Sombras nazis bajo el sol español…

Efraim Zuroff es el «cazador de nazis» más famoso de la actualidad. Afirma que en 40 años ha logrado identificar a unos 3.000 de ellos, aunque solo unos pocos han sido enjuiciados
Sur(G.Martínez)/epe.es(N.García)/Malaga Hoy(P.Bujalance)/«SÍ, todos están en nuestra investigación. Lo que ocurre es que en muchos casos es muy difícil actuar, porque se necesita conocer exactamente qué crímenes cometieron». Efraim Zuroff, el hombre que a la muerte de Simon Wiesenthal le sustituyó en el liderazgo de la caza de criminales nazis, se expresaba en estos términos desde la sede de la organización en Jerusalén y a través de una entrevista telefónica, allá por setiembre del 2007.
«Está claro que sí», afirma sin dudar cuando se le plantea la posibilidad de que la presencia de estos hombres en la Costa del Sol la convierta a los ojos de los seguidores del nazismo en una especie de santuario al que mirar en busca de referentes.
Referentes

GERD HONSIK. (Viena, 10 de octubre de 1941-Sopron, Hungría; 7 de abril de 2018)
Un referente debió ser Gerd Honsik -el apologista nazi detenido en setiembre de 2007 en Benalmádena- para los asistentes que acudieron el 14 de mayo del 2006 a la presentación de su último libro en un restaurante de la zona de Los Guindos, en la capital malagueña.
El acto estuvo organizado por la delegación en Málaga de Alianza Nacional (AN), una formación que, en su página web, se define como ‘nacionalista radical’, aclarando que «dicha definición tiene la carga ideológica que el pensamiento protofascista le dotó», y asegurando que «cualquier militante nacional -nacionalsindicalista, joseantoniano, ramirista, neofascista, nacionalsocialista, hitleriano, etc…- tiene abiertas de par en par las puertas del partido». La organización concurrió a las pasadas elecciones municipales.
A la ‘Comida de Hermandad’ en la que se presentó el libro de Honsik, además de los militantes y simpatizantes de AN, acudió Theodor Soucek, al que los propios responsables de la organización presentan como oficial de las Waffen SS, cuerpo de combate de élite del gobierno hitleriano, algunas de cuyas formaciones fueron condenadas en los juicios de Nuremberg como parte de una organización criminal por las atrocidades cometidas durante la II Guerra Mundial.
Soucek, que reside en Benalmádena y al que investigaciones periodísticas califican también como revisionista y autor de manuales de doctrina neonazi publicados en los países de lengua germana, «departió amigablemente con los muchos jóvenes presentes animándoles a seguir adelante en la lucha por la Verdad», según se puede leer en la web de AN, que ayer convocó una concentración en la Plaza de la Constitución contra la detención de Gerd Honsik, que consideran atenta contra la libertad de expresión.
La detención y posterior encarcelamiento del apologista austriaco por el juez Garzón trae a la memoria otros nombres del nazismo que residieron durante años, y en total impunidad, en la Costa del Sol.
Negación del Holocausto

LEÓN DEGRELLE. El general de las SS, condenado a muerte en Bélgica, vivió tranquilamente en Fuengirola hasta que falleció.
Desde luego, uno de ellos es León Degrelle, máximo líder del fascismo belga y del que Hitler dijo que era el hijo que le hubiera gustado tener. El general de las SS vivió en Fuengirola hasta que murió en abril de 1975, a la edad de 87 años.
Además de haberse refugiado durante años en la Costa del Sol y de escribir libros con sus particulares versiones sobre la historia, a Degrelle y a Honsik les une el hecho de haber pronunciado casi las mismas frases: Los campos de exterminio nazis fueron un invento de los aliados y las cámaras de gas nunca existieron.
«Las cámaras de gas existieron sólo para despiojar a los judíos, porque había una epidemia en Alemania», dijo Honsik durante el juicio que se celebró contra él en Viena en 1992, y por el que se le declaró culpable de un delito de reactivación de la ideología nacionalsocialista, condenándole a 18 años de prisión que nunca cumplió, porque huyó para terminar escondiéndose en Benalmádena.
La negación del Holocausto y las cámaras de gas es el delito por el que Austria reclama al hombre que hace un año presentaba tranquilamente su último libro en un restaurante de Málaga.
Curiosamente, el nombre de este apologista nazi de 65 años también está relacionado, y aún más, con otro nazi histórico que también vivió hasta su muerte en la Costa del Sol. Se trata de Otto Remer, jefe de seguridad de Hitler y teniente general de las Waffen-SS, que residió en Marbella hasta que falleció en 1997, a la edad de 84 años.
En su libro ‘La lista negra. Los espías nazis protegidos por Franco y la Iglesia’, el periodista José María Irujo asegura que desde su apacible refugio en Marbella, Remer publicó artículos hasta su muerte en ‘Hart’. Esta revista era editada por Honsik, que entonces (1995) vivía en Barcelona, ciudad que abandonó poco después para afincarse en Benalmádena, donde residía desde hacía unos 12 años.
Al entierro de Otto Remer en Marbella acudió Honsik, y también lo hizo Wolfgang Jugler, último jefe superior de Asalto de la Primera Compañía Escolta SS Adolf Hitler, al que se sitúa en Marbella. En estos momentos tiene 85 años.

El noruego Fredrik Jensen exhibe sus insignias de las Waffen SS en su domicilio en Marbella, en una imagen de 2007.
«Sí, nos consta que sigue vivo». La voz del cazanazis Efraim Zuroff llega nítida desde la sede del Centro Wiesenthal de Jerusalén. «Es austriaco y también está en nuestras investigaciones, pero desconocemos exactamente qué crímenes pudo cometer».
De quien sí tiene algún dato más Zuroff, cuya organización está muy centrada en la localización de Aribert Heim, conocido como el ‘doctor muerte’, es del noruego Fredrik Jensen, que pudo haber pertenecido hasta a tres unidades de las Waffen SS. Es además uno de los poquísimos extranjeros condecorados por Hitler: «Juega todos los días al golf», afirma el cazanazis. A Jensen, que tiene 86 años, también se le sitúa en Marbella.
Efraim Zuroff recuerda que Jensen ya fue condenado por crímenes de guerra. De hecho, tras finalizar la II Guerra Mundial, pasó diez años internado en la prisión que los americanos habían instalado en el antiguo campo de concentración de Dauch.
Fue liberado y se instaló en Suecia: «Luego voló a España. Nos consta que está allí (en referencia a Marbella). Nuestra primera dificultad con Jensen es que es noruego. Noruega es junto a Suecia, el único país donde los crímenes de guerra y el genocidio prescriben», explica el delegado del Centro Wiesenthal.
«Necesitamos decir qué crimen cometió; cuál fue exactamente su papel», reitera Zuroff, que señala además otro hecho: «Ya fue condenado, por lo que no sabemos si podría ser jugado nuevamente por los mismos hechos».
Los lobos al sol del Tercer Reich

Hoffman, en una reunión con Hitler
La posición actual de la extrema derecha europea sería muy distinta sin la figura de Léon Degrelle (1906-1994), político belga que en los años 30 fundó el Partido Rexista, de inspiración católica e ideología próxima al fascismo de Mussolini.
Tras la invasión de Bélgica a manos de la Alemania nazi, Degrelle manifestó abiertamente su admiración por Hitler y en 1941 fundó la Legión Valona, una unidad de voluntarios belgas para la lucha en el frente oriental contra la URSS en la Segunda Guerra Mundial.
Por sus servicios prestados, Degrelle fue objeto de homenaje por parte del mismísimo Führer, quien en al acto se acercó al también oficial de las Waffen SS y le dijo al oído: «Si tuviera un hijo, me gustaría que fuera como usted».
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Degrelle protagonizó una espectacular fuga en avión que terminó con un aterrizaje forzoso en la Plaza de la Concha, en San Sebastián. El objetivo era llegar a Madrid pero el combustible no dio más de sí.
El destino no era, por supuesto, arbitrario: desde el primer momento, la España de Franco se perfilaba como el refugio más seguro para los criminales nazis. Degrelle guardó reposo en San Sebastián unos días mientras se reponía de sus heridas al cuidado de un médico falangista, pero su situación distaba mucho de ser segura.
El gobierno atravesaba una crisis diplomática aguda a cuenta del devenir de la guerra y Franco no quería soliviantar a los Aliados. Pocos días antes, de hecho, había llegado a España en busca de asilo el francés Pierre Laval, miembro del gobierno colaboracionista de Vichy, junto a otros ministros, seguro de la complicidad de Franco.
Pero las exigencias aliadas fueron inexorables y Laval acabó siendo detenido y enviado a Linz, en Austria, donde fue entregado por el ejército americano a las autoridades francesas. Laval fue llevado a juicio y condenado a muerte en octubre de 1945.

Léon Degrelle, en un acto del Partido Rexista, de inspiración mussoliniana, que fundó en Bélgica en los años 30.
Tras conocerse el paradero de Degrelle en España, la exigencia aliada no fue menor. Sin embargo, el gobierno franquista actuó de manera muy distinta en este caso. El ministro de Exteriores, Martín Artajo, organizó una fuga que llevó al belga a Madrid, donde pasó un año y medio escondido en un sótano de la calle Goya.
De allí se trasladó a Torremolinos, donde ganó la complicidad de otro miembro del gobierno muy vinculado a Málaga: el ministro de Trabajo, José Antonio Girón de Velasco, quien consideró que la Costa del Sol no era aún un lugar lo suficientemente seguro y envió a Degrelle a un cortijo en Constantina, en la provincia de Sevilla.
Las presiones a Franco por parte de EEUU primero y de Bélgica después para que entregara a Degrelle fueron constantes durante los años 50, pero el régimen reaccionó concediendo la nacionalidad española a Legrelle, en un acto en el que dio fe de la adopción el notario Blas Piñar.
Bajo la protección de Girón de Velasco, Serrano Suñer y otros cómplices como el alemán Hans Hoffmann, Degrelle, reconvertido en el ciudadano español José León Ramírez Reina, ejerció como promotor inmobiliario en Constantina hasta que se declaró en quiebra en 1963.
Después se trasladó a Madrid y, por último, a la Costa del Sol, donde en muy poco tiempo, y de manera un tanto inexplicable, multiplicó su mermado patrimonio gracias al boom del ladrillo, del que fue protagonista esencial.
Tuvo residencias en Fuengirola, Benalmádena y Málaga y nunca ocultó su pasado nazi. Al contrario, hizo gala siempre de su vínculo con Hitler y no perdía ocasión de divulgar su ideología fascista.
Sus residencias en la provincia de Málaga se convirtieron en lugar de peregrinaje para acólitos de la extrema derecha llegados de toda Europa, y contribuyó a articular y organizar partidos de nuevo cuño dentro y fuera de España. Sus libros siguen siendo publicados y leídos fervorosamente.
En 1985, la revista Tiempo publicó una entrevista con Degrelle en la que el mismo no sólo negaba el Holocausto, sino que ironizaba sobre el asunto: «¿Los judíos? Evidentemente, si es que hay tantos ahora, resulta difícil creer que hayan salido tan vivos de los hornos crematorios», afirmaba, entre otras perlas.
La entrevista llegó a manos de Violeta Friedman, judía rumana superviviente de Auschwitz, quien denunció a Degrelle y a Tiempo por divulgación de la ideología nazi y negación del Holocausto.
Tras un largo calvario judicial, el Tribunal Constitucional falló en 1991 a favor de Friedman, impuso a Tiempo y a Léon Degrelle una elevada sanción económica y emitió una sentencia que sentó doctrina en el Código Penal con límites precisos a la libertad de expresión en relación con el derecho al honor y la verdad. Nada menos, sí, que en 1991.
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Ramón Serrano Suñer, Franco y Mussolini, en 1941
Y fue Violeta Friedman la que despertó el interés de José Manuel Portero, escritor y profesor nacido en el municipio sevillano de El Rubio y vecino desde hace más de treinta de años de Benalmádena, donde ejerce de director de instituto.
Autor de varias novelas, con especial querencia por el género policíaco, Portero encontró en Friedman una posible historia y, tirando del hilo, encontró a otros responsables de la antigua Alemania nazi que habían vivido sus últimos años muy cerca de él, en Marbella, Fuengirola, Málaga y la misma Benalmádena.
El cerco se fue estrechando hasta que comprobó que la proximidad que había compartido con ellos había llegado a ser ciertamente estrecha, incluida alguna celebración en la que, a través de amigos comunes y familiares, había llegado a compartir mesa y mantel con el entonces desconocido para él Gerd Honsik, ideológico austriaco del nazismo y apóstol incansable del negacionismo que fue detenido en 2007 en Benalmádena, donde era conocido como Don Gerardo, para su extradición a Austria, donde fue condenado a cinco años de cárcel.
«Parecía que esos hombres, de alguna forma, me persiguieran», expresa al respecto Portero, quien, llevado por esta revelación, decidió emprender una investigación para poner nombres y apellidos a los nazis que encontraron refugio en la Costa del Sol al amparo del gobierno de Franco.
El resultado es el libro Nazis en la Costa del Sol (Almuzara), un apasionante y riguroso estudio con abundante trabajo de campo que se lee también como una novela de aventuras y en el que confluyen espías, mercenarios, verdaderos imperios financieros y episodios ciertamente aberrantes relacionados con los crímenes nazis.
Portero pone en tela de juicio la idea de la no intervención de España en la contienda con datos aplastantes, como el reclutamiento de más de 47.000 hombres en la División Azul, una cifra superior a la de la mayoría de países que fueron invadidos por la Alemania nazi. Pero es en la historias de los nazis costasoleños, narradas con regusto literario, donde la obra alcanza mayor interés.
Es el caso del príncipe austriaco Maximiliano von Hohenlohe, quien, entregado sin reservas a los principios totalitarios del Reich, prestó un inestimable servicio al Reich como espía, especialmente desde España, donde representaba a la empresa de armamento Skoda-Brunner.
Dos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Von Hohenlohe se instaló con su familia en Marbella, donde, a salvo de cualquier investigación incómoda, su hijo Alfonso inauguró en 1953 el Marbella Club.
O el de Otto Skorzeny, coronel de las Waffen SS muy cercano a Adolf Eichmann (con quien pronunció un encendido discurso en Berlín en presencia de Goebbels en 1945 para convencer a la ciudadanía de un inminente cambio de curso de la guerra), que fue considerado «el hombre más peligroso de Europa» por los Aliados tras su participación en el rescate de Mussolini al mando de la Operación Roble y, muy especialmente, por su papel protagonista en la Operación Grief, en la que, tras el desembarco de Normandía, logró infiltrarse en las filas aliadas para desestabilizar las operaciones enemigas.

(El general Otto Remer)
Juzgado en Nuremberg, Skorzeny, que también asumió una función esencial en la creación de Odessa para ayudar a los líderes nazis en su huida, fue internado en un campo de reeducación del que logró escapar.
Después de prestar sus servicios al general Nasser en Egipto y al mismísimo Mosad en Israel, se instaló en España en los años 60 y adquirió una residencia en Marbella, donde recibía las frecuentes visitas de Léon Degrelle, José Antonio Girón y otra personalidad fundamental en esta historia: Hans Hoffmann.
Nacido en Berlín en 1916, Hoffmann, formado como traductor en la Legión Cóndor, vivió el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en Madrid, donde desarrollaba una ambiciosa carrera diplomática.
Ejerció como traductor para Hitler en los encuentros del Führer con Agustín Muñoz Grandes, el primer jefe de la División Azul, quien, en correspondencia con sus inclinaciones nazis, se mostraba abiertamente favorable a una intervención directa de España en la Segunda Guerra Mundial, por lo que obtuvo el reconocimiento público de Hitler para escarnio del general Franco.
Todo apunta a que la influencia de Hoffmann fue, en este sentido, bastante más allá de la mera traducción.
Miembro destacado de la Gestapo, Hoffmann había creado en España la Organización Ogro, un colectivo clandestino que reunía a militares y falangistas españoles para la divulgación del nazismo y del que formaron parte el citado Muñoz Grandes y Miguel Primo de Rivera.
Acabada la guerra, Hoffmann se instaló sin problemas en España, donde influyó de manera decisiva en la vida política del país también después de la Transición: gracias a su amistad con Franz Josef Strauss, ministro de Adenauer, logró canalizar fondos del partido conservador CSU para financiar la fundación de Alianza Popular a manos de Manuel Fraga.
Hoffmann tuvo su residencia en Benalmádena, donde adquirió una finca rústica en La Paloma y unos terrenos frente a Puerto Marina con los que se abrió camino en el negocio inmobiliario.
En 1966 rescató en la misma Benalmádena el antiguo Colegio Alemán que había sido clausurado en 1945 y que poco después trasladó a Ojén.
En 1974 fue nombrado cónsul honorífico en Málaga, donde ejerció como decano del cuerpo consular hasta su muerte en 1998.
El Colegio Alemán llevó el nombre de Hans Hoffmann hasta 2017, cuando, en atención al pasado nazi del titular, y no sin presiones políticas, tanto el nombre del centro como la escultura instalada en su honor en el acceso fueron retirados.

Residencia de Hans Hoffmann en Benalmádena.
En la obra de José Manuel Portero no faltan enigmas como el de Aribert Heim, quien fuera jefe de enfermería en Mauthausen, donde sometió a más de quinientas víctimas, en su mayor parte republicanos españoles represaliados, a la muerte más cruel tras largas horas de agonía y tortura.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial se sucedieron las órdenes internacionales de su busca y captura, sin éxito.
En 1967, una pista le situó en Marbella, donde algunos testigos aseguraron haberlo visto junto a otro nazi noruego instalado en el municipio, Fredrik Jansen, pero al parecer Heim logró escapar a tiempo (muchos años después, su hijo mayor anunció que el criminal había fallecido en 1992 en un hospital de El Cairo, donde había vivido tras convertirse al islam y cambiar de identidad, aunque tales términos jamás pudieron comprobarse).
Tampoco faltan coleccionistas de arte enriquecidos a costa del expolio nazi como Herbert Schaefer, residente en Benalmádena; ni el mayor Otto Remer, el hombre que desbarató la operación Valquiria (destinada a asesinar a Hitler mediante un atentado) y que residió plácidamente durante muchos años en la urbanización Las Cumbres de Elviria, en Marbella, donde recibía asiduamente al excapitán de las SS Erich Priebke, responsable del asesinato de 335 civiles italianos en las Fosas Ardeatinas.
La lista de nazis que vivieron plácidamente en la Costa del Sol continúa con otros muchos nombres. No hay paraíso, al cabo, sin su correspondiente infierno.
La mansión nazi de Girona: el olvidado veraneo de los cachorros hitlerianos en la Costa Brava

Ahora luce decrépito y abandonado. Baldosas rotas, añadidos sin criterio, desconchones en la pintura y canalones a punto de caer. Muy lejos de la época de esplendor que vivió el chalet Casas.
Este inmueble de estilo centroeuropeo situado en un paraje idílico de la Costa Brava, cerca de playas de arena gruesa, dunas onduladas y rodeado por un denso pinar mediterráneo, sirvió durante la II Guerra Mundial de refugio de las Juventudes Hitlerianas.
El edificio, obra del afamado arquitecto gerundense Rafael Masó, fue construido entre 1914 y 1915 y se concibió como residencia de verano del industrial Joan Casas, por estar lo suficientemente alejado del centro urbano.
La casa fue gestionada a partir de 1941 por el Auxilio Social Alemán, la institución franquista encargada del apoyo a los nazis que visitaban el país. Marc Auladell, el historiador que por primera vez publicó sobre este episodio, cuenta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA que el chalet “se convirtió en el ‘Hogar Alemán’ y formó parte de una red de residencias, repartidas por toda la geografía española, de solidaridad con el régimen nacionalsocialista.
Por otra parte, el historiador Francesc Bosch, autor de ‘L’ombra del III Reich a Sant Feliu’, obra dedicada al episodio, explica en conversación telefónica que “la familia Casas lo cedió tras exiliarse en Suiza durante la Guerra Civil”.
Mucho se ha hablado ya de la presencia de nazis en España bajo el auspicio de la dictadura franquista. La supuesta neutralidad del régimen choca con la protección que cientos de dirigentes alemanes disfrutaron en España en enclaves como Denia, Cádiz, Asturias o Madrid.
Es de sobra conocida la existencia de una colonia nacionalsocialista en Denia, que ha llegado a las pantallas españolas recientemente de la mano de Óscar Aibar en su cinta ‘El sustituto‘.
Algunos destacados nazis pudieron vivir plácidamente en nuestro país bajo el manto protector del régimen franquista. Uno de los más destacados fue Otto Skorzeny, alias ‘caracortada’. Un oficial de las SS recordado por heroicas gestas militares que murió en 1975 y cuyo funeral se vivió con toda la normalidad en Madrid.

Pero es mucho menos conocido el refugio que los nazis encontraron en la Costa Brava durante la II Guerra Mundial y su inmediata posguerra. “Apenas queda documentación”, confirma Auladell. Y todavía menos, recuerdos.
Los vecinos oían las fiestas que se realizaban en la casa, quizás veían a los jóvenes de doradas cabelleras solazarse en las playas cercanas pero nulos eran los espacios de convivencia entre los dos mundos.
El auge de una Alemania nazi todavía triunfante y la melancolía de una España sumida en la más profunda de las miserias marcada por la posguerra se rozaban.
Los historiadores se preguntan cómo esta residencia logró mantener un perfil tan bajo durante los años que estuvo en funcionamiento.
La distancia entre dos mundos cercanos, pero que apenas se tocaban, sorprende aún más si consideramos que el chalet recibió la visita de importantes personalidades del régimen nazi.
El día de su inauguración como Hogar Alemán, el 15 de junio de 1941, se contó con la presencia del jefe del Partido Nacionalsocialista Alemán en España, Hans Thomsen, el cónsul general alemán en Barcelona, Rolf Jaeger, así como autoridades locales, de Falange, oficiales alemanes y jóvenes miembros de las secciones juveniles nazis.

Unas fotos, descubiertas al gran público por el archivero Àngel Jiménez, recuerdan este acontecimiento único. Decenas de cuadros nazis con sus uniformes de gala asisten al acto junto al azul mediterráneo y a los acantilados de la Costa Brava.
Las autoridades locales ven en todo ese boato el futuro lleno de promesas que representan los oficiales alemanes todavía triunfantes en Europa, en plena posguerra del racionamiento y el aislacionismo español. Jóvenes vestidos con el uniforme recién planchado de las juventudes nazis enarbolan la cruz gamada en medio de los jardines majestuosos de la mansión.
Los vecinos, como de película de Berlanga; el alcalde franquista, los párrocos de boina y larga sotana, mujeres con peinado de domingo y galas de boda se deslumbran por los alardes germanos y sobre todo por la comida. Abundante y sofisticada, que tan poco se veía en la vida de la localidad.
Después de esa inauguración, las autoridades nazis frecuentaban la casa alemana con asiduidad. En 1943, la Jefa del Servicio Exterior del Partido Nazi, Ingeborg Niekerke, y la delegada de la Sección Femenina y madrina de la División Azul, la célebre Celia Jiménez, disfrutaron del complejo, según nos descubre Auladell.
De nuevo, desapercibidas para la población local. Aunque el poso dejado en la zona por la residencia extranjera es indeleble.
Para el escritor Toni Sala, que se ha inspirado en este episodio para diversos artículos, “estos nazis son la irrupción personificada del dionisismo, que acabará derrotanto el humanismo burgués anterior”.

Ricardo ‘el nazi’ de Sant Feliu
En la zona civil del cementerio de Sant Feliu de Guíxols, bastante cerca de la tumba de Josep Irla, presidente de la Generalitat en el exilio, se encuentra un nicho del que nadie se ocupa desde hace décadas.
Un nicho que cobija los restos mortales de Richard Schwenke, conocido en la localidad como Ricardo ‘el nazi’. Según Bosch, este súbdito alemán tendría la respuesta al aislamiento de esta peculiar colonia nazi.
Schwenke, octavo hijo de una familia protestante, llegó a la ciudad en 1929 para trabajar en la pujante industria del corcho.
Pronto aprendió castellano mientras gozaba de las bondades de la vida mediterránea, mucho más plácida que la de su Kaiserslautern natal.
Se encargaba de gestionar la demanda de tapones para los vinos del Rin. Durante la Guerra Civil, desapareció de la localidad como muchos de los extranjeros residentes en la zona pero regresó en 1940, ya afiliado al partido nazi.
Convertido en antena local del nacionalsocialismo alemán en la localidad, su conexión con el chalet era más que conocida y hacía las tareas de administrador.
Al mismo tiempo, mantenía su trabajo en la fábrica de corcho Grenier. Schwenke se convirtió en el cordón umbilical de la residencia con el mundo. Bosch ha recabado testimonios que resumen su labor : «Lo llamaban (desde la residencia) y él lo solucionaba todo, pero nunca explicaba nada del chalet».
Según el historiador, este personaje que lucía la cruz gamada en la solapa y bandera nazi en el balcón, que nunca se casó y que murió sin descendencia, fue quizás la pieza del engranaje que posibilitó el aislamiento de la residencia de las juventudes hitlerianas.

La que sí es recordada entre las gentes de Sant Feliu es la directora del centro. Una mujer “rubia, rechoncha y bajita”, según Lola, abuela del escritor Toni Sala, que entonces regentaba ‘L’Empordanesa’. A sus 101 años rememora cómo esta mujer “charlatana” paraba en su establecimiento para beber algo y pese a no hablar ni gota de español, ni catalán, “no callaba nunca” y según se contaba en el pueblo “era por culpa del vino”.
La lista de las 106
El 19 de agosto de 1944 las tropas aliadas liberaban París. Las primeras unidades que entraron en la capital francesa estaban formadas por miembros del Ejército Popular Republicano español. A mediados de septiembre, la casa de la Costa Brava se convierte en residencia de 106 refugiadas nazi.
Según Audalell, “estas mujeres formarían parte del funcionariado alemán del gobierno de Vichy”.
Algunas estaban casadas, pero la mayoría eran solteras. Muchas eran secretarias, otras traductoras, maestras, enfermeras…
Sus edades estaban comprendidas entre los 19 y los 61 años, aunque la mayoría eran jóvenes. Son los detalles de un listado que certifica el breve paso de este grupo de mujeres por la residencia. A finales de septiembre, 15 de ellas fueron trasladadas al extranjero.
Anotaciones en lápiz al margen de la lista: Cercedilla, Madrid, Barcelona… hacen pensar a los investigadores que fueron recolocadas en otras instalaciones del Auxilio Social repartidas por la península.

Capitulación y cierre
Poco después, el 7 de mayo de 1945, Alemania firmó su capitulación. En febrero, sin embargo, la vida en el chalet intentaba mantener la normalidad y publicaron en la prensa local un anuncio buscando una cocinera. En pocos meses, todo cambió.
La derrota nazi en la contienda hace que la España de Franco bloquee los bienes oficiales alemanes en el Estado. Pese a las presiones de los Aliados para que el régimen entregara a los refugiados alemanes, el desalojo de la residencia debió ser «precipitado, pero no traumático», según Audalell.
La directora del centro se mudó a Barcelona donde regentó un bar y Schwenke siguió una vida plácida entre Barcelona y Sant Feliu de Guíxols hasta su muerte en la década de los 80.
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