Sidney Poitier, el actor que rompió la barrera racial en Hollywood…
La Razón(J.Palacio/J.Ors)/El Confidencial(EC) — El fallecimiento de Sidney Poitier es más que un siglo de Hollywood que se desvanece: es el recordatorio de un siglo de Hollywood en el que a los negros les costó mucho más que sudor y lágrimas hacerse un hueco en la industria y el arte más importante de los Estados Unidos y, quizá, del siglo XX.
Hoy, puede resultar difícil creer que una película como “Adivina quién viene a cenar esta noche” (1967) supusiera no sólo un éxito de crítica y público, sino, ante todo, un mazazo a las conciencias de los espectadores, con su amable drama sobre esa atractiva pareja interracial, el negro Poitier y la muy blanca Katharine Houghton, que se presenta a cenar en casa de los padres de la segunda, matrimonio tradicional compuesto por Spencer Tracy y Katherine Hepburn.
Pero su director, Stanley Kramer, el guionista William Rose y el propio Poitier sabían muy bien lo que se hacían: solo seis meses antes el matrimonio interracial seguía siendo un delito en diecisiete estados. Aquella sencilla, ingeniosa pero nada ingenua comedia romántica y social, era un gesto de atrevimiento sin igual, aunque no el único protagonizado por ese hombre negro y guapo, que se convertiría en ejemplo para varias generaciones.
Con Sidney Poitier no se va solo un actor, se va también un mito. Elegante, carismático, guapo, con personalidad, sonrisa pícara y de formas contenidas, pero expresivas y cálidas, el actor, que ayer falleció a los 94 años de edad, marcó toda una época con su presencia. Fue el primer actor afroamericano en ganar un Oscar.
Lo hizo por “Los lirios del valle”, una producción de 1965 de Ralph Nelson que recibió cinco nominaciones y que estaba ambientada en un convento de monjas. Esa estatuilla era algo más que un galardón, suponía, y supuso para la historia, un antes y un después para la gente de color en Hollywood. Treinta y ocho años después de ese momento, volvería a recibir este premio.
Esta vez sería el Oscar honorífico, que reconocía toda su trayectoria cinematográfica.
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Sidney Poitier, de origen bahameño, tuvo una infancia dura, salpicada de trabajos y de enormes esfuerzos. Obstáculos que no le apartaron de su meta. En 1943 se alistó en el ejército norteamericano para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Al regresar de esta experiencia empezó a dedicarse al teatro en Broadway. Después saltaría al cine.
De hecho, Poitier, procedente de una familia de granjeros acomodados de las Bahamas, que nació en los Estados Unidos casi por casualidad, había debutado en 1959 en el teatro con “Un lunar en el sol”, de la escritora afroamericana Lorraine Hansberry, que después sería llevada al cine por Donald Petrie.
Un drama sobre una familia de color del South Side de Chicago, que tocaba de lleno los problemas de pobreza, segregación y lucha por la mejora social que constituían (y siguen constituyendo) la problemática negra de Estados Unidos. Poitier conquistó así a todos los norteamericanos y blancos de a bien, y seguiría haciéndolo con “Porgy & Bess” (1959), según la ópera de Gershwin; con “Un día volveré” (Paris Blues, 1961), con “Los lirios del valle” (1963), que supuso tanto su primer Oscar (recibiría otro honorífico en 2002) como el primero otorgado a un actor de color por la Academia, o con “Un retazo de azul” (1965), por no hablar de wésterns como “Duelo en diablo” (1966).
Stanley Kramer ya le había llevado a las puertas del Oscar con su estupenda “Fugitivos” (1958), pero sabía que sería esta comedia emotiva, dramática y al tiempo simpática la que destruiría barreras, abriendo corazones y mentes, mucho más que historias violentas, radicales o con mayor carga de profundidad intelectual.
Una carrera que, curiosamente, es, sobre todo, recordada por su presencia en otros títulos populares, y de enorme relevancia y calidad, que hoy todavía son memorables.
Sus personajes estaban marcados por una extrema amabilidad, aunque no estaban nunca exentos de dureza y conciliaban la educación con los momentos de rabia y brotes de dolor y enfado. Desde el principio, Sidney Poitier formó parte de ese elenco de actores de color conscientes de cuál era su situación en la sociedad norteamericana y en la industria del cine.
Muchos de sus filmes transpiran el ambiente racista que existía y que existe actualmente en los Estados Unidos. Dos de sus películas más famosas giran alrededor de esta temática. La primera, que todavía se recuerda por la altura de sus interpretaciones y la notable factura que aún conserva, es “En el calor de la noche”, donde compartía protagonismo con el espléndido Rod Steiger (un actor que fue temido por el mísmisimo Marlon Brando, con el que coincidió en “La ley del silencio”).

La cinta, que ganó cinco Oscar, era un filme policiaco de 1967. Fue dirigido por Noran Jewinson y giraba alrededor de un asesinato. Él encarnaba al detective que, en un principio, es acusado del crimen y que, al demostrarse que es un agente del orden, contribuirá posteriormente a resolver el caso al lado del sheriff local.
En medio, quedan en evidencia los prejuicios existentes en Misisipi y en sur de EE. UU. La película se llevó el Oscar a Mejor Película y consagró a Poitier, aunque en esta ocasión quien se llevó el galardón de en la gran noche de Hollywood fue Steiger.
Pero quizá el título que mejor se recuerda de él es “Adivina quién viene a cenar esta noche”, donde compartió reparto con Katherine Hepburn y Spencer Tracy. Una película de 1967 dirigida por el mítico Stanley Kramer y escrita por William Rose que volvía a abordar el racismo. En esta ocasión desde un ángulo distinto.
El género de la comedia suavizaba la seriedad del contenido: la falta de aceptación en la sociedad norteamericana de los matrimonios entre un hombre negro y una mujer blanca. Una denuncia que desvelaba las reticencias que existían no solo entre los blancos, también entre la comunidad afroamericana sobre este punto.
Poitier brindó una de sus mejores interpretaciones ante dos astros sin tacha como eran Katherine Hepburn y Spencer Tracy, brillante este último en su papel de padre algo gruñón. De hecho, el actor salió inmaculado de semejante brega interpretativa.
Sidney Poitier, el primer ‘dandy’ negro de Hollywood, deja tras su muerte a los 94 años un rastro de rectitud, elegancia y saber estar que ningún otro actor ha podido personificar como él en los más de cincuenta años de carrera que deja a sus espaldas.
Pero, ante todo, y casi por encima de su sello como primer actor de color en conseguir un Óscar («Los lirios del valle», 1964), Poitier fue el símbolo de Hollywood durante el movimiento por los derechos civiles, un periodo en el que se convirtió en la mayor estrella de la industria del cine americano. En este sentido cabe resaltar que su filmografía es todo un reflejo de ello, ya que sus películas más destacadas cuestionan una serie de temas y luchas que se han desarrollado en las últimas décadas en EEUU como el racismo, la lucha de clases o los prejuicios culturales y étnicos.
El intérprete, director, activista y diplomático estadounidense de origen bahameño fue un auténtico ídolo de Hollywood, con medio centenar de películas a sus espaldas, estrenadas entre junio y diciembre de 1967, justo cuando las calles ardían, éxitos que cimentaron su icónico estatus en la sociedad estadounidense. Esas interpretaciones, que en mayor o menor medida hablaban del racismo en EEUU, ayudaron a derribar las barreras sociales entre afroamericanos y blancos y le convirtieron en la primera gran estrella negra de la industria.
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