Un poco de arte (V)…

Frida Kahlo – México, 1907–1954
Historia Arte(HA)(M.C.Santos) — Todos sabemos que las mujeres no pasaron a la historia del arte como debían.
Muy pocas están en el Olimpo de los grandes artistas, pero sin duda hay excepciones y Frida Kahlo es una de ellas.
Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón fue una de las pintoras más conocidas de Mexico y este país fue uno de los ingredientes principales de su obra.
Los surrealistas quisieron ver en Frida a uno de los suyos, pero ella siempre se mostró reticente por un motivo: Frida no pinta sueños… pinta su realidad.
«No sabía que era surrealista hasta que llegó André Breton a México y me lo dijo».
Su vida estuvo marcada por diversos factores: la mala salud fue uno de ellos. La polio de su infancia y sobre todo un terrible accidente de autobus dejó secuelas que cambiaron su vida (dolores, amputaciones, imposibilidad de engendrar…), pero que también la iniciaron el el arte.
Durante el largo periodo de convalecencia en el hospital Frida Kahlo realiza sus primeros trabajos artísticos.
Otro factor que marcó su vida y obra fue el (los) matrimonio(s) con Diego Rivera, toda una institución en Mexico, que resultó una influencia masiva en el arte de Frida.
Aunque Kahlo era polígama y bisexual, las infidelidades de su promiscuo marido hicieron de las peleas algo cotidiano y también quedó documentado en la pintura de la artista.

La obra de Frida Kahlo es difícil de clasificar. Tan unida a su vida personal, se podría decir que los cuadros de Frida son sujeto y objeto. Sin duda, y aunque ella misma lo negara, hay una masiva influencia surrealista (no todo son sueños, también está la magia, los mitos y el inconsciente que se respira en Mexico). También un evidente influjo expresionista.
Muchos quisieron ver en su obra un primitivismo cercano a Rousseau, y desde luego se percibe esa ingenuidad e infantilismo naïf del francés, aunque Kahlo, como Rivera buscaron siempre mostrar un exaltado nacionalismo, un arte que expresara la afirmación nacional mexicana.
Su condición de mujer también fue principal en su obra. Rompiendo tabús sobre el cuerpo y la sexualidad femenina siempre buscó con su trabajo alejarse de lo que podría hacer una mujer de su época y se mostró dura, excesiva, violenta, activa… Es por ello una especie de símbolo del feminismo en el arte.
Al igual que Dalí, la Kahlo creó el personaje de Frida, con su forma de vestir y arreglarse, con vestimentas y abalorios indígenas, su negativa a depilarse cejas y bigote y su pasión por la cerveza.
Según la propia artista, usó la simbología de los colores para su obra:
El verde: luz tibia, buena; marrón: hoja que va a la tierra, color del mole; amarillo: locura, miedo y enfermedad, pero también algo del sol y de la alegría; azul cobalto: electricidad, amor y pureza; negro: nada es negro; hojas verdes: tristeza, ciencia; amarillo verdoso: locura y misterio, los fantasmas usan trajes de ese color; verde oscuro: color de buenos negocios y malos anuncios; azul marino: distancia, aunque también la ternura puede ser de ese color.
El tiempo vuela

(P.Egea) — El mismo año de su boda con Diego Rivera, la artista realizó la obra Autorretrato. El tiempo vuela. Es una obra sobria que, muy sutilmente, recuerda a los retratos de corte renacentista. No obstante, el collar de cuentas prehispánicas refuerza las raíces indígenas de su México.
Con esta obra, Frida Kahlo emprende el camino hacia un trabajo más racial, simbolista y colorista. El folklore mexicano será el sello de identidad en la obra de la artista.
Kahlo aparece en un escenario sencillo como pieza central del cuadro. La artista aparece envuelta en una iconografía (reloj y avión) que representa a la figura mítica del Padre Tiempo. Erwin Panofsky, en sus Estudios sobre iconografía, asocia este concepto con la imagen del reloj, indicando el paso del tiempo. No importa ni la cronología ni el tema de la obra, ya que, el Padre tiempo puede representarse de muchos modos en una obra.
Por ejemplo, en la literatura puede ser el Conejo Blanco de Alicia en el país de las maravillas que obsesionado con el tiempo corre tras él para atraparlo.

En la obra surrealista La persistencia de la memoria de Salvador Dalí, la figura del Padre Tiempo se refleja en la materia de los cuatro relojes; una masa que al ablandarse puede expandir el tiempo.
En el cine se recurre a esta figura en la película El hombre mosca en la que vemos a Harold Lloyd envuelto en una trepidante aventura en el que el tiempo tiene una gran importancia.
El reloj aparece de forma constante, símbolo de una sociedad que lucha por una vida próspera y exitosa.
La escena culminante sucede cuando el actor aparece colgando de un gran reloj.
Una burlona metáfora del tiempo que siempre nos ganará la partida por mucho que nos rebelemos.
Frida Kahlo con la iconografía del reloj y del avión simboliza la necesidad de que el tiempo corra para dejar atrás sus torturas emocionales y físicas que sufría desde jovencita por las secuelas del accidente del tranvía.
Por una parte, el vuelo del avión en un idílico cielo azul, sin nubes, que vemos en el balcón que hay detrás de la pintora es un recuerdo de la infancia.
A modo de metáfora, la pintora plasma un avión…
Aquel avión de juguete que siempre pedía de niña y nunca obtuvo.
Un deseo no cumplido. Por otra parte, la aguja del reloj que dicta sin cesar el paso del tiempo, al igual, que impone la velocidad de la sangre en las venas.
Una carrera en la vida a contratiempo.
Es el tic tac imparable del destino, el reloj que reposa sobre una columna salomónica, reflejo de su interior, iconografía que repite en el 1944 en la obra Columna Rota.
En Autorretrato. El tiempo vuela, la artista recurre al Padre Tiempo para plasmar su estado. Para aliarse con ese tic tac lento y pesado que desde mucho tiempo ya forma parte de su ser.
Diego y Yo

(Museo: San Francisco Museum of Modern Art, San Francisco – Estados Unidos)
(E.Bolaño) — Frida Kahlo pinta este autorretrato con su marido Diego Rivera más de un año después de casarse.
Pese a las continuas infidelidades, Frida idolatraba a su marido y lo admiraba como pintor. Fue su maestro y mentor, y por ello lo representa tan enorme… aunque en realidad, Rivera si era enorme. De hecho, las proporciones del cuadro son bastante realistas: 136 kg de Rivera y 45 kg de Frida… Por ello eran también conocidos como «el elefante y la paloma»
Frida consideraba que Rivera era superior a ella, un gran artista, y por eso lo plasma tan monumental, tan pesado, con esos dos pies tan firmemente apoyados en el suelo y con la paleta y los pinceles en su mano.
La Khalo por el contrario es frágil, pequeña, con esos pies diminutos que apenas tocan el suelo. Coge la mano de su marido y no alude para nada a su condición de artista… ¿Qué artista era ella al lado de él…? Suerte tenía de ser la Señora de Diego Rivera…
Sea o no mejor pintora o mejor artista, Frida Kahlo es hoy toda una institución en Mexico. Con una personalísima pintura que mezcla elementos surrealistas, primitivistas y expresionistas y sobre todo con su personaje formado (Al igual que Dalí, la Khalo creó el personaje de Frida, con su peinado y vestimenta mexicana tradicional, sus abalorios indígenas, su negativa a depilarse cejas y bigote…, por cierto, todo ello aconsejada por Diego…)
Seguramente Frida Kahlo captó mejor que nadie el espíritu de su violento, surrealista y mágico país. Seguramente mejor que su enorme marido. Al menos, el espíritu femenino…
Por que el ser mujer fue uno de los temas que más trató la pintora tanto en su obra (quizás en este cuadro no se ve tanto) como en su vida (Frida también era polígama, como Rivera, y además bisexual).
Por ello es considerada hoy como un símbolo del feminismo en las artes.
En la parte superior del cuadro, una inscripción típica de la pintura colonial mexicana dice:
«Aquí nos veis, a mí, Frida Kahlo, junto con mi amado esposo Diego Rivera, pinté estos retratos en la bella ciudad de San Francisco, California, para nuestro amigo Mr. Albert Bender, y fue en el mes de abril del año 1931»
Mi nacimiento

(E.Bolaño) — Frida Kahlo pinta el momento mismo de su nacimiento. La madre está dando a luz con una sábana tapándole la cabeza, como se cubre la cabeza de una muerta. La recién nacida sale al mundo con el rostro adulto de Frida. Todo pasa sobre una cama, en una habitación sencilla, con un solo testigo: esa pintura de la Virgen de las Angustias llorando.
Es como un ciclo, la rueda de la vida. la muerte que da vida y esta se muere y vuelve a vivir. Frida pintó este impactante cuadro con el fallecimiento de su madre, además de estar su arte asociado con sus trágicos abortos, por lo que la carga personal de la obra es tremenda.
También está México presente: la escena tiene ingredientes de catolicismo, paganismo, arte precolombino, y ese primitivismo naif de la artista, que amplifica los sentimientos y las emociones tan importantes para una pintora como ella.
La sangre, tantas veces presente en la obra de la mexicana (abortos, partos, asesinatos…) aparece aquí de nuevo. Es un líquido presente en el día a día de las mujeres, pero siempre se consideró tabú en la sociedad, no digamos ya en el arte. Frida no tuvo nunca miedo a mostrarlo, de manera aparentemente ingenua, pero con claras connotaciones políticas.
La cantante Madonna, fan declarada de Kahlo, adquirió este cuadro.
Henry Ford Hospital o La cama volando

(Museo: Museo Dolores Olmedo, México D.F. México)
(N.Rondina) — Es esta una de las obras más literales y crudas del repertorio de la artista mexicana Frida Kahlo. Su esposo, Diego Rivera, había sido llamado a trabajar en una serie de murales en EEUU. Luego de que se les permitiera el ingreso al país (cosa que no fue sencilla dada la popular militancia comunista de su compañero) el gran muralista mexicano se dedicará de lleno a sus encargos.
En 1930, por razones médicas, Frida había tenido que interrumpir un primer embarazo. Pero en 1932, contra todo pronóstico médico (dadas las secuelas del accidente acaecido en su adolescencia) vuelve a quedar embarazada en la ciudad de Detroit mientras acompañaba a su esposo a cumplir con dichos trabajos murales.
En esta segunda ocasión, y con la recomendación de su gran amigo el Dr. Leo Eloesser, Frida decide avanzar con el embarazo:
«Me dijo (…) que, en su opinión, sería mejor conservar al niño que someterme a un aborto, pues, a pesar de mi mala condición física — a la pequeña fractura de pelvis, de la columna, etc., etc., — podría tener al niño sin dificultad mediante una cesárea»
Pero cursando apenas las primeras semanas, lejos de su familia y de su marido, el 4 de julio sufrirá un aborto espontáneo, lento y traumático.
En esta obra, la artista se expone en plena pérdida, «flotando» en la escena sobre la cama del Henry Ford Hospital donde fue atendida. Durante su convalecencia realizó algunos bocetos en lápiz que luego transformó en este óleo sobre metal.
Propio de su estilo, Frida va describiendo las sensaciones y pensamientos que fue atravesando esos trece días de internación. Todos estos pensamientos se ven conectados por un hilo rojo, hilo de sangre, cordón umbilical, o venas conectadas que sostiene con su mano.
En el centro de la escena, la pintora se representa yacente, ensangrentada, llorando y en su desnudez, completamente desprotegida. La atmósfera general del cuadro es desoladora: tiene como fondo, muy lejano, las fábricas, las chimeneas, los tanques y las estructuras de las fábricas de Detroit que nos describen un paisaje de total desamparo.
Arriba, en el centro «el pequeño Dieguito», el hijo que acababa de perder. En las esquinas superior izquierda e inferior derecha, una sección de pelvis, columna y caderas que hacen hincapié en las secuelas del accidente, su fractura de columna y triple de cadera que complicaban la posibilidad de gestar un niño.
Debajo a la izquierda una máquina esterilizadora, que al igual que su cuerpo, destruía todo lo que resultara «extraño» a su organismo. La orquídea, para Frida simboliza la sexualidad, y describe la flor que le trajo Diego cuando la visitó en el hospital.
Finalmente, un caracol, arriba a la derecha, que para culturas antiguas era sinónimo de vida: un caparazón protector como símbolo de concepción, embarazo y parto.
Todo este proceso de soledad y tristeza que Frida vivió en Detroit, se tradujo en la gran decepción que le producía este país que se jactaba de prometer futuro y progreso a todos sus visitantes.
Unos cuantos piquetitos

(Museo: Museo Dolores Olmedo, México D.F. México)
(E.Bolaño) — Frida Kahlo leyó en el periódico la siguiente noticia: un hombre mató a su mujer y en los tribunales se defendió diciendo que sólo le había dado «unos cuantos piquetitos». Según la policía, fueron veinte puñaladas.
La artista, comprometida con la causa feminista ya en el año 1935, decidió denunciar el atroz suceso mostrando con pelos y señales la sangrienta escena del asesinato, y a dos palomas portando una cinta con las palabras del individuo, para dejar clara la incongruencia.
El asesino está sonriendo satisfecho y se guarda un pañuelo con el que ha limpiado la sangre. Probablemente salió impune de su crimen.
Pero si algo sobra en el cuadro es sangre… todo el lienzo está lleno de ella: en la cama, en el suelo, en la camisa del criminal e incluso en el marco, lleno de huellas que prueban el crimen.
Frida quiere romper la separación física entre espectador y obra para que el espectador se comprometa, que no sea cómplice de un asesinato que en esos años era considerado un «crimen pasional», con el consiguiente atenuante en la sentencia.
¿Por qué esa idea morbosa? Quizá haya sido simplemente una defensa. Esa mujer asesinada era en cierto modo yo, a quien Diego asesinaba todos los días. O bien era la otra, la mujer con quien Diego podía estar y a quien yo hubiera querido hacer desaparecer. Sentía en mí una buena dosis de violencia, no puedo negarlo, y la manejaba como podía…
Frida Kahlo
Autorretrato dedicado a León Trotsky

(Museo: National Museum of Women in the Arts NMWA, Washington D.C. Estados Unidos)
(N.Rondina) — Como muñeca de vestir y entre cortinas que más bien parecen el telón del gran escenario que revela a la primera bailarina del espectáculo, Frida Kahlo se presenta de punta en blanco.
Con su mejor vestido, uñas pintadas, hermosos aros, especialmente elegante y maquillada: labios rojos y rubor, con un peinado recogido de trenzas y flores que hasta podemos percibir su perfume.
Enseguida pensaríamos que esta obra, como tantas otras, fue hecha para su gran amor, Diego Rivera. Pero no, en este caso el título nos cuenta que es un autorretrato dedicado a León Trotski.
Para estos días, Frida y Diego se encontraban distanciados (y cómo para no estarlo cuando te llega la noticia de que tu esposo y tu hermana mantuvieron una relación) y en pocos años acabarían por divorciarse, para luego volverse a casar.
Sin embargo, los unía una gran amistad y es por esto que Rivera recurrirá a su compañera para brindar asilo político al líder soviético León Trotsky, quien llegaba escapando de Rusia.
El 9 de enero de 1937, Trotsky y su esposa Natalia Sedova, arribarán a la Casa Azul de la familia Kahlo en la localidad de Coyoacán. Es sabido que entre Frida y Trotski existió una relación amorosa que duró unos pocos meses y será, tal vez, esta obra un dedicado regalo para su amante ¿o una provocación para su esposo?

(Natalia Sedova, Frida y Trotski.)
Como es característico de su obra, Frida nos describe en pequeñas «cartelas» los deseos e intenciones de sus producciones.
En este caso, sostiene un ramo de flores junto con un papel que a modo de epígrafe nos da la clave de este autorretrato:
«Para León Trotsky con todo cariño, dedico esta pintura, el día 7 de noviembre de 1937. Frida Kahlo. En San Ángel, México»
Es este entonces un regalo de cumpleaños para su huésped en el vigésimo aniversario de la Revolución Rusa. No será ni la primera ni la última vez en la que Frida Kahlo elija regalar su imagen.
De hecho, su retrato se ha vuelto la imagen de su obra. Es la misma artista quien revela que el autorretrato es uno de los géneros más elegidos en su repertorio porque: soy lo que mejor conozco.
Un año más tarde llegará a México el fundador del surrealismo, André Breton. Muy interesado en conocer a Trotski, Bretón se hospedará en la misma Casa Azul de Coyoacán y al encontrarse con Frida y con esta obra nos dice:
«En la pared del cuarto de trabajo de Trotski he admirado un autorretrato de Frida Kahlo de Rivera. Con un manto de alas de mariposa doradas, así ataviada abre una rendija en la cortina interior. Nos es dado como en los hermosos días del romanticismo alemán, asistir a la entrada en escena de una bella joven dotada con todos los poderes de la seducción»
Lo que el agua me dio

(Museo: Colección Daniel Filipacchi, París-Francia)
(M.C.Santos) — La pintora mexicana no consideró retratar su rostro para poder expresar su identidad en ese momento. En “Lo que el agua me dio”, como es típico en ella, la suma de numerosos elementos puede ser mucho más definitoria y sobre todo más evocadora.
En este mundo acuático primitivo flotan y se reflejan raíces, plantas, flores, cadáveres, insectos, aves y personas conocidas suyas. Un rascacielos (evocando su estancia en Nueva York) sale de un volcán (uno de tantos de su Mexico natal).
Una pequeña Frida desnuda se mantiene a flote en el centro por medio de una cuerda. Y al fondo, un dedo del pie sangrando. Es todo lo que la vida le había dado, bueno y malo; pasado, presente y futuro.
Cuando Andre Breton visitó México vio esta pintura inacabada e inmediatamente la calificó de surrealista, ofreciendo mostrar el trabajo en París. Frida respondió: “Nunca supe que era una surrealista hasta que Andre Breton vino a México y me dijo que lo era”
Frida le acabaría dando esta pintura a su amante Nickolas Muray como pago por una deuda de 400$.
Las dos Fridas

(Museo: Museo de Arte Moderno de Mexico, México D.F. México)
(P.Egea) — Como si fuera una ilusión óptica, la pintora Frida Kahlo se desdobla en esta obra mostrando una imagen de la compleja dualidad de su persona. La Frida casada y la Frida soltera conviven en un mismo tiempo y espacio en el cual, pasado y presente convergen en un mundo onírico.
La parte psicológica y el simbolismo toma una gran transcendencia en todo el trabajo de Kahlo.
Las dos Fridas es un doble autorretrato en el que dos mujeres comparten el mismo asiento y sus rostros duplicados se muestran inexpresivos. Esa actitud de las mujeres contrasta con el fondo de amenazantes nubes, reflejo de los dolores físicos y emocionales que Frida Kahlo mantuvo prácticamente toda su vida.
Las sombrías nubes contrastan con los vivos colores del resto de la composición; esto enfrenta al espectador con la amalgama de sentimientos encontrados de la pintora.
Kahlo nos muestra a una de las Fridas cuando todavía estaba casada con el muralista Diego Rivera; esta luce un vestido tehuano de colores, signo reivindicativo de su nacionalidad mexicana y al amor por su marido. La Frida soltera viste un rico vestido de encaje blanco estilo europeo.
Pese a tener los corazones totalmente expuestos, las dos mujeres se muestran tranquilas. Las dos Fridas tiene su génesis en una experiencia que la artista tuvo en su infancia. El diario de Frida Kahlo un íntimo autorretrato Kahlo lo explica así:
Y con un dedo dibujaba una puerta… Por esa puerta salía en la imaginación, con una gran alegría y urgencia, atravesaba todo el llano que se miraba hasta llegar a una lechería que se llamaba Pinzón…Por la O de Pinzón entraba y bajaba intempestiva mente al interior de la tierra, donde mi amiga imaginaria me esperaba siempre.
Uno de los elementos simbólicos que atrapa la atención en esta obra son las rojas arterias. Estas sirven de transfusión sanguínea, conectando y nutriendo a las dos mujeres. El intercambio de sangre, de corazón a corazón, es el alimento energético que las dos mujeres necesitan; el ingrediente vital para sobrellevar la soltería de una Frida y el apasionado pero atormentado matrimonio de la otra Frida.
La imagen del retrato del niño-Diego que sostiene en la mano la Frida casada está conectado mediante un arteria al corazón. Sin embargo la arteria, que sale del corazón de la Frida europea, derrama sangre a causa de un corte de tijera, manchando el vestido blanco. Una acción que sirve de símbolo de la ruptura matrimonial y los diversos abortos de la artista Frida Kahlo.
Las dos Fridas recuerda, en la postura de sus personajes y en el fino simbolismo, a la maternidad del cuadro renacentista Gabrielle d’Estrées y su hermana.
En la obra, Frida Kahlo hace una búsqueda de ese equilibrio necesario para sobrellevar su divorcio, el dolor físico que arrastrará toda su vida, debido a un accidente que tuvo a los dieciocho años, y el intenso dolor de una maternidad quedó interrumpida demasiadas ocasiones.
Dolor que hizo de Frida Kahlo una de las artistas mas cotizadas e icono feminista del siglo XXI.
Autorretrato con monos

(Museo: Colección de Jacques y Natasha Gelman, México D.F. México)
(Karimcorbi) — Liberado de sangre, corsés de yeso, lágrimas, fetos abortados, Diego Riveras, clavos o venas comunicadoras; Autorretrato con monos es un ejemplo «amable» dentro de la producción pictórica de la comunista; pintado en 1943, a la edad de 36 años.
Ese mismo año Frida comienza a dar clases de pintura (ella, que jamás había estudiado plástica) en la escuela La Esmeralda en la Ciudad de México, teniendo finalmente que dejar la enseñanza oficial por sus muy conocidos problemas de salud. No obstante, en La Casa Azul, domicilio particular en Coyoacán que comparte con su marido D. R., la profesora continua una docencia doméstica acompañada solamente por cuatro alumnos, conocidos en adelante con el maravilloso apelativo de «los Fridos».
Aparece en el lienzo una mujer madura y serena, sin joyería (pareciera que esta posando coqueta para su padre fotógrafo), pulcramente ataviada con una blusa indígena y luciendo orgullosa una golondrina en pleno vuelo,
como calificaría Chavela Vargas a su sempiterna ceja única.
Cuatro monos ojipláticos la rodean, mostrando dos de ellos gran afectividad, ya que enroscan su cola en su brazo y acarician con sus peludas manos su cuello y sus pechos yermos. La mexicana confesó que tales criaturas representaban en su imaginario a los hijos que nunca pudo tener, estableciendo así un fuerte vínculo emocional con sus pupilos como madre educadora.
De las 150 obras fridianas, un tercio son autorretratos, así de alto es el grado selfie de nuestra artista; pequeño vicio con el cual nosotras/os no podemos más que contemporizar; de hecho ya lo declaró en una de sus muchas frases célebres: pinto autorretratos porque estoy mucho tiempo sola. Me pinto a mi misma porque soy a quien mejor conozco.
Flor de la vida

(Museo: Museo Dolores Olmedo, México D.F. México)
(P.Egea) — Flor de la vida es una obra puramente simbolista de la artista Frida Kahlo. Como en El sol y la vida, Moisés o Núcleo solar, Mi nana y yo o Yo mamando… reflejan un equilibrio entre lo artístico y lo emocional. La imposibilidad de ser madre propició que creara una serie de cuadros relacionados con sus fallidas maternidades.
La pintora estuvo interesada en estudiar medicina, sin embargo, no pudo prepararse, puesto que un brutal accidente le dejó graves secuelas de por vida, aunque su interés por la anatomía estuvo siempre presente. En La casa azul (Museo Frida Kahlo) podemos observar la colección importante de libros de medicina de los que la pintora se nutría de conocimientos para plasmarlos en sus cuadros. Muchos libros tratan de la reproducción y la gestación, proceso que ella tanto anheló.
La naturaleza exótica, la flora y la fauna de su México natal, fue una seña de identidad en su obra, ya que las hojas son un elemento importante en la iconografía de Kahlo. En Flor de la vida las nervaduras de las hojas adquieren una protección sanguínea y las humaniza transformándolas en arterias del cuerpo humano.
Una comunión entre botánica y anatomía; savia y sangre transmiten la substancia de la vida. La hojas rojas y firmes sirven de base de seguridad, firmeza y defensa a una maravillosa y delicada flor- trompa de Falopio. Una naturaleza en constante transformación.
En Flor de la vida, la pintora al contrario que en muchos autorretratos en los que aparece como protagonista indiscutible, refleja una de sus zonas sensibles de su anatomía. Dibuja un híbrido con una flor y las trompas de Falopio y, de esa manera, ofrece al espectador un carnaval onírico en el proceso de la fecundación.
El sol anaranjado irradia el calor necesario para albergar una nueva vida. El rayo, que, con su fuerza electrizante, simboliza la parte masculina y fecundadora. La fuente de vida que nace desde el centro de la flor del que surge un fuego artificial de un vivísimo amarillo que contrasta con los rojos y anaranjados del resto de la obra. Una fuente simbólica cargada de una futura vida.
El arte para Frida Kahlo es un ejercicio de retrospección y, a la vez, una ventana abierta de par en par donde el espectador siente la crudeza del mundo de la mexicana.
Diego en mi pensamiento

(Museo: North Carolina Museum of Art, Raleigh Estados Unidos)
(E.Bolaño) — Kahlo se autorretrata con un barroco tocado típico de Tehuantepec, en el estado de Oaxaca, con esos encajes almidonados de color blanco que rodean su cara. De su cabeza y de su tocado salen muchas ramificaciones que se expanden orgánicamente hacia el universo.
Como su arte, su «fridakahlidad» brota de su interior hacia el exterior.
La acompañan unas flores en la cabeza, y sobre sus características cejas, el retrato del gran amor de su vida, Diego Rivera, con el que se casaría dos veces y compartiría una vida llena de alegrías y dolores. Y su relación también implicaba lo artístico.
En un momento en el que Rivera era venerado como un semi-dios, Kahlo se convirtió en una de sus mayores críticas y lo obligó a crecer como artista. Por su parte, Diego adoraba el trabajo de Frida y sabía perfectamente que la vida y obra de la artista estaban íntimamente conectadas, por lo que le aconsejó amplificar su «personaje». Fue él el que la animaba continuamente a vestir de manera cuanto más mexicana mejor.
Se casaron en 1929, y desde entonces el matrimonio fue una montaña rusa de emociones. Pareja abierta, ambos se acostaban con quién les daba la gana, aunque eso no siempre era aceptado. Ser infiel implica muchos matices, y Diego traicionó a Frida llegando a acostarse con su hermana Cristina. Esto provocó el divorcio de la pareja en 1939.
Pero a pesar de las mutuas infidelidades y múltiples roturas de corazón, Kahlo y Rivera decidieron volver a casarse y se fueron a vivir juntos de nuevo, colaborando en la vida y en el arte.
En este autorretrato, y pese a las infidelidades, Kahlo tiene, para bien o para mal, a Diego en su pensamiento.
La columna rota

(Museo: Museo Dolores Olmedo, México D.F. México)
(E.Bolaó) — Con 37 años, Frida Kahlo llevaba media vida arrastrando un terrible sufrimiento físico a causa del accidente de autobús sufrido en 1925. Su columna vertebral había quedado fracturada en tres partes, sufriendo además fracturas en dos costillas, clavículas y pelvis.
Su pierna derecha se fracturó en once partes. Fue además atravesada por un pasamanos por la cadera izquierda atravesando su cuerpo hasta salir por la vagina. Kahlo comentaba que esa fue la brutal forma en la que había perdido su virginidad.
Desde entonces fueron continuas las operaciones (al menos 32 a lo largo de su vida), las hospitalizaciones y el dolor extremo. Tuvo que ponerse todo tipo de corsés y artilugios para poder andar y llevar una vida normal. Pero lo único que ayudó a curar su dolor fue el arte.
Este autorretrato explica muy claramente lo que sucedía con su cuerpo. Frida llora porque tiene rota su columna jónica (lo femenino) y sólo un doloroso corsé de metal la mantiene moderadamente firme.
Tiene clavos por todo su cuerpo, simbolizando el dolor al que quizás su rostro se ha acostumbrado. Frida aguanta con resignación y estoicismo, sacando belleza donde no la puede haber, como sacar agua de ese desierto que tiene detrás.
Últimos años (1950-1954)
En 1953 en la Ciudad de México se organizó la única exposición individual en su país durante la vida de la artista. En una de las críticas se dijo: «Es imposible separar la vida y obra de esta persona… sus pinturas son su biografía». La exposición fue en la Galería de Arte Contemporáneo.
La salud de Frida estaba ya muy deteriorada y los médicos le prohibieron concurrir a la misma. No obstante, llegó en una ambulancia, asistiendo a su exposición en una cama de hospital. Los fotógrafos y los periodistas se quedaron impresionados.
La cama fue colocada en el centro de la galería y Frida contó chistes, cantó y bebió la tarde entera. La exhibición había sido un rotundo éxito.

Ese mismo año le tuvieron que amputar la pierna por debajo de la rodilla debido a una infección de gangrena. Esto la sumió en una gran depresión que la llevó a intentar el suicidio en un par de ocasiones, utilizando para ello los opiáceos prescritos. Durante ese tiempo escribía poemas en sus diarios, la mayoría relacionados con el dolor y el sufrimiento.
En febrero de 1954 Frida escribió explícitamente en su diario acerca de sus ideas suicidas. Describiendo como una gran tortura los dolores físicos y psíquicos de los últimos seis meses tras la amputación, señaló que, aunque continuaba pensando en quitarse la vida, lo único que la retenía era Diego Rivera, a quien no deseaba abandonar porque tenía «la vanidad» de creer que ella le haría falta.
El 19 de abril de 1954 ingresó al hospital inglés tras un intento de suicidio y, aunque escribió en su diario que había prometido no recaer, el 6 de mayo tienen que hospitalizarla nuevamente por el mismo motivo.
Sin embargo, el ánimo y la valentía la acompañarían hasta el final: movilizándose en silla de ruedas, el 2 de julio participó, junto a Diego de Rivera y Juan O’Gorman, en una manifestación de protesta contra la intervención estadounidense en Guatemala.

(Urna con las cenizas de Frida Kahlo en la Casa Azul-México)
Muerte
Frida Kahlo murió en Coyoacán el 13 de julio de 1954. Sus restos fueron velados en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y se cubrió su féretro con la bandera del Partido Comunista Mexicano, un hecho que la prensa nacional criticó profusamente.
Su cuerpo fue incinerado en el Crematorio Civil de Dolores y sus cenizas se conservan en la Casa Azul de Coyoacán, el lugar que también la vio nacer.
Su último cuadro también se exhibe en el Museo Frida Kahlo.
Se trata de un óleo sobre masonita que muestra varios cortes de sandías en tonos muy vivos. En uno de estos trozos y junto a su firma se puede leer «VIVA LA VIDA. Coyoacán, 1954, México». Las últimas palabras en su diario fueron: «Espero alegre la salida y espero no volver jamás».
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