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El solitario final de Elvis Presley: la caída en desgracia del ídolo popular que tomaba 14 medicamentos y pesaba 130 kilos…


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Su último resplandor había ocurrido en 1969 con sus inaugurales presentaciones en Las Vegas

Infobae(M.Bauso)  —  Sus últimos años habían sido bastante parecidos entre sí. Lo único que los diferenciaba era que cada año era un poco peor que el anterior.

Discos malos, perezosos; actuaciones en vivo erráticas, sin el menor rigor, en las que el público salía siempre defraudado; y un físico cada vez más vapuleado que mostraba, en cada desconcertante aparición pública, un deterioro evidente. Elvis Presley era una caricatura de sí mismo.

Lo certifica el ejército de imitadores: el último Elvis fue el peor, el más penoso. Una caricatura cruel, hecha sin ternura, que sólo resalta los costados sórdidos del personaje, que olvida su genio.

Las patillas enormes, el sobrepeso, la papada de múltiples pliegues, las camisas abiertas, la transpiración demasiado abundante, los movimientos toscos, poco gráciles, el jadeo trabajoso, el ritmo respiratorio en la frontera del Epoc.

Habían transcurrido años opacos, burocráticos. Su regreso en 1969 con presentaciones inaugurales en Las Vegas provocó un furor, la renovación del idilio. Pero fue su último resplandor. El esplendor duró solo un año: desde 1970, su derrumbe fue público. Elvis moría a la vista de todos.

Pasaron siete años. El 16 de agosto de 1977, Ginger Alden se despertó cerca de las 2 de la tarde y vio que su pareja no estaba en la cama. Lo llamó desde allí, sin levantarse. Al no recibir respuesta, fue a buscarlo. El baño era una habitación más de la magnífica mansión.

Amplio y luminoso, tenía una gran bañadera de tres metros de diámetro, televisor, y el inodoro era un gran trono negro con incrustaciones en oro.

Pero Ginger, de 20 años, no pensó en ese momento en el lujo del mobiliario. Al entrar vio a su pareja desparramado en la alfombra.

El pantalón del pijama dorado enrrollado en los tobillos, un libro tirado a un costado de su voluminoso cuerpo (algunos dicen que sobre el Santo Sudario; otros que era uno ilustrado sobre las mejores posturas sexuales para cada signo del zodíaco) y la cabeza sumergida en un charco de vómito.

Ginger pegó un grito. Había más impresión que dolor o sorpresa en el alarido. Golpeó la espalda del hombre, intentó zamarrearlo pero, por supuesto, no hubo respuesta. Alertado por el grito llegó corriendo uno de los guardias de seguridad y quiso dar vuelta el cuerpo. Era imposible por su peso. Recién pudo hacerlo con la ayuda de otros dos.

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Los últimos años de Elvis habían sido bastante parecidos entre sí

Vernon, un hombre mayor de más de 70 años, se agarraba la cabeza apoyado contra una de las paredes y con un llanto ahogado se despedía de su hijo. En un rincón, sin que nadie le prestara atención, Lisa Marie, la hija de 9 años, lloraba a su papá hecha un ovillo, escondiendo la cabeza contra las piernas.

Unos 10 minutos después llegó el médico y ordenó llevarlo a un hospital. Aunque todos sabían que nada se podía hacer, levantaron los más de 130 kilos para llegar a la ambulancia que se acercaba. Pero ya era inútil. Hacía unas horas que Elvis Presley, de sólo 42 años, estaba muerto.

Al principio nadie quería advertir la caída en desgracia del Rey del Rock. Las críticas de sus recitales no contaban sus deslices escénicos, las interrupciones, las alocuciones alucinadas, la dificultad para hilvanar frases coherentes, la corta duración de los shows y el deterioro de la calidad interpretativa.

Luego, pasados unos años, fue inevitable que todo empezara a verse reflejado en los diarios y en las revistas.

En el estudio de grabación no le iba mejor. Luego de algunos buenos registros en vivo, nada nuevo aparecía; pero había que seguir alimentando la maquinaria.

Se llegó al absurdo de editar en 1974 Having fun with Elvis on stage, un álbum que recopilaba extractos de las cosas que decía (la gran mayoría inconexas y sin ninguna gracia) entre canción y canción en el escenario.

Sus pasos de baile se volvieron grotescos, lo mismo que esas tomas de karateca que improvisaba en escena (más de una vez y ante la permanente suba de peso, en medio de esos movimientos se le rompió la entrepierna del pantalón).

Sin embargo en la mayoría de sus presentaciones seguía habiendo destellos del artista que menos de dos décadas antes había estremecido al mundo.

A pesar de su estado físico seguía exudando sexualidad, seguía imantando a las audiencias y cada tanto su voz volvía a aparecer en gran estado. Ese traje blanco cada vez más apretado, con sogas colgando, con el cuello levantado, en otro hubiera quedado ridículo pero a él no.

En esos momentos todos recordaban que ese hombre seguía siendo Elvis Presley, el Rey.

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A pesar de su estado físico seguía exudando sexualidad, seguía imantando a las audiencias y cada tanto su voz volvía a aparecer en gran estado.

Que empezaran a acumularse las quejas y las críticas negativas por sus actuaciones, pareció no importarle demasiado a Elvis, porque nada cambió. A Elvis ya no le importaba su público. A Elvis ya no le importaba nada. Su cabeza naufragaba entre nubes de confusión, pensamientos obnubilados y frases truncas.

La influencia de calmantes y otras sustancias era evidente.

Sin embargo, seguía siendo Elvis. No sólo por su poder de atracción, por la atención magnética que generaba y por su repertorio. Cada tanto, su arte y su genio se manifestaban de modo incontestable. De sus últimos tiempos hay un video que demuestre como detrás de los kilos, del deterioro y de las tormentas mentales, seguía estando el artista y el genio.

Es una versión de Unchained Melody en la que él se sienta al piano mientras alguien del séquito le sostiene el micrófono. La versión es conmovedora y muestra por qué Elvis es uno de los grandes artistas populares del Siglo XX.

En esos años pasaba gran parte de sus días en Graceland, su mansión de Memphis. Leía libros sobre espiritismo y experiencias religiosas, miraba televisión y no hacía mucho más a la espera de que llegara el momento de encarar una gira, entrar al estudio para grabar una canción o ir a Las Vegas para hacer alguna de sus dos temporadas anuales.

El paisaje de esa época del Rey del rock es desolador. Su soledad estremece. La paradoja es evidente. El contraste que produce el no poder moverse en público por su fama extrema, por las pasiones que motiva, y la soledad y el vacío en el que vivía.

Elvis Presley se fue muriendo a la vista de todo el mundo. En vivo y en directo. La degradación fue pública pero seguía recibiendo vivas, aplausos y bragas y sostenes sobre el escenario. Casi incitado a ir por más, a caer más bajo.

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Aunque físicamente no estaba solo. Tenía, como toda estrella que se precie, su séquito. Lo integraban antiguos amigos, guardaespaldas, familiares lejanos, algún músico de la banda y vividores.

Aunque físicamente no estaba solo. Tenía, como toda estrella que se precie, su séquito. Lo integraban antiguos amigos, guardaespaldas, familiares lejanos, algún músico de la banda y vividores.

Instalados en Graceland aprovechaban todas las ventajas de la fortuna y la fama de Elvis a cambio de unas risas, compañía y escuchar alguno de los, a esas alturas, escasos ensayos. Ese entourage tenía nombre. Se hacían llamar Memphis Mafia. Pero no era más que un puñado de aprovechadores y cholulos.

Otra de las costumbres de Presley que se convirtió en mítica era su capacidad para ingerir demenciales cantidades de calorías por día. Más de 10 mil. Tomaba al menos 3 litros de gaseosa diarios. Su sandwich favorito tenía 8 mil calorías y en alguna ocasión viajó en avión privado hasta Denver para comer uno.

Era el Fool’s Gold Loaf. Entre dos panes enormes un frasco de manteca de maní, otro de mermelada de arándanos y varios cientos de gramos de panceta en el medio. Una bomba. El otro sandwich de su preferencia era el de banana, manteca de maní y panceta pero una vez que estaba prensado se lo hacía freír. Sus hábitos de comida eran suicidas.

La rutina diaria empezaba a las 4 de la tarde, hora en que se despertaba. Vivía sumergido en un jet lag eterno. Un abundante desayuno y luego unas pocas actividades.

Para tener una idea se puede reconstruir cómo fue su último día. Fue al dentista a las 11 de la noche para que le arreglase unas caries, a las 4 de la mañana salió de la casa para jugar un partido de racquetball en la cancha que tenía en el parque de Graceland, pero tuvieron que suspenderlo porque garuaba.

A las 5 llamaron a su doctor, la despertaron e hizo que le trajeran una gran bolsa de medicamentos aduciendo que le dolía una muela. Lo vieron tomar al menos 3 tandas de varias de esas pastillas. Pero seguía sin poder dormir. Cantó un poco y a eso de las 9 de la mañana le avisó a Ginger, su novia, que iba al baño.

Ella le dijo que no se durmiera allí y volvió a conciliar el sueño. Fue la última vez que hablaron

Tres de los guardaespaldas de Elvis fueron despedidos a fines de 1976. Uno de ellos, Red West había sido compañero de colegio de Elvis y trabajaba junto a él desde antes de su explosión, desde 1955. Su primo Don West también estaba en los huestes de Presley desde fines de los 50.

El tercero, Dave Hebler, había empezado a trabajar con los primeros shows de Las Vegas. Los motivos de los despidos nunca quedaron demasiado claros. El Coronel Parker, representante de Elvis, dijo que se trató de un recorte presupuestario ya que los shows se habían espaciado.

Los guardaespaldas insistieron en que fueron desplazados porque ellos tres fueron los únicos que se opusieron al estilo de vida que estaba llevando Presley, los que se opusieron a que se siguiera matando.

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Los tres se juntaron con un periodista que trabajaba en dos diarios sensacionalistas y le pidieron que oficiara de ghost writer. Steve Dunleavy desgrabó los testimonios de los guardaespaldas y escribió un libro repleto de intimidades escabrosas. Una enorme venganza.

Allí se contaba por primera vez la relación de Elvis con las drogas, el abuso de los medicamentos prescriptos, los problemas con las mujeres y otras intimidades más. Un típico producto amarillo y polémico que fue editado en julio de 1977.

Pese a las escandalosas revelaciones, el libro empezó su carrera comercial sin demasiada fuerza. Los fans de Elvis no querían escuchar cosas feas sobre su ídolo. Pero Elvis What Happened? fue uno de los libros más oportunamente lanzados de la historia.

Menos de un mes después de su publicación, Elvis fue encontrado muerto. Y todos los que no quisieron leer antes, lo compraron para tratar de entender qué había sucedido. Fue un best seller inmediato. En Estados Unidos vendió casi 4 millones de copias.

Allí, entre otras muchas cosas, se contaba que luego de la separación de su esposa, Priscilla, Elvis ingresó en una pendiente difícil de detener.

Que la relación con las mujeres era más mística y espiritual que sexual, que salía con chicas muy jóvenes de las que se enamoraba enseguida (o al menos eso les decía) y que les proponía matrimonio, con lujoso anillo incluido, en la segunda o tercera salida -en realidad no salían: las chicas eran llevadas por algún asistente a Graceland.

De esa manera conoció a Ginger Alden, su última novia, la veintiañera que lo encontró muerto en el baño. Elvis vio en la televisión a la nueva Miss Tennessee y pidió conocerla. Un asistente la invitó a Graceland y ella, que estaba de novia, fue acompañado por su hermana Ginger a conocer al Rey.

Ese día empezó el romance entre la estrella en el ocaso y la hermana de Miss Tennessee.

Apenas se supo de la muerte de Elvis, decenas de miles de personas se congregaron en la puerta de Graceland. Es de esos acontecimientos históricos en el que los norteamericanos se acuerdan exactamente qué estaban haciendo en el momento en que se enteró.

Pearl Harbour, el asesinato de Kennedy, la muerte de Elvis. “Nunca estaremos tan de acuerdo en algo como lo estuvimos sobre Elvis cuando apareció” escribió el crítico Lester Bangs para explicar el por qué de esa devoción.

Unos días después el funeral fue acompañado por casi 100 mil personas, un larguísimo cortejo, televisado para todo el mundo.

Los medios sensacionalistas buscaron con desesperación aprovechar la situación. El que ganó la partida fue el National Enquirer que publicó en tapa una foto de Elvis en el cajón. La pagó varias decenas de miles de dólares. El morbo pudo más que la sanción social: fue el número más vendido en la historia del diario.

Luego, quiso dar un segundo zarpazo. Consiguió una exclusiva con la última novia de Elvis, con Ginger Alden. Se llegó a hablar de que le iban a pagar 100 mil dólares. Una fortuna. Las negociaciones las llevó adelante la madre de la chica.

Pero la falta de experiencia hizo que salieran antes unas declaraciones de ella en otro medio y al perder la exclusiva, la tarifa a cobrar fue mucho menor: en el camino perdió cuatro ceros.

Se adujo que la causa de la muerte fue una arritmia. Vernon Presley, el padre de Elvis, prohibió que se hiciera público el resultado de la autopsia durante 50 años. Sin embargo se supo que Elvis arrastraba varios problemas de salud.

Constipación, hipertensión, diabetes, hígado graso. Sus órganos habían envejecido prematuramente debido al maltrato recibido.

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Su séquito hizo desaparecer todos los rastros sospechosos de la casa antes de que llegaran los investigadores. Era una cuestión que ya habían determinado meses antes. El consumo de drogas de Elvis era algo evidente aunque su entorno quiso solaparlo luego de su muerte.

Se supo que su médico personal le prescribió más de 8 mil pastillas en el último año de vida. El facultativo se defendió diciendo que eran para todos los que integraban el círculo de Elvis. Aún así se trataba de una cifra monstruosa. En el cuerpo del cantante se encontraron restos de 14 medicamentos distintos. 10 de ellos en dosis desorbitadas.

Luego de su muerte empezó otra historia. Y los rumores. Y las teorías conspirativas. Elvis está vivo.

Hace unos años una encuestadora norteamericana determinó que más del 10 por ciento de la población creía que Elvis seguía con vida. Internet sólo ayudó a que esas teorías proliferaran.

Sostienen que quien estaba en el féretro no era Elvis (por eso el periodista Michael Cole que se logró infiltrar escribió que su cabeza parecía “una sandía enorme y mal hecha”); que el 18 de agosto un hombre muy parecido a él y llamado John Burrows tomó un avión hacia Argentina (siempre en estas teorías conspirativas hay una pista argentina); ese nombre utilizaba Presley en los hoteles para pasar desapercibido.

O que el adn del cadáver no condice con el del cantante; o que fue visto en innumerables oportunidades en los lugares más recónditos del mundo; que un misterioso helicóptero negro despegó desde su casa el día que anunciaron la muerte.

Elvis, dicen, habría fingido su muerte para escapar de las presiones de la fama, para ocultar su obesidad mórbida, para retirarse a disfrutar de una tranquilidad que nunca encontraría.

Poco después de su muerte alguien quiso robarse el cadáver. Entonces los restos fueron trasladados a Graceland. En esos meses apareció un cantante enmascarado llamado Orion con un registro vocal similar al de Presley. Muchos quisieron creer que se trataba de Elvis.

Pero no se puede determinar si ese fue el inicio de los rumores de que seguía vivo. La sensación es que desde el mismo día de su muerte hubo gente que se negó a creer en su desaparición. Luego fue trabajo de la sugestión colectiva y de la ceguera ante las evidencias.

El 16 de agosto de 1977, hace 44 años, moría Elvis Presley. El Rey, el hombre que cambió la música moderna. El que le agregó sensualidad y sexualidad, el que atrajo a los jóvenes. La estrella de cine. El de la voz que cautivó a varias generaciones.

El mito moderno que envejeció prematuramente y que se fue derrumbando a la vista de todos. Un hombre destrozado de solo 42 años que murió solo, a pesar de que decenas de millones lo amaban.

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Cronología (que se conoce) del último día de Elvis Presley

Entre varios trataron de levantar el cuerpo pero era difícil en esas primeras horas de la tarde del 16 de agosto de 1977. Elvis Aaron Presley, de 42 años, pesaba 159 kilos producto de un consumo suicida de 22 mil calorías al día. Bajarlo desde el segundo piso de Graceland fue una proeza.

Aparece su médico personal, el doctor Nick Nichopoulos, completamente desencajado. Es evidente que Elvis no tiene pulso, está azul y sus pupilas no responden a la luz. El facultativo toma una decisión curiosa. Ordena que la ambulancia se dirija hacia el hospital Baptist Memorial a 21 minutos de distancia, en vez del hospital Methodist South, a solo 5 minutos.

Hay una razón poderosa. El primer establecimiento es más reservado y el doctor Nick tiene motivos para preocuparse. Luego se revelará en tribunales que desde 1975 entregó 8000 recetas a Elvis Presley. El médico se defendió diciendo que fue la manera de mantener al rey del rock lejos de las drogas ilegales.

2:56 PM. Elvis Presley arriba al hospital.

3:00 PM. Se le declara muerto.

***

El primo de Elvis, Billy Smith, se queja por la lluvia mientras camina con su esposa Jo y Elvis rumbo a una cancha para jugar racquetball en Graceland, la mansión del ídolo. Risueño, Elvis dice «no hay problema, me ocupo yo». Luego mira al cielo y levanta los brazos.

4:00 AM del 16 de agosto y la lluvia cesa.

Los primos juegan pero Elvis está más interesado en darle un pelotazo a Billy. Le cuesta una enormidad controlar su cuerpo mórbido hasta que un raquetazo en la canilla lo cabrea.

4:30 AM. Elvis Presley canta las últimas canciones de su vida. En un piano cerca de la cancha interpreta Blue eyes crying in the rain de Willie Nelson, y otras dos piezas de góspel -uno de sus géneros favoritos- que no han sido identificadas.

En la casa Billy le lava el pelo mientras Elvis lee un libro sobre el sudario de Turín. Habla trivialidades hasta que menciona la idea de matar a Red y Sonny, dos de los tres guardaespaldas que acaban de publicar Elvis: What happened?, libro que revelaba su fuerte adicción a las drogas. El tercer guardia, Dave Hebler, daba un poco lo mismo, la relación no era tan cercana. Pero con Red habían sido compañeros de colegio. Eran amigos, lo mismo Sonny. Según su plan, debía atraerlos hasta Graceland. Tiempo antes Frank Sinatra le había aconsejado tomar medidas drásticas.

5:00 AM. Llega el primer paquete de drogas que Elvis consume tres veces al día, casi una decena de fármacos incluyendo Demerol y Seconal.

7:00 AM. Elvis consume la segunda entrega.

8:00 AM. Elvis pide el tercer paquete.

9:30 AM. Coge el libro sobre el sudario y le anuncia a su novia Ginger Alden, de 20 años, que se va al baño a leer. Desde la cama la joven le advierte que no se quede dormido. Elvis promete que no lo hará.

1:30 PM. Ginger se despierta sin señales de Elvis. Va al baño, llama, silencio, abre y lo encuentra tirado boca abajo con los pantalones dorados del pijama hasta los tobillos. El rostro luce amoratado sobre abundante vómito. La habitación se llena de gente que grita y llora.

Lisa Marie, su hija de 9 años, se asoma preguntando qué pasa. La sacan. Los ojos inyectados en sangre, la lengua inerte colgando, el rostro hinchado. En ese baño todos sabían que Elvis estaba muerto.

***
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La autopsia reveló que el rey del rock padecía arterioesclerosis, daño hepático y obstrucción intestinal por materia fecal que le provocaba fuertes dolores. Los médicos concluyeron que Presley había muerto mientras hacía fuerzas para evacuar los restos de una alimentación demencial basada en frituras y tres litros diarios de gaseosas.

Sin embargo en la conferencia de prensa desde el hospital, cuando el examen tanatológico aún no concluía, se declaró que una arritmia cardiaca era la causa de su muerte.

Semanas más tarde el reporte toxicológico estableció que Elvis Presley consumía calmantes como Dilaudid, Quaalude, Percodan, Demerol y Codeína. Informes finales indicaron que el cantante tenía catorce medicamentos en su organismo.

La policía se presentó en Graceland pero el staff del rey ya había hecho su trabajo. El gigantesco dormitorio había sido limpiado a fondo, lo mismo el baño. No había rastro alguno de medicamentos, excepto un par de jeringuillas vacías. El investigador médico del condado Dan Warlick se dio cuenta de inmediato que el sitio había sido intervenido.

El agente quedó asombrado por la cantidad de televisores entre el dormitorio y el baño, y la gigantesca cama. A los periodistas que lograron ingresar les llamó la atención los incontables ositos de peluche repartidos en el lugar.

A pesar de la limpieza profunda Warlick, con cuatro años de experiencia, concluyó que Elvis Presley, sentado en la taza del baño, había vomitado como prólogo al colapso, y que había alcanzado a dar unos pasos tambaleantes hasta desplomarse con esos pantalones dorados de pijama.

El periodista que vio el cuerpo de Elvis Presley, contó cómo nació la teoría conspirativa que aún creen miles

Michael Cole no es un periodista más. Fue el primero en ver el cuerpo sin vida de una leyenda del rock mundial: Elvis Presley. Pero también fue el responsable de insinuar una teoría conspirativa que aún alimenta a decenas de miles alrededor del mundo.

El 16 de agosto de 1977, Cole -quien por entonces se desempeñaba como corresponsal de la BBC en Washington DC– se encontraba realizando una entrevista a un abogado en la capital norteamericana cuando escuchó a la secretaria del letrado gritar: «¡Oh, Dios mío!«. El alarido fue desgarrador y todos supieron que algo grave había ocurrido. «¡Elvis Presley ha muerto!«, continuó y no pudo hablar más. La mujer encerró su rostro con sus manos y comenzó a llorar.

Millones y millones de fanáticos a lo largo del mundo hacían lo mismo a medida que conocían la triste novedad sobre el Rey del Rock and Roll.

Al conocer la impactante novedad, la nota de Cole se interrumpió. El reportero hizo lo que debía hacer. Junto con su camarógrafo, Bob Grevemberg, empacaron de inmediato y fueron en taxi hacia el aeropuerto. Ya sospechaba que los próximos días serían emocionantes y llenos de adrenalina. Destino: Memphis, Tennessee.

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Al arribar a la ciudad del Rey, Cole recordó que «extrañamente nadie estaba hablando» sobre Elvis.

«No había nadie en las calles, ni reunidos en las esquinas«.

A la mañana siguiente, con Bob se dirigieron al lugar donde deberían tener más información, es decir, a la mansión del cantante, la famosa Graceland. Pero tampoco había nadie allí.

«Le presenté mis credenciales al guardia de seguridad que estaba allí y pedí hablar con algún miembro de la familia Presley«, recordó el periodista en una columna escrita para el diario inglés Daily Mail.

«Mientras esperábamos, algunas personas se acercaron. Me di cuenta de que Elvis era una estrella más grande en Gran Bretaña que en los Estados Unidos.

Nos encanta la nostalgia. Los estadounidenses siempre quieren lo nuevo«, reflexionó.

Luego de dos horas de esperar frente a los portones de la residencia, el sheriff de Memphis se presentó ante el reportero para invitarlo a ver el cuerpo de Elvis Presley por pedido de la familia. «No estaba seguro de querer visitar al muerto, pero en mi interés periodístico, acepté«, recordó Cole.

«El sheriff me tomó del codo y comenzó a caminar por el sendero serpenteante que asciende a una pequeña colina hasta Graceland, con sus columnas blancas y su frontón clásico. Me condujo a través de las puertas a una escena que nunca olvidaré«, escribió Cole 41 años después de aquella jornada histórica.

Continuó: «En la sala, un ataúd había sido apoyado sobre caballetes. Detrás del ataúd, en un arco sombrío, estaban los miembros de la familia Presley, incluida la ex esposa de Elvis, Priscilla, su hija Lisa Marie y su padre, Vernon.

Uno a uno, les estreché la mano, extendiendo mi brazo sobre el ataúd donde el mejor cantante del siglo XX yacía muerto a la edad de 42 años«.

En ese momento, las palabras que salieron de boca del corresponsal fueron de condolencias. Las pronunció en nombre propio, de la BBC, del Reino Unido y de los millones de fanáticos alrededor del mundo. Luego, contó lo que vio en ese ataúd.

«¿Cómo se veía Elvis? No muy bien. Siendo inglés, no me gustaba mirar. Pero fue una vista tan extraordinaria, que tuve que detenerme en cada detalle. Lo más sorprendente fue el tamaño de su rostro. Tenía la forma de una sandía muy grande y pálida, como la muerte.

Supuse que las drogas habían causado la hinchazón. Llevaba un traje negro, una camisa blanca y una elaborada corbata de satén blanco«, narró Cole.

También contó algo respecto a su pelo. «Su cabello me molestó», dijo, y explicó que cuando era un niño con aspiraciones de adolescente su madre lo hizo fanático al regalarle un disco del Rey. «No escuchábamos nada de eso en 1956. Elvis era un hombre blanco que cantaba como un hombre negro.

Su cabello revuelto era parte del atractivo rebeldePero en su ataúd, el cabello de Elvis había sido peinado. Una raya había sido dibujada a la derecha, como con una regla. Escuché más tarde que el peluquero estaba orgulloso de su trabajo«. Quienes lo recordaban con el pelo revuelto y abundante no lo estaban.

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Funeral de Elvis Presley

El camarógrafo de Cole, quien había ingresado con él a la mansión, no tenía permitido registrar nada con su cámara. Por lo que la experiencia de ambos no quedó grabada. Fuera de Graceland entrevistaron al histórico manager de Elvis, Joe Esposito, quien negó que su representado hubiera ingerido alguna droga que lo hubiera llevado al límite.

Y más allá.

Todos se pusieron de acuerdo con la historia. No había estupefacientes de por medio, de acuerdo con la versión del Hospital Bautista de Memphis y los reportes policiales. El médico Jerry Francisco insistió: «Las drogas no tuvieron nada que ver en la muerte de Elvis«.

La verdad aparecería luego: en su cuerpo había 14 tipos diferentes de drogas. En su pueblo, todos querían proteger al Rey.

Más de 80 mi personas siguieron de cerca el cortejo fúnebre que depositaría los restos de Elvis junto a la tumba de su madre. Gladys Presley, en Forest Hills Cemetery. El cantante tenía devoción por ella, quien también se fue de esta vida demasiado joven: 46 años.

Pero una simple frase de Cole fue lo que despertó una de las teorías conspirativas más extendidas de nuestros tiempos. «Reporté que había mucha gente en Memphis que no creía que Elvis en verdad hubiera muerto.

Había especulaciones, a pesar de los comunicados de los doctores y de un coronel, que decían que había falseado su propia muerte y que se había ocultado«, contó. Al final de esa cobertura en el cementerio, volaron de nuevo hacia Washington.

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Vernon Presley, el padre de Elvis, en su tumba

En 1997, 20 años después, Cole recibió una llamada. Era un colega de la BBC. Estaban realizando un documental con todas las teorías conspirativas en torno a Elvis, pero sobre todo con una: la que decía que aún estaba vivo. El periodista, del otro lado de la línea, se extrañó.

¿Qué tenía que ver él con algo semejante? El productor le explicó que había sido el primero de los periodistas que dijeron que había quienes se negaban a creer que el Rey había muerto y que a partir de allí nació la leyenda.

Lo entrevistaron para ese documental donde mostraron su informe desde el cementerio de Memphis. «Lo que no me preguntó fue cómo podría estar seguro de si era Elvis el del ataúd. Y por supuesto, no podría. Nunca lo había visto en persona hasta esa mañana«, recordó.

Mañana se cumplirá un nuevo aniversario de la muerte de Elvis Presley. 41 desde que el mundo se conmovió con la triste noticia. El hombre que vio su cuerpo y sin querer despertó las sospechas sobre su verdadero estado rompió el silencio y contó su verdad. Será cuestión de creer… o seguir ilusionado con que el Rey está entre nosotros.

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