La atroz Operación Reinhard y los 30 mil judíos asesinados por los nazis en apenas seis días …
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Los hornos crematorios del campo de exterminio de Majdanek, donde se disponían los cuerpos de los muertos por los nazis en las cámaras de gas. Ciudadanos polacos observan los restos poco después de la rendición de las tropas alemanas
Infobae(H.Martín)(D.Cecchini) — A Lublin le decían “la Oxford judía”. También, “La Jerusalén del Reino de Polonia”. La ciudad, capital del voivodato (o región) que lleva su mismo nombre, está ubicada junto al río Bystrytsia y era centro de grandes investigaciones sobre el judaísmo.
Con el albor de la década del 30 se creó la Yeshiva Chachmel, una escuela rabínica de fama mundial. En 1939 tenía 122 mil habitantes, 42.830 de ellos judíos. Había 12 sinagogas, dos periódicos publicados en yiddish, cien casas de oración privadas, un hospital, un orfanato, un asilo y varias escuelas de esa comunidad.
Más de la mitad de los pequeños emprendimientos eran de judíos. Un tercio de las fábricas también, en especial en los rubros de la peletería, las joyas y el textil.
Cuando los alemanes invadieron Polonia desde el oeste, unos seis mil judíos se desplazaron hacia Lublin, cercana a la frontera con Rusia, para buscar refugio. Pero como era previsible, el 18 de septiembre de 1939 las tropas del ejército nazi ocuparon la ciudad luego de una débil resistencia de los polacos.
En realidad, se terminó diez días antes, cuando los alemanes comenzaron un persistente bombardeo sobre la población civil. Para mantener el orden con mano de hierro, Adolf Hitler designó a Odilo Globocnik como jefe de las SS y de la Policía.
Globocnik era austríaco, un auténtico fanático nazi. Un hombre violento pero de gustos excéntricos. A principios de la década del 30 se unió a las SS y colaboró en la caída del gobierno de su país y la anexión de Austria a la Alemania nazi.
Recompensado por Hitler con un cargo en Viena y protegido por el jefe de las SS, Heinrich Himmler, comenzó a cometer actos de corrupción, a quedarse con el dinero de las familias judías y se granjeó la enemistad de Hermann Goring.
El estilo de vida escandaloso no pudo ser disimulado por Himmler, que lo echó. Se recicló en Polonia, donde combatió en el SS Waffen, un cuerpo de élite, y el propio Führer le dio la segunda oportunidad en Lublin.
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A finales de octubre, un relevamiento señaló que quedaban en Lublin 37.054 judíos. Los cinco mil que faltaban, sobre todo los más jóvenes, habían huido a Rusia. Hitler, con el asesoramiento del ideólogo nazi Alfred Rosenberg y Himmler, puso en marcha el Plan Nisko.
Entre otros tantos delirios, el Tercer Reich se había propuesto primero enviar a todos los judíos a la isla africana de Madagascar. Luego decidieron reemplazar esa idea por asentarlos en Lublin y la ciudad cercana de Nisko. En principio, iba funcionar como una Judenreservant, una reserva judía al estilo de los indígenas norteamericanos.
Pero no fue así. Decenas de miles fueron enviados con ese propósito. Al año siguiente, la idea fue desechada también. Y el cambio fue brutal, mucho peor que una simple acumulación de presos.
El gobernador del voivodato, Lublin Zorner, declaró la institución del gueto de Lublin para la población judía en marzo de 1941.
Lo ubicó en la zona más pobre. Poco después, los oficiales y soldados del ejército del Führer tomaron a los judíos como sus esclavos. Los conminaron a limpiar las calles de los escombros que el desigual ataque había provocado. Eran golpeados e insultados sin motivo alguno.
Los saqueos a sus tiendas y casas se convirtieron en el pan de cada día. Los obligaron a pagar 300 mil zlotys al ejército alemán y a usar un distintivo que los identificara como judíos. A los que tenían casas en las mejores zonas de la ciudad, se los expulsó de ellas. Y el orgullo de Lublin, la biblioteca de la academia talmúdica, fue quemada hasta sus cenizas.
Con todo, la situación del gueto de Lublin no era tan desesperante como la de Varsovia. Puede parecer un sarcasmo, pero no: en Varsovia la situación era mucho más inhumana, si cabe. Era notable como, de a poco, se había iniciado un incipiente intercambio comercial entre los que vivían dentro y los de afuera. Había comida, aunque se propagaban enfermedades como el tifus y el hacinamiento era importante.
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Refugiados de Lublin en una ruta de Polonia durante la ocupación nazi
A mediados de 1941, Himmler, el arquitecto del Holocausto, le ordenó a Globocnik la construcción de campos de concentración para albergar a los judíos, mientras en la ciudad los alemanes se adueñan de propiedades y bienes.
La Operación Reinhardt, como se denominó a la furibunda eliminación física de judíos como dudoso homenaje a Reinhard Heydrich, quien ideó la “solución final” nazis (luego muerto en un atentado), se ponía en marcha. Uno fue el de Belzec, en el distrito de Lublin.
El otro se estableció en un suburbio de la ciudad llamado Majdan, y el nombre será recordado por el horror que allí se vivió: Majdanek, que significa “pequeño Majdan” y quedó bajo la dirección de Karl Otto Koch.
Las obras comenzaron en octubre, así que para principios de 1942, el gueto de Lublin fue dividido. Por un lado (denonimado el “A”) quedaron los desempleados. Del otro, el “B”, aquellos que trabajaban para los alemanes, que eran unos 25 mil. Comenzó la deportación masiva hacia el campo de concentración de Majdanek y, con ella, los asesinatos masivos.
Por orden de Globocnik, las SS colocaban un sello a los habitantes del gueto para identificar a quienes eran trabajadores. Estos eran trasladados al “Gueto B”. El 16 de marzo de 1942 se informó que los judíos que no tuvieran esa marca serían trasladados al campo de concentración de Belzec.
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Odilo Globocnik, el terrible jefe de las SS en Lublin
Los tiempos se aceleraron. La Gestapo le informó al Judenrat (la autoridad judía dentro del gueto) que debían presentarse 1.500 hombres y mujeres por día para ser enviados a trabajar al Este. Les mentían, claro. Con un enorme cinismo, les permitían llevar un equipaje de 15 kg. y también sus joyas y efectos de valor.
Bajo la custodia del Batallón de Policía 101 los llevaban primero a la Gran Sinagoga y luego a una plaza cerca del matadero. Los primeros en ser exterminados fueron los ancianos y los enfermos. A ellos directamente los fusilaron allí mismo.
A la mañana del día siguiente comenzó el envío al campo de exterminio de Belzec. Algunos hacían una escala en Majdanek, donde existía un galpón especial en el que los despojaban de su ropa y de sus bienes. Hasta entonces, los deportados ignoraban cuál era su verdadero destino.
Pero el horror era tan increíble, los nazis habían caído tan bajo en la escala humana, que cuando uno escapó y contó lo que sucedía, nadie lo tomó en serio.
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Restos del campo de concentración de Majdanek en Lublin
El 23 de marzo terminó la llamada Masacre de Judíos de Lublin. En seis días, los nazis habían matado a más de 30 mil prisioneros. Por supuesto, no se detuvieron allí. En Belzec, los métodos del asesinato eran terribles. En seis cámaras que contenían a 750 personas cada una, las víctimas eran gaseadas con monóxido de carbono. Ese campo de exterminio apenas duró 14 meses en funcionamiento, suficientes para asesinar a más de 600 mil judíos.
El fin de Belzec no se debió a un súbito cargo de conciencia, sino a la misma masividad de los crímenes: el campo se llenó de cadáveres y el hedor de la carne putrefacta era indisimulable. Globocnik ordenó exhumarlos y prenderlos fuego, pero era demasiado tarde. Para ocultar pruebas, se decidió arar la tierra y pretender que se trataba de una granja.
Majdanek, en principio, estaba destinado a los prisioneros que realizaban trabajos para las distintas fábricas de armamento y suministros de los nazis. Allí fueron enviados, por ejemplo, entre 18.000 y 22.000 judíos luego de la destrucción del gueto de Varsovia.
Se produjo una sobrepoblación, y los jerarcas nazis no dudaron: la solución final también se aplicó allí. Con una diferencia: en las dos cámaras de gas de Majdanek se comenzó a usar Zyklon B. Con él mataban a los que estaban muy débiles para trabajar.
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Una torre de guardia en el campo de concentración de Majdanek, en Lublin
Los nazis, hacia 1943, habían comenzado a dar señales de nerviosismo. La guerra ya no era una sucesión de triunfos ni países conquistados. Al alzamiento del gueto de Varsovia se le sumaron signos de resistencia ante las deportaciones a los campos de exterminio en los guetos de las ciudades de Bialystoy (en agosto de 1943) y Vilna (en septiembre del mismo año).
También, en agosto y octubre, hubo levantamientos en los centros de detención de Treblinka y Sobibor. Entonces, Himmler tomó la decisión de exterminar a todos los prisioneros de Majdanek y a los judíos que aún quedaban en Lublin.
El 3 de noviembre de 1943 tuvo lugar la Operación Erntefest, durante el Festival de la Cosecha. A Lublin fueron enviadas tropas especiales de las SS y fusilaron a 18 mil judíos. Ocho mil de ellos provenían de Majdanek. El resto eran deportados de Lublin o de otros campos de concentración. Para evitar que se oyeran los gritos y los disparos, pusieron música a todo volumen en altavoces.
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Tumba en Majdanek en recuerdo de la masacre de la Operación Erntefest
En 1998, un exmiembro de las SS llamado Alfons Götzfried, de 79 años, confesó que aquel noviembre dio muerte, por su propia mano, a 500 judíos, entre ellos mujeres y niños. Sin embargo, como los fiscales de Stuttgart no pudieron probarlo, sólo fue condenado a 10 años de prisión por “asistir” en las muertes.
Y como había pasado 11 años en una prisión soviética después de la guerra, salió caminando del tribunal. Sólo 15 de los 1300 carceleros alemanes de Majdanek fueron enjuiciados.
Cuando terminó la guerra, de los 42 mil judíos de Lublin sólo habían sobrevivido unos 200.
– El horror de Belzec, el campo de exterminio nazi donde sólo sobrevivieron dos personas
“Nos movíamos en círculos como gente que no tiene ya voluntad. Éramos una masa. Sé unos pocos nombres, pero no muchos. Quién era quién y cuáles eran sus nombres, en cualquier caso, era una cuestión completamente indiferente.
Al mismo tiempo que los gemidos de la gente que estaba siendo asfixiada en las cámaras era audible, la orquesta seguía tocando…”, escribió Rudolf Reder, industrial, químico y judío austrohúngaro, sobre sus días en el campo de exterminio de Belzec, en la Polonia ocupada por los nazis.
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Ejecución masiva en el campo de concentración Belzec, en Polonia. Más de medio millón de personas murieron allí en los 14 meses en que funcionó entre el 17 de marzo de 1942 y 1943
Escribió estas líneas y muchas más en 1946, en el único testimonio que existe sobre lo que ocurrió allí entre marzo de 1942 y mayo de 1943, el tiempo que funcionó
En esos catorce meses la maquinaria de muerte de Belzec, con sus tres cámaras de gas, acabó con la vida de alrededor de medio millón judíos y de un número no determinado de gitanos, romaníes y prisioneros soviéticos.
El abrumador peso de esa cifra se hace aun más horroroso cuando se lo compara con la cantidad de sobrevivientes: solamente dos.
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Chaim Hirszman fue uno de los dos sobrevivientes de Belzec, pero no alcanzó a contar la historia. Tras la ocupación soviética de Polonia se unió a la milicia estalinista y fue fusilado durante una insurrección anticomunista en marzo de 1946
Uno de ellos fue Reder, el otro se llamaba Chaim Hirszman y no alcanzó a contar la historia. Tras la ocupación soviética de Polonia se unió a la milicia estalinista y fue fusilado durante una insurrección anticomunista en marzo de 1946.
Belzec fue desmantelado el 8 de mayo de 1943 y la mayor parte de los oficiales de las SS que lo operaban fueron trasferidos a los campos de Sobibor Treblinka y Poniatowa. Antes, se borró toda huella de su existencia: destruyeron las barracas, las oficinas y las cámaras de gas, deforestaron el terreno y hasta construyeron una granja a manera de cobertura.
Solo la memoria de Reder permitió ubicar el terreno donde funcionó ese brutal mecanismo de relojería de la solución final.
– La metamorfosis
Belzec estaba situado a 160 kilómetros en el sudeste de Varsovia, entre las ciudades de Zamosc y Lvov.
En 1940, los alemanes crearon una serie de campos de trabajo a lo largo del río Bug que, hasta la invasión alemana de la Unión Soviética en junio de 1941, constituía la línea de demarcación entre la Polonia ocupada por Alemania y la ocupada por los soviéticos.
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Parte del grupo de los oficiales de la SS en el campo de exterminio, frente al edificio donde vivió y trabajó el comandante de Belzec, Christian Wirth
El cuartel general de este complejo era un campo de trabajo que se había creado en las afueras del pueblo de Belzec. Allí iban a parar los judíos deportados del distrito de Lublin, miembros del gobierno general polaco y resistentes capturados para construir fortificaciones y zanjas antitanques a lo largo de la ribera del río.
Así fue hasta fines de 1940, cuando llegó desde Berlín la orden de desmantelarlos. Con el lanzamiento de la Operación Barbarroja, esa línea de defensa ya no sería necesaria: Adolf Hitler pensaba expandir su “espacio vital” por todo el territorio polaco y hasta bien adentro de la Unión Soviética.
En noviembre de 1941 –ya lanzada la invasión a la Unión Soviética- la Administración Central de Construcción de las SS del distrito de Lublin comenzó la construcción de un campo de exterminio aprovechando la estructura básica del viejo campo de trabajo.
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Christian Wirth, el primer comandante del campo de exterminio
La solución final estaba en marcha y la elección del lugar se debió a que tenía buenas conexiones ferroviarias y estaba cerca de ciudades con importantes poblaciones judías, como Lublin y Lvov.
Los primeros trabajos estuvieron a cargo de obreros polacos, que después fueron reemplazados por judíos que hacían trabajos forzados. Fueron ellos los que levantaron las seis cámaras de gas, sin saber de qué se trataba.
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El monumento que hoy recuerda el sitio del antiguo campo de exterminio de Belzec en Polonia. El campo fue diseñado para asesinar a la mayor cantidad de judíos lo más rápido posible
Para febrero de 1942 las instalaciones quedaron terminadas, pero todavía faltaba probar las cámaras. Los conejillos de indias que eligieron las SS fueron los mismos trabajadores judíos que las habían construido.
Las primeras pruebas se hicieron con monóxido de carbono embotellado, porque el primer comandante del campo, Christian Wirth, conocía la experiencia primigenia de las camionetas de gaseo del centro de exterminio de Chelmno.
El 17 de marzo de 1942 comenzaron las operaciones de exterminio a nivel masivo.
– Un relato de Reder
Cuando llegó trasladado a Belzec, en agosto de 1942, Rudolf Reder tenía 42 años pero estaba en buen estado físico. Eso lo salvó de ir directamente a una cámara de gas y fue destinado a un grupo de trabajo.
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Rudolf Reder tenía 42 años pero estaba en buen estado físico. Eso lo salvó de ir directamente a una cámara de gas y fue destinado a un grupo de trabajo
“Yo pertenecía al personal de muerte permanente. Éramos en total unos quinientos. Solamente 250 eran ‘trabajadores capacitados’, pero de estos, doscientos trabajaban en labores para las cuales no se necesitaba ser un especialista: cavando fosas y arrastrando cadáveres. Nosotros cavábamos las fosas, las enormes sepulturas masivas, y arrastrábamos los cadáveres (…)
Además de cavar las fosas, la tarea del personal de muerte era tirar de los cadáveres hacia fuera de las cámaras, arrojarlos en una gran pila, y luego arrastrarlos desde allí hacia las fosas. El terreno era arenoso. Se necesitaban dos trabajadores para arrastrar un cadáver. Teníamos correas de cuero con hebillas.
Poníamos las correas sobre los brazos de los cuerpos y jalábamos. Las cabezas quedaban con frecuencia atrapadas en la arena. Teníamos la orden de arrojar los cuerpos de los niños pequeños sobre nuestros hombros de a dos por vez y llevárnoslos de esa manera.
Dejábamos de cavar sepulturas cuando arrastrábamos cadáveres. Mientras cavábamos sepulturas, sabíamos que miles de nuestros hermanos se estaban asfixiando en las cámaras”, escribió.
– Dos zonas y un “tubo” mortal
Gracias a la memoria de Reder, se pudo reconstruir que el campo de exterminio estaba dividido en dos zonas.
Una estaba destinada a la administración y la recepción de los prisioneros. La otra era un área separada, donde las SS podían llevar a cabo asesinatos masivos sin que los vieran las víctimas que aguardaban en la zona de recepción. Un estrecho camino vallado, llamado el “tubo” conectaba las dos secciones del centro de exterminio.
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Los judíos polacos antes de la ejecución eran escoltados por soldados alemanes al lado de una zanja
“Con cada transporte, era todo igual que como había sido con el mío. Se les ordenaba desvestirse, las pertenencias quedaban en el patio, el jefe del campo siempre pronunciaba su engañoso discurso. La gente siempre se animaba en ese momento, y yo veía el mismo brillo de esperanza en sus ojos. La esperanza de que fueran a trabajar.
Pero un instante después, los pequeños eran arrancados de sus madres, los ancianos y los enfermos eran arrojados sobre parihuelas, hombres y jóvenes mujeres eran aguijoneados con las culatas de los rifles más y más adelante a lo largo del sendero cercado que conducía directamente hacia las cámaras, y las mujeres desnudas eran dirigidas con la misma brutalidad hacia otras barracas, donde se les rasuraba el pelo.
Yo puedo decir con toda precisión en qué momento cada uno de ellos comprendía que era lo que les aguardaba, y el terror, la desesperación, los gritos y los gritos horribles, mezclados con las notas de la orquesta”, relató en 1946.
– La Operación Reinhard
El campo de exterminio de Belzec fue el primer eslabón de la Operación Reinhard, como se llamó la masacre planificada de judíos en aquellas áreas de Polonia que no se anexionaron a Alemania, y que tuvo lugar principalmente en los centros de exterminio de Treblinka, Sobibor y Belzec.
Se inició a finales de 1941 y pasó a llamarse Operación Reinhard en honor a Reinhard Heydrich, el principal artífice de la “solución final” de los nazis, muerto en un atentado.
Incluyó operaciones de exterminio entre marzo y mayo de 1943 en Belzec; entre mayo de 1942 y octubre de 1943 en Sobibor; y entre julio de 1942 y octubre de 1943 en Treblinka.
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La puerta principal en el sitio de Belzec, el campo de exterminio nazi que funcionó entre 1942 y 1943. «Recuerdo el terror, la desesperación, los gritos y los gritos horribles, mezclados con las notas de la orquesta”, relató Reder en 1946
En total, el Museo Conmemorativo del Holocausto en los Estados Unidos estima que durante su desarrollo fueron asesinados 1,7 millones de judíos, además de un número desconocido de polacos no judíos, romaníes y prisioneros de guerra soviéticos.
La maquinaria de muerte fue similar en los tres campos. En su testimonio lo contó así:
“Los hombres eran conducidos primero, con bayonetas, estoqueados a medida que corrían hacia las cámaras de gas. Los askars (ucranianos que colaboraban con los nazis) contaban 750 dentro de cada cámara.
Al tiempo de haberse llenado las seis cámaras, la gente de la primera cámara ya había estado sufriendo durante unas dos horas.
Tan sólo cuando el total de las seis cámaras estaba tan atestado de gente que resultaba difícil cerrar las puertas, se hacía arrancar el motor”.
– “Mi corazón se quebraba”
En su relato testimonial de 1946, Rudolf Reder se detiene especialmente en el tratamiento que recibían las mujeres y los niños en el campo. No se trataba solo de ejecuciones sino también de saqueo. Su relato desgarra:
“Todas las mujeres eran rasuradas antes de ser asesinadas. Eran conducidas como un rebaño de ganado hacia las barracas, y el resto esperaba su turno afuera, desnudas y descalzas, aún en el invierno y en la nieve. Las lágrimas y la desesperación se apoderaban de las mujeres. Aquí es cuando comenzaban los gritos y las lamentaciones.
Las madres apretaban a sus niños contra ellas, perdían la razón. Mi corazón se quebraba, cada vez, no podía soportar lo que veía. El grupo de mujeres rasuradas era conducido hacia delante y otras pisaban sobre el cabello de diferentes colores que cubría todo el piso de las barracas como una gruesa alfombra de felpa.
Una vez que todas las mujeres del transporte habían sido rasuradas, cuatro trabajadores utilizaban escobas hechas de tilo para barrer y reunir todo el pelo en una única pila multicolor, tan alta como la mitad de la habitación. Cargaban con sus manos el cabello en bolsas de yute y las enviaban al almacén”, contó.
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Guardias alemanes en el campo de concentración de Belzec. Uno de ellos toca una mandolina como cuando mandaban a los prisioneros a las cámaras de gas
Para los hombres que prolongaban de a un día por vez sus vidas haciendo trabajos forzados, como los cavadores de tumbas, esas muertes significaban una tortura adicional, que llegaba a lo intolerable.
“El personal estaba constituido fundamentalmente por gente cuyas esposas, niños y mayores habían sido gaseados. Muchos se las habían arreglado para conseguir un talit (manto de Oración) y tefilín del almacén, y después de que echaran el cerrojo a las barracas por las noches, en los camastros escuchábamos el murmullo de la oración de Kaddish (oración por el alma de los muertos). Decíamos plegarias por los muertos. Después reinaba el silencio. No nos quejábamos; estábamos totalmente resignados”, relató Reder.
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Boceto de la distribución del campo de exterminio de Belzec realizado por el sobreviviente Rudolf Reder
– Borrar las huellas
Se calcula que en los dos primeros meses de funcionamiento el campo de exterminio de Belzec se cobró 93.000 vidas en las cámaras de gas. Todos esos cadáveres fueron a parar a fosas comunes que se iban expandiendo a lo largo de los terrenos, que se transformaron literalmente en tierras sostenidas por un subsuelo de cuerpos, cuya descomposición generaba gases que hacían irrespirable el aire de Belzec y sus alrededores.
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Dos judíos polacos sentando en la nieve antes de ser asesinados, en el fondo los soldados alemanes
En octubre de 1942, por orden de Odilo Globocnik, jefe de la policía y de las SS en el distrito de Lublin, se realizó una monumental operación de exhumación de cuerpos para quemarlos en hornos al aire libre.
Por un lado, buscaba contrarrestar el fenómeno de los gases, aunque el olor de los cuerpos quemados también resultara insoportable; por el otro, borrar las huellas del exterminio de miles de personas.
Reder alcanzó a ver este proceso antes de ser trasladado en noviembre de ese año a otro campo de concentración, lo que probablemente le salvó la vida, ya que Belzec estaba pensado para que no hubiera sobrevivientes.
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El memorial construido en el sitio del antiguo campo de exterminio de Belzec. Los alemanes mandaron a destruir todo, pero la memoria de un sobreviviente permitió reconstruir el horror vivido
Cuando en julio de 1944, las tropas soviéticas llegaron a Belzec no quedaban huellas de la maquinaria de exterminio que había funcionado allí.
Solo perduraba en la memoria de un hombre que también escribió:
“Íbamos haciendo mecánicamente todos los movimientos de esa vida horrible mientras la orquesta seguía tocando”.
Rudolf Reder fue el único que vivió para contarlo. Murió en octubre de 1977 en Canadá, a los 96 años.
nuestras charlas nocturnas.
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