunto (150°).
El orbe sería el grado de tolerancia o desviación permitido a cada lado del aspecto exacto. Por ejemplo, decir que en una cuadratura se permite un orbe de 8°, implica que se la considera en el entorno de los 90° + 8°.
Una descripción suscinta de los aspectos más utilizados es la siguiente:
Conjunción (0° + 10°) : Ambas funciones planetarias se fusionan en mayor o en menor grado, sin conciencia de ello. Es el aspecto más potente y el grado de armonía o disarmonía dependerá de los planetas involucrados.
Oposición (180° + 10°) : Es un aspecto de oposición y de complementariedad. Generalmente la persona toma partido por uno de los planetas y proyecta el otro. Ambos planetas están frente a frente uno del otro. Es como un choque de fuerzas y por ende es algo que resulta muy visible para la persona.
Trígono (120° + 8°) : Es un aspecto fluido, de armonía y equilibrio. Da la idea de tener una serie de recursos a mano y a disposición. Es un símbolo de oportunidad y de realización.
Cuadratura (90° + 8°) : Es un aspecto de fricción, que evoca terquedad y obstáculo. Da idea de una situación donde hay fuerzas que empujan en direcciones no compatibles. Es un aspecto de acción, pero donde esta es conflictiva.
Sextil (60° + 4°) : Es un aspecto que otorga cualidades mentales además de capacidad de trabajar en conjunto.
Quincuncio (150° + 4°) : Es un aspecto paradojal, levemente inarmónico, de no fácil integración. Es como una picazón que no nos podemos rascar, que por momentos alivia y que por otros molesta, de ahí su carácter paradojal.

Cabe señalar que cualquiera de estos aspectos puede contribuir en mayor o en menor medida a nuestra evolución consciente. Por ejemplo, si bien generalmente se habla del trígono como de un aspecto favorable, no siempre es así. Ello dependerá del conjunto de la carta y del grado de evolución del ser en cuestión.
En relación a los aspectos, pueden formarse en una carta distintas figuras geométricas que reciben la denominación de configuraciones planetarias, como ser por ejemplo, las más usadas el stellium, el gran trígono, la gran cuadratura, la T cuadrada, y el yod entre otras.
También se estudia si se trata de un aspecto aplicativo o separativo; si es un planeta sin aspectos (cabe agregar acá que también se analiza si es el único planeta en un elemento y/o en un signo y/o en una modalidad y/o en un cuadrante, etc.).
Consideramos que esto ha de configurar un resumen breve, conciso y concreto que permitirá, es nuestra aspiración, un mayor acercamiento y una mejor comprensión de lo que la Astrología representa en cuanto disciplina que es una ciencia–arte-técnica.
– Asesoramiento astrológico
En los últimos años las expectativas del público que acude a una consulta astrológica han tenido un giro de 180°.
Hasta no hace mucho tiempo se consideraba al Astrólogo como un «intuitivo», que a través de procedimientos misteriosos develaba símbolos no menos ocultos, a través de los cuales predecía hechos y acontecimientos, tanto victorias como derrotas, alegrías cuanto tristezas. Es más, aún conozco astrólogos que consultan las efemérides antes de llevar una actividad a cabo e incluso se angustian en forma a priori al ver que en tal o cual época existirá determinada configuración planetaria sobre su carta astral, aunque para ello falte tiempo aún (días, meses y a veces años).
Naturalmente también es cierto que aún la gran masa de personas que acuden a un Astrólogo lo hace buscando predicciones sobre «el amor, la fortuna y la salud», esperando conocer los arcanos misterios que permitan entrever cual es el momento oportuno tanto para la compra-venta de un inmueble, o para contraer matrimonio, para viajar, para encontrar trabajo, etc. etc., e incluso sobre si tal o cual persona será buena pareja o si una determinada relación afectiva tendrá «futuro».
Pero lo que nos interesa, en cuanto hace al asesoramiento astrológico propiamente dicho, es una minoría -que afortunadamente crece en forma exponencial-, un «target» conformado por quienes consultan sobre el significado y la calidad de sus propias vidas, reflejándose ello a través de preguntas tales como:
«¿Qué puedo aprender sobre mí mismo a partir de mis actuales conflictos?»; «¿Cuál es el significado de que en mis relaciones de pareja siempre me relacione con tal o cual tipo de personas, cuando en verdad yo deseo hacerlo con las del tipo contrario?»; «¿Por qué siempre que encuentro o busco trabajo, de antemano siento que no estaré (estoy) a la altura de las circunstancias, de que soy incompetente y de que no lograré desempeñarme adecuadamente, independientemente de lo anhelado del puesto?», entre otras muchas interrogantes.
Ello implica además y por consiguiente una profunda transformación cualitativa para los profesionales de la Astrología en tanto que supone un cambio de nivel paradigmático, de lo que se consideraba como «lectura» de una carta astral u horóscopo, para pasar al terreno del asesoramiento astrológico propiamente dicho.
Una de las diferencias básicas es que la simple lectura se basa en el monólogo, mientras que el asesoramiento requiere y necesita como condición sine qua non del diálogo y la participación del consultante. En el primer caso, lo que se procede a realizar es a proporcionar información en forma unilateral no siendo necesario el establecimiento de un vínculo afectivo y emocional.
Aquí el astrólogo procede a interpretar una serie de símbolos a un individuo que es el mero receptor de dicha información, siendo el único momento en que se puede llegar a establecer un «diálogo» cuando el cliente pregunta sobre algún área en particular, pero aún en este caso no se procede a una profundización significativa del tema en cuestión.
En el caso del asesoramiento astrológico se parte del exploramiento y discernimiento, tomando como base el «motivo de consulta» expresado por el cliente, de sus necesidades, motivaciones, expectativas y circunstancias actuales de su vida.
Dejamos de lado la mera interpretación de símbolos inscriptos en una hoja de papel para pasar a una verdadera interacción comunicativa con un ser de carne y hueso y así la carta astral se convierte en un proceso vivo y dinámico.
En este sentido podríamos afirmar que el mapa astral en cuanto que modelo estructural de las pautas arquetípicas que configuran a una determinada persona, establece un cierto contexto experiencial, pero no nos dice cómo y de qué manera un determinado individuo realmente vivirá y dará expresión de y a ese contenido. La única manera de descubrirlo es escuchando lo que el consultante tiene para decirnos.
Utilizando una terminología propia de Ken Wilber podemos visualizar a la carta astral como la estructura profunda de la psique humana en tanto que es la forma en que encontraremos establecidas todas las potencialidades y limitaciones de una persona; pero la estructura superficial, entendida ésta como la manifestación particular de dicha estructura profunda, ello sólo lo podemos averiguar a través del diálogo con la persona.

Aclaremos lo que queremos expresar. Imaginemos por ejemplo el caso de dos mujeres nacidas a principios del siglo XIX en el sur de EE.UU., exactamente a la misma hora y día, existiendo entre los lugares de nacimiento unos 2 km. de diferencia.
Aparte de ello la única diferencia es que una de ellas es una esclava negra y la otra la hija de un gran terrateniente. Ahora, siendo cartas «idénticas» podemos afirmar que ambas mujeres tendrán las mismas potencialidades y limitaciones en sus respectivas cartas (estructura profunda), pero sus posibilidades de realización serán muy diferentes (estructura superficial).
O en nuestros días, un hombre nacido con un gran predominio de agua en su carta natal (estructura profunda) y con una consiguiente naturaleza orientada hacia áreas «yin» más que «yang» (para no usar terminologías cargadas valorativamente), ¿tendría las mismas posibilidades de expresión (estructura superficial) si nace por ejemplo en una familia de militares que en una de artistas?
E incluso que sucedería si reprimiese su naturaleza básica. Ello no lo podemos inferir del estudio de la carta astral, sólo lo podremos lograr a través del diálogo.
Un beneficio que deriva del carácter «diá-lógico» del asesoramiento astrológico es que a diferencia de la lectura en donde nos enfrentamos a un sinnúmero de símbolos, a cada uno de los cuales vamos siguiendo e interpretando sin ninguna retroalimentación por parte del cliente, el asesoramiento nos permite una concentración plena en el propósito que dio motivo a la consulta solicitada.
Es el propio consultante quien pondrá en movimiento el proceso de interpretación y en ese sentido el «quien conoce» es más importante que el conocimiento en sí, pues como afirmamos, el punto de arranque de la hermenéutica astrológica será el nivel de conocimiento que de sí mismo tenga una persona.
A diferencia de la simple lectura astrológica, en el asesoramiento hay una priorización del sentido y el arte de la escucha frente al de la oratoria (ni que hablar de frente a la retórica erudita).
Hay un abrirse a la persona que consulta, a su realidad; es ella quien nos dirá como «vive» su carta. A través de la escucha colaboramos en el proceso de guiar hacia una comprensión más profunda del interior de la persona que nos consulta y de esa manera lo ayudamos a que desarrolle una mayor y más objetiva perspectiva de y sobre sí mismo y en lo referente a su posible accionar y actuar en la vida. En una palabra, buscamos que el conocimiento de la propia carta astral redunde en una plena praxis vital.
Tomando así lo anteriormente expuesto como base introductoria al tema del asesoramiento astrológico, enumeraremos algunas de sus ventajas y de sus limitaciones.

– Ventajas
- La primer gran ventaja es, como ya explicamos, la posibilidad de y para el consultante de un re-conocimiento de sí mismo; de sus potencialidades y limitaciones, así como de los recursos de que dispone para transformar las crisis en enriquecedoras oportunidades de crecimiento. Podremos hacer consciente lo inconsciente o al menos, equilibrar ambas dinámicas; armonizar sub-personalidades; e incluso llegar a poder afirmar «no quiero» en el lugar de «no puedo».
- Derivado de lo anterior tenemos que el asesoramiento no considera que las personas sean víctimas de determinadas configuraciones planetarias, es decir, no hay cartas «buenas» ni «malas», «mejores» ni «peores». Todas nos brindan por igual una perspectiva profunda y sapiencial de nosotros mismos, ofreciéndonos la posibilidad y la oportunidad de escoger la mejor ruta para el pleno desarrollo de nuestras potencialidades. Técnicamente hablando, una cuadratura Marte – Neptuno será tan «buena» o tan «mala» como un trígono Sol – Luna, aunque los astrólogos tradicionales digan que la segunda es mucho mejor que la primera.
- Consecuentemente con el punto anteriormente enunciado encontramos que ello derivaría en el desarrollo de una direccionalidad interior y personal de nuestras vidas, con el consiguiente acrecentamiento en cuanto al significado de las mismas.
- Todo lo anterior coadyuvaría a que la persona desarrolle una mayor capacidad en cuanto a tomar el control de su vida, en el sentido de poder establecer con claridad y firmeza, además de verlo en forma realista, hacia donde se orienta su vida, cuáles son sus metas y expectativas y que hace y qué puede hacer para la consecución de las mismas.
- Una adecuada formación en asesoramiento y counseling permite el desarrollo de la capacidad de empatía y continentación del consultante en caso de ser necesario, en tanto que pueden acudir a consulta astrológica personas con diversos tipos y niveles de conflictividad emocional y psicológica (depresión, pánico, etc.)

– Limitaciones
Algunas de las limitaciones que encontramos no hacen referencia al sino en el asesoramiento astrológico, es decir, no derivan de la técnica en sí sino que son obstáculos al pleno desarrollo de la misma.
- Ya sea consciente y/o inconscientemente, muchos de quienes acuden al Astrólogo lo hacen con la expectativa y la creencia de que éste es quien tiene las respuestas a todos los males y/o que es quien sabe cuando y cómo han de hacerse las cosas o qué es lo que habrá de sucedernos ya sea para bien o para mal.
- Lo anterior puede ser el resultado de, en el mejor de los casos, un escaso conocimiento de lo que la Astrología en sí puede brindarnos como disciplina, es decir, se espera más una astro-mancia que una astro-logía.
- También existe la posibilidad de que el Astrólogo si bien adecuadamente adiestrado en el uso y manejo teórico-práctico de las diferentes técnicas astrológicas, no tenga formación -o esta no sea la adecuada- en el área del asesoramiento psicológico y el counseling.
- Un problema que podría derivar de lo anterior es que el Astrólogo crea saber cuál es la causa de una posible problemática o lo que una persona debería o no hacer o dejar de hacer e incluso no ser plenamente consciente de los efectos que el uso de un particular lenguaje pueda tener sobre el consultante.
- Hay personas con profundas conflictivas emocionales-psicológicas (y por profundas no necesariamente queremos decir graves), que mantienen una actitud pasiva y que esperan que se les diga que es lo que tienen que hacer o no y/o que acepten sin más lo que se les dice porque el Astrólogo es el experto, el que sabe.
- Un Astrólogo escasamente capacitado (o no formado) en las técnicas de asesoramiento podrá tener dificultades de diversa índole y grado tanto para interactuar con el cliente como para aceptar las posibles defensas y resistencias psíquicas del mismo.
- Se pueden agregar otros problemas inherentes a la propia personalidad del Astrólogo como ser la necesidad de perfeccionismo; un sentimiento de superioridad, la necesidad de representar ya sea el rol de padre o madre con las actitudes consecuentes en el momento del relacionamiento, entre otros.
– Interrogantes útiles
Cuando procedemos a realizar el estudio de una carta astral desde la perspectiva del asesoramiento astrológico, es útil hacernos a nosotros mismos algunas preguntas orientativas tales como:
- 1) ¿Qué motiva realmente al consultante? Existen en nuestras vidas momentos que significan verdaderos puntos de inflexión existencial (análisis de tránsitos y progresiones).
- 2) ¿Qué me dice la carta? Esto implica moverse en forma intuitiva hacia aquello que más nos llama la atención, lo que destaca, por ejemplo, una determinada configuración planetaria, o el predominio de un cierto elemento (o su ausencia), etc.
- 3) ¿Quién es el consultante? Siempre es oportuno tener una entrevista previa para recabar información acerca de su motivo para solicitar la consulta, sobre su estado civil, edad, datos biográficos, etc., así como también aspectos de su esquema corporal que puedan llamarnos la atención y no menos importante el como «resonamos» ante su presencia, es decir, qué y cómo nos «mueve».
- 4) ¿Qué expectativas tengo? En esto hay dos partes o momentos: uno sería el momento de la primer entrevista donde le explicitamos al posible cliente qué es lo que ofrecemos, que hacemos y que no, y una segunda parte en caso de que la persona acceda a la consulta y que refiere a nosotros mismos como profesionales en torno a que esperamos lograr cambiar en y del cliente así como si simplemente esperamos brindar una lectura o si aspiramos a ser verdaderos catalizadores y agentes de cambio. Además, ¿son expectativas realistas y pasibles de concreción o son metas demasiado ideales?
En conclusión, entendemos que el asesoramiento astrológico en cuanto que parte co-constitutiva de la Astrología Psicológica brinda la importantísima y fundamental oportunidad tanto para el Astrólogo como para el consultante, de crecer en y a través de una espiral de mutuo conocimiento y crecimiento personales.

– Astrología Psicológica
En la actualidad se puede afirmar que la Astrología en cuanto disciplina más que como mera mancia, se encuentra asaetada en y por
diferentes grados de enlarvada virulencia por un sinnúmero de mitos y fantasías ajenos a su milenaria sapiencia y más producto de
los medios masivos de comunicación que venden y trasmiten una astrología (con minúscula) de la globalización postmoderna así como
también y en forma concomitante y coadyuvante con lo anteriormente expuesto, por quienes hacen de ella una simple astromancia predictiva que deja a toda y cualquier persona que se precie de tal, de tener algún grado de influencia sobre su propia vida, debiendo soportar y hacerse cargo del «destino» o «karma» que le ha tocado vivir por haber nacido donde y cuando lo hizo.
¡Oh triste conjuro de la vida que alinea ciertos pedruzcos a miles de millones de kilómetros de distancia de tan singular forma y no de otra!
Es por ello que -en forma y de carácter anecdotario, ejemplar y ejemplarizante- me remito a determinadas expresiones oídas y/o leídas a través de la TV., la radio, la prensa escrita, así como revistas pseudo-especializadas e inclusive -y lo refiero no sin un cierto pesar- , libros
«técnicos», de texto, además de comunicaciones personales a través y mediante el intercambio de ideas con otros astrólogos. A título de ejemplo expreso algunos de ellos sin hacer alusión directa a su fuente:
- Le preguntan a un astrólogo: «¿Qué significa la palabra horóscopo?». La respuesta fue algo así como: «La verdad que no se y creo
que no es algo importante el saberlo.»
- Dice otro astrólogo: «Si quiere tener un hijo/a que tenga éxito en la vida y a quien todo le vaya bien, pues tenga un hijo/a nacido/a en el signo de Leo.»
- Otro comenta que si por casualidad hemos tenido la desgracia de nacer con Marte en un aspecto difícil con Neptuno, seremos neuróticos, traicioneros, confusos, violentos, engañosos, y con tendencia al alcoholismo entre otras cosas.
- Con respecto a lo anterior un astrólogo me comento que como la pareja de su hija tenía en su carta la configuración anteriormente mencionada (en este caso Marte en cuadratura con Neptuno) y encontró en un libro de texto la mencionada casuística teórica, estaba sumamente preocupado por el futuro de esa relación.
- Es frecuente encontrar que si usted es de un signo perteneciente a un determinado elemento (aire, fuego, tierra, aire), debe buscar para armonizar adecuadamente a una pareja cuyo signo pertenezca al mismo elemento. Así por ejemplo si es de Cáncer se llevará bien con Piscis o con Escorpio; y si es de Aries, con Leo o con Sagitario.
- Me he encontrado con profesionales que se encuentran preocupados pues al haber estudiado su carta astral para un año determinado (Revolución Solar), se dieron cuenta de que se les avecinaban días, meses o un período difícil de sus vidas y/o que les iba a ocurrir tal o cual desgracia. Y lo mismo aplicable para épocas favorables o de gratos acontecimientos. La verdad es que en la gran mayoría de los casos no sucedía ni lo uno ni lo otro, pero organizaban y dirigían sus vidas de acuerdo a dichas expectativas.
- Obviamente que todo un capítulo aparte merecen los horóscopos diarios y los servicios telefónicos. Es lógico que si una persona lee y/o escucha 10 horóscopos diferentes para un mismo signo en un determinado día, llegue a la conclusión de que la astrología refiere a una sarta de disparates. Es que hay que ser un verdadero «mago» si tenemos en cuenta que actualmente somos unos 6.000 millones de habitantes a lo largo y ancho del globo terráqueo y sólo hay 12 signos zodiacales, lo cual nos da un promedio de 500 millones de personas para cada signo. Así que podemos ver que es un poco aventurado el tratar de hacer predicciones que se ajusten para esa cantidad de seres.
- En cuanto a los servicios telefónicos obviamente que refieren simplemente a rasgos caracteriológicos por una parte y por la otra a hechos y sucesos de carácter meramente predictivo, que luego en la realidad no es frecuente que ocurran, con el consiguiente y
lógico desprestigio a que se ve sometida una antiquísima disciplina, por no decir, la primera ciencia de la humanidad.
Cabe destacar que lo anteriormente expresado no hace necesariamente a una descuidada praxis profesional astrológica, pues muchas de esas personas realmente han estudiado y se han preparado, y actúan de buena fe, plenamente convencidas de que lo que realizan y manifiestan en una «consulta» es correcto.
Y si decimos lo que afirmamos es tan sólo para poder comenzar a re-verter una situación que ha sumido a la Astrología durante largo tiempo en la lista de las «mancias» (algo similar ha sucedido con el Tarot y el I Ching entre otras).
En si esta situación, al menos en lo que refiere a la Astrología, ya ha comenzado a revertir y a adquirir nuevos visos de seriedad, lenta pero constantemente.
Hasta no hace mucho tiempo y aún hoy día, por lo que hemos podido referir, las personas que acudían a una lectura más que a una verdadera consulta astrológica lo hacían (lo hacen) con la plena, única y valedera intención de obtener predicciones acerca de su futuro, en una palabra, saber si tendrán fortuna, amor, empleo, salud, etc.
Y aunque no necesariamente sientan y tengan dicha necesidad, ello es lo que obtienen en la mayoría de los casos. A ello se agrega una breve descripción de rasgos de carácter en la dirección de que si por ejemplo, uno es de Aries tendrá tales y cuáles características y si es de Cáncer tendrá tales y cuáles otras.
En estos casos el problema radica en que como una persona me refirió: «Yo soy de Aires y mi marido es de Aries y no nos parecemos en nada. Somos personas totalmente diferentes. ¿Cómo es ello posible?». En consecuencia, o una de las dos fechas de nacimiento (o las dos) es errónea o la astrología no sirve. Es obvio cual de ambos cuellos ha de cortar el verdugo sentido común. (Aclaro que a mi también me ha sucedido conocer a varias personas del mismo signo y sexo, con una diferencia de edad no mayor a los 5 años entre ellas, las cuáles eran completamente diferentes la una de la otra en su manera de ser).
Pero también es cierto que en estos tiempos de crisis personal, social e institucional generalizadas, quienes asisten a una consulta astrológica lo hacen requiriendo respuestas, predicciones. Ello da cuenta también de ciertas dificultades con las que profesionalmente uno se encuentra cuando desiste de realizar tales predicciones, las cuales entendemos son de carácter sumamente conjetural y aleatorio, buscándose por contraposición, prestar un verdadero asesoramiento, producto más del diálogo que del monólogo.
El diálogo en este sentido consiste e implica el encuentro en el aquí y ahora de y entre dos personas, donde en un proceso
comunicativo simétrico, ambas buscan discernir sobre el significado y el sentido de la vida de una de ellas, en este caso, el consultante. En el caso del monólogo propio de la común lectura astrológica, no hay básicamente comunicación sino un proceso de vertimiento informativo de conocimientos de carácter asimétrico entre el portador del «conocimiento» y el depositario del mismo.
Lenta pero pausada y constantemente se está produciendo una transformación en la Astrología, de pasar de ser una mera «mancia» a ser una «logía», un conocimiento, lo que por ende implica un pasaje del monólogo al diálogo, de la asimetría a la simetría y de la predicción conjetural y azarosa hacia el asesoramiento sobre el sentido y la responsabilidad por y de nuestras propias existencias.
Y este cambio conlleva también nuevas exigencias para la comunidad astrológica, porque también están comenzando a llegar a consulta personas con «motivos de consulta» claros y concretos, que solicitan orientación y/o guía para lograr discernir acerca de áreas de sus vidas, las cuales se encuentran en proceso de franca transición. Hay quienes consultan por sentirse deprimidos, angustiados, atravesando distintos tipos de crisis emocionales y/o psicológicas, o por verdaderas transformaciones en su relación de pareja,
o en el relacionamiento con sus hijos, entre otros motivos.
Todo ello implica la perentoria necesidad de un acercamiento complementario más que tangencial entre la Astrología y la Psicología. Pues como referíamos anteriormente son muchas las personas que acuden con una pregunta a flor de labios, el deseo de saber que
pasará en y con sus vidas en determinadas áreas de la cotidiana existencia. Pero como nos lo enseña la Psicología, tras lo expresado discursivamente, se encuentra más que oculto dicho sin decir, el motivo latente. Y en todos los casos, se podría afirmar que el
denominador común de todos los motivos de consulta es inquirir sobre el sentido y el significado de la vida.
En una palabra, actualmente nos encontramos ante una crisis generalizada, anomia social, grupal e individual, intra e interpsíquica acerca y sobre el sentido último de nuestras mortales y temporales existencias. Y esto es lo que siempre y en última instancia hace al motivo de consulta astrológica (similares motivos se encuentran tras las consultas actualmente realizadas en el Tarot y el I
Ching).
Así arrivamos a la necesidad de dilucidar el eje temático de la presente exposición: ¿Qué es la Astrología Psicológica?
Y como corolario consecuente: ¿Qué es y cómo se interpreta una carta astral u horóscopo?.
En el libro titulado «El secreto de la Flor de Oro» de R. Wilhelm, C.G. Jung, en el prólogo expresa: «La astrología tiene asegurado, sin restricciones, el reconocimiento por parte de la psicología, porque la astrología representa la suma total de todo el conocimiento psicológico de la antigüedad.»
La Astrología Psicológica implica el considerar a la carta astral como un mapa de las potencialidades y rasgos de carácter inherentes a todo ser. Es un retrato dinámico de la personalidad, donde se entreteje la trama de la vida, entendida esta como la «opus magna» donde diversos planetas danzan simbolizando a singulares personajes, cada uno de los cuales despliega su papel con una cierta particularidad interpretativa, reflejo del signo zodiacal donde acierte a encontrarse emplazado.
Las distintas escenas en el gran drama ( o la gran comedia, o una mezcla de ambos) de la vida en que hayan de aparecer estos personajes o energías arquetípicas estarán determinados por las casas astrológicas o áreas de la vida donde se expresarán en y a través de diálogos más o menos dinámicos, trágicos, serios y/o cómicos, marcados por las relaciones angulares entre ellos existentes (los aspectos).
Además nos encontraremos con algunos actores más destacados que otros. Estarán quienes pretendan un protagonismo por demás desmesurado y otros quienes se escondan tras bambalinas, algunos por miedo a salir a escena y otros esperando el momento adecuado para hacer trastablillar nuestro consciente actuar.
En este sentido podemos afirmar que los actores en escena hacen a lo consciente, mientras que lo oculto o velado tras cortinas refiere al inconsciente, tanto en sus aspectos positivos como negativos. Y así encontraremos diversos vestuarios, diálogos y monólogos, cambios de escenografía, personajes shakespereanos trágicos y cómicos a un tiempo, entradas y salidas de escena. Y cada uno de nosotros será en forma simultánea y sincrónica el autor, el director, los personajes, el público espectador y los críticos.
Y a veces, como decíamos, fruto de la represión y/o de condicionamientos de distinta índole (familiar, social, económica, cultural,
religiosa, política, etc.) habrán planetas-personajes que serán obligados a ocultarse, es decir, pasarán a conformar parte de la
sombra inconsciente de nuestro ser, con el consiguiente cercenamiento de nuestra integridad psíquica, y que sólo serán (y lo harán) capaces de expresarse en forma deformada e indirecta a través de los sueños, los síntomas, las enfermedades, los conflictos y
las crisis, y que en los casos en que hayan de ser proyectados hacia el medio circundante, los habremos de vivir con el nombre
de «destino» , como acontecimientos provenientes del exterior, totalmente «ajenos» a nuestra consciente voluntad.
Y es por ello que encontramos que la carta natal es un magnífico instrumento para la navegación por nuestros propios espacios interiores, puesto que al mostrarnos todos los personajes que hacen y deshacen a nuestra vida, nos permite conocer y re-conocer no sólo a aquellos que estamos dispuestos a aceptar como nuestros sino que a un mismo tiempo nos permite visualizar y dar cabida a aquellas fuerzas que representan facetas de nuestra existencia a las que inconscientemente pretendemos desconocer como propias,
ocultándolas, por lo general de forma muy insatisfactoria, de nuestra propia mirada y de la de quienes nos rodean.
Además, en tanto que la Astrología no es una disciplina moralista -otro que ver son los Astrólogos- conlleva el hecho de que todos los signos zodiacales presentan a un mismo tiempo facetas positivas y negativas y en una misma persona pueden manifestarse unas y en otras ocasiones otras cualidades del mencionado espectro simbólico y aún, en no pocos casos, rigidizarse dicha expresión revelándose sólo una modalidad, mientras la otra se mantiene oculta, independientemente de que la visible sea la positiva o la negativa indistintamente, pues tanto podemos negar, ocultar y procurar «deshacernos» de aspectos tanto positivos como negativos de nuestra propia persona, es decir, no sólo podemos reprimir facetas propias que consideramos como «malas» sino que también podemos hacerlo y no en menor medida con nuestras potencialidades y recursos innatos.

Entonces, cuando un consultante acude en busca de asesoramiento astrológico, la pregunta que nos hacemos es: ¿Cuál es el significado de la crisis que esta persona se encuentra viviendo?; ¿Qué mensaje se encuentra en ella implícito?; ¿Qué es lo que esa persona debe aprender de esta situación?. Por ejemplo, puede acudir por motivos afectivos para encontrar pareja, una mujer que busca un hombre
afectuoso, cariñoso, deseoso de formar un hogar y constituir una familia, pero ésta no atrae más que hombres que quieren pasar el
«buen rato», que no están dispuestos a aceptar compromisos, etc..
Pues en esta situación, más que el hecho de desear una pareja hay otros elementos en juego. O en el caso de una pareja que desea formalizar una relación, y que por ejemplo desean saber si será o no una relación duradera. Más que afirmar o negar la durabilidad y complementariedad de la relación, se puede trabajar sobre los puntos fuertes y débiles de la pareja y sobre el grado de comunicación entre ellos existente, en torno a las necesidades y tiempos de cada uno, además de investigar sobre la posible existencia de «contratos
ocultos» de carácter inconsciente (por ejemplo, tu haces esto y a cambio yo hago esto otro por ti).
En este orden de cosas, vemos que la carta astral es un gran mapa representativo y representante fidedigno tanto de nuestras fortalezas como de nuestras debilidades y frustraciones; tanto muestra lo mejor de lo que somos como nuestras propias oscuridades tan temidas y ocultadas.
En conclusión, la Astrología Psicológica nos conduce a la consideración plena y definitiva de que a nuestras vidas no las controlan los planetas, sino que somos nosotros mismos quienes a través de nuestras formas de pensar y sentir, en definitiva, de ser en el mundo, constelamos una cierta realidad y los planetas son tan sólo un reflejo de esa realidad por nosotros co-construida y co-constituida.
Los planetas y su alineación en el espacio sideral no son los culpables de nuestros «errores», de nuestras neurosis ni de que nos sucedan «cosas malas», así como tampoco lo son de nuestras suertes y éxitos.
Una carta natal es un mapa de carácter descriptivo, pero el mapa no es el territorio, es decir, es una descripción de nuestro ser, pero ello no conlleva el que seamos de una u otra manera, es decir, no condiciona nuestra identidad personal.
De esta manera, lo «bueno» y/o lo «malo» que atraemos hacia nuestras vidas son tan sólo un mero reflejo de nuestro interior consciente y/o inconsciente. El mapa natal puede indicarnos y señalarnos posibles zonas de conflicto, pero reside en cada uno de nosotros tener la honradez y el coraje de y por asumir la plena responsabilidad de armonizarnos a través de la resolución e integración de nuestras áreas
fragmentadas en una gestalt mayor y más totalizante a la vez que totalizadora.
Para finalizar citaremos a título de ejemplo el caso mencionado al inicio de nuestra exposición referente a la alineación planetaria de Marte en cuadratura con Neptuno (arco angular de 90°). Como afirmáramos, podemos decir que la persona en cuya carta aparezca este aspecto, tenderá a la neurosis, a ser traicionera y confusa, de carácter violento, etc., etc.

Pero que distinto es si en un diálogo con esa persona «trabajamos» conjuntamente viendo como puede estar tomando partido por una de las dos energías planetarias en desmedro de una segunda que sería relegada al inconsciente (reprimida), negando su existencia aunque continúa la misma pero oculta, manifestándose subliminalmente como síntomas, enfermedades, conflictos o en ocasiones, siendo proyectada hacia
el entorno circundante, siendo depositada dicha energía, por ejemplo, sobre una pareja y viviendo entonces a dicho
planeta-energía como «destino», como algo que nos pasa sin nosotros ser mínimamente responsables de ello.
A partir de ese momento, podremos ir construyendo junto al consultante una tercera posibilidad, la que nacerá de la toma de conciencia por parte del cliente de la existencia de una «fuerza» negada pero que le pertenece.
Recién entonces llegaremos a resolver el conflicto sin negar a ninguno de los planetas implicados, sino que por el contrario estableceremos un vínculo comunicativo entre ellos y brindándole a cada energía su respectivo espacio, sin priorizar ninguna
de ellas en desmedro de la otra, sino buscando un equilibrio dinámico.
Es decir, comprender que ambos planetas expresan tendencias y necesidades y ninguno de ellos es bueno o malo de por sí, además y por sobre todas las cosas, ambos son y somos nosotros mismos; son parte constitutiva de nuestro ser y por ende no podemos negarlos sin negarnos.
Por ello debemos aceptar todas las partes de la carta astral y darles a cada una de ellas un reconocimiento de su existencia y de su valor,
así como permitirles que no es sino un permitirnos a nosotros mismos el expresarnos en forma plena, directa, sincera y honrada.
En pocas palabras, todo planeta que se encuentre reprimido siempre hallará la manera de expresarse, aunque de manera problemática como ya explicamos; pero tenemos la capacidad de tener la honestidad y la voluntad, así como la pasión y el amor por la vida para lograr descubrir los orígenes de nuestros conflictos y de nuestras ideas auto derrotistas y a través de la paciencia, la fe y la esperanza, transitar por el camino del autodescubrimiento personal, mediante la aceptación e integración armónica y dinámica de todos nuestros planetas y así constituirnos en seres más plenos, sanos y conscientes de nuestra participación y lugar en el cosmos.











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