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Los mayores misterios sin resolver de la Segunda Guerra Mundial…


Los mayores misterios sin resolver de la Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto bélico sin igual. Aliados y potencias del Eje lucharon durante seis años, millones de personas perdieron la vida y el mundo nunca volvió a ser el mismo.

Actualmente, todavía hay muchas preguntas sin respuesta, incluyendo misterios sin resolver que tuvieron lugar durante la guerra y en la posguerra.

Los mayores misterios sin resolver de la Segunda Guerra Mundial

Batalla de Los Ángeles 

La Batalla de Los Ángeles tuvo lugar el 24 y 25 de febrero de 1942. Fue un supuesto ataque de los japoneses a los EE.UU.

La batalla de los ángeles ocurrió hace 70 años, en plena Segunda Guerra Mundial. Fue un hecho donde varios edificios y vehículos fueron dañados por esquirlas de obuses que dejó 5 civiles muertos y el suceso fue primera plana de los medios de comunicación de Estados Unidos.

Hubo un apagón total y miles de guardias de ataque aéreo tomaron sus posiciones. Comenzó la artillería en la zona. Se oyeron disparos de ametralladoras calibre 12 y cañones de 76 mm., se dispararon más de 1400 obuses. Hubo fuego de artillería hasta las 4.14 am. El apagón se levantó recién a las 7.21 am. Varios edificios y vehículos fueron dañados por esquirlas de obuses, tres civiles murieron en accidentes de tránsito por el caos y dos por ataques al corazón atribuidos a la tensión y el estrés.

Ni un solo avión fue derribado. Se atribuyó el hecho a una falsa alarma de invasión japonesa y al pánico generalizado por los hechos recientes, pero… ¿fue todo esto verdad?

Los mayores misterios sin resolver de la Segunda Guerra Mundial

El 26 de febrero de 1942, Los Angeles Times publicó una foto de los halos de luz en el cielo nocturno de Los Angeles, donde narró sobre una certera visita de extraterrestres. La foto muestra, claramente, reflectores centrados en una nave espacial alienígena.

Se supo también que la foto tuvo retoques fotográficos antes de la publicación, algo habitual en los diarios de esa época para mejorar el contraste en fotografías en blanco y negro. Según la imagen, parece ser una evidencia más aterradora de esa noche en la que varios ovnis esquivaron las balas y obuses del ejército norteamericano que sigue negando el fenómeno ovni y atribuye este hecho a una falsa alarma.

Mientras que otros expertos aseguran que fue un llamado de atención o advertencia para avisarle a Estados Unidos de la guerra que se venía…

Más allá del suceso, los interrogantes siguen hasta el día de hoy.

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Foo fighters 

La Segunda Guerra Mundial fue uno de los eventos más misteriosos que se han vivido en la historia reciente. El conflicto bélico estuvo cubierto de secretos, rumores e incluso una enorme cantidad de fenómenos que a día de hoy siguen sin poder explicarse; tal es el caso de los «foo fighters», los misteriosos ovnis que se avistaron a finales de la guerra.

En 1944 tuvieron lugar los primeros avistamientos. Donald J. Meier, un teniente aliado, fue la primera persona que hizo referencia a los ovnis. El 27 de noviembre se reportó que unas “bolas de fuego” surcaron los cielos mientras perseguían a los aviones aliados, aunque nunca los atacaron.

Muchos de los avistamientos tuvieron lugar sobre territorio alemán. Los Aliados reportaban con frecuencia haber visto enormes bolas luminosas que perseguían sus aviones de caza; los ovnis volaban en formación con el resto de aeronaves, hacían piruetas complicadas… parecían controladas por algún tipo de inteligencia remota para luego desaparecer sin dejar rastro.

Las tripulaciones de vuelo aliadas empezaron a ver unas misteriosas luces en el cielo, que apodaron «foo fighters». Estas bolas de luz se comportaban de forma extraña, seguían a los aviones y se movían rápidamente. Eran esencialmente un tipo de ovni.

En un inicio se pensó que eran armas nazis, objetos empleados por las Potencias del Eje, pero esa teoría se desechó cuando soldados alemanes y japoneses notificaron avistamientos de las “bolas de fuego”.

Sin embargo, no se trataba de aviones enemigos, ya que los «foo fighters» nunca atacaron realmente a las tripulaciones aliadas. Por supuesto, han surgido numerosas teorías, desde las armas secretas alemanas hasta las alucinaciones de los pilotos causadas por la fatiga, los fenómenos electrostáticos y los extraterrestres.

– Origen del nombre

Hay dos posibles explicaciones al nombre de «foo fighters». La más sencilla sostiene que los objetos fueron nombrados de esa manera al hacer una mezcla de la pronunciación en francés de «fuego» (feu) y «fighters» por referirse a los aviones de caza.

El segundo origen se remonta a las tiras cómicas de Smokey Stover. Se rumora que Meier era fanático de dichas historietas, en donde había un bombero cuyo vehículo llevaba por nombre Foo Fighter -siendo fire fighter el nombre que reciben los bomberos en inglés-, y que luego del primer avistamiento dijo “estos han sido esos malditos foo fighters”.

En diciembre de 1944, el Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada -Shaef, por sus siglas en inglés- lanzó un comunicado que sería publicado por el New York Times. En el artículo se habló de los foo fighters haciendo referencia a una posible arma nazi y medios como el New York Herald Tribune, el Daily Telegraph y la revista Time también realizaron publicaciones al respecto.

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Con el fin de la guerra, los avistamientos cesaron, por lo que perdieron el furor mediático que habían logrado, aunque a día de hoy todavía no hay una explicación oficial sobre qué fueron esos extraños ovnis. Se ha dicho que es posible que todo fue producto de la imaginación de los pilotos, quienes se encontraban en un estrés constante debido a su situación, la cual los mantenía alertas en todo momento.

Otra posible explicación sostiene que las luces eran producto de descargas eléctricas relacionadas a los aviones o que solo se trataba del reflejo de la luna, puesto que la mayoría de los avistamientos fueron durante la noche.

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Tren de oro nazi 

Los nazis construyeron una red de túneles subterráneos que supuestamente usaban para transportar tesoros. Se dice que hay un tren lleno de oro atascado en un túnel que se derrumbó en algún lugar de la Baja Silesia (cerca de Breslavia, en Polonia).

El Departamento de Guerra de Estados Unidos investigó en 1946 el tráfico de oro nazi durante la Segunda Guerra Mundial con compañías de transporte suizas por la frontera aragonesa de Canfranc.

Concluyeron que, de enero de 1942 a febrero de 1944, se llevaron alrededor de 154 toneladas hacia los bancos centrales de España y Portugal.

Este preciado metal, con el que Adolf Hitler pagó el wolframio que le vendieron los dictadores Francisco Franco y Antonio de Oliveira Salazar para blindar sus tanques, aparece en los documentos que ha desclasificado el Gobierno norteamericano, a los que ha tenido acceso HERALDO.

Esta cantidad es casi el doble de la que descubrió el conductor de autobús Jonathan Díaz en 2001 (86 toneladas, entre los años 1942 y 1943) en documentos oficiales de la frontera aragonesa hallados por el suelo en un almacén desvencijado de la estación de Canfranc.

Los mayores misterios sin resolver de la Segunda Guerra Mundial

La investigación del Departamento de Guerra se EE. UU., bajo el título ‘Envíos de oro alemán a través de Suiza hacia España y Portugal’, desvela que se trasladaron en 139 viajes que hicieron una veintena de compañías de transporte suizas (Lasser & Co, Transportkontor, Mettler, Welti-Fuerrer A. G., Natural Le Coultre, Last A. G. o Gondrand & Co., Hans Huber, Albert Sasse, Transport Weber… ) procedentes de Ginebra, Basilea, Zurich y otras ciudades suizas.

Los viajes se realizaron entre enero de 1942 y febrero de 1944. En las aduanas de Francia que atravesaron, los camioneros informaron que el motivo de sus viajes era ‘Transporte de oro por cuenta del Banco Nacional Suizo’ y servían «para pagar a Estados Unidos por balanza comercial», aunque en realidad «era bien sabido que pertenecía al Banco de Alemania», según se lee en el informe. De las 154 toneladas de oro que trasladaron a través de la frontera de Canfranc, el informe indica que dos tercios de la cantidad (un centenar de toneladas) llegaron a Lisboa, al Banco de Portugal y al Banco Nacional de Portugal, mientras que las 54 restantes se consignaron en el Banco de España y en el Instituto Español de Moneda Extranjera (IEME), creado en 1939 para controlar la política monetaria y el comercio exterior tras la Guerra Civil y la crisis económica mundial.

Los expertos señalan que probablemente el tren esté cargado del armamento militar, las toneladas de oro, las obras de arte y las joyas que los nazis quisieran evacuar de la zona para evitar que cayeran en manos soviéticas.

Expertos rusos han apuntado incluso a que podría contener el fastuoso tesoro de la Cámara Ámbar de Catalina la Grande, que fue robada por los nazis durante su invasión a la URSS en 1941 y expuesta en el castillo de Könisberg.

Sin embargo, fuentes británicas recogen que el tesoro del castillo de Könisberg fue destruido por la aviación británica durante los bombardeos de esa ciudad en 1944, aunque confitman la existencia de numerosos trenes que partían dirección oeste a finales del 44.

A pesar de los numerosos esfuerzos por localizar el tren, nadie ha podido encontrarlo. De hecho, algunos historiadores afirman que nunca existió, pero tampoco hay pruebas de esto.

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Desaparición del Lady Be Good 

El 5 de abril de 1943, el avión estadounidense B-24D Liberator, conocido como el Lady Be Good, desapareció en algún lugar de camino al aeródromo libio.

En mayo de 1948, se encontraron sus restos en el desierto situado al sur del aeródromo, pero no había señales de la tripulación.

Era el mes de noviembre de 1958 cuando un equipo de exploración petrolera británica sobrevolaba el desierto de Libia y se encuentran con algo inesperado. Se trataba de los restos de un avión del ejército de Estados Unidos de la Segunda Guerra Mundial.

Tras un análisis sobre el terreno lo identifican como un bombardero B-24. Se trataba del Lady Be Good, el avión que había desaparecido en 1943 sin rastro. Tras un segundo análisis no parece que tras 15 años de misterio ahora se vaya a resolver. El avión tiene partes intactas y no hay restos de la tripulación por ningún lado.

A finales de los 50 el desierto libio fue escenario de multitud de prospecciones petrolíferas. Allí se enviaban equipos con el fin de hallar yacimientos. Así fue como este equipo de topógrafos británicos dieron con un avión con divisas de la USAAF.

El equipo encontró que el ambiente del desierto había conservado partes de la aeronave asombrosamente bien; todavía tenía en perfecto estado las ametralladoras del calibre 50 del bombardero, la radio estaba en buenas condiciones, uno de los motores todavía era funcional e incluso habían en el interior recipientes llenos de agua. Sin embargo, nada de los restos de la tripulación.

Tras el aviso de este equipo británico hubo un gran revuelo y muchos no creyeron la versión de los topógrafos, finalmente el Ejército de Estados Unidos iría allí un año más tarde en una operación de búsqueda y con la única finalidad de recorrer el desierto y encontrar los restos de la tripulación.

Los mayores misterios sin resolver de la Segunda Guerra Mundial

El bombardero aliado había desaparecido el 4 de abril de 1943 cuando estaba planeada la misión 109, un bombardeo del puerto de Nápoles. A la vuelta de la misión el Lady Be Good había perdido contacto con el control de tierra y nunca llegó a la base en Libia. Lo último que se supo por radio fueron las palabras del teniente Hatton pidiendo rumbo ya que no sabía donde se encontraba.

La USAAF llevó a cabo una búsqueda sin resultado, por lo que finalmente dieron a la tripulación por muerta, seguramente en algún punto del Mar Mediterráneo tras desorientarse.

Por tanto habían pasado 15 años desde aquel día, ¿podría ser que siguieran con vida? Había una pequeña y casi irreal posibilidad según la situación explicada por los topógrafos. Cuando el equipo estadounidense de búsqueda llegó al terreno se dividieron en varios equipos y comenzaron a alejarse de los restos del avión.

Por el camino se encontraron varios marcadores de flecha improvisados a diferentes distancias del noroeste de la zona. Las señales estaban hechas con botas y otras con restos de paracaídas sujetos por rocas. Siguieron todas y cada una de estas señales pero no tuvieron éxito.

Antes de continuar con la historia conviene conocer a los miembros de la tripulación de este bombardero de la Segunda Guerra Mundial cuyo nombre fue bautizado en recuerdo de la película donde actúa Eleanor Powell (1941). El Lady Be Good estaba formado por:

  • Piloto: Teniente William J. Hatton
  • Copiloto: Teniente Segundo Robert F. Toner
  • Navegante: Teniente Segundo DP. Hays
  • Visor de Bombardeo: Teniente Segundo John S. Woravka
  • Ingeniero de vuelo: Sargento Harold J. Kipslinger
  • Operador de radio: Sargento Robert E. LaMotte
  • Artillero: Sargento Samuel E. Adams
  • Artillero: Sargento Vernon L. Moore
  • Artillero: Sargento Guy E. Shelley

Fotografía tomada al momento de ser descubierto los restos en 1958. Wikimedia Commons

El avión partía desde una pista de aterrizaje en la ciudad de Soluch (Libia). Una tormenta ese día había dificultado la misión de todos los bombarderos y aunque el Lady Be Good pudo llevar a cabo la misión, a la vuelta las fuertes sacudidas de viento lo fueron empujando de la ruta hacia la base. Las últimas palabras de la tripulación fueron las de Hatton pidiendo posición.

Una vez se percatan de que están totalmente perdidos y desorientados, varios miembros de la tripulación comienzan a escribir en sus blocs de notas sobre la situación. Es de noche, con una tormenta de arena que no permitía la visibilidad, con el peligro que suponía el poco combustible que le quedaba al avión e incluso probablemente pensando que se encontraban encima del mar Mediterráneo… así que los nueve hombres se pusieron los paracaídas y abandonaron el bombardero, siendo el último de ellos el teniente Woravka.

Es probable que en este punto y siguiendo la línea oficial de la investigación, los hombres se sorprendieran cuando en vez del mar se encontraron con sus botas en la arena del desierto. También es probable que el uso de los revólveres y las pistolas de bengala hiciera posible el reencuentro en el desierto de los supervivientes.

Una vez reagrupados decidieron ponerse en marcha inmediatamente, faltaba el teniente Woravka, así que deciden ir en su búsqueda pero no logran dar con él. Había que darse prisa, sobre todo sabiendo que el lugar es implacable y que el mismo desierto de Libia, espacio donde ellos mismos convivían en la base, podía alcanzar temperaturas diurnas de más de 50 grados.

Mientras, el Lady Be Good habría volado algunos minutos más desde el punto de salto de la tripulación y descendido lentamente. Aparentemente tocó tierra a baja velocidad y se partió en dos sin desintegrarse sus partes, quedando a una distancia de unos 27 km del punto de reunión de la tripulación. Es decir, que a 27 kilómetros de ellos siempre estuvo el avión, con la radio utilizable y el suministro de alimentos y agua.

La tripulación se pone de acuerdo y deciden ir hacia el noroeste. Estiman que la base aérea en Soluch debe estar en esa dirección y se ponen en ruta junto a los suministros que llevaban encima. Según sus cálculos no serían más de 150 km a la misma (la realidad es que estaban a 640 km).

Cuando los restos del avión fueron encontrados en 1958 los expertos en supervivencia de la zona estimaron que como mucho, los hombres sólo podían haber recorrido unos 50 km dadas las condiciones y lo presuntamente poco preparados que estaban para sobrevivir en el desierto. Para sorpresa de los investigadores, se encontraron los restos del primer grupo de hombres a 128 km al norte de la zona donde habían caído.

Tripulación del Lady Be Good. Wikimedia Commons

Tripulación del Lady Be Good.

Este primer grupo eran cinco cuerpos, todos ellos estrechamente agrupados en un área plagada de efectos personales como carteras, linternas, restos de paracaídas, chaquetas, kits de primeros auxilios y, posiblemente lo más importante, la agenda de Robert Toner, la cual describía los últimos ocho días del hombre, ocho días al límite descritos de la siguiente forma:

Domingo 4 de abril de 1943

Nápoles – 28 lugares, perdidos en el regreso, sin gasolina, saltamos, aterrizamos en el desierto a las 02:00 de la mañana. Nadie está gravemente herido. No podemos encontrar a John, todos los demás están presentes.

Lunes 5

Comenzamos a caminar, seguimos sin John, unas pocas raciones, media cantimplora con agua. Sol bastante caliente. Buena brisa . Noche muy fría. Sin dormir. Descansado y caminando.

Martes 6

Descansado a las 11:30, el sol todavía muy caliente, no hay brisa, en el infierno, no hay aviones, etc… descanso hasta las 5:00 PM. Caminando y descansando toda la noche, 15 caminando, 5 descansando.

Miércoles 7 de abril de 1943

Misma rutina, todo el mundo muy débil, no llegaremos muy lejos, rezando todo el tiempo, muy caliente, infierno. No puedo dormir, todos están doloridos en el suelo.

Jueves 8

Las dunas de arena nos golpean, muy miserable, sopla buen viento pero con arena, cada uno está ahora muy débil, pienso en Sam y Moore que estén bien. Los ojos de LaMotte se han ido, los ojos del resto están muy mal.

9 de abril

Shelly muerto, Moore separado en busca de ayuda, el resto de nosotros muy débil, ojos en mal estado, nadie quiere viajar más, todos quieren morir. Muy poco agua, las noches son de 35 grados, buen viento, sin refugio, un paracaídas se fue.

Sábado 10 de abril de 1943

Aún rezando en busca de ayuda. No hay señales de nada, un par de pájaros, buen viento. Realmente débil ahora, no puedo caminar, dolores por todas partes, todos quieren morir. Noches muy frías. Sin dormir.

Domingo 11

A la espera de ayuda, todavía rezando. Ojos muy mal. Malestar general, podríamos conseguirlo si tuviéramos agua, solo un poco para sacar nuestra lengua, para tener esperanza en busca de ayuda pronto, no hay descanso, todavía en el mismo lugar.

Lunes 12

Sin ayuda todavía, noche muy fría.

Estado en el que se encontraron las ametralladoras del Lady Be Good. Wikimedia Commons

Estado en el que se encontraron las ametralladoras del Lady Be Good.

Esa última entrada del día 12, suponemos que agonizando, es la última que escribió Toner. Lo hizo con una letra diferente, escrito a lápiz con unas líneas gruesas que detonaban el estado físico del hombre. De los tres miembros que continuaron con él, finalmente se encontraron los restos de dos, el Sargento Guy Shelley, a 33 km al norte de sus cinco compañeros, y el sargento Harold J. Kipslinger, probablemente el último en caer y a quien encontraron sorprendentemente a 100 km. Mientras, el hombre que supuestamente fue solo en busca de ayuda según narraba Toner, el Sargento Moore, jamás fue localizado.

A finales de ese mismo año se encontraron los restos del teniente Woravka, el último en tirarse del bombardero. Lo encontraron a pocos kilómetros del lugar del accidente. Su paracaídas estaba todavía unido al hombre y al parecer no había funcionado correctamente, por lo que murió al caer. Probablemente el más afortunado de todos.

Finalmente los investigadores dieron por finalizada la larga búsqueda de los hombres que un día desaparecieron junto al Lady Be Good. Podían haber aumentado las posibilidades de sobrevivir de haber dado con el bombardero a pocos kilómetros de donde se encontraban. Allí tenían víveres y una radio con la que posiblemente podrían haber pedido ayuda. Obviamente no tenían manera de saber hasta que punto su salvación estaba justo en el camino contrario.

De lo que no hay duda es de que se trataba de tipos realmente duros. Ante la dureza implacable del desierto fueron capaces de sobrevivir una semana con media cantimplora de agua para compartir. Una auténtica proeza.

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El Globo de Hitler 

El globo terráqueo Columbus para líderes de Estado y de la Industria, también conocido como el Globo de Hitler, se hizo famoso gracias a Charlie Chaplin en ‘The Great Dictator’ (1940) y pertenecía al mismísimo líder nazi. ¿Dónde está? Nadie lo sabe.

Fue construido en Berlín durante la década de 1930, y permaneció en la oficina de Hitler la mayor parte del tiempo.

El globo terráqueo alcanzó gran notoriedad en Estados Unidos después de que el comediante Charlie Chaplin se mofara del mismo en su película El Gran Dictador, de 1940. También el grupo de comediantes Los Tres Chiflados se burló del globo en dos de sus obras teatrales cortas.

Una de las ediciones limitadas del globo fue recogida por John Barsamia, un soldado del ejército estadounidense, en el refugio veraniego de Hitler a poco de finalizar la guerra, y lo vendió 60 años después en una subasta en San Francisco, California, por 100 000 dólares.

Solo se fabricaron dos ediciones del globo terráqueo en Berlín a mediados de la década de 1930, uno para el partido Nazi y otro para el mismísimo Hitler.

​ El globo que se fabricó para el Führer tenía casi el tamaño de un Volkswagen y su fabricación fue muy costosa. En el mismo, Abisinia (la actual Etiopía) era denominada África Oriental Italiana. El otro se fabricó con madera común sin ningún detalle especial.

​ El número total de globos terráqueos que se fabricaron no pudo ser corroborado con la fábrica, ya que la misma y sus archivos fueron destruidos durante los bombardeos de 1943.

Wolfram Pobanz, un historiador polaco y entusiasta de los globos terráqueos, considera que aunque el globo terráqueo se encontraba en la oficina de Hitler, probablemente el Fuhrer no tuviera una especial consideración por el globo, declarando que:

Probablemente Hitler no guardaba ninguna consideración especial por el globo. No existe ninguna fotografía de Hitler posando al lado del globo. Hitler controlaba personalmente todas las fotografías que le tomaban. Si el globo hubiera sido de importancia para Hitler, con seguridad aparecería en alguna fotografía suya.

En 1938, Hitler decidió que la antigua Cancillería del Reich no era lo suficientemente amplia como para alojar los ministerios del Tercer Reich, y designó a su arquitecto preferido, Albert Speer, para que construyera la nueva cancillería.

​ Después de que en 1939 se finalizaran las grandes remodelaciones, Hitler insistió en que el globo fuera trasladado a la oficina del Führer ubicada en el corazón de la nueva Cancillería, donde permaneció hasta que los soviéticos ocuparon el edificio en abril de 1945, finalizada la Segunda Guerra Mundial.

​Existen numerosos globos terráqueos en diferentes sitios de los cuales se dice que fueron propiedad de Hitler, aunque sea dudosa la autenticidad de muchos de ellos.​ Hay tres en Berlín, uno en un instituto geográfico, otro en el museo Marcher, y el tercero en el Museo Histórico Alemán.

Otros dos se encuentran en colecciones públicas en Munich.​ Muchos de estos globos tienen un agujero de bala en donde se encuentra Alemania o Alemania ha sido borrada del mapa, un vandalismo probablemente obra de soldados soviéticos o estadounidenses.

De acuerdo al análisis de evidencia fotográfica, se puede afirmar que ninguno de estos globos terráqueos es el que estuvo en la oficina de Hitler en la Cancillería.

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La desaparición del vuelo 19 

El 5 de diciembre de 1945, cinco bombarderos conocidos como Vuelo 19 desaparecieron. Y el avión de búsqueda y rescate enviado para localizarlos también desapareció. Nunca se encontraron restos de las aeronaves ni de la tripulación. Son unas de las desapariciones más misteriosas del Triángulo de las Bermudas.

La Segunda Guerra Mundial acababa de terminar y varios miembros de la marina estadounidense se preparaban para volver a casa después de varios años de miedo y sufrimiento. Pero el destino, caprichoso, tenía preparada otra cosa para 14 de ellos: el 5 de diciembre de 1945, y cuando realizaban un último ejercicio de entrenamiento sobre la zona de los cayos de Florida, cinco aviones de combate TBM Avenger desaparecieron para siempre con todos sus tripulantes.

Ese mismo día, y cuando el ejército estadounidense adelantaba una de las mayores operaciones de rescate de su historia para encontrar a las aeronaves perdidas, uno de los aviones PBM-5 que participaba en la búsqueda desapareció en la misma zona con 13 personas a bordo.

Aunque se destinaron varios recursos y a pesar del esfuerzo de cientos de personas, nunca se encontraron los restos de ninguno de los aviones ni los cuerpos de los tripulantes. Prácticamente se esfumaron de la tierra; una de las mayores tragedias en la historia de la marina estadounidense.

En los informes oficiales de la marina nunca se investigó el telegrama que le llegó al hermano de George Paonessa, 21 días después del accidente, aunque su familia lo reportó.

(La tripulación que participó en el Vuelo 19)

Oficialmente, ambos accidentes quedaron reportados como desapariciones por causas desconocidas y las 26 personas fueron dadas por muertas.

Pero un día después de la navidad de ese año, y cuando todos trataban de superar la tragedia, el hermano del sargento George R. Paonessa, tripulante de uno de los TBM Avengers, recibió un telegrama que lo dejó frío: “Te han informado mal sobre mí, estoy muy vivo”.

Casi todos los investigadores que han analizado el caso del Vuelo 19 han llegado a la misma conclusión: gran parte de la responsabilidad de lo ocurrido recae en el piloto que comandaba la misión, quien confundido y desorientado llevó a su equipo de pilotos lejos de la base, hasta que se quedaron sin combustible.

También tendría que ver la falla en los equipos de varios aviones y el hecho de que ninguno de los pilotos fue capaz de contradecir su orden de virar al oeste, aunque está claro que algunos sabían que debían ir al este.

Además, parece claro que los aviones no desaparecieron en el llamado Triángulo de las Bermudas, sino más allá, en medio del Atlántico.

“Muchos de ellos probablemente sobrevivieron. Lo cual es terrible: su muerte fue en el agua, con una tormenta descomunal y en medio de situaciones dantescas

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Rutas de ratas 

La Operación Paperclip hizo que muchos científicos alemanes se trasladaran a Estados Unidos, pero muchos otros huyeron de Europa. Estas redes de huida se conocieron como «rutas de ratas».

La II Guerra Mundial llegó a su fin en septiembre de 1945. Las fuerzas Aliadas resultaron victoriosas y fue el momento de recapitular contra la Alemania nazi de Adolf Hitler. El führer se suicidó, muchos de sus camaradas fueron detenidos y juzgados. Pero hubo otros, miles, que jamás fueron encontrados o que fueron localizados años después en otros países de América del Sur y Oceanía. ¿Por dónde huyeron?

Las conocidas como «ratlines», rutas de escape nazis o rutas de las ratas, fueron un sistema de escape que utilizaron muchos nazis y fascistas para huir de Europa después de que las fuerzas del Eje sucumbieran ante los Aliados.

Esta ruta era administrada por la Organización ODESSA, formada por ex miembros de las SS y que aseguraron un futuro a cientos de miles de partidarios de Hitler y de los nazis.

El término «ratlines» muchos lo asocian a la ruta de las ratas, aunque en realidad tenía que ver con conceptos navales, que significa «última vía de escape». Y así se lo tomaron los nazis para salir de Europa y establecerse anónimamente en otros países.

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No fueron en ninguna de las medidas rutas improvisadas. El plan de escape siempre estuvo vigente entre las jerarquías nazis que comandaban Hitler y sus secretarios. Los trayectos estaban bien planificados, organizados y estudiados para, llegado el momento, dar una vida mejor y proteger a estos prófugos de la justicia.

Aunque en su mayoría fueron prófugos nazis, también escaparon por estas vías croatas, eslovacos o austríacos, y que tuvieron éxito gracias a la colaboración, en ocasiones sin saberlo, de dos instituciones como la Iglesia católica y Cruz Roja.

Las rutas utilizadas tenían un fin y organización común: llegar a puerto y escapar vía barco hasta otros países.

Existían tres rutas para la vía de escape. Por un lado la nórdica que pasaba a los nazis por Dinamarca con destino Suecia donde cogían el barco de escape.

Existía también la ruta ibérica, coordinada por los nazis que vivían en España y que utilizaron los puertos como el de Galicia, con el presunto visto bueno de Franco.

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Por último, se estima que la salida de prófugos del régimen se produjo en un 90% por la ruta italiana. Italia era uno de los grandes aliados de la Alemania de Hitler, y consiguieron que muchos de sus seguidores escaparan a lugares como Canadá, Estados Unidos, Australia o Medio Oriente, pero sobre todo, Sudamérica.

Por esto, Argentina se convirtió en todo un país lleno de prófugos nazis. De los 9.000 militares y colaboradores del régimen que escaparon por la vía italiana, 5.000 acabaron en Argentina, y en menor medida, Brasil, Chile, Paraguay o Ecuador.

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¿Qué ocurrió en la Cámara de Ámbar? 

La Cámara de Ámbar era una habitación real situada en el interior de la Catherine House, un palacio real de Pushkin, en Rusia. Esta foto de 1917 es el único registro existente de la Cámara de Ámber previo a la Segunda Guerra Mundial.

La Cámara de Ámbar. Construida en el siglo XVIII en Prusia, fue diseñada por el escultor barroco Andreas Schülter para el palacio de Berlín, perteneciente por aquella época a Federico I de Prusia. Desde el siglo XIII, Prusia había conseguido el monopolio absoluto de la extracción y el comercio del ámbar.

Permaneció en Berlín hasta 1716, cuando el rey Federico Guillermo I (hijo de Federico I) se la regaló a su aliado por aquel entonces, el zar Pedro el Grande del Imperio ruso. Entonces se instaló en el palacio de Catalina, la residencia de verano de los zares cerca de San Petersburgo, de marcado estilo rococó. Las habitaciones del palacio eran tan grandes que el arquitecto italiano Rastrelli tuvo que extender la decoración con aún más ámbar, candelabros y mosaicos. Llegó a medir unos 55 metros cuadrados.

Sin embargo, el destino no le deparaba un final feliz. Aunque parezca sorprendente, la estancia sobrevivió a la Revolución Rusa y llegó de una pieza a la Segunda Guerra Mundial. Durante esa época, sin embargo, fue saqueada por el Grupo de Ejércitos Norte del Tercer Reich y trasladada a la actual ciudad de Kaliningrado (Königsberg en prusiano antiguo) para su reconstrucción y exhibición. Durante la guerra, a aquella ciudad solían llegar muchos objetos saqueados que se reconstruían y se enviaban a otras partes de Alemania. Estuvo en el Castillo de Königsberg hasta 1944.

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Por supuesto, los nazis entraron en la cámara en 1941 y robaron los elaborados paneles de ámbar y oro. Supuestamente los enviaron a Königsberg, Alemania (ahora Kaliningrado, Rusia) y nunca se volvieron a ver. La habitación se ha restaurado (foto).

El verano de aquel año los aliados bombardearon la ciudad de Königsberg y el castillo en el que se encontraba la octava maravilla del mundo fue destruido. Entonces, desgraciadamente, se perdió la pista de la Cámara de ámbar.

Al no encontrarse ningún resto de ámbar fundido o quemado tras el bombardeo, se supuso que la sala había sobrevivido y se había transportado a otro lugar. En 1946, Königsberg pasó a ser Kaliningrado y a formar parte de Rusia, y entonces la búsqueda de la Cámara se convirtió en una prioridad. Pero todo fue en vano.

Los soviéticos comenzaron a hacer una réplica de la habitación en 1979, utilizando como base algunos trozos de ámbar que se habían desprendido de la habitación y se habían guardado durante años. También buscaron hasta 1984 el rastro de la cámara por las inmediaciones del castillo y otras zonas de la ciudad, aunque no encontraron nada.

En el 2000 se volvió a realizar una investigación, con la ayuda de equipos internacionales de otras partes del mundo como Polonia o Alemania. Mientras su paradero siga siendo desconocido, tendremos que contentarnos con la réplica que en 2003 se inauguró en el Palacio de Catalina, con motivo del 300º aniversario de San Petersburgo.

En lugar de seis toneladas de ámbar, como en la cámara original, se usaron ocho. Otra obra, fruto de la mano humana, desaparecida por culpa de la guerra, la codicia y la barbarie.

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¿Por qué voló a Escocia el líder de un partido nazi? 

En 1941, un granjero escocés descubrió un avión estrellado en sus tierras, pero había un hombre de pie al lado. Era Rudolf Hess, el líder del partido nazi.

Rudolf Hess subió a un Messerchmidt Bf 110, un caza bimotor de largo alcance que después se demostró que era un arma nocturna muy eficiente. Emprendió viaje a Reino Unido después de confirmar los partes meteorológicos y, faltaría, consultar con sus astrólogos favoritos, no fuera a ser que tuviera a los planetas en mala conjunción para tan maña empresa.

Todo muy científico. Su trayectoria fue todo un ejemplo de dedicación al Führer desde que lo encontró en un mitin en Múnich en el transcurso del año 1920. Inmediatamente, decidió que aquel singular hombre de voz abrumadora y gestualidad tan didáctica era digno de su devoción y lealtad.

Desde ese momento se convertiría en un hombre cuya fidelidad estaba por encima de cualquier consideración. Apoyaría a Adolf Hitler a lo largo de su ascenso, expondría su físico para defenderlo, se entregó y fue condenado por el llamado “Putsch de la cervecería” para que lo encerraran junto a su líder en la cárcel de Landsberg y, ya que estaban ahí juntos, no dudó en ayudar a su jefe a sacar adelante “Mi lucha”, todo un “best seller” en la época.

Los dos trabaron una intensa amistad y Hess se mostró como un hombre de una confianza máxima hasta que, por supuesto, las cosas se torcieron.

Los restos de Rudolf Hess se querían lanzar al mar para evitar que su tumba fuera lugar de culto

A pesar de haber sido elevado a las alturas de la jerarquía nazi, Hess empezó a dar apuntes de un comportamiento errático y extraño.

Algunos comenzaron a verlo como un tipo raro, extraño, a pesar de que Hitler lo mantenía en su círculo.

Las malas lenguas, siempre predispuestas a los rumores, hablaban de que era la consecuencia de un botellazo que había recibido.

Pero esa actitud tenía una explicación: había perdido la confianza del Führer y no sabía cómo recuperarla.

En un gesto de audacia que lindaba con la más creativas de las locuras, decidió, él solo, llevar hacia adelante una tregua entre Inglaterra y Alemania.

Era un anhelo del dictador alemán: pactar con Londres para entregarse a su aventura rusa sin pensar en más frentes.

La idea, incluso desde nuestro horizonte, era un disparate a todas luces, pero Hess entrevió una posibilidad para ganar unos cuantos galones y ponerse unas medallas.

Los mayores misterios sin resolver de la Segunda Guerra Mundial

El tesoro de Yamashita 

El general japonés Tomoyuki Yamashita supuestamente enterró un tesoro en algún lugar de las Filipinas. Yamashita fue ejecutado por las fuerzas estadounidenses en 1946, así que el secreto puede haberse ido con él a la tumba. Entonces, comenzó la caza del tesoro.

La leyenda asocia al general Tomoyuki Yamashita con un fabuloso tesoro. Apodado “El tigre de Malasia” o “El Rommel de la jungla” por su espectacular campaña en la península malaya que culminó con la conquista de la colonia de Singapur a los británicos en febrero de 1942.

Tras la caída del primer ministro Tojo, en abril de 1944, Yamashita abandonó las remotas guarniciones de Manchuria y fue nombrado comandante del XIV Ejército, destinado a las Filipinas.

Pues bien, este general codicioso enterró en más de ciento cincuenta lugares diferentes un botín cuyo valor se ha estimado en torno a cien mil millones de dólares en oro, plata, piedras preciosas y objetos artísticos y religiosos, todo ello saqueado en museos, iglesias y zonas que invadió su ejército durante la campaña de Malasia, Singapur, Birmania y Filipinas en los años 1942-45.

Para ocultar toda esa riqueza, dicen los rumores que escogió a algunos oficiales kamikazes, con la ayuda de prisioneros filipinos, para que enterrasen los fardos en coordenadas diferentes y luego asesinaran a dichos prisioneros para que no hubiera testigos.

Finalmente, Yamashita ordenó a los pilotos suicidas que hicieran un último sacrificio por el emperador Hirohito y se lanzaran en sus aviones contra las tropas americanas estacionadas en la costa de Filipinas.

¿Qué hay de verdad en esta leyenda áurea?

Lo cierto es que, ante la ofensiva estadounidense, se refugió en Baguio, al norte de la isla de Luzón, y más tarde Yamashita se rindió al ejército de Estados Unidos el 3 de septiembre de 1945.

Fue juzgado por un tribunal militar, declarado culpable de crímenes de guerra y ahorcado en febrero de 1946 sin confesar el paradero de las supuestas fortunas escondidas.

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Desde entonces creció la leyenda urbana -o rural- del supuesto oro rapiñado y buscado en varios lugares.

Se especuló que parte sería enviado a Japón a principios de los años 40, pero tras el bloqueo de las tropas norteamericanas, se tuvo que enterrar precipitadamente en los subterráneos del casco antiguo de la ciudad de Manila, en la que abundan los sótanos y los túneles, perfectos para guardar cualquier clase de botín.

El historiador Jesús Hernández, en su obra Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial (2010), confirma la existencia de ese tesoro y que ni siquiera los lugares sagrados se libraron de la codicia de las tropas niponas. «Incluso los templos budistas fueron saqueados.

El botín se había acrecentado durante su estancia en las Filipinas; la antigua colonia española fue ampliamente saqueada por la codicia nipona, sin tan siquiera respetar las iglesias de culto católico ni las posesiones de ciudadanos particulares.

Una hipótesis sobre el paradero del tesoro se difundió en marzo de 1988, año en que el cerrajero filipino, Rogelio Roxas, presentó una demanda ante el Departamento de Justicia contra el entonces depuesto presidente filipino Ferdinand Marcos y su mujer, Imelda, en un juzgado de Hawái, al considerar que le habían robado parte de ese tesoro.

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¿Por qué los nazis abandonaron la estación ártica? 

Schatzgräber era una estación meteorológica nazi localizada a 997 km del Polo Norte que fue abandonada en 1944, cuando la gente se enfermó tras comer carne de oso polar cruda.

Puede parecer una excusa barata para que los nazis abandonasen un punto tan estratégico. La existencia de la estación no se hizo pública hasta 1953, lo cual resulta todavía más misterioso. Eso hace que nos preguntemos: ¿qué ocurrió realmente en Schatzgräber?

Frío, hambre, desesperación y desconcierto. Todo eso –y otras tantas cosas más- es por lo que debieron pasar la media docena de soldados nazis que, en septiembre de 1945 – cuatro meses después de que Alemania capitulase ante los aliados-, se rindieron a un barco ballenero noruego en una perdida isla cercana al Ártico.

De esa forma dieron por finalizada una misteriosa misión que había ocupado sus vidas durante más de un año y que, en contra de lo que afirma la leyenda negra, se basaba en recoger datos meteorológicos de forma secreta para que Adolf Hitler planeara sus invasiones sin que una tormenta molestara a sus tropas.

Un cometido trascendental que se extendió en el tiempo más allá del fin de la contienda y que permitió a estos germanos convertirse en los últimos combatientes de su país en entregarse al enemigo.

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De acuerdo con el registro escrito, Schatzgraber estuvo atendida desde 1943, pero se abandonó un año después, en julio de 1944, después que el personal en el sitio comió carne poco hecha de oso polar que estaba contaminada con triquinosis y se intoxicaron.

Los soldados fueron rescatados por un submarino alemán, pero la base fue abandonada después de eso y, hasta la fecha, nadie está completamente seguro de la situación de la base o bien, hasta ahora, donde había estado localizada.

Un equipo de científicos rusos del Parque Nacional del Ártico de Rusia se encontró con más de 500 reliquias en la Tierra de Alexandra – una alejada isla deshabitada al norte de Rusia.

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La desaparición de un héroe de la Segunda Guerra Mundial 

El diplomático sueco Raoul Wallenberg es considerado un héroe de la Segunda Guerra Mundial por salvar a miles de judíos en la Hungría ocupada por los nazis.

Wallenberg fue capturado por los soldados soviéticos a principios de 1945 y nadie sabe exactamente qué ocurrió después. Los soviéticos afirmaron que murió en 1947, pero hubo avistamientos hasta en los años 80.

El diplomático sueco Raoul Wallenberg fue detenido por militares soviéticos en Budapest, Hungría, en 1945 y nunca más supo de él.

En 1957, el ministerio de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética dijo que había muerto de un ataque al corazón el 17 de julio de 1947 en Lubianka, el cuartel general de la KGB en Moscú.

Durante su estadía en Budapest, Wallenberg había ayudado a miles de judíos a escapar del genocidio nazi de la Segunda Guerra Mundial y su historia se hizo legendaria después de 1945, al igual que el misterio sobre su paradero.

Finalmente desistió y pidió a la Agencia Tributaria de Suecia que lo declarara oficialmente muerto. La petición se cumplió a fines de octubre de 2016.

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Wallenberg nació en Suecia en 1912. En julio de 1944 llegó como diplomático a Budapest, ya ocupada por los nazis, y comenzó sus esfuerzos de rescate.

Los alemanes habían deportado a casi 440.000 judíos de Hungría en apenas dos meses. La mayoría de ellos había terminado en el campo de exterminio de Auschwitz, en Polonia.

El diplomático comenzó a emitir pases suecos de protección para evitar que más judíos corrieran la misma suerte y pudieran escapar a Suecia.

Antes de la llegada de Wallenberg, la embajada sueca en Budapest ya emitía documentos de viaje, que funcionaban como pasaportes suecos, para judíos húngaros.

Pero Wallenberg rediseñó estos certificados para que parecieran más «oficiales». Les añadió los colores de la bandera sueca, y los sellaba con coronas suecas. Estos documentos se conocían como «pases Schutz».

Wallenberg negoció con el gobierno húngaro para emitir casi 5.000 pases Schutz. Según la Fundación Internacional Raoul Wallenberg llegó a entregar tres veces ese número.

Algunas personas hacían cola en la embajada sueca en Budapest para recibirlos, pero Wallenberg y su personal también los repartían por toda la ciudad.

Un testigo de la labor del sueco contó a la BBC cómo en una ocasión, el diplomático interceptó un tren lleno de judíos a punto de salir de Budapest para Auschwitz.

«Se subió al techo del tren, llevando un paquete de pasaportes y empezó a entregarlos a manos extendidas con impaciencia por las puertas abiertas», dijo, para que se bajaran y se salvaran de «un viaje de horror y muerte».

Foto sin fecha de Raoul Wallenberg.

En noviembre de 2015, la familia de Wallenberg le pidió a la Agencia Tributaria Sueca que lo declarara oficialmente muerto.

«Se considerará que murió el 31 de julio de 1952», dijo la agencia.

Pia Gustafsson, de esta oficina, explicó que se eligió esa fecha porque era exactamente «cinco años después de que desapareciera, que se creía fue al final de julio de 1947».

Ese procedimiento cumple con una ley sueca que se aplica cuando las circunstancias de la muerte de alguien no están claras, dijo a la BBC.

El diario sueco Aftonbladet informó que su familia pidió que fuera declarado oficialmente muerto, para «dejar reposar a Raoul en paz».

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El avión fantasma P-40 de Mindanao: la historia de un gran misterio de la SGM

Hay ocasiones en que la historia se convierte en leyenda e incluso en un misterio, especialmente cuando sus protagonistas quedan relegados al olvido.

Una de esas historias ocurrió el 2 de septiembre de 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, cerca de Kienow, en China. Un avión fue detectado por las fuerzas militares chinas, y dos pilotos americanos, que volaban por entonces para la Fuerza Aérea de la República de China (los famosos «Flying Tigers del 76ª Escuadrón de Caza), despegaron con sus cazas Curtiss P-40 Warhawk para interceptar al intruso, pensando que sería un avión japonés.

Cuando interceptaron al intruso, los pilotos americanos se quedaron sorprendidos al ver que se trataba de un caza Curtiss P-40B, una versión más antigua de los cazas que ellos mismos volaban, con unas escarapelas que no se usaban desde el comienzo de la guerra (las de la estrella blanca con un círculo rojo en el centro).

El avión estaba en muy mal estado y tenía agujeros de disparos. Además, el avión no tenía la rueda izquierda de su tren de aterrizaje. Al acercarse al P-40B, los aviadores americanos vieron que el piloto del avión parecía estar desvanecido o muerto.

Un Curtiss P-40E Warhawk con las insignias usadas por los aviones del Ejército de Estados Unidos al comienzo de la Segunda Guerra Mundial

Los dos pilotos americanos siguieron a aquel avión un rato, hasta que finalmente empezó a descender y se estrelló en un arrozal. Después de aquel hecho, un grupo de pilotos americanos del 76º Escuadrón de Caza, entre ellos el Coronel Robert Scott, fueron guiados por un grupo de guerrilleros chinos hasta el lugar en el que el P-40B se había estrellado.

Scott pudo recuperar del avión un diario parcialmente quemado y un paquete de cartas. Lamentablemente, no pudieron enterrar al piloto, ya que una patrulla japonesa apareció en la zona. El diario y las cartas recuperadas de aquel P-40B fueron enviados a la inteligencia militar. Y allí se perdió la pista de esta historia.

En 1943, la revista Time publicó la misteriosa historia de aquel avión fantasma. Como explica la web The-Wanderling.com, un joven de 16 años, Curt Norris, de Norton, Massachusetts, leyó aquella historia. Dos años más tarde se unió a las Fuerzas Aéreas del Ejército de Estados Unidos y estuvo destinado en Bataán, Filipinas, donde aún circulaba la historia del avión fantasma.

Después de la guerra, Norris se dedicó a investigar esa misteriosa historia, hasta que por fin conoció a Milton McMullen, un antiguo sargento del Ejército de EEUU que estuvo destinado en el 19ª Grupo de Bombardeo en Mindanao, Filipinas. Tras escuchar la historia del avión fantasma en una reunión de veteranos, McMullen dijo que había trabajado con aquel avión. Él y otros americanos se quedaron en las selvas de Filipinas luchando contra los japoneses después de que éstos invadieran ese país al comienzo de la guerra en el Pacífico.

Un Curtiss P-40N con las insignias de la República de China, usadas por el Grupo de Voluntarios Americanos en la Segunda Guerra Mundial, los famosos «Flying Tigers»

Lograron reunir un par de cazas P-40 que se habían estrellado en la selva, y con sus piezas pudieron poner uno de los aviones en condiciones de vuelo. Durante una prueba de despegue, al avión se le rompió la rueda izquierda, y tuvieron que fabricar un patín con cañas de bambú que se desprendería al despegar.

Finalmente, abrieron en la jungla un pequeño campo de aterrizaje. El 2 de septiembre de 1942, alguien despegó el avión sin que los soldados americanos supiesen de quién se trataba. McMullen sospechaba que se trataba un piloto americano había estado escondido en la jungla, como ellos. Poco después, McMullen y el resto de los soldados americanos que se escondían en la jungla fueron capturados por los japoneses. Vivieron un terrible cautiverio. 

De todo el grupo, sólo McMullen sobrevivió. Gracias a él, hoy podemos conocer el origen de aquella misteriosa leyenda. Eso sí: a día de hoy sigue sin conocerse la identidad del piloto que hizo aquel último vuelo en ese P-40B.

Los mayores misterios sin resolver de la Segunda Guerra Mundial

The Blood Flag 

La bandera nazi recibió este nombre después de que se manchase de sangre durante el fallido golpe de Estado de Hitler, en 1923. Se convirtió en un poderoso símbolo del partido, pero desapareció cuando la guerra acabó. ¿La destruyeron? ¿Sigue existiendo? Las incógnitas persisten.

La Blutfahne ( pronunciada [bluːtˈfaːnə] ), o bandera de sangre , es una bandera con la esvástica del Partido Nazi que se llevó durante el intento de golpe de estado en el Beer Hall Putsch en Munich , Alemania el 9 de noviembre de 1923, durante el cual se empapó en la sangre de uno de los hombres de SA que murió.

Posteriormente se convirtió en uno de los objetos más venerados del NSDAP . Se utilizó en ceremonias en las que la Bandera de Sangre consagraba nuevas banderas de las organizaciones del partido al tocarla.

La bandera era la del 5º SA Sturm , que se llevaba en la marcha hacia el Feldherrnhalle . Cuando la policía de Munich disparó contra los nacionalsocialistas (nazis), el abanderado Heinrich Trambauer fue alcanzado y dejó caer la bandera. Andreas Bauriedl , un hombre de las SA que marchaba junto a la bandera, murió y cayó sobre ella, manchando la bandera con su sangre.

(Adolf Hitler revisando a los miembros de las SA en 1935. Lo acompaña Blutfahne y su portador SS)

Hubo dos historias sobre lo que pasó con la bandera a raíz del Putsch : una fue que el abanderado herido Heinrich Trambauer le llevó la bandera a un amigo donde se la quitó de su bastón antes de salir con ella escondida dentro de su chaqueta y luego entregársela. a Karl Eggers para su custodia.

La otra historia fue que la bandera fue confiscada por las autoridades de Munich y luego fue devuelta a los nazis a través de Eggers.

A mediados de la década de 1930, después de que surgiera el mito de que Bauriedl llevaba la bandera, una investigación de los archiveros nazis concluyó que Trambauer era el abanderado y que la bandera había sido oculta por un hombre de las SA, no tomada por la policía, aunque habían confiscado otras banderas que luego devolvieron.

 Independientemente de cuál fue la historia correcta, después de que Adolf Hitler fuera liberado de la prisión de Landsberg (después de haber cumplido nueve meses de una sentencia de cinco años por su participación en el golpe), Eggers le entregó la bandera.

Después de que Hitler recibió la bandera, la hizo instalar en un nuevo bastón y remate ; Justo debajo del remate había una funda plateada de dedicatoria que llevaba los nombres de los 16 participantes muertos del golpe.

 Bauriedl fue uno de los 16 homenajeados. Además, la bandera ya no estaba unida al bastón por su manga cosida original, sino por un cordón entrelazado rojo-blanco-negro que atravesaba la manga.

En 1926, en el segundo congreso del Partido Nazi en Weimar, Hitler entregó ceremonialmente la bandera a Joseph Berchtold , entonces jefe de las SS.

 A partir de entonces, la bandera fue tratada como un objeto sagrado por el Partido Nazi y llevada por SS – Sturmbannführer Jakob Grimminger en varias ceremonias del Partido Nazi. Uno de los usos más visibles de la bandera fue cuando Hitler, en los mítines anuales del Partido en Nuremberg , tocó otras pancartas nazis con el Blutfahne , «santificándolas».

 Esto se hizo en una ceremonia especial llamada «consagración de la bandera» ( Fahnenweihe )

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Die Glocke 

Se dice que el Die Glocke era una Wunderwaffe («arma maravillosa» en alemán) secreta en forma de campana. Muchos expertos consideran que se trata de una teoría de conspiración.

De entre todas las conspiraciones que se conocen y que tienen como sujeto principal a los nazis, sin duda una de las más llamativas es la que habla de una campana anti-gravedad.

La Die Glocke («La campana», en alemán) fue supuestamente una máquina de guerra oculta que los alemanes construyeron con el objetivo de ganar la Segunda Guerra Mundial a las tropas aliadas en el contexto de la Wunderwaffe, la campaña propagandística del Tercer Reich que recogía todas las superarmas que el ejército nazi estaba dispuesto a usar contra sus enemigos, como submarinos, acorazados o portaaviones.

Este arma, cuya existencia y popularidad está afincada en el mundo de la conspiración, saltó a la palestra en el año 2000 a partir de la publicación de ‘Prawda o Wunderwaffe’ («La verdad sobre las Wunderwaffe», en español) un libro de Igor Witkowski, un periodista polaco, en el que supuestamente recogía la existencia de un interrogatorio al oficial de las SS Jakob Sporrenberg a las que accedió a través de un contacto con el servicio secreto de Polonia que tuvo acceso a un sinfín de documentos clasificados entre los que se encontraba esta arma secreta.

Aunque la teoría de Witkowski nunca ha sido demostrada con pruebas sólidas, la Die Glocke tuvo muchos seguidores después de la publicación de otro libro, esta vez de un autor británico, Nick Cook, quien en ‘The Hunt for Zero Point’ daba buena cuenta de estos proyectos locos dentro del registro de la no-ficción y hablaba de la Operación Paperclip («Sujetapapeles»), en la que los servicios de inteligencia estadounidenses extrajeron información y conocimiento sobre todas las pruebas armamentísticas de los científicos nazis para llevárselas a su país y por miedo a que los soviéticos las encontraran.

De hecho, encontraron un famoso boceto diseñado por el científico alemán Wernher von Braun en el que aparecía un cohete que luego sirvió de inspiración para el programa Apolo que décadas más tarde empezaría a desarrollar la NASA.

La Die Glocke era una de estas armas de la Wunderwaffe que Cook describe como un «artilugio brillante y giratorio» que posiblemente disponía de «algún efecto antigravitacional» e incluso era una «máquina del tiempo» que era parte de un programa antigravedad de las SS» para el platillo volante «Repulsine» que estaban diseñando, según cuentan desde ‘Popular Mechanics’.

 La información puede resultar un poco confusa. ¿Qué tiene que ver una campana que podía elevarse en el cielo con el poder de alterar y viajar a través del tiempo?

La Campana tendría un diámetro aproximado de 2,7 metros y una altura entre los tres y cuatro metros y medio. Según Witkowski, el artilugio contenía dos rotores coaxiales que se llenaban de «una sustancia parecida al mercurio, de color violeta» al que llamaban ‘Xerum 525′ y era «almacenado en un termo alto y delgado, de un metro de alto y encapsulado en plomo».

Cuando se activaba, detonaba una especie de reacción química que cristalizaba los tejidos celulares animales, gelificando la sangre, en un radio de acción de hasta 200 metros.

De acuerdo a algunos medios, el arma fue encargada por el propio Hitler a su general de las SS llamado Hans Kammler, el ingeniero científico que también estaba detrás del desarrollo de misiles, aviones reactores y construcciones subterráneas. 

El Führer quería un artefacto que fuera capaz de viajar en el tiempo a partir de una gran aceleración y que pudiera levitar.

Supuestamente, encargó su construcción a Kammler en la base oculta Der Riese, que en realidad sí que existe y se encuentra en las Montañas Búho, en los Sudetes, muy próxima a la frontera con la República Checa.

A partir de 1943, el ejército nazi comenzó a edificar estas instalaciones subterráneas obligando a sus prisioneros de los campos de concentración a cavar túneles o levantar líneas ferroviarias bajo tierra.

Al probarse la Die Glocke, según Witkowski, cinco de los siete miembros de investigación dirigidos por el físico Walther Gerlach, murieron sin que se esclareciera la causa de la muerte.

Luego, las teorías de la conspiración apuntan a que los servicios de inteligencia de Estados Unidos secuestraron el arma y se la llevaron a sus instalaciones militares para estudiar la anti-gravedad y con ello preparar el asalto a los cielos que acabó desembocando en el aterrizaje lunar de Neil Armstrong y compañía, aunque también hay otra versión que argumenta que se llevaron el Die Glocke a Sudamérica, a donde al parecer y según las teorías de la conspiración, se exiliaron muchísimos altos cargos nazis.

No hay que olvidar que una de las principales corrientes de la historia más especulativa es que Hitler no murió (al no encontrarse su cadáver) y fue deportado a Argentina o Colombia.

La Segunda Guerra Mundial podría ser perfectamente el acontecimiento más comentado, reseñado, analizado y estudiado de toda nuestra historia reciente.

Y de todas las historias y fábulas que se han hecho sobre el Tercer Reich, la de la campana antrigravitatoria de Hitler es sin duda una de las más fascinantes en cuanto a lo que pudo ser y no fue, lo que pudiera haber sido y lo que realmente nunca sucedió.

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