El ahora mismo no existe en el universo…

Los Pilares de la Creación, fotografía tomada por el telescopio espacial Hubble en la nebulosa del Águila, a unos 7.000 años luz de la Tierra
El País(P.G.P.González) — El universo se muere. Una o varias cosas han estado conspirando para matarlo. Y nuestra galaxia, la Vía Láctea, está moribunda, no se libra. El proceso no es nuevo, empezó hace bastante tiempo, pero parece irremediable.
Es el fin del universo tal y como lo conocemos, parafraseando la canción de REM. Nos encaminamos, muy muy lentamente para las escalas de tiempo que maneja la humanidad, pero sin vuelta atrás, al ocaso de nuestro universo que dará paso a otro completamente diferente, que podríamos calificar de bastante hostil y oscuro para lo que nos gusta. Lo explicamos.
Algunos datos. El Universo tiene unos 14.000 millones de años de edad.
Hoy se sabe que ya existían galaxias cuando el universo solo tenía unos 400 millones de años o un 3% de su edad actual. Desde entonces, las galaxias y las estrellas que las forman han dominado el cosmos durante casi toda su existencia.
Más datos: la Vía Láctea, una galaxia normalita que contiene unos 100.000 millones de estrellas, hoy por hoy forma aproximadamente una estrella como el Sol cada año. ¿Eso es mucho o poco?

Hipparcos cartografió millones de estrellas en nuestra galaxia, ¿pero cuantas más hay?
En astrofísica, en física en general, y casi diría que en la vida, lo mejor es afrontar un problema haciendo primero lo que los anglosajones llaman una cuenta en el reverso de un sobre y nosotros solemos llamar la cuenta de la vieja, es decir, operaciones sencillas pero que encierran también mucho conocimiento y sabiduría.
Luego ya puedes hacer cosas más complicadas, pero una primera estimación de lo que involucra un problema siempre ayuda a resolverlo.
Por ejemplo, sin necesidad de saber física, si quisiéramos saber cuánto tardaríamos en coche, a una velocidad media de 100 kilómetros por hora, en llegar de Madrid a Valencia, que distan unos 360 kilómetros, dividimos una cantidad entre otra y nos da 3,6 horas.
Esa es la distancia que me separa ahora mismo de un arroz como mandan los cánones. Si lo aplicamos a la Vía Láctea y hacemos la cuenta de la vieja: al ritmo actual de una estrella tipo Sol por año, tardaríamos 100.000 millones de años en formar todas las estrellas de nuestra galaxia. ¡Pero el universo es mucho más joven que eso! Una cuenta sencilla nos está diciendo algo muy importante sobre el universo.
En dos segundos y con una simple división (y unos datos que me he sacado de la manga, esa es la sabiduría y la experiencia del viejo), concluimos que la historia de nuestra casa debió ser mucho más interesante en el pasado. De hecho, la mayor parte de las galaxias que nos rodean dejaron atrás su época de esplendor hace bastante tiempo.
Es más, para las galaxias más grandes que conocemos, como la gigantesca Messier 87, casi 100 veces más grande que la Vía Láctea, más del 90% de sus estrellas se formaron en el primer 20% de la vida del universo, y desde entonces esta galaxia está bastante parada, muerta decimos los astrofísicos.

Esta imagen del Telescopio Espacial Spitzer de la NASA muestra la galaxia elíptica Messier 87 (M87), la galaxia de origen del agujero negro supermasivo fotografiado recientemente por el Telescopio Event Horizon (EHT)
Por analogía con una persona que vive 80 años, todo lo que hizo esta galaxia lo concentró antes de cumplir los 17; vivió a tope y luego se dejó llevar, al menos en lo que a la formación de estrellas se refiere.
Y si ahora consideramos no ya una o dos galaxias sino todas las que existen (he aquí el trabajo del día al día del astrofísico extragaláctico: considerar todas las galaxias que existen a pesar de no haberlas visto todas o incluso si el universo fuera infinito), podemos decir que el universo estaba mucho más vivo hace 9.000 millones de años que hoy, era mucho más interesante cuando tenía menos de la mitad de la edad que tiene ahora.
En esa época se formaban estrellas en el universo 20 veces más rápido que hoy, abundaban los agujeros negros supermasivos que crecían y crecían tragándose gas, estrellas, planetas y lo que pillaran por delante. Quizás esos monstruos son los responsables de matar las galaxias, o de envenenarlas para que mueran poco a poco.
El hecho es que desde esa época la actividad cósmica de formación de estrellas y galaxias no ha dejado de decaer. En otras palabras, hace tiempo que las galaxias ya no son lo que eran, su actividad está bajando irremediablemente y ya no forman estrellas en abundancia, como en el pasado, así que se precipitan hacia su extinción.
Esta crisis galáctica es algo que aprendimos hace tan solo 25 años, nos lo enseñó el Hubble y desde entonces hemos estado estudiando los detalles del galacticidio con detenimiento. Ahora, con el lanzamiento del nuevo telescopio espacial, el James Webb, seguiremos indagando por qué el universo se está muriendo, buscando al o a los culpables.
Quizás me he dejado llevar por mi antropocentrismo cuando hablé de que el universo se muere. Algo parecido hacemos con el cambio climático, que no acabará con el planeta, sino que se cargará nuestras vidas tal y como las conocemos (ojalá reaccionemos y no sea así).
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Imagen de estrellas (NGC 6397) tomada por el telescopio espacial ‘Hubble’.
El universo no se va a terminar tampoco porque las galaxias y las estrellas desaparezcan. Simplemente, algo está acabando con ellas. Quizás los agujeros negros supermasivos, o quizás la energía oscura. El hecho es que, como en La historia interminable, la Nada está arrasando todo y no hay Atreyu ni Bastián que la pare. La luz se extingue.
La edad de las estrellas acabará y de ella se pasará a un nuevo universo, diferente, más oscuro, frío, dominado por energías que nos parecen extrañas y que ni siquiera conocemos, más hostil para la humanidad, que se habrá extinguido o evolucionado enormemente para cuando llegue el momento.
Esta es la historia de dos hermanas gemelas, Iris y Hera, prácticamente idénticas al nacer. Nuestra historia es distópica en cierto sentido, negativa para nuestros estándares de hoy: el destino de las dos gemelas fue separarse desde muy pequeñitas e ir a parar a lugares extremadamente remotos el uno del otro.
Unos meses antes de cumplir 3 años, a Iris, que echaba de menos a su hermana, pero desconocía dónde se encontraba, le hicieron una foto, sacaron múltiples copias y las mandaron en todas direcciones, con la esperanza de que alguna de ellas diera con su hermana.
Hera hizo algo similar, por algo eran como dos gotas de agua, idénticas hasta en sus pensamientos. Teniendo en cuenta que cada una no sabía del paradero de la otra, esas cartas viajaron mucho tiempo, sin llegar a su destinataria, era improbable.
Un día, Hera, que ya contaba con 90 años a sus espaldas, recibió una carta, la abrió y encontró una foto dentro. Vio la foto, y le recordó a algo. La comparó con una suya, y se reconoció a sí misma de cuando solo tenía 3 años.

La Vía Láctea visible de noche cerca del castillo de Dunstanburgh Castle, en la costa de Northumberland (Inglaterra).
¡Era una foto de Iris, su hermana gemela separada de ella hacía casi una vida entera! ¿Dónde estaría su hermana Iris ahora mismo? ¿Qué aspecto tendría? ¿Habría tenido amigas, se habría casado y formado una familia como ella?
A Hera le gustaba pensar que la vida de su gemela había sido igual a la suya, llena de vivencias, unas más felices que otras. Quizás lo que la rodeaba no hubiera sido exactamente igual, ¡pero tampoco podría haber sido tan diferente en lo importante, por algo eran hermanas casi idénticas!
Pero en su mente también cabían pensamientos más inquietantes. ¿Seguiría Iris viva? Pensó en contactar con ella y enviarle otra foto, pero quizás tardaría en llegar más de los 87 años que habían pasado desde que su hermana envió la suya.
Melancólicamente, se planteaba que ella, a sus 90 años, ahora mismo solo podía saber cómo estaba su hermana Iris a los 3 años. Compartían un momento en el tiempo en realidad separado por toda una existencia y caminos vitales diferentes.
Hera seguía dándole vueltas. Si Iris ahora mismo estaba haciendo algo, si seguía viviendo, pero ella no estaba ahí para verlo con sus ojos en directo, ¿en realidad su hermana existía? Entendió entonces algo más de la famosa frase y de las disquisiciones relacionadas con ella de filósofos como Descartes o Hume: “Si un árbol cae en un bosque sin nadie alrededor, ¿hace ruido?”.
Si ella no podía ver ni oír a su hermana ahora mismo, es como si no existiera. ¡Pero qué triste pensar en algo así! Casi vivía mejor cuando no sabía de su hermana Iris, era terrorífico comprobar que la realidad no era como lo que ella conocía hasta ahora.
Esta historia con dos gemelas puede ser la historia de dos galaxias si cada año lo multiplicamos por 155 millones.
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GN-z11
La galaxia más lejana conocida ahora mismo, GN-z11, nuestra Iris, mandó “fotos” suyas en todas direcciones en forma de ondas electromagnéticas cuando el universo tenía unos 400 millones de años, solo un 3% de su edad actual.
En esa época, una galaxia hermana, quizás gemela, Hera, que para nuestros estándares de hoy no estaba tan lejos de ella, era en realidad la propia Vía Láctea, con toda una vida por delante.
Hoy, a los casi 14.000 millones de años de edad del universo, los 90 años de la Hera de nuestra historia, por fin sabemos cómo es GN-z11. O quizás deberíamos decir cómo era GN-z11 hace 13.600 millones de años. ¿Qué es el ahora mismo para el universo?
¿Es la unión de nuestro presente en la Tierra con lo que realmente podemos conocer de GN-z11, que es lo que le pasó hace mucho tiempo, unido además a lo que conocemos de otras galaxias que están más cerca y cuya luz ha viajado menos tiempo y, por tanto, nos permite conocer el universo en épocas más tempranas?
¿O el ahora mismo es algo que diríamos que existe aunque no lo podamos conocer, no tenemos información de él ni la tendremos en mucho tiempo, quizás nunca, porque nuestra especie desaparecerá antes?
Más preguntas: ¿Dónde está, o debería preguntar cuándo existe (o crear un nuevo adverbio cosmológico donde cuándo), GN-z11? ¿Habrá alguien en la galaxia a la que haya evolucionado GN-z11 que esté recibiendo fotones de nuestra Vía Láctea?

En este caso serían de nuestro pasado, de tal y como éramos en la Vía Láctea hace 13.600 millones de años (ni el Sol ni la Tierra existían entonces). ¿Habrá alguien en otra galaxia coetánea de GN-z11? Si existe esa otra galaxia y todavía no nos ha llegado su luz, habría seguido una línea temporal propia que no se ha cruzado aún con la nuestra.
Entonces no podremos saber de ellos hasta dentro de mucho tiempo, cuando quizás, lo más probable, es que no exista ni siquiera la raza humana. Entonces, ¿existen? Como el árbol solitario en medio del bosque, ¿”hacen ruido”?
La última vuelta de tuerca de nuestro título, para ir cerrando el tema: ¿existe ahora mismo alguien en un lugar remoto y físicamente (es decir, científicamente) inaccesible del universo?
Si la respuesta a esa pregunta es sí, entonces existe la realidad mucho más allá de nuestra percepción y hay aspectos de la existencia hoy que nunca podremos demostrar, más que nada por falta de tiempo.
Si la respuesta es no, no existen porque no lo percibimos, entonces se estaría rompiendo la base de la cosmología moderna, el llamado Principio Cosmológico, que nos dice que el universo (a partir de cierta escala, eso es otra historia) es igual allá donde estés y sin importar hacia dónde mires.
Ese principio, un axioma en jerga matemática, se puede reformular como que las leyes físicas son universales y aplican a todo el cosmos. O, yendo un escalón más allá, el universo en todo momento y en todo lugar se rige por la misma física.

La luz intensa de la explosión de una estrella supernova permitió entender más acerca del Espacio.
Si es así, y no hay nada que haya dicho lo contrario hasta ahora, aunque tampoco ha sido demostrado, como buen axioma, si el universo es aproximadamente igual en todos sitios en un momento dado, parecería que en lo que haya evolucionado GN-z11, y en cualquier galaxia que comparte con nosotros lo que podríamos nombrar un “ahora mismo inconexo e inmedible” (es decir, no tenemos información sobre él, es imposible), ahora mismo deben haberse dado las condiciones necesarias para la aparición de vida.
Con el mismo argumento, también deben haberse dado las condiciones para la existencia de vida inteligente. Si no fuera así, seríamos únicos en el universo, un pensamiento muy antropocéntrico, del mismo estilo de los que una y otra vez a lo largo de nuestra historia se han demostrado erróneos e incluso perjudiciales para nuestra existencia.
Concluimos ya con unas preguntas sobre qué queremos ser. ¿Una Hera que sabe con nostalgia de la Iris del pasado y se resigna a no poder contactar con ella nunca? ¿Una Iris que no sabe y quizás nunca sabrá nada de su hermana?
¿O queremos ser alguien que incluso desea saber qué ocurrió y por dónde pasó esa carta que Iris mandó a Hera y mandar nuestra propia carta de vuelta?
Hay gente para todo, dicen que comentó un torero.
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